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UNA VERDAD INCÓMODA»

de la sociedad española (XXVIII)

UNA VERDAD INCÓMODA»

Tomamos el título del reciente documental que, en este final de noviembre y princi- pios de diciembre, se viene proyectando en salas de cine de toda España, bajo la direc- ción del norteamericano Davis Guggenheim, y que en este documental observa «el es- pectáculo itinerante de calentamiento global» que está ahora mismo mostrando en casi todo el mundo. Fue presentado en España en el Festival Internacional de Cine de Valla- dolid, 2006, con un único actor en la escena, el conferenciante Al Gore, ex-vicepresi- dente del Gobierno demócrata de los Estados Unidos, y candidato a la presidencia, con- fusamente derrotado frente al actual presidente, que, tras un complicado y proceloso re- cuento de votos, inauguraba en el 2000 su primer mandato.

«Una verdad incómoda», tal como recoge la sinopsis de la misma, en la ficha técni- ca que se está facilitando a la entrada de los cines, no es sino la «historia de la apasio- nada entrega de un hombre decidido a derribar los mitos e ideas equivocadas acerca del calentamiento global y de su prevención».

Tras el abandono de la política activa, el David Guggenhein ha sabido fichar al ex- vicepresidente y convertirlo en una figura y en un testimonio convincentes, a la hora de decir al mundo que «los seres humanos está sentados en una bomba de relojería». «Nos quedan apenas diez años —repetirá Al Gore en los cientos de conferencias im- partidas a lo largo y ancho del mundo—, para evitar una catástrofe de grandes propor- ciones que podría hacer entrar el clima del planeta en una espiral destructiva con tem- peraturas extremas, inundaciones, sequías, epidemias y oleadas de calor hasta ahora desconocidas». Y lo se que pretende de hecho no es otra cosa que «un cambio de ver- dad en la voluntad de políticos y gente en general para que la Tierra siga siendo nues- tra “casa común”».

Lo más curioso es que estas catástrofes son conscientes, admitidas e incluso proyec- tadas por los hombres, sobre todo por políticos con capacidad decisoria, que hablan de la imposible alternativa entre el desarrollo y la destrucción; que interpretan y obligan a creer en la apuesta por un crecimiento no siempre acorde con el desarrollo humano ni con la obligada necesidad y urgencia en la reducción y anulación de desigualdades y brechas antes imposibles siquiera de imaginar.

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Otro mundo, sin embargo, es posible; y resulta vital construirlo. Y ello exige, ade- más de una generosa y activa apertura a experiencias, testimonios, interrogantes y pro-

cesos, el fomento de alternativas y el empeño en la esperanza, a pesar de la crisis ecoló- gica que nos envuelve y amenaza.

A lo largo del verano del año 2006, se ha sucedido catástrofes, tanto a nivel mundial como nacional que reflejan un panorama tan horripilante que apenas resulta creíble la inoperancia y la inconsciencia que nos envuelve.

Por señalar los más importantes, se ha venido observando que en el mes de agosto la media de muertos en Irak por acciones de insurgencia llegó a superar las cincuenta per- sonas diarias; que el presidente Ahmedinyad se ha mantenido inflexible ante el secreta- rio general de la ONU, Kofi Annam, empeñado en hacerle desistir del programa nuclear que Irán continúa llevando a efecto; que la matanza de talibanes en Afganistán, además del recrudecimiento de las habituales acciones de resistencia, persiste a pesar de las du- das entre algunos aliados occidentales de la eficacia de su presencia en el territorio; que la OMS alerta sobre la expansión de un nuevo tipo de tuberculosis que se considera prácticamente incurable; que la ONU constata en uno de sus informes que la mitad de los más de ciento noventa millones de emigrantes son mujeres; que el Gobierno británi- co prevé controlar, desde antes de nacer, a los niños considerados conflictivos; que el presidente norteamericano llegó a reconocer, tras persistentes desmentidos la existencia de prisiones secretas fuera de los Estados Unidos, que, cinco años después del 11-S vie- nen a significar que Norteamérica sigue siendo un país en guerra.

Y, aun cuando pudiera interpretarse menos grave, también se constataba que el mun- do, a pesar de las hambres y miserias que asolan de manera tan constante que hasta pier- den ya categoría noticiable, se halla al borde una pandemia de obesidad.

Si se recuerda igualmente el verano pasado en España, donde se suman los incendios que asolaron casi 80.000 hectáreas, el nivel bajísimo de embalses que fuerzan al racio- namiento del agua incluso para la atención humana, el vertido tóxico al río Umia, de que nunca más se supo, las víctimas mortales de la carretera (más de quinientas entre julio y agosto), cincuenta y ocho mujeres víctimas de la violencia doméstica, en los ocho pri- meros meses del 2006, llegadas masivas, y sin precedentes, de inmigrantes a las costas canarias, con un coste en muertos superior a los quinientos, descontrol de datos relativos a comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicación, etc.,el cuadro global es negativo en exceso, deprimente, desesperanzador.

