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ANEXO 2
CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES (Licencia de uso)
Bogotá, D.C., Agosto 28 de 2012.
Señores
Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J. Pontificia Universidad Javeriana Cuidad
Los suscritos:
Carlos Javier Salgado Castro , con C.C. No 8103849
, con C.C. No , con C.C. No
En mi (nuestra) calidad de autor (es) exclusivo (s) de la obra titulada:
UN ANÁLISIS SOBRE EL “PODER PSIQUIÁTRICO” DE MICHEL FOUCAULT
(por favor señale con una “x” las opciones que apliquen)
Tesis doctoral Trabajo de grado X Premio o distinción: Si No X cual:
presentado y aprobado en el año 2012 , por medio del presente escrito autorizo (autorizamos) a la Pontificia Universidad Javeriana para que, en desarrollo de la presente licencia de uso parcial, pueda ejercer sobre mi (nuestra) obra las atribuciones que se indican a continuación, teniendo en cuenta que en cualquier caso, la finalidad perseguida será facilitar, difundir y promover el aprendizaje, la enseñanza y la investigación.
En consecuencia, las atribuciones de usos temporales y parciales que por virtud de la presente licencia se autorizan a la Pontificia Universidad Javeriana, a los usuarios de la Biblioteca Alfonso Borrero Cabal S.J., así como a los usuarios de las redes, bases de datos y demás sitios web con los que la Universidad tenga perfeccionado un convenio, son:
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2. La consulta física o electrónica según corresponda X 3. La reproducción por cualquier formato conocido o por conocer X 4. La comunicación pública por cualquier procedimiento o medio físico o
electrónico, así como su puesta a disposición en Internet X 5. La inclusión en bases de datos y en sitios web sean éstos onerosos o
gratuitos, existiendo con ellos previo convenio perfeccionado con la Pontificia Universidad Javeriana para efectos de satisfacer los fines previstos. En este evento, tales sitios y sus usuarios tendrán las mismas facultades que las aquí concedidas con las mismas limitaciones y condiciones
X
6. La inclusión en la Biblioteca Digital PUJ (Sólo para la totalidad de las Tesis Doctorales y de Maestría y para aquellos trabajos de grado que hayan sido
laureados o tengan mención de honor.) X
6
indicados, respetando siempre la titularidad de los derechos patrimoniales y morales correspondientes, de acuerdo con los usos honrados, de manera proporcional y justificada a la finalidad perseguida, sin ánimo de lucro ni de comercialización.
De manera complementaria, garantizo (garantizamos) en mi (nuestra) calidad de estudiante (s) y por ende autor (es) exclusivo (s), que la Tesis o Trabajo de Grado en cuestión, es producto de mi (nuestra) plena autoría, de mi (nuestro) esfuerzo personal intelectual, como consecuencia de mi (nuestra) creación original particular y, por tanto, soy (somos) el (los) único (s) titular (es) de la misma. Además, aseguro (aseguramos) que no contiene citas, ni transcripciones de otras obras protegidas, por fuera de los límites autorizados por la ley, según los usos honrados, y en proporción a los fines previstos; ni tampoco contempla declaraciones difamatorias contra terceros; respetando el derecho a la imagen, intimidad, buen nombre y demás derechos constitucionales. Adicionalmente, manifiesto (manifestamos) que no se incluyeron expresiones contrarias al orden público ni a las buenas costumbres. En consecuencia, la responsabilidad directa en la elaboración, presentación, investigación y, en general, contenidos de la Tesis o Trabajo de Grado es de mí (nuestro) competencia exclusiva, eximiendo de toda responsabilidad a la Pontifica Universidad Javeriana por tales aspectos.
Sin perjuicio de los usos y atribuciones otorgadas en virtud de este documento, continuaré (continuaremos) conservando los correspondientes derechos patrimoniales sin modificación o restricción alguna, puesto que de acuerdo con la legislación colombiana aplicable, el presente es un acuerdo jurídico que en ningún caso conlleva la enajenación de los derechos patrimoniales derivados del régimen del Derecho de Autor.
De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son propiedad de los autores”, los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables. En consecuencia, la Pontificia Universidad Javeriana está en la obligación de RESPETARLOS Y HACERLOS RESPETAR, para lo cual tomará las medidas correspondientes para garantizar su observancia.
NOTA: Información Confidencial:
Esta Tesis o Trabajo de Grado contiene información privilegiada, estratégica, secreta, confidencial y demás similar, o hace parte de una investigación que se adelanta y cuyos resultados finales no se han publicado. Si No X
En caso afirmativo expresamente indicaré (indicaremos), en carta adjunta, tal situación con el fin de que se mantenga la restricción de acceso.
NOMBRE COMPLETO No. del documento de identidad FIRMA
CARLOS JAVIER SALGADO CASTRO 8103849
FACULTAD: FILOSOFÍA
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ANEXO 3
BIBLIOTECA ALFONSO BORRERO CABAL, S.J.
DESCRIPCIÓN DE LA TESIS DOCTORAL O DEL TRABAJO DE GRADO
FORMULARIO
TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS DOCTORAL O TRABAJO DE GRADO
UN ANÁLISIS SOBRE EL “PODER PSIQUIÁTRICO” DE MICHEL FOUCAULT
SUBTÍTULO, SI LO TIENE
AUTOR O AUTORES
Apellidos Completos Nombres Completos
SALGADO CASTRO CARLOS JAVIER
DIRECTOR (ES) TESIS DOCTORAL O DEL TRABAJO DE GRADO
Apellidos Completos Nombres Completos
CONFORTI ROJAS MARÍA CRISTINA
FACULTAD
FILOSOFÍA
PROGRAMA ACADÉMICO
Tipo de programa ( seleccione con “x” )
Pregrado Especialización Maestría Doctorado
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Nombre del programa académico
LICENCIATURA EN FILOSOFÍA
Nombres y apellidos del director del programa académico
MARÍA CRISTINA CONFORTI ROJAS
TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE:
LICENCIADO EN FILOSOFÍA
PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):
CIUDAD AÑO DE PRESENTACIÓN DE LA
TESIS O DEL TRABAJO DE GRADO
NÚMERO DE PÁGINAS
BOGOTÁ 2012 110
TIPO DE ILUSTRACIONES ( seleccione con “x” )
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diagramas Planos Mapas Fotografías Partituras
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Nota: En caso de que el software (programa especializado requerido) no se encuentre licenciado por la Universidad a través de la Biblioteca (previa consulta al estudiante), el texto de la Tesis o Trabajo de Grado quedará solamente en formato PDF.
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DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVE EN ESPAÑOL E INGLÉS
Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Sección de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Alfonso
Borrero Cabal S.J en el correo [email protected], donde se les orientará).
ESPAÑOL INGLÉS
PODER POWER
PODER PSIQUIÁTRICO PSYCHIATRIC POWER
PODER DISCIPLINARIO DISCIPLINARY POWER
VERDAD TRUTH
PSIQUIATRÍA PSYCHIATRY
RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS
(Máximo 250 palabras - 1530 caracteres)
El presente trabajo es un análisis sobre “El Poder Psiquiátrico”, nombre dado a la publicación del curso impartido por Michel Foucault entre noviembre de 1973 y febrero de 1974 en el “Collège de France. A través de la indagación en el proceso de constitución de la psiquiatría como ciencia médica en los siglos XVIII y XIX, se hace una exposición del problema de la relación entre el poder y la verdad en la práctica psiquiátrica, y su relación con los dispositivos de poder que operan en los sistemas disciplinarios.
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CARLOS JAVIER SALGADO CASTRO
UN ANÁLISIS SOBRE EL “PODER PSIQUIÁTRICO” DE MICHEL FOUCAULT
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE FILOSOFÍA
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CARLOS JAVIER SALGADO CASTRO
UN ANÁLISIS SOBRE EL “PODER PSIQUIÁTRICO” DE MICHEL FOUCAULT
Trabajo de grado presentado por Carlos Javier Salgado Castro bajo la dirección de la profesora María Cristina Conforti Rojas como requisito parcial para optar al título de Licenciado en Filosofía.
