político.
3.2. Wikileaks y la Información
La importancia de la independencia de los medios es crucial para que el mensaje que trasmiten sea aceptado socialmente, pues la manipulación de la información por agentes del Estado o del gobierno hace más difícil que se capte la atención del público, a esto se le debe añadir que el Estado acepta esta cualidad de independencia de los medios como prueba esencial de su carácter democrático, se cierra el círculo, pues todo intento de recortar la libertad de los medios tiene un coste político, ya que la ciudadanía, no necesariamente quisquillosa en cuanto a la precisión de las noticias, defiende celosamente el privilegio de recibir información de fuentes que no estén sometidas al Estado. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 285 - 286). Castells menciona tres retos importantes que se le presentan al Estado, que son: a)
la globalización, b) el entrecruzamiento de la propiedad; la flexibilidad y la penetración de la tecnología, la autonomía; y c) la diversidad de los medios de comunicación, a estos tres retos se le agregara uno más que es el de las filtraciones de la información por parte de una organización internacional pero que no es de carácter gubernamental como lo es Wikileaks adicional a ella la “privatización” del
humanitarismo global hace cada vez más débil uno de los últimos razonamientos sobre la necesidad del Estado. (Guehenno, 1993; Rubert de Ventos, 1994; Falk, 1995).
Dentro de estas mismas organizaciones internacionales no gubernamentales se cuenta con Wikileaks que a pesar de las opiniones contrarias que existen al respecto sobre la verdadera intención de esta organización, su principio fundamental es el de mostrar los abusos y extralimitaciones de los Estados con la población civil al revelar siempre la verdad de los hechos. (Domscheit – Berg, Daniel. 2011)
La explicación que ofrece Castells sobre el cambio en el manejo de la información es
que “hasta comienzos de los años ochenta, con la excepción importante de los
Estados Unidos, la mayoría de las televisiones del mundo estaban controladas por el gobierno, y los radios y los periódicos estaban bajo la coacción potencial de la buena
voluntad del gobierno, incluso en los países democráticos. Hasta en los Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones ejercía un estrecho control sobre los medios electrónicos, no siempre exento de sesgos de intereses especiales, y las tres principales cadenas de televisión monopolizaban el 90% de la audiencia, encuadrando, si no modelando, la opinión pública. Todo cambio en una década, por el impulso de la tecnología. La diversificación de los modos de comunicación, el enlace de todos los medios en un hipertexto digital, que abrió la vía para el multimedia interactivo, y la incapacidad para controlar las emisiones de los satélites a través de las fronteras o la computación por ordenador mediante línea telefónica, acabaron con las formas tradicionales de defensa reguladora”. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 283). Al darse ese avance tanto en la tecnología, como en la privatización de los medios de comunicación la transformación de la información que se encontraba en manos del Estado tuvo que cambiar, tuvo que adaptarse para poder ser publicada por los medios, pero sobre todo tuvo que ser modificada para poder ser compartida con la población.
Esto no quiere decir que los Estados no tengan influencia en los medios de comunicación, pues aún siguen controlando medios de relevancia promedio y poseen de igual manera acciones en las cadenas de mayor influencia, el problema que se encuentra es que los medios necesitan mostrar su independencia como un ingrediente clave de su credibilidad, no solo frente a la opinión pública, sino con respecto a la pluralidad de ostentadores del poder y anunciantes, ya que el sector de la publicidad es el cimiento económico de las empresas de medios de comunicación. Si un medio determinado se liga demasiado a una opción política explicita o reprime de forma sistémica cierto tipo de información, restringirá su audiencia a un segmento relativamente pequeño, apenas será capaz de obtener beneficios en el mercado y no atraerá el interés de la mayoría del público. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 284).
Pero a pesar de conseguir esa independencia los medios de comunicación se enfrentan a que la transmisión de la información se expande de tal modo que la
censura de noticias cada vez resulta menos efectiva en los principales centros urbanos de los países autoritarios, precisamente los lugares donde viven las elites ilustradas alternativas. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 286), un ejemplo de la incapacidad de contener la información son las filtraciones hechas por Wikileaks que principalmente involucran a países de gran relevancia para el sistema internacional como Estados Unidos y sus altos funcionarios, suiza el fraude bancario, el caso del Cablegate que afecto a países como Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, China, Corea del Norte, Corea del Sur, España,Francia, India, Japón, Reino Unido, Rusia, entre otros.