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Si se vuelve al documental de que se partía, «Una verdad incómoda», se puede ob- servar que es también falsa, perniciosa además, la diferenciación entre los problemas ecológicos y el resto de los problemas e injusticias de todo tipo que, a fuer de repetidas, apenas nos sorprenden. Cuenta Al Gore que comenzó a estudiar el tema del «calenta- miento global» a fines de los años sesenta; lo que supone ya casi medio siglo cuestio- nándose un asunto que no sólo no prospera sino que crece y se agrava.

En el Congreso y en el Senado norteamericanos, a fines de los setenta, fueron las preocupaciones por salvar al planeta frecuentes y, creemos, sinceras y con propósito de ser debidamente atendidas. A partir de los ochenta, sigue diciendo, organizó «una red internacional de legisladores dedicados al tema»: y ya en los noventa y en la cús- pide de la escena política mundial, participó en la Cubre de Río de Janeiro en 1992

y en el Protocolo de Kyoto en 1997. Incluso, comenta, «lo tomé como una especie de misión».

Parece, pues, que ya se sabe bastante sobre formas y estrategias viables en el control de esta destrucción, que primero se presentaba como realidad científica más o menos abordable, y que hoy ya está presente y amenazante; que llega hasta nosotros mismos en forma de incendios provocados y descontrolados, de lluvias que arrasan y anegan nú- cleos urbanos, una vez que la tierra desertizada se precipita sobre un mar que igualmen- te muere.

Comenta luego la experiencia terriblemente dolorosa que fue para él la muerte de su hijo; explica cómo fue bálsamo para su herida aprender de otros que habían pasado por la misma experiencia; para acabar insistiendo en que, tras la misma, llegó a entender de modo diferente lo que venía siendo a lo largo de más de treinta años su preocupación y su objetivo: «podríamos perder esta preciosa Tierra». La pérdida del hijo le llevó de un refugio en la «negación» a la «comprensión de que nos encontramos ane una emergen- cia planetaria inminente».

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¿Por donde empezamos? A ello se dedica prácticamente todo el contenido del dos- sier que identifica este número que el lector tiene en sus manos.

El paso de la «negación» a la «comprensión» deberá ser el resorte que impulse, en primera instancia, la convicción de que es necesario un control; que, por otra parte, re- sultará inviable de no surgir, o de no aumentar, la «voluntad política» para llevarlo a efecto. Una «voluntad» personal, grupal, social, política y cultural.

Desde el punto de vista religioso, todos los prismas de estudio y análisis del tema re- sultan positivamente condicionados: el mandato bíblico,Dominad la tierra,debería ser el mejor y más certero remedio ante una «crisis ecológica» que de por sí significa y diagnostica la «patología» del espíritu humano, que ha sido capaz y es a la vez respon- sable de la insuficiencia mundial de alimentos, del agotamiento de las reservas naturales, de la polución ambiental mortífera, de la carrera de armamentos y de ese «efecto degra- dante total», a que se refería Pablo VI como «intolerable escándalo» que supone y es una «contaminación» más profunda aún que la que los ecologistas reivindican: la arrogancia mortal del hombre moderno, que olvidó la «ecología del espíritu» en favor de la civili- zación material; que no se entretuvo en poner los bienes al servicio de la humanización de todos los hombres. La alienación fundamental del hombre se manifiesta también en la crisis ecológica. Porque «una de las tareas más urgentes de la teología de hoy» —co- mentaba en esta misma revista A. García Rubio, profesor de Teología en la Universidad Católica de Río de Janeiro— es la de mostrar a los creyentes, y a cuantos tengan preo- cupación por el menoscabo y deterioro de la naturaleza y de la vida, «hasta qué punto son inseparables la salvación de cada persona en singular, las salvación comunitaria so- cial y la salvación del cosmos entero».

En el campo ecológico, la conversión de la persona y el cambio estructural necesa- rio para pasar del puro control al desarrollo del medio ambiente, deberían ir perfecta- mente imbricados. No basta, pues, con repetir, o denunciar, cuáles son los Estados que no aceptaron el Protocolo de Tokio o continúan imponiendo un desarrollo y bienestar a

costa de la naturaleza o de los demás pueblos que no lograron acceder a las cotas de cre- cimiento dominantes en Occidente.