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE FILOSOFÍA
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TABLA DE CONTENIDO
Pag
INTRODUCCIÓN... 5
1. PODER PSIQUIÁTRICO – PODER DISCIPLINARIO... 11
1.1. El asilo: un campo de batalla... 11
1.2. “Ya no eres rey”... 14
1.3. Historia de los dispositivos disciplinarios... 17
1.4. El poder de soberanía... 20
1.5. El poder disciplinario... 22
1.6. El panóptico... 29
2. LA CURA PSIQUIÁTRICA... 36
2.1. Correlación entre la percepción y el tratamiento de la locura... 36
2.2. El lugar de la verdad en la operación terapéutica... 40
2.3. Panoptismo psiquiátrico... 43
2.4. El caso Dupré... 45
2.4.1. El desequilibrio del poder... 46
2.4.2. La reutilización del lenguaje... 49
2.4.3. El ordenamiento de las necesidades... 50
2.4.4. El enunciado de la verdad... 52
2.4.5. La desmedicalización del tratamiento... 54
2.5. El poder de realidad... 56
2.6. La marcación médica del espacio asilar... 60
2.6.1. La tautología cuerpo del médico – espacio asilar... 61
2.6.2. Las marcas del saber psiquiátrico... 63
3. EL PROBLEMA DE LA VERDAD EN EL PODER PSIQUIÁTRICO... 67
3.1. Poder psiquiátrico y discurso de verdad... 67
3.1.1. Ruptura entre el asilo y la familia... 68
3.1.2. Nuevo discurso sobre la familia... 71
15
3.1.4. Disciplinarización de la familia y familiarización del espacio asilar... 73
3.2. Historia de la verdad en general... 77
3.2.1. El destino de la prueba de la verdad en la psiquiatría... 85
3.2.1.1. La prueba de la realidad en la psiquiatría... 88
3.2.2. El cuerpo neurológico... 97
3.2.3. Las maniobras de la histeria... 100
16
INTRODUCCIÓN
En su clase del 7 de enero de 1976, Foucault mira retrospectivamente su labor de los últimos cinco años, entre ellos el objeto del presente trabajo, el “Poder psiquiátrico”1, nombre dado al curso impartido entre noviembre de 1973 y febrero de 1974, que trató a nivel general sobre el nacimiento, desarrollo e institucionalización de la psiquiatría en el siglo XIX. Esta serie de trabajos, cada uno con carácter autónomo y fragmentario en cuanto no configuran un propósito sistemático o teleológico que condujera a un lugar previamente señalado, se presentan como trazos, pistas a seguir, discontinuidad, cada uno como acontecimiento, en el sentido auténticamente foucaultiano del término.
No obstante el carácter fragmentario de estos trabajos, la actividad emprendida allí por el autor, admite una justificación. Por una parte, el confeso gusto de Foucault por la “grande, tierna y cálida francmasonería de la erudición inútil”2, amor por ese “saber inútil” presente en los libros, archivos y documentos, algunos de ellos polvorientos y poco leídos; y por otra, el cruce entre la crítica local a las instituciones, los discursos, las cosas y las prácticas, desarrollada en los últimos quince años previos a los trabajos que estamos reseñando, y los
“retornos del saber”, término que nos remite a un eje temático no referido ni al saber, ni al
conocimiento, ni a los libros, sino a la vida, la realidad y el dinero; a través de esta temática se desplegó lo que Foucault denomina “la insurrección de los saberes sometidos”.
Los saberes sometidos significan para Foucault dos cosas. Primero, el conjunto de los saberes históricos que habitan subterráneamente los discursos totalizantes y globalizantes y a la vez funcionales y sistemáticos. Estas coherencias funcionales y sistemáticas enmascaran las luchas y enfrentamientos que las atraviesan, siendo los saberes históricos la instancia que ha permitido encontrar el acceso a su configuración. El instrumento por medio del cual la crítica ha puesto en escena el elenco de los saberes sometidos ha sido la erudición. Segundo, por saberes sometidos también se entiende el conjunto de los saberes locales puestos jerárquicamente en un lugar inferior con respecto al conocimiento científico. Se trata de
1 FOCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.
2 FOCAULT, Michel,
17
saberes marginales y paralelos, saberes de la gente, como los llama Foucault, que han servido igualmente para poner en marcha la crítica.
Esta paradoja de ubicar en un mismo dominio, el de los saberes sometidos, “los saberes
enterrados de la erudición y los saberes descalificados por la jerarquía del conocimiento y de la ciencia”3, recupera la memoria olvidada, hasta ese momento, de los enfrentamientos ocultos en los bloques discursivos totalizantes y sistemáticos que señalamos anteriormente, de modo que esta paradoja nos remite a lo que Foucault denomina “saber histórico de la lucha”. Esta
dinámica configura la actividad genealógica, ensayada por Foucault en sus trabajos teniendo en la mira la supresión del dominio jerárquico de los discursos globalizantes. La genealogía, en este sentido, es “el acoplamiento de los saberes eruditos y las memorias locales, acoplamiento que permite la constitución de un saber histórico de las luchas y la utilización
de ese saber en las tácticas actuales”4
. De esta manera, la genealogía se entiende en términos
de un juego de lucha de los saberes sometidos contra la instancia unificadora que los clasifica, ordena y jerarquiza bajo la premisa del derecho dado por la posesión del conocimiento verdadero y científico. Sin embargo, es necesario hacer la siguiente precisión: la genealogía despliega sus baterías no contra los contenidos, métodos y conceptos de una ciencia sino contra los efectos del poder intrínsecos a la jerarquización del conocimiento.
Pues bien, “El poder psiquiátrico”, a primera vista se nos presenta como un fragmento del
proyecto genealógico de Foucault; se ubica en la transición de su etapa arqueológica a la genealógica que se hace patente al inicio de la década del setenta y que toma una forma
madura hacia 1975 con la publicación de “Vigilar y castigar”5. Sin embargo, no pretendemos hacer una ruptura tajante entre un Foucault arqueológico y un Foucault genealógico, antes bien, queremos señalar la complementariedad de estos dos modos de abordaje al amplio espectro de los problemas tenidos en cuenta por nuestro autor, en particular, en lo referente a la locura y la psiquiatría. La siguiente cita es clarificadora al respecto: “la arqueología sería el método propio del análisis de las discursividades locales, y la genealogía, la táctica que, a partir de estas discursividades locales así descritas, pone en juego los saberes liberados del
sometimiento que se desprenden de ellas”.6
3 Ibídem,p. 22. 4 Ibídem.
5 FOUCAULT, Michel,
Vigilar y castigar nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI Editores, 1990.
6 FOUCAULT, Michel,
18
En su obra temprana “Enfermedad mental y personalidad”7, Foucault comienza a perfilar lo que podemos denominar una arqueología de la enfermedad mental. El programa que allí se planteaba era el siguiente: “analizar la especificidad de la enfermedad mental, encontrar las formas concretas que puede tomar en la vida psicológica del individuo y luego determinar las condiciones que han hecho posibles esos diversos aspectos y restituir el conjunto del sistema causal que los ha fundamentado”8. En este mismo sentido más adelante en el texto plantea esta pregunta: “¿Cómo ha llegado nuestra cultura a dar a la enfermedad el sentido de la desviación y al enfermo un estatuto que lo excluye? ¿Y cómo, a pesar de esto, nuestra sociedad se expresa en estas formas mórbidas en las que se niega a reconocerse?”9
Este derrotero toma mayor consistencia con la aparición de “La historia de la locura”, allí
Foucault formula nuevas pistas arqueológicas que giran en torno a la pregunta por la constitución en el mundo occidental de ese objeto denominado locura, basado en el análisis de las representaciones que históricamente se tejieron sobre la enfermedad mental. Miguel Morey, crítico de la obra foucaultiana, afirma que la “La historia de la locura”, “El nacimiento de la clínica”10 y “Las palabras y las cosas”11, se enmarcan en este esfuerzo arqueológico. Según la perspectiva de este autor, “por debajo de las diferencias de perspectiva (que hacen que en un caso se pregunte directamente por la constitución de un objeto – la locura –; en el otro, por la constitución de un sujeto mirada – el médico, la clínica –; y en el último por la constitución de unas formas enunciativas – las ciencias humanas –), creemos que éste es el registro por el que se unen en una intención y dibujan un proyecto común”12.
