• No se han encontrado resultados

El valor de la institución

In document Amor y responsabilidad - Una síntesis.pdf (página 132-137)

La consideración del matrimonio no puede reducirse a las meras relaciones sexuales de pareja. Es necesario ver en él una institución. La palabra institución significa algo instituido, establecido según el orden de la justicia.

En el presente punto, analizaremos el valor de la institución del matrimonio desde tres perspectivas: la de la sociedad, la de la propia pareja, y la del Creador.

123 institución del matrimonio desde el punto de vista de la sociedad.

El hecho mismo de las relaciones sexuales del hombre y de la mujer tiene un carácter íntimo. Perteneciendo como pertenecen esas personas a la sociedad, deben, por muchas razones, justificar ante ella esas relaciones.

Justificar quiere decir hacer justo, y nada

tiene que ver con la idea de justificarse, es decir, de buscar atenuantes que disculpen algo malo.

Si existe la necesidad de justificar ante la sociedad las relaciones sexuales del hombre y la mujer se debe a dos motivos. En primer lugar, debido a sus consecuencias naturales, es decir, a la procreación. En segundo lugar, en atención a las personas que en ella toman parte, en particular, a la mujer.

En primer lugar, en lo relativo a la procreación, se debe tener en cuenta que el niño es un nuevo miembro de la sociedad, que ha de ser adoptado por ella, e incluso registrado. El nacimiento del niño hace que el matrimonio se convierta en familia. Ésta es en sí misma una pequeña sociedad de la que depende la existencia de toda sociedad mayor. Se comprende, pues, que esta sociedad trate de vigilar su porvenir a través de la familia. La familia es, pues, la institución elemental que está en la base de la existencia humana.

La procreación es el fin principal del matrimonio. Ahora bien, no se pretende sostener que el matrimonio sólo deba considerarse como un medio para constituir una familia. El matrimonio no desaparece en la familia, sino que

124 conserva su carácter particular de institución, cuya estructura interna es diferente del de la familia. La estructura interna de la familia es la de una sociedad, en la que el padre y la madre poseen una potestad a la que están sometidos los hijos. La estructura interna del matrimonio, en cambio, es el de una unión y comunidad de dos personas.

El carácter particular del matrimonio no desaparece cuando la comunidad de la pareja se transforma en familia. En efecto, la razón interior y esencial del matrimonio no es únicamente el de transformarse en familia, sino, sobre todo, la de constituir una unión durable y basada en el amor de dos personas. Así, un matrimonio en el que — sin culpa de los esposos— no hay hijos, conserva el valor integral de la institución. No obstante, al transformarse en familia, favorece el amor preservando su existencia. Así es como debe entenderse la sentencia: "La procreación es el fin

principal del matrimonio."

En segundo lugar, es decir, sobre la necesidad de justificar las relaciones sexuales ante la sociedad en atención a las personas que en ella toman parte, podemos decir lo que sigue.

Siendo el ser humano un ser social, importa que el amor que psicológicamente justifica y legaliza sus relaciones, adquiera además "derecho de ciudadanía" entre las personas. Una pareja que no acceda a este reconocimiento, tarde o temprano se verá en la obligación de reconocer que su unión carece de un elemento esencial. Sentirán íntimamente que su amor debería madurar antes de poder manifestarlo a la

125 sociedad.

El amor necesita de este reconocimiento para estar completo. La diferencia de significado atribuida a las palabras como querida, concubina,

amante, etc., y a las de esposa o novia no es de

ningún modo mero convencionalismo. Tomemos, por ejemplo, la palabra querida. Ésta, en sentido estricto, indica que la actitud respecto de la mujer consiste en utilizarla como un objeto de gozo sexual. En cambio, palabras como esposa o novia designan un co-sujeto de amor, que tiene su pleno valor de persona y, por eso mismo, un valor social.

Analicemos ahora el valor de la institución del matrimonio desde la perspectiva de la propia pareja.

Las relaciones sexuales del hombre y la mujer exigen la institución del matrimonio, ante todo, en cuanto justificación en la conciencia de los contrayentes. En este sentido, esta institución es indispensable no sólo en atención a las demás personas, sino también —y sobre todo— a las personas que liga. Incluso en el caso de que no hubiese otra gente en torno, el matrimonio les sería necesario, o quizá una forma de celebración, un rito que determine su creación por ambas partes interesadas.

El análisis del matrimonio nos lleva a comprender que las relaciones sexuales fuera del mismo ponen ipso facto a la persona en situación de objeto de gozo. ¿Cuál de las dos es ese objeto? Aunque no se excluye que pueda serlo el hombre, la mujer lo es siempre. Las relaciones sexuales extramatrimoniales siempre causan un perjuicio

126 objetivo a la mujer, incluso cuando ella las consiente y desea. El valor de la institución del matrimonio se ordena a brindar mayores garantías para evitar que alguna de las personas pueda ser usada como objeto de placer.

La institución del matrimonio determina la pertenencia recíproca de las personas. De ahí que el adulterio constituye un mal moral grave. Ahora bien, desde el punto de vista moral, el "amor libre" es mucho peor. Esto porque implica el rechazo a la institución del matrimonio, o la limitación de su papel a la coexistencia de hombre y mujer, disminuyendo dramáticamente su importancia.

Finalmente, analizaremos el valor de la institución del matrimonio desde la perspectiva del Creador.

Existe la necesidad de justificar las relaciones del hombre y la mujer ante Dios Creador. En efecto, el hombre y la mujer son

creaturas de Dios, es decir, han sido creados por

Él, dependen de él para existir. En esta dependencia se funda el derecho particular de propiedad que el Creador tiene sobre todas las creaturas. Gracias a la razón, el hombre no sólo se pertenece a sí mismo, sino también pertenece a Dios Creador. Pero sólo los creyentes pueden comprender esto.

El matrimonio es un sacramento. Según la doctrina de la Iglesia, el matrimonio es un sacramento desde el origen, es decir, desde la creación de la primera pareja humana. Más tarde, el sacramento de la naturaleza fue confirmado en el Evangelio mediante la revelación del

127

sacramento de la Gracia.

Siendo el hombre y la mujer propiedad de Dios, es necesario que la unión entre ambos esté justificada ante los ojos del Creador, que obtenga de Él su aprobación. Al no ser totalmente dueños de sí mismos, no basta que el hombre y la mujer se den mutuamente en el matrimonio. Es indispensable que Él los dé el uno al otro, que apruebe su don de sí recíproco a través de la institución que Él mismo estableció, que es el matrimonio. A ello se debe agregar que el sacramento del matrimonio está basado en la certeza de que la justificación del ser humano ante Dios se realiza esencialmente mediante la Gracia.

1.3. Procreación, paternidad y maternidad

In document Amor y responsabilidad - Una síntesis.pdf (página 132-137)