Ahora bien teniendo en cuenta la independencia de los medios y los avances de la tecnología, un fenómeno que ha transformado la dinámica estatal es la globalización/localización de los medios y de la comunicación electrónica que equivale a la desnacionalización y desestatificación de la información, siendo las dos tendencias inseparables hasta el momento; si bien la globalización, en sus diferentes dimensiones, socava la autonomía y el poder de tomar decisiones del Estado esto ocurre en el momento preciso en que el ejercicio del poder estatal en el ámbito internacional también está sujeto a las limitaciones del multilateralismo en defensa, política exterior y política pública global, como la política medioambiental (Castells, Manuel. 1942. Pág. 288 - 290). Con esto queda claro que la globalización, la información, los avances tecnológicos y la independencia de los medios no solo ha llevado al Estado a una pérdida de poder, sino también este ha perdido capacidades de acción frente a temas que están en su territorio, pues con la interconexión digital la forma de protestar y de involucrarse en asuntos ajenos al Estado es más fácil y efectivo; y es este un escenario que los Estados no pueden controlar sobre todos los Estados democráticos.
De ahí es que los medios de comunicación y la información que se le suministra a los ciudadanos empieza a tener tanta relevancia en la vida política y estatal, ya que los medios pueden crear imaginarios que ayudan a establecer que tan estable o
inestable es un Estado a nivel nacional y que tan relevante puede llegar a ser a nivel internacional. La aparición de los Estados en diferentes medios de comunicación internacionales establece su relevancia en el sistema, por ejemplo sería interesante contar cuantas veces al día es mencionado un país como Estados Unidos en noticieros colombianos, rusos, españoles, etc. O cuantas veces es buscado en internet, o porque para Wikileaks este Estado en especial es tan importante como para revelar cuánto documento o conducta que es llevada a cabo de manera poco aceptable social y moralmente.
El punto clave es que los medios electrónicos que no solo incluye la televisión y la radio, sino todas las formas de comunicación, como los periódicos e internet se han convertido en el espacio privilegiado de la política. No es que toda la política pueda reducirse a imágenes, sonidos o manipulación simbólica, pero, sin ellos, no hay posibilidad de obtener o ejercer el poder. Así pues, todos acaban jugando al mismo juego, aunque no del mismo modo ni con el mismo propósito. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 343)
Debido a los efectos convergentes de la crisis de los sistemas políticos tradicionales y del espectacular aumento de la penetración de los nuevos medios, la comunicación y la información política han quedado capturadas en el espacio de los medios, lo que pasa en este espacio político dominado por los medios no está determinado por ellos: es un proceso social y político abierto. Pero la lógica y la organización de los medios electrónicos encuadran y estructuran la política, una tendencia característica de la era de la información, repercute no solo en las elecciones, sino en la organización política, en la toma de decisiones y en el gobierno, modificando en definitiva la naturaleza de la relación existente entre el Estado y la sociedad. Y como los sistemas políticos se siguen basando en formas organizativas y estrategias políticas de la era industrial, se han quedado obsoletas en cuanto a política y ven negada su autonomía por los flujos de información de los que depende. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 344).
Los medios encuadran la política en las sociedades contemporáneas, la gente recibe la información y forma su opinión política esencialmente a través de los medios, sobre todo de la televisión y ahora las redes sociales y todo el ciberespacio. Es más, al menos en los Estados Unidos, la televisión es la fuente de noticias más creíble y su credibilidad ha aumentado con el paso del tiempo. Así pues, para actuar en las mentes y voluntades de la gente, las opciones políticas en conflicto, encaradas en partidos y candidatos, utilizan los medios como vehículo fundamental de comunicación, influencia y persuasión. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 345 - 346).
Pero es importante resaltar que sin credibilidad, las noticias carecen de valor, ya sea en términos de dinero o de poder. La credibilidad requiere una distancia relativa frente a las opciones políticas, dentro de los parámetros de los valores morales y políticos mayoritarios. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 346 – 347).
Es por eso que las revelaciones hechas por Wikileaks cobraron tanto valor a nivel mundial, no solo porque hablaban de casos importantes para el mundo entero, sino porque estas revelaciones estaban sustentadas con pruebas reales, con videos, con documentos oficiales que las hicieron creíbles y que marcaron el comienzo de un nuevo fenómeno para la información y un desafío para los Estados. Pero solo desde una posición de independencia creíble puede esta independencia apostarse de forma ocasional a un apoyo político franco y oportunista o a un trato financiero oculto a cambio de respaldo, mediante la difusión o supresión de información.
Esta autonomía de los medios, arraigada de sus intereses comerciales encaja bien con la ideología de la profesión y con la legitimidad y la dignidad de los periodistas. Ellos informan, no toman partido. La información es fundamental, los análisis de las noticias deben estar documentados, la opinión debe estar regulada y el distanciamiento es la regla. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 346 – 347).
Aunque dicho distanciamiento de los medios hacia el Estado es parcial pues estos deben estar próximos a la política y al gobierno, lo bastante próximos como para acceder a la información, para beneficiarse de la regulación y, en muchos países, para recibir subsidios considerables. Por otra parte, deben ser lo suficientemente neutrales y distantes como para mantener su credibilidad, siendo de este modo los intermediarios entre ciudadanos y partidos en la producción y consumo de flujos de información e imágenes, que son la base de la formación de la opinión pública, el voto y la toma de decisiones políticas. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 348). Resulta un poco confusa esta dinámica entre los medios y el Estado, pero es claro que se necesitan el uno al otro para poder sobrevivir, porque sin la información que viene del Estado los medios de comunicación simplemente servirían para entretener pero perderían su misión que es la de informar sobre acontecimientos de relevancia social.
Si se mira por un momento la dinámica de acción de Wikileaks y de sus filtraciones se puede ver como seguía la línea descrita anteriormente, ya que si bien sus revelaciones eran de material confidencial y secreto nunca se vio un juicio de valor emitido sobre esos documentos o sobre las filtraciones, simplemente se suministraba la información a las grandes cadenas de noticias y estas del mismo modo las publicaban sin emitir juicios de valor, sino sencillamente cumpliendo con el fin que en ultimas rige a los medios de comunicación que es el de informar.
Una vez que la política es apresada por el espacio de los medios, los propios actores políticos cierran el campo de la política de los medios organizando la acción política fundamentalmente en torno a los medios: por ejemplo, filtrando información para favorecer un proyecto personal o político determinado. De forma inevitable, esto conduce a contra filtraciones, con lo cual los medios se convierten en el campo de batalla en el que las fuerzas y personalidades políticas, así como los grupos de presión, tratan de debilitarse mutuamente, para recoger los beneficios en las encuestas de opinión, en las urnas, en los votos parlamentarios y en las decisiones
del gobierno. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 348). Este tipo de dinámicas eran llevadas a cabo por los propios Estados para un objetivo determinado, pero al aparecer un actor como Wikileaks dentro del escenario internacional, esto genera inseguridad y pérdida de poder ya que el control de la información filtrada no está aprobada por los Estados afectados y eso genera perdida de información, pérdida de credibilidad e inseguridad para el gobierno mas no para la población civil.
Lo que es importante en cuanto al manejo de la información y en cuanto a la información misma es que sin la presencia activa de los medios, las políticas, las propuestas, las elecciones y los diferentes movimientos del Estado no tienen relevancia, no se dan a conocer y no generan el impacto que se espera, además, es preciso aclarar que la política de los medios no es toda la política, pero toda la política debe pasar a través de los medios para influir en la toma de decisiones. Al hacerlo, queda fundamentalmente encuadrada en su contenido, organización, proceso y liderazgo por la lógica inherente del sistema de medios, sobre todo por los nuevos medios electrónicos. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 349).
Un ejemplo de cómo se ha transformado la política a causa de los medios es la estadounidense que en las últimas tres décadas del siglo XX ha sido el resultado de tres procesos interconectados: a) el declive de los partidos políticos y de su papel para seleccionar candidatos; b) el surgimiento de un sistema de medios de comunicación complejo, centrado en la televisión pero con una diversidad creciente de medios flexibles, interconectados electrónicamente; y c) el desarrollo del marketing político, con encuestas de opinión constantes, sistemas de retroalimentación entre la votación y la política, comentarios en los medios de comunicación, propaganda selectiva por correo informatizado y bancos de teléfonos, y los ajustes en tiempo real, de los candidatos y los temas, a estos tres procesos se les suma que el papel político de los medios de comunicación ha evolucionado considerablemente en las tres últimas décadas, en cuanto a tecnología como en cuanto a organización (Castells, Manuel. 1942. Pág. 350 - 351) y en cuanto al
manejo y la importancia que le da la sociedad civil a los diferentes medios que poseen para acceder a la información.
La televisión, los periódicos y la radio operan como un sistema, en el que los periódicos suelen informar de un hecho y desarrollarlo, la televisión lo dirige y lo difunde a una audiencia amplia y las tertulias radiofónicas proporcionan una oportunidad para la interacción de los ciudadanos y para el debate partidista personalizado sobre los temas suscitados por la televisión (Castells, Manuel. 1942. Pág. 351) y esta era la dinámica que se daba en lo que se refiere a métodos de transmisión de información y al ser solamente tres medios los que tenía que controlar el Estado era más fácil y se limitaba a controlar la información dentro de su territorio, pero el problema que surge ahora es que la aparición de internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes, las tablets, los computadores portátiles y demás han generado que la información del tipo que sea tenga el poder de la ubicuidad que hace algunos años solo tenía la radio. Redes sociales como Twitter proporcionan inmediatez y adicionalmente a ello no existe problema con las fronteras, nacionalidades, religiones e ideología política, simplemente se comparte la información, sea la que sea y el usuario selecciona lo que le interesa conocer y los Estados no pueden censurar la información que circula en un medio como este o en la red, por varias razones, pero la principal es porque estaría violando el derecho a la información y porque no es dueño de esa información, además al restringir el acceso a la información estaría restringiendo su propio escenario político. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 342).
El simple hecho de que los propios medios sean capaces de dar una noticia en cualquier momento debido a la información ininterrumpida representa un reto para los medios porque esto significa que deben estar constantemente alerta, codificando y traduciendo toda decisión política al lenguaje de la política de los medios y midiendo los efectos (Castells, Manuel. 1942. Pág. 342) de la información transmitida y es por eso que al aparecer información como la suministrada por Wikileaks, con las pruebas
que la hacían veraz, le brindaban a los medios una herramienta para publicarla y para argumentar que era verdadera y que ellos simplemente cumplían con su obligación, que no es otra que la de informar. Pero esta independencia y facilidades para transmitir información sin control del Estado es un fenómeno realmente nuevo ya que la diversificación y descentralización de los medios tuvo su alcance hasta la década de los noventa y como resultado de ello su dominio de las actitudes y de las conductas políticas se hizo más amplio. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 343)
Castells nos dice que, “A las noticias les interesa el acontecimiento, no la condición
subyacente; la persona, no el grupo”. Solo las “malas noticias” relativas a un
conflicto, drama, tratos ilegales o conductas objetables son noticias interesantes. Puesto que las noticias se construyen cada vez más para que se equiparen a los espectáculos de entretenimiento o a los acontecimientos deportivos (y compitan con ellos), su lógica también lo hace. Requiere drama, suspenso, conflicto, rivalidades, codicia, engaño, ganadores y perdedores y, si es posible, sexo y violencia. Siguiendo el ritmo y el lenguaje de los deportes, se informa “de la política como carrera de caballos”, como de un juego interminable de ambiciones, maniobras, estrategias,
contra estrategias, con la ayuda de confidencias privilegiadas y encuestas constantes de opinión de los mismos medios. (Castells, Manuel. 1942. Pág. 354).
En este apartado encontramos que Wikileaks es un fenómeno que surge debido a la transformación en los medios de comunicación, cómo estos son desligados del control estatal y cómo tanto los medios como la información han adquirido un poder individual que no depende de nadie y que no le rinde cuentas a nadie. Esta libertad, independencia, globalización e interconexión es la causa última del éxito de Wikileaks.