La arqueología, en este sentido, sería en el campo de la enfermedad mental, el análisis de las condiciones de posibilidad de la constitución de la locura como enfermedad mental, lo cual fundamentalmente nos remite al tipo de saber que se apropia de este objeto, y por supuesto,
7 FOUCAULT, Michel,
Enfermedad mental y personalidad. Buenos Aires: Editorial Paidos, 1961.
8 Ibídem, p. 21.
9 Ésta es una traducción más precisa que hace Miguel Morey corrigiendo la traducción de la edición que estamos citando. El comentario de Morey es el siguiente: “La traducción correcta es ésta, y no como figura en la edición castellana: “…nuestra sociedad se expresa en esas formas patológicas, o se niega a reconocerse”, de donde se confunde “ou” por “où””. MOREY, Miguel, Lectura de Foucault. Madrid: Taurus Ediciones, 1983, p. 29.
10 FOUCAULT, Michel,
El nacimiento de la clínica: Una arqueología de la mirada médica. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2004.
11 FOUCAULT, Michel,
Las palabras y las cosas. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2005.
19
nos refiere a las prácticas y las instituciones que se validan en este saber, de tal manera podríamos hablar de una arqueología del saber sobre la locura.
El “poder psiquiátrico”, se articula con este talante arqueológico de los trabajos de Foucault
aunque con algunos desplazamientos. Primero, como su nombre lo indica, el campo de análisis no es la locura sino la psiquiatría, para ser más específicos, el saber y la institución psiquiátrica desde su nacimiento a finales del siglo XVIII hasta la constitución del dispositivo de la neuropatología hacía la segunda mitad del siglo XIX. En segundo lugar, el paso del análisis de las representaciones que atravesó la “Historia de la locura” al análisis de los
dispositivos de poder, como punto de partida de su trabajo. La pregunta que ronda todo el curso es la siguiente: “¿en qué medida puede un dispositivo de poder ser productor de una serie de enunciados, de discursos y, por consiguiente, de todas las formas de representaciones que a continuación pueden formarse y derivarse de él?”13 El mismo Foucault presenta esta pregunta como arqueológica en cuanto se trata del análisis de la práctica discursiva en el preciso lugar de su formación.
Comenzamos esta introducción mostrando cómo tres años después del “Poder psiquiátrico”
Foucault hace una mirada retrospectiva a su trabajo y lo reconoce como genealógico. Por otra
parte, a lo largo del “Poder psiquiátrico” el autor no le concede el apelativo de genealogía a su trabajo, solo hay una alusión hacía la parte final del texto en el que habla de una “genealogía
del conocimiento” ligada a una “arqueología del saber”14. Ahora bien, no es nuestro objetivo definir si el “Poder psiquiátrico” es una “arqueología” o una genealogía”. Nuestro interés en
esta primera parte de la introducción consistió en presentar la caracterización que el mismo Foucault da de este curso en dos momentos diferentes y el juego dinámico de complementariedad de estas categorías capitales en la obra de Foucault. En este sentido, quisiéramos presentar nuestro trabajo desembarazándonos de la carga de una categorización como la que acabamos de señalar.
El objetivo del presente trabajo es presentar de manera ordenada y sistemática el análisis hecho por Foucault de las relaciones de poder en la práctica psiquiátrica. Nuestro propósito principal, es en este sentido, hacer una exposición de dichos dispositivos en cuanto
13 FOUCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico, op. cit., p. 30.
20
productores de enunciados que se presentan como legítimos; en cuanto productores de un juego de verdad. Para lograr este objetivo hemos desarrollado nuestro trabajo en tres partes.
En la primera parte haremos una caracterización del poder psiquiátrico como poder disciplinario, basándonos en su despliegue en el asilo psiquiátrico y en lo que Foucault
denomina “escenas de la curación”. El surgimiento del poder disciplinario como clave para captar el dispositivo de poder de la psiquiatría nos hace necesaria su caracterización a través de su historia y de su articulación con el poder de soberanía, modalidad del poder que lo precedió. Finalizaremos este apartado presentando una aproximación al juego que se establece
entre el poder disciplinario y la familia y que da como resultado la aparición de la “función psi” como instancia de control de los dispositivos disciplinarios a través de la formación de un
discurso de verdad sobre la familia. De esta manera perfilaremos la relación entre dispositivo de poder y formación discursiva, temática que se abordará más decididamente en el tercer capítulo.
La cura psiquiátrica será el eje principal de la segunda parte de nuestro trabajo; en este apartado expondremos detenidamente el funcionamiento del poder psiquiátrico en la operación terapéutica. Partiremos de la correlación entre el cambio de percepción de la locura hacia finales del siglo XVIII y el surgimiento de una nueva manera de intervención terapéutica que inaugura la naciente psiquiatría. Esta formulación nos abre el camino para indagar por el problema de la verdad en este nuevo modelo de curación. La tesis de Foucault consiste en que la cura psiquiátrica se efectuaba a espaldas de los discursos de verdad que la medicina y la psiquiatría de la época estaban constituyendo. En lugar de la verdad, los agentes de la curación eran el asilo psiquiátrico bajo la forma del panoptismo y una serie de maniobras tácticas que se realizaban en el espacio asilar. A través de este entramado llegaremos a la configuración del poder psiquiátrico como complemento de poder dado a la realidad, a la comprensión de la tautología entre el cuerpo del médico y el espacio asilar, y al problema de la marcación médica del asilo psiquiátrico.
21
Foucault hace sobre la historia de la verdad en occidente, analizaremos la tecnología de la crisis en la medicina clásica cómo momento en el que acontece la verdad de la enfermedad. Nuestro interés por la noción de crisis médica radica en el destino particular que esta tiene en la psiquiatría: aunque tiende a desaparecer, la psiquiatría se ve obligada a constituir una nueva crisis médica cuya característica fundamental es la de ser una prueba de realidad de la enfermedad que se efectúa a través de las técnicas asilares.
Es en este escenario donde el poder psiquiátrico se encumbra como instancia productora de la
verdad de la enfermedad, de cuyo título se sirve, para afianzarse como “amo de la locura”.
22
1. PODER PSIQUIÁTRICO – PODER DISCIPLINARIO
1.1. EL ASILO: UN CAMPO DE BATALLA
Partiremos del funcionamiento del orden asilar como escenario de despliegue del poder psiquiátrico, para luego observar cómo funciona a través de la operación terapéutica. Precisamente Foucault comienza su curso “El Poder Psiquiátrico”presentando la descripción de lo que Fódére consideraba como las condiciones ideales de un asilo para enfermos mentales, el texto es el siguiente:
Querría que esos hospicios se construyeran en bosques sagrados, lugares solitarios y escarpados, en medio de las grandes conmociones, como en la Grande – Chartresuse, etc. A menudo sería útil que el recién llegado bajara por intermedio de máquinas, que atravesara, antes de llegar a su destino, lugares cada vez más novedosos y sorprendentes, y que los ministros de esos lugares usaran vestimentas particulares. Aquí es conveniente lo romántico, y muchas veces me dije que habríanse podido aprovechar esos viejos castillos pegados a cavernas que atraviesan una colina de una a otra parte, para llegar a un
pequeño valle risueño […] La fantasmagoría y los otros recursos de la física, la música, las aguas, los relámpagos, el trueno, etc., serían empleados uno tras otro y, es de suponer, con no poco éxito sobre el común de los hombres.15
La descripción de este hospicio romántico contrasta con la dinámica del orden que lo anima en su interior y que se constituye, en palabras del mismo Foucault, como una “regulación perpetua y permanente de los tiempos, las actividades, los gestos; un orden que rodea los cuerpos, los penetra, los trabaja, que se aplica a su superficie, pero también se imprime hasta en los nervios y en lo que otro16llamaba “fibras blandas del cerebro””17. Nótese que la fuerza de este orden tiene en el cuerpo su blanco de acción. Ahora bien, este orden así caracterizado es indispensable para establecer, por un lado, la objetividad del saber médico que lo valida, y por otro, para obtener una curación permanente18. Por lo tanto, la condición de posibilidad de la relación entre la mirada médica y su objeto y de la operación terapéutica es lo que Foucault denomina orden disciplinario.
