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UTILIZAR LOS SINTOMAS DEL PACIENTE

In document Libro Hipnoterapia Milton Erickson (página 109-119)

2 B ENFOCAR IDEODINAMICO INDIRECTO

EL APPROACH DE LA UTILIZACION: INDUCCION AL TRANCE Y SUGESTION

6. UTILIZAR LOS SINTOMAS DEL PACIENTE

Desde el momento en que el síntoma del paciente habitualmente es un importantí- simo foco de atención, algunas veces podemos utilizarlo para facilitar la inducción al trance y resolver el problema rápidamente. Con este approach, nuevamente estamos utilizando las realidades internas de cada paciente -los modelos de refe- rencia dominantes y los modelos de creencias fijas- para inducir al trance y hacer más fácil la terapia. Ejemplos extraordinariamente elegantes de este approach son los siguientes, extraídos del trabajo del mayor de los autores al darles clases a dentistas:

Un hombre de unos treinta años estaba muy interesado en la hipnosis y se ofreció como voluntario para actuar como sujeto en unos estudios experimentales que se hacían en la Universidad. En la primera sesión él descubrió que era un excelente sujeto hipnótico, pero perdió su interés por cualquier otro estudio experimental que se quisiera hacer.

Varios años más tarde, decidió que su dentista emplee la hipnosis ya que precisaba hacerse un extenso trabajo dental y temía en gran forma la posibilidad de sufrir algún dolor.

Su dentista hizo que entre pronto en un estado de trance, que desarrolle una exce- lente anestesia de la mano a través de una sugestión, pero falló con respecto a ser capaz de transferir esta anestesia o, cuando menos, una analgesia, a su boca en grado alguno. En lugar de esto, parecía volverse aún más oralmente sensitivo. Todos los esfuerzos tendientes a desarrollar la anestesia o la analgesia oral en forma directa también fallaron.

Más esfuerzos, pero siempre sin ningún suceso, fueron penosamente hechos por el dentista y por un colega suyo, para enseñarle a este paciente, con varias técnicas, a cómo desarrollar la anestesia o la analgesia. Él podía responder de esta forma

únicamente en cualquier otra parte del cuerpo que no sea la boca. Fue entonces que le vino al autor con un problema especial.

Se lo indujo de pronto a un estado de trance y se le recordó como por casualidad su deseo de confort en el sillón del dentista. De allí en más, se le dieron instrucciones de estar atento a las instrucciones que se le habían dado y de ejecutarlas en forma completa.

Se le dieron entonces sugestiones de que su mano izquierda se volvería extrema- damente sensitiva a todos los estímulos: en efecto, también a los dolorosos. Este estado hiperestésico continuaría hasta que él reciba instrucciones en contrario. Pero mientras durara esta instrucción, sin embargo, tenía que ejercitarse un cuida- do adecuado para proteger a su mano de contactos dolorosos.

El paciente hizo una respuesta completa y adecuada a estas sugestiones. Además de la hiperestesia de la mano, y sin absolutamente ninguna sugestión a tal

efecto, desarrolló en forma espontánea una anestesia de la boca, permitiendo la

realización del trabajo odontológico completo, sin ningún otro agente anestésico. Aún con todos los esfuerzos subsiguientes que se hubieran querido hacer, la anes- tesia o la analgesia no podría ser inducida en forma directa o a propósito, excepto como una parte del modelo hiperestesia-anestesia peculiar de este paciente. De todos modos, éste no es un caso singular de este tipo de conducta. Se han encon- trado, de vez en cuando, otros casos comparables a éste.

Aparentemente, psicológicamente, lo que el paciente entendía de una manera fija era que el trabajo odontológico debía estar absolutamente con una hipersensibili- dad. Cuando se fue al encuentro de esta rígida comprensión, pudo ser llevada a cabo la anestesia en forma análoga a la relajación de un músculo que permite la contracción de otro.

Se había intentado la hipnosis repetidas veces y siempre sin ningún éxito en la mujer de un dentista y por parte de su marido y de varios colegas de él. Cada vez que se hacía -afirmaba ella- se ponía ‘‘absolutamente tiesa de miedo, así que no puedo moverme y entonces empiezo a gritar. No puedo hacer nada de lo que me piden. No puedo relajarme, no puedo hacer la levitación de la mano. No puedo cerrar los ojos; todo lo que puedo hacer es asustarme como una tonta y gritar.’’

Se utilizó un approach naturalístico que emplea la “sinergia”. Se le ofreció un resumen general de su situación, con las siguientes palabras:

‘‘Usted quiere que se utilice la hipnosis en conexión con el trabajo odontológico que tenga que hacerse. Su marido y los colegas de su marido quieren lo mismo, pero cada vez que se intentó la hipnosis, falló y no entró en trance. Se puso tiesa de miedo y gritó. Realmente sería suficiente con ponerse tiesa, sin gritar. Ahora usted quiere que yo la trate psiquiátricamente, si fuera necesario; pero no creo que haya necesidad. En vez de eso, la voy a poner en un trance, así puede tener la hipnosis para todos sus trabajos odontológicos.’’

Ella replicó, ‘‘Pero me voy a poner tiesa de miedo y voy a gritar.’’

Se le respondió con esto: ‘‘No, primero se va a poner tiesa Eso es lo primero que va a hacer y hágalo ahora. Exacto, más y más tiesa, sus brazos, sus piernas, su cuello -completamente tiesa- aun más tiesa que cuando está con su marido.’’

‘‘Ahora cierre los ojos y los párpados se van a poner tiesos, tan tiesos que no los pueda abrir”.

Sus respuestas fueron bastante adecuadas.

‘‘Ahora, lo próximo que tiene que hacer es asustarse como una tonta y después gritar. Por supuesto, usted no quiere hacer esto, pero tiene que hacerlo porque aprendió a hacerlo, todavía no lo haga.’’

‘‘Sería mucho más cómodo respirar hondo y relajarse totalmente y dormirse profundamente.’’

‘‘¿Por qué no prueba, en vez de seguir asustándose como una tonta para des- pués ponerse a gritar?’’

Su respuesta a esta sugestión alternativa fue inmediata y remarcablemente buena.

La próxima sugestión fue, ‘‘Por supuesto, puede continuar durmiendo más y más hondo en el estado de trance y estar relajada y reconfortada. Pero en algún momento, cuando quiera, puede empezar a ponerse tiesa de miedo y como una

tonta y gritar. Pero puede ser que ahora que sabe cómo se hace, exacto, va a continuar estando confortable en el trance, así que se le va a poder hacer, en forma confortable para usted, cualquier trabajo odontológico o médico que precise hacer- se.’’

Se le dio entonces una sugestión posthipnótica simple para posibilitar la induc- ción a futuros trances.

En estos dos ejemplos, el terapeuta acepta el modelo de referencia dominante del paciente (hipersensibilidad, en el primer caso, y ponerse ‘‘tiesa de miedo’’, en el segundo), y después lo utiliza para introducir y hacer más fáciles las respuestas terapéuticas. Él anima a los pacientes a hacer lo que ellos ya saben que pueden hacer y, después, desplaza, transforma o agrega a eso algo que ellos precisan hacer. Usa preguntas, sugestiones contingentes y redes de asociación para llevar a los pacientes de sus conductas bien repetidas pero poco adecuadas, a las respues- tas terapéuticas que se desea obtener. Otros instructivos ejemplos que ilustran cómo este approach lleva rápidamente a cabo las metas terapéuticas, son como siguen.

Otro tipo de caso en el que se utilizó el mismo approach general concierne a una novia recién casada. Hacía una semana que deseaba la consumación de su matrimonio, pero desarrollaba un estado de pánico extremo en la posición de tije- ras a cada intento y ofrecimiento de un intento.

Ella entró al consultorio con su marido, ofreció con dificultades su historia y explicó que algo había que hacer ya que se la estaba amenazando con la anulación El marido confirmó su historia y agregó otros detalles descriptivos.

La técnica usada fue, en esencia, la misma que se utilizó en una media docena de casos similares.

Se le preguntó si aceptaba voluntariamente que se emplee un procedimiento razonable para corregir su problema. Su respuesta fue, ‘‘Sí, cualquier cosa, pero no me tienen que tocar, porque si soy tocada me vuelvo loca.’’ Esta afirmación fue corroborada por su marido.

Se le dieron instrucciones de que se emplearía la hipnosis. Consintió, no muy decidida, pero nuevamente reclamó que no se hiciera ningún esfuerzo por tocarla.

Se le dijo que su marido estaría sentado en el sillón del otro lado del consultorio todo el tiempo y que el autor estaría al lado de su marido, también sentado. De todos modos, ella fue y tuvo que mover su silla personalmente hacia el lateral más alejado del consultorio, para sentarse ahí y vigilar a su marido de forma continua. Dejaban sus sillones su marido o el autor en algún momento, ella estaba lista para dejar inmediatamente, ya que estaba sentada cerca de la puerta del consultorio.

Después tenía que tumbarse poco elegantemente en su sillón, echando el cuer- po bien hacia atrás, con las piernas extendidas, los pies cruzados, y todos los mús- culos completamente tensos. Tenía que mirar fijo a su marido hasta el punto que fuera él todo lo que pudiera ver, viendo al escritor muy de reojo. Sus brazos tenían que estar cruzados y sus puños fuertemente apretados.

Obedientemente, ella comenzó esta tarea. Cuando hizo todo esto, se le dijo que se duerma más y más profundo, no viendo nada que no fuera su marido y el autor. Cuando se durmiera más y más profundamente, tendría que asustarse, presa de pánico, incapaz de moverse y de hacer algo como no sea vigilarnos a ambos y dormirse más y más profundo en el trance, en proporción directa a su estado de pánico.

Este estado de pánico -según las instrucciones que se le dieron- ahondaría su trance y, al mismo tiempo, la mantendría rígidamente inmóvil en el sillón.

Entonces comenzaría gradualmente -se le dijo- a sentirlo a su marido tocando sus partes íntimas, acariciándola, aunque ella continuara viéndolo todavía en la otra punta de la sala. Se le preguntó si quería voluntariamente experimentar tales sen- saciones y se le informó que la rigidez de su cuerpo existente se relajaría lo sufi- ciente como para permitirle asentir o negar con la cabeza a modo de réplica y que tenía que dar una respuesta honesta, sin apuro y en forma pensada.

Lentamente movió su cabeza afirmativamente.

Se le pidió que note que su marido y el autor estaban girando sus cabezas para no verla, porque ella tendría que comenzar a sentir que su cuerpo era acariciado cada vez en forma más íntima por su marido, hasta que finalmente sintiera un entero placer, feliz y relajada.

no mire. Tengo tanta vergüenza. ¿Podemos irnos a casa ahora que ya estoy bien?’’ Se la hizo salir del consultorio y al marido se le dieron instrucciones de llevarla a su casa y esperar pasivamente que las cosas se desarrollen.

Dos horas más tarde se recibió un llamado telefónico conjunto que explicaba, simplemente, ‘‘Todo salió bien.’’

Un llamado telefónico de control, una semana más tarde, reveló que estaba todo bien. Aproximadamente 15 meses más tarde tuvieron su primer hijo, con gran orgullo.

Otro ejemplo es el de un niño de ocho años enurético, medio llevado, medio arrastrado al consultorio por sus padres. Previamente ellos habían solicitado la ayuda de los vecinos en beneficio de él y se había pedido por él públicamente en la iglesia. Ahora lo estaban arrastrando a lo de un ‘‘doctor de locos’’, como el último resorte, con la promesa de una ‘‘cena de hotel’’, que se le iba a ofrecer a continua- ción de la entrevista.

Su resentimiento y hostilidad hacia todo eran completamente evidentes. Se hizo el approach declarando: ‘‘Estás furioso y vas a continuar estándolo, y piensa que no hay nada que puedas hacer en esto, pero hay algo que puedes hacer. No te gusta haber venido a ver un ‘‘médico de locos’’, pero estás acá y te gustaría hacer algo, pero no sabes qué. Tus padres te arrastraron acá, te hicieron venir. Bueno, puedes hacer que esperen fuera del consultorio. Claro, los dos podemos - vamos, diles que se vayan enseguida.’’ En este momento, se les dio a los padres discretamente una señal de que salgan, a la que respondieron pronto, para inme- diata y casi asustada satisfacción del chico.

El autor, entonces, continuó, ‘‘Pero todavía estás furioso y yo también lo estoy, porque ellos me ordenaron curarte, porque te mojas en la cama. Pero a mí no me pueden dar órdenes, como te las dan a tí. Pero antes de arreglar cuentas con ellos, por lo que nos hicieron’’ -con un gesto pausado, elaborado, un gesto que apun-

ta a una cosa y de esos que compelen a prestar atención- ‘‘fijate en esos

perritos, allá. A mí me gusta más el pardo, pero supongo que a tí te gusta más el negro -y- blanco, porque tiene las manos blancas, Si tienes mucho cuidado, los puedes acariciar. Me gustan los cachorritos, ¿a tí no?’’.

Acá el chico, tomado completamente por sorpresa, desarrolló con prontitud un trance somnambulístico, se fue sobre los cachorritos y pasó a acariciarlos, uno más que el otro. Cuando, finalmente, levantó la vista hacia el autor la frase que produjo para el chico fue, ‘‘Me alegro de que ya no estés furioso conmigo y no creo que tú o yo tengamos que contarles a tus padres. Así es, puede que recién se ganen ese derecho, por la forma en que te trajeron acá, si esperas hasta que esté por terminar el año en la escuela. Pero una cosa es cierta. Bien puedés apostar que después de que tengas tu cama seca un mes, ellos te van a comprar un cacho- rro, casi igual a Spotty, el perrito que está acá, aunque nunca les digas una palabra de esto. Ellos te lo van a tener comprado. Ahora cierrá los ojos, respira hondo, duerme profundamente y despierta con un hambre terrible.’’

El chico actuó según las instrucciones que se le dieron y fue dejado al cuidado de sus padres, a quienes se les dieron algunas instrucciones en privado.

Dos semanas más tarde, fue usado como sujeto de demostración, para un gru- po de médicos. No se hizo ninguna terapia.

Durante el último mes del año escolar, el chico hacía una cruz en el calendario, lleno de entusiasmo.

Hacia los últimos días del mes, le remarcó crípticamente a su madre, ‘‘Mejor que estés lista.’’

El día 31, la madre le contó que había una sorpresa para él. Su réplica fue: ‘‘Mejor que sea negro -y- blanco.’’ En ese momento entró su padre con un cachorrito. En su excitado placer, el chico se olvidó de hacer preguntas.

Dieciocho meses más tarde la cama del chico todavía y sin solución de conti- nuidad estaba seca.

* * *

Un estudio cuidadoso de estos ejemplos revela el mismo modelo en todos ellos. En cada uno de los casos, el mayor de los autores asocia (1) lo que el paciente puede hacer bien con (2) la conducta de trance en la que (3) ellos pueden ahora

experimentar lo que quieren en una realidad interna alucinada. Esto vincula sus capacidades de conducta reales a los deseos alucinados, de modo tal que los de- seos puedan llegar a hacerse realmente. El trance terapéutico es el adhesivo que los pega, el estado de concentración o el medio en el que las fantasías y los deseos se asocian y se vinculan a las capacidades de conducta, de manera que lo que se desea pueda ser hecho en la conducta real. En la práctica hipnoterapéutica, conti- nuamente estamos construyendo puentes entre lo que los pacientes pueden hacer y lo que quieren o precisan hacer. Esto se va a hacer más y más evidente en el próximo capítulo, sobre sugestión post-hipnótica, y prácticamente todos los estu- dios de casos que siguen.

EJERCICIOS

1. Escuche con atención las grabaciones de sus sesiones de terapia y determine hasta qué grado está utilizando las propias conductas, intereses y características de personalidad de los pacientes para hacer más fácil el trabajo terapéutico de ellos.

2. Cuando estudie estas grabaciones, considere dónde podría haber introducido observaciones y sugestiones alternativas, que pudieran utilizar el repositorio de experiencias de vida del paciente y haber desarrollado en mayor medida ciertas funciones para hacer más fácil el progreso terapéutico. Explore aquellas formas de sugestiones indirectas que se adecuen con más comodidad a su propio reperto- rio verbal, de modo que pueda utilizarlas con más eficacia para hacer más fáciles las búsquedas internas y los procesos inconscientes del paciente, aun sin la induc- ción al trance formal.

3. Estudie las grabaciones en video-tape de sus sesiones de terapia para descubrir esos momentos de absorta atención y capacidad de respuesta que tienen lugar cuando su paciente está muy enfocado en usted. ¿Cuán bien utilizó esos momen- tos para introducir observaciones terapéuticas?

4. Haga un plan de cómo podría usar estos momentos de capacidad de atención y de respuesta, para introducir formas indirectas de sugestión que puedan hacer más fácil la asociación libre relacionada a los resultados terapéuticos. Son algunos ejem- plos simples los siguientes:

¿A sus ojos los siente como descansando y cerrándose un momento, mien- tras su mente inconsciente explora eso (lo que sea)?

Quiero que se quede quieto un momento, y, cuando lo piense, vamos a ver qué otra cosa trae su mente inconsciente para sumarla en este tema. Y no tiene que hablar hasta que realmente se sienta reconfortado en cuanto a esto.

Los terapeutas deben encontrar la combinación de palabras que les sea más natu- ral a ellos y a sus pacientes para hacer más fácil la búsqueda inconsciente y los procesos inconscientes, de una manera reconfortante y como por casualidad. 5. El approach de arriba se presta fácilmente a las formas indirectas de inducción al trance. Durante esos momentos de trance cotidiano y común, cuando los pa- cientes pueden aparentemente estar absortos en sí mismos y consigo mismos, mirando para afuera por la ventana, con la vista fija en sus manos, en el piso, en el techo o en cualquier otro lado, los terapeutas pueden introducir opciones en procu- ra del trance, vía formas indirectas tales como las siguientes:

Usted ahora está absorto en una cosa, y si su inconsciente consiente con agrado en que éste es un momento reconfortante y como para que entre en trance, se va a encontrar con que sus ojos van a parecer que se cierran totalmente por sí mismos.

¿Su inconsciente quiere que se cierren esos ojos, para que así usted pueda continuar justo como está, y aún en forma más reconfortante?

Justo eso, dejarse continuar en su estado, y su cuerpo todavía no quie- re tener que moverse, hasta que su inconsciente tenga una sorprendente solución para eso aunque su mente inconsciente puede, sin embargo, no saber exactamente cuál es.

Durante un momento de absorta atención y capacidad de respuesta, cuando la atención del paciente está enfocada en el terapeuta, puede introducirse el trance como sigue:

Yo sé que usted no lo ve del todo, pero estoy notando algo sobre usted que me indica que puede estar preparado para entrar en trance. Y si su inconsciente realmente lo quiere, se va a encontrar con esos párpados

cerrándose (con la mano elevándose, o lo que sea).

6. Rechace absolutamente la posibilidad de permitirse usar alguna forma ritual o mecánica de inducción hipnótica, hasta que haya notado una media docena o aun más modelos de conducta manifiesta, intereses, habilidades, experiencias de vida internas, modelos de referencia, ‘‘resistencias’’ o síntomas del paciente, que usted pueda incorporar al procedimiento de inducción. Después practique el proceso de integrar la individualidad de cada paciente a todas las formas standards de induc-

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