Si ya has comprendido que el mundo onírico es un lugar compuesto de muchos lugares podrás plantearte la idea de que es posible interaccionar con esos lugares.
Es posible cambiar, destruir, modelar y construir.
Por eso, la primera acción que puedes realizar en el onírico es construir un sitio especial para ti. Llámalo refugio, casa, baticueva o como te apetezca. Yo lo llamo laboratorio.
Es interesante construir este sitio desde que comienzas tus primeros pasos como explorador onírico o como onironauta.
Es sencillo construir. Basta con darte cuenta de que todo cuanto un ser humano pueda imaginar se vuelve tangible en el mundo onírico.
Así que vivimos construyendo constantemente.
Esto es hasta tal punto así que, como dije en el capítulo anterior, podemos reconocer muchos lugares en el mundo onírico que son realmente nuestros. Esos lugares son nuestra propia psiquis.
Casi todo el mundo recordará haber soñado alguna vez con determinados sitios que ha vuelto a visitar oníricamente en diferentes momentos de su vida.
Habitualmente estos sitios tienen la forma de pueblos, ciudades, calles o casas. No es extraño puesto que es la forma en la que vemos y concebimos nuestro mundo.
Lo particular es que podemos reconocer calles o zonas (incluso personajes) que hemos visitado más de una vez sin importar los años físicos que hayan transcurrido entre el recuerdo de una visita y otra.
Podemos decir que esa es “tú” ciudad, “tus” calles, “tu” país o, incluso, “tu” mundo.
Son lugares tan reales como la calle en la que estás empadronado en el mundo físico.
Son lugares tan reales como lo es toda tu psiquis que, no olvides, determina todo cuanto eres y prácticamente todo cuanto te sucede a lo largo de tu vida.
Podrás explorar esos sitios a fondo una vez que reafirmes tu habilidad para mantener la lucidez en ese mundo onírico. Comprobarás que se trata de un mundo enorme construído a lo largo de vastas unidades de tiempo oníricas o, si quieres, tiempo psicológico.
Ese mundo interior o mundo psicológico tuyo que se superpone o se incluye al mundo onírico es tan grande como cuanto puedas deducir de esos otros mapas de tierras psicológicas expresados en los mitos clásicos. Recuerda, por ejemplo, los viajes de Ulises en la Odisea. A poco que tengas experiencia en este tipo de exploración onírica te darás cuenta que Homero y tú no os encontrais tan distantes. Ahora te voy a sugerir que empieces a liberarte de tus limitaciones y pongas manos a la obra para construir tu propio laboratorio. Te será muy útil porque encontrarás en ese lugar un excelente punto de partida para realizar innumerables experiencias. O, simplemente, para ir a ese sitio especial y encontrarte a gusto. Encontrarás que se transformará en un elemento decisivo y equilibrador en toda tu vida.
¿Cómo construyo mi propio laboratorio?
Si ya te estás moviendo lúcidamente en el onírico bastará simplemente que recuerdes tu idea y tu proyecto. La materia onírica irá adoptando la forma que tu desees.
Como es algo muy útil incluso si estás empezando en esto te sugiero que aproveches las ventajas de la zona Umbral (la puerta) para construirlo.
Simplemente vete construyéndolo mientras te encuentras en esa zona a la hora de irte a dormir o en el momento de despertar.
Hazlo como quieras y como te guste. Más tarde irás añadiendo muchas otras cosas y guardando en él objetos que te serán de utilidad.
Como ves, no estoy dándole muchas vueltas y adornando con explicaciones supérfluas este asunto. Es fácil. Basta ponerse a ello.
Te describiré mi laboratorio:
Se trata de un refugio tipo loft (sin divisiones) semienterrado en lo alto de una montaña. Está abierto en uno de sus frentes al mar. El techo dispone de una abertura amplia, acristalada, por donde entra la luz. Le he dado una forma (a esa superficie acristalada superior) similar a la de la pirámide de cristal que se encuentra en el museo del Louvre en París. Sobre su vértice he dispuesto un soporte metálico en el que puedo colocar diversos objetos con el fin de realizar experimentos con la luz. No es necesario que detalle este asunto porque se trata de algo personal que no debe influirte en absoluto.
Bajo esa pirámide de cristal tengo un cómodo sofá giratorio. También hay algunos otros muebles y sitios en los que guardo algunas cosas. Hay también asientos cómodos para invitados y una camilla para algunas experiencias relacionadas con diversos métodos de curación que suelo ensayar.
Otra particularidad es que parte de las paredes y el suelo son de la misma roca de la montaña.
Es una descripción somera. Tu laboratorio no tiene que parecerse a este porque lo vas a construir tú a tu manera.
Cada vez que quieras recuperar un estado de armonía, “recargar las pilas” o simplemente encontrarte bien bastará que recuerdes este sitio como si estuvieras allí. Esto lo puedes hacer incluso cuando estás moviéndote con tu cuerpo físico.
Vale, es tu sitio especial. Cada vez que estás allí te encuentras bien. Así que puedes mentalmente situarte allí antes de una entrevista de trabajo, por ejemplo. Ese lugar sigue existiendo estés en el onírico o no. Forma parte de ti. Igual que te puedes encontrar psicológicamente ubicado en un mal lugar cuando sientes que estás “mal” puedes también ubicarte voluntariamente en tu sitio especial para recuperar un estado armónico.
Suelo comenzar muchas de mis exploraciones oníricas desde allí. Quiero decir que lo primero que hago es partir de ese laboratorio. En ocasiones utilzo diversos elementos que guardo allí. También recibo a algunas personas.
Lo particular es que nadie puede encontrar ese sitio si no es con mi permiso. Por tanto, es un lugar realmente especial.
Por tanto, te sugiero que empieces a construir tu propio laboratorio ahora. Irá teniendo mayor entidad a medida que trabajes en él.