15 FODÉRÉ, François,
Traité du délire, appliquè a la mèdecine, à la médecine, à la morale et à la législation, París: Croullebois, 1817 p. 215. Citado en: FOUCAULT, Michel, El poder psiquiátrico, op. cit., p. 15.
16Foucault se refiere a Joseph Michel Antoine Servan quien consideraba lo siguiente: “Sobre las blandas fibras del cerebro se asienta la base inquebrantable de los más firmes imperios”. SERVAN, Joseph, Discours sur
l’administration de la justice criminelle, Ginebra, 1767, p.35.
17 FOUCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico, op. cit., p. 16.
18 Foucault toma esta idea de Pinel quien consideraba que sin el “mantenimiento de la calma y el orden en un hospicio de alienados” no se pueden obtener ni “observaciones exactas ni una curación permanente. PINEL,
23
En la exposición que seguimos encontramos una serie de términos que nos van permitiendo dilucidar el mecanismo inherente a la psiquiatría. Comenzamos afirmando que el funcionamiento del hospicio se comprende a través de un orden que posteriormente fue cualificado como disciplinario, y veremos ahora, cómo este orden disciplinario está atravesado íntegramente por la instancia médica que opera como una fuente de poder a partir de la cual se organiza el control disciplinario exhaustivo del cuerpo, el tiempo, y en general, de todo gesto y comportamiento. El espacio asilar está marcado por este poder médico que es ilimitado pues nada debe ni puede resistírsele, y además, es disimétrico en cuanto constituye una relación no recíproca de poder. Ahora bien, el médico, instancia fundamental del sistema de poder, es esencialmente un cuerpo. He aquí las características que Fódére consideraba como las condiciones ideales de un médico, nótese que la mayor parte de las alusiones son de carácter físico.
Un hermoso físico, es decir, un físico noble y varonil, es acaso, en general, una de las primeras condiciones para tener éxito en nuestra profesión; es indispensable, sobre todo, frente a los locos, para imponérseles. Cabellos castaños o encanecidos por la edad, ojos vivaces, un continente orgulloso, miembros y pecho demostrativos de fuerza y salud, rasgos destacados, una voz fuerte y expresiva: tales son las formas que, en general, surten gran efecto sobre individuos que se creen por encima de todos los demás.19
Con esta instancia médica se intrincan una serie de relevos que están bajo las órdenes del médico y que actúan como una extensión suya en su aproximación hacia los cuerpos. Por ejemplo, los vigilantes operan como canal óptico a través del cual funciona la mirada erudita del médico sobre los enfermos. Por su parte, los sirvientes, último eslabón de esa red que se va tejiendo en el hospicio, en una posición de servicio a las órdenes del médico, operan como canal de información privilegiada en la jerarquía asilar, puesto que observan a los enfermos desde abajo, desde el nivel de su cotidianidad. A través de esta red de relevos los enfermos se hallarán rodeados por la voluntad y la mirada médica.
De esta manera, hay en el asilo todo un sistema de poder que funciona gracias a una disposición táctica de los distintos individuos. Este despliegue táctico del poder nos permite ir delineando la siguiente noción de poder según Foucault: “en el asilo, como en todas partes, el poder no es nunca lo que alguien tiene, y tampoco lo que emana de alguien. El poder no pertenece ni a una persona ni, por lo demás, a un grupo; sólo hay poder porque hay dispersión, relevos, redes, apoyos recíprocos, diferencias de potencial, desfases, etc. El poder
19 FODÉRÉ, François, op.cit., pp. 230 – 231. Citado en: FOUCAULT, Michel,
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puede empezar a funcionar en ese sistema de diferencias, que será preciso analizar.”20 A partir de la astucia con la que se desdobla el poder en el asilo a través de su disposición táctica, es posible pensar en la existencia de otro poder al cual es preciso dominar, y éste no es otro, que la locura misma entendida como fuerza irrefrenable.
Además de la táctica general del asilo hay una táctica individual que se aplica a cada enfermo en particular y que se define según la localización, caracterización y punto de aplicación de la fuerza. En este sentido, el espacio asilar es analogable a un campo de batalla en el que hay un combate, cuerpo a cuerpo, y esta característica es fundamental, entre el poder disciplinario y la fuerza insurrecta de la locura, el cual además tiene su correspondencia en el enfrentamiento de la voluntad médica con la voluntad del loco.
Dada la caracterización de la dinámica del asilo esbozada en el apartado anterior ¿qué otra cosa puede ser la curación sino el sometimiento de la fuerza desatada de la locura? Pinel afirmaba que la terapéutica de la locura era “el arte de subyugar y domesticar, por así decirlo, al alienado, poniéndolo bajo la estricta dependencia de un hombre que, por sus cualidades físicas y morales, tenga la capacidad de ejercer sobre él un influjo irresistible y modificar el encadenamiento vicioso de sus ideas.”21 Esta “ortopedia moral” que es la curación, que opera bajo la forma del despliegue táctico del poder y cuyo engranaje fundamental es el médico que efectúa la cura en virtud de sus “cualidades físicas y morales”, se puede captar desnuda en
diferentes escenas de la curación.
En la psiquiatría de finales del siglo XVIII e inicios del XIX hay dos tipos de intervención terapéutica. La primera de ellas es la práctica basada en la administración de medicamentos, la cual se convirtió progresivamente en objeto de descalificación. Al mismo tiempo, se
desarrolló el denominado “tratamiento moral” que tuvo su origen en Inglaterra, fue adoptado
posteriormente en Francia y se constituyó como engranaje fundamental del poder psiquiátrico. Este tratamiento moral se entiende, en primera instancia, a través de la escena de enfrentamiento que acontece en el hospicio y cuyo desenvolvimiento consta de dos momentos. El primero de ellos, es llevado a cabo por los vigilantes y tiene como objetivo adelantar una operación de desgaste, he aquí un ejemplo. Frente a un alienado lleno de furia, el vigilante:
20 FOUCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico, op.cit., p. 19.
21 PINEL, Philippe,
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Se acerca con apariencia intrépida pero lentamente y paso a paso hacia el alienado, sin llevar tipo alguno de arma para evitar exasperarlo; le habla en el tono más firme y amenazante mientras avanza y, mediante conminaciones atinadas, sigue atrayendo toda su atención para sustraerle la visión de lo que ocurre a su lado. Órdenes precisas e imperiosas de obedecer y someterse: un poco desconcertado por ese continente altivo del vigilante, el alienado pierde de vista todos los demás objetos y, a una señal, se ve rodeado de improviso por el personal de servicio, que se acercaba a paso lento y como quien no quiere la cosa; cada uno de los sirvientes toma uno de los miembros del furioso, uno un brazo, otro un muslo o una pierna.22
Esta escena de desgaste, aunque incompleta, sirve de antesala a la gran escena de curación que al igual que la anterior es tomada de Pinel. Se trata del caso de un joven que por motivos religiosos decide privarse de todo tipo de placer corporal incluyendo la alimentación.
