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UN ESPACIO DE IDENTIDADES Y CULTURAS MARGINALES

Liliana MASSARA

Universidad Nacional de Tucumán

La crítica no produce obras pero sí construye una literatura Angel Rama En la medida que todo lenguaje está cargado de ideología…la crítica a los libros subraya un interrogante sobre las ideas que encierran…Porque los libros, concebidos más allá del simple volumen,…constituyen el texto donde el mundo se escribe a sí mismo.

Jorge Panesi

El sistema literario regional, en la actualidad y por diferentes redes culturales, está en situación de (re)tomar un estado de concientización para consolidar un pensamiento crítico tendiente a “descolonizar”, no sólo el conocimiento sino la cultura como exponente de una identidad que se constituye con lo propio y desde lo diverso.

Se producen nuevamente algunos imperativos culturales, éticos e indudablemente políticos compartidos por muchos investigadores y docentes de la Región NOA, caso particular de nuestro lugar de enunciación, que proceden con su accionar, a re-establecer enlaces académicos e interdisciplinarios con otros espacios periféricos de la región, mediante la posibilidad del diálogo entre investigadores y formadores. Abren canales de reflexión y de discusión para que se redefina una construcción del pensamiento latinoamericanista y circule por diferentes espacios educativos y académicos.30

Las facetas del “latinoamericanismo” en estos tiempos, acuñado en los ’60, está lejos, en sus pretensiones, de imitar aquel momento; la idea es impulsar a la transformación de políticas culturales, a extirpar el silencio de una cultura, caso la de NOA, y a prosperar con un “intelectualismo” asentado en factores locales vigentes para enfrentar la hegemonía de la academia y de las políticas “dictatoriales” del mercado. Este nuevo empuje surgido de un espacio académico periférico podría

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En esta oportunidad refiero expresamente, la propuesta formulada desde la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy a cargo de la Dra. Alejandra Nallim y por su intermedio, los enlaces con la Universidad Nacional de Salta y la de Tucumán.

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beneficiar una posibilidad constitutiva de estructuras alternativas para el espacio NOA, que partiendo de su ser actual e histórico se predisponga y acuda a poner en marcha su despliegue cultural, en el que, el campo de la investigación literaria es un factor aglutinante, un factor “deseo” para unir las distancias de la literatura argentina marginal, central y continental.

A partir de las últimas décadas del siglo XX, y sobre todo, y en los primeros años del tercer milenio, se ha producido un entusiasmo por lo propio. ( ola de modas, efectos de la globalización que generan “anticuerpos? ) Comienza a consolidarse un campo académico de la zona, entusiasmado por retomar estudios de la cultura a partir de diferentes producciones, incluidos todos los géneros literarios, renovando su postura frente al objeto de estudio y sus posibilidades.

No se trata de una acción singular y sin antecedentes, al contrario, sino de un afán renovado, se trata de una actitud, porque este tipo de movilización cultural se advierte también en otros espacios marginales, iniciándose una acción “desestabilizadora” a través de “estructuras de sentimiento”, de comportamientos ideológicos que se replantean los discursos hegemónicos eurocéntricos. Se ubica la mirada desde este lado del continente, tratando de “re-localizar” el pensamiento intelectual y descentrar las perspectivas teóricas que derivan de ideologías que sustentan una supremacía sobrevaluada, para abrir el abanico hacia una serie de problematizaciones que derivan de las últimas transformaciones culturales que ofrece el mundo actual.31

El discurso reflexivo y auto-reflexivo está latente. Siempre hubo interrogantes sobre nuestra identidad: un continente sur colonizado, un país de inmigraciones múltiples no deja de indagar sobre su identidad cultural, a lo que se suma el factor alocado de las aceleradas transformaciones sucedidas en la era “globalcolonizadora”. El discurso crítico apuntó al conocimiento del “dilema identitario” argentino; construyó discursos según los emergentes y estados de la cultura en cada ciclo de la historia durante todo el sigo XX. Pero hasta los años ’60 se produjo un tipo de crítica que mediaba y apelaba a teorías de la “modernización europea”, se apropiaba de un tipo de crítica que venía de la sabiduría del “viejo continente”, descuidando lo local y adquiriendo un poder discursivo desmembrado del discurso cultural del interior del país.

