DEMOCRATIZACIONES
PLEBEYAS
Raquel Gutiérrez
Luís Tapia
Raúl Prada
Alvaro García
PRÓLOGO 5
Raquel Gutiérrez / Alvaro García
EL CICLO ESTATAL NEOLIBERAL Y SUS CRISIS 9
Reconfiguración social, cocaleros y resistencia 16
Los movimientos sociales del 2000 en adelante 20 Las elecciones del 2002:
dos Bolivias que se confrontan 22
Luís Tapia
MOVIMIENTOS SOCIALES, MOVIMIENTO SOCIETAL Y
LOS NO LUGARES DE LA POLÍTICA 25
A. Conceptualízando los movimientos sociales 27
I. Introducción . 29
II. Los lugares de la política 30 III. Las formas y fines de la política 34 IV. Los sujetos de la política 36 V. Las reformas de la política,
las reformas de la sociedad 39
B. Las formas de la acción colectiva en Bolivia 41 VI. Los avalares de la centralidad proletaria 43 VIL Reforma del estado y reforma de la
sociedad civil: nuevos movimientos 46
VIII. Las contemporáneas formas de acción colectiva:
movimientos sociales y crisis de estado 51 IX. La composición de movimiento social
y movimiento societal 60
X. Las transformaciones de la política 61 XI. La circulación de fuerzas entre los lugares
y los no lugares de la política 64
ÍNDICE
© Muela del Diablo Editores ¿e*Htt*¿. Primera edición: 2002
Colección: 60*f*í**»*
•Fax: 2770702 • 22354 • La Paz-BoWa [email protected] Revisión del texto: Osear Vega Camacho
Cuadro portada: La tragedia del pongo, Mario Alejandro Illanes, 1932. D.L. 4-1-1515-02
ISBN 99905-40-30-6
Raúl Prada Alcoreza
MULTITUD Y CONTRAPODER ESTUDIOS DEL PRESENTE:
MOVIMIENTOS SOCIALES CONTEMPORÁNEOS - 73
La irradiación de septiembre 78
Limitaciones y riquezas de las fuerzas sobre valoradas 84
Cartografías del Ayllu 86
Trabazones de la coyuntura 92
Relaciones de poder en torno al agua 95
El poder constituyente y la asamblea constituyente 101
La capitalización de la miseria 109
El ocaso liberal * 110
Los efluvios del discurso otoñal . 115
El significado efectivo de la democracia 116
Multitud y contrapoder 121
La guerra final: la multitud contra el imperio 123
La irrupción electoral de la multitud ' 134
La marcha indígena y la asamblea constituyente 138
El poder constituyente 139
La dualidad de las temporalidades 141
Artificialidad política 144
Alvaro García Linera
EL OCASO DE UN CICLO ESTATAL 147
Neoliberalismo: el relato de una ilusión 149
El gran fraude: menos estado y más sociedad 152
Ciudadanía y democracia 152
La crisis de estado 154
Las resonancias electorales de la crisis estatal 158
El regreso de la indiada 159
Caos sistémico 160
Gobernabilidad o gobemanza 163
Los retos actuales 165
Ciudadanía y democracias posibles 171
PRÓLOGO
La reconquista de derechos políticos a fines de los años 70 y a inicios de los 80 fue producto de un conjunto de movilizaciones populares que hicieron posible la democratización del régimen político. Las movilizaciones que vencieron a la dictadura tuvieron como eje articulador a las organizaciones del trabajo, tanto en las ciudades como en el campo, los sindicatos de todo tipo, que se vieron rebasados por otras formas de acción colectiva.
La conquista de la democracia ha sido y es una construcción plebeya en el país. En el momento reconstitutivo de la democracia en el país hay una primera ola de movilizaciones populares que si bien produce la transición, no llega a traducirse en mayor presencia política en el estado. En una segunda fase de la transición se produce una apropiación de la conquista popular por parte de los políticos profesionales de la clase dominante, y se produce una expulsión de las organizaciones populares de los espacios legales y legítimos de la política, que resulta de la estrategia estatal y la desarticulación interna de las mismas.
Durante una buena parte de la década del ochenta y noventa el proceso de institucionalización del estado de derecho se realiza sin la presencia de fuerzas populares en el sistema de partidos y el estado. UCS y CONDEPA son partidos de empresarios mediadores que logran apoyo plebiscitario pero no organizan la presencia política de la gente que representan o votan por ellos.
Durante estas dos últimas décadas no hemos vivido un desarrollo y consolidación de la democracia, como dicen muchos, sino la reorganización de un estado de derecho, que reconoce algunas libertades políticas, un estado de derecho que ha legalizado la desorganización de todas las bases de articulación de una economía nacional y del ejercicio autónomo del gobierno en el país; con lo cual se han desorganizado las condiciones de posibilidad de la democracia.
Luego de un largo tiempo de derrotas y descomposición en el campo de lo popular, primero de modo invisible y luego como irrupción colectiva que pone en crisis al estado, se han desarrollado nuevas capacidades de acción colectiva que cuestionan los monopolios de la economía y la política que han deteriorado las condiciones de trabajo y reproducción en el país.
Estas formas de hacer política que cuestionan los monopolios de la economía y la política son las reales formas de democratización desplegadas hoy en el país, en una primera fase de planteamiento del conflicto, del cuestionamiento de las leyes y la política económica. Se puede distinguir varias fases en los procesos de democratización. Hay una primera fase de planteamiento del conflicto en torno algún tipo de monopolio excluyente existente, a través de la constitución de una fuerza y sujeto político. Hay otra fase de crisis estatal (parcial o general) instaurada por el conflicto distributivo. De esta puede resultar un proceso de reforma y redistribución del poder y los recursos y, así, del estado, que implique la reducción de los monopolios pre-existentes y, en consecuencia, una real democratización que se refleja en un cambio en las condiciones de vida diaria de la población y su modo de participar en la política. A esto se puede acompañar o esto puede darse a través de una reforma de las leyes y la política económica. Todo esto implica que la democratización tiene que ver con el contenido de las políticas del estado, no sólo con la forma. Las formas son necesarias para la realización del contenido.
Es en torno al contenido de la política del estado que los movimientos plebeyos de los últimos años están planteando y realizando la democratización del país. Los ensayos que reúne este libro son elaboraciones complementarias que tratan
de recordar, interpretar y explicar estos procesos de democratización planteados y realizados desde el seno de la acción colectiva de los trabajadores, lo cual ha producido crisis política en el seno del estado. La principal crisis política del estado no viene de su alto grado de prebendalismo, corrupción y subordinación a poderes externos sino de los planteamientos democráticos de la plebe y su constitución como una diversidad de sujetos políticos que cada vez tienen más autonomía y capacidad de cuestionar los nuevos monopolios de la economía y la política.
EL CICLO ESTATAL
NEOLIBERAL Y SUS CRISIS
Raquel Gutiérrez
Alvaro García
El 30 de junio pasado en Bolivia se celebraron elecciones generales. Los resultados de los comicios evidenciaron dos tendencias profundas que se han venido dibujando con nitidez desde el 2000. Por un lado, la reconstitución de una creciente capacidad popular de intervención en el asunto público, de acción y gestión colectiva; organizada en diversos movimientos sociales que hoy alcanzan y permean, también, al propio sistema político consagrado. Por otro, la erosión paulatina de la legitimidad, credibilidad y posibilidad de articulación social por parte de partidos políticos conservadores, en torno a sus proyectos de reconfiguración neoliberal del país.