En este caso, no sólo la «verdad» se vuelve y manifiesta «incómoda». También lo es la opción y la decisión de «cambio», que a cada hombre, grupo, comunidad, sociedad o Estado competen. Desde el reciclado de la basura, la utilización del agua potable, el con- sumo de electricidad o la reducción del transporte individual a favor del público, se debe ir colaborando a ese «control», al tiempo que se obligue a decidir en los programas po- líticos a que debe atender el ciudadano a la hora de votar, se opta por la eficiencia y la conservación energética, por la búsqueda y utilización de fuentes renovables de energía y nuevas políticas energéticas, por la aplicación real y efectiva de una tecnología que in- vierta los efectos del calentamiento global.

Capacidad técnica y económica para conseguirlo ya existe. Lo que falta es la con- vicción personal y la voluntad política de llevarlo a efecto. Precisamente ahora debería ser más urgente su proceso de aplicación. Un futuro catastrófico podría precipitarse; y sin lugar dudas serían catástrofes preparadas por los hombres, si no se cuida la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, o no se opta por energías limpias, motores eléctricos, combustibles alternativos, etc., que son claves a la hora de controlar y recudir el calentamiento referido.

«No debemos creer —comentaba finalmente Al Gore— que la crisis es demasiado grande y no puede solucionarse. Sólo falta la voluntad política, y eso es una fuerza re- novable».

JAIMEMARTÍNMORENO*

Resumen

El acceso al agua potable y la tasa media de crecimiento de la población es inversa- mente proporcional. A medida que aumenta el crecimiento de la población disminuye, en términos generales, el acceso al agua potable. Al ser alta la tasa de crecimiento de la po- blación en los países subdesarrollados hay bastante probabilidad que en ellos la tasa de ac- ceso al agua sea menor. A su vez, los países con menos renta suelen tener menos propor- ción de población urbana pero como su tasa de crecimiento urbano es muy alta, su acceso al agua potable se verá dificultado por este rápido proceso de urbanización. La contamina- ción de los recursos hídricos aumenta en muchos lugares y la eficiencia en la distribución y uso del agua no es la suficiente tanto en riego como en el abastecimiento de agua en zo- nas urbanas. En un futuro nada lejano las poblaciones de las zonas urbanas de los países subdesarrollados ascenderán al doble de las de hoy día lo que terminará agravando más la situación de los países subdesarrollados con respecto al acceso al agua potable.

Palabra clave

Acceso al agua potable. Crecimiento de la población. Países subdesarrollados. Pobla- ción urbana. Crecimiento urbano. Recursos hídricos.

Summary

Access to drinking water and the average population growth rate are inversely propor- tional. As population grows, generally speaking, access to drinking water diminishes. As population growth rates are high in underdeveloped countries it is fairly probable that ac- cess to drinking water in these countries is lower. Furthermore, low income countries usually have proportionally less urban population but as their urban growth rate is very high, their access to drinking water will be hindered by this rapid urbanisation process. Po- llution of water resources increases in many places and efficiency in the distribution and use of water is insufficient both in irrigation and in water supply to urban areas. In the near future, urban population in underdeveloped countries shall double their current size which will further aggravate the situation of underdeveloped countries regarding their access to drinking water.

SOCIEDAD YUTOPÍA. Revista de Ciencias Sociales, n.º 28. Noviembre de 2006 * Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Key Words

Access to drinking water. Population growth. Underdeveloped countries. Urban popu- lation. Urban growth. Water resources.

El recurso que define los límites del desarrollo sostenible es el agua. Ni existe susti- tuto del agua ni hay equilibrio entre la demanda y la cantidad disponible de agua. La es- casez de agua podría llegar a ser además, en el futuro, la limitación más importante para asegurar una agricultura sostenible1.

En las últimas décadas se ha venido observando que, al mismo tiempo que crecía la población, disminuía la base de recursos naturales, debido al abuso y degradación de su explotación. El acceso al agua potable y la tasa media de crecimiento de la población es inversamente proporcional. A medida que es mayor el crecimiento de la población, el acceso al agua potable es menor. La tasa de crecimiento es mayor en los países po- bres. Ello quiere decir que los países pobres son los que tienen todas las de perder: su población es la que más aumenta y la escasez de agua es cada vez mayor (Gráfico 1). Por tanto, a medida que sube la renta de los países se incrementa la tasa de crecimien- to de la población y baja la proporción de acceso al agua potable. Una consecuencia la tenemos en el consumo vertiginoso del agua que se ha triplicado en el mundo desde 19502.

