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El lugar de la verdad en la operación terapéutica

2. LA CURA PSIQUIÁTRICA

2.2. El lugar de la verdad en la operación terapéutica

¿Qué sucede con la verdad en esta nueva práctica psiquiátrica? ¿Cuál es su lugar en la psiquiatría? En el capítulo primero observábamos cómo la disposición y la curación en un hospicio para enfermos se llevaba a cabo en función de la táctica constituida a través del desenvolvimiento del poder disciplinario, nótese que no presentábamos ningún tipo de discurso de verdad a partir del cual se estableciera una acción terapéutica determinada. Sin embargo, esto no quiere decir que la cuestión de la verdad sea del todo ajena a la psiquiatría. Foucault señala que la cuestión de la verdad sí se plantea en la psiquiatría, a pesar de la reticencia frente a su elaboración teórica, sólo que ésta no se sitúa en la cura sino al interior

79 Ibídem, pp. 45 -46. 80 Ibídem, p. 46. 81 Ibídem, p. 156.

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del poder psiquiátrico mismo, esto significa que: “se la asigna desde el inicio y de una vez por todas, al constituirse como ciencia médica y clínica. Es decir que el problema de la verdad, en lugar de estar en juego en la cura, fue resuelto de una vez y para siempre por la práctica psiquiátrica, una vez que se atribuyó el estatus de una práctica médica y se dio como fundamento el de ser la aplicación de una ciencia psiquiátrica”82.

Según lo anterior el poder psiquiátrico se puede entender como “el complemento de poder en virtud del cual lo real se impuso a la locura en nombre de una verdad poseída de una vez por todas por ese poder con el nombre de ciencia médica, psiquiatría”83

. A partir de esta

definición se pueden señalar algunos rasgos de la historia de la psiquiatría durante el siglo XIX.

En primer lugar, es necesario enfatizar en que la práctica psiquiátrica genera dos discursos científicos, uno clasificatorio o nosológico, y otro anatomopatológico. El primero de ellos presenta la locura como una serie de enfermedades mentales con una sintomatología, evolución y diagnóstico diferenciados, en un intento por acercarse al discurso médico tradicional, constituyéndose como analogía de la verdad médica. El segundo, se centra en el

hallazgo del sustento orgánico de la locura, abordando el problema de su etiología y su relación con las lesiones neurológicas, en últimas, se busca una base materialista para la psiquiatría. En el desarrollo de la práctica psiquiátrica durante el siglo XIX, ésta se resguardaba bajo alguno de estos dos discursos, sin embargo, efectivamente no se valía de ninguno de los dos, “en el fondo, las distribuciones asilares, la manera de clasificar a los enfermos, de repartirlos en el asilo, de asignarles un régimen, de imponerles tareas, de declararlos curados o enfermos, curables o incurables, no tenía en cuenta esos dos discursos”84.

Los discursos nosológico y anatomopatológico o fisiológico, que de manera directa no intervenían en el juego de la curación, funcionaban como garantía para la psiquiatría en su interés por presentarse como poseedora de una verdad, de una vez y para siempre, sin que hubiera la posibilidad de cuestionársele. Este proceder del poder psiquiátrico se escenifica de la siguiente manera:

82 Ibídem. 83 Ibídem, p. 157. 84 Ibídem, p. 159.

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entre la locura y yo la cuestión de la verdad nunca se planteará por una razón muy sencilla, a saber; que yo psiquiatría, ya soy una ciencia. Y si como tal tengo derecho a interrogarme a mí misma sobre lo que digo, si es cierto que puedo cometer errores, de todos modos me toca, y me toca a mí sola, en cuanto ciencia, decidir si lo que digo es verdad o corregir el error cometido. Soy dueña, si no de la verdad en su contenido, al menos de todos los criterios de verificación y de verdad, me permite hacer míos la realidad y un poder e imponer a todos esos cuerpos dementes y agitados el sobrepoder que voy a dar a la realidad. Yo soy el sobrepoder de la realidad como poseedora, por mí misma y de una manera definitiva, de algo que es la verdad con respecto a la locura85.

Esta desarticulación entre discurso de verdad y práctica psiquiátrica tiene su razón de ser en el incremento del poder de realidad, función principal del poder psiquiátrico. Esta situación genera en la psiquiatría la necesidad de presentarse en posesión de una verdad. De lo anterior se sigue que el gran problema de la psiquiatría en el siglo XIX no fue ni un problema de conceptos ni los escollos que pudiera presentar alguna enfermedad en particular; el gran problema de la psiquiatría decimonónica fue según Foucault la simulación. Por simulación no se entiende el engaño ocasional de un paciente al médico haciéndole creer que hay enfermedad, esto sucede comúnmente y no por ello toda una disciplina se pone en cuestión, el problema histórico de la psiquiatría es la simulación interna de la locura, “la simulación ejercida por la locura con respecto a sí misma, la manera de la locura de simular locura, la manera de la histeria de simular histeria, la manera como un síntoma verdadero es en cierto aspecto un modo de mentir, la manera como un falso síntoma es una forma de estar verdaderamente enfermo”86.Esta circunstancia se constituyó como el límite de la psiquiatría. A continuación veremos cómo se presentaba este enfrentamiento entre la psiquiatría y la locura a través del juego de la simulación:

A grandes rasgos, la psiquiatría decía: contigo, que estás loco, no plantearé el problema de la verdad, pues yo misma la poseo en función de mi saber, a partir de mis categorías; y si tengo algún poder sobre ti, el loco, es porque poseo esa verdad. A lo cual la locura respondía: si pretendes tener de una vez por todas la verdad en función de un saber que ya está constituido, pues bien, yo voy a plantear en mí misma la mentira. Y por consiguiente, cuando manipules mis síntomas, cuando estés frente a lo que llamas la enfermedad, te encontraras en una trampa, porque en medio de mis síntomas habrá ese pequeño núcleo de noche, de mentira, a través del cual te plantearé la cuestión de la verdad. Por lo tanto, no te engañaré en el momento en que tu saber esté limitado, lo cuál sería simulación lisa y llana; al contrario, si quieres tener algún día una autoridad efectiva sobre mí, la tendrás al aceptar el juego de verdad y mentira que te propongo87.

El juego de la simulación es el proceso mediante el cual los enfermos responden con mentira al poder psiquiátrico que se resiste a plantear el problema de la verdad, es decir, los locos

85 Ibídem, pp. 159 160. 86 Ibídem, p. 161. 87 Ibídem, pp. 161 162.

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organizan un antipoder para hacer frente al poder psiquiátrico, o dicho de otra manera, los enfermos mentales impusieron a la psiquiatría la cuestión de la verdad. Dos histéricas, Braguette y Pétronille en 1821 fueron las pioneras de este fenómeno de simulación que se extendió por todos los asilos de Francia como instrumento de lucha frente al poder psiquiátrico. A este fenómeno se conecta la crisis de la psiquiatría asilar hacia 1880 que se desató a partir de Charcot, quién podía suscitar los síntomas que él mismo estudiaba a través de la simulación de sus pacientes. En este orden de ideas, la histeria, más que un caso patológico fue un fenómeno de lucha de los propios enfermos, como ya lo señalamos, pero también al interior mismo del sistema asilar; si la simulación se extendió por el sistema asilar fue también gracias a la complicidad del personal que laboraba en los hospicios.

De esta manera, hubo toda una insurrección de los locos frente a ese poder de realidad que los psiquiatras tenían la tarea de atornillar en el espacio asilar. Encontramos en ello a las simuladoras y simuladores como pioneras y pioneros de la despsiquiatrización que habitualmente suele atribuirse a Freud. Hacer de la histeria el tope epistemológico de la psiquiatría, permite inscribir a la psiquiatría en la historia de la ciencia, y por supuesto al psicoanálisis como superación del escollo. El enfoque que presenta Foucault es radicalmente diferente, es trasladar el centro de la historia de la psiquiatría, del psiquiatra y su saber, a los locos.