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UNA EXPERIENCIA HORRIBLE

In document Viaje Astral (página 136-138)

Un día del verano de 1916, una violenta tormenta de viento y lluvia asoló la localidad en que yo vivo y, pese a que su duración fue sumamente breve, los daños causados resultaron de magnitud considerable: hubo edificios destruidos. árboles volteados, líneas de alta tensión cortadas e inundaciones parciales de los terrenos bajos.

Pasada la tormenta, el vecino de al lado, mi hermano y yo salimos a la calle para ver los resultados del desastre. Caminábamos a lo largo de la acera, hablando de la tormenta, cuando al llegar a unas tres cuadras de casa tropezamos con un sitio en que se habían cortado los cables de alta tensión; uno de ellos, que colgaba de un poste, había quedado atravesado en medio de la calle.

Nos detuvimos prudentemente, preguntándonos si tendría corriente. La calzada se hallaba completamente húmeda al igual que la vereda en que estábamos parados. Entonces me adelanté para apartar el cable del camino. Y eso es todo lo que recuerdo porque el cable, tenía, efectivamente, corriente, y yo no tenía suela de goma en los zapatos, de modo que el contacto me arrojó al suelo privado de conciencia en forma instantánea.

Mis compañeros me contaron mas tarde lo que había ocurrido inmediatamente después de haber tocado el cable. Reboté vigorosamente hacia adelante; estaba rígido y mi cara se había hinchado como si fuera a explotar por la presión de la sangre. El salto fue tan violento que fui a dar a unos tres metros de la vereda en medio del barro de la calle, con el cable todavía pegado a mi cuerpo o yo pegado al cable, no podría decirlo a punto fijo... De eso nada recuerdo; lo que sí sé es que casi en seguida me torné consciente fuera del cuerpo físico, viéndolo desde mi astral, tirado en el barro. Podía sentir incluso la fuerte corriente eléctrica a través de mi organismo, pese a hallarme parado a cierta distancia del cuerpo físico, todavía en contacto con cl cable (es este un caso de "Sensación Duplicada").

No podría describir con palabras el terror, la angustia y el dolor de aquellos momentos. El sólo pensar en ello me hace maravillarme de que pueda haberlo resistido. Pese a hallarme exteriorizado fuera del cuerpo físico, contemplando y sufriendo a la vez aquella horrible sensación, nada podía hacer. No podía moverme por propia volición. Mis brazos se mantenían rígidos en el cuerpo astral, como si hubieran estado aferrados a un cable inexistente, reproduciendo la posición exacta de los brazos del cuerpo físico; ¡pero éstos sí se hallaban adheridos a un cable eléctrico!

Mi cuerpo astral, aunque en posición vertical, se hallaba exactamente en la misma actitud que el cuerpo físico, caído horizontalmente. Un miembro de cada cuerpo estaba levantado; ambos cuerpos estaban ligeramente retorcidos en la parte media; las dos manos de ambos cuerpos se hallaban en actitudes similares, como si el astral también hubiera estado pegado a un cable eléctrico.

En medio de esta agonía pude ver a mis compañeros parados al lado mío, muertos de susto, y sin atreverse a tocarme (mi cuerpo físico) por temor de ser también ellos electrocutados. En vano les grité para que me auxiliaran, pues claro está que no podían ver mi cuerpo astral ni escuchar sus ruegos. Una y otra vez les pedí a gritos que hicieran "cortar la corriente", pero sólo había oídos sordos para mi súplica y allí permanecían aquellos dos muchachos, demasiado atemorizados para moverse. Repentinamente parecieron recuperar el uso de sus facultades y comenzaron a gritar y saltar frenéticamente pidiendo auxilio. Desde mi astral podía verlos claramente ir de uno a otro lado aullando en demanda de auxilio. Según ellos, yo también había gritado al tocar por primera vez el cable, y al golpear en tierra y durante todo el tiempo en que permanecí allí tirado. Pero yo no recuerdo haberlo hecho; seguramente debo haber gritado mientras me hallaba inconsciente. Después de dar en tierra, según afirman ellos, me levanté dos veces para volver a caer. Y entonces pensaron que me había muerto. En este momento debe haberse producido la proyección, adquiriendo conciencia en el astral.

Sea ello como fuere, el caso es que cuando volvió a mí la conciencia, me encontré parado al lado de mi cuerpo físico en el astral y experimenté la intensa angustia de ser electrocutado, exactamente con la misma intensidad que si me hubiese hallado consciente en el cuerpo físico. Recién ahora puedo comprender que ninguna palabra podría describir la atroz agonía entonces padecida. Es como si el dolor hubiera destilado de cada uno de los poros de mi cuerpo, mientras temblaba en el astral y en el físico simultáneamente bajo cl efecto de la fuerte corriente

Así permanecí inerme durante varios minutos, que para mí fueron otros tantos años. Por fin, gracias a Dios, vi que la gente se acercaba corriendo hacia el sitio de todas partes del vecindario y entonces tuve la certeza de que alguien vendría a librarme de aquel tormento. A una cuadra de distancia casi, divisé a M., uno de mis mejores amigos que, tras de saltar sobre un cerco, se precipité a la carrera hacia el lugar.

También se acercaban dos damas de las casas vecinas, a quienes yo conocía. Y por último, un hombre y su hijo vinieron corriendo hacia mí; el hombre llevaba un hacha y tenía botas de goma. Entonces se agachó para recoger mi cuerpo físico y, al hacerlo, me pareció rebotar bruscamente de regreso en el mismo, recobrando el conocimiento, mientras todos los vecinos me miraban azorados.

Todas las personas que acabo de mencionar viven todavía y podrían dar fe de la autenticidad de mi relato, por lo menos en lo que a sus aspectos físicos se refiere. Si no he dado sus nombres es simplemente porque podrían haberse rehusado a aparecer en un libro de este carácter.

Todos ellos se asombraron del hecho de que yo hubiera "resucitado", según su propia expresión, y también el médico que me atendió manifestó su sorpresa, dado el largo tiempo que había estado en contacto con el cable, víctima de la corriente. Los espectadores habían supuesto, en realidad, que ya hacia cierto tiempo que me había muerto. Según declararon mis compañeros, habían pasado unos diez minutos desde el momento en que toqué el cable y aquel en que me recogieron.

Puesto que yo permanecí consciente durante unos cinco minutos más o menos, debo haberme hallado unos cinco minutos inconsciente antes de despertarme en el cuerpo astral.

In document Viaje Astral (página 136-138)