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Esta movilización se ve ampliada por un espacio académico mayor que acciona desde otros lugares de marginalidad cultural: Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, u otras regiones como Cuyo, el Litoral, la Patagonia, sitios que han abierto el juego hacia la búsqueda de paradigmas de no exclusividad eurocéntrica. La tarea, impulsar y guiar a los alumnos a realizar experiencias metodológicas en el campo de la investigación a partir de los bienes culturales de la región. Cada “zona cultural” a través de sus docentes e investigadores está estimulando a las nuevas generaciones de estudiantes a realizar una labor investigativa que enriquezca el conocimiento de nuestra cultura, abriendo el diálogo con lugares silenciados y/o anulados por el aparato de la industria cultural; una tarea que significará, - si la labor es sistematizada y continua- aportes a

Reflexiones e Investigaciones

Llegó la revolución cubana y llegó con ella el deseo de una “pensamiento latinoamericanista”32 que necesita renovarse dados los cambios vertiginosos devenidos por la modernidad y el progreso, resultante del “virus global”, por el que comenzamos a generar algunos “anticuerpos” a través de prácticas tales como revisar corrientes teóricas provenientes de pensadores de la América del Sur, difundidores de cuestiones de nuestra cultura, con las variantes propias e inevitables de las metamorfosis ocasionadas por el discurrir de la historia, y en consecuencia, siguiendo el ritmo de la contemporaneidad, pero localizando el pensamiento.

El discurso sobre la cultura ha tenido una preocupación permanente entre nuestros intelectuales de todas las épocas, pero diría que es a partir de la segunda mitad del siglo XX, con los años ’60, tal vez por el Boom de la literatura latinoamericana, que se inicia una tendencia más sistematizada sobre los estudios literarios, y dado un espacio mucho más complejo por lo diverso continental.

En aquellas épocas del ‘60 surgen los imaginarios de Comala, el universo de García Márquez, las historias “Cándidas y desalmadas” y el “imperio histórico de la imaginación”, “ lo real maravilloso”, anclaje de una resistencia, de una cultura por la liberación expresiva e ideológica; un espacio de la literatura que apostaba a un diálogo de lo posible con determinada visión política, ausente en otros discursos de la época, pero que significó la propuesta de universos míticos, fuertemente míticos en el legado de un tipo de literatura dispuesta a resistir, a acometer contra la inflexividad de los sistemas hegemónicos. Sin embargo todo parece haber quedado en la memoria nostálgica con aliento a derrota cultural.

A pesar de idas y vueltas, hubo una reinstauración en “lo real” americano; con el protagonismo de la memoria para reconstruir el último terrorismo de estado o para hacer luz a otras verdades posibles, se ha renovado un culto por lo “nacional cultural” que implica otra oportunidad para tomar conciencia de lo propio, aún en el despliegue universal del pensamiento. La transformación requiere de la presencia de la memoria, un factor hacedor para el aporte de la inclusión de otras geografías con otras fronteras en el proceso de significar los vacíos de la historia.

Por lo expuesto, se requiere y se impone la formación de un campo letrado que refuerce y reorganice las prácticas de un pensamiento, no radical, sin reduccionismos teóricos, con un acercamiento mayor entre experiencia y teoría; y con ello, la facultad y aptitud para elevar los índices de una minoría pensante más funcional, que no se detenga ante la disgregación y las discrepancias con los centros urbanos y academias, por esa lucha mítica del influjo de “culturas fuertes” frente a “culturas débiles” en las que la intelectualidad periférica operaba por “imitación acrítica de los paradigmas”.33

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Zulma Palermo hace mención a la teoría de la dependencia iniciada por Mariátegui y exalta la “gesta” del trabajo de Roberto Fernández Retamar como un incitador a la “teoría literaria latinoamericana”. Ver Zulma Palermo: Desde la otra orilla. Pensamiento crítico y políticas culturales en América Latina, Córdoba, Alción Editora, 2005, Pg. 19.

