• No se han encontrado resultados

Con esa nueva visión de las cosas tenemos un ejemplo del enorme cambio en la perspectiva de la moderna actitud ante la ciencia.

Con Kepler, con Copérnico, con Galileo y otros muchos, tenemos un ejemplo del cambio iniciado dos siglos antes. Sin esta nueva actitud contraria a los misterios complejos, al oscurantismo y la cerrazón teológica no habría existido nunca ciencia moderna. Hasta entonces no hubo Ciencia, tomada con el significado del proceso, aunque sí hubo investigación e indagación entorno a hechos concretos. Antes, sin que pueda atribuirse al azar y a la necesidad estricta del uso del pedernal, el empleo del fuego y la invención de la rueda; el conocimiento rudimentario y el uso de los medios naturales constituyen una larga fase de tanteos hacia lo que a partir del XVII, cuando se desmorona la primitiva concepción del universo, sería la consolidación de la Física: conciencia de saber y de que los saberes pueden organizarse, diferenciarse y enriquecerse aplicando procedimientos sistemáticos de estudio e indagación.

Se empezaron a desarrollar la Estática y la Hidrodinámica y problemas de flotación obviados por Arquímedes. Recuperadas la física, la ciencia y la figura de este último, se favorece el desarrollo de la Mecánica. Un nuevo ambiente, después del “humanismo”, rescataría en Italia, Francia e Inglaterra las obras escritas de la antigüedad clásica y las traduciría en lengua vernácula para los menos doctos (era un primer paso importante). La metodología científica empezaba a abrirse camino. En poco más de dos siglos, el desplome del absolutismo permitiría realumbrar el pensamiento, recuperar el interés por la física y las ciencias naturales, abrir la mente a la investigación y a los descubrimientos. Se multiplicarían, como iremos viendo, los nuevos conocimientos y decisivos aportes trabajadores concretamente instrumentales: prolongaciones cada vez más acabadas del intelecto humano. Se empezaron a desarrollar aparatos básicos que permitirían un mejor dominio de la observación en general, la producción e incluso la meteorología, a la que le darían un carácter científico a mediados del XVIII el pluviómetro, el anemómetro, el higrómetro y las primeras estaciones públicas (Inglaterra, Francia, Italia y Alemania) para medir por primera vez la presión atmosférica y la humedad:

Los holandeses Hans Lippershey y Zacarias Jansen inventan el microscopio hacia 1590, Galileo, el termómetro (1592), Lippershey, el telescopio (1608) que usaría Galileo, Torricelli, el barómetro (1641), Hadley, el cronómetro y el sextante (1731), aparatos básicos que permitirían darle un carácter científico a las observaciones. Thomas Newcomen (1663-1729), herrero de profesión, desarrolló la máquina de vapor (1712) para achicar el agua en las minas, John Kay, la lanzadera volante (1733) que aplicada a los telares permitía a un solo operario tejer varios anchos de tela... En 1751 vería la luz la “Encyclopedie ou Dictionnaire raisonné des ciencies”, obra capital del progresismo francés, dirigida y redactada por Diderot y d´Alembert. Diderot anunció la Enciclopedia como el instrumento para la ”futura revolución del saber”. A poco de su aparición y pese a las trabas de la censura contaba ya con más de mil abonados; se hicieron cuarenta y tres ediciones en veinticinco países, y en muchos hogares las familias se reunían por la noche para leer y comentar sus artículos, al igual que lo hacían cuantas asociaciones se

fundaron dedicadas a su estudio. Por aquel tiempo (1752) Franklin inventaría el pararrayos. Heargraves inventa y patenta en 1770 la primera hiladora mecánica que multiplica por ocho la capacidad productiva de un obrero... La máquina de vapor, realmente operativa, que Watt había patentado en 1769 y aplicado a la industria en 1784, permitiría a Claude F. Jouffrey d´ Abbans fletar el primer barco de vapor, el mismo año (1783) que los hermanos Montgolfier elevan un globo aerostático. En 1785 E. Cartwrigth compondría el primer gran telar industrial movido con una máquina de vapor (*). Volta construiría la primera pila en 1800, Campillo inventaría el telégrafo en 1804. En 1825 haría su aparición el ferrocarril en Inglaterra. Avery desarrollaría la primera turbina de vapor en 1830, Faraday descubriría en 1831 el campo eléctrico, base de lo que sería revolucionariamente la dinamo y el motor eléctrico. Morse inventaría el código morse en 1865, Siemens, la dinamo aplicable a la industria (1867), A. G. Bell, el teléfono (1876), Edison fabricaría la primera bombilla en 1879. Seis años después (1886) comenzaría a rodar el primer automóvil de gasolina. Lumière inventaría el cinematógrafo en 1895 y Marconi la telegrafía sin hilos en 1897.

(*) ¿De dónde venía aquella máquina de vapor que se convertiría en la primera “fuerza motriz” de la Revolución Industrial? El primero en inventarla fue el ya citado Herón de Alejandría en el siglo I de n.e., pero se perdió en la oscuridad del medievo… Después, pasados ¡mil quinientos años!, en pleno agosto vallisoletano de 1602, Felipe II decidió prestar más interés al equipo de buceo de Jerónimo de

Ayanz que a la máquina de vapor presentada por el mismo. Transcurridos

ochenta años más, Denis Papin dejaba a medias su “maquina filosófica” (de vapor) por falta de medios y en 1682 construía su “digesteur”, que ablandaba y cocía los alimentos por ebullición a presión… Thomas Savery (1650-1715), socio de Papin, aplicó por fin la máquina de vapor para sanear las minas. Newcomen la mejoró, y, Watt la reparó y mejoró con un regulador, “governor” del griego “kybernetes”, “cibernética”, que modificaría las formas futuras de vida. En 1785, Cartwrigth aplicó definitivamente la máquina de vapor de Herón, Ayanz y Papin a la industria textil. Ejemplos todos, en fin, del papel gradual tan importante jugado por el trabajo y la inventiva de mujeres y hombres en la evolución del progreso histórico-social proporcionando nuevos y cada vez más perfectos instrumentos técnicos y teóricos de producción.

Desaparecido el Imperio Alejandrino, perseguida y sepultada la cultura griego-helénica, todavía existieron algunos destellos de genialidad. De entre

tantos, a Herón de Alejandría le cabe el privilegio de haber identificado el cerebro como el órgano de la inteligencia, que hasta entonces era considerado el corazón. Su logro más famoso “La fórmula de Herón” relaciona el áera de un triángulo con la longitud de sus lados. Conocido como matemático desplegó una actitud casi moderna para la mecánica. Describió máquinas sencillas y generalizó el principio de la palanca de Arquímedes. Tiene en su haber la invención de la primera máquina de vapor (eolípila) y la Fuente de Herón. Escribió numerosos tratados. En “La neumática” estudia la hidráulica. En “La dioptra” describe un aparato usado en observaciones terrestres y astronómicas durante siglos. En “La métrica” estudia las áreas y volúmenes de distintas superficies y cuerpos. Estudió la reflexión de la luz en espejos de distintas formas, demostrando que el ángulo de incidencia es igual al de reflexión. Descubrió de forma arcaica la ley de la acción y reacción de Newton, mediante experimentos con vapor y agua.

Outline

Documento similar