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Valoración crítica de estas teorías

In document CRIMINOLOGIA (página 76-83)

En el plano de la evaluación crítica sobre estas teorías, Baratía, ha sido muy preciso al afirmar, que esíán al margen de una determinación histórica de las relaciones socioeconómicas: “No

obstante la importante función crítica ejercida por las teorías psicoanalítícas de la criminalidad, frente a la ideología de la defensa social, es menester decir que no han logrado superar los límites fundamentales de la criminología tradicional. Estas, en efecto, se presentan generalmente, igual que las teorías de orientación positivista -tanto las sociológicas y las biológicas-, como etiología de un comportamiento, cuya cualidad de criminal se acepta sin análisis de las relaciones sociales que despliega la ley y los mecanismos de criminalizacíón”.7

Como conclusión categórica del valor de estas teorías en la dimensión socioecómica y cultural de las formaciones sociales, Baratía sosfiene que: “Las relaciones socioeconómicas, como

necesario contexto historizante del análisis, permanecen esencialmente extrañas a la teoría psicoanalítica.Comporta­ miento criminal y reacción punitiva son expresión de la misma realidad psicológica, ahistóricamente centrada en

6 LARRAURI, Elena. La Herencia de la Criminología Critica. Siglo XXI Editores. México. 1992. Pág. 49

7 Obra citada. Pág. 53

un fundamental, natural e inelimlnable antagonismo entre individuo y sociedad. A la dimensión histórica de la cuestión criminal, la teoría psicoanalítica le impone una ahistórica dimensión antropológica, en la cual se inserta lógicamente la tesis de la universalidad del delito y de la reacción punitiva”.6

Desde esta percepción, la función de la pena se funda en un mecanismo psicológico usado-por los individuos, para liberar sus instintos criminales, no se funda en la lucha contra la criminalidad.

CAPÍTULO

V I

SOCIOLOGÍA CRIMINAL

1. INTRODUCCIÓN

Siguiendo el desarrollo de la Criminología, aparece con gran profusión la explicación sociológica de la criminalidad, particularmente en EE.UU., estableciendo que este fenómeno es expresión de la realidad, es decir, un hecho que se produce en la sociedad.

En base a las teorías de Comte, Spencer y Durkheim comenzó a desarrollarse una sociología para resolver los problemas de la fase de industrialización con migrantes y minorías étnicas, preconizando “ oportunidades iguales para todos”, en un contexto competitivo, de individualismo y abandono de valores colectivos y solidarios; que los sociólogos americanos tenían como un desafío: establecer relaciones de igualdad, en una diversidad de comportamientos desviados que se catalogaban como “desorganización social” por lo que decidieron aplicar estrategias de control y represión, para controlar la amonia existente (falta de normas).

Existen distintas vertientes que dan lugar al surgimiento de los pensamientos criminológicos desde el punto de vista sociológico, unos, provenientes de la sociología americana, basados en el pragmatismo de la realidad social y otros, procedentes de concepciones europeas, con énfasis en el academicismo, que desde distintas perspectivas abordan la criminalidad.

En ese marco, las apreciaciones que vierte el profesor español Antonio García Pablos de Molina sobre las teorías sociológicas de la criminalidad, son muy instructivas, porque nos llevan a comprender que, en efecto, en éstas caben distintos paradigmas: funcionalista, subcultural, conflictual, interaccionista, etc, que sirven para explicar la criminalidad, en función de un determinado marco teórico.

Las teorías parten de la premisa de que el crimen es un fenómeno social muy selectivo, ligado a procesos, estructuras y conflictos sociales.

En síntesis, el estudio científico del delito como fenómeno social, y de la pena como reacción social, fue el abordaje de la sociología a la criminología, cuyo inicial impulsor fue Enrico Ferri, que la enfocaba como “ciencia general de la criminalidad”, dentro de la cual incluía el derecho penal.

2. LA ESCUELA DE CHICAGO

La Escuela de Chicago, es la expresión de la sociología entendida como una ciencia orientada empíricamente, hacia problemas particulares, con detalles concretos; es el tronco de la moderna Sociología americana. Los más claros exponentes son R.E. Park. E.W. Burgess, y R.D. Mckenzie, (1925). El centro de su reflexión es, la “sociología de la gran ciudad”, que se basa en el análisis del desarrollo urbano, de la civilización industrial y, como consecuencia, la configuración de la criminalidad en ese nuevo escenario.

Se basó en el concepto de “esfera pública” de John Dewey, que entendida en el sentido de “Comunidad” en la que el individuo puede desarrollarse y el Estado subordinarse, en condición “democrática y pluralista”.