El ciudadano Pussin se presenta al anochecer en la puerta de su celda con un aparato digno de espanto
[“aparato” en el sentido del teatro clásico, claro está; M.F.] los ojos inyectados, un tono de voz aterrador,
un grupo de servidores apiñados a su alrededor y armados con cadenas que agitan con estrépito; se pone un plato de sopa frente a él y se lo intima con la orden más precisa a tomarla durante la noche si no quiere sufrir los tratamientos más crueles; el personal se retira y se lo deja en el más penoso estado de vacilación, entre la idea del castigo que lo amenaza y la perspectiva pavorosa de los tormentos de la otra vida. Luego de un combate interior de varias horas se impone la primera idea y el enfermo decide tomar su alimento. Se lo somete a continuación a un régimen apto para restaurarlo; el sueño y las fuerzas vuelven por etapas, así como el uso de la razón, y él escapa de este modo a una muerte segura. Durante su convalecencia me confiesa a menudo sus agitaciones crueles y sus perplejidades a lo largo de la noche de la prueba.23
En el ejemplo anterior se puede observar cómo la operación terapéutica se efectúa bajo la dinámica de un posicionamiento estratégico de los elementos que se dan cita en el espacio asilar. Ahora bien, es necesario caracterizar con mayor precisión este poder particular que se despliega en el orden disciplinario del asilo y que es condición de posibilidad de la objetividad de la mirada médica y de la operación terapéutica. Este propósito lo encauzaremos a partir del análisis de una escena que está en el corazón del nacimiento de la psiquiatría.
1.2. “YA NO ERES REY”
En la última década del siglo XIX, Philippe Pinel protagoniza la que se considera como la escena fundacional de la psiquiatría. En el asilo de Bicêtre, determinó retirar las cadenas que atan a los locos furiosos que yacían en sus celdas. No obstante, Foucault considera que es otra la escena que presenta con mayor claridad, por su fuerza plástica y simbólica, la novedad que representa la naciente práctica psiquiátrica. Esta escena la protagoniza el rey Jorge III de Inglaterra y aunque es de 1788 se conoció en el resto de Europa a inicios del siglo XIX. A continuación reproduciremos el texto que Foucault toma del mismo Pinel quien difundió la escena así:
22 Ibídem, pp. 90 - 91. Citado en: FOUCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico, op.cit., pp. 25 - 26.
23 Ibídem, pp. 60 - 61. Citado en: FOUCAULT, Michel,
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Un monarca cae en la manía y, para que su curación sea más rápida y sólida, no se pone ninguna restricción a las medidas de prudencia de quien lo dirige; por ello, todo el aparato de la realeza se desvanece, el alienado, alejado de su familia y de todo lo que lo rodea, queda confinado en un palacio aislado y se lo encierra solo en una recámara cuyos cristales y muros se cubren de colchones para impedir que se hiera. Quien dirige el tratamiento le informa que ya no es soberano y le advierte que en lo sucesivo debe mostrarse dócil y sumiso. Dos de sus antiguos pajes, de una estatura hercúlea, quedan a cargo de atender sus necesidades y prestarle todos los servicios que su estado exige, pero también de convencerlo de que se encuentra bajo su entera dependencia y de que allí en más debe obedecerlos. Guardan con él un tranquilo silencio. Pero en cuanta oportunidad se les presenta le hacen sentir la superioridad de su fuerza. Un día, el alienado, en su fogoso delirio, recibe con mucha dureza a su antiguo médico durante su visita y lo embadurna con suciedades y basura. Uno de los pajes entra al punto de la recámara sin decir una palabra, toma por la cintura al delirante, también reducido a un estado de mugre repugnante, lo arroja con vigor sobre un montón de colchones. Lo desviste, lo lava con una esponja, le cambia la ropa y, mirándolo con altivez, sale deprisa para retomar su puesto. Lecciones similares, reiteradas a intervalos durante algunos meses y secundadas por otros medios de tratamiento, han producido una curación sólida y sin recaídas.24
Foucault analiza esta escena en términos de una ceremonia de descoronamiento. En el texto se
afirma que “todo el aparato de la realeza se desvanece” y que la persona que dirige el tratamiento pero que no aparece en la escena “le informa que ya no es soberano”, esta
situación se refuerza por el aislamiento al que es sometido el rey en medio de muros, cristales y colchones. Sin embargo, esta destitución no se causa por el poder de otro soberano, sino que el rey en virtud de su locura queda bajo el dominio de otro poder, hasta este momento
anónimo, frente al cual “debe mostrarse dócil y sumiso”. Este otro poder es el poder
disciplinario, que como según lo vimos se deslizaba sagazmente por el espacio asilar, y que en esta escena particular recae sobre el poder soberano del rey. Foucault nos ofrece una primera caracterización de esta forma de poder: “es un poder anónimo, sin nombre, sin rostro, un poder repartido entre diferentes personas; y es, sobre todo, un poder que se manifiesta en el carácter implacable de un reglamento que ni siquiera se formula pues, en el fondo, nada se dice, y en el texto se escribe con claridad que todos los agentes del poder permanecen mudos. En cierto modo, el mutismo del reglamento encubre el lugar que ha quedado vacío por el descoronamiento del rey”25.
Esta escena de la curación de Jorge III de Inglaterra tiene una importancia capital en el análisis foucaultiano sobre el mecanismo de la protopsiquiatría porque presenta el poder disciplinario como su engranaje fundamental. Podemos comenzar a entender este poder a través del poder de soberanía, modalidad del poder al que se articula como su sucesión. Precisamente lo que muestra la escena y que llama notablemente la atención de Foucault es
24 Ibídem, pp. 192 - 193. Citado en: FOUCAULT, Michel,
El poder psiquiátrico, op.cit., pp.36 - 37.
25 FOUCAULT, Michel,
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que en sus detalles hay un juego de inversiones entre el poder soberano y el poder disciplinario que es preciso explicitar.
A nivel iconográfico, dos son las representaciones clásicas de los soberanos. En la primera, se encuentra el rey haciendo visible su omnipotencia a través de una imagen guerrera en la que se muestra provisto de coraza y armas, un rey hercúleo por llamarlo de alguna manera. Para que este poderío sobresalga, aparece acompañado de varios personajes sometidos a él que representan la debilidad, la esclavitud y la derrota. Otra representación es la de un rey que se presenta sin marcas inmediatas de su potencia física, pero que en su lugar, aparece arropado por signos de poder tales como el armiño, el cetro y el globo. En esta imagen del soberano también hay un juego de oposiciones, pues en posición de sometimiento, aparece lo que representa la fuerza sometida al poderío del rey, a saber, los pajes, soldados y servidores. En estas dos representaciones hay un juego de contrastes en la relación del rey con sus servidores.
En la escena de Jorge III tenemos una modificación de los elementos de este tema iconográfico. El rey, al desencadenar su fuerza salvaje, “su fogoso delirio”, contra su antiguo
médico, se ha puesto en el lugar de los personajes que aparecían sometidos a él en la primera de las versiones iconográficas de los soberanos, pero esta vez, el rey está sometido a una fuerza contenida y disciplinada que toma su rostro en los servidores. Aunque los servidores
están presentes para “atender sus necesidades y prestarle todos los servicios que su estado exige”, no cumplen esta función porque la voluntad del rey así lo disponga. El vínculo entre el servicio, las necesidades y el estado del rey, no es fijado por su voluntad sino por una relación de disciplina en la que los servidores atienden al rey en virtud de las necesidades mecánicas de su cuerpo, “desconexión, por consiguiente, entre la voluntad y la necesidad, el estatus y el estado. Y el servidor sólo intervendrá como fuerza de represión, sólo abandonará el servicio para convertirse en obstáculo a la voluntad del rey, cuando ésta se exprese por encima de sus necesidades, por encima de su estado”26.
