hallazgos de otros estudios, muestran la universalidad del cuidado.
En los artículos de Bejarano, Beltrán y et all: “Protegiendo al recién nacido durante el
puerperio la madre adolescente asegura un hijo sano y fuerte”clxviii y el de Argote y Vásquez: “La dieta como camino para asegurar un hijo sano: una mirada desde el mundo
urbano de las adolescentes”clxix se establecieron categorías para recién nacidos a término, con peso adecuado para su edad gestacional, que son totalmente aplicables a la
prematuros y neonatos de bajo peso: “El puerperio, camino inicial para que el niño
crezca sano”, “mantener el niño en un ambiente de limpieza: una búsqueda permanente de la madre joven”, “protegiendo al bebé: una manera de que el niño se críe fuerte en el futuro”; pueden reflejar los cuidados culturales englobados en la categoría de este
estudio “evitar que se enferme para que crezca sano”. Estos estudios, aunque no están
realizados específicamente con niños prematuros, muestran prácticas comunes.
De igual manera, en todos estos estudios, mientras el niño está hospitalizado existe una separación importante del entorno familiar y social, la madre pone a prueba sus creencias y prácticas; se realiza un proceso de adaptación a los patrones de cuidado institucional que culmina con el predominio del conocimiento ético, basado en el modelo biomédico de la crianza, lo cual permite concluir que las prácticas de cuidado del recién nacido prematuro o bajo peso en el hogar son universales, en la medida que se orientan hacia el logro del bienestar físico y afectivo del bebé y son influenciadas por el contexto institucional a través de enfermería.
Los mismos estudios permiten apreciar la diversidad del cuidado. En este estudio aparecen códigos del patrón “evitar que se enferme” orientados a las prácticas de higiene y desinfección, que no se registran en otros estudios. Asimismo, el patrón cultural “estimular al bebé es una forma de ayudar al bebé y fortalecerlo” es nuevo en este estudio.
Estos artículos enfocan a la enfermera en acciones educativas encaminadas al abordaje cultural de las prácticas de cuidado realizadas por las madres. Estas acciones, están dirigidas a la promoción de la salud y prevención de enfermedades, formulando alternativas para el cuidado a partir de las creencias y saberes trasmitidos de generación en generación.
4.4 Prácticas de cuidado con el recién nacido prematuro
o de bajo peso que ofrecen las madres en el hogar
Como se expresa en la Gráfica 2, las Prácticas de cuidado con el recién nacido Prematuro o de bajo peso que ofrecen las madres en el hogar se manifiestan culturalmente a través de dos temas:
1. Cuidar un prematuro en el hogar, una responsabilidad de todos
2. La madre aprende de la enfermera cuidar al bebé prematuro en el hogar.
El cuidado del recién nacido prematuro o bajo peso en el hogar, aunque es una responsabilidad de todos, es principalmente concebido como responsabilidad de la madre, de allí que se destaca como patrón: La madre, cuida el bebé. La capacitación recibida de la Institución de salud como fuente de cuidado específico se expresa en las prácticas de cuidado ofrecido por la madre a su bebé, las cuales están fortalecidas con un gran componente ético. La familia, se constituye en un apoyo para la madre. Lo anterior permitió garantizar supervivencia al prematuro o bajo peso en el hogar, realizando cuidado como protector, como presencia en acciones para evitar que se enferme, para que crezca sano, para estimular al bebé como una forma de ayudar en su desarrollo y fortalecerlo y mantenerlo calientico, y en contacto piel a piel le ayuda a crecer y fortalece el amor madre/hijo; todas estas acciones fueron encaminadas a un solo propósito, la compenetración de la madre con su hijo que favorece el vínculo que ella denominó "siendo uno solo", esto le permitió a ella, tener confianza en el cuidado que brindó y lo convirtió en una experiencia única.
Gráfica 4-2. Prácticas de cuidado con el recién nacido prematuro o de bajo peso que ofrecen las madres en el hogar
Fuente: Construcción de la investigadora.
El cuidado del recién nacido prematuro o bajo peso en el hogar, aunque es una responsabilidad de todos, es principalmente concebido como responsabilidad de la madre, de allí que se destaca como patrón: La madre, cuida el bebé. La capacitación recibida de la Institución de salud como fuente de cuidado específico se expresa en las prácticas de cuidado ofrecido por la madre a su bebé, las cuales están fortalecidas con un gran componente ético. La familia, se constituye en un apoyo para la madre. Lo anterior permitió garantizar supervivencia al prematuro o bajo peso en el hogar, realizando cuidado como protector, como presencia en acciones para evitar que se enferme, para que crezca sano, para estimular al bebé como una forma de ayudar en su desarrollo y fortalecerlo y mantenerlo calientico, y en contacto piel a piel le ayuda a crecer y fortalece el amor madre/hijo; todas estas acciones fueron encaminadas a un solo propósito, la compenetración de la madre con su hijo que favorece el vínculo que ella denominó "siendo uno solo", esto le permitió a ella, tener confianza en el cuidado que brindó y lo convirtió en una experiencia única.
4.5. Análisis de las prácticas de cuidado con el recién
nacido prematuro o bajo peso que ofrecen las madres en
el hogar a la luz de la teoría de Madeleine Leininger
El sol naciente es uno de los facilitadores descrito por Leininger que ayudó como mapa cognitivo, para orientar el trabajo de investigación puesto que éste revela los componentes principales de la teoría. Ver grafica 4-4
La concepción del mundo se relaciona con las características específicas de cada vivencia; una característica evidente en el estudio, es debido a que la madre se convirtió en un sujeto de cuidado hacia el bebé que es vulnerable. Por eso, los estilos de vida aprendidos por la madre guiaron las acciones y las decisiones de cuidado, respaldas por el personal de salud y adoptas por prácticas beneficiosas. En esta concepción de cuidado protector, cuidado como presencia fue evidenciada en la atención a la supervivencia, claramente descrita por Leininger, la cual está orientada a los aspectos esenciales del cuidado que son necesarios para ayudar al prematuro a vivir y a la madre a enfrentar la cotidianeidad teniendo como prioridad el cuidado de su hijo.
La visión del mundo se refiere a la forma en que la gente tiende a mirar sobre su mundo para formarse una imagen o postura sobre la vida; en este caso las prácticas de cuidado estaban determinadas por la visión del mundo de la madre en relación al cuidado de su hijo prematuro o bajo peso, diseña microambientes que se ajustaron para el cuidado del bebé y le dieron sentido al cuidado preventivo, al bienestar y la salud para su hijo.
Las creencias tradicionales de cuidado practicadas por el factor de la estructura social y cultural fueron afianzadas por el conocimiento de los acompañantes que la madre confío y apoyada por la experiencia de ellos. El conocimiento de enfermería que compartió con la madre corresponde a la estructura social, etnohistoria, factores ambientales, factores religiosos, factores tecnológicos, factores educacionales y ejerció influencia en las prácticas de cuidado que ella realizó con su hijo para lograr la recuperación de la salud y bienestar de los dos. Las enfermeras son actores que pertenecieron al contexto de la madre. El conocimiento aprendido en la institución y que después ella realizó en su hogar, hacen parte de la historia de los cuidados aprendidos.
La influencia del factor tecnológico se reflejó con el cambio de contexto en donde se da el cuidado del recién nacido. Es decir, del ambiente hospitalario donde tenían un cuidado para prematuros especiales por un equipo de salud entrenado y posteriormente el cuidado en el hogar por las madres, quienes deben brindar un cuidado para conservar su sobrevida, buscó que con su asistencia la utilización de artefactos caseros como exposición a la luz, la teja de barro, el contacto piel a piel, fueran los mismos efectos en la salud del bebé, como si dispusiera de ellos en el hogar (incubadoras).
Los factores de la estructura social de los pacientes incluyen religión (espiritualidad), la experiencia de ser madre con hija prematura, la consideró como una práctica que conjugo los conocimientos (émicos/éticos) pero que fue convirtiéndose en “siendo uno solo” sin darse cuenta, como lo expreso la madre. La espiritualidad estaba contemplada en los códigos de fortaleza espiritual y emocional, miedo a la muerte del bebé, miedo a cuidar el bebé, convirtiéndose en un elemento valioso para tener fe en que lo que está realizando como cuidado lo hacía de manera beneficiosa, considerándolo como "algo mágico y bello" la experiencia.
La estructura social de parentesco es vital para la sobrevida del niño, se involucra a todos los cuidadores como la madre, el padre, la abuela y otros familiares, con quien además median vínculos afectivos y ejercen influencia prácticas del cuidado, permitiendo a la madre delegar funciones claves en el cuidado del bebé que le proporciona la interacción del vínculo social y de parentesco, para brindar cuidado y proteger a su hijo.
El empoderamiento de la madre por el cuidado de su hijo, la llevaron a hacer acciones de supervivencia que de alguna u otra manera fueron beneficiosas y que a su vez son prácticas de protección, de bienestar y de salud para con su hijo. Leininger afirma que el vínculo es esencial para proporcionar cuidado específico lo que guío a la madre a acciones y decisiones frente a su hijo, de manera coherente con su cultura. Las formas en que las culturas conocen, transmiten y practican el cuidado en salud incluyendo prácticas intergeneracionales que involucran diferencias y similitudes. De ahí que evitar que se quiebre, clara de huevo en las rodillas, baño de salvado de calambombo, entre otras prácticas de cuidado, fueron utilizadas por la madre quien encontró un beneficio en ellas de manera congruente con la cultura que permitió ayudar en su desarrollo y fortalecimiento del prematuro o bajo peso. Además, la condición de vulnerabilidad del prematuro tuvo como predominio el conocimiento ético sobre el émico en relación con el cuidado de manera que proporcionó protección y bienestar; el cuidado del prematuro o bajo peso se convirtió en un “cuidado congruente culturalmente efectivo para su salud y
bienestar”. El estilo vida de la informante apropió elementos científicos para explicar y
adoptar una práctica beneficiosa, esto lo que se denomina aculturización.
Según Leininger, del análisis que realiza el profesional de enfermería mientras interactúa con los diferentes contextos culturales, surgen los modos de acción o modos de decisión para proveer cuidado de Enfermería culturalmente congruente. De esta forma, el profesional puede establecer cuales prácticas creencias y valores del cuidado deben ser conservadas, asimismo, reorientará otras prácticas buscando un cuidado congruente culturalmente, seguro y efectivo para su salud, o buscará reestructurar prácticas inefectivas o perjudiciales, de tal manera que se mejoren los patrones de cuidado en salud, prácticas o resultados. La gráfica 3 resume estos modos de acción para el estudio realizado.
Para concluir, el descubrir el cuidado específico y holístico a través de estos modos de acción/decisión se podrá favorecer un cuidado congruente, sensible y humano a la madre que cuida un recién nacido prematuro o bajo peso en el hogar.