CAPITULO II MARCO TEORICO
3 UNA MIRADA AL CONCEPTO DE FORMACIÓN CIUDADANA:
El conocimiento de la realidad nacional y su conexión con los alumnos desde una perspectiva política-social, el nuevo escenario discursivo en participación de los jóvenes, las movilizaciones estudiantiles de los años anteriores, que son una “forma de expresión” y la sociedad en red que vivimos hoy día, nos hacen pensar en revisar las prácticas educativas en formación ciudadana, anhelo fundamental de los distintos actores sociales en la última década.
Para comenzar, es fundamental definir formación dentro del marco de esta investigación. Este concepto se puede definir como “la experiencia como capacidad de reflexión sobre la historia misma del sujeto”. (Villegas, 2008, p 23)
Desde esta perspectiva, la formación aparece menos como un objeto definido y más como la experiencia promovida en el acto a través de hechos precisos. (Villegas, 2008) Se busca dar cuenta de problemas, enfocados de modo muy diverso, donde este concepto gira en torno al conocimiento y a la experiencia misma, es decir a la práctica.
El teórico Michel Develay, expresa que el concepto de formación ciudadana, es una manera que se materializa una visión de aprendizaje con un rol activo del docente, donde el individuo recibe “saberes” del exterior internalizando y transformando el lugar que habita, a partir del aprendizaje constante. (Villegas, 2008)
Desde la lógica de la institución, Monte Tabor y Nazaret, se entiende la formación, como aquellas enseñanzas y experiencias de la escuela que ayudan en el proceso educativo de la persona, desde una visión antropológica definida, a forjar su núcleo personal más íntimo, su carácter, su afectividad y su voluntad. Estos elementos son los que le ayudan a ir configurando su identidad y su rol dentro de la realidad o el entorno donde les corresponda vivir o interactuar. Este camino es un proceso vital y progresivo, donde los estudiantes logran desarrollar, en cada etapa de su vida, todas las dimensiones de su personalidad: su corporalidad, intelecto, emociones y espiritualidad. No sólo desde lo teórico, sino también desde experiencias concretas que les permiten descubrirse y valorarse como personas únicas, espirituales, libres y autónomas, con una mirada y una opinión responsable y crítica del entorno con el que se relacionan. Algunas de las virtudes que son fruto de este proceso son: la empatía, el respeto, la tolerancia y la responsabilidad. (Colegio Monte Tabor y Nazaret, 2010)
De lo anteriormente expuesto, es interesante reconstruir el concepto, identificando a través de elementos como la experiencia, la cultura y el aprendizaje continuo, la manera de poder comprender el significado de formación. Bajo esta mirada, es importante que el estudiante esté acompañado del educador para poder “leer” la realidad de su entorno y “leerse” a sí mismo. A través de la enseñanza y el acompañamiento personal se entregan las herramientas para lograr observar, tomar contacto y responder a la realidad personal, así como también a la interacción con el espacio que les rodea. Esta relación se compone de personas, ideas, contextos y lugares que corresponden a los elementos con los que el
alumno convive o con los que le tocará vivir en un futuro. Por lo mismo, es importante que lo formativo esté integrado también al currículum desde preescolar hasta IV medio con el objetivo de desarrollar un concepto de persona orgánica e integrada. En este sentido, para desarrollar una mayor integración, es necesario que lo formativo se conecte con todos los actores del establecimiento escolar, como una comunidad actuante, activa y con responsabilidad en todos los ámbitos de la sociedad.
Para seguir avanzado, el concepto que se debe incorporar al análisis es “ciudadanía”. Desde una concepción moderna se levanta sobre la confluencia del principio de la igualdad básica entre las personas y la consideración del individuo como miembro pleno de una colectividad, expresada mediante el reconocimiento de una serie de derechos fundamentales. Se piensa que en un régimen democrático el ciudadano es el individuo componente de la República, puesto que da origen al Estado y a las instituciones que lo componen. Las personas, que nacen libres e iguales en dignidad y derechos, a través de la ciudadanía participan en la elección de las autoridades políticas que tomarán las decisiones que mueven y dan vida a su país y formarán la comunidad de personas que habitan en él.
