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El cuerpo neurológico

3. EL PROBLEMA DE LA VERDAD EN EL PODER PSIQUIÁTRICO

3.2. Historia de la verdad en general

3.2.2. El cuerpo neurológico

El descubrimiento del cuerpo neurológico permite la introducción del nuevo dispositivo de la clínica neurológica que se constituye como una manera diferente de presentar el cuerpo con respecto a la medicina general corriente. Sin embargo, no hay una oposición radical entre el cuerpo anatomopatológico y el cuerpo neurológico, en efecto, este último hace parte primero como su derivación o expanción; en ambos casos, se trata del triunfo del espíritu de la localización anatómica, sin embargo, las técnicas que ajustan dicha localización anatómica con la observación clínica, son diferentes en la medicina y la neurología. La clínica neurológica capta el cuerpo de manera muy diferente a la anatomía, a continuación presentaremos un ejemplo de cómo era la descripción neurológica. Estas notas fueron redactadas por un alumno de Charcot, la descripción reza así:

209 Ibídem, p. 336. 210 Ibídem, p. 337.

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Si se le ordena abrir los párpados, levanta normalmente el derecho; el izquierdo, en cambio, apenas se mueve, lo mismo en la ceja, de modo que la asimetría superciliar se acentúa aún más. En este

movimiento […] la piel de la frente se agrupa transversalmente del lado derecho, mientras que queda casi

lisa del lado izquierdo. En estado de reposo, la piel de la frente no está arrugada y a la derecha ni a la

izquierda […]

Es preciso señalar además dos puntos: un pequeño hoyuelo muy visible según la incidencia de la luz, a 8 milímetros por encima de la ceja izquierda y a alrededor de 2 cm hacia fuera y a la izquierda de la línea me de la frente; y una pequeña protuberancia hacia dentro del hoyuelo, que parece debida a la contracción del músculo superciliar. Esos dos puntos son muy apreciables si se los compara con el estado normal del lado derecho211.

En un ejemplo como el anterior, la mirada médica recae sobre los signos superficiales de la enfermedad. La anatomía patológica había delimitado al mínimo el examen de los signos externos concentrándose en la búsqueda de la lesión a nivel interno, bien sea a través de la operación quirúrgica o, como era la forma más general, por medio de la autopsia. A este nivel, el anatomopatólogo no escatimaba en la descripción de los detalles internos del órgano o el tejido lesionado. La neurología, al contrario, rescata, al nivel del discurso y del saber médico, el análisis de la superficie. De todos modos, lo más relevante en la captura clínica del enfermo por parte de la neurología a través del dispositivo basado en el examen neurológico es la búsqueda de respuestas.

El examen superficial de la anatomía patológica se basaba en un sistema estímulo – efecto, por ejemplo, “se percute el pecho, se escucha el ruido; se pide al paciente que tosa y se presta atención a la estridencia de la dos; se palpa y se ve si hay calor. Por lo tanto: estímulo- efecto”212. En la neurología, este esquema de estímulo - efecto es reemplazado por el esquema estímulo-respuesta, aspecto que fue crucial para esta disciplina. Duchenne de Boulogne al lograr obtener la respuesta focalizada de un solo músculo cuando sometía la superficie de la piel a la corriente eléctrica, funda el campo del estímulo – respuesta. Más adelante, los estudios del mismo Boulogne permiten diferenciar los síntomas de los tabéticos del vértigo y de los efectos del alcohol. En esta misma línea se encuentran los análisis de Broca sobre la afasia. Todos estos estudios que fueron realizados a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, representan avances en el modelo estímulo – respuesta. De hecho, dichos estudios introducen el campo de las sinergias, “es decir las diferentes correlaciones existentes entre tal o cual músculo: ¿cuáles son los distintos músculos que deben ponerse en

211 CHARCOT, Jean Martín,

Clinique des maladies du système nerveux (1889 – 1881), clases publicadas bajo la dirección de G. Guinon, París, Aux Bureaux du Progrès médicall, 1892, t. I, p. 332. Citado en: FOUCAULT, Michel, El poder psiquiátrico, op. cit., p. 341.

212 FOUCAULT, Michel,

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acción para obtener tal y tal respuesta? Cuando uno de ellos queda fuera del juego, ¿qué sucede?”213

Este esquema permite presentar el análisis de los diferentes fenómenos a partir de lo voluntario y lo automático. Por lo tanto, se establece la diferencia funcional en el ámbito neurológico y muscular entre, primero, comportamientos reflejos y automáticos, y segundo, entre comportamientos voluntarios espontáneos y dependientes de una orden proveniente del exterior; “en la movilización corporal, toda esa jerarquía de lo voluntario y lo involuntario, de lo automático y lo espontáneo, de lo que se requiere con una orden o de lo que se encadena espontáneamente en un comportamiento, va a permitir – y éste es el aspecto esencial – el análisis en términos clínicos, en términos de asignación corporal, de la actitud intencional del individuo”214. De esta manera, la neuropatología se constituye como una captura de la voluntad, la actitud y la conciencia del sujeto al interior de su cuerpo.

