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La regeneración de Setiembre y la reacción del terrorismo (Folleto).

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(1)

LA REGENERACION

d e

Y

L A R E A C C IO N D E L T E R R O R IS M O .

Im prenta de J u an P ablo Sa. j.

1877

(2)

IN T R O D U C C IO N

No hay Gobierno posible, por más larga que su duración sea, y por fuertes que parez­ can sus fundamentos, contra el espíritu domi­ nante y las tendencias de la época; y si no tie­ ne la fuerza del poder ni la del tiempo para resistir al torrente innovador, ese Gobierno se­ rá el episodio de un dia en la historia de los pueblos.

H e ahí en dos palabras el Gobierno de Bor- rero. E l principio que lo elevó fuó el espíritu reform ista; y la fuerza que lo abatió, nació de la resistencia á la reforma, en pugna con las instituciones vigentes.

Las que nos dejara el Dictador, son el fruto de la dictadura de quince años, que ha subver­ tido todos los derechos y todos los principios sociales.

(3)

sos-I sos-I .

tenim iento de estas instituciones, después que ella liabia desaparecido de la escena política, y sólo la reform a podía reconstituirnos y asegu­ ra r el ófden y la paz, como condición indispen­ sable de la libertad que habíam os recuperado.

Siendo inequívoco el voto de la N ación por la reform a, no podía invocarse contra esta la m ism a C onstitución tirán ica que clebia reform ar­ se, y cuyo sostenim iento era la continuación de la dictadura.

E l G obierno que se resistía al voto explí­ cito de la Nación, tenia que provocar el dere­ cho de insurrección contra si mismo, y acep tar las consecuencias.

H abiéndose resistido tenazm ente el G o b ier­ no de B orrero á la reform a pedida, apoyándo­ se en representaciones hechas firm ar por au to ­ ridades civiles, políticas, m ilitares y eclesiásticas, h ab ía suplantado la voluntad general con el m is­ mo régim en del terrorism o.

E l voto del Consejo de E stado h abia

dese­

chado sin examen

la solicitud de la reform a, y el G obierno procedió coercitivam ente contra los ciudadanos que pidieron la reconsideración en Im b ab u ra, Q uito y G uayaquil, y declaró como u n g ran delito el derecho de petición, consagra­ do aun por la m ism a C onstitución dictatorial.

L as C ám aras legislativas, com puestas de los fundadores de la D ictadura, se em peñaban en declarar la R epública en estado de sitio, aun en los mismos m om entos en que el nuevo P re ­ sidente venia á encargarse dei poder, y y a no p ed ia abrigarse la m enor esperanza de reforma.

(4)

TIL

de la reforma en los consejos ele la política, de que estaban adueñados, sino que se hacia os­ tentación de la apostasía del gran principio li­ beral y de la continuación de la dictadura.

E sta decepción del principio esencial de la elección popular de Borrero, y la sórie no in ­ terrum pida de las contradicciones y desaciertos de su gobierno, habían causado su desprestigio, hasta el punto de hacer imposible la continua­ ción de su mando ; pues que habiendo protes­ tado solemnemente no hacer uso de la Consti­ tución garciana, por reconocerla monstruosa y tiránica, seguía literalm ente el mismo camino de la dictadura, con la expoliación hasta de los de­ pósitos judiciales, la persecución de los libera­ les, la expatriación de los jueces.

L a prensa oficial, puesta á cargo de los más acendrados terroristas, era la voz autorizada de la difamación y el libelo contra los liberales, bajo el velo sagrado de la religión, para pervertir el espíritu de los pueblos con el mismo talismán del terrorismo, llamando á los liberales

impíos

y comunistas,

y dando el carácter de guerra re­ ligiosa á la reconquista de la libertad, de la hon­ ra, del decoro de la Nación.

E n situación semejante, el

salus

era

la Regeneración del 8 de Setiembre en G uayaquil. Los defensores de la libertad, esforzados co­ mo el gran principio que se levanta con una grande idea :

Im placables, como el destino que sigue al crimen con el rigor de la justicia para la pena:

(5)

I V.

lo» viejos victim arios de Jam b elí, C u ay aq uil, C uenca Q uito, R iobam ba, arm ados por Borre- cm el puñal terrorista, y alentados con el oro del Períi, por la v enta del territorio nacional.

