PATRIMONIO CULTURAL DE LA INDUSTRIA (HACÍA UNA DEFINICIÓN)
4. UN TERRITORIO INDUSTRIAL TEXTIL DE LA CIUDAD DE PUEBLA
El territorio es producto de un proceso de apropiación y significación social del espacio. Es el espacio culturalizado, en donde una o varias prácticas sociales se desenvuelven conformando un área con características socioculturales propias y diferenciadas. La industrialización requirió de lugares para su desenvolvimiento, así se erigen los territorios industriales.
La industrialización, en su primera fase de desarrollo, precisó de la corriente de agua de los ríos, que convirtió en fuerza hidráulica necesaria para mover las máquinas de las primeras fábricas textiles, por lo que se instalaron en las riberas de estos. En la ciudad de Puebla, fue el Río Atoyac22, el que proporcionó durante
21 Plan Nacional de Patrimonio Industrial de España, 2000.
22 El Río Atoyac, nace por el deshielo de los glaciares de la Sierra Nevada, por Santa Martha Otatla en el rumbo de San Martín Texmelucán, penetra en el estado de Tlaxcala y continua por el
el siglo XIX la fuerza hidráulica a las fábricas textiles y que en anteriores siglos, fueron los molinos de trigo, así como establecimientos de producción de aceite y talavera los que requirieron de la fuerza de sus aguas.
Desde el siglo XVI hasta el siglo XXI, las riberas del río Atoyac, han estado asociadas a la actividad agrícola, artesanal e industrial por lo que podemos afirmar que existe una histórica vocación productiva, a partir del siglo XIX se consolidó un “corredor industrial” que denominamos territorio industrial textil de la ciudad de Puebla, donde podemos observar componentes esenciales de una rama industrial y vida social asociada a ella.
En la ciudad de Puebla, alrededor de los márgenes del Atoyac se construyeron molinos durante la época virreinal que después van a devenir en fábricas industriales durante el siglo XIX, conformando el principal
territorio industrial del antepasado siglo y que tendrá
importancia económica hasta la década de los años noventa del siglo XX. De este territorio industrial destacan las fábricas La Constancia Mexicana (1835- 1993), Santa Cruz Guadalupe (1840), El Molino de Enmedio (1842- 1988), La Economía (1843), La Beneficencia (1839-1968), La María (1896- 1983), La Covadonga(1897), El Mayorazgo (1842-1993) (Gamboa, Estrada; 1994) y San Juan Bautista Amatlán (1838-1972) (Ventura, 2010). Se puede decir que desde La
Constancia hasta El Mayorazgo, son fábricas que se
ubicaron una al extremo de otra, a lo largo de aproximadamente cinco kilómetros del río Atoyac,
extremo oeste de la ciudad de Puebla hasta llegar al estado de Guerrero donde se une con otros ríos que forman el gran río Balsas.
configuraron un territorio industrial importantísimo para la ciudad, se les miró como signos de modernidad durante mucho tiempo y con ello, a su alrededor, se construyó un complejo universo simbólico obrero que se fue conformando paralelamente con nuevas formas de urbanización y el surgimiento de colonias obreras. Por ejemplo, destaca el área de las fábricas San Juan Bautista Amatlán, Molino de en Medio y El Mayorazgo, zona que fue conocida como Amatlán. Las tres fábricas constituyeron un complejo industrial y cultural, en donde las factorías, los sindicatos, las viviendas obreras, las festividades religiosas, peregrinaciones, los deportes como el beisbol que practicaban los obreros y que los dueños de las fábricas promocionaban constituyeron un rico y complejo territorio industrial urbano y que hasta la actualidad podemos observar rasgos materiales de ello y que por los testimonios de muchos ex obreros podemos conocer su vida laboral y social (Ventura, 2010).
Otro ejemplo destacado fue el de la fábrica La Constancia Mexicana. Fundada en 1835 por Esteban de Antuñano y considerada la primera fábrica mecanizada textil. Su importancia no solo es económica sino sociocultural. Esta fábrica no solo inauguró el desarrollo industrial de México, sino que implementó un sistema fabril y/o industrial nativo. Modelo industrial muy a la mexicana, que nació a partir de la herencia socioeconómica y cultural de la Hacienda virreinal, así como por las características culturales de las comunidades de campesinos e indígenas, propiciaron el surgimiento de los llamados pueblos obreros o lo que algunos autores llaman la “utopía fabril mexicana”
(Morales, 2002) y que su ejemplo más acabado en Puebla es la fabrica de Metepec, inaugurada en 190223.
Esteban de Antuñano, antes de ser hombre de industria fue comerciante y hacendado. Construyó su fábrica La Constancia Mexicana (1835) en los antiguos terrenos de la Hacienda de Santo Domingo aprovechando la infraestructura hidráulica existente y cerró 156 años después (1991), 144 años posteriormente a la muerte de Antuñano (1847). Este personaje inauguró un nuevo sistema fabril que heredo a todos los empresarios decimonónicos, aprovecho el paisaje de la antigua Hacienda virreinal y diseño una fábrica con elementos utopistas24 europeos. Inauguró un nuevo tipo
de arquitectura industrial, adapto “la gran estancia” de la hacienda a un nuevo tipo de espacio industrial y quizá un componente muy importante, pensó en un nuevo “orden moral” y educacional para sus trabajadores. Estaba
23 “La industria textil Metepec fue fundada por la Compañía Industrial
de Atlixco a finales de la segunda mitad del siglo XIX (1899). Fue construida al noreste de Atlixco, en los terrenos de la entonces Hacienda de Metepec. La inauguración oficial fue en 1902; con sus 1948 plazas de trabajo, esta fábrica era en ese entonces la más importante del estado de Puebla. Producía mercancía corriente con una sola calidad de algodón. La fuerza de trabajo provenía de los alrededores. En ocasiones, un padre y varios hijos trabajaban en la misma fábrica” (“Ayer maravilla fui…¿y ahora?”UAP, México, S/F.) 24 “Antuñano diseño una fábrica con fuertes componentes “utopistas” que incluyeron un patio central cuadrangular, posiblemente cerrado, en donde se construyeron viviendas para empleados y quizá para los primeros obreros que llegarían a vivir en el nuevo espacio fabril, una escuela, servicio de botica, servicio religioso y toda una organización en cofradías como la de la virgen de Guadalupe que permitía obtener fondos de seguridad médica y funerarios para los trabajadores y empleados de la fábrica” ( Morales, 2002; 17)
convencido que la actividad industrial se complementaba con proporcionar a los obreros normas de conducta, escuela, vivienda, templos y un conjunto de servicios que propiciarían el surgimiento de un nuevo tipo de productores, lo que requería la industria mexicana (Morales, 2002). Con ello comenzó un nuevo tipo de paternalismo y cultura obrera. La importancia de la Constancia Mexicana radica precisamente en que propició el surgimiento de pueblos fabriles con componentes de la Hacienda novohispana e ideas utópicas europeas adaptadas al contexto local, característicos de la industrialización en México.