Otro detalle de la escena confirma aún más esta inversión de la soberanía. El gesto del rey de
arrojar “suciedades y basura” a su antiguo médico tiene una significación histórica pues ha
sido el gesto de insurrección contra los poderosos. Principalmente en los siglos XVII y XVIII los más pobres de la población arrojaban basura e inmundicias a los reyes pues no tenían nada
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más con qué protestar. Pues bien, el rey Jorge III que muy seguramente fue víctima de este gesto insurreccional, lo hace suyo en su enfrentamiento contra el poder disciplinario. Quien se enfrentaba a la soberanía de esta manera le esperaba el suplicio y la ejecución, en esto vemos otro desplazamiento, pues la intervención de los pajes consiste en desnudar, lavar y volver a vestir el cuerpo del rey.
Este ritual de destitución y la inversión de los elementos propios de una relación de soberanía que se ponen en juego en la escena de la curación de Jorge III, ponen de manifiesto, en el centro del nacimiento de la psiquiatría, el triunfo de un poder de tipo disciplinario sobre un poder de soberanía. La escena de Pinel liberando a los locos en el hospicio de Bicêtre, aunque parece muy distinta a la de Jorge III, guarda una continuidad con ésta pues constituye una relación de obediencia disciplinaria. Cuando los locos son liberados de sus cadenas, pagan esta deuda voluntariamente a través de la obediencia al médico, es decir, son puestos bajo el poder disciplinario, y este sometimiento desembocará en su curación. Foucault lo presenta en los siguientes términos: “Como verán, en realidad esta escena de la liberación no es – ya se sabe, desde luego – exactamente una escena de humanismo; pero creo que se la puede analizar como una relación de poder o bien como la transformación de cierta relación de poder que era de violencia – la prisión, la celda, las cadenas: todo esto corresponde a la vieja forma de poder de soberanía – en una relación de sujeción que es una relación de disciplina”27.
1.3. HISTORIA DE LOS DISPOSITIVOS DISCIPLINARIOS
El punto central que buscamos resaltar en las escenas de Pinel en Bicêtre y de Jorge III, es que la psiquiatría en su mecanismo fundamental está animada y atravesada por lo que Foucault denomina poder de disciplina y que éste se impuso a otra modalidad de poder denominada poder de soberanía. Es necesario, por lo tanto, analizar este tipo de poder. Ahora bien, la forma general del poder disciplinario al igual que su historia guarda una estrecha relación con el poder de soberanía, de allí que el juego de estos dos poderes en la escena de Jorge III no sea simplemente accesorio o accidental. Comenzaremos entonces presentando la historia del poder disciplinario.
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El desarrollo del poder disciplinario se puede presentar de manera esquemática a través del siguiente proceso: se constituye en el interior de las comunidades religiosas medievales y se traslada hacía las comunidades laicas de los siglos XIV y XV que antecedieron la reforma. Tiene un proceso de incubación en el cuerpo social durante los siglos XVI, XVII y XVIII, y se convierte en la forma general del poder durante el siglo XIX. “El Panóptico”
de Jeremy Bentham es la forma más acabada del poder disciplinario en cuanto representa su instalación definitiva en la sociedad.
En este contexto, Foucault afirma que los dispositivos disciplinarios funcionaron en medio del ámbito general del poder de soberanía camuflados, por decirlo de alguna manera, en las comunidades religiosas regulares y espontáneas. De esta manera, es impreciso aseverar un reemplazo tajante de los dispositivos de soberanía por parte de las formas disciplinarias hacia los siglos XVII y XVIII. Durante la Edad Media y hasta el siglo XVI los dispositivos disciplinarios funcionaron integrándose en el esquema general de las relaciones de soberanía, pero a la vez, sirvieron como instrumentos de crítica, oposición e innovación a este sistema que los toleraba, marcaba y sostenía. Ejemplo de esto es la reforma cisterciense de la orden benedictina que tuvo como efecto principal arrancarla del sistema feudal que la atravesaba en su totalidad. Esto se logró a través de la constitución de “un sistema disciplinario en el cual se recuperara ante todo la regla de la pobreza, la obligación del trabajo manual y del pleno uso del tiempo, la desaparición de los bienes personales y los gastos suntuarios, la regulación del régimen alimentario y la vestimenta, la regla de la obediencia interna, el fortalecimiento de la jerarquía”28.
La adopción de estos mecanismos disciplinarios generó innovaciones a nivel político, social y económico en el contexto de una sociedad feudal y monárquica. El nacimiento de órdenes religiosas como los dominicos y jesuitas, los monjes mendicantes y comunidades laicales como los hermanos de la vida común, ayudaron al resquebrajamiento y transformación del sistema feudal. Dichas formas disciplinarias “existieron durante mucho tiempo en el interior y como islotes en el plasma general de las relaciones de soberanía. A lo largo de la Edad Media, en el siglo XVI y hasta el siglo XVIII, esos sistemas disciplinarios ocuparon una posición
lateral […] lo cual no impide ver a través de ellos el esbozo de toda una serie de innovaciones
que, poco a poco abarcarían el conjunto de la sociedad”29. El momento en el que el poder
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disciplinario se extendió y abarcó la sociedad en general, en los siglos XVII y XVIII, abre
paso a lo que Foucault denomina “sociedad disciplinaria” sustituta de una “sociedad de soberanía”.
Este proceso de parasitación general de la sociedad efectuado por los dispositivos disciplinarios tuvo varios puntos de apoyo. El primero de ellos fue la colonización pedagógica de la juventud que en su origen fue llevada a cabo por los Hermanos de la Vida Común. Estos religiosos dando un matiz evidentemente religioso a esta tarea, la fundamentaron en la idea de la búsqueda de la salvación a través del ejercicio ascético individual. Principios ascéticos como el desarrollo espiritual por etapas se trasladan al ámbito pedagógico mediante la introducción en el aprendizaje de la división por edades y niveles con un programa de ejercicios progresivos para cada etapa.
Así como el ejercicio ascético necesitaba un lugar determinado, la práctica pedagógica, también debe llevarse a cabo en un espacio limitado como lo es la clausura. El guía que en el caso de la vida ascética dirige al individuo en su camino de salvación toma una relevancia particular en este esquema pedagógico bajo la forma del profesor que acompaña al individuo durante un ciclo de estudios determinado. El trabajo y la formación académica y espiritual en
los conventos se organizaba en “decurias”, grupos de diez religiosos bajo la dirección de un
guía responsable de su formación, este esquema se aplicaba en las escuelas de los Hermanos de la Vida Común.
Esta vertiente religiosa de la expansión de los dispositivos disciplinarios tuvo otro punto de aplicación, a saber, la colonización de los nuevos pueblos conquistados por la civilización occidental. La introducción de la disciplina en las colonias se hizo de forma discreta y en confrontación con la esclavitud. Un ejemplo de esto son las repúblicas de los guaraníes fundadas por los jesuitas en América del Sur, quienes en su oposición a la esclavitud, por motivos ideológicos pero también por razones económicas, pues el régimen esclavista era costoso en vidas humanas, poco eficiente y mal organizado, hicieron funcionar este sistema
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empleo del tiempo, entonces”30
. Esta organización se complementaba con la implementación
de un sistema de vigilancia y de castigo permanente.
Por otra parte, a partir de la colonización interna de los vagabundos, también se irradiaron los dispositivos disciplinarios, y ésta al igual que la colonización de los pueblos, es efectuada por las órdenes religiosas a quienes se les encomendó la disciplinarización de esta población. El desarrollo de una reglamentación más estricta para el ejército en la segunda mitad del siglo XVIII, el nacimiento de los grandes talleres y la aparición de las ciudades mineras junto con los grandes centros metalúrgicos en el mismo siglo, son también espacios del despliegue de los dispositivos disciplinarios, aunque sin la intervención de las estructuras religiosas.
