• No se han encontrado resultados

Ver: Raúl Prada Alcoreza, Fragmentos territoriales, Mitos, La Paz, 1990.

In document DEMOCRATIZACIONES PLEBEYAS (página 55-58)

Raúl Prada Alcoreza

CARTOGRAFÍAS DEL AYLLU

13. Ver: Raúl Prada Alcoreza, Fragmentos territoriales, Mitos, La Paz, 1990.

lograron expulsar a Agroyungas, que era la institución administradora y operadora de las políticas de desarrollo alternativo para la región yungueña. Después las federaciones sindicales terminaron enfrentándose a la ocupación militar. Cuando ocurre esto es toda una sociedad provincial la que reacciona. Vale decir, los sindicatos, las comunidades, las federaciones, las asociaciones, todas las formas organizativas de la población. El gobierno tiene que retroceder. Sin embargo, estos retrocesos traen consecuencias contradictorias. Al retroceder el ejército genera como una desmovilización, una baja de tensión general en la población movilizada. Esto es significativo pues en los Yungas se daba lugar la articulación entre las movilizaciones desatadas en torno a la guerra de los cocaleros del Chapare con las movilizaciones desatadas en el altiplano. Coca y nación aymara son articuladas por la rebelión yungueña. De esta manera en los Yungas se articulan otra vez las partes del movimiento social, como había en septiembre. LA CAPITALIZACIÓN DE LA MISERIA

Los prestatarios protestaron, reclamaron y denunciaron durante cien días de movilización. El gobierno y la sociedad civil no los escucharon. Incluso a mucha gente le pareció cómico cuando se desnudaron ante los ojos de todos, incluso de las cámaras de televisión. Este gesto, el desnudarse, repite el gesto obligado de la vida cotidiana, que es más bien un gesto de dolor, ligeramente contorsionado, respondiendo en el dramatismo corporal y en el vestuario de la pobreza a las exigencias del hambre. El caso de los prestatarios muestra con clara evidencia las consecuencias sociales de las políticas neoliberales. De este modo queda también claro el fracaso del micro crédito, que despertó expectativas falsas en los pobres. Sólo intelectuales como Hernando de Soto pueden postular en un escenario de tanto contraste social el otro sendero y el misterio del capital, basándose en las supuestas facultades bienhechoras del micro crédito. En realidad, la ampliación del micro crédito a los pobres no hace otra cosa que ampliar la expansión del capital, tanto en lo que respecta a sus horizontes externos como a sus horizontes internos. Convierte en capitalizable la propia materialidad de la pobreza.

Es tremendamente sintomática la lucha desesperada de los prestatarios. Ellos, literalmente, ya no tienen nada que perder. Esta situación lleva a una disposición total, a la disposición a morir. Esta disposición se hizo patente con la toma de la Superintendencia por parte de los prestatarios. Llevaron dinamita y gasolina y estaban dispuestos a usarla para quemar el edificio si era necesario si la policía se atrevía a intervenir. Otra cosa, que es digna de remarcar, es su capacidad de organización. También se pone en evidencia las manipulaciones de la banca para valorizar su dinero recurriendo a cualquier medio, obligando a los pobres a pagar más de lo que se prestaron.

La banca no invierte ya en grandes proyectos; no invierte, por ejemplo, en producción, sin embargo, encuentra la posibilidad de capitalizar la pobreza, de hacer dinero con los recursos de la gente más pobre, con sus wacaychas. Ahora, la materialidad de la pobreza sirve de garantía. La fuerza de la movilización de los prestatarios fueron las mujeres, por que eran principalmente mujeres las que se prestaron y las que habían pagado como tres veces el capital y seguían pagando intereses sobre intereses. La compulsión del capital ha llegado al extremo de valorizar a partir de la propia materialidad de la pobreza. La banca hace negocios con los pobres, usa el cuerpo de los pobres, la pobreza de los pobres para hacer capital.

Las mujeres que no podían salir del circuito de la deuda como nosotros no podemos salir de la deuda externa terminan desesperadas y enfrentándose militarmente. Las mujeres adoptaron una actitud militar, han tomado y han usado la dinamita como lenguaje. El único lenguaje que entienden los poderosos, la violencia de las masas, la violencia organizada de las masas, como respuesta a la violencia organizada del estado.