El incremento del nivel de desarrollo en todo el mundo ha hecho que la demanda de agua crezca muy rápidamente. El agua es un recurso vital para la vida humana. En mu- chas zonas del planeta la demanda de agua sea superior al stock existente, dejando a mi- les de millones de personas sin acceso al agua potable. Los países con menos renta tie- nen menos población urbana pero su tasa de crecimiento urbano es muy alta, lo que no se corresponde con su baja proporción de acceso agua potable disponible. El problema de acceso al agua se incrementará a medida que las poblaciones de los países pobres sean más urbanas. (Gráficos 2 y 3)

Que la escasez de agua en algunas zonas ha originado conflictos armados, y ha deja- do a algunas de las naciones más empobrecidas del mundo en la miseria más profunda.

1 Ver Naciones Unidas: El estado de la población mundial 2001. El agua genera, además, empleo y sus- tento para millones de personas. El 60 por ciento de los habitantes del mundo depende directamente de los ambientes costeros y oceánicos como una fuente de ingreso de actividades tales como la pesca, el transporte naviero y el turismo. La zona costera y el medio marítimo son, por ejemplo, esferas fun- damentales para las economías de los estados litorales de Africa Occidental. En el año 2.000 se esti- ma que alrededor del 75 por ciento de los habitantes del mundo vivirán en un radio de 60 kilómetros de la costa.

2 La respuesta a este aumento de la demanda ha consistido, casi siempre, en la construcción de más y ma- yores obras hidráulicas, sobre todo embalses y canalizaciones de desvío de ríos. El número de grandes em- balses, es decir, aquellos que tienen una presa de más de 15 metros de altura, se ha incrementado vertigi- nosamente en todo el mundo, pasando de poco más de 5.000 en 1950 a cerca de 38.000 en la actualidad. Más del 85 por ciento de los grandes embalses que existen en la actualidad se han construido durante los últimos 35 años. La ingeniería moderna ha permitido garantizar el suministro de zonas urbanas y rurales pero, según los ecologistas, ha favorecido la degradación de los deltas fluviales y ha propiciado la inmi- nente extinción de especies y humedales

Los potenciales conflictos que ha provocado, provoca y provocará el agua se muestran sobretodo en el valle del río Éufrates, donde Turquía está llevando a cabo programas cos- tosísimos3 de construcción de presas y planes de regadío. Esto ha forzado a que Siria,

más abajo, restrinja sus propios planes de desarrollo hidrológico, lo que ha dejado a Irak, más abajo aún, en una situación de riesgo. El conflicto entre judíos y palestinos en parte debe a la escasez en Palestina. En este sentido hay que reseñar que la accesibilidad al agua potable es menor en aquellos países con una media mayor de hijos por mujer. El ejemplo lo tenemos en Palestina que tiene una media de 6 hijos por mujer y una escasez de agua que es una de las razones del conflicto con lo judíos. (Gráfico 4). Hay que decir que las naciones que se enfrentan a las crisis hidrológicas han aportado muchas solucio- nes, ninguna de ellas eficaz.

3 Se calcula en unos 30.000 millones de dólares. GRÁFICO1

% ACCESO AGUA POTABLE Y TASA MEDIA DE CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO POR PAÍSES DEL MUNDO ORDENADOS

DE MAYOR A MENOR RENTA

-2 -1 0 1 2 3 4 5

Países del mundo ordenados de mayor a menor rents Acceso aguapotable

Tasa media crec. dem. Lineal (Tasa media crec. dem.) Lineal (Acceso aguapotable)

% acceso agua potable Ta sas media de crecimiento demográf ico

GRÁFICO2

% ACCESO AGUA POTABLE Y % DE POBLACIÓN URBANA POR PAÍSES DEL MUNDO ORDENADOS DE MAYOR A MENOR RENTA

GRÁFICO3

% ACCESO AGUA POTABLE Y TASA DE CRECIMIENTO URBANO POR PAÍSES DEL MUNDO ORDENADOS DE MAYOR A MENOR RENTA 0 20 40 60 80 100 120

Países del mundo ordenados de mayor a menor renta

% d e población urbana % acceso agua potable % pobl. urbana Acceso aguapotable Lineal (% pobl. urbana) Lineal (Acceso aguapotable)

0 1 2 3 4 5 6 7 8

Países del mundo ordenados de mayor a menor renta

Ta sa de crecimiento urbano 0 20 40 60 80 100 120 % de acceso agu a potable

Tasa crec. urb. Acceso agua potable Lineal (Acceso agua potable) Lineal (Tasa crec. urb.)

Por último, La utilización del agua aumenta con el aumento de la población, pero tam- bién se dispara la demanda con el cambio en el modelo de población4. La contaminación de

los recursos hídricos aumenta en muchos lugares y la eficiencia en la distribución y uso del agua no es la suficiente tanto en riego como en el abastecimiento de agua en zonas urbanas. Se calcula en el 2005 las poblaciones de las zonas urbanas de los países en desarrollo as-