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Derecgi a la verdad más allá de la verdad jurídica y del hecho violento víctimas del 16 de mayo 1998

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ANEXO 3

BIBLIOTECA ALFONSO BORRERO CABAL, S.J. DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

FORMULARIO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS DOCTORAL O TRABAJO DE GRADO Derecho a la verdad: más allá de la verdad j urídica y del hecho violento

Víctimas del 16 de mayo de 1998 SUBTÍTULO, SI LO TIENE

AUTOR O AUTORES

Apellidos Completos Nombres Completos

Veloza Cant illo Rocio del Pilar

DIRECTOR (ES) TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

Apellidos Completos Nombres Completos

Solart e Rodríguez Mario Robert o

FACULTAD Ciencias Jurídicas PROGRAMA ACADÉMICO

Tipo de programa ( seleccione con “ x” )

Pregrado Especialización Maest ría Doct orado

X

Nombre del programa académico Derecho

Nombres y apellidos del director del programa académico Pablo José Quintero Delgado

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Abogada

PREMIO O DISTINCIÓN (En caso de ser LAUREADAS o t ener una menci ón especial ):

CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO

NÚMERO DE PÁGINAS

Bogotá D. C. 2014 67

TIPO DE ILUSTRACIONES ( seleccione con “ x” ) Dibuj os Pint uras Tablas, gráf icos y

diagramas Planos Mapas Fot ograf ías Part it uras X

SOFTWARE REQUERIDO O ESPECIALIZADO PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO

(5)

MATERIAL ACOMPAÑANTE TIPO DURACIÓN

(minutos) CANTIDAD

FORMATO

CD DVD Ot ro ¿Cuál?

Vídeo Audio

Mult imedia

Producción elect rónica Ot ro Cuál?

DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS

Son los t érminos que definen los t emas que ident ifican el cont enido. (En caso de duda par a designar est os descr i pt or es, se r ecomi enda consul t ar con l a Secci ón de Desar r ol l o de Col ecci ones de l a Bi bl i ot eca Alf onso Borrero Cabal S.J en el cor r eo bi bl i ot eca@j aver i ana. edu. co, donde se l es or ient ar á).

ESPAÑOL INGLÉS

Derecho a la verdad Right to the truth

Historias de vida Life story

Víctimas Victims

Barrancabermej a Barrancabermej a

16 de mayo de 1998. 16 de mayo de 1998

RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS (Máximo 250 palabras - 1530 caract eres)

Tant o el cont enido del derecho a la verdad como sus mecanismos de implement ación (procesos penales y comisiones de la verdad), son product o de un proceso hist órico y social concret o, mediant e el cual las práct icas j urídicas salt aron al dominio público y se realizaron a t ravés del mét odo de la indagación. Ést a forma de producción j urídica relega a las víct imas y se cent ra en la verdad del hecho violent o del que fueron obj et o. En est e t rabaj o se promueve una reconst rucción de la vida de las víct imas como ej ercicio alt ernat ivo de memoria, en relación a las personas desaparecidas el 16 de mayo de 1998, en la ciudad de Barrancabermej a.

(6)

Derecho a la verdad: más allá de la verdad jurídica y del hecho violento Víctimas del 16 de mayo de 1998

Trabajo de grado para optar al título de abogada

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

Bogotá

(7)

DERECHO A LA VERDAD: MÁS ALLÁ DE LA VERDAD JURÍDICA Y DEL HECHO VIOLENTO VÍCTIMAS DEL 16 DE MAYO DE 1998

Presentado a:

DR. MARIO ROBERTO SOLARTE RODRIGUEZ

Presentado por:

ROCIO DEL PILAR VELOZA CANTILLO

TRABAJO DE GRADO

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS

(8)

RESUMEN

Tanto el contenido del derecho a la verdad como sus mecanismos de implementación

(procesos penales y comisiones de la verdad), son producto de un proceso histórico y social

concreto, mediante el cual las prácticas jurídicas saltaron al dominio público y se realizaron

a través del método de la indagación. Ésta forma de producción jurídica relega a las

víctimas y se centra en la verdad del hecho violento del que fueron objeto. En este trabajo

se promueve una reconstrucción de la vida de las víctimas como ejercicio alternativo de

memoria, en relación a las personas desaparecidas el 16 de mayo de 1998, en la ciudad de

Barrancabermeja.

Palabras clave

(9)

Agradecimientos

Al final el proceso de aprendizaje pasa por el acto de agradecer. Por eso quisiera en breves

palabras decir “gracias” a mis padres Rocio y Rafael por apoyarme durante toda mi vida y

sobre todo en estos años de universidad, el esfuerzo de sus vida son la energía para la mía.

A mi hermana Karen y mi sobrino Hugo por traerme felicidad y enseñarme una nueva

forma de amor.

Gracias a mis amigos encontrados en la esta universidad y fuera de ella: a Sergio, a Sara, a

Laura, a Cristina, a Otto, a Juan Sebastián, a Andrea, a Mafe y a Margara. Todos me

acompañaron en estos 7 años de trabajo y han sido soporte en los momentos más

importantes.

Finalmente, quiero darle las gracias a Jonathan Melo quien durante los meses de escritura

me animó, ayudó y acompañó incansablemente.

(10)

NOTA DE ADVERTENCIA

(11)

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN ... 5

  1. MAGDALENA MEDIO Y BARRANCABERMEJA: REGIÓN Y CIUDAD EN DISPUTA ... 7

1.1. REGIÓN DE DEPARTAMENTOS Y CIUDAD DE COMUNAS ... 8

1.2. EL MAGDALENA MEDIO INDÍGENA Y ESPAÑOL: ENTRE LA BARRANCA GRINGA Y LA MESTIZA ... 9

1.3. LUCHAS SOCIALES Y ACTORES: LA TIERRA EN MANOS DE POCOS, TRABAJADORES EXPLOTADOS Y LA POBLACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA 12 1.4. CERRAR EL CANDADO Y APRETAR LA TENAZA: 16 DE MAYO DE 1998 ... 20

2. CONOCIMIENTO JURÍDICO: MODELO DE INDAGACIÓN Y DERECHO A LA VERDAD ... 26

2.1. EL CONOCIMIENTO JURÍDICO PRODUCIDO SOCIALMENTE Y SITUADO EN LA HISTORIA ... 26

2.2. LA INDAGACIÓN: FORMA JURÍDICA QUE RESPONDE A UNA FORMA DE PODER ... 27

2.3. EL DERECHO A LA VERDAD: FINES, CONTENIDO Y MÉTODO ... 32

2.2.1. El derecho a la verdad en los procesos de justicia y paz. ... 35

2.2.2. Subcomisión de Memoria Histórica y el Centro de Memoria Histórica. ... 38

2.4. ESTADO ACTUAL DEL PROCESO JUDICIAL Y MEMORIA OFICIAL ... 41

3. MEMORIA A TRAVÉS DE LA VIDA DE LAS VÍCTIMAS, MÁS ALLÁ DEL EVENTO: SIN JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE ... 44

3.1. POR UNA VERDAD MÁS ALLÁ DEL EVENTO VIOLENTO ... 44

3.2. EL MITO EN EL DISCURSO PÚBLICO Y JUSTIFICACIÓN DE LA VIOLENCIA ... 46

3.3. OTRA FORMA DE VERDAD: EL TESTIMONIO DEL RECUERDO FAMILIAR ... 50

4. REFLEXIONES FINALES ... 57

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 59

(12)

INTRODUCCIÓN

“La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo

recuerda para contarla”

Gabriel García Márquez

El 16 de mayo de 1998, la ciudad de Barrancabermeja (ubicada en la región del Magdalena

Medio) se paralizó, cuando cincuenta1 hombres entraron a los barrios ubicados en la zona

oriental de la ciudad y en medio de un bazar comunitario degollaron a un hombre, mataron

a siete más y se llevaron a veinticinco personas. Hoy a trece años del hecho sólo cuatro de

los plagiados volvieron para ser sepultados por sus familias, mientras diecisiete más todavía

esperan en sus casas los cuerpos, o quién sabe, a sus familiares con vida. Sobre los

desaparecidos, las familias recuerdan mucho más que la masacre, los hijos, esposos, padres

y hermanos aún están en sus vidas, muchas cosas se los recuerdan. Ante un hecho violento

como este, surgieron dos preguntas ¿Cómo las prácticas jurídicas le dan sentido? Y ¿Cómo

le dan sentido las familias de los desaparecidos?