L a nobleza y elevación del principio*y de la idea :

L a m oral filosófica y hum anitaria de la jus­ ticia en la p e n a :

L a generosidad, la m agnanim idad y la cle­ m encia de los vencedores, aun después de la victoria, han dado lu g ar á que buscasen como volver á ser triunfantes los vencidos im punes y

traidores. H e ahí el m anifiesto de la R ege­

(6)

LA REGENERACION DE SET IE M B R E

y la

R E A C C IO N D E L T E R R O R IS M O .

S I T U A C I O N .

E l movimiento actual del mundo en las so ciedades humanas, no es mas que la m agna y peremne lucha do lo pasado con lo porvenir, del principio conservador con el principio liberal.

E l principio conservador, aferrado á las tra­ diciones, al privilegio, á las preocupaciones an­ tiguas, á las instituciones oscurantistas que apo­ yan al despotismo y la tiranía, se opone al vue- lo de la libertad, al impulso del progreso, al es­ píritu del tiempo que vienen cambiando la fae; de los pueblos.

(7)

ele-v ándose con el pensam iento á las regiones de la inteligencia, alum b ra y vivifica los m undos con la luz de la libertad y el progreso, que son la le y del espíritu moderno.

E n las sociedades del viejo m undo el im­ pulso de esta poderosa ó irresistible palanca ha hecho indecibles progresos últim am ente. L a F ra n c ia republicana, orlada h o y con la brillan­ te aureola de la libertad, en vez do la corona de hierro de lo? antiguos reyes lom bardos, del m anto de San Luis y la espada de C ario M ag­ no, es la m edida del poder del principio liberal.

L as naciones de nuestro C ontinente, desde rpie sacudieron el y u g o colonial,, son el p alen ­ que perpetuo de esta lucha sangrienta, cada dia renovada, cada vez mas encruelecida con el ím ­ petu feroz del espíritu reaccionario.

L as R epúblicas del P la ta y C entro-A m cri- ca, Chile, Bolivia, el P erú, V enezuela y Colom ­ bia, y h asta el mismo Brasil, bajo la form a m o­ nárquica, cam pean en las conquistas del p ro ­ greso, y m archan im pulsadas por el espíritu del

tiem po.

Sólo el E cuador, enclavado entre la a n ti­ g u a tiran ía de Flores y la d ictad ura sanguina­ ria y cruel de G arcía M oreno, que em ponzoñó liasta las entrañas de la sociedad con el gór- m en corrosivo de la hipocresía y del fariseísm o, atraviesa h o y p o r la crisis m as com plicada y difícil, conjurando de un extrem o á otro- de la R epública la feroz reacción del terrorism o, b a ­ jo todas las form as de la g u erra religiosa.

E n efecto, júzguese en la actualidad d é lo s hechos con buen criterio ; reconózcase á nuestros hom bres con im parcialidad ; m edítese sincera­ m ente sobre los planes, las com binaciones y los m edios do ejecu tarlo s; recúrrase al testim onio

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íntimo do la conciencia para descubrir la verdad; y de cualquier modo que juzguemos, de cual­ quier punto que partamos, llegaremos á un cen­ tro único, al antiguo escenario del terrorismo, donde todavía se juegan loa mismos papeles, por los mismos hombres y para los mismos fines.

1 1

.

E l difunto organizador formó su régimen que creía perpetuo, para perpetuarse el m ism o; supo escojer sus hombres que creyeran como el en la perpetuidad del mando, y soñaran con la eterna posesión del poder ab soluto : institucio­ nes, leyes, principios, hábitos y costumbres, mo­ ral, culto, y hasta las 'últimas ocupaciones del hogar doméstico, se crearon, vigilaron y con­ dujeron conforme á ose régimen que creían in­ destructible.