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Todo este razonamiento es parte de un programa desarrollado en diferentes regiones con unidades académicas importantes, no por ello no marginales, que están intentando definir cánones locales y reordenar el pensamiento desmembrado, diaspórico, como una forma de escuchar las voces ausentes de una cultura regional a fin de redactar, con el transcurso del tiempo, otra “historia de la literatura nacional” que incorpore y reconozca las diferencias y recomponga “intersticios” culturales no previstos por las estructuras académicas canonizadas.34

Una alternativa es la reformulación de las líneas críticas y permitirnos una segunda oportunidad; un período de trabajo investigativo que serene el consumo y las modas teóricas de la “posmodernidad”; que resignifique todos los conocimientos adquiridos y “pasee” por su propia realidad, en el “intermedio” (in between) que refiere conceptualmente Homi Bhabha en El Lugar de la cultura,35 para desprender

de ese “tercer espacio” fronterizo, que se sostiene desde el lugar de enunciación, otra discursividad que por cierto, depende también de metodologías de trabajo, de la adquisición de teorías, de la selección e incorporación, como también de políticas culturales para su logro. “Desintegrar la enunciación” es desintegrar una historia y darle lugar al pensamiento global.

Recurrir a un panorama concreto del pensamiento de nuestro espacio, lo nacional, lo latinoamericano, a partir de estructuras de desplazamiento, de escisión, permitirá la representación de un sujeto histórico- cultural diferente, sin dejar de revisar lo eurocéntirco u otros estudios subalternos36; relocalizando y temporalizando pensamientos, sumando así, a la búsqueda de modelos y orientaciones epistemológicas; requiriendo de la diversidad de disciplinas a las que apuntan los estudios culturales37, sin olvidar que en todas las corrientes del pensamiento, hay factores positivos y otros criticables.

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Pienso, por ejemplo en la colección de numerosos tomos que dirige Noé Jitrk, Historia crítica de la Literatura argentina en la que hasta ahora, ni el Norte ni el Sur parecen tener presencia. Con el respeto a su profundo conocimiento, a su capacidad crítica, observo que hasta lo aquí publicado, no se generó un espacio que retribuya un reconocimiento para “los nuestros”. Digo un estudio profundo de La Carpa, digo el reconocimiento literario de un escritor como Juan José Hernández, Hugo Foguet, Poetas del lado de acá, narradores, dramaturgos, que muestran otro entramado social pero que pertenece al país y forma parte de su identidad cultural y literaria.

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Dice Homi Bhabha que lo que debe ser cartografiado como un nuevo espacio internacional de realidades históricas discontinuas es, de hecho, el problema de significar los pasajes y procesos intersticiales de la diferencia cultural que se inscriben en el” intermedio” `(in between), en el quiebre temporal que teje el texto “global”. Es irónicamente, el momento, o incluso el movimiento, desintegrador, de la enunciación (esa repentina disyunción del presente) lo que hace posible dar cuenta del alcance global de la cultura

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Porqué no tomar algunas tesis de la “filosofía de la liberación” en aspectos claves y ofrecer otras perspectivas; o bien, acudir a los estudios subalternos de la India, el orientalismo de Said, por ejemplo, o la filosofía africana, que es probar una filosofía del Tercer Mundo.