EL OCASO LIBERAL

Al transferir la voluntad popular al Congreso y al otorgarle al parlamento la atribución de elegir al presidente, la decisión social ha sido sometida a mediaciones legislativas que terminan desvirtuando el sentido del voto otorgado. Se obtiene

por ejemplo un ganador de las elecciones, cuando no lo hubo, pues no puede haber ganadores cuando no se ha llegado a la meta, cuando se trata de elegir entre las dos minorías electorales • más votadas. El ganador es una construcción parlamentaria, el presidente es una invención congresal. Si los representantes son ya una representación de la muchedumbre electoral, el presidente resulta ser representación de los representantes, una representación al cuadrado. Si la representación como delegación de la voluntad popular es una trascendencia. Esto se podría en cierta forma entender como una abstracción. ¿Qué es entonces el presidente elegido por el Congreso? Una metafísica electoral. La decisión popular ha terminado diseminándose.

Estas apropiaciones de lo constituido sobre lo constituyente deriva en un espectáculo trágico cómico cuando los honorables hacen enormes esfuerzos en hacernos creer que lo que hacen, elegir al presidente, en sustitución del pueblo, es un acto legítimo. La legalidad no es legitimidad. Lo establecido en la Constitución es legal, sin embargo la letra escrita nunca sustituye a la acción viva, a la voluntad conformada como afecto, pasión y deseos de la gente. Lo que se efectúa es una expropiación de las decisiones gestadas y distribuidas en el mapa electoral, una apropiación de las voluntades singulares, una sustitución de la correlación de fuerzas sociales por la componenda negociada. El gobierno que sea el resultado de esta composición partidaria es más una mezcla improvisada que la unidad estructurada de un programa. No puede haber conducción en estas condiciones. ¿A qué le llaman entonces

gobernabilidad cuando no hay conducción? A la sumatoria

de votos parlamentarios que terminan legalizando los actos del ejecutivo. Nada más elemental que eso. En un sentido todavía superficial la gobernabilidad connota conducción. En un sentido más profundo la gobernabilidad significa disciplinamiento de los cuerpos en los horizontes de la modernidad y la racionalidad capitalista. Ambos sentidos de la gobernabilidad no se cumplen en estas tramposas mediaciones congresales.

Si esto pasa en lo que respecta a la gobernabilidad, en peores condiciones queda la democracia. La democracia, que no sólo es participación, efectivización de la voluntad popular,

sino flujo constante, circulación, del poder constituyente de la multitud, es conculcada, retirada de escena, con estos escamoteos legales. Si no hay democracia, ¿qué legitimidad le queda al gobierno? La legitimidad, es decir, la aceptación convencida, no sólo consensuada, de todos ha quedado anulada. No se ha hecho posible, tampoco se ha realizado. Se da el caso de un gobierno construido en los recintos congresales, que se asienta en una democracia inconclusa, no acabada de configurarse. Todos los actos de este gobierno tampoco son legítimos. En estas condiciones no cuesta mucho imaginar el desenlace de los enfrentamientos entre los sujetos sociales, portadores de voluntades, y un gobierno que resulta ser el artificio elaborado de la maniobra política.

Hay una contradicción profunda en el desenlace electoral de 2002 en los dos tiempos de la trama coyuntural. En la primera parte, el pueblo votante acude a las urnas y su decisión de voto deja perplejas a las consabidas empresas de encuesta, también queda azorada la clase política, así como varios estratos acostumbrados al manejo de poder. La clase política, los medios de comunicación, las empresas encuestadoras, incluso el mismo electorado, quedan sorprendidos ante la nueva geografía electoral, y se hallan a sí mismos como estrenados ante el nuevo escenario desbordante. El Movimiento al Socialismo (MAS) sobrepasa todas las expectativas preelectorales, sale segundo en la votación, dentro de un margen estrecho respecto del primero y del tercero. Gana indiscutiblemente en cuatro departamentos y estaba cerca de ganar en un quinto departamento. La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí son los departamentos tomados electoralmente por el MAS, en Chuquisaca es la segunda fuerza electoral. Todo el occidente boliviano se ha radicalizado en lo que respecta a su decisión electoral. Este hecho se hace más significativo cuando esta asombrosa expansión del MAS está profundamente vinculada a los sujetos sociales movilizados durante el período preelectoral, incluso hasta en los umbrales mismos de las elecciones. La fuerza de las movilizaciones vinculada a la fuerza electoral convierten al MAS y al Movimiento Indio Pachacuti (MIP) en un acontecimiento democrático desbordante. Las mayorías nacionales, vale decir, las clases sociales explotadas y subalternizadas, las identidades colectivas, las nacionalidades andinas y los pueblos indígenas

del oriente, inclinan su voto por las candidaturas de los carismáticos dirigentes sindicales y las propuestas políticas emancipadoras. Esta vinculación entre las mayorías nacionales y los movimientos políticos, expresiones de la multitud, compaginada en el presente por las reivindicaciones indianistas, sindicales y populares, convierten al MAS, aunque haya salido segundo, en la fuerza política portadora de la mayor expresión democrática.

El sentimiento de igualdad, la lucha por la igualdad y el conflicto anticolonial, es decir, la contienda contra las discriminaciones y por las libertades múltiples, son las motivaciones profundas de la actitud democrática de las masas. Esto no puede decirse de ninguna manera de la primera minoría más votada en las elecciones, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), pues en este caso, el resultado estadístico de la votación nos muestra más bien una declinación de los votos usuales durante las contiendas electorales del ciclo neoliberal. Estos resultados son una indicación del desmoronamiento de los partidos prebéndales. La crisis se expresa también en las cantidades mermadas de la votación liberal. Estas cantidades se convierten en lo que podríamos llamar los índices de la decadencia de los partidos neoliberales. Su derrota política. Aquí se encuentra la paradoja, por más que el MNR haya ganado estrechamente las elecciones, ha sido derrotado políticamente. Hablamos de la derrota moral y política de las expresiones del neoliberalismo. El agotamiento del ciclo neoliberal se expresa ahora cuantitativamente.

La relación entre mayoría cualitativa, relativa a la intensidad y densidad de las movilizaciones sociales, y segunda fuerza electoral más votada, convierten al MAS en la primera fuerza política, entendiendo por fuerza política la potencia, posibilidad y virtualidad de las masas. Las creencias sociales se inclinan por las transformaciones estructurales, radicales, del poder constituido. Esta es la razón por la que se apuesta a una asamblea constituyente revolucionaria. En cambio la merma electoral de los partidos neoliberales habla más de la falta de crédito, del derrumbamiento de los prejuicios liberales. La votación por el MNR más parece ser un acto desesperado por mantener la continuidad imposible del modelo. Esta desesperación de la casta gobernante, de las clases dominantes y de los sectores medios altos, derivó en

pánico atribulado en los diputados neoliberales, quienes perdieron el decoro de la honorabilidad por ungir en presidente al personaje más resistido de los últimos tiempos.

Los políticos se aferran desesperadamente a la continuidad, es ya tarde, cuando la temporalidad de las masas ha irrumpido en el tejido social. Otro tiempo comienza, esto es el pachacuti. Las bases sociales, económicas y políticas, del anterior régimen se han desplomado. También se ha desplomado el consenso que lo mantenía como argamasa que retiene pegades los fragmentos. No hay sentimientos positivos ante el régimen que asiste a los últimos celajes de su crepúsculo. Antonio Negri dice a propósito de esta temporalidad de las masas y su estrecha vinculación con el poder constituyente de la multitud lo siguiente:

El poder constituyente destaca su absolutividad de principio desarbolándose temporalmente, expresando una fuerza que se desgrana en la temporalidad. Pero esta temporalidad es ya espacial: en el asalto al poder constituido está comprendida la revuelta en la producción, contra los límites espaciales de la esclavitud del trabajo. Las masas sólo pueden expresar esta unidad de proyecto14.

Y en lo que respecta a la temporalidad de las masas y la experiencia plena de la democracia dice:

Se trata de una implacable temporalidad que si no tiene nada de f i n al i st a, sin embargo avanza en una aprensible concatenación de la resistencia y la ofensiva, de lo político y lo social, hacia el objetivo de una cada vez profunda democratización. Un tiempo y espacio que se manifiestan como el abismo de la democracia. Pero el abismo de la democracia es la definición misma del poder constituyente15.

La multitud considera la democracia como una existencia condescendiente, tanto política como social, el poder

constituyente como una actuación imperiosa históricopolitica. El

salto de aptitud, de lo político a social y de lo social a lo político, corresponde a una profundización de las masas, ineludiblemente, desplegándose en el tiempo, transportan al

poder constituyente a través de una práctica radical.

14. Antonio Negri, Ob. cit.: pág. 242.

15. Ibíd.: pág. 243.

In document DEMOCRATIZACIONES PLEBEYAS (página 55-58)