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El ordenamiento de las necesidades

2. LA CURA PSIQUIÁTRICA

2.4. El caso Dupré

2.4.3. El ordenamiento de las necesidades

Pasemos a la tercera maniobra denominada el ordenamiento de las necesidades. El poder psiquiátrico impone la realidad sobre la locura organizando o generando nuevas necesidades a través de la creación, el sustento y la prolongación de las mismas. Una vez más encontramos un ejemplo en el caso Dupré. Él no quiere trabajar porque considera que toda moneda es falsa, ya que él, Napoleón, es el único con derecho a acuñarla. Si todo el dinero que le ofrecen es falso no hay motivo para trabajar, de esta manera, la intervención terapéutica consistirá en obligarle a comprender la necesidad del dinero. Para lograr esto se lo obliga a trabajar, y aunque se le otorgaba un salario por la jornada laboral, Dupré lo rechaza aduciendo que el dinero no tiene ningún valor. De todas maneras, a la fuerza le introducen el dinero en los bolsillos y lo castigan encerrándolo durante toda la noche y la mañana siguiente sin darle alimento alguno. Posteriormente le envían a un enfermero, previamente preparado para que le diga lo siguiente: “¡ah, señor Dupré, cuánto lo compadezco por no comer! Si no temiera la autoridad del señor Leuret y sus castigos, le traería comida; estoy dispuesto a correr el riesgo, con la condición de recibir una retribución”100

. De esta manera, para poder comer, Dupré se

ve obligado a emplear el salario del día anterior pagándole al enfermero, y consecuentemente, reaprende la utilidad del dinero a partir de la creación artificial de esta necesidad. He aquí otro ejemplo:

99 FOUCAULT, Michel,

El poder psiquiátrico, op. cit., p. 178.

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Lo alimentan bien y, otra vez, deslizan “doce gramos de calomelanos en las legumbres del señor Dupré, quien no tarda en sentir la necesidad de ir al excusado, por lo cual llama al doméstico y le ruega que le

deje las manos libres. Nuevo arreglo pecuniario”. Al día siguiente, Dupré va a trabajar y a “procurar el premio de su jornada”. Se trata, dice Leuret, del “primer acto razonable, hecho voluntariamente y con reflexión que conseguí de él”101.

En el contexto de este manejo táctico de la curación, vemos perfilarse al lado de la creación de necesidades, un sistema cuidadoso de generación de carencias en el enfermo, que constituye la cuarta maniobra asilar. En primer lugar, está la táctica de la ropa. Puesto que la mayor parte de los locos son orgullosos, se les debe proveer de una vestimenta austera que trunque el funcionamiento del deliro sin pasar al extremo de la humillación, pues también puede estimular el delirio. Otra es la táctica de la comida, que al igual que la vestimenta debe ser sobria y racionada buscando estar un poco por debajo de la media, cabe añadir que la privación de comida y el ayuno fue uno de los castigos existentes en la vida asilar. Tercero, la táctica de la actividad laboral. El trabajo es importante no sólo porque genera orden y disciplina, además de esto, inserta en la dinámica asilar un sistema de retribución. En efecto, el trabajo es remunerado y de esta manera pueden solventarse las necesidades fomentadas por la carencia asilar, aunque dichas retribuciones deben ser “suficientes para satisfacer las necesidades creadas por la carencia fundamental y lo bastante escasas, al mismo tiempo, para quedar por debajo, desde luego, de todas la remuneraciones normales y generales”102. Para terminar, la última carencia que señalaremos es la falta de libertad, el aislamiento en el asilo genera en el enfermo la necesidad de libertad, que en el tratamiento es aprovechada para el desenvolvimiento de la cura.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo del poder psiquiátrico asilar cómo generador de necesidades y gerente de las carencias establecidas por él mismo? ¿Cuáles son sus efectos? El primer efecto logrado por este sistema de carencia es la imposición de la realidad de aquello que se necesita, “el dinero, que no era nada, se convertirá en algo a partir del momento en que haya una carencia y, para llenarla, sea preciso apelar a él”103. En segundo lugar, tenemos que gracias a la carencia se perfila la realidad del mundo exterior que era negado en virtud de la omnipotencia de la locura, este mundo externo se presenta cada vez con más fuerza al enfermo como realidad inaccesible, pero que sólo lo es, durante el tiempo de permanencia en el asilo.

101 Ibídem, p. 181. 102 Ibídem, p. 184. 103 Ibídem. p. 185.

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Dicho mundo se presenta al enfermo como una realidad deseable dada la carencia asilar, al mismo tiempo, el enfermo se está iniciando al mundo exterior mediante la forma cómo responde a su carencia en el asilo. Es como si el poder psiquiátrico dirigiéndose al enfermo dijera: ““cuando usted haya comprendido que debe trabajar para alimentarse, ganar dinero e incluso para defecar, habrá llegado el momento de salir al mundo exterior”. Éste, por lo tanto,

es real como mundo de la falta de penuria, en oposición al mundo de carencias del asilo, y como mundo al cual la penuria del asilo servirá de propedéutica”104.

El tercer efecto es el reconocimiento por parte del enfermo de la realidad de su propia locura a través del sistema de carencias y necesidades del asilo. Su condición de precariedad con relación al mundo exterior hará que reconozca que la causa de su estado es la locura, entenderá que si experimenta carencias es porque está enfermo; el precio de la locura es la penuria. Y por último, al experimentar el enfermo que para solventar la carencia necesita trabajar, entenderá que el proceso de la curación no es algo que la sociedad le debe sino que está obligado a trabajar para conseguirla, dicho de otra manera:

El loco aprende este cuarto aspecto de la realidad: que debe, como enfermo, subvenir a sus propias necesidades mediante el trabajo, para que la sociedad no tenga que pagar su precio. Se llega así a la siguiente conclusión: por una parte, la locura se paga, pero, por otra, la curación se compra. El asilo es justamente la institución que hace pagar la locura con una serie de necesidades creadas de manera artificial y al mismo tiempo, va a hacer pagar la curación por medio de cierta disciplina, cierto rendimiento. Al establecer una carencia, el asilo permite crear una moneda con la cual se pagará la curación. Crear, a partir de las necesidades sistemáticamente generadas, la retribución moral de la locura, los medios de pago de la terapéutica: esto es, en el fondo, lo que constituye el asilo. Como verán el problema del dinero ligado a las necesidades de la locura que se paga y de la curación que se compra está profundamente inscripto en la maniobra psiquiátrica y el dispositivo asilar105.