Para responder a la primera pregunta, se fue necesario abordar el asunto de los mecanismos

de producción de verdad de las formas jurídicas, en relación a dos puntos: el contenido y

fin del derecho a la verdad y los dispositivos jurídicos desarrollados para su

implementación, esto es: procesos penales y comisiones de la verdad. Con el fin de

argumentar, de la mano de los postulados de Michael Foucault, que ambos (contenidos y

dispositivos) siguen un proceso social e histórico de racionalización de las prácticas       

1  o quizá treinta o un centenar de hombres, eso no importa y no ha sido esclarecido aún

(13)

jurídicas, de acuerdo con el cual el método de la indagación apareció y fue implementado

en el quehacer jurídico. Con estos hallazgos, fue más fácil responder la segunda pregunta,

en términos de aquello que las prácticas jurídicas no desarrollan y los familiares de las

víctimas si hacen: recuerdan la vida de sus familiares y desde allí le dan sentido a la

masacre, esto supone ir más allá de la pregunta acerca de qué pasó, cómo pasó y quién

perpetró los hechos del 16 de mayo de 1998. Autores como René Girard y Walter Benjamín

fueron consultados con el fin de comprender el proceso que subyace a esta otra forma de

dar sentido a la violencia.

En ese sentido, los objetivos de este trabajo son: narrar el contexto regional de la masacre;

describir el proceso social e histórico que consolidó las formas jurídicas actuales de

producción de verdad y proponer una alternativa de construcción de memoria, que pasa por

reconstruir los recuerdos de los familiares de las víctimas del 16 de mayo de 1998. Para ello

se dividirá el texto en tres capítulos: en el primero de ellos, se hará una contextualización

de la masacre, en la que se describirán las condiciones sociales, económicas y los actores

armados y políticos de la región del Magdalena Medio, en relación con la ciudad de

Barrancabermeja; en el segundo, se describirá la manera en que las practicas jurídicas

fueron monopolizadas por el Estado, de forma que éstas se realizan, actualmente, en el

dominio público y a través del método de la indagación, para luego, establecer la relación

entre éste proceso y el contenido y mecanismos de implementación del derecho a la verdad;

en el tercero, se proponen los puntos teóricos que justifican una nueva propuesta de

construcción de memoria y se desarrollan las historias de vida de dos víctimas de la

(14)

1. MAGDALENA MEDIO Y BARRANCABERMEJA: REGIÓN Y CIUDAD EN DISPUTA

La región del Magdalena Medio desde la colonia ha constituido un espacio límite2 entre el

rio Magdalena que “era (…) la principal vía de comunicación del país con el exterior y

prácticamente del país entre sí” (Molano, 2004, p.26) y los centros de desarrollo nacional

ubicados entre las cordilleras central y oriental. La calidad de espacio límite ha generado,

por un lado, que sea un territorio marginado por el Estado y por el otro, que la región sea

objeto de permanente disputa entre diferentes actores políticos, económicos y armados.

Uno de los epicentros de desarrollo de la región es la ciudad de Barrancabermeja, en ella

convergen los conflictos históricos y sociales del Magdalena Medio como lo son la división

en dos del territorio entre espacio blanco e indígena o entre espacio normal y marginal; la

disputa por la propiedad de la tierra; las luchas sindicales y finalmente, la guerra por el

control de la población. Uno de los episodios más significativos del conflicto territorial y

por el control de la población entre paramilitares e insurgencia fue la masacre del 16 de

mayo de 1998 en la ciudad de Barrancabermeja.

A continuación se analizará la dinámica regional del Magdalena Medio con relación a la

ciudad de Barrancabermeja pasando por cinco puntos: descripción geopolítica de la región

y la ciudad, historia del poblamiento, situación social actual, luchas sociales y actores

armados y finalmente, se describirá la masacre del 16 de mayo de 1998.

      

(15)

1.1. REGIÓN DE DEPARTAMENTOS Y CIUDAD DE COMUNAS

La región del Magdalena Medio se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las

cordilleras central y oriental; comprende el área que inicia en el municipio de Regidor al

sur de Bolívar, hasta el municipio de Bolívar al oriente de Santander y cobija los

departamentos de Cesar, Antioquia, Bolívar y Santander. Este espacio tiene varios centros

de desarrollo como Aguachica, Puerto Berrio, Puerto Wilches y Barrancabermeja3. Como

es posible advertir la región se constituye por fuera de las divisiones

político-administrativas de los departamentos y abarca territorios que no son homogéneos entre sí

en términos geográficos, económicos o culturales. La región se trata pues de un espacio “en

proceso continuo de construcción; es un escenario de fronteras móviles dentro del cual la

delimitación de su territorio esta siempre sujeta al quehacer histórico de los actores sociales

que allí se expresan” (Alonso citado por Madariaga, 2006, p. 39). Bajo este entendido en

esta zona tradicionalmente se han desarrollado diferentes tipos de actividades económicas

como la extracción de petróleo, ganadería, cultivo agroindustrial de palma de aceite, cultivo

a pequeña escala de cacao, frutales y café y actividades ilícitas como el cultivo y

procesamiento de hoja de coca. Éstas actividades a su vez han determinado la aparición de

diversas culturas: sindical- petroleras, terrateniente-ganadera, campesina y narcotraficante

(Aldana, 2013).

En la parte sur de la región se encuentra ubicada Barrancabermeja, la cual es considerada

un centro de relevo principal esto es, “una ciudad intermedia que no es capital

departamental pero que ejerce una verdadera dirección regional como apoyo al desarrollo

      

(16)

socioeconómico de las diferentes unidades regionales” (IGAC, 2003, p. 110 y 177). La

distribución espacial de Barranca es por comunas, en total son 74 de las cuales sólo 2,

ubicadas en el sector occidental, tienen acceso a los elementos articuladores de ciudad,

como servicios públicos, educación y demás equipamientos. Mientras que las comunas 5, 6

y 7 ubicadas en el sector oriental se caracterizan por “su baja articulación con el sistema

urbano (…) las comunidades allí presentes pertenecen a los estratos 1 y 2 donde se

mantienen mayores condiciones deficitarias en la provisión de servicios sociales básicos –

salud, educación, servicios públicos domiciliarios, etc.” (Molina, 2008, p.342).

En torno a las diferencias entre comunas, en este espacio se configura un fenómeno de

segregación producto de diferentes procesos sociales, cuyas causas se pueden generalizar

en tres: i) la creación de barrios de invasión alentados por procesos de movilización popular

y en casos específicos por milicias guerrilleras urbanas, ii) el poblamiento de zonas

periféricas por parte de desplazados y actores armados y, iii) la de instauración de zonas de

uso exclusivo para empleados petroleros, las cuales tienen un alto perfil socioeconómico5

(Molina, 2008).

1.2. EL MAGDALENA MEDIO INDÍGENA Y ESPAÑOL: ENTRE LA BARRANCA GRINGA Y LA MESTIZA

Desde la llegada y el tránsito de los primero españoles en el siglo XVI, los antiguos

pobladores del Magdalena Medio, de la comunidad indígena Yariguíe, ofrecieron

      

4 Ver anexo 2. Mapa de la ciudad de Barrancabermeja.

(17)

resistencia a diferentes intentos de dominación por parte los blancos, en principio mediante

alianzas familiares6 entre diferentes cacicazgos, que negociaban y permitían el

asentamiento de españoles pobres en la región, y que posteriormente ante intentos de

sometimiento más violentos como las encomiendas, respondieron con una resistencia

armada y frontal.