Tal es el interés y la importancia del actual momento. El crecimiento desbordado del caudal de votos de la izquierda, que sucede a una expansión sin precedente de nuevos y vigorosos movimientos sociales y, por otra parte, la condensación de una amplia aunque descendente proporción de la votación alrededor del proyecto más nítidamente liberal que se ha implementado en el país. Ambas tendencias nos muestran la profunda polarización social y política que existe hoy en Bolivia.
Es esta la quinta vez que la población boliviana es convocada a las urnas desde 1982; año en que se inició la llamada "apertura democrática" tras más de 15 años de gobiernos militares. En contraste con los comicios previos, en los que básicamente se produjo una simple rotación en los puestos de gobierno ocupados tradicionalmente por miembros de las élites urbanas organizadas en distintos partidos políticos (ver cuadro); en las elecciones recientes, con la elevada proporción de voto que alcanzó la opción anti-neoliberal de izquierda encabezada por el caudillo cocalero Evo Morales y su partido Movimiento al Socialismo (MAS) y por el partido indianista Movimiento Indio Pachacuti (MIP) de Felipe Quispe, se abre la posibilidad, también, de una resignificación de la "política oficial" dada la influencia parlamentaria ganada por indígenas y sectores populares.
Revisemos someramente los antecedentes de la situación política hoy abierta en el país. Sin lugar a dudas, lo que viene sucediendo en Bolivia insinúa la posibilidad del fin de un ciclo político de democracia procedimental vacía de contenido, paralela a proyectos económicos neoliberales que hoy parecen hundirse en todo el continente.
Partidos ganadores y coaliciones políticas gobernantes desde 1982
1982-1985 Unidad Democrática y Coalición de partidos de Hiperinflación galopante. Crisis Popular (UDP) centro y centro-izquierda, económica generalizada. Presidente: Hernán Siles con un discurso nacionalista El periodo de gestión de la UDP se Suazo y anti-militarista. acortóuna-o
Vicepresidente: Jaime Paz Zamora.
1985-1989 Movimiento Nacionalista Partido nacionalista de centro, Se implementaron las primeras Revolucionario (MNR) que se alió para gobernar con reformas estructurales. El ministro de Presidente' Víctor Paz Acción
Democrática economía de la época, gestor de las P ' Nacionalista (ADN), partido medidas
neoliberales fue Gonzalo tstcnssoro de ,aderechamilitar Sánchez de Lozada.
1989-1993 Movimiento de Izquierda Alianza MIR-ADN Se mantuvieron las líneas básicas de
Revolucionaria (MIR). En esas elecciones el MIR la política económica neoliberal: Presidente- Jaime Paz obtuvo el tercer lugar en la apertura comercial, libre movilidad de 7 ' votación, pero su candidato capitales, desprotección laboral y ¿amora. resultó presidente por su social. Pero no se implementaron alianza con ADN. nuevas reformas.
19911997 MNR Coalición MNR-ADN (y Segundo momento de reformas Presidente- Gonzalo otra fuerza política local, neoliberales: privatización de Sánchez de Lozada Unión Cívica Solidaridad, empresas públicas, organizada en torno a un desmantelamiento de la segundad acaudalado empresario de social, reorganización política del la cerveza) estado.
1997-2002 ADN Coalición ADN- MIR (y Gobierno particularmente Presidente: Hugo Bánzer otros partidos menores). corrupto e inoperante. • (quien murió durante su Las políticas pnvatizadoras gestión, terminando el chocaron con la respuesta período de gobierno el popular en la Guerra del Agua, vicepresidente Jorge Quiroga)
2002-2007 MNR Coalición MNR- MIR (y Presidente: Gonzalo otros partidos menores, Sánchez de Lozada MBL, UCS).
ANTECEDENTES
En los casi 20 años de democracia boliviana pueden distinguirse varios momentos a partir del significado que el concepto y la práctica democrática han tenido en términos sociales. Si tras la larga noche de los gobiernos militares (1964-1982) la ambición democrática logró convertirse en una especie de concepto-fuerza, movilizador de las expectativas y deseos de amplios contingentes sociales articulados en la hoy casi extinta Central Obrera Boliviana (COB); en pocos años el régimen democrático, con sus elecciones periódicas y su regular funcionamiento parlamentario, comenzó a ser percibido más como una impostura discursiva, antes que como un mecanismo relevante y posible de producción de acuerdos sociales de fondo sobre el rumbo que debería tomar el país.
Bolivia es un país de 8 millones de habitantes, dos de los cuales ha tenido que migrar para trabajar en Argentina, Brasil o Estados Unidos. Es, además, junto con Guatemala y Ecuador, un país de altísima presencia indígena. Más del 60% de la población habla como lengua materna, un idioma originario distinto al español; y si bien ya sólo un poco menos del 50% de la población total vive en áreas rurales, son muy importantes los vínculos entre la ciudad y el campo a través de la persistencia de redes familiares, de parentesco y paisanaje que permiten articular estrategias laborales y culturales en unos mercados de trabajo mayoritariamente precarizados e informalizados. Entre las culturas nacional-indígenas, dos son las más importantes: la aymara y la qhiswa.
La comunidad cultural y lingüística aymara, compuesta por 2 y medio millones de personas, está ubicada preponderantemente en el altiplano andino y en los últimos 30 años esta identidad ha atravesado profundos procesos de politización social dando lugar a la emergencia de un nacionalismo indígena aymara, que de manera un tanto tortuosa se va unificando en torno a" un discurso de autogobierno indio.
Por otra parte, la comunidad lingüística qhiswa hablante se asienta principalmente en las zonas templadas de los valles
interandinos de la zona central del país. Abarca aproximadamente 3 millones de personas que conforman una comunidad políticamente más porosa en términos de los contenidos étnicos que sostienen sus formas de asociación. La organización política que obtufo el segundo lugar en las elecciones de julio pasado, el MAS, tiene precisamente un mayor arraigo en esta zona.
Ahora bien, en Bolivia las reformas neoliberales se implementaron a partir de 1985. En aquel año, tras una crisis económica sin precedente, hundidos los precios del mercado de minerales y con una hiperinflación desbocada, ganó las elecciones el MNR (el mismo partido que ahora obtuvo la mayoría de los votos) y Gonzalo Sánchez de Lozada (quien fue elegido presidente del país por votación en el Congreso los primeros días de agosto), impulsó un plan de estabilización económica de shock con la consiguiente ola de despidos masivos, disminución drástica del valor de la fuerza de trabajo, imposición de políticas de austeridad, etc.; al tiempo que se inició el ciclo de libre mercado con la apertura de las fronteras a la "libre importación" de todo tipo de productos.
Desde 1985-86, época en que la derecha infligió una derrota en toda la línea al movimiento popular, logrando diezmar profundamente al combativo proletariado minero, se han realizado elecciones sin grandes sorpresas, en 4 oportunidades. Todos los gobiernos han seguido el libreto preestablecido por organismos financieros internacionales, cumpliendo al pie de la letra las instrucciones de venta de empresas anteriormente nacionalizadas, garantía a las prerrogativas de los inversionistas y limitación de derechos laborales y sociales. Quizá lo más llamativo a lo largo de estos años ha sido la versatilidad de las alianzas posibles entre cúpulas partidarias, con supuestas discrepancias y enfrentamientos, que resultaban olvidados a la hora de hacer negocios desde los cargos públicos. Así, como en casi toda América Latina, en Bolivia también se fue ampliando la percepción social de engaño y menosprecio por parte de los políticos tradicionales a las necesidades y aspiraciones de la población. El desprestigio que han alcanzado los miembros de la ahora llamada por los medios, "clase política"; el malestar
por los privilegios y prerrogativas que han acumulado, etc., han configurado un ambiente de descrédito creciente de la política tradicional que hoy parece estar llegando al límite.