Bajo esta mirada es interesante poder entender que la ciudadanía surge junto a la democracia, es decir en el sentido común nos indica que sin democracia no existe la ciudadanía y sin educación los ciudadanos no pueden desarrollar las competencias necesarias para vivir en democracia. (Arriaza & Viveros 2013, p 25)
Por tanto, en “democracia los ciudadanos son lo sujetos o titulares de derechos tanto frente al Estado como frente a los particulares, lo que implica también obligaciones para con la sociedad a la que pertenecen. Es decir, la idea de ciudadanía también supone que todos gozamos de los
mismos derechos fundamentales, lo que se van ampliando y admitiendo progresivamente a lo largo del tiempo”, Correa & Ruiz-Tagle( 2010, p 88) es necesario que los ciudadanos sean capaces de reconocerse mutuamente como iguales en el espacio público, pero lo más importante que los ciudadanos son los que deciden el destino común de la sociedad a la que pertenecen.
Frente a este modelo o forma de vivir, es donde la ciudadanía es reconocida como la principal forma donde las personas se relacionan y conviven en sociedad. A partir de ello, la ciudadanía es una forma civilizada y pacífica de convivencia, por medio de la cual las personas reconocen su derecho a realizar sus planes de vida; a que el Estado les garantice el respeto de su dignidad y libertades y que se los trate como iguales.
La ciudadanía es un derecho y un status del cual todos los miembros de la comunidad participan, desde su nacimiento hasta su muerte. La calidad de ciudadano significa que nos reconocemos como miembros de una comunidad, sin distinciones de género, raza, etnia o cualquier condición particular que las personas posean. Así también, somos responsables de la construcción de la sociedad en la cual estamos insertos, ya sea mediante el derecho a sufragio como también en la participación de la gestión del Estado, tanto desde un rol activo como de control social externo. Es interesante entender el concepto de ciudadanía, como “una nueva manera de aludir al pueblo o a la sociedad civil, que pone en el centro a los individuos/as como sujetos de derechos y responsabilidades a las cuales acceden en su calidad de integrantes activos de una comunidad política y social concebida como un estado democrático y social de derecho“ Magendzo (2003, p 2) Es en este sentido que se necesita una comunidad escolar que vaya construyendo desde el aula, la escuela y sus propios hogares, individuos que participen activamente en los espacios que los rodean, pero desde una óptica del aprendizaje. Esto requiere adquirir
habilidades y destrezas tales como comprensión, análisis, interpretación y evaluación del mundo que cohabita.
La ciudadanía es una práctica; es decir, una forma de actuar que se construye a través de las experiencias de participación en la sociedad, que se reproduce en los espacios sociales y políticos representados en el marco social. Una segunda definición nos propone que la ciudadanía “se puede definir como el vínculo que existe entre los miembros de una agrupación política, y está muy relacionada con la participación, entendida ésta como la actividad dirigida a los intereses más generales de la sociedad en la que se vivió: los intereses públicos.” (Correa & Ruiz-Tagle, 2010, p 87)
Por lo tanto, ciudadanía es “vivir en sociedad y en especial en una sociedad que busca ser democrática, pacífica, equitativa e incluyente representa diversos retos. Por un lado está el reto de convivir pacífica y constructivamente con otros que frecuentemente tienen intereses que riñen con los nuestros. En segundo lugar está el reto de construir colectivamente acuerdos y consensos sobre normas y decisiones que nos rigen a todos y que deben favorecer el bien común. Y en tercer lugar, el ejercicio de la ciudadanía implica el reto de construir una sociedad a partir de la diferencia, es decir del hecho de que a pesar de que compartimos la misma naturaleza humana, somos diferentes de muchas maneras” Chaux, Lleras & Velasquez (2004, p 14) Ante lo anteriormente expuesto, el elemento sustancial es el vínculo construido por la democracia y el poder, por lo tanto estamos invitados a comprender que la cuestión política es la del actuar y no la del ser desarrollándose activamente en un espacio libre y autónomo en la sociedad civil.