Según Solarte (2004) los intentos de “pacificación” español respondían a los diferentes

levantamientos indígenas en contra toda forma de control. Los movimientos de resistencia

se pueden constatar en varios asaltos armados a caravanas comerciales, asesinatos a

encomenderos y hasta la exhortación a la resistencia por parte de uno de cacicazgos más

poderosos de la región: el de Martinillo, aun cuando éste se encontraba en prisión. La

resistencia indígena continúo por 350 años hasta 1925, año en que se registra la

desaparición total de la comunidad Yariguíe, tal como se le conocía (Molano, 2004); sin

embargo, la tradición regional de resistencia no desapareció con la forma previa de vida

indígena, ya que muchas tradiciones indígenas fueron incorporadas por el colono que,

desde principios del siglo XX, “llegaba, tumbaba la selva con ayuda de su familia y de

otros colonos ya establecidos, sacaba alguna madera, cultivaba maíz y arroz, cuando se

arruinaba poco a poco y se metía a zonas selváticas más profundas” (2004, p. 47). El

colono, producto de múltiples formas de mestizaje, en particular entre negros e indígenas,

dio continuidad a las tradiciones indígenas a través de diferentes formas culturales, como

son las prácticas de siembra y recolección, la estructura familiar, la medicina tradicional, la

      

6 Estas alianzas se concretaban a través de matrimonios. De hecho, el último intento de los Yariguíes por

(18)

partería y la celebración la fiesta de la virgen del Carmen, que según Solarte (2004) renueva

la antigua comprensión del mundo indígena en las nuevas condiciones de vida.

Por su parte, la historia de poblamiento actual de la ciudad de Barrancabermeja7 puede

rastrearse hasta los años 20 del siglo XX, década en la que empresa petrolera Tropical Oil

Company se asentó en esta urbe y creó barrios exclusivos para los empleados extranjeros,

que se ubicaban al occidente de la ciudad, del ‘puente para acá’, el cual fue cercado con un

alambre de púas (Serrano citado por García, 2006, p.262). El alambre dividió la vida de la

ciudad: dentro de la púas8 vivía la ciudad que tenía acceso a una serie de equipamientos

urbanos, como casas para los obreros, hospitales y colegios, mientras la otra Barranca

crecía a punta de las personas venidas del campo y de otras regiones atraídas por la

posibilidad de vivir del petróleo. Para los años 80, los sitios urbanizables se agotaban y la

ciudad creció en los barrios de periferia de la zona oriental. En este lugar se inició un

amplio proceso de movilización social de aquellos que, excluidos espacialmente de la

ciudad, buscaban hacer parte de ella.

Así históricamente tanto la región como la ciudad se han construido bajo procesos de

diferenciación radical que patenta el binomio indígena-blanco o mestizo-blanco, esta forma

de segregación tiene implicaciones en la actualidad: por un lado los departamentos que

tienen jurisdicción sobre el Magdalena Medio han desatendido estas zonas considerándolos

el patio de atrás y por su parte, la Barrancabermeja que crece al otro lado de la vía férrea ha

sido estigmatizada como violenta y marginal (Molina, 2008).       

7 Antes la ciudad era conocida como Puerto Santander.

(19)

El Magdalena Medio ha sido catalogado como una “región en construcción”9 (García citada

por Vásquez 2006, p. 320) lo que implica que su población ha sido desatendida por el

Estado y que su condiciones de vida han sido precarias, sin acceso a servicios públicos

básicos o a infraestructura. Para el año 2007, el 75% de sus habitantes vivían en

condiciones de pobreza. La situación era más marcada en el sur de Bolívar, en donde al

menos el 90% de los pobladores tenían necesidades básicas insatisfechas (PDPMM, 2008,

p.57).

Tal condición regional de marginalidad hace eco en la disposición espacial de la ciudad de

Barrancabermeja, que tradicionalmente ha estado separada por el puente que separa la vía

férrea o por alambre de púas, ha concentrado los equipamiento urbanos en las comunas 1 y

2 (ubicadas en el sector occidental) que agrupan únicamente el 24,8% de la población,

dejando desprovistas de ellos a las otras cinco comunas, entre ellas la comuna 7 lugar

donde se realizó la masacre del 16 de mayo de 1998 (Molina, 2007. P. 261).

1.3. LUCHAS SOCIALES Y ACTORES: LA TIERRA EN MANOS DE POCOS, TRABAJADORES EXPLOTADOS Y LA POBLACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA

La histórica marginalidad de la región y la forma violenta en que fue colonizada se puede

constatar en diferentes problemas y luchas sociales que se han dado en ella. Los principales

focos han girado en torno a la estructura desigual de propiedad de la tierra, las precarias

condiciones de vida de los empleados de proyectos industriales de enclave y,

      

(20)

recientemente, por el control sobre la vida de los pobladores de la región por parte de

actores armados.

El primero de estos conflictos, el de la tierra y su forma de distribución tiene varias causas,

entre ellas la falta de seguridad jurídica en la propiedad de la tierra y la concentración de

ésta en manos de pocos, patentando así el modelo de latifundio versus minifundio. Para los

años 80 se calculaba que “de unos 57.000 predios rurales, 38.000 eran minifundios, lo que

representaba unas 200.000 personas. Cerca del 70% de las fincas ocupaban el 12% del área

de la región, lo cual significaba que el 30% de los predios ocupaba el 88% de la tierra, la

mayoría dedica a la ganadería extensiva” (Molano, 2004, p.58).

Análogamente, en Barranca la necesidad de legalizar la propiedad sobre los barrios de

invasión de la zona oriente, así como ampliar la cobertura de servicios públicos en esta

zona10, también ha sido un problema que ha dado lugar a diferentes movilizaciones

sociales: en 1975 se conformó el Movimiento Cívico, Obrero y Campesino, en 1980 la

Coordinadora de Solidaridad y en 1981 se creó la Coordinadora del Sector Nor-oriental y

en 1982 la Coordinadora Popular (Proyecto Nunca Más, p.3 y 4).

Por su parte, el conflicto laboral y la lucha sindical en la región se puede datar en los años

20, época en la que los movimientos obreros en la región aparecieron de la mano de la

actividad petrolera. La Sociedad Unión Obrera (primera denominación de la USO) es uno

de los antecedentes históricos del sindicalismo regional, que entre sus primeras

      

(21)

movilizaciones demandaban “aumento salarial, jornada laboral de ocho horas, respeto a la

propiedad de los colonos campesinos en las zonas de actividad petrolera y libertad para leer

la prensa” (Molano, 2004 p. 29). Muchos fueron los levantamientos obreros registrados en

los enclaves petroleros: en 1947, 1971, 1975, 1988 y 1990. Entre ellos cabe destacar los de

1947, que derivaron en la creación de la empresa estatal ECOPETROL y los realizados en

los cinco primeros años de 1990, en los cuales “el 69% tuvo como epicentro Barranca, el 14

% fue en las empresas palmeras de Puerto Wilches y 8 % en las cementeras de Puerto Nare.

Más de la mitad (el 56%) de las huelgas se originaron por protestas de carácter político en

defensa de la vida y los derechos humanos” (Molano, 2004 p. 60).

De la mano de un modelo injusto de tenencia de la tierra y de la necesidad de formalizar las

condiciones laborales de los empleados petroleros varios movimientos sociales, en esta

región y en distintas épocas, se han movilizado. Por citar algunos: Asociación Nacional de

Usuarios Campesinos (ANUC), Asociación de Campesinos del Valle del Rio Cimitarra

(ACVC) y Unión Sindical Obrera (USO). Estos movimientos han tenido entre sus

principales demandas el acceso a la tierra, la no privatización de las industrias extractivas,

el reclamo por condiciones laborales dignas y más recientemente el respeto al derecho a la

vida.