Vínose abajo ese carcomido andamio del despotismo, y los obreros que quedaron sin el

maestro

, quieren reedificar ahora su antigua Ba­ bel, contra el -espíritu del tiempo, contra el pro­ greso de la razón, contra el poder de la libertad.

N uestra libertad, reencarnándose en el cas­ to y puro seno de la paz, salió radiante y ai­ rosa á lucir, como un meteoro, en los nuevos horizontes de un extremo al otro de la Repú­ blica. Pero el hombre elegido por el voto uná­ nime de los pueblos para cuidar de ella y con­ ducirla al cumplimiento de los altos y verda­ deros destinos de la patria, dejóse apoderar de los herederos de la vieja tira n ía ; y la libertad otra vez cautiva desde su cuna, sólo pudo ser redim ida por la gloriosa Transformación de Se­ tiembre.

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núes-tra lib e rta d ; pero m inea el furor del terrorism o en reacción, desarrollara todas las m alas pasio­ nes, concitara todos los odios, excitara todos los espíritus, y se abalanzara de todos los recu r­

sos m ás impíos, sacrilegos y sanguinarios p ara reconquistar su ominoso im perio en el E cuador.

Ni el respeto á la vida p riv ad a; ni la con­ sideración á la am istad, á la fam ilia y la san ­ g re; ni el acatam iento debido á la v irtu d aus­ te ra de la m ujer candorosa y p u r a ; ni la san ­ tidad de la religión y del nom bre mismo de Dios, se lian visto libres del veneno corrosivo de la calum nia, de la injuria y la b la sfe m ia , en el anónim o, en el pasquín, en el enredo, en el torbellino de la plaza pública, y en el re ­ cinto del b ogar domestico, pava d esacred itar á la libertad naciente, para im pedir su d esarro llo progresivo, p ara ah o garla en su cuna y lev an ­ ta r el asqnen so estandarte de la vieja d ic ta ­ dura.

Los druidas del

hierofa

n

t

ismo, q

el 6 de A gosto de 75, vieron caer ;i su ídolo despedazado y envuelto en su p ro pia sangre, como la retaliación de la que, duran te quilico años, había hecho correr á torrentes dentro y fuera de la R epública, continuaban su m entido culto, bajo la nueva liturgia del fusionista 13o r- rero, b asta que cayeran y fueran todos ah o g a­ dos en la íusion de los buenos principios de M ontesquieu y los m alos de R e M aestre, v cutio la exegecis. del catolicism o y los m itlios de O din

y T e u ta te s

(10)

D —

insurrección, se gozaban de antemano con nues­ tra sangre, con nuestro exterminio y la desola­ ción de la patria.

Kntremos, pues, y a en el prim er proceso de este drama tenebroso y sanguinario, dejando su apreciación al criterio imparcial de nuestros lec­ tores, en cuyas manes ponemos los hilos anuda­ dos y descubiertos de la tram a revolucionaria, y sus autores convictos y confesos, sin reparo á la amistad, á la fraternidad y á la sangre.

H elos aquí. *

1 1 1 ,

P R O C E S 0

seguido contra los conspiradores de Mayo.

República del Ecuador.— Ministerio G ene­ ral.— Sección de lo Interior y Relaciones E xte­ riores.— Quito, a diez y seis de Mayo de mil ochocientos setenta y siete.—Al señor Coronel 'C om andante General del distrito.— Acompaño

á US. las interrogaciones hechas á varios sin­ dicados de conspiración por S. E. el Jefe Supremo de la República, ú presencia del II. señor Mi­ nistro general y de los Subsecretarios de lo In ­ terior y de G uerra y Marina, á fin d eq u e ellos como los demas que resultaren comprometidos, sean juzgados conforme al decreto de seguridad pública de 12 de los corrientes,— E n consecuen­

(11)

í )

cia, S. E. el Jefe Suprem o de la República, tra s - m ite á Usía las facultades detalladas en el título

IV, tratado 9? del Código m ilitai.— Dios y L i­ bertad.— Por el M inistro G eneral, el S ubsecre­ tario de lo Interior, J . E ndara.