Sin embargo, en esta práctica, el médico ve limitado un poco su poder con respecto a la anatomotalogía, puesto que en el examen se ve obligado a hacer más conminaciones al paciente. Mientras que en un examen anatomopatológico el médico simplemente pedía acciones como toser o acostarse, con la técnica de la neurología tiene que pedirle al paciente que camine, extienda su brazo, lea tal frase, etc. Por lo tanto, el examen, la identificación de los comportamientos voluntarios, involuntarios, reflejos y espontáneos pasa por la voluntad del enfermo. Ahora bien, el riesgo de simulación por parte de un enfermo frente al examen y las conminaciones del médico, se reduce al mínimo en virtud del pulimiento de la técnica de la observación clínica que permite ver, al nivel mismo del comportamiento y los signos que presentan los pacientes, si su respuesta está amañada. De esta manera se configura un nuevo dispositivo médico – clínico, de hecho, la medicina orgánica funcionaba bajo unas pocas conminaciones al enfermo, y la psiquiatría a través del interrogatorio. Veamos más a fondo en qué consiste su novedad:

la neurología no es ni un examen en el sentido anatomopatológico ni un interrogatorio; es un nuevo dispositivo que reemplaza el interrogatorio por conminaciones y procura obtener por medio de ellas unas respuestas, pero unas respuestas que no son, como en aquél, las respuestas verbales del sujeto, sino las respuestas del cuerpo del sujeto; respuestas descifrables clínicamente en el plano del cuerpo y, por lo tanto, susceptible de someterse, sin temor a ser engañado por el sujeto que responde, a un examen diferencial. Ahora sabemos diferenciar entre alguien que no quiere hablar y un afásico: se puede establecer ahora un diagnóstico diferencial dentro de esos comportamientos con los cuales antes no se sabía qué hacer y a los que se interrogaba en términos de diagnóstico absoluto. La prueba de realidad ya

213 Ibídem, p. 346. 214 Ibídem, p.

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no es necesaria: la clínica neurológica va a brindar, al menos en cierto ámbito, la posibilidad de movilizar un diagnóstico diferencial, como la medicina orgánica, pero a partir de un dispositivo muy distinto. A grandes rasgos, el neurólogo dice: obedece mis órdenes pero cállate y tu cuerpo responderá por ti, dando respuestas que yo solo, porque soy médico, podré descifrar y analizar en términos de verdad215

Precisamente en este campo médico trazado por la neurología irrumpe la crisis histérica. Hasta antes del surgimiento de la neurología y de su dispositivo clínico había dos grandes grupos de enfermedades, a saber, las enfermedades mentales y las enfermedades verdaderas, clasificación que no conduce necesariamente a una diferenciación entre enfermedades del espíritu y enfermedades corporales respectivamente; de ninguna manera esta fue la distinción fundamental de la medicina en el periodo de 1820 a 1880. La diferencia fundamental era entre enfermedades que precisaban un diagnóstico diferencial y aquellas que se realizaban bajo el diagnóstico absoluto, a este último grupo pertenecían todas la enfermedades mentales. Ahora bien, entre estas dos categorías había intermediarios, como el caso de la parálisis general que tenía síntomas psicológicos como el delirio y síndromes motores como temblor y parálisis de los músculos, por decirlo de una manera, era una enfermedad epistemológicamente y moralmente buena que actuaba como intermediaria entre enfermedades de diagnóstico diferencial y enfermedades de diagnóstico absoluto.

Al lado de la parálisis estaba todo el campo de las neurosis que eran enfermedades malas. La neurosis contenía aspectos motores de los cuales no se encontraba correlato anatómico alguno que permitiera determinar su etiología. Se consideraba una enfermedad epistemológicamente mala por la irregularidad en su sintomatología, por ejemplo, las convulsiones no pudieron ser descifradas en su especificidad. Asimismo, la neurosis era considerada moralmente mala por la simulación de sus síntomas y por el componente sexual que involucraba. En este orden de ideas Jules Falret afirmaba: “la vida de las histéricas no es sino una perpetua mentira; afectan aires de piedad y devoción y logran hacerse pasar por santas, mientras en secreto se abandonan a los actos más vergonzosos y en la privacidad de sus casas someten a sus marido es hijos a las escenas más violentas, en las cuales profieren palabras groseras y a veces obscenas”216.