Esta última demanda surge con la agudización del conflicto en los años 90, que en el

Magdalena Medio tomó como objetivo a la población y se concretó en una lucha por su

control y el de sus territorios por parte varios actores armados como las FARC, el ELN, el

Paramilitarismo y el Estado colombiano, representado por las Fuerzas Armadas. La historia

(22)

Por una parte, la aparición de las guerrillas en el Magdalena Medio data de los años 60,

momento en que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) apareció en escena con el asalto

a Simacota en 1966 (Vásquez, 2006, p. 326), al tiempo que las Fuerzas Armadas

Revolucionarias de Colombia (FARC) se expandieron en la región a través de su cuarto

Frente. Ambos grupos armados lograron un importante auge en la zona durante las décadas

de los años 60, 70 y 80. En este último periodo su influencia acrecentó, dado que lograron

entroncar su movimiento con las luchas sociales de los pobladores (Vásquez, 2009, p. 323),

es decir, los movimientos sociales compartían una agenda política que en algunos aspectos

podría considerarse cercana a los ideales guerrilleros y, ante la inexistencia del Estado, las

guerrillas habían logrado dar orden al territorio y a la vida de los habitantes. No obstante,

para los años 90 la dinámica de guerra se transformó notablemente, tal como lo indica

Vásquez, ya que entre 1990 y 2002 fue mayor el número de acciones contra civiles y menor

el número de acciones bélicas, lo que podría indicar que la guerra se estaba librando a

través de la población civil (2009). Si bien las guerrillas no eran el actor que ocupaba el

primer lugar en las violaciones a los derechos de la población civil, para este decenio el

ELN era el segundo actor armado que participaba en los ataques a no combatientes, se les

atribuía un 27% de este tipo de acciones (Vázquez, 2009), mientras que las FARC

participaron en un 7,4 % de las violaciones. Esta nueva relación entre pobladores y guerrilla

responde entre otras al tratamiento draconiano que éstos últimos habían empezado a

implementar contra aquellos, uso de la fuerza que incluía secuestros, asesinatos selectivos y

boleteo11, en ese sentido una víctima se expresa:

Por la orilla del caserío pasaban los remolcadores del ejército, y esa gente de la guerrilla se ponía brava cuando llegaba el ejército allá. En ese entonces, el que era       

(23)

presidente de la junta les hacía sancocho a los del ejército, en agradecimiento por el ACPM que nos regalaban para la planta que teníamos en la vereda. La guerrilla decía que no lleváramos nada, que pidiéramos todo, pero que no lleváramos nada. Por eso, para la guerrilla él era un sapo, que jugaba a dos caras, y así nos lo hicieron saber el día que lo mataron en frente de nosotros (Angarita, 2009, p. 95).

Por otro lado, el paramilitarismo como actor y fenómeno de guerra ha sido una constante en

la región, sin embargo, para dar cuenta de sus características y de las relaciones que ha

entablado con la población civil y con otros actores armados, es necesario hacer varias

salvedades. En primer lugar, algunos autores como Nieto y García (2008) han intentado dar

continuidad entre las autodefensas de los años 60 y el paramilitarismo que surge en los años

80 y se consolidó en los años 90, ya que ambas formas armadas tenían como característica

común el asocio con el Estado para llevar a cabo sus acciones, no obstante, no es posible

asimilar totalmente ambos fenómenos.

En segundo lugar, las autodefensas de los años 60 surgieron amparadas por el Estado

colombiano a través del Decreto 3398 de 1965 y de la Ley 48 del mismo año, estas normas

permitían la organización de la sociedad civil en procura de la defensa nacional, en ese

sentido según el artículo 25 del Decreto 3398 de 1965: “Todos los colombianos no

comprendidos en el llamamiento a servicio militar obligatorio, podrán ser utilizados por el

Gobierno en actividades y trabajos en los cuales contribuyan al restablecimiento de la

normalidad”, de manera que las autodefensas nacen en el marco de la política de seguridad

nacional implementada en el frente nacional y su objeto era que las Fuerzas Militares

actuaran conjuntamente con la población civil, en ese sentido, el actuar de las autodefensas

tenía un carácter reactivo frente a las fuerzas armadas guerrilleras y su poder hegemónico, y

(24)

de agentes privados como terratenientes y ganaderos, que veían amenazado su poder

económico y político.

El paramilitarismo de los años 80, presenta algunas continuidades pero también notables

diferencias con las autodefensas, ya que éste es producto de la alianza entre ganaderos,

narcotraficantes y Fuerzas Militares (Nieto & García, 2009), mientras que aquellas no

contaban con la participación del narcotráfico y estaban oficialmente ligadas a las

actividades de seguridad del Estado.

El episodio hito con el que suele referenciarse el surgimiento del paramilitarismo en este

territorio es el piloto anticomunista que se desarrolló en el municipio de Puerto Boyacá,

donde el partido político Movimiento de Restauración Nacional12 (Morena), liderado por la

Asociación de Ganaderos del Magdalena Medio (Acdegam), a través de su brazo armado

logró sacar de su territorio a las guerrillas de las FARC y ELN. Los paramilitares de Puerto

Boyacá de los años 80 representaban un modelo reaccionario (Duque citado por Vázquez,

2008, p.337), cuya agenda en principio se centró en que élites económicas y políticas

locales recuperaran el poder perdido, a través de mercenarios o ejércitos privados que

acompañaban a militares en allanamientos y detenciones en medio de la lucha contra

insurgente (Medina, 1990, p. 184), pero que pronto transformó su perfil reactivo y

desarrollo métodos ofensivos y preventivos, encaminados a diversos objetivos, que

respondían a los intereses de los actores aliados.

Lo anterior encuentra razón en que el paramilitarismo es una máquina de guerra en

expansión, compuesta por “empresarios de la coerción” que, según Romero, se identifican       

12 Uno de sus líderes más notable era Iván Roberto Duque Gaviria, alias Ernesto Báez quien fue judicializado

(25)

como “individuos especializados en la administración, despliegue y uso de la violencia

organizada, la cual ofrecen como mercancía a cambio de dinero u otro tipo de valores”

(2003, p.17), lo que implica que este actor armado encuentra sus motivaciones en diversos

factores, no únicamente de contrainsurgencia, sino también en formas ideológicas concretas

en lo económico, de estatus y control social. Más específicamente, el paramilitarismo es

una forma de violencia que discursivamente se presenta como contrainsurgente pero que,

por los métodos desarrollados para controlar a la población civil y a los movimientos

sociales del Magdalena Medio, puede agenciar cualquier tipo de pretensión política.

Lo anterior hace necesario precisar los posibles intereses del nuevo actor político presente

en la configuración del paramilitarismo, esto es el narcotráfico, el cual en los años 80 se

perfilaba como un poder económico que fue adquiriendo relevancia gracias a la compra de

tierras para el lavado de activos, particularmente en el Magdalena Medio. Es posible

establecer una relación cercana entre narcotraficantes o sus testaferros y en la nueva

configuración del territorio (Tate & College, 2009) caracterizada como ya se dijo, por una

alta concentración de tierra en manos de pocos. De acuerdo con Reyes, los narcotraficantes

adquirieron grandes extensiones de tierra con el fin de aumentar su estatus social y

salvaguardar sus ganancias (citado por Tate & College, 2009).