C om andancia G eneral del distrito.— Q uito, M ayo 16 de 1877 — E n cum plim iento de la or­ den suprem a que precede, de las facultados que en ella se me trasfieren y de las que me con­ cede el título IV , tratado IX del Código m ilitar, notifíquese que van á ser juzgados y sentencia­ dos en Consejo de G u erra de oficiales generales conform e al decreto suprem o de doce del que ri­ ge, á lo s señores Rafael C arvajal, A gustín G uer­ rero, P edro Lizarznbnro, Cam ilo Ponce, C ristó­ bal Jijó n , C arlos F ernández Madrid, F elipe Jáarra- de, Coronel Ignacio Navas, T eniente coronel R o­ berto Alm eida, C apitán A m ador J a ti va, M anuel L arrea, Abel G arcía, L ucio Salazar, Rafael A ng u ­ lo. A lejandro G uarderas, V icente Palláres, N i­ colás B arba, José F ernández M adrid, José C a m ó n • y Jijó n y Ju lio Salazar. E n consecuencia, nóm ­ brase vocales de dicho Consejo de G uerra de ofi-, cíales generales á los señores Coroneles F rancisco M artínez, R afael B arriga, V icente L arrea, R am ón N egrete. Rafael T oro M oreno y al T en ien te co­

ronel N icolás Vázcones. N óm brase igualm ente

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El Sargento mayor, Secretario accidental, Jose R. Balbin.

Juzgado fiscal.— Recibido boy diez y seis de Mayo de mil ochocientos setenta y siete, á las cinco de la tarde.— Aceptando el cargo, nombro de Secretario en la presente causa al Subteniente Juan Alcídes Iturralde, quien juró desempeñar le­ galmente Notífiquese á los sindicados con la pro­ videncia que antecede y practíquenee las demas diligencias del caso.—Juan N. Navarro.— El Sub­ teniente, Juan Alcídes Iturralde, Secretario.

En Quito, á las seis y cuarto de la noche lile notificado el seiioi Cárlos F. Madrid, á presen­ cia del señor Juez fiscal, y nombró de defensor al señor doctor José María Batallas, firmando la presente diligencia con el infrascrito Secretario, d eq u e certifico.—Juan N. Navarro. Carlos F er­ nández Madrid. E l Subteniente, J. Alcídes Itur- ralde, Secretario.

Inmediatamente y en los mismos términos (pie anteceden hice otra notificación igual al señor Cristóbal Jijón, á presencia del señor Juez fiscal, y nombró de defensor al señor doctor José M a­ ría Batallas, y firma con el infrascrito Secretario, de que certifico.— Ju a n N . Navarro. Cristóbal J i ­ jón. El Subteniente, J Alcídes Iturralde, Secre­ tario.

Acto continuo y en los mismos términos que anteceden hice otra igual notificación al señor doctor Rafael Carvajal, y nombró de defensor al señor Mayor graduado Nicolás Carrion, y firma con el infrascrito Secretario, de que certifica. Ju an N. Navarro. Carvajal. E l Subteniente, Juan Alcídes Iturralde, Secretario.

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fensor al señor Cemente coronel graduado M anuel llurbano, y firm a con el infrascrito Secretario, de que certifica.— J u a n N. N avarro, R . Alm eida. El Subteniente, J . Alcídes Iturralde, Secretario.

E n la m ism a fecha y en los mismos térm inos que anteceden hice otra igual notificación al señor C oronel Ignacio Navas, y nom bró de defensor al Sargento m ay o r A bdon R icaurte, y firm a con el infrascrito Secretario, de que certifica,— Ju a n N. N avarro. Navas. . El Subteniente, J . Alcídes

Itu rrald e, Secretario.

Incontinenti y en los mismos térm inos que anteceden hice otra notificación al señor A bel G ar­ cía Jaram illo, y nom bró de defensor al señor doctor A ntonio Robalino, y firm a con el infras­ crito Secretario, de que certifica.— Ju a n N. N a­ varro. A. G arcía Jaram illo. E l Subteniente, J. A lcídes Itu rrald e, Secretario.