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Estos estudios significan en su conjunto posiciones intelectuales que apelan a un conjunto de disciplinas y de discursos como los estudios literarios, la historia, la sociología, la antropología, el psicoanálisis. En sus modos de proceder se desvían hacia las ciencias sociales, y amplían el objeto de conocimiento, el foco de atención de los estudios literarios. Significan un concepto más amplio de lo

Reflexiones e Investigaciones

La idea es mutar para encontrar propuestas que focalicen problemas y conflictos concretos, pues si el “viejo continente” apostó por las teorías poscolonialistas38, los intelectuales latinoamericanistas deberían revisar y re-visitar, teorías como las de Fernández Retamar entre otras, y ubicados en una corriente del pensamiento “posoccidental”, remitir su trabajo discursivo al encuentro de una memoria local; leer desde el territorio los conflictos culturales y discernir, desde los efectos de la experiencia, sobre la sociedad, la literatura y la cultura.

Esta línea “posoccidentalista”, apunta también a una crítica social que remite al rumor profundo del planteo bajtiniano; reforzando aquella idea de que nuestras identidades por más “mestizas” que fueran, son el resultado de condiciones socio- históricas que nos refieren ineludiblemente la existencia de “micro historias”, de una “nación interior”. En nuestra cultura particular, una “multitud argentina” es aún desconocida porque la magna apertura “para el mundo” ha perdido de vista y olvidado la indispensable concentración sobre sí misma. A nombre de la desprovincialización y la extraversión, la abstracción nacionalista ha terminado desvertebrando y vaciando al país”39

Es preciso explorar el pensamiento emergente de América Latina, analizar posiciones desde aquellos intelectuales que reflexionaron a partir de los años ‘60 para acá. Es muy probable que revisar las primeras décadas del siglo XX nos brindaría alguna sorpresa de naturaleza profética y/o visionaria.

El campo intelectual argentino gira la mirada hacia la “zona” y apuesta al campo intelectual latinoamericanista; de hecho hay importantes pensadores, remitámonos al pasado reconociendo en Bernardo Canal Feijoó por ejemplo, un pensador que pensó desde su propio lugar, incluyéndose en la nación con conciencia integradora, o como en los años ’70 la línea de pensamiento de Rodolfo Kush40 con la propuesta conceptual de lo “geocultural”.

El pensamiento de Kusch, fue considerado en su época, como una corriente innovadora; entendía a la Cultura desde un concepto “cultural de regiones” cuya epistemología deviene del campo de las Ciencias Humanas y Sociales. Su desarrollo se produce desde la antropología filosófica cultural.

Decir cultura es entonces asimilarla como un conjunto, una suma de espacios culturales imaginados pluralmente, que desarrollan prácticas determinadas que obedecen a pertenencias de índole histórico, político y cultural; o sea, que tienen presencia en la medida que activan la memoria, factor importantísimo para la puesta en escena de la cultura.

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Un grupo de pensadores que de-construyen los supuestos teóricos de la modernidad y deslegitiman la idea de progreso que se desliza desde el Iluminismo francés.

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Bernardo Canal Feijoo, Fundación y frustración en la Historia Argentina, en Beatriz Ocampo, La Nación Interior. Canal Feijóo, Di Lullo y los Hermanos Wagner, Buenos Aires, Antropofagia, 2007 (2º edición).

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Esas prácticas desarrollan y narran identidades; van adquiriendo presencia en el “geoespacio”, reconocidas allí por los habitantes del lugar, en primer término. O sea, un “geoespacio” construye su imaginario, sus bienes simbólicos, los que se interrelacionan y configuran una cadena, un conjunto de identidades comunes, y las ponen en práctica. Esto hace pensar en la región como un espacio con un imaginario /memoria propios, que cada generación mantiene o reinterpreta; en consecuencia, se acciona un imaginario dinámico, heterogéneo, que responde a su intrahistoria y a lo histórico, y, que no es un espacio natural, sino que, así como en el paisaje para ser tal, ingresa la mano del hombre, está construido por el “ideal- ilusorio” de cada comunidad según experiencias de vida, realidad circundante y migraciones culturales.

Iuri Lotman41 reconoce una “memoria común” e “internamente variada”. Es una forma que tiene una comunidad de preservar su “ideal – ilusorio” o de re- actualizarlo, o de olvidarlo, según razones de cada espacio histórico- cultural. Estas regiones operan según esa “memoria común” y también con “la presencia de subestructuras culturales” que dan como resultado “semánticas locales”.

Según este modo de entender la cultura, la “región”, también cuerpo dinámico, permite delimitar un objeto de estudio, y a la vez, un fenómeno cultural que puede ser referencia social de una o varias comunidades; por desplazamientos, sobre todo con la “mediatización” de los bienes en la era global, determina en su movilidad, un desarrollo de identidades “locales”, a su vez contaminadas, pero que permite la delimitación de espacios con tendencia, en muchas regiones, al borramiento de fronteras.

Reflexionar sobre las “regiones” significa entonces pensar en y desde identidades culturales que interactúan con otras que intervienen e interceptan ese espacio, ahora móvil y heterogéneo. La cultura, entonces, tiene un carácter integrador, que se procesa a través de un orden diálogico, dada su hibridación o su mestizaje, sobre todo al pertenecer a países colonizados42. En consecuencia, se opera desde la transdiciplinariedad a la hora de aprehender el objeto de estudio “región” con el que inevitablemente tenemos que establecer redes relacionales con el país, de punta a punta, con el continente y todo el universo cultural, porque el “otro” cultural es una parte misma de la identidad de la región entendida en su noción “geocultural”.

Lo “otro”, en el sentido de Otredad, también responde a lo que García Canclini43 llama, al referirse a la hibridación, un principio de negociación de procesos simbólicos , o sea, de qué modo, rituales, costumbres y prácticas son

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Iuri Lotman, La Semiosfera I. Semiótixca de la cultura y del texto, Madrid, Ediciones Cátedra, 1996, pg. 157.

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En todo caso tendríamos que pensar y comparar que pasa en continentes y en países que como China no fueron colonizados, ni tuvieron colonias y trataron de evitarlas.

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reordenados por una lógica diferencial y luego asimilados como nuevas formas de la cultura.

Kusch, en su momento, percibe el sentido de “bienes impuros” por ello aborda la cultura no como un acervo sino como una “actitud” que configura un horizonte simbólico, como un corpus de posibilidades que frente a la tradición, a los orígenes. Lo “contaminado” suma en un tiempo nuevo que llega, adopta y adecua los cambios.

Mediante procesos de observación, análisis descriptivo, interpretación y puesta en práctica de los mismos, el investigador conforma un panorama, puede dimensionar cómo se comportan los discursos de “la zona” en relación con los “espacios identitarios globalizados” o bien, qué nuevos “horizontes simbólicos” entraman una cultura, producto de la dispersión, de la “diáspora”, desde una visión “no reduccionista” para entender la cultura.44

A la noción y la perspectiva “geo-cultural” entendida en su hibridez y en su borramiento de fronteras, se agrega toda una serie compleja de mecanismos culturales que tienen que ver con las mediaciones de la “industria cultural”, con las estrategias que ésta emplea para apropiarse de textos culturales de diferentes procedencias: local, popular, periféricos y transformarlos en nuevos textos, siempre de procedencia impura.

Sobre la idea de hibridación cultural, remarca Rita De Grandis que son

elementos de órdenes discursivos diferentes y antagónicos y permite a su vez la resistencia a un orden hegemónico autoritario, por ejemplo a través de la parodia.45

Lo que se quiere destacar es que estas nuevas formas de la cultura no se adaptan fácilmente sólo con el paso del tiempo, sino que generan conflictos, confrontaciones; procesos culturales, a veces violentos hasta su adaptación o no, por eso, en el orden de la escritura, de las artes, por ejemplo, se manifiestan procesos discursivos paródicos, la ironía y el humor, entre otros, como modos de desestabilizar una cultura embanderada en los espacios de poder.

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