Con todo, la entrada de este nuevo agente económico reconfiguraría las formas de uso de la

tierra en el Magdalena Medio, dado que el modelo narcotraficante fue un determinante en

el incremento inflacionario de los precios de la tierra, disminución el uso agrícola del suelo

y el aumento de tierras improductivas, pero, además, el narcotráfico jugó un papel

(26)

adelantada en décadas anteriores o de facto por algunos campesinos. Los testimonios de las

victimas al respecto confirman estas afirmaciones:

Por aquí llegó un terrateniente para quitarnos esto pero no lo dejamos. Aquí estuvo el MOIR y la Unión Patriótica, hicimos los contactos, y ellos nos dijeron que para adquirir estos lotes debía fundamental el terruño, en la misma propiedad hacer una vivienda, del territorio donde la teníamos, y así lo hicimos. Ellos nos embarcaron y se fueron, nos animaron y lo demás lo hicimos nosotros. Yo cogí un cuaderno y me puse a mandarle cartas a las personas trabajadoras que no poseían tierra para que poseyeran su pedazo, medimos el frente y cada quien se le dio cincuenta metros, para atrás se amplía más, va hasta el monte, así esto quedó parcelado. Esta tierra la reclamaban, dicen que era de una ganadera, pero tenía muchos años de no aportar un peso al catastro, por eso estas tierras eran baldías. Cuando llegó el terrateniente nosotros estábamos bien apoyados, bien unidos y fuimos a la misma alcaldía, la invadimos para que nos arreglara “el chico” (…) Esto acá no lo podemos dejar solo, pero con la violencia nos tocó. (Angarita, 2007, p. 102)

Finalmente, otro actor armado presente en el conflicto del Magdalena Medio son las

Fuerzas Armadas de Colombia, que desde 1960 hacen presencia en la zona, primero a

través de compañías temporales encargadas de controlar las protestas sociales producto de

la violencia partidista y posteriormente, a través de comandos y brigadas móviles que

enmarcaban su avance en la lucha antisubversiva. Para los años 90, el ejército hacía

presencia a través de la II División, Brigadas XIV, V y Móvil N° 2 y los batallones Luciano

D’Elhuyar, Rafael Reyes, Nueva Granada, Calibio, Caldas, Bomboná y Bárbula (Romero,

1994, p. 138). Para este decenio la Fuerza Pública ocupa el tercer lugar en ataques directos

a la población civil, con un 12, 8%, lo cual encuentra razón en “las operaciones encubiertas

y la red de sicarios que cometió una seguidilla de asesinatos selectivos y desapariciones

forzadas puesta en marcha en Barrancabermeja y su área de influencia” (Vázquez, 2006, p.

351) y también, las operaciones que desarrollaron las fuerzas militares luego del secuestro

(27)

comparte con el paramilitarismo de los 90, dado que no necesariamente su asocio hace

parte de la empresa contra la guerrilla, puesto que es posible registrar su injerencia en

“escuadrones de la muerte” que buscaban reprimir los movimientos de oposición política y

social, como fue el caso del comandante de la V Brigada del Ejército, Fernando Millán,

quien fue investigado y condenado por su participación en los escuadrones de la muerte. (El

Tiempo, 1998). Para Nieto y García, algunas facciones radicales del ejército participan de

estas acciones como parte de su afán por derrocar a las guerrillas y salvar su honor, pero

estos argumentos resultan poco convincentes si se tienen en cuenta las formas de violencia

contra la población civil y el recrudecimiento del conflicto en busca del control social.

1.4. CERRAR EL CANDADO Y APRETAR LA TENAZA: 16 DE MAYO DE 199813

La masacre del 16 de mayo de 1998, ocurrió en la ciudad de Barrancabermeja, cuando un

grupo de 50 hombres armados con fusiles Galil y subametralladoras M.P.5, llegaron a las

comunas ubicadas en el sector oriental de la ciudad y se llevaron a 42 personas en dos

camionetas robadas. El recorrido que siguieron los paramilitares inició en un bazar que los

habitantes del barrio El Divino Niño habían organizado con el fin de recaudar fondos para

el grupo de danzas del sector. En este lugar los paramilitares se llevaron a 18 personas entre

los 16 y 26 años. Luego se desplazaron a la cancha “La Campiña” y en medio de un

campeonato de minitejo se llevaron a 3 personas más. Horas más tarde en el barrio Nueve

de Abril, los hombres armados capturaron a otras 5 personas y finalmente, camino a la zona

      

(28)

nororiental de la ciudad en tres paradas tomaron a 20 más (El Tiempo, 18 de mayo de 1998,

p. 6 y 7).

La masacre fue objeto de un amplio cubrimiento de prensa, gracias al importante

movimiento social que se organizó con tres propósitos: el primero, exigir la entrega con

vida de los “secuestrados” que se habían llevado los paramilitares, el segundo, denunciar la

participación de las Fuerzas Armadas estatales en los hechos y finalmente, pedir la

realización de un Consejo de Ministros en la Ciudad. Para ello, la comunidad barrameja

invitó a un paro cívico que inició el 18 de mayo de 1998 y se prolongó hasta el 28 de mayo

de 1998 (El País, 28 de mayo de 1998, p. 2 A).

En este lapso de tiempo dos sucesos importantes se dieron: en primer lugar, se realizó un

consejo de seguridad al que asistió el Ministro de Interior de la época, donde se crearon dos

comisiones investigadoras, una comisión de búsqueda y otra encargada de judicializar e

individualizar a los responsables, en segundo lugar, se confirmó por parte del Consejero

Presidencial para la Paz de la época, José Noé Ríos14, que las autodefensas eran las

responsables de la masacre y la desaparición de las personas, versión que se conoció por un

comunicado en que los paramilitares solicitaban a los familiares de las víctimas la entrega

de una fotografía de cada uno (El Mundo, 28 de mayo de 1998, p.8).

El 29 de mayo, luego de que informó a la opinión pública sobre la autoría de los hechos, el

presidente Ernesto Samper visitó la zona, el mandatario se reunió con las familias de las

víctimas y prometió gestionar la liberación de éstas a través del Consejero (El Espectador,

      

(29)

29 de mayo de 1998, p.10 A). Más tarde, el día 5 de junio se conoció que los paramilitares

juzgaron a las personas plagiadas y, tras encontrar que tenían vínculos con las guerrillas,

fueron asesinadas, tal como lo transcribe el diario El Colombiano en noticia titulada “Se

confirma el horror en Barrancabermeja”, el paramilitarismo comunicó que “los retenidos

fueron escuchados, sometidos a juicio y sus cadáveres fueron incinerados” (p.6 D).

Frente a la versión paramilitar, dos actores reaccionaron: por un lado, los familiares de las

víctimas, y por el otro, los grupos guerrilleros de las FARC, el ELN y el EPL. Los

familiares de las víctimas aseguraron que éstas no pertenecían a ningún grupo armado, ni

siquiera político y pidieron ver los cuerpos de sus seres queridos porque sin ellos no

creerían que estuvieran muertos. Así lo expresó una de las madres en una crónica del día 5

de junio de 1998, titulada “Tengo fe de que está vivo”: “El señor sabe que mi hijo es

inocente. El que lo haya llevado que lo investigue, él es un ‘pelao’ que toda la vida ha

trabajado, yo tengo fe en Dios de que él está vivo, que él me lo ha guardado en el hueco de

la mano” (El Tiempo, p. 7 A). Y por su parte, las guerrillas desmintieron la versión

paramilitar sobre los vínculos entre las víctimas y la subversión. Según lo registra la noticia

titulada ‘“No eran nuestros”: guerrilla’del periódico El Colombiano, que decía “El Frente

Urbano Resistencia Yariguies, del ELN, así como los frentes 24 de las FARC y Gilberto

Zambrano, del EPL, negaron ayer que las víctimas de la matanza paramilitar pertenecieran

a sus filas, como aseguró el grupo de autodefensa que los asesinó” (06 de junio de 1998, p.

13 A).

Entre las versiones que iban y venían, el 8 de junio de 1998 los familiares de las víctimas,

(30)

simbólico y una marcha por la ciudad, cuya crónica “Barranca prepara funeral simbólico”

aparece reseñada en periódico El Colombiano que decía:

Los 25 ataúdes en fila llenaban la calle. Adentro, en la sede de la Unión Sindical Obrera USO –en el centro de la ciudad (…) Afuera, el sol golpeaba con más fuerza. Eran las 2:00 de la tarde y Patricia completaba seis horas de estar parada al lado de un féretro que espera los despojos mortales de su esposo.

Fijaba su mirada donde estaría ubicada la cabeza, pero apenas podía acariciar una fotografía. Nadie la acompañaba. Se sentía sola, mucho más que cuando escuchó en un extra noticioso que las 25 personas secuestradas por un grupo paramilitar, el pasado 16 de mayo, habían sido asesinadas e incineradas. (…)

Con todo, todos en Barranca sentían la pena de esta muchacha, al punto que era constante el desfile ritual en la velación simbólica, que convertía casi en un (sic) protesta silenciosa. No creían en la promesas del Gobierno Nacional de castigar a los responsables de la matanza. (El Colombiano, 6 de junio de 1998, p. 12 A)

Pero la batalla de las familias por llevar a cabo su duelo apenas comenzaba: el 20 de junio

de 1998, el periódico El Tiempo informó sobre las protestas de las madres de las víctimas

pidiendo la entrega de los cuerpos de éstas, protestas que se repetirían una vez más el día 04

de agosto de 1998, con un paro cívico convocado luego de una segunda masacre perpetrada

el 03 de agosto de 1998. Finalmente, el 25 de agosto de ese año, el paro cesó y fue

reemplazado por una comisión permanente de búsqueda de los desaparecidos.

Aquí es importante señalar que la masacre del 16 de mayo no es un hecho ajeno a la

dinámica regional de los actores políticos armados y no armados que hacían y hacen

presencia en el Magdalena Medio desde los años 80. La ciudad resultaba un punto

geoestratégico fundamental para el control de la economía petrolera y de los movimientos

sociales que hacían presencia allí. Dan cuenta de ello varios factores: en primer lugar, para

(31)

urbano en la región del Magdalena Medio se realizaron en Barranca15 (García, ibídem), lo

que implica que Barranca tenía una amplia capacidad de movilización civil política. En

segundo lugar, para el momento de los hechos, en la zona oriental de la ciudad hacían

presencia el frente urbano Resistencia de Yariguíes del ELN, los frentes XXIV y XLVI y

el frente Gilberto Zambrano del EPL y según pobladores de la zona circulaba un rumor de

acuerdo con el cual Carlos Castaño (Comandante del grupo paramilitar de las Autodefensas

Unidas de Colombia, AUC) había asegurado que se ‘tomaría un tinto’ en territorio del

ELN. Para ello, los paramilitares habían iniciado acciones incursionando en el sur de

Bolívar, se habían establecido en Sabana de Torres y pretendían cerrar el ‘candado’ con la

toma de Barranca. La ciudad era entonces un territorio en disputa para los actores armados.

Lo anterior lo han señalado varios autores, pues ésta era la única zona del Magdalena

Medio en la que no había presencia paramilitar permanente (Archila citando a Isacson,

2006,). Incluso esto fue advertido por las organizaciones sociales defensoras de derechos

humanos presentes en la ciudad, como Credhos; según esta ONG existía un plan para sitiar

Barrancabermeja, mediante la migración de personas afines al proyecto paramilitar. De

hecho, el periódico El Tiempo del 24 de mayo de 1998 titulaba “Estratégico golpe ‘para’ a

Barranca” y reseñaba las denuncias de esta organización social, de la siguiente manera:

“Los grupos paramilitares siguen firmes en su intención de sitiar Barrancabermeja. ‘No

tenemos afán’ han dicho a comunidades reunidas bajo presión en Yondó” (p. 22 A).

Si bien la ciudad representaba un punto estratégico para el control territorial, que la

masacre se desarrollara en los barrios del nor y suroriente, tampoco fue una coincidencia,       

(32)

dado que, por las dinámicas mismas de poblamiento del eje urbano, estos barrios

representaban el límite entre la ‘Barrancabermeja del puente para acá’ o la

‘Barrancabermeja buena’ y la Barranca marginal. En esa otra Barranca varias tradiciones se

vinculaban: primero, era el lugar de encuentro movimientos sociales de apropiación del

espacio que habían ocupado informalmente estas zonas de la ciudad y que se organizaban

en procura de obtener reconocimiento del Estado de lo que se denominó “zonas de

invasión” (Molina, 2008). Segundo, esta zona ha sido lugar de refugio de desplazados por

la violencia del Magdalena Medio, de acuerdo con el Observatorio de Paz Integral del

Magdalena Medio, OPI (OPI, 2007, p. 27); en un estudio de largo plazo entre 1993 y 2005,

la ciudad de Barrancabermeja presenta una tasa de crecimiento población promedio de

1,5% y una tasa intercensal de 19 %, mientras que la tasa nacional promedio de crecimiento

fue de 11% entre los dos censos. Esto podría indicar que existe un alto índice de movilidad

en la zona; además, de acuerdo con el OPI, la población en el Magdalena Medio se

urbanizó, es decir, la ciudades crecieron más que la población rural de los municipios y, en

el caso particular de la ciudad de Barrancabermeja, entre 1993 y 2005 tuvo una tasa de

crecimiento de población rural del 50, 1%, es decir, 3,9% anual. En ese mismo periodo la

ciudad registró la recepción de un total de 27.051 personas expulsadas por la violencia

según cifras de Acción Social (OPI, 2007, p. 36), siendo Barranca el primer polo de

recepción de desplazados por la violencia a nivel regional, por encima del municipio de San

(33)

2. CONOCIMIENTO JURÍDICO: MODELO DE INDAGACIÓN Y DERECHO A LA VERDAD

La naturaleza del conocimiento y de la verdad jurídica ha sido objeto de diversas

aproximaciones, entre las diferentes teorías que han estudiado este tema, el presente

documento adhiere a la teoría desarrollada por el realismo jurídico de Rudolf Von Ihering,

de acuerdo con la cual el derecho es una idea práctica, que requiere ser realizada. En punto

de determinar los medios para la realización del derecho, este trabajo desarrollará los

postulados de Michael Foucault en relación con el surgimiento del modelo de indagación

de la verdad jurídica como una forma concreta de administración de saberes, de poder y por

lo mismo de justicia. En ese sentido este capítulo se dividirá en cuatro apartados, en el

primero, se hará una breve referencia a la condiciones de producción del conocimiento

jurídico; en el segundo, se reconstruirá la trayectoria histórica del modelo de indagación; en

el tercero, se presentará el contenido formal del derecho a la verdad y los medios

desarrollados para su implementación por los sistemas internacionales de justicia y el

sistema de justicia colombiana, y finalmente, se cerrará el capítulo con una reflexión sobre

el estado de los procesos judiciales y de memoria oficial adelantados en relación a la

masacre del 16 de mayo de 1998.

2.1. EL CONOCIMIENTO JURÍDICO PRODUCIDO SOCIALMENTE Y SITUADO EN LA HISTORIA

El “derecho es una idea práctica” (Von Ihering, 2009, p.3), que indica fines y, al estar

(34)

responden a las circunstancias históricas en que se producen las prácticas y así mismo, los

medios e instrumentos de los que se vale se construyen a través del tiempo. No obstante,

este proceso de construcción de formas jurídicas, contrario a lo que autores clásicos como

Hobbes sostienen, no es producto de la evolución social del sujeto que ha dejado atrás su

pasado salvaje e irracional para abrir las puertas a formas racionales y perfectas de

humanidad, sino que obedecen a condiciones puntuales bajo las cuales se produce

conocimiento (Sossa, 2012); más bien responden a una lógica perspectivística, lo que

significa que el conocimiento jurídico y las prácticas asociadas a él se realizan “por medio

de diferentes actos entre sí y múltiples, por los cuales el ser humano se apodera

violentamente de las cosas y reacciona a las situaciones, les impone relaciones de fuerza. O

sea, el conocimiento es siempre una relación estratégica en la que el hombre está situado”

(Foucault, 1978, p. 30).

Esta relación estratégica implica que el conocimiento jurídico es parcial e incompleto y esta

característica es parte de una contradicción propia de las formas jurídicas actuales donde la

práctica jurídica y las normas de derecho se realizan en un espacio público. Por lo tanto, las

normas deben ser generales y aplicables a todos los ciudadanos pero, como resultan de un

proceso de lucha social en la que se impone una determinada perspectiva, son a la vez

normas particularizantes (Foucault, 1978).

2.2. LA INDAGACIÓN: FORMA JURÍDICA QUE RESPONDE A UNA FORMA DE PODER

De acuerdo con Foucault (1978), las prácticas jurídicas modernas tienen como principales

(35)

sujetos en conflicto presentan sus disputas y versiones de los hechos en busca de una

sentencia en la cual, quien la produce (el juez), ha llegado a la verdad a través de la cual

dirá quién tiene la razón. Este esquema general es aplicable tanto a la justicia penal como a

la civil (Gonzáles, 2007). Sin embargo, en la justicia penal una de las partes es el Estado,

quien asiste como representante de la sociedad que ha sido ofendida por la infracción del

delincuente; éste, a su vez, constituye la otra parte. Lo anterior encuentra sentido en que “el

crimen o la infracción penal es la ruptura con la ley, ley civil explícitamente establecida en

el seno de una sociedad por el lado legislativo del poder político” (Foucault, 1978, p.96).

En ambos sistemas de justicia, para poder decir el derecho es necesario conocer la verdad y

para ello se recurre al método de la indagación.

Esta forma de administrar justicia y su método obedece a un proceso histórico y social

concreto, lo que hace posible rastrear otras formas de justicia en el pasado. Según Foucault

(1978), en Grecia era posible encontrar dos formas de justicia. Una, en la que mediaban los

dioses como testigos; por eso, ante una falta, la persona ofendida reclamaba de la otra la

lealtad hacia los dioses. Así, bajo la fórmula: “juras ante los dioses que no has hecho lo que

he dicho que has hecho”, el ofendido dejaba la solución de la disputa en manos de los

testigos que todo lo podían ver: los dioses. La segunda forma es descrita en Edipo Rey,

donde aparece por primera vez la indagación como forma de establecer la verdad de los

hechos. Pero en la historia de Edipo hay algunas diferencias frente al modelo

contemporáneo: la verdad no se dice a través de un juez o una sentencia, sino que es dicha

por testigos que cuestionan la incapacidad de saber la verdad que manifiesta Edipo Rey; en

(36)

desposó a su madre16; este testimonio, “por medio de la verdad que sabe derrota al más

poderoso” (Foucault, 1978, p.66). Muchos personajes en Edipo Rey tienen una parte de la

verdad, pero sin la contribución de cada uno de ellos no es posible reconstruir la verdad.

Por su parte, siguiendo con Foucault, el mundo germánico se enfrentó a prácticas de

venganza: cuando una persona era víctima de otra, se presentaba ante quien había hecho el

daño y exigía una justicia que se satisfacía través de la venganza. El intento por regularlas

generó sus propias formas jurídicas. Así se reguló la venganza generando rituales la justicia

que decían cómo debían realizarse los actos de venganza, pasando de la confrontación

violenta a formas de regulación de la violencia a través de los ritos jurídicos (Rouse, 1996).

En este modelo de justicia no hay quien represente a la sociedad ni alguien que realice las

acusaciones; para que hubiese un proceso penal era necesario que existiera una víctima y

su acción era de duelo o de oposición, no dando lugar para preguntarse por la verdad de lo

que decía la presunta víctima, pues al ser el derecho una continuación de la guerra no se

identificaba la justicia con la verdad.

En el posterior derecho feudal (Foucault, 1978), para resarcir el daño cometido por un

agresor, las personas en disputa eran sometidas a una prueba, en la que cada uno

demostraba su fuerza, su peso o su importancia. Por eso, era común que a la disputa fueran

acompañados por familiares y amigos que daban cuenta de su cuán importante era esa

persona para el grupo social o se sometían a las partes a pruebas de fuerza de las cuales

salía victorioso el más ágil o el más poderoso.

Para Foucault, el modelo de justicia moderna aparece como una forma de controlar el flujo

de mercancías en el alto medioevo, dado que la riqueza constituía, en este momento       

(37)

histórico, el “medio por el que se puede ejercer violencia en relación con el derecho a la

vida y muerte sobre los demás” y “la circulación de bienes estaba relativamente poco

asegurada por el comercio. Se aseguraba por mecanismos de herencia o transmisión

testamentaria y, sobre todo, por el enfrentamiento bélico, militar, extrajudicial y judicial”

(Foucault, 1978, p.77) Por ello, los más poderosos intentaron controlar los litigios y

concentrarlos (Rouse, 1996). Así, se implementó un nuevo orden de poder jurídico en el

que i) la justicia pasó de ser un pleito entre individuos, donde había una libre aceptación

por parte de estos de unas reglas determinadas, a un problema de índole público en que las

partes “deberán someterse a un poder exterior a ellos que se les impone como poder judicial

y político” (Foucault, 1978, p. 79); ii) aparece una figura nueva: el procurador, como

representante del soberano que se ve lesionado por el crimen; iii) surge la infracción

concebida como un daño al orden social; iv) el soberano es la parte lesionada y, además,

exige reparación, dando lugar a la figura de la confiscación como forma de pago de las

multas, lo que enriquece a las monarquías; v) el derecho se dicta en una sentencia, ya que la

víctima es el soberano que no puede enfrentarse al criminal en pie de igualdad pues esto

implicaría poner en riesgo sus bienes. Por lo tanto, es con la modernidad que se hace

necesario dictar justicia a través de otro mecanismo: el modelo de la indagación.

Aquí es importante señalar que el modelo de la indagación encuentra, según Foucault, sus

antecedentes en la justicia administrativa carolingia y en las prácticas de la iglesia católica

que implementó la práctica de la visitatio, en la que el obispo de una comarca la visitaba y

preguntaba a los notables sobre los crímenes y pecados que se hubiesen cometido; esta

(38)

el obispo iniciaba la inquisitio especialis, que consistía en indagar sobre el pecado. El

modelo de la indagación buscaba establecer las condiciones en las que se cometió un delito,

es decir, responder a las preguntas de quién, cómo y dónde y bajo qué justificaciones se

realizó una infracción. Para ello se recurre a procedimientos para la recolección de las

pruebas y de su comprobación

.

Finalmente, es pertinente sacar algunas conclusiones sobre el modelo de indagación: i)

permitió la racionalización del procedimiento jurídico, lo que no se logra por la razón

desenvolviéndose sobre sí misma, sino bajo unas condiciones o prácticas sociales que las

permitieron; ii) la indagación se trasforma en una forma especial de ejercer poder y de crear

saberes, de modo que la indagación, en sentido general, sea usada en otros dominios de

saber cómo la economía, la estadística o la historia; iii) la justicia se transforma en una

cuestión de dominio público, cobra protagonismo el soberano y la víctima del daño ya no

participa como parte.

Actualmente, se ha intentado asimilar el modelo de la indagación al modelo penal

inquisitivo, el cual considera que buscar la verdad es un deber del Estado, para “a partir de

ella, imponer las sanciones o mantener la inocencia de la persona investigada. Es decir, la

verdad se entiende como algo existente y que debe ser objeto de búsqueda. El investigado

no tiene que aportar pruebas en su favor, sino que ha de limitarse a cuestionar la verdad

(39)

En el sistema de la indagación se considera que la verdad existe con independencia de los

discursos y que es posible llegar a ella, bien sea comprobándola o reconstruyéndola. Ante

esto Foucault, comentando a Nietzsche advertía: “las cosas carecen de esencia y el secreto

es que están construidas o que su esencia fue construida pieza por pieza a partir de figuras

que le eran extrañas ¿la razón? Pero ésta nació de un modo perfectamente razonable, del

azar” (Foucault, 1992, p. 11). Desde la perspectiva de las teorías de Nietzsche y Foucault la

verdad en tanto realidad no existe, sino que se trata de unos ejercicios metafóricos y de

ejercicios de poder, que explican cómo unas “verdades” se imponen sobre otras. En los

modelos de indagación, el problema de la verdad queda del lado del estado y de los

victimarios. La pregunta por la posible verdad de las víctimas reales, queda relegada

(López, 2000).

2.3. EL DERECHO A LA VERDAD: FINES, CONTENIDO Y MÉTODO

El derecho a la verdad que les asiste a las víctimas de crímenes atroces en contextos de

justicia transicional puede enmarcarse en este proceso de racionalización del derecho y de

implementación del método de indagación. Bajo esta perspectiva se observarán los fines, el

contenido y el método para la realización de este derecho.

El derecho a la verdad aparece en el contexto internacional tras la implementación del

protocolo I del Convenio de Ginebra y de la Convención Interamericana de Derechos

Humanos. El primero de estos instrumentos legales, en su artículo 32, establece la

(40)

la base de proteger “el derecho que le asiste a las familias de conocer la suerte de sus

miembros”. Con esta consideración se sientan las bases para que el derecho a la verdad se

asuma como una norma de derecho consuetudinario por el Comité Internacional de la Cruz

Roja (CICR); su contenido se realiza como un deber de informar, por parte de los actores

armados, a los familiares de combatientes y no combatientes sobre la suerte de las víctimas

(Najar, 2009).

Por su parte, en la implementación regional de la Convención Americana de Derechos

Humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, desde el caso de Manuel García

Franco versus Ecuador, desarrolló parte del contenido del derecho a la verdad en relación

con el delito de desaparición forzada. La Corte afirma que “este derecho a conocer la

verdad sobre lo sucedido se basa también en la necesidad de información que permita

reivindicar este derecho. En el caso de una desaparición los familiares tienen derecho a

conocer con certeza la suerte corrida por la víctima, no solo para saber exactamente cómo

se violaron los sus derechos, sino también para hacer efectivo su propio derecho a ser

indemnizado por el Estado”. Así, el derecho a la verdad se constituye sobre el deber de

información sobre la suerte de la víctima y las condiciones de la violación del derecho.

Otros mecanismos que han contribuido a la consolidación del derecho a la verdad han sido

las comisiones de verdad, que con ocasión de procesos de justicia transicional se han

creado para consolidar procesos de paz y reconciliación. Algunos casos emblemáticos sobre

(41)

2009). En Colombia varias son sido las experiencias de comisiones de investigación sobre

la violencia, aunque no necesariamente se encuadren en el concepto de comisiones de la

verdad desarrollados posteriormente. Algunos ejemplos son la Comisión de investigación

de hechos sobre la violencia y la Comisión de expertos de 1987 (Jaramillo, 2011).

Sin embargo, este derecho encuentra su pleno desarrollo dogmático en los principios de

Joinet. El objeto de este cuerpo normativo es la promoción y protección de los Derechos

humanos mediante la lucha contra la impunidad. Estos principios desarrollan el derecho a la

verdad desde dos perspectivas, una individual y otra colectiva. “La verdad se entiende

como un derecho individual de las víctimas a saber y un derecho colectivo, relacionado con

la historia de una comunidad y definido como el patrimonio de la misma. Constituye

además el deber del Estado de recordar” (Ceballos, 2009, p. 25). De acuerdo con los

principios de Joinet, el derecho a la verdad es autónomo, inalienable e imprescriptible; está

íntimamente relacionado con el deber de protección y garantía a cargo de los Estados,

específicamente con la obligación de realizar investigaciones eficaces; está relacionado

también con los derechos a un recurso efectivo, a la protección jurídica y judicial, a ser

oído, a obtener una reparación y a recibir y difundir información; como derecho

fundamental, no debe estar sujeto a restricciones y no puede ser suspendido en ninguna

circunstancia; tiene un aspecto social, es decir, que no solo los individuos sino la sociedad

en su conjunto son titulares de este derecho y la participación de todos los lesionados y toda

persona u ONG en los procesos penales constituye un importante medio para garantizar

(42)

Hasta aquí, de acuerdo con el desarrollo que ha tenido el derecho a la verdad en el

panorama internacional, es posible establecer sus fines y su contenido a nivel particular:

informar, reparar material y simbólicamente a los familiares de las víctimas; y a nivel

colectivo: consolidar procesos de paz y reconciliación en procura de la lucha contra la

impunidad y la realización del deber de memoria de una sociedad.

Ahora bien, respecto de los mecanismos usados para la consecución de este derecho es

preciso anotar que en Colombia se han empleado dos mecanismos fundamentalmente: los

procesos penales de juzgamiento de desmovilizados en el marco de la ley de Justicia y

Paz17 y mediante la subcomisión de Memoria Histórica y el Centro de Memoria Histórica.

2.2.1. El derecho a la verdad en los procesos de justicia y paz. El proceso penal de

justicia y paz sigue la estructura del modelo de indagación descrito con anterioridad, ya que

el debate sobre la justicia se mantiene en el nivel de lo público y concentrado en el Estado;

a él asiste el criminal como ofensor de un bien jurídico o de la norma; y, finalmente, se

parte del supuesto de que es posible reconstruir una verdad. Sin embargo, el sistema penal

colombiano es de carácter mixto desde el año 2004, cuando se implementó un sistema

penal acusatorio y se desconcentraron las funciones de investigación y juzgamiento. Así, en

el proceso penal que sirve de base al proceso de justicia y paz, la investigación del delito se

realiza por la Fiscalía General de la Nación y el juzgamiento lo realiza un juez, valiéndose

de varios principios de valoración de la prueba. Lo novedoso del sistema acusatorio es que       

(43)

se reconoce que no existe una sola verdad a la cual el juez debe llegar, sino que existen dos

versiones de los hechos, una defendida por el Estado, a través de la Fiscalía y otra

defendida por el acusado. Así, los efectos sobre la concepción de verdad es que en el

sistema acusatorio “las partes llegan al juicio con visiones de la realidad, y será la

confrontación entre tales visiones la que determine lo que se considera verdadero.

Adquiere, por lo mismo, gran importancia el convencimiento del juez” (Bernal &

Montealegre, 2004, p.132). Para este trabajo se hará especial referencia al proceso de

Justicia y Paz bajo el entendido que la masacre del 16 de mayo de 1998 fue perpetrada por

integrantes de las AUC y bajo está normativa este actor armado se desmovilizó.

El sistema penal de Justicia y Paz está diseñado sobre estas consideraciones, su carácter

especial versa sobre beneficios en relación a la pena (su disminución) a cambio decir la

verdad sobre los delitos que se le imputan al acusado; con todo en esta visión, la relación

entre verdad y libertad denota la autorrealización del sujeto a través del poder de decir la

verdad, esto es, de construirla a partir de un ejercicio subjetivo, vinculado a un contexto

histórico y cultural de producción. Es a partir de esta visión, que la práctica transicional ha

vinculado el ejercicio del derecho a la verdad, a una especie de aceptación y

reconocimiento por parte del victimario, de los hechos dolorosos, con la garantía de generar

la reconciliación y la paz (Méndez, 2006).

Ahora bien, es importante en este punto describir de manera general el proceso de Justicia y

Paz con miras a establecer los derechos que le asisten a las víctimas en búsqueda de

satisfacer su derecho a la verdad, pero también con el fin de determinar los actores

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