Acto continuo y en los mismos térm inos que las dem as hice otra igual notificación al señor Redro Ignacio L izarzaburo, y nom bró de defeu* sor al señor doctor Luis A. S alazar como ab o g a­ do, y como m ilitar al señor E lo y H errera, so l­ dado del batallón

u

Convención ” y recusa á los vocales C oroneles Francisco M artínez, V icente L arre a y Rafael T oro M oreno, y firma con el infrascrito Secretario, de que certifica.— J u a n N. N avarro. P ed ro Ignacio L izarzaburo. E l S u b te ­ niente. J . Alcídes Itu rrald e, Secretario.

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República del Ecuador.—Ju zg ad o Fiscal.— Quito, M ayo 17 de 1877.—Al señor Coronel Co­ mandante General.— Pongo en conocimiento de Su Señoría que el encausado señor Pedro Igna­ cio Lizarzaburo lia recusado á los vocales se­ ñores Coroneles Francisco Martínez, Vicente Lar- re.a y Rafael Toro Moreno, en uso de la facul­ tad que le concede la ley.— Dios y Libertad.— Ju an X. Navarro.

Comandancia General, del distrito.— Quito. Mayo 17 de 1 8 7 7 .— Apareciendo de estos obrarlos que el señor Pedro Lizarzaburo lia recusado á los vocales señores Coroneles F ran­ cisco Martínez, Y Ícente Larrea y Rafael To­ ro Moreno, nómbrase en su lugar á los T e­ nientes córemeles Manuel Cueva Ilerbozo, Pedro León Franco y Sargento mayor Mariano G uerre­ ro, única y exclusivamente para que juzguen y sentencien al mencionado señor Lizarzaburo. E n consecuencia, para juzgar y sentenciar á los demas acusados, los vocales son los Coroneles Francisco Martínez, Rafael Barriga, Vicente Larrea, Ramón Negrete, Rafael Toro Moreno y Teniente coronel Nicolás Vázcones, bajo la pre­ sidencia en uno y otro del que suscribe. El se­ ñor Juez Fiscal liará nueva notificación á los sindicados del presente decreto, advirtidndoles que pueden recusar hasta tres vocales ' cada uno incluso al presidente. Nómbrase defensor de ofi­ cio para los que resulten cómplices ó culpables al señor doctor Rafael Quevedo.— E l Coronel Comandante General, Cornelio E. Vernaza.

A las doce del dia hice saber la anterior pro­ videncia al señor Carlos F Madrid, y enterado fir­ mó con el señor Juez Fiscal y Secretario que cer­ tifica.—Ju a n N. Navarro. Carlos Fernández Ma­ drid. E l Subteniente, J. Alcídes Iturraldc.

(15)

— 19—

Incontinenti hice o tra igual á la anterior al Sr. C ristóbal Jijón, y enterado firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— Ju a n N. N avarro. Cristóbal Jijón. E l Subteniente, J. Alcí- des Iturralde, Secretario.

A cto continuo hice otra ijnial á las a n te río - res al señor doctor Rafael C arvajal, quien recusó por su parte al señor Coronel R afael T oro M ore­ no, y firmó con el señor Ju ez Fiscal y Secre­ tario que certifica.— J u a n N. N avarro. Carvajal. E l Subteniente, J. Alcfdes Iturralde, Secretario.

Inm ediatam ente hice otra al C apitán g rad u a­ do A m ador L. Játiv a, y firmó con el señor Ju e z y Secretario que certifica.— .Juan N. N avarro. A m a­ dor Leopoldo Játiv a. E l S ubteniente, J . A lcídes Iturrald e, Secretario.

A cto continuo hice otra como las demas al T e ­ niente coronel R oberto Alm eida, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N avarro. R. Alm eida. E l Subteniente, J . Alcídes Itu rrald e, Secretario.

L uego hice otra al Coronel graduado Ignacio N avas, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y S ecre­ tario que certifica.— J u a n N. N avarro. Návas. E l S ubteniente, J . Alcídes Itu rrald e, Secretario.

