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Las promesas de la administración 2001–

19. Véase la nota 17.

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y actores económicos en Jalisco

Planes, políticas

Este pacto se pretende orientar en benefi cio de los trabajadores y los patrones. Los primeros ganarían una mejora en sus salarios, prestaciones y condiciones laborales, en tanto que las empresas contarían con mejores nive- les de calidad y productividad. Como resultado de esta mejoría en las capa- cidades productivas y de fortalecimiento del mercado, Jalisco atraería más negocios, inversión y condiciones de desarrollo, por la llegada de inversión extranjera y el derrame de esta hacia las Mpyme. Todo ello redundaría en mayor capacidad de generación de fuentes de trabajo y de oportunidades laborales, para acceder a empleos formales e ingresos dignos.

Sin embargo, la secuencia de esta lógica presenta algunas difi cultades: si la primera piedra de esta dinámica reposa sobre un pacto obrero–patronal, existen tres aspectos implícitos cuyo incumplimiento afecta los encadena- mientos causales:

` Las formas de incorporación de la población al trabajo son básicamente asalariadas y formales, puesto que ese es el espacio en que se desarrollaría el pacto. Sin embargo, de una población económicamente activa (

pea

) de 2’738,658 personas en el estado (al primer trimestre de 2003),20 sólo 1’037,059 contaban con seguridad social por el trabajo que realizaban (38%).21 En el mejor de los casos, sólo esa población podría ser objeto de

un pacto. Aun con un enorme crecimiento del empleo formal, pasarían décadas antes de que las oportunidades para todos absorbieran al porcen- taje restante.

` La generación de empleo, las condiciones salariales, de prestaciones y laborales en general, así como la calidad y la productividad, dependen fun- damentalmente de lo que ocurra al interior del mercado de trabajo y no de lo que provenga fuera de él, según el gobierno. La realidad es que la generación de empleo depende de las condiciones generales del entorno macroeconómico y no sólo de los acuerdos logrados entre empresarios y trabajadores. La evolución de los salarios y de las prestaciones reales están sujetas tanto a las condiciones de competencia por costos (nacional e internacional) como a los niveles de infl ación, lo que rebasa el tipo de arreglos que se pueda dar al interior del mercado de trabajo. Las for- mas de fl exibilización que se han desarrollado en Jalisco tienden hacia un detrimento de las condiciones laborales (sobre todo a raíz del auge de la

20. www.banamex.com 21. www.stps.gob.mx

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Los planes de desarrollo en Jalisco Capítulo 2

subcontratación) y esa circunstancia es precisamente uno de los factores atractivos a la inversión privada, nacional y extranjera, ya que signifi ca menores compromisos laborales y costos para el empresario. Además, la calidad y la productividad no se traducen de manera inmediata en mayor competitividad si la reducción en los costos de producción y el aumento en la productividad y competitividad en empresas situadas fuera de Jalisco, a nivel nacional e internacional, es mayor. No está de más ofre- cer al inversionista un entorno atractivo, pero ¿hasta dónde comprome- ter la calidad de vida del trabajador, sus salarios, la duración y fl exibiliza- ción de la jornada laboral u otras prestaciones en juego?

` La mejoría relativa de Jalisco con respecto al resto del país (mayor cre- cimiento y captación de una proporción creciente de la inversión extran- jera) se lograría si el pacto obrero–patronal se efectuara sólo en este estado y no en el resto del país, pues de lo contrario se anularía su ventaja relativa. De aquí la importancia de detectar márgenes de maniobra inde- pendientes de la política económica.

Por otra parte, incluso suponiendo que el pacto en realidad favorecería a los empresarios y trabajadores de empresas formales, el

ped

sólo menciona los efectos positivos de un encadenamiento, pero no los del desplazamiento de la producción y del empleo de aquellas formas de trabajo de baja tecnología y pro- ductividad que perderían competitividad ante las nuevas inversiones, puesto que no todas las actividades productivas del estado son encadenables o, al menos, no se pueden convertir rápidamente a una dinámica más competitiva.

Un elemento más es el de la concentración geográfi ca y la centralización económica de la zona metropolitana de Guadalajara, en detrimento del resto del estado. Buscar una mayor presencia de la metrópoli, como nodo de integración regional, podría mantener y profundizar la injusta acumulación de recursos e infraestructura, contra la que han luchado los planes estatales anteriores.

La segunda lógica de “Oportunidades para todos” se refi ere a diversas actividades para el desarrollo económico, entre las que destaca la propuesta del programa Jalisco por Jalisco, que desarrolla actividades de fomento con el fi n de ampliar el mercado para las pequeñas y medianas empresas y la integración de zonas rurales, y que incluye la trasferencia de tecnología y la detección del vocacionamiento de tierras. El fomento económico se podría llevar a cabo por varios medios; en términos de infraestructura, con énfasis en el abastecimiento y tratamiento de aguas residuales; la generación

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y actores económicos en Jalisco

Planes, políticas

y distribución de energía (aunque se trata en este caso de dependencias a nivel federal); la infraestructura para comunicaciones, en la que el principal desarrollo sería en la construcción de carreteras y de corredores industriales. En este caso, la obra pública permitiría impulsar la demanda, la actividad económica y, por tanto, la generación de oportunidades de desarrollo.

El tercer orden de observaciones se da en torno al objetivo mismo. La igualdad de oportunidades se refi ere de manera tradicional, al menos desde la perspectiva neoclásica, a la capacidad de los individuos para participar en el mercado de trabajo. Sin embargo, en una economía donde el empleo no asalariado comprende 32.7% de la

pea

(en enero de 1998), la igualdad de oportunidades en el mercado de trabajo no signifi ca la igualdad de oportuni- dades para todos.22 Por otra parte, las condiciones de ingreso al mercado son sumamente heterogéneas y en el plan no se advierten acciones tendentes a reducir estas desigualdades: 15.1% del empleo se concentra en trabajos uni- personales y 34.5% en establecimientos de dos a cinco personas.23 Así, entre una tercera parte y la mitad del empleo se concentra en situaciones que no son competitivas frente a la empresa moderna. Visto desde otro ángulo, 18% del empleo se efectúa en el domicilio del trabajador y en total 33.5% no cuenta con un local específi co de trabajo.

Cabe mencionar que la igualdad de oportunidades, desde esta perspec- tiva, tampoco supone mayor equidad en términos de resultados, puesto que las condiciones de trabajo son harto desiguales. Basta señalar que 8.4% de la población ocupada no recibe pago alguno, 14.1% percibe menos del salario mínimo y 30.1%, entre uno y dos salarios mínimos. En suma, en 2000, la mayor parte de los trabajadores (dos tercios de los empleados) recibía menos del equivalente actual de 2,750 pesos mensuales (zona

a

, 2004), mientras que sólo 2% obtenía más de diez salarios mínimos.24

No se menciona en este eje un nexo con el de “Desarrollo humano para todos los jaliscienses” o con la Secretaría de Desarrollo Humano, en el sen- tido de extender las oportunidades a grupos en desventaja (discapacitados, indígenas, grupos de baja instrucción o alta desnutrición) y quedarían enton- ces —en la lógica del capital humano— a expensas de lo que el

dif

pudiera hacer para incorporarlos al mercado de trabajo.

22. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI. Encuesta Nacional de Empleo 2000, INEGI/STPS, México, 2001.

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