Dewey, al igual que Mead, coincidieron en la interacción de seres humanos, dándole prioridad al individuo y luego a lo “público" a la influencia de unos sobre otros, la creación del espacio democrático. La teoría de Mead, del “Control

social”, coincidía por basarse en la psicología colectiva de la interacción humana. Los roles desempeñados por cada sujeto y sus actitudes, tenían significado para los demás y les permitía entender comportamientos, que también podrían “imitar”. Según Gabriel Tarde, hay dos actos que aseguran la continuidad y la estabilidad social: la invención que permite el cambio y la imitación al de más alta posición.

Con el concepto de imitación, Tarde rebatió las tesis de Lombroso del atavismo, del evolucionismo y del determinismo positivista.

A continuación se presenta un brevísimo resumen de las más importantes: el enfoque “dramatúrgico” y la etnometodología que pasan a ser las orientaciones del interaccionismo simbólico, con más clara distinción entre ellas.

Todas comparten la opinión sustancial de que los seres humanos construyen sus realidades en un proceso de interacción con otros seres humanos; puede decirse que cada orientación acepta, en algún grado, la necesidad metodológica de “entrar dentro” de la realidad del actor; en un esfuerzo para comprender la realidad, del sujeto que la lleva a cabo.

2.1. El enfoque “dramatúrgico”

El principal exponente de este enfoque, ha sido Erving Goffman, quien estudió los institutos siquiátricos y de ejecución penal como instituciones totales: sus características determinantes de la llamada enfermedad mental y del juicio peyorativo, sobre las conductas punibles. Encontró analogías entre estas instituciones,en: el proceso de degradación y despersonalización del individuo, a través de un mismo ritual; la similitud de los especialistas que de ellos se ocupan; el parecido de los que allí se hallan recluidos, todos de una misma clase social; con idéntico uso de etiquetas para identificarlos, incluido el término desviado.1

1 GOFFMAN, Erving Internados. Ensayo sobre la situación social de los enfermos 81 |

2.2. La etnometodologia

No es común incluir la etnometodologia corno “rama” de la perspectiva interaccionista general. Empero Wallace afirma que “en la medida que la etnometodología encierra un punto de vista teórico y constituye claramente interaccionismo simbólico”.

Explicando el significado de la denominación, agrega: “Yo uso el término “etnometodología” haciendo referencia a la investigación sobre las propiedades racionales de las expresiones indicativas y prácticas como realizaciones contingentes a cumplir o actitudes ingeniosamente organizadas de la vida cotidiana”. La posición básica de este enfoque posee, una visión procesal de la sociedad.

Bajo la influencia de los planteamientos de la Escuela de Chicago, surgen las primeras explicaciones sociológicas de la criminalidad, entre estas, la teoría ecológica.

3. LA TEORÍA “ECOLÓGICA”

Estudia la desorganización social y las conductas que dicha situación generan dentro de la ciudad, por el debilitamiento del control social, por distintos motivos.

La tesis que plantea, es que existe diferencia entre la creación de nuevos centros urbanos y la criminalidad que genera. Estos “producen" delincuencia y lo significativo es el reconocimiento de que en las grandes “urbes” se gestan las “’áreas delincuenciales”.

Al analizar la teoría ecológica, Pablos de Molina, explica el efecto criminògeno de la gran ciudad acudiendo a los

conceptos de desorganización y contagio, propios de los modernos núcleos urbanos existentes, donde se debilitan los mecanismos de control social existentes, por el consiguiente

mentales. Amorrorlu Editores. Buenos Aires. 1973

deterioro de los “grupos primarios” (familia, etc), en sentido de que esta modificación “cualitativa” de las relaciones interpersonales se toman superficiales; la alta movilidad y consiguiente pérdida de arraigo al lugar de residencia, la crisis de los valores tradicionales y familiares, la superpoblación, la tentadora proximidad a las áreas comerciales e industriales donde se acumula riqueza y el mencionado debilitamiento del control social, crean un medio desorganizado y criminògeno.2

En este marco sociológico, se manifiesta la teoría ecológica, que concibe la gran ciudad, no sólo un mero ámbito “geográfico" sino un “organismo vivo” dividido en “áreas naturales" dinámicas, habitadas por tipos humanos diferentes y con distintos modos de vida.

Al respecto, Pablos de Molina explica: “El crecimiento de la gran

ciudad industrial responde a la fuerza expansiva de su “zona de negocios” que invade la zona “residencial" de acuerdo con un modelo de desarrollo, en forma de circuios concéntricos (modelo “radial”): desde un foco central a la periferia”.3

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