En todos estos dispositivos que se formaron en la Edad Media y que progresivamente se extendieron por toda la sociedad, se encuentran elementos propios de la dinámica de los sistemas disciplinarios, tales como:
La fijación espacial, la extracción óptima del tiempo, la aplicación y la explotación de las fuerzas del cuerpo por una reglamentación de los gestos, las actitudes y la atención, la constitución de una vigilancia constante y un poder punitivo inmediato y, por último, la organización de un poder reglamentario que, en sí mismo, en su funcionamiento, es anónimo, no individual. En líneas generales: cobertura del cuerpo singular por un poder que lo enmarca y lo constituye como individuo, es decir, como cuerpo sojuzgado31.
Esta serie de características de los dispositivos disciplinarios es apenas una aproximación que ampliaremos a continuación partiendo de un análisis del poder de soberanía.
1.4. EL PODER DE SOBERANÍA
El poder de soberanía es una relación de poder que une al soberano con el súbdito a través de la sustracción y el gasto. El soberano sustrae bienes como cosechas, productos, armas, fuerza de trabajo y servicios, entre otros. Pero a su vez, recíprocamente, el soberano efectúa el gasto consistente en dones o servicios. Sin embargo, la sustracción siempre supera el gasto, es decir, la relación entre la sustracción y el gasto es asimétrica. Por otra parte, la relación de soberanía siempre tiene que remitirse a un hecho fundacional sea una conquista, un juramento, un derecho divino o de sangre, etc. La relación de soberanía siempre mira hacia atrás y tiene que estar reactualizando su fundación a través de los rituales y los signos, pues es frágil e intangible, y en cuanto tal, el recurso al juego de marcas rituales se complementa con la amenaza de violencia que funciona como sostén del esquema de soberanía.
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Otro aspecto de las relaciones de soberanía es que no son isotópicas, esto quiere decir que “se entrecruzan, se entrelazan unas con otras de una manera que hace imposible establecer entre ellas un sistema tal que la jerarquía sea exhaustiva y planificada. En otras palabras, las relaciones de soberanía son sin duda relaciones perpetuas de diferenciación, pero no de clasificación; no constituyen un cuadro jerárquico unitario con elementos subordinados y elementos superordinados”32. La ausencia de isotopía en las relaciones de soberanía se manifiesta sobre todo en la carencia de una medida común, ejemplo, la relación de soberanía establecida entre el siervo y el señor es heterogénea a otra relación de soberanía como la que ejerce el sacerdote sobre el laico. El conjunto de estas relaciones no se puede integrar a un sistema único, en esto se puede observar la falta de isotopía. En este sentido, la relación de soberanía puede incluir una multiplicidad humana (familia, parroquia, habitantes de una región) o puede recaer sobre una tierra, un camino o un elemento de producción.
Dado lo anterior, la función o elemento sujeto dentro de una relación de soberanía casi nunca es un individuo, pues el efecto de dicha relación recae sobre multiplicidades, como una familia por citar un ejemplo, o sobre “fragmentos, aspectos de la individualidad, de la singularidad somática. En la medida en que uno es hijo de X, burgués de tal ciudad, etc., queda incluido en una relación de soberanía, sea uno el soberano o, al contrario, el súbdito, y se puede ser a la vez súbdito y soberano en diferentes aspectos, y de tal manera que la planificación total de todas esas relaciones jamás puede desplegarse en un cuadro único”33.
En las relaciones de soberanía hay dos elementos, a saber, la función sujeto y las singularidades somáticas. Entre estos dos elementos hay un juego constante de circulación y desplazamiento en el cual no hay una fijación de la función sujeto en los cuerpos, salvo en casos discontinuos e incidentales como el momento del ritual. Esto significa que no hay individualización por el lado del súbdito, es decir, una coincidencia entre la función sujeto y el cuerpo singular.
Como en la relación de soberanía hay una ausencia de isotopía, un conjunto de relaciones heterogéneas sin una medida común que sirva de punto de anclaje y arbitraje, y además, no hay una individualización sino una multiplicidad de individualidades somáticas, debe existir una individualidad que recoja el conjunto de relaciones heterotópicas entre sí. Este componente es el soberano que en su cuerpo agrupa esa multiplicidad de relaciones
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heterogéneas. De esta manera, la individualización que no existía en lo bajo de la relación de soberanía, en el súbdito, se dibuja en lo alto, y vemos entonces que “la individualidad del soberano está implicada por la falta de individualización de los elementos a los cuales se aplica la relación de soberanía”34. Ahora bien, este cuerpo del rey no debe perecer con su singularidad somática, en efecto, cuando muere, la monarquía debe permanecer, de manera que la individualización del soberano incluye una multiplicación de su cuerpo.
Foucault recoge el análisis anterior de la siguiente forma:
La relación de soberanía vincula, aplica algo que es un poder político sobre el cuerpo, pero nunca pone de manifiesto la individualidad. Es un poder que no tiene función individualizadora o que solo esboza la individualidad por el lado del soberano, y además, al precio de una curiosa, paradójica y mitológica multiplicación de los cuerpos. Por un lado, cuerpos pero no individualidad; por otro, una individualidad pero una multiplicidad de cuerpos35.
1.5. EL PODER DISCIPLINARIO
Cada uno de los elementos de las relaciones de soberanía que acabamos de caracterizar se puede contrastar con el poder disciplinario. En primer lugar tenemos que el poder disciplinario no funciona con el sistema de sustracción y gasto que veíamos en las relaciones de soberanía. En esta modalidad de poder había una captura fragmentaria de servicios, de bienes o de tiempo, mientras que en el poder disciplinario hay una captación total, “tiende a ser una captura exhaustiva del cuerpo, los gestos, el tiempo, el comportamiento del individuo. Es una captura del cuerpo y no del producto; es una captura del tiempo en su totalidad y no del servicio”36.
Ejemplo de esto es el nacimiento del sistema disciplinario en el ejército hacia mediados del siglo XVII. Hasta la Guerra de los Treinta Años en lugar de la disciplina militar existía un sistema de circulación entre el vagabundeo y el ejército. Este estaba conformado por un grupo de personas que se alistaban por un tiempo parcial y cuya retribución al servicio prestado se efectuaba mediante el pillaje. Nótese que hay una sustracción parcial del tiempo y de las fuerzas de los individuos propio de los sistemas de soberanía. Hacia la segunda mitad del siglo XVII surge la disciplinarización del ejército, esto quiere decir que hay un ejército acuartelado y que los soldados están ocupados durante todo el tiempo, sea de guerra o de paz, hasta el fin de sus días donde pueden obtener una pensión y convertirse en soldados retirados.
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Vemos entonces un proceso en el que “la disciplina militar comienza a ser la confiscación general del cuerpo, del tiempo, de la vida; ya no es una sustracción de la actividad del individuo, es una ocupación de su cuerpo, su vida y su tiempo”37, y precisamente estas son características de los sistemas disciplinarios.
El poder de soberanía funcionaba a través de la discontinuidad del juego de las ceremonias y las marcas que remitían al pasado. En el poder disciplinario no hay tal discontinuidad, antes bien, hay un mecanismo constante de control en el que los individuos están en situación de ser observados en cualquier momento. La referencia temporal de la disciplina no es un acontecimiento originario del pasado que deba reactualizarse bajo la forma del ritual, sino un estado terminal en el que la disciplina que inicia en un punto cero, llega a funcionar por sí misma, hasta convertirse en hábito. Esta continuidad genética de la disciplina se garantiza por el ejercicio gradual y calculado en el que se va perfeccionando. Por ejemplo, el ejército, bajo un esquema de soberanía, tenía la práctica de la justa, que antes de ser un ejercicio corporal, era una ceremonia en la que a través de una muestra de valentía los caballeros demostraban que estaban en condiciones de merecer su estatus y su honor. A partir del siglo XVIII aparece en el ejército el ejercicio corporal entendido como un adiestramiento del cuerpo, de la marcha, del movimiento y de la habilidad a partir de una graduación del mismo; el ejercicio y no la ceremonia es lo que garantiza la continuidad genética de la disciplina.