Por el lado del movimiento popular, a lo largo de este período se pueden distinguir claramente dos momentos: el de la derrota estratégica de las fuerzas populares organizadas en torno a la clase obrera, y movilizadas alrededor de la Central Obrera Boliviana (COB), que se extiende durante casi 13 años hasta 1999; y, a pa rt ir de entonces, el de recomposición de la capacidad colectiva de lucha y acción política que en julio pasado, ahora también con un triunfo electoral, adquirió un rasgo de visibilidad extraordinaria. Abordaremos brevemente los elementos principales del primer periodo señalado y los del segundo los discutimos en la siguiente sección.
RECONFIGURACIÓN SOCIAL, COCALEROS Y RESISTENCIA
Entre 1985 y 1998 no sólo se derrumbaron las antiguas estructuras organizativas de movilización y acción popular, sino que se vivió una especie de generalizado momento de pasmo, donde la única voz pública, el único proyecto de país, la única posibilidad viable y legítima de acción política pareció ser la diseñada por la derecha -en sus distintas variantes; plenamente consistente con el desmantelamiento de las industrias locales anteriormente nacionalizadas (privatización que tomó el nombre de "capitalización"), con la venta de la riqueza social acumulada por generaciones (remate de la seguridad social y privatización de los fondos de pensiones) y, por supuesto, con el empobrecimiento generalizado de la población sencilla y el bloqueo de cualquier posibilidad de ascenso y movilidad social.
En este lapso de 13 años, el esfuerzo político más sistemático del Estado para reconfigurar el ámbito de la participación pública, fue la promulgación en 1995 de la llamada Ley de Participación Popular (LPP). Con tan ampuloso nombre se recubrió un gigantesco esfuerzo por desnaturalizar, invisibilizar y disolver las persistentes y múltiples prácticas
políticas y digestión del asunto público, realizadas al margen de la normatividad liberal estatal sobre todo en comunidades rurales de matriz indígena y en poblaciones pequeñas.
La LPP consiste básicamente en una re-municipalización del país, que reorganiza la geografía para parcelar las asociaciones y vínculos comunitarios y populares existentes, imponiendo formas de control y gestión del territorio más manejables para tecnócratas y administradores públicos y privados. En segundo lugar, impone la pertenencia a partidos políticos oficiales, con registro y reglamento, como la única forma legal y reconocida de participación política y posibilidad de gestión pública en ámbitos locales. Y esto lo hace en un país en el cual, en más de la mitad del territorio el Estado no existe más allá de la eventual escuela rural y donde pervive, más bien, una tradición de siglos de organización política-productiva indígena-comunal, con sus prácticas políticas de rotatividad en los cargos, obligatoriedad en la ocupación de funciones de servicio público, asambleísmo ritualizado enlazado con el manejo de la fiesta, la ocupación del territorio y la producción agraria.
Así, si la LPP puede leerse como la medida política anti-indígena más elaborada de la década de los 90, tendiente a controlar y disolver ancestrales prácticas políticas comunales, fomentando la división en las comunidades y regiones vía la exigencia de pertenencia a partidos políticos para ocupar cargos públicos y la sumisión clientelar de la población rural y urbana m a rgi na l a élites parti dari as citadinas y occidentalizadas; a través de sus intersticios, también se han desarrollado ciertas experiencias de participación en ámbitos políticos oficiales, que en las últimas elecciones han visto su ámbito de influencia notoriamente ampliado. Este es el caso, particularmente, de la población trabajadora de los valles del Chapare de Cochabamba y del MAS de Evo Morales.
Este partido fue en sus inicios una agrupación política local de un sector social muy definido: los colonizadores del Chapare cultivadores de hoja de coca. Tras su desalojo de las antiguas minas estatales, miles de trabajadores mineros migraron a la región del Chapare para obtener de la tierra
algo con que vivir. De la siembra de yuca -tubérculo fibroso muy apreciado en el país-, plátano y cítrico, pasaron al cultivo de hoja de coca, mucho más rentable y menos exigente. La hoja de coca es una planta tradicional de la zona andina, utilizada de manera ritual y como alimento y medicina por las culturas indígenas. Desde siglos atrás existe un vasto mercado de consumidores urbanos y rurales de hoja de coca tanto en Bolivia, como en Perú y Argentina, que se mantiene hasta hoy.
A partir de los años 80 tuvo lugar un incremento del cultivo de hoja de coca debido, en primer lugar, a que la creciente población de despedidos encontró justamente en dicha actividad un cultivo rentable y relativamente productivo capaz de brindarle una nueva oportunidad. En segundo lugar, la hoja de coca era en aquellos años un cultivo en expansión. La llamada producción "excedentaria" de coca -remanentes de la producción destinada al consumo tradicional-, pasó a ser materia prima para la elaboración de pasta base de cocaína; por lo cual, a diferencia de todos los demás productos agrícolas, la coca contaba con un mercado asegurado y en alza. Esta producción "excedentaria" ha sido objeto de acoso y persecución permanente por parte de la policía y el ejército bolivianos en el marco de la "guerra antidrogas" implementada por el gobierno estadounidense. Evo Morales proviene justamente de las continuas y agotadoras luchas de resistencia contra la erradicación de los cultivos de coca.
Llama pues la atención, en todo esto, cómo lo que se inició como un tenaz movimiento social de defensa de un recurso -la coca-, logra convertirse, con el tiempo, en un partido político que llega a ser la segunda fuerza electoral en Bolivia. Son varios elementos los que se conjugan para la consolidación primero del movimiento cocalero y, posteriormente, del MAS: en primer lugar y sobre todo en sus momentos iniciales, el rasgo de extrema necesidad, el carácter de urgencia colectiva en la defensa de la coca como actividad de subsistencia por parte de una población drásticamente golpeada por las reformas neoliberales. Desde finales de los 80 los cocaleros supieron que contaban sólo con su cohesión interna, con su capacidad de movilización y decisión común, para enfrentar
los planes gubernamentales que pretendían sustituir el cultivo de coca por cítricos o plátanos sin mercado y sin rentabilidad alguna. En segundo lugar, ha sido decisiva la calidad de "colonizadores" que tiene una gran proporción de la población del Chapare. Son estos hombres y mujeres, despedidos de las minas, migrantes en su propio país, quienes han levantado y construido prácticamente todo lo que existe en la región, desde los caminos hasta los puentes y los pueblos. Así, los propios sindicatos agrarios -forma inicial de organización del movimiento- cumplía tanto funciones de organización y lucha como de ejercicio de poder local. Esta capacidad de gestión colectiva autónoma, que re-elabora y amplía prácticas sindicales mineras y herencias comunales, fue parcialmente subsumida a las reglas, procedimientos y mecanismos oficiales tras la aprobación de la Ley de Participación Popular. Sin embargo, pese a que algunos representantes se corrompieron cuando hubo algún dinero estatal que administrar, a que en algunas poblaciones las decisiones de funcionarios públicos se enfrentaron y sobrepusieron a las de las asambleas, o a que los nuevos procedimientos burocráticos escritos introdujeron nuevos criterios de selección de los candidatos a ocupar cargos públicos, favoreciendo por ejemplo, a las personas con más experiencia urbana o mayor escolaridad, etc.; por lo general, los nuevos dirigentes permanecieron ligados a las bases, ha pervivido la tradición de asamblea y servicio público y no culminó la separación entre estructura política y movimiento social fomentada por la LPP.
