• No se han encontrado resultados

2.2 P OLÉMICAS EN TORNO A LA OBRA DE J A VALENTE

2.2.4 Valente ante al poder

Polo aseguraba en 1983 que uno de los temas radicales de Valente y que ocupa un campo muy extenso en su obra es «el ataque a todo lo que ostente el poder» (36), ya sea desde la perspectiva de la recuperación, a través de la memoria, de una «niñez cercada» —A modo de esperanza y Poemas a Lázaro— hasta la denuncia directa del tiempo presente —El fin de la edad de plata

Tanto Gimferrer (1978a) como Goytisolo (1985) denunciaron de forma temprana cómo el espíritu crítico de Valente, la independencia de su pensamiento y de su poesía, alejada de los dictados generales por los que circulaba la literatura española en los años de la Transición, hicieron que este poeta, tan beligerante contra toda ortodoxia en los años 50 a 70 fueran del cariz que fueran, fue silenciada su calidad literaria tanto durante el franquismo como en los primeros años de la Democracia. Critican, y con ello también ensalzan sendos escritores, el modo en que fue injustamente tratado Valente en los círculos literarios peninsulares porque su heterodoxia intelectual y poética, su nadar contracorriente, resulta incómoda a toda institución, sea literaria como política.

Sánchez Robayna (1995) señala que, a partir de Poemas a Lázaro, cobra importancia la noción de «el poder de la palabra conjurante», esto es, la palabra poética se enfrenta de forma radicalmente crítica a lo que Sánchez Robayna llama la topía comunitaria, a la presión ejercida por el Poder. El poeta opone, pues, su escritura a la ortodoxia imperante con conciencia crítica, una oposición articulada en Valente a juicio del autor canario desde

dos posiciones complementarias: la denuncia de la devastación del ethos por medio de un lenguaje crudo y directo, como ocurre en Siete representaciones; y la crítica, a través de la sátira, del lenguaje que encarna la historia, como se puede observar en Presentación y memorial para un monumento. Así pues, Sánchez Robayna considera que ante la circunstancia histórica y ante el uso deturpado del lenguaje por las fuerzas que ostenta el poder Valente recurre a la palabra poética en su uso conjurante.

Arkinstall (1993), sin negar que la poesía de Valente abarca el tema del abuso del poder y de la libertad humana, juzga que la obra de éste es, ante todo, una «oposición tenaz a un poder muy concreto: el Régimen franquista» (61). Desde esta hipótesis, considera que la labor poética de Valente es un ejercicio de libertad disidente y heterodoxa que asume una vocación de ataque en forma de ataque al ejercicio totalitario ortodoxo encarnado en la figura de Franco. En consecuencia, Arkinstall considera que la obra de Valente, asumida una posición exiliada tanto política como poéticamente, está impulsada por la motivación de rechazar las posiciones ideológicas impuestas por el franquismo, incluidas su inmovilismo y homogeneidad y, por ello, Valente puebla su poesía de todos aquellos elementos odiados por la dictadura. En esta lectura subyace una idea de heterodoxia que contravendría la interpretación en los términos en que aparece en otros autores y en el propio Valente. Arkinstall, al enjuiciar así la obra de Valente, estaría afirmando que la obra de Valente más que engendrar un discurso heterodoxo, esto es, liberado de las ataduras ortodoxas, engendraría un discurso anti- ortodoxo, es decir, ortodoxo en su lado negativo.

Para Teruel Benavente (1993) la heterodoxia de Valente en los planos poético y sociopolítico forman parte de una misma moneda, se complementan mutuamente e implican una ética vital de carácter radical: «disidencia y trascendencia, para Valente, parecen inseparables la una de la otra; la crítica del lenguaje y la creación de un lenguaje más auténtico van juntas, y lo que representan es una visión moral que constituye nada menos que una visión de la vida misma» (29). En ello, reconoce el autor la altura intelectual y el compromiso absoluto de Valente: «la carga que esta decisión le impone al poeta, por supuesto, es inmensa, y, leyendo la poesía de Valente, somos conscientes más que nada de las dificultades que ha sabido afrontar y de la tensiones que ha sufrido en el curso de crear una obra casi sin paralelo entre la poesía europea contemporánea» (id.)

El narrador chileno Jorge Edwards (2001) valora la figura de José Ángel Valente en función del insobornable compromiso ético que éste mantuvo con su obra y resalta cómo el poeta gallego «plantea una oposición constante, radical, imposible de resolver, entre el discurso interesado, tendencioso, de las instituciones —iglesias, gobiernos, partidos—, y la palabra individual, independiente, no enteramente deliberada (...) que es la palabra del poeta». Para Edwards el hecho de que Valente acepte un compromiso radical con la palabra poética lo sitúa «en los márgenes últimos, en la definitiva disidencia».

En su libro de 2002 Peinado Elliot analiza la trayectoria literaria de Valente en torno a una lucha entre el unitarismo de sentido maniqueo del Poder y la unidad de lo múltiple que defiende Valente. Juzga este crítico que Valente se enfrenta a las estructuras totalizadoras heredadas, principalmente, del Idealismo en el ámbito de la identidad del Ser. Las instituciones que ostentan el poder trabajan sobre una concepción del Ser en donde éste se define por oposición a lo que le es ajeno. Como consecuencia de esta postura ontológica, la identidad del individuo se congela y es, por tanto, empujado a formar parte de una homogeneidad sin fisuras en donde se perdería cualquier rasgo distintivo. A esta fuerza homogeneizadora opone Valente, según Peinado Elliot, una concepción del Ser en la cual éste toma conciencia de su identidad en la revelación de la existencia del Otro, hecho que dirige la definición del individuo en sentido contrario al que operan los sistemas totalizadores, pues en lugar de engendrar una identidad dicotómica opositiva (Yo frente a No-yo) se crea una identidad comunicativa relacionante (Yo y Tú). Según este planteamiento, Peinado Elliot considera que Valente adopta una Heterodoxia de sentido humanista que asegure que el individuo se incorpore a una unidad sin perder, por ello, su identidad.

José Luis Pardo, en su trabajo de 2004, reivindica la radical actitud heterodoxa de Valente, una heterodoxia a todos los niveles (político, filosófico y poético) que es entendida como consecuencia lógica de un hondo compromiso ético con su pensamiento y su poética. Este compromiso, recuerda Pardo, le llevó a manifestar, de forma arriesgada, su disconformidad con el tratamiento que, durante el periodo de la Transición, hizo de la herencia franquista en un tiempo donde salirse del acuerdo de mínimos podía situar a cualquier intelectual, en la opinión pública, en espacios poco democráticos, del mismo modo que se opuso, en tiempos poco propicios para ello, a poner la poesía al servicio de la ideología socialista. Juzga Pardo que esa actitud de negarse Valente a aceptar decisiones histórico-sociales injustas o injustificadas fue mantenida por el poeta ourensano en todas las circunstancias anteriores y posteriores a la caída del franquismo. Dicha disidencia intelectual es un rasgo en el cual el filósofo madrileño considera que Valente asume valientemente el destino platónico de expulsar al poeta de la ciudad: alejado del pacto urbano, la posición disidente del poeta le permite a éste enjuiciar y señalar los fallos de la estructura social imperante para reconducir los mecanismos de funcionamiento de la ciudad a su fin último, ser habitada por el Hombre.

En una línea similar, Gamoneda (2007) incide en la radical apuesta individual del poeta gallego: apuesta que le llevó a alejarse no sólo de las tesis dominantes a nivel literario (alejamiento cada vez más profundo de la trayectoria literaria de sus coetáneos) como a nivel histórico-político. Para Gamoneda, Valente asume con valentía la complicada responsabilidad de enjuiciar con voluntad crítica tanto la labor poética como política. Denuncia, por ello, el pensamiento programadamente débil sobre el que se asientan determinadas actitudes políticas y poéticas del tiempo actual. Y denuncia el uso de un lenguaje que impide el desarrollo de un pensamiento crítico y, por tanto, ahondar en las deficiencias de estas actividades.

La gran cantidad de estudios, la diversidad de polémicas suscitadas y debatidas, la variedad de enfoques y la diversificación de los análisis en torno a cada obra, señalados en las páginas precedentes, permiten definir el material bibliográfico en torno a la obra de José Ángel Valente como un campo ya abonado y cosechado. La labor que precede a este trabajo ha situado al poeta gallego en un contexto adecuado, ha analizado su trayectoria, señalando la coherencia de su universo literario y lo íntimamente ligado que están todos sus libros en torno a un mismo centro creativo, y aún así el análisis de la obra valenteana parece encontrarse lejos de su agotamiento. Cada nuevo estudio —en la actualidad la tendencia dominante es la de realizar estudios que pongan en diálogo la obra del escritor ourensano con diferentes tradiciones literarias— hace patente la riqueza literaria de su obra y cómo ésta sigue resistiendo bien el asedio crítico.

En el extremo opuesto de las valoraciones se situaría el corpus bibliográfico sobre la obra de Emilio Adolfo Westphalen. La escasez de trabajos y la reducida nómina de críticos que han logrado enfocar con éxito la obra de este autor peruano lleva a considerar que el momento en que se encuentra la crítica westphaleana está muy lejos del caso de Valente. Uno de los principales temas a los que debería de dar respuesta cualquier nueva aportación a la crítica sobre Westphalen es de la correcta contextualización de este autor, enfocada ésta desde dentro, esto es, no consideramos que se trate tanto de una labor de rastreo de los influjos externos sobre la obra del poeta peruano como de observar cuáles son las características principales de su producción y de estudiar cómo su obra interactúa con la tradición. En definitiva, se debe buscar el ámbito en el cual se ha ido desarrollando y profundizando la trayectoria de Westphalen.

Nuestro trabajo trata de reflexionar sobre una serie de cuestiones que hasta la fecha no han sido tocadas. Por un lado, la vinculación de estos dos autores, el que sean estudiados dentro de un mismo trabajo y sus obras sean puestas en diálogo no cuenta con ningún antecedente, salvo las breves referencias realizadas por Ferrari (1993) y Pérez López (1999-2000). Esta propuesta de estudio conjunto de Valente y Westphalen propone, pues, un contexto de lectura (Valente en relación con la poesía hispanoamericana y Westphalen en relación con la poesía española) poco atendido en el caso del español y casi inexistente en el caso del peruano. Esta vinculación surge, en primer término, con la idea de dar respuesta a un hecho que ha dejado perplejo no sólo a la crítica sino también a los autores implicados: cómo la obra de dos poetas, de generaciones distintas, tan alejados en el espacio y sin la existencia de un vínculo personal previo, han llegado a desarrollar una trayectoria literaria con tantos puntos de conexión.

Por otro lado, esta tesis doctoral, más allá de señalar y estudiar las filiaciones entre la obra de Valente y la de Westphalen, pretende profundizar en una serie de cuestiones que juzgamos capitales para comprender la

naturaleza de su poesía pero también para comprender la compleja teoría poética sobre la que se apoya y se explica su praxis literaria.

Tanto el primer punto como este último se unen si tomamos como premisa previa que la obra de Valente y Westphalen pretenden ser respuesta a la pregunta hölderliniana Und wozu Dichtern in dürftiger Zeit?. Los tiempos de miseria para el poeta no son, sin embargo, sino una reactivación de la polémica platoniana que desembocó en la expulsión del poeta de la ciudad. A partir del ataque que Platón dirigió a su oficio, el poeta ha tenido que justificar su labor y su condición. En el siglo XX, la validez del ejercicio poético ha sido una polémica que se hizo más compleja al cuestionarse no sólo si su oficio era útil o no (el lugar del poeta en relación con la Ciudad, es decir, ante la Historia), sino también si su material era válido (polémica llevada al centro de la reflexión teórica tras el llamado Giro Lingüístico).

Emilio Adolfo Westphalen y José Ángel Valente, poetas conscientes de las grandes problemáticas que afectan al ejercicio poético en el siglo XX, convierten estas dos grandes cuestiones, el problema del compromiso social del arte y el problema del lenguaje, en temas centrales de su pensamiento poético. La visión compartida que Westphalen y Valente, desde la singularidad de sus respuestas a estas polémicas, permite configurar ese espacio de convergencia en el que se encuentran la poética del “náufrago” y la poética del “ángel”.

II)

E. A. Westphalen: el poeta