El poder disciplinario se constituye de esta manera como una captura total y permanente del cuerpo, el tiempo y la vida del individuo, con una exigencia de visibilidad constante y que apela a una continuidad genética que tiende siempre al momento en que la disciplina funcione por sí misma. Para que se efectúe de esta manera, este poder necesita la escritura que funciona como instrumento destinado a asegurar las siguientes tareas: “velar por la anotación y el registro de todo lo que ocurre, de todo lo que hace el individuo, de todo lo que dice; a continuación, para transmitir la información de abajo arriba a lo largo de la escala jerárquica, y por último, para poder mantener siempre accesible esa información y asegurar así el principio de omnivisibilidad que es, creo, la segunda gran característica de la disciplina”38.
Este recurso a la escritura se generalizó a partir de los siglos XVII y XVIII en el ejército, las escuelas y en el sistema policial y judicial. Veremos ahora un ejemplo. Hacia la segunda
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mitad del siglo XVII se percibe un cambio importante en las relaciones de aprendizaje. En la Edad Media, el aprendiz daba una cantidad de dinero al maestro a cambio de que éste le transmitiera su saber en el espacio del taller. El aprendizaje que alcanzaba el aprendiz se comprobaba a través de la obra maestra que era juzgada por el conjunto de los maestros responsables de la corporación o el cuerpo de oficio.
Los Gobelinos, escuela profesional de tapicería y dibujo, fundada en 1667 y reglamentada en 1737, fue un cambio significativo con relación al aprendizaje corporativo de la Edad Media. Allí, los alumnos se dividían en edades y a cada grupo se le asignaba una tarea específica supervisada por maestros. El trabajo, el comportamiento, la asistencia y la diligencia del alumno recibían notas que eran consignadas en registros que se trasmitían en una cadena jerárquica hasta el director de la escuela, de ahí se enviaba otro informe con destino al ministerio de la casa real en el que se presentaban las capacidades de los alumnos, la calidad de su trabajo y la posibilidad que podían tener de ser ascendidos a maestros. En este ejemplo se puede apreciar cómo la escuela de los Gobelinos se constituyó una red escritural que codifica la conducta del individuo, luego la esquematiza y la transmite a una instancia centralizadora que define su aptitud; se trata entonces de la constitución de una individualidad esquemática y centralizada.
La conformación de estas individualidades es imposible sin la visibilidad permanente de los cuerpos facilitada por la escritura, la cual a su vez, permite la acción inmediata del poder disciplinar frente a la virtualidad de la falta, interviniendo en el momento mismo en el que un posible acto se convierte en realidad o preferiblemente con anterioridad a él. El poder
disciplinario, al operar sobre la virtualidad antes que sobre la manifestación de un comportamiento, se mueve al nivel de algo así como el alma que se proyecta como reverso de este poder disciplinario. Lo que vemos caracterizado en el poder disciplinario es un principio panóptico que “organiza una polaridad genética del tiempo; efectúa una individualización centralizada cuyo soporte e instrumento es la escritura, e implica, por último, una acción punitiva y continua sobre las virtualidades del comportamiento que proyecta detrás del propio cuerpo semejante a una psique”39.
Otra característica del poder disciplinario es que en contraste con las relaciones de soberanía es isotópico. Cada elemento tiene un lugar bien determinado estableciendo de esta manera un
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cuadro claro de jerarquías con sus elementos subordinados y superordinados. Ejemplo de esta isotopía son los grados que se manejan en el ejército y en la escuela, como el modelo de los Hermanos de la Vida Común, en el que el lugar que ocupaba un individuo en el salón de clase estaba determinado por su rendimiento, de esta manera, el desplazamiento por este sistema de rangos “no puede hacerse por discontinuidad, litigio, guerra, favor, etc.; no puede hacerse por medio de la ruptura como sucedía con el poder de soberanía, sino a través de un movimiento reglado que va a ser el del examen, el concurso, la antigüedad, etcétera”40.
También, la isotopía del poder disciplinario significa que los diferentes sistemas se pueden articular entre sí, por ejemplo, “las clasificaciones escolares se proyectan, sin demasiadas dificultades y por medio de cierta cantidad de correcciones, en las jerarquías sociales, técnicas que encontramos en los adultos. La jerarquización que observamos en el sistema disciplinario y militar, hace suyas, transformándolas, las jerarquías disciplinarias que vemos en el sistema civil”41, de esta manera, entre los diferentes sistemas no hay conflicto ni incompatibilidad.
La última característica de la isotopía es la existencia de los residuos, aquellos elementos que son inasimilables a los sistemas disciplinarios sean escolares, militares, etc. En este sistema riguroso de clasificación y distribución hay inclasificables los cuáles se escapan al sistema de vigilancia, clasificación y jerarquización, convirtiéndose así en el límite del poder disciplinario. Lo paradójico de este asunto es que la aparición de los sistemas disciplinarios generó la aparición de los residuos, por ejemplo, el desertor sólo aparece después de que la disciplina es adoptada en los ejércitos; después de que hay carrera militar hay un escalafón y vigilancia permanente, entonces hay desertores que escapan a este sistema, antes sólo se trataba de un individuo que dejaba el ejército pero que volvería luego cuando fuera necesario bien sea por voluntad propia o por la fuerza. Este fenómeno también se presenta en la escuela bajo la figura del débil mental el cual sólo llega a ser un problema cuando la escuela adopta un sistema disciplinario que lo clasifica como tal. Lo mismo sucede con los delincuentes los cuales aparecen como grupo inasimilable con respecto al establecimiento de una disciplina policial, y está también el enfermo mental, “el residuo de todos los residuos, el residuo de
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todas las disciplinas, aquel que, dentro de una sociedad, es inasimilable a todas las disciplinas escolares, militares, policiales, etcétera”42.
Esta existencia de residuos, necesaria en los sistemas disciplinarios, permite el nacimiento de sistemas disciplinarios complementarios para retomar los individuos inasimilables, en este contexto, aparecen las escuelas para débiles mentales, por citar un ejemplo. De esta manera,
“el poder disciplinario tiene la doble propiedad de ser anomizante, vale decir, de poner siempre a distancia una serie de individuos, exponer la anomia, lo irreductible, y de ser siempre normalizador, inventar siempre nuevos sistemas de recuperación, restablecer siempre la regla. Los sistemas disciplinarios se caracterizan por un trabajo constante de la norma en la anomía”43.
En esta descripción del poder disciplinario, podemos observar tres elementos que se ponen en juego en las relaciones de poder, a saber, la singularidad somática, el sujeto y el individuo. En el poder de soberanía observábamos cómo la individualización, la fijación de la función sujeto en una singularidad somática, se daba en el soberano, en el juego de la multiplicidad de sus cuerpos. Por el contrario, en las relaciones disciplinarias la individualidad desparece por el lado de quienes hacen funcionar el sistema. En efecto, los sistemas disciplinarios están diseñados para que funcionen por sí mismos y el responsable o director no es un individuo sino una función, igualmente, este responsable está a su vez sujeto a un sistema más amplio que lo vigila y lo disciplina. En el poder disciplinario la individualización se desarrolla en la base. Si en el poder de soberanía había una circulación entre las singularidades somáticas y las funciones sujeto de tal manera que no llegaban a adherirse salvo en el momento del ritual y en el caso del monarca a costa de la multiplicación de su cuerpo, en el poder disciplinario sí hay un ajuste entre estos dos elementos, pues la función sujeto se aplica y se ejerce sobre “el cuerpo, sus gestos, su lugar, sus desplazamientos, su fuerza, el tiempo de su vida, sus discursos”44. Precisamente, “la disciplina es la técnica de poder por la cual la función sujeto se superpone y se ajusta exactamente a la singularidad somática”45.
Tenemos entonces que el poder disciplinario es individualizante en la medida que fabrica cuerpos sujetos, en efecto, el individuo es un cuerpo sujeto. De esta manera llegamos a una idea del funcionamiento del poder disciplinario que Foucault sintetiza de la siguiente manera: