Como ya comentamos, no hemos localizado la orden virreinal enviada a Estorgo antes de su viaje hacia Manila; tan sólo co- nocemos las que se enviaron desde la capital fi lipina después del arribo del marino, la de él y las de autoridades locales. En la primera, desde la capital fi lipina, el 20 de noviembre de 1768 nuestro personaje escribió:... “por orden y comisión del virrey marqués de Croix, virrey de la Nueva España, fui despachado
para estas Islas Filipinas a efecto de conducir unos pliegos de sm
de suma importancia, que logré poner en manos de este gober-
nador, con la precaución que el caso pedía”.22
Fue en San Blas en donde Estorgo debió haber recibido la orden virreinal para el viaje, ya que el marino no pudo reco- ger los “Pliegos reales”, puesto que su salida fue de las costas sinaloenses, en dirección septentrional sin escala en Acapulco. Suponemos que la ausencia de la orden escrita posiblemente se deba a que el virrey no haya escrito al marino y que fuera el go- bernador Pineda, quien le diera las indicaciones sobre su impor- tante y secreta comisión. La alta autoridad local había recibido desde julio de 1767, a través de un enviado anónimo del virrey, la orden de “extrañamiento” de los jesuitas.
El importante viaje de Estorgo quedó plasmado en la “Re- lación y diario de la navegación”, documento localizado y tras- crito por nosotros, y que se incluirá íntegro en un libro ulterior
sobre este acontecimiento.23 La referencia que tenemos es que
existen dos versiones muy similares del “Diario”, las que res-
guarda el Archivo General de Indias (Agi). Las diferencias entre
ellas residen: primero, en el título, después en alguna informa- ción sobre la embarcación y tripulación que se precisa sólo en la segunda; el contenido de tipo náutico y las observaciones perso- nales coinciden en los dos textos. Los títulos son:
• Relación y Diario de la Navegación que hizo en virtud de orden del Excelentísimo Señor Virrey de Nueva España, Don Francisco Xavier de Estorgo y Gallegos, desde el Puer-
to de San Blas, a las Islas Filipinas, con los pliegos de sm
para la expatriación de los jesuitas.24
22 Agi, Filipinas, 375, N.76.
23 A partir del conocimiento del escrito del comandante, aquí tan sólo incluimos un resumen.
• Diario exacto del viaje con el divino favor voy a hacer en la Goleta Ntra. Sra. de la Soledad, alías La Sonora, de 36 pies de gavilla, 12 de manga y 7 pies y 2 puntos de puntal en la que voy de comandante y piloto de derrota a conducir de
orden del Exmo. Virrey M. de Croix, los pliegos de sm a en-
tregar en manos propias y a solas al mi Sr. gobernador de
Manila y con el recibo de su entrega, día y hora, volver a México a dará cuenta a dicho Exmo. Sr. para que éste ha- cerlos al Monarca, habiendo de salir de este puerto nuevo
presidio de San Blas.25
Así sabemos que Estorgo comandó y piloteó una goleta construida en el astillero de San Blas, junto con una hermana que se denominó “La Sinaloa”, y que estuvo destinada al trans-
porte de los jesuitas expulsados de California.26 El navío, según
lo describe su comandante en el segundo “Diario”, era de “36
pies de quilla, 12 de manga y 7 pies y 2 puntos de puntal”,27 pe-
queño e inadecuado para un largo viaje; de esas dimensiones se quejó amargamente Estorgo a lo largo de su “Diario”. También lo hizo de la escasez de tripulación con buenos conocimientos náuticos, sólo contó con el contramaestre, en tanto que el joven pilotín le dio problemas todo el viaje por su impericia total. La dotación de la goleta fue de 16 personas: el comandante, un pilotín, un contramaestre, un carpintero y calafate; un despen- sero, tres timoneles, uno de ellos fallecido durante el viaje, seis marineros, un cocinero y un paje. Su arboladura toda nueva
25 Agi, México, 1369.
26 Salvador Bernabéu A. Expulsados del infi erno… p. 90, nota 140. Queremos dejar constancia de que el colega Santiago Lorenzo García en su obra (nota 16, p. 72), transcribe una referencia del Archivo Histórico Nacional: Clero, Jesuitas, leg. 238, en la cual se menciona que Estorgo llegó a Manila a bordo del balandro “La Sina- loa”, desde Nueva España… lo cual, desde luego, es un error, no del autor, sino de la información original. Como vimos, el propio Estorgo señala que condujo la go- leta “Nuestra Señora de la Soledad”, alias “La Sonora”. El navío hermano fue efec- tivamente “La Sinaloa”, que sólo viajó a las Californias.
27 La información sobre términos náuticos proviene del “Diccionario náutico” de Gui- llermo Llusá de Nuci en: www.diccionario-nautico.com.ar: Quilla: pieza que corre de proa a popa a lo largo de la línea media más baja del buque, siendo el principal refuerzo longitudinal, en el que descargan los demás. Es la columna vertebral de una embarcación, la base de sustentación en donde encastran las cuadernas, la roda y el codaste. Manga: ancho máximo del barco; pie: unidad de longitud equivalente a 12 pulgadas, o sea a 0,3048 m.; puntal: altura del barco, contada de la parte su- perior de la quilla y el bao de la cubierta principal.
consistió en: “palo mayor, trinquete, bauprés, cangreja, maste-
lero y bota”. 28
Sus tablas, jarcia y demás cabos de labor eran “todo al- quitranado y bien acondicionado”. Llevaba anclotes, cañones de
bronce de calibre 3 y “cureñas con todo su herraje”.29
Con este equipamiento Estorgo abandonó el puerto de Ma- tanchel el 24 de diciembre como a las 4 de la tarde, y muy cerca por la popa vio al “San Carlos”, que conducía tropas a Guay- mas. Gobernó al sureste a lo largo de la costa y pronto dejó de lado la “Isla de Taberna” y la punta del “Cabo Corrientes”; a lo lejos apreciaron el cerro de “Zaranguán”, el “Valle Banderas” y un largo farallón rocoso; ellos pasaban precisamente frente a las costas de las actuales entidades federativas mexicanas de Nayarit y Jalisco, con rumbo suroeste. Las denominaciones geo- gráfi cas subsisten aún hoy y la coordenada que menciona para “Cabo Corrientes”, varía ligeramente con la actual. Para el día 27 de diciembre el viento había refrescado, tres tripulantes estaban enfermos, era imposible cerrar la escotilla y había que achicar el agua de cubierta. El día 30 de diciembre, uno de los enfermos se declaró “loco rematado”, y hubo necesidad de amarrarlo y ence- rrarlo; el comandante escribió que desde que habían salido, éste iba ya enfermo, sólo podía ingerir caldo. El último día del año (31 de diciembre), por falta de hombres, tuvieron que colocar las gallinas vivas dentro de la canoa, para deshacerse de los huaca- les. Para el primer día de enero de 1768, el rumbo fue oeste-sur- oeste; es decir, se adentraban ya en alta mar. El 4 de enero falle- ció el marinero que había enloquecido, y Estorgo padecía fi ebre, tomó un “vomitivo de sal molida con mucha agua”, y sintió un poco de alivio momentáneo; estuvo enfermo durante varios días (sin poder descansar), ya que su presencia era indispensable en toda maniobra; ese mismo día observaron un eclipse de luna que 28 Mayor o palo mayor: nombre que se da al más alto de los palos de un barco, en caso de que hubieran varios y a la vela que se iza en él; cangreja: vela trapezoidal que se extiende desde el trinquete en malos tiempos; mastelero: palo que se en- cuentra en el extremo del mástil; bota: palo largo con que se hace fuerza para mo- ver el navío.
29 Agi, México, 1369, s/fols. La “dotación” de la goleta fue aparte de su comandan- te, el contra maestre Vicente Casaña, el pilotín Joseph Arangoyte y Argamanlla, el carpintero y galafe Juan Noguera, el despensero Salvador Carrera, los timoneles Francisco Herrera, Ignacio Morillo y Joseph Rayales (el que falleció), los seis ma- rineros; Ramón Puente, Joseph Jurado, Lázaro Juan, Eduardo Antonio, Gabriel Lucio, Jacinto Figueroa; el cocinero Francisco Castellón y el paje Joseph María de la Trinidad. Agi, México, 1369, s/fol.
duró más de dos horas. Para el 12 de enero su rumbo se gobernó al nor-oeste, pero adecuándose a las condiciones del mar con el fi n de dar descanso a la pequeña embarcación, ante lo dilatado del viaje. Hacia fi nales de enero, el agua para tomar empezó a es- casear, los barriles presentaban mermas y el comandante empe- zó a racionar el precioso líquido. La mayor parte de la tripulación se encontraba enferma, incluido el cocinero, y la guardia sólo la realizaban dos marinos. A esas alturas de la navegación, Estor- go anotó que su experiencia en viajes anteriores le indicaba que
desde ese paralelo las aguas corrían hacia el sur-oeste.30 Con
gran desconsuelo verifi có durante los primeros días de febrero, que el bizcocho en la bodega se empezaba a “picar y gorgojar”; es decir a agusanar con gorgojos, los frijoles estaban totalmente endurecidos y el “pan de costra”, en su mayoría, echado a per- der. Para remediar en algo la situación, cedió parte de sus dos barriles de aguardiente y de su jamón a la tripulación, que sólo disponía de tasajo asado. Él mismo ingería una comida al día; la leña era cada vez más escasa y empezaron a desbaratar las tinas y cajas de madera para calentar una comida diaria. Contaba so- lamente con tres marinos en buen estado: el paje y el desterrado. Hacia mediados de febrero el clima empeoró y también los enfer- mos, y sólo se les daba arroz y frijoles; algunos pájaros y delfi nes se veían desde la goleta.
El 17 de febrero el comandante aprovechó una bonanza e hizo abrir los baúles y cajas de los ofi ciales para revisar cui- dadosamente si contenían alguna carta, sin tener suerte en su búsqueda. Al mismo tiempo los reconvino de abstenerse en los puertos que llegaran a tocar, y en Manila, de comunicación al- guna mediante la cual avisaran por escrito o de palabra lo su- cedido con los jesuitas en España. Les advirtió que de hacerlo serían considerados traidores a las dos “majestades” y les indicó que los pliegos que conducía “eran para arreglar el comercio de
aquellas islas sobre un pie fi jo”.31
Para el 21 de febrero de 1768 Estorgo se mantuvo en lati- tud de las “Islas Marianas”, fi jadas en 23° 20ms. Para esa sin- gladura la embarcación tenía difi cultad para mantenerse sin agua en cubierta, sacando diariamente entre 20 y 25 baldes. El tasajo era ya poco y contaban aún con algo de “agua buena”. En 30 Francisco Xavier Estorgo y Gallegos. “Diario y Relación”, fol. 23 (en lo sucesivo,
“Diario”). 31 Ibídem., fol. 37.