En tercer lugar, está la propia figura y personalidad de Evo Morales. Hábil dirigente, agudo en el uso de la palabra, en el manejo de símbolos y, sobre todo, que ha participado prácticamente siempre en la movilización popular tanto cocalera como regional. Evo Morales conoce lo que fue la izquierda tradicional y ha logrado organizar en torno a su liderazgo a los más tenaces dirigentes mineros y a algunos sectores medios. Morales cuenta, además, con el odio concentrado de la Embajada Norteamericana; ha sido durante años el objeto de sus críticas más ardientes y de las amenazas más airadas, lo que le brinda un carácter de abanderado de la resistencia de la nación contra el imperio, que en la propaganda electoral de los comicios recientes, junto con su equipo de campaña, supo explotar muy bien.
Además del movimiento cocalero que durante casi todos . los 90s ha librado numerosas batallas innovando también en las formas de lucha: del bloqueo de caminos a largas marchas de cientos de kilómetros entre la zona cocalera y La Paz, pasando por decenas de poblaciones rurales; a partir del 2000 dos grandes movimientos sociales surgieron en Bolivia modificando drásticamente la relación de fuerzas sociales: un combativo movimiento regional por la defensa del agua en Cochabamba y una oleada de insurgencia comunal aymara que ha venido cimbrando intermitentemente la estructura estatal a lo largo de los dos últimos años.
LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DEL 2000 EN ADELANTE: LA RECONSTITUCIÓN DE LA CAPACIDAD DE ACCIÓN COLECTIVA REBASANDO LOS MÁRGENES INSTITUCIONALES ,
Durante aproximadamente 30 años, la Central Obrera Boliviana (COB) fue el referente de auto-organización social de las clases subalternas. Esta central sindical, organizada en torno a los obreros de gran empresa de las minas y fábricas, comenzó a sufrir un lento proceso de disolución a raíz de las deliberadas políticas de des-sindicalización, reestructuración productiva y privatización llevadas adelante por las reformas liberales.
En este sentido la estabilidad del régimen neoliberal fue inversamente proporcional a la desorganización social promovida desde el Estado. Sin embargo, esta misma reestructuración del tejido social y económico del país, con el tiempo ha dado lugar a nuevas formas organizativas, de movilización y de elaboración de demandas, que se han articulado bajo la forma de movimientos sociales con una gran capacidad de acción colectiva y de elaboración de proyectos políticos alternativos de gestión económica y política.
El primero y más importantes de estos movimientos fue el de la Coordinadora de Defensa.del Agua y de la Vida entre enero y abril de 2000. Una asociación flexible de gremios campesinos, de asociaciones comunales de riego, de obreros sindicalizados, de trabajadores precarios, desocupados, jóvenes y ciudadanos que, en una extraordinaria articulación
de fuerzas urbano-rurales, lograron expulsar a la transnacional Bechtel que se había adjudicado el derecho a gestionar el agua en una zona donde ésta es tradicionalmente escasa, y tenía la intención de privatizar los sistemas de riego campesinos que desde hace siglos son administrados bajo "usos y costumbres" comunitarias. Este primer triunfo social, después de 15 años consecutivos de derrotas populares, no sólo dio pie a una nueva cualidad organizativa de la sociedad en torno a estructuras de movilización laxas, territorializadas y en torno a necesidades básicas (agua, tierra, servicios), sino que además ayudó a generar un estado de disponibilidad colectiva a la revocatoria de antiguas fidelidades políticas, que ha puesto en entredicho la legitimidad y hegemonía de las políticas neoliberales en el país.
El segundo gran movimiento social que emergió el año 2000, fue el de las comunidades indígenas aymarás organizadas en torno a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Esta es una antigua organización de comunidades campesinas que ahora, bajo el liderazgo de Felipe Quispe, ha protagonizado tres grandes bloqueos de carreteras y cerco a la ciudad de La Paz durante los años 2000, 2001 y 2002. Movilizadas en torno a demandas como la defensa de los usos tradicionales del agua, de los mecanismos de ocupación y usufructo de la tierra, las comunidades han comenzado a levantar un discurso de igualdad entre indígenas y blancos, de autogobierno y de nuevas formas de gestión política indígena en la administración estatal, que han removido los cimientos republicanos de un Estado racista y excluyente que en 176 años de vida, nunca ha incorporado a las mayoritarias culturas, ni a las lenguas y prácticas indígenas a la esfera pública legítima.
Estas luchas colectivas, todas ellas exitosas, han convertido a los movimientos sociales en actores políticos capaces de definir la estabilidad de los gobiernos; ello, sumado al fracaso modernizador del liberalismo, han creado un estado de ánimo social de reforma y transformación político-cultural que es^el que precisamente se ha expresado-en las ultimas elecciones con el retroceso abrupto de las candidaturas conservadoras, el renacimiento de unas izquierdas indígenas y una mayoritaria predisposición electoral a buscar cambios.
LAS ELECCIONES DEL 2002:
DOS SOLIVIAS QUE SE CONFRONTAN
La novedad en el 2002 ha sido la amplísima votación obtenida por figuras populares surgidas de la lucha de resistencia contra el modelo económico neoliberal y la política antidroga impulsada por los norteamericanos. Evo Morales, quien fue expulsado del parlamento en febrero por unos políticos cada vez mas sordos a lo que sucede en el país, ocupó ahora el segundo lugar de la preferencia ciudadana, alcanzando la mayoría en 4 de los 9 departamentos que constituyen la República Boliviana y el 21% del total de votos, prácticamente igual que el partido ganador, el MNR, que consiguió el 22.5% del total.
Por su parte, Felipe Quispe, dirigente campesino aymara que hasta ahora enfrenta un proceso penal por "alzamiento armado" por encabezar un movimiento guerrillero indígena en los 80s, se ha convertido en diputado junto a otros 5 comunarios. El MIP obtuvo el 36% de la preferencia electoral en la zona rural aymara del departamento de La Paz, al occidente del país y el 6% de la votación total.
Por su parte, las preferencias electorales de la derecha han caído en picada. El ahora presidente de Bolivia, Sánchez de Lozada, no obtuvo ni un cuarto de los votos emitidos. El partido del Gral. Bánzer, ADN, que gobernó durante el último período en medio de un sinfín de escándalos de corrupción y negligencia funcionaría, prácticamente desapareció obteniendo menos del 4% de la votación total. Mientras que el MIR, partido del oportunismo sin límite cuyos dirigentes han llevado al extremo todos los vicios de la democracia liberal: nepotismo, corrupción, falta de escrúpulos, usufructo amoral del cargo público, enriquecimiento ilícito, etc., obtuvo un modesto 16% que le ha servido para aliarse con su enemigo aparente de ayer, el MNR y conseguir otros 5 años de vida a costa de las arcas públicas.
Con esta nueva configuración de la influencia de los partidos de derecha se termina una modalidad de escenario político que se prolongó durante más de una década. La existencia de dos fuerzas políticas principales sin diferencias
de fondo pero confrontadas con estridencia en la superficie, que se alternan sucesivamente en una elección tras otra. En el caso de Bolivia, tres son los partidos tradicionales que han ocupado el espacio político oficial; dos se han aliado en cada oportunidad y una tercera ha jugado el papel de oposición parlamentaria. Esta coreografía que se repitió hasta la saciedad en los últimos años, esforzándose por mantener el monopolio del asunto político, se rompió primero en las calles con el ascenso de los movimientos sociales que pusieron a discusión las temáticas auténticamente relevantes para la población, y que reintrodujeron al espacio público otros comportamientos políticos y otras maneras de resolver los asuntos. Hoy, se ha roto también en el parlamento nacional.
Por otro lado, si bien se produjo un crecimiento significativo de un antiguo partido marginal de derecha, Nueva Fuerza Republicana (NFR) con su caudillo regional, Manfred Reyes Villa, quien obtuvo el tercer lugar en las elecciones de junio, y quizá pueda temporalmente ocupar la posición de "oposición civilizada" al ejecutivo; lo más relevante en esta ocasión ha sido la visibilización de la existencia de dos países, de dos Bolivias ajenas y confrontadas cuya conflagración hoy llega hasta el Congreso y los espacios legítimos de la política.
La existencia de dos Bolivias ha sido desde hace años un slogan de Felipe Quispe, violentamente criticado por las élites que lo acusan de "querer dividir al país" y "disolver la civilización". Según Quispe, una es la Bolivia criolla y colonial y otra la Bolivia de indios y comunidades, de la gente que nace "debajo de una polljera", de los que trabajan y no gozan del producto de su esfuerzo. Es llamativo que el titular del mayor periódico boliviano tras la sesión del Congreso en la que se eligió presidente a Gonzalo Sánchez de Lozada, fue justamente esa frase: "Dos Bolivias se miraron de frente".
La sesión inaugural de este nuevo Congreso, en varios aspectos mostró el carácter de simulación que han tenido en Bolivia ciertas medidas de reconocimiento de las culturas indígenas. Una cosa es reconocer formalmente las lenguas indígenas como lenguas oficiales del país para presentar una cara políticamente correcta en foros internacionales, y otra cosa es que más de 30 diputados indígenas tomen la palabra en sus propias lenguas y conversen entre sí, quedando los
criollos totalmente al margen de lo que se dice. O que en el propio parlamento nacional los indígenas se pusieran a mascar hoja de coca, práctica popular muy generalizada pero profundamente chocante a las élites, que consideran esta costumbre un vulgar hábito del "populacho".
En fin, más allá de la anécdota, lo que es muy claro es que en Bolivia los movimientos sociales han logrado conformar organizaciones políticas que exitosamente han participado en las elecciones recientes consolidando una influencia política sin precedentes. La izquierda hoy tiene capacidad de proponer leyes y de bloquear proyectos del ejecutivo. Puede continuar impulsando la convocatoria a una Asamblea Constituyente no monopolizada por partidos políticos conservadores, que ha sido una consigna levantada por diversos sectores sociales desde el año 2000.
Así, este nuevo escenario pondrá en el tapete de la discusión de manera renovada, viejos e importantes temas teóricos y políticos: los vínculos entre movimientos sociales y partidos, entre espacio social y espacio político, las posibilidades y límites de la transformación más o menos pacífica del aparato estatal. En este caso, además, es posible que se abra un espacio nuevo de confrontación entre los procedimientos y prácticas liberales y las costumbres políticas comunitarias e indígenas, que ahora contarán con los reflectores de los medios.
En Bolivia, pues, está abierta una posibilidad de transformación social cuya fuente principal de energía son los movimientos sociales y que ahora ha alcanzado otro espacio de presencia y consolidación. Existe el riesgo, por supuesto, de que las instituciones, lógicas y mecanismos oficiales terminen por atemperar la fuerza de los movimientos, de que los dirigentes ahora diputados se corrompan y se alejen de sus bases; pero cabe también la posibilidad de que las posiciones logradas en el espacio político oficial continúen siendo instrumentalizados por los propios movimientos, de manera autónoma, para su propio auto-fortalecimiento y expansión. Es este el escenario que convierte a Bolivia, hoy, en un país donde puede germinar la esperanza.
MOVIMIENTO SOCIALES,
MOVIMIENTO SOCIETAL Y
LOS NO LUGARES
DE LA POLÍTICA
Luis Tapia
CONCEPTUALIZANDO LOS
MOVIMIENTOS SOCIALES
I. INTRODUCCIÓN
Las sociedades no dejan de moverse en el tiempo. Para gobernar ese movimiento se hace política al interior de cada sociedad y entre sociedades. Los movimientos más intensos se dan o realizan cuando se está definiendo la composición socio-política global o en los momentos constitutivos; en los momentos de crecimiento rápido y en procesos de reacción, reforma de las fallas estructurales en la composición de la sociedad, es decir, en las revoluciones o fundaciones, en las olas expansivas y en las crisis.
Las movilizaciones que cabe considerar para los últimos tiempos en Solivia sobre todo corresponden a los momentos de crisis, pero también se dan en relación a proyectos oligárquicos de recomposición global del país.
En países multisocietales como Bolivia no todas las fuerzas se mueven en la misma dirección, debido a una construcción incompleta que hace que casi siempre haya un flujo subterráneo de procesos sociales desarticuladores del orden estatal y económico nacional. En este sentido algunos procesos no son solamente movimientos sociales, es decir, movilización y acción política de algunas fuerzas o parte de la sociedad con la finalidad de reformar algunas de sus estructuras, sino que también son en algunos casos movimiento de sociedades en proceso de conflicto más o menos colonial en el seno de un país estructuralmente heterogéneo.
Para poder explicar el origen, sentido y perspectiva de los actuales o contemporáneos movimientos sociales en Bolivia, cabe realizar un sucinto recuento analítico de la presencia de lo popular y la acción colectiva en la política boliviana de las últimas décadas.
En los últimos 20-30 años se ha vivido la experiencia de los límites de la irradiación y potencial de reforma del movimiento obrero, su posterior desarticulación, la emergencia de la organización y movilización de los pueblos del Chaco y la amazonia y, por último, las revueltas de la Coordinadora del Agua y el sindicalismo comunitario del altiplano. Hubo un conjunto de procesos de cambios y desplazamientos, de descomposición y reconstitución de sujetos sociales y políticos, que cabe ver en relación y
procesualmente. Presento primero una serie de consideraciones teóricas sobre la política en relación a los movimientos sociales y luego un esquema del movimiento de los movimientos sociales en Bolivia.
II. LOS LUGARES DE LA POLÍTICA
La política es una práctica que resulta del movimiento de los social en el tiempo, en tanto esto implica dirección y gobierno la política es una de las prácticas de producción y reproducción de los diversos órdenes sociales y, en este sentido, productora y reproductora de sus propios espacios. Los lugares de la política son una configuración que resulta de
propensiones que vienen como determinación y necesidad del conjunto de las estructuras sociales y sobre todo del modo en que las acciones políticas responden a las mismas definiendo para sí mismas las condiciones institucionales de intervención en la articulación y dirección de sus sociedades. La forma de la sociedad define los lugares de la política, los escenarios de su ínstitucionalización y los de la acción legítima y reconocida, a la vez que necesaria.
La forma moderna de las sociedades ha erigido o producido un espacio privilegiado de la política como estado. En principio ésta fue y es una forma de concentración y monopolio de la política, que se organiza, tendencialmente como una forma burocrática de administración y dominio1.
Las historias de desarrollo de los estados modernos han complejizado y diversificado ese espacio central de la política, produciendo varios lugares para la representación de los gobernados, la división de los poderes y el reparto del poder o las prácticas de cogobierno.
Los procesos de diversificación y ampliación de los lugares de la política en el seno del estado, responden a dos líneas de causalidad histórica: por un lado, al desarrollo de la ciudadanía y la democratización del estado; por el otro lado,
!• Cfr. Marx y Weber.
al desarrollo de la complejidad y diversificación estructural que produce el movimiento de lo moderno, que va desde la división creciente del trabajo hasta la división constitucional de poderes y descentralización del gobierno. Esta dimensión de diferenciación institucional ocurre en relación a la otra dimensión de la ciudadanización.
Los procesos de ciudadanización que históricamente se han experimentado han producido el espacio de la representación en el seno del estado, que es el lugar del parlamento. Con el tiempo el parlamento se ha vuelto más un resultado secundario del proceso de selección de los gobernantes o la cabeza del ejecutivo, en el caso de los regímenes presidencialistas.
En los procesos de ciudadanización se puede distinguir una dimensión de disputa al nivel de la imaginación política y articulación del discurso político moderno, que sigue las pautas del universalismo de la Ilustración pero en las condiciones post ilustración de construcción de los estados nacionales, esto es, universalismo en el particularismo político; y otro que viene de la dinámica de la lucha de clases. Los márgenes de ciudadanización y los derechos políticos reconocidos por los estados dependen directamente de la dinámica de la lucha de clases. El monopolio producido en torno a la propiedad y los medios de producción, que es el núcleo de los derechos civiles modernos, tiende a ser/ cuestionado desde la ampliación y universalización de los derechos políticos, que sí tienden a reconocer la igualdad, mientras los primeros no.
En este sentido, se puede decir que hay un núcleo duro en la composición de la ciudadanía moderna que contiene y legaliza la desigualdad básica en torno a la propiedad, esto es, un núcleo no democrático, que luego es combatido en términos reformistas con la conquista de derechos políticos.
La pauta que ha seguido el movimiento obrero ha sido conquistar y ampliar progresivamente los derechos políticos o igualdad política, para poder usar esos derechos también para redistribuir la riqueza y modificar el monopolio o excluyeme régimen de propiedad.
La composición de la ciudadanía en un país es resultado de la historia de lucha de clases en su seno y en el mundo.
Casi toda ciudadanía contiene hasta hoy esta tensión entre el carácter universalista de la enunciación de los derechos políticos y el carácter excluyeme de los derechos de propiedad que los preceden.
El lugar de la representación y la legislación a través de representantes elegidos ha sido y es posible a través de la institución y reconocimiento de un conjunto de derechos políticos de asociación, participación, información y voto. Estos derechos se ejercen para acceder al espacio o lugar central de la política pero también son derechos que permiten la práctica política fuera del estado, en la organización de la sociedad civil y la esfera de lo público. La sociedad civil es otro lugar de la política, en realidad, un conjunto de lugares en que se organiza vida política no estatal.
Los lugares de la política han tendido ha ampliarse o diversificarse, pero a la vez también a estabilizarse, es decir, a institucionalizarse, a adquirir cierta regularidad, a organizarse en espacios delimitados así como las relaciones entre ellos.
Una buena parte de las instituciones de la sociedad civil funcionan como mediaciones o puentes hacia el estado. Una buena parte de la sociedad civil se organiza como resultado de la diferenciación estructural y social que se vuelve un conjunto organizado de intereses y de acciones que se institucionalizan para interactuar en el mismo seno de la sociedad civil y con el estado.
La sociedad civil se organiza como un conjunto de lugares en los que se hace política sectorial o política nacional desde lo sectorial. Tendencialmente, las instituciones de la sociedad civil aceptan las normas del orden social y político; se constituyen con la finalidad de negociar su posición relativa en el conjunto de las relaciones sociales y de poder.
Cuando los sujetos y prácticas que han configurado esos momentos políticos de la sociedad civil y las esferas de lo público que resultan de su acción o despliegue en relación al estado y la política nacional, o los que no han constituido todavía sociedad civil, desbordan esos lugares de la política, es que puede estar constituyéndose un movimiento social.
Un movimiento social empieza a configurarse cuando la acción colectiva empieza a desbordar los lugares estables de la política, tanto en el seno de la sociedad civil como del estado, y se mueve a través de la sociedad buscando solidaridades y aliados en torno a un cuestionamiento sobre los criterios y formas de distribución de la riqueza social o de los principios de organización de la misma sociedad, estado y gobierno.
Lo propio de un movimiento social es que no tiene un lugar específico para hacer política sino el que a partir de algún núcleo de constitución de sujetos, organización y acción colectiva empieza a transitar y politizar los espacios sociales con sus críticas, demandas, discursos, prácticas, proyectos.
Lo propio de un movimiento social no es quedarse en un lugar o constituir un espacio político especial al cual circunscribirse. Los movimientos sociales son un tipo de configuración nómada de la política. Una condición de su desarrollo es circular por los varios lugares políticos existentes promoviendo sus objetivos, publicitando sus demandas, fines y proyecto. En este sentido, un movimiento social es como una ola de agitación y desorden a través de las formas tradicionales e institucionalizadas de la política. Una acción colectiva que no circula e irrumpe en otros lugares de la política, no es un movimiento social.
Como los movimientos sociales suelen hablar de algo que no tiene lugar en la sociedad, sobre una ausencia de algo deseable, la consecución de lo mismo es algo que se busca y conquista en el movimiento y la reforma de los espacios políticos existentes.
La constitución de los movimientos sociales es un desplazamiento de la política, de los lugares institucionalizados de la misma, al campo de tránsito entre ellos y al de la fluidez. También es un modo de politización de lugares sociales o conjunto de estructuras y relaciones sociales que habían sido neutralizadas o despolitizadas y, así, legitimadas en su forma de organización de algunas desigualdades.
El estado es el lugar del gobierno, así como la sociedad civil es el lugar de la organización y representación corporativa
o sectorial, en algunos casos de control y presión sobre el gobierno.
Las instituciones de la sociedad civil ya son una forma de estabilización de la acción colectiva, son una forma de participación e integración desde lo corporativo, grupal y sectorial, en la sociedad y estado existentes. La constitución de algo como sociedad civil implica la normalización de un tipo de relaciones y posiciones en la vida social, aunque la organización de la misma se dirija a mejorar y defender la posición en intereses de los grupos sociales que se constituyen de ese modo.
Un movimiento social no sólo critica alguna dimensión del estado sino también parte de la sociedad civil, ya que cuestiona alguna dimensión estructural. Los movimientos sociales no son movilizaciones de parte de la sociedad civil contra el estado o el gobierno, sino acción colectiva crítica del estado y la sociedad civil también. Los movimientos sociales surgen cuando tanto el estado como la sociedad civil no han logrado o realizado las reformas integrativas y redistributivas deseadas o necesarias.
Un movimiento social es acción colectiva más allá de la sociedad civil, aunque en su desarrollo vaya también constituyendo lugares en la sociedad civil a modo de posiciones en un campo de batalla y un conflicto más amplio e inestable.
III. LAS FORMAS Y FINES DE LA POLÍTICA
La principal forma de la política moderna es el estado. Es la forma que articula la producción y reproducción del orden social y político. Para su articulación operan hoy otras formas, como el partido.
Los movimientos sociales son una forma de política que problematiza la reproducción del orden social, de manera parcial o general. Los fines condicionan la forma. La producción y reproducción del orden social y político necesita de la institucionalización y normativización para estabilizar y dirigir una forma de vida como retorno a la misma organización y sentido.
La producción de un orden político trata de organizar las instituciones que puedan contener la política posible en una sociedad y país. A veces se trata de forzar para que lo que ékiste entre en las instituciones, lo cual implica un diseño simple y autoritario. A veces la producción del orden político y social institucionaliza las formas de participación política existentes; lo cual implica que el estado contiene la complejidad que corresponde a su sociedad.
La tendencia es, sin embargo, a reducir la complejidad a un número limitado y más o menos simple de procesos e instituciones. La mayor parte de los diseños institucionales ha privilegiado el reconocimiento de los partidos políticos como la forma puente de hacer política entre sociedad civil y estado. La estabilidad y desarrollo políticos dependen, entonces, de que las prácticas de esa forma partido efectivamente realicen el puente y la política fluya en ambos sentidos retroalimentándose positivamente.
Pensando en términos de dinámica política, ya que la política es acción y movimiento en el tiempo, una forma política general es buena y eficiente en tanto puede contener y desarrollar capacidades de reforma y adaptación, pero sobre todo la de enfrentar y resolver los principales conflictos de una sociedad o país.
Las formas de vida política que no se organizan como parte del gobierno, se organizan para controlar y disputar ese ejercicio del poder político. A su vez, las formas de la política se constituyen en relación a la forma de distribución y usufructo de los bienes y recursos económicos y materiales, como la propiedad y los productos del trabajo.
Las ampliaciones y reducciones de la forma política dependen o responden a diferentes márgenes de participación en la distribución de la riqueza social en sus diferentes fases. Cuando la forma de la política se ha encogido o vaciado, de tal modo que ya no contiene, procesa ni integra de amplios sectores, la política tiende a aparecer bajo otras formas, como desborde.
Cuando las formas estatales y sus mediaciones, así como las de la sociedad civil, no enfrentan ni resuelven el conflicto distributivo y el de la producción del consenso en torno al
orden político y social, aparece la política sin forma estable de los movimientos sociales. Los movimientos sociales son la forma de la política excedente en un país, generada por lo general a partir de la experiencia y politización de algún tipo de escasez o pauperización, producto de los principios de distribución existentes. Los movimientos sociales suelen constituirse en torno a cuestionamientos y demandas sobre el orden distributivo existente, o menos frecuentemente como proyectos políticos de cuestionamiento y reforma del orden político en su conjunto.
Cuando los partidos no pueden contener la política del conflicto redistributivo o el de la reforma de la política y el estado, tiende a aparecer la política de los movimientos sociales. Esta emergencia no es automática, sin embargo; la cuestión clave es la constitución de los sujetos.
IV. LOS SUJETOS DE LA POLÍTICA
La cualidad en la constitución es decisiva, esto es, si los sujetos se constituyen como gobernantes o gobernados, y el cómo se reconstituyen de lo uno en lo otro o transitan de una condición a la otra, o si más bien son co-gobernantes.
La política es cuestión de iniciativa y de relaciones de poder. Los sujetos gobernantes se constituyen como productores y reproductores de orden social y político, así como actores de la dirección y la dominación. Los sujetos gobernados son constituidos y se constituyen como reproductores pasivos del orden social, en tanto ocupan sin cuestionamiento los lugares subalternos en los que se los ha ordenado.
Un movimiento social es una política de algunos gobernados que cuestionan ese ordenamiento y la distribución de los recursos y reconocimientos sociales y políticos que lo complementan. En este sentido, pretenden cambiar su lugar político y social, a la vez que para hacerlo de facto ya cambia el lugar de la política. Para realizar este cuestionamiento hay una reconstitución de algunos sujetos gobernados, en el sentido que se desarrolla alguna capacidad de auto organización y producción de sentido más allá de las formas prevalecientes. Sin cierta capacidad de autogobierno y
reconstitución más allá de las prácticas e instituciones existentes no se constituyen un movimiento social.
La constitución de un movimiento social implica que han proliferado los núcleos de constitución de sujetos, también los principios de organización de la política, así como los fines de la misma.
La constitución de los movimientos sociales implica un conflicto de fines en la política, porque se han diversificado los sujetos de la misma. Un movimiento social es una alteridad de fines al interior de un mismo sistema o conjunto de relaciones sociales, que ocurre cuando las desigualdades y diferencias existentes se politizan y se vuelven acción conflictiva y querellante. Un movimiento social es el planteamiento de una querella sobre la forma de sociedad y el estado, cuando su horizonte tiende a globalizarse, o sobre algunas de sus estructuras y formas de distribución y utilización de los recursos y el trabajo social.
Un movimiento social es un sujeto político que se constituye como encarnación de una querella sobre la organización y dirección de la sociedad. En este sentido, es una reconstitución de los sujetos gobernados que generan un tipo de acción autónoma para reformar el gobierno, ya sea en su forma o en su contenido. La organización de la sociedad civil también constituye sujetos pero, por lo general, lo hace en su condición de gobernados más o menos activos, que controlan y critican o apoyan los procesos y resultados de gobierno, profesional y electoralmente separados.
Los movimientos sociales son el momento de fluidez y desborde de la sociedad civil, una forma de reforma y renovación. Son la expresión de que la vida política institucionalizada ya no basta. Un movimiento social es una forma de globalización de un conflicto a través de la sociedad civil, como parte de la estrategia de reforma de las políticas y formas del estado, esto es, implica pasar de las relaciones de intermediación biunívocas entre organización corporativa o sectorial y estado, a una estrategia de generalización del conflicto a través de la sociedad civil, removiendo alianzas, apoyos así como rechazos, diversificando la trama de sujetos . políticos inmiscuidos.
Un movimiento social es una complejización de la política y del sistema de relaciones entre sujetos políticos; es una política de tensión que induce a alineamientos y realineamientos. Los movimientos sociales promueven una política de revelación de las tendencias, los sentimientos, prejuicios, valores y fuerzas de aquellos sujetos sociales y políticos que no estaban directamente involucrados en el conflicto. La generalización del mismo o la movilización a través de la sociedad y todos sus lugares de la política, hace que la gente tienda a tomar posiciones o las revele.
Al moverse conflictivamente los sujetos sociales acaban conociendo el resto de su sociedad o país. La capacidad de reflexividad sobre esa experiencia de la acción e interacción define la madurez y desarrollo del movimiento. La primera ola de movilización y constitución es, a la vez, la del planteamiento de la querella más allá de las instituciones existentes y también lo es de conocimiento de la condición política de la sociedad en la que empiezan a moverse políticamente.
Los movimientos sociales son formas de recreación organizativa o de vida social a través de una intensa y conflictiva relación con el resto de la sociedad civil y el estado, en la condición de la movilización, es decir, de desorganización parcial y temporal de los lugares, tiempos y fines de la política.
Un movimiento social demanda un reordenamiento de la sociedad y del estado, pequeño o grande, y empieza haciéndolo a través del desorden de las relaciones políticas de poder establecidas para la reproducción de las desigualdades existentes.
Uno de los rasgos del desarrollo de un movimiento social es que su accionar tiende a incluir ya no sólo la protesta, la demanda sino también la factualización de las formas alternativas de apropiación, gestión, organización y dirección de recursos y procesos sociales y políticos.
La factualización de alternativas es un arma de lucha, dirigida a convencer al estado y la sociedad civil de: la posibilidad de hacer, organizar, dirigir y vivir las cosas de otro modo; la capacidad ya desarrollada por el movimiento para pasar de la crítica a la reorganización de las cosas.
Un movimiento social ha madurado cuando ha desarrollado la capacidad de proyectar formas alternativas de organización y dirección, sobre todo cuando ha desarrollado la capacidad de movilizar sus fuerzas para factualizar parte o todo el proyecto.
La factualización crea las condiciones para la consolidación, el arraigo y la realización de un movimiento. Un movimiento que no pasa a la factualización de sus ideas se convierte en o es simplemente opinión crítica en la esfera de lo público.
Los movimientos sociales suelen ser la forma de acción de recreación y reforma de las sociedades y estados, una vez que sus instituciones se han vuelto demasiado conservadoras, rígidas y excluyentes o productoras de desigualdades desintegradoras.
V. LAS REFORMAS DE LA POLÍTICA, LAS REFORMAS DE LA SOCIEDAD
La política de los movimientos sociales generalmente tiene como fin una reforma de la sociedad. Para lograrla empiezan reformando la política existente en el seno de la sociedad civil y sus relaciones con el estado. La constitución de un movimiento social es ya una reforma de facto de las prácticas políticas. Contemporáneamente, por lo general, uno de los fines es lograr también una reforma de las políticas del gobierno y el estado o de algunas de sus instituciones, como un medio para la reforma social. Algunos movimientos más radicales atacan directamente los campos de relaciones sociales cuestionados con un conjunto de prácticas que las problematizan, y a veces se sustituyen por prácticas organizativas alternativas.
En cuanto a la política se refiere, las reformas giran en torno a la ciudadanía, tanto como conjunto de condiciones de la vida política como de resultado en tanto derechos conquistados y ejercicio de los mismos.
Casi todas las dimensiones y componentes de las ciudadanías modernas han sido resultado de reformas inclusivas imaginadas y demandadas fuera del estado, y por la constitución de particulares sujetos políticos que las han
promovido. Por lo general, en las primeras conquistas de algún componente de ciudadanía ha estado un movimiento social. En este sentido, una parte de la ciudadanía es el resultado del margen de reconocimiento de las reformas que han sido propuestas por movimientos sociales. Las democratizaciones del estado son su resultado, en buena parte.
La reducción de los márgenes de ciudadanía son negaciones regresivas de tales reconocimientos; lo cual generalmente ocurre cuando los sujetos que la han conquistado se han desarticulado, debilitado o desaparecido. La ciudadanía es ampliable y reductible, también. Muchos movimientos sociales contemporáneos se constituyen como reacción a estos procesos regresivos, para volver a conquistar bajo nuevas condiciones lo que alguna vez ya fue derecho y parte socializada o democratizada.
Los movimientos sociales han sido una de las principales formas de plantear la democratización de la sociedades y estados. Hay varios tipos de reformas políticas posibles. La mayor parte de ellas no tiene que ver con democratización. De hecho, hoy la mayoría se hacen contra la misma.
Las reformas de la sociedad no tienen que pasar necesariamente por la reforma de las instituciones del estado. Son más profundas y duraderas cuando no han venido a través de la mediación coerción estatal. Por un lado, resultan de su propio movimiento y modernización. Por el otro, de la acción de movimientos sociales que van modificando las costumbres y las creencias y así, las relaciones.
LAS FORMAS
DE LA ACCIÓN COLECTIVA
EN BOLIVIA
VI. LOS AVATARES DE LA CENTRALIDAD PROLETARIA
Bolivia es un país que alcanzó el grado de nacionalización que tuvo sobre todo por la presencia política del movimiento obrero, quien hizo más por la construcción del estado-nación que cualquier otra fuerza social y política. En el momento crucial de la revolución del 52 fue la fuerza principal en el momento de la destrucción del orden previo y en la reconstrucción fue el núcleo de la base social del nuevo poder político. El movimiento obrero fue la fuerza principal en la recomposición del país, sin ser el sujeto dominante; ya que en el momento de la victoria estaba inmerso y subordinado al nacionalismo revolucionario que estuvo articulado políticamente por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), en tanto paso orgánico al estado.
Una vez que el movimiento obrero desarrolló su autonomía separándose del nacionalismo revolucionario y del MNR, a la vez que es separado del estado, se entra ya en la fase autoritaria-dictatorial del nuevo estado ya abiertamente anti-obrero en la década de los 60, sobre todo a partir del golpe militar del 64. Es en esta condición de mayor autonomía ideológica y de separación del estado, es decir, cuando el estado lo define como el enemigo interno, que el movimiento obrero tendencialmente se convirtió en articulador de la sociedad civil laboral y popular en el país.
Si se lo pone en términos de esquema y de cambios de fase en la composición política del país de la época, tenemos: a) un proceso revolucionario que resulta de la articulación entre un movimiento social, el obrero, con un movimiento político epocal, el nacionalismo revolucionario, en el que el movimiento social pone la base social y parte del programa y el movimiento político pone la nueva burocracia política post-revolucionaria, el equipo de mediadores y gobernantes; b) la descomposición y crisis del proceso y el estado producto de la separación entre movimiento obrero y partido nacionalista, que quiebra la base social del estado. Este busca recomponerla con los campesinos favorecidos por la reforma agraria que estaban articulados a través de una red regional de clientelismo político entre los caciques locales y dirigentes partidarios, por un lado, y con los norteamericanos, por el otro lado; lo cual instituye en la composición política del país
la aceptación o incorporación de la determinación externa en los procesos de gobierno.
La fase autoritaria-dictatorial se monta desplazando del estado la presencia del movimiento social obrero y también del movimiento político nacionalista. Se monta en torno a la burocracia militar apoyada por los EE.UU. y un pacto militar-campesino que no tiene como base un movimiento social campesino sino simplemente la movilización de fuerzas campesinas contra obreros.
La fase dictatorial dura hasta fines de los 70 con significativos intervalos el 69 y el 70-71, que resultan de quiebres políticos articulados por militares e intelectuales-políticos nacionalistas, en el primer caso, en torno a la nacionalización del petróleo; y por un intento de continuar esta experiencia vinculándose al movimiento obrero en el segundo caso. No resulta la articulación sino un paralelismo en que el movimiento obrero experimenta una Asamblea Popular con representación obrera y de izquierdas en sustitución del parlamento, desconectada, sin embargo, del gobierno que no llegan a constituir y unificar. Ambas fuerzas son derrotadas el 71 por el golpe militar.
Después de algunos años de dura represión, el movimiento obrero se reorganiza y es la principal fuerza que sustenta las luchas y movilizaciones que demandan la restitución de derechos políticos y civiles y conquistan la transición a la democracia. El cambio de régimen político deviene de un movimiento político democratizador articulado en torno al movimiento obrero. En este sentido, un movimiento de carácter clasista se vuelve un movimiento de carácter nacional, por lo tanto, político.
Zavaleta argumentó que en este momento de crisis del estado el movimiento obrero experimentó su momento de mayor irradiación. Las movilizaciones de campesinos y sectores populares urbanos respondieron a una convocatoria y estilo obrero de organización y de hacer política, incorporando sus propios modos de presencia política y acción colectiva. La centralidad proletaria consistió en la configuración de un núcleo de organización, articulación y dirección de la sociedad civil más allá del ámbito de la clase
obrera. En un país heterogéneo y desarticulado como Bolivia, la acción colectiva de los más diversos sectores populares se orientaba a la central Obrera Boliviana (COB) como los fragmentos a su imán.
En pocos años y de manera consecutiva el movimiento obrero experimentó el momento de su mayor expansión .política que es cuando se pone en crisis a la dictadura y se propicia la democratización del país, y, poco después, ya en el periodo del primer gobierno elegido, el de la Unidad Democrática Popular (UDP), experimenta los límites de sus capacidades y proyecto de reforma del estado.
Esta experiencia de los límites fue doble. La vivió con más fuerza primero la izquierda política que fue incapaz de realizar o empezar una reforma del estado, también la vivió el movimiento obrero que era más poderoso e importante que las izquierdas que crecían a su sombra. Ambas fuerzas tenían capacidad de resistencia y organización pero no un proyecto que trascienda la ampliación del estado que resulta de la revolución del 52, que ya estaba en un proceso de fuerte crisis. Parte del sindicalismo propuso la consigna de todo el poder a la COB, y la izquierda en el gobierno no atinó a institucionalizar las formas de participación política históricamente existentes en el país. La crisis y desgobierno económico junto al bloque parlamentario de la derecha vencieron a ambas fuerzas alrededor del 85.
Desde entonces, tras el triunfo electoral de la derecha, se comienza con el proceso de modificación del patrón de acumulación privatizador y del sistema de mediaciones entre estado y sociedad civil, que tuvo como una de sus condiciones de realización el debilitamiento y desarticulación de la COB y el principal movimiento social que había propiciado la revolución del 52 y la transición de la democracia a fines de los 70 hasta la fecha. Este proyecto de reforma implicaba desmontar la principal base social de los procesos de reforma redistributivas de la riqueza y democratizadoras de la política. En este sentido, se trata claramente de un proceso de contrarreforma, aunque se haga bajo el discurso de la modernización del estado y la economía.
La crisis económica y la situación del mercado mundial permitieron atacar al núcleo del movimiento obrero que estaba