Bajo estos dos conceptos es necesario definir la formación ciudadana “como la preparación sistemática de las y los estudiantes en los conocimientos habilidades y valores que les permiten ejercer sus derechos
como ciudadanos y participar activa y críticamente en la construcción de la sociedad en base a principios de solidaridad, cuidado del medio ambiente, pluralismo, bien común, valoración de la identidad nacional y de la democracia” Mineduc (2010, p 45). En este sentido, este concepto formativo, busca transmitir diversas formas de interactuar y modificar el espacio que habita el individuo. Esto se hace, según Schulz, bajo la mirada de dos dimensiones de participación: por un lado, la “cívica” que se conecta con la institucionalidad, como la elección de representantes y la adhesión a organizaciones políticas como los partido: por otro, la dimensión “civil”, que concierne actividades informales que implican una interacción con las comunidades locales. (Bonhomme, Tham & Lira 2014, p 5). Es interesante, la visión planteada por Schulz en el artículo de Bonhomme y otros, ya que se busca transmitir las distintas formas de interactuar y transformar la sociedad desde un prisma político y social.
Si lo miramos desde el desafío educacional, la forma con que se puede trabajar formación ciudadana en la gestión escolar, planteada por la OCDE, es a través del diseño de competencias en ciudadanía. Para esta organización, la mirada formativa está orientada al conocimiento y comprensión de la realidad social, a las habilidades para participar en la vida cívica y, sobre todo, en la valoración de la pluralidad, diversidad y participación con el otro.
Desde está mirada se produce un cambio o quiebre de paradigma en relación a la propuesta de finales del siglo XX y el concepto planteado por la OCDE. “Tradicionalmente el currículum referido a la política, la nación y la ley, se concretó en una asignatura de ‘educación cívica’, frecuentemente ubicada al final de la educación secundaria. Su foco era el conocimiento del gobierno y sus instituciones. Como se ha visto, esta visión ha sido superada internacionalmente. La evolución de ‘educación cívica’ a ‘educación ciudadana’ implica una nueva conceptualización del aprendizaje en el área,
centrada en el concepto de competencia. Este supone el paso de un foco centrado en el logro de conocimientos, a otro con énfasis en el desarrollo de habilidades y actitudes orientadas en atender los ambientes en que se dan las relaciones en la escuela” Cox (2005, p 19). Esta modificación va acompañada de los distintos intentos en pedagogía de desarrollar un aprendizaje de calidad, orientado al constructivismo, donde el docente y el sostenedor deberían tener una mirada de cambio.
Si revisamos experiencias latinoamericanas en relación a la formación ciudadana nos encontramos con el caso de Colombia donde “todos el Colegio forman en ciudadanía a sus estudiantes”. Sin embargo, hay una enorme variedad en la manera como esta formación se lleva a cabo. En algunos casos la formación ciudadana ocurre casi exclusivamente de manera implícita, a través de lo que se ha llamado currículum oculto, es decir por medio de las prácticas cotidianas en el aula y en la institución educativa que reflejan ciertos valores y normas que no se hacen explícitos, pero que si generan aprendizajes en los estudiantes. (Chaux, Lleras & Velasquez, 2004). Esta mirada, es muy similar a la que ocurre en Chile, ya que en muchos colegios es común que haya alguna asignatura dedicada a la formación ciudadana. Nosotros consideramos que estas clases son fundamentales y deben aprovecharse como espacios valiosos para el aprendizaje y la práctica de competencias; sin embargo, creemos que la educación ciudadana no puede limitarse a lo que ocurre allí.
Esta experiencia colombiana nos invita a idear una propuesta integral en las instituciones educativas, tanto en las áreas académicas como formativas, construyendo en forma orgánica competencias o habilidades en los sujetos que forman parte de un centro educativo. En otro sentido, trabajar ciudadanía tiene una serie de limitaciones en el aula, como por ejemplo la formación docente que pone un énfasis casi exclusivo en la dimensión cívica planteada por Schulz, lo que puede impedir una mirada
civil de la realidad, no permitiendo espacios a los alumnos para que desarrollen su capacidad de pensamiento crítico.
Frente a esta limitante es importante citar algunos principios que se recogen de una propuesta integral, haciéndose énfasis en la construcción de competencias que permiten entregar una base para desarrollar estrategias que mejoren la gestión del establecimiento en materia ciudadana.
3.1 Principios en Formación Ciudadana:4
Principio 1: Abarcar todas las Competencias necesarias para la acción: Dar importancia a trabajar de manera integrada tanto en conocimientos como en competencias cognitivas, emocionales, comunicativas e integradoras.
Principio 2: Brindar múltiples oportunidades para la práctica de las