Inm ediatam ente hice otra al señor A bel G arcía, firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica. E n este estado dijo, que habiéndose escusado el señor doctor A ntonio Robalino, nom ­ b ra en su lu g ar de defensor al señor doctor F i­ del E gas, de lo que igualm ente certifico.— J u a n N. N avarro. A. G arcía Jaram illo. E l S ubteniente, J . A lcídes Itu rrald e, Secretario.

(16)

11—

Alcídes Iturralde, Secretario.

En el mismo (lia fue notificado el sefior Alejandro Guardéras con la providencia anterior

y

demas diligencias, y dijo que como defensor ci­ vil nombraba al señor doctor Camilo de la Barre­ ra, y como militar al señor Timoleon Flores, y fir­ mó con el señor Juez Fiscal y Secretario que cer­ tifica.—Ju a n N. Navarro. Guardéras. E l Subte­ niente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

En la misma fecha notifiqué con los nombra­ mientos de los señores vocales que deben compo­ ner el Consejo de G uerra verbal, que son los se­ ñores Coroneles Francisco Martínéz Rafael Bar­ riga, Vicente Larrea, Ramón N egrete y. Tenientes coroneles Nicolás Vázcones y Pedro ^ o n F ran ­ co, y en especial para el juzgamiento dél doctor Pedro Ignacio Lizarzabiiro el Teniente coronel Manuel Cueva H erbólo y Sargento mayor Ma­ riano Guerrero, por recu sa c io n d e lo s Coroneles

Francisco Martínez y Vicente , firmando

con el señor J uez Fiscal y eF p fisen te Secretario de que certifico.—Ju an N. Navarro. Pedro León Franco. Nicolás Vázcones. Vicente Larrea. Ra­ món F. Negrete. R. Barriga. M. Guerrero. Ma- nuel Cueva Herbozo. Francisco Martínez. E l Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

E n la misma fecha notifiqué las providen­ cias anteriores al M avor graduado Nicolás Car-1/ O m

rion, defensor nombrado por el doctor Carvajal, y firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario, de que certifico.— Ju an N. Navarro. N. Carrion. E l Subteniente, J. Alcídeslturralde, Secretario.

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Coronales Francisco M artínez, Ram ón N egrete y Rafael T oro Moreno, (le lo <jue igualm ente certifico.— J u a n X. N avarro. Egas. E l S u bte­ niente, J . Alcícles Itu rrald e, Secretario.

Poco después hice otra como las demas al señor doctor José M aría Batallas, defensor nom ­ brado por los señores M adrid y Jijón, y firm ó u n testigo con el señor Ju e z Fiscal y Secretario «pie certifica.— J u a n N. N avarro. Testigo, N. O l­ medo. E l Subteniente, J . Alcídes Itu rrald e, Secre­ tario

E n la m ism a fecha notifiqué al señor doc­ tor Rafael Q ue vedo con todas las providencias anteriores y el nom bram iento de defensor por los que después resu lten culpables, y aceptando el cargo firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secre­ tario que certifica— J u a n N. N avarro. R afael Que- vedo. E l Subteniente, J. Alcídes Itu rrald e, S e ­ cretario.

E n diez y ocho de los corrientes y á las siete de la m añana, notifiqué las providencias anteriores al M ayor Antonio V eintem ijla, defen­ sor del C apitán Játiv a , y firmó con el señor Ju e z F iscal y Secretario (pie certifica.— J u a n N. N a­ varro. A. de V eintem illa. E l Subteniente, J. A l­ cídes Itu rrald e, Secretario.

Acto continuo notifiqué las providencias anteriores al T eniente Coronel M anuel B urbano, defensor del C om andante Alm eida, y firmó con el señoi Ju e z Fiscal y Secretario de que certi­ fico.— J u a n N. N avarro. B urbano E l S u bten ien ­ te J . Alcídes Iturralde, Secretario.

(18)

Sala-— 1 3 ­

zar. El Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secre­ tario.

República del Ecuador.—Juzgado Fiscal.— Quito, Mayo 17 de 1877.— Seílor Coronel Co­ mandante General.— Pongo en conocimiento de S. S. que el sindicado doctor Rafael Carvajal ha recusado al señor Coronel Rafael Toro Moreno, vocal del Consejo de Guerra verbal, en uso de la facultad que le concede la ley.— Dios y L i­ bertad.—Juan N. Navarro.

Comandancia general del distrito.— Quito, Mayo 17 de 1877.— Queda escluido del Conse- jo de guerra el señor Coronel Rafael Toro More­ no, y en consecuencia se considerará como vocal de dicho Consejo para conocer la causa de to­ dos los acusados el Teniente coronel Pedro León Franco.— El Coronel Comandante General.— Vernaza.

República del Ecuador.— Comandancia G e­ neral del distrito.— Quito, á 17 de Mayo de 1877.—Al señor Teniente coronel Juan Nepomu- ceno Navarro.— No habiendo terminado las dili­ gencias preparatorias para la verificación del Con­ sejo de G uerra de oficiales generales que debe te­ ner lugar el dia de mañana por el crimen de cons­ piración, notifique Usted á los señores vocales, á los acusados y sus defensores que se aplaza la reu­ nión de dicho Consejo hasta segunda orden, en el lugar y hora que se indique.— Dios y Libertad. Cornelio E. Vernaza.

A las siete de la noche y de conformidad con la orden que antecede, notifiqué al señor Cárlos Madrid la providencia anterior, firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica. Ju an N. Navarro. Cárlos Fernández Madrid. El Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

(19)

ante-— 14ante-—

rior al señor C ristóbal Jijón, y firmó con ol señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N avarro. Cristóbal Jijón. F1 Subteniente,

J. Alcides Iturralde, Secretario.

Incontinenti hice otra, al tenor do la que precede, al señor doctor Rafael Carvajal, y fir­ mó con el señor Ju ez Fiscal y Secretario que certi­ fica.— J u a n N. N avarro. Carvajal. E l Subteniente, J . Alcides Iturralde, Secretario.

A cto continuo hice otra al señpr doctor P e ­ dro Lizarzaburo, y firmó con el señor Ju e z Fis­ cal y Secretario que certifica.—Ju a n N. N avarro. Lizarzaburo. E l Subteniente, J . Alcides Itu rrald e, Secretario.

Poco después hice otra al Coronel Ignacio N ávas, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y S ecreta­ rio que certifica.— J u a n N. N avarro. Navas. E l S ubteniente, J. Alcides Iturralde, Secretario.

E n la m ism a fecha hice otra, como las de­ mas, al Coronel R oberto Almeida, y firmó con el señor Ju e z fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N avarro. R. Almeida. E l Subteniente, J . A lcides Itu rrald e, Secretario.

E n el mismo acto hice otra, al teno r de las demas, al C apitán A m ador L. Játiv a , y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que cer­ tifica.— J u a n N. N avarro. A m ador L . Já tiv a . E l Subteniente, J . A lcides Itu rrald e, Secretario.

E n diez y ocho de los corrientes y á las

siete de la m añana, notifique al doctor

Fidel E gas, defensor del señor A beP G arcía J a - ram illo, con la providencia anterior, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N avarro. Egas.* E l S u bte­ niente, J . Alcides Iturrald e, Secretario.

(20)

de los señores Cristóbal Jijón y Carlos Madrid, y firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica.— Juan X. Navarro. Batallas. El Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

Acto continuo hice otra al señor Abel G ar­ cía Jaramillo, encausado, quien dijo se conformaba con la recusación hecha por su defensor, y firmó con el señor Juez y Secretario que certifica.— Juan N. Navarro. García Jaramillo, E l Subte­ niente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

Inmediatamente hice otra, como las anterio­ res, al Mayor Antonio Veintemillá, defensor del Capitán Játiva, y firmó con el señor Juez fiscal y Secretario que certifica.— Juan N. N a­ varro. A. de Veintemillá. El Subteniente, J. Al­ cídes Iturralde, Secretario.

E n el mismo acto notifiqué la providencia que antecede al Sargento m ayor Mariano G uer­ rero, vocal del Consejo de guerra, y firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica.— Juan N. Navarro. Guerrero. El Subteniente, J. Al- cides Iturralde, Secretario.

En la misma fecha hice otra, como las an­ teriores, al señor doctor Luis A. Salazar, deten sor nombrado por el encausado doctor Pedro Lizarzaburo, y firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica.—Ju an N. Navarro. Salazar. E l Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

Incontinenti hice otra, en los mismos tér­ minos que las anteriores, al Teniente coro­ nel Manuel Cueva Iíerbozo, vocal del Conse­ jo de guerra, y firmó con el señor Juez F is­ cal y Secretario de que certifica.—Ju an N. N a­ varro. C. Iíerbozo. El Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secretario.

(21)

— 16 —

al T eniente coronel M anuel B urbano, defensor del C om andante Almeida, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— Ju a n N. N avarro. B urbano. K1 Subteniente, J . Alcídes I turralde, Secretario.

E n el mismo dia hice otra, como las de­ mas, al Coronel Rafael Barriga, vocal del C on­ sejo de guerra, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— Ju a n N N avarro. R. Barriga. E l Subteniente, J. Alcídes Itu rrad e, Secretario.

Acto continuo hice otra, como las anterio­ res, al Coronel F rancisco M artínez, vocal del Consejo de guerra, y firmó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N a­

varro. F. M artínez. El Subteniente, J. Alcídes

I turralde, Secretario.

(22)

religión y colocar en el nuevo Gobierno al señor Coronel Agustín Guerrero, mientras se restituye- se el señor Herrero: que todos estos señores se comprometieron á trabajar para comprometer otros jefes y oficiales de los demas cuerpos de la guarnición, asegurando que tenían recursos pe- cuniarios y facilidad de conseguir su intento. El señor Lizarzaburo contesto q ne era falso todo lo que se referia á su persona. El Coronel Navas replicó que no solo le habia hablado el señor Lizarzaburo y los demas individuos citados, sino que lo hicieron todos á presencia del Co­ mandante Roberto Almeida, segundo jefe del ba­ tallón “ Veintiséis de D iciem bre; ” agregando que el señor Lizarzaburo fue de opinión que cuan­ do se halle el “ Catorce de Diciembre ” con su fuerza en la calle, era m uy fácil tomar ese cuer­ po con el batallón “ Convención, ” y la guardia de S. E. el Jefe Supremo con el “ Veintiséis de Diciembre ; debiendo el pueblo ocupar el cuar­

tel del citado

11

Convención ” para armarse con el.

(23)

— 18—

te de que el señor P edro L izarzaburo le había m andado llam ar con el objeto de com prom eterlo para u n a revolución. E n seguida 8. E. hizo com parecer al C apitán graduado A m ador Leo­ poldo Játiv a, el cual confesó que h abía sido lla­ m ado por el señor L izarzaburo á pretexto do que tenia que entregarle una recom ienda de fa­ m ilia, y le dijo que el G obierno presente iba á caer dentro de poco y que d uraría dos ó tres meses á lo más, y trató de seducirlo dictán­ dole que estaba con otros oficiales, pidiéndolo que apoye la r evolución aunque no la inicie. E l señor L izarzaburo contestó que es verdad que le habló en térm inos generales sobre la si­ tuación política, y que asimismo habló tam ­ bién el C apitán Játiv a. E ste le replicó que no solo era cierto lo que tenia referido, sino q u e au n le ofreció la efectividad de C apitán y el grado de Sargento m ayor, que esa era la re ­ com ienda que tenia que entregarle. Los d e­ clarantes se ratifican en las declaraciones que anteceden, ante las autoridades arrib a expresa­ das.— R oberto A lm eida.— Ignacio N avas.— /Viña­ dor L. Játiv a.

E n la sala del Despacho, á quince de M ayo de m il ochocientos setenta y siete, 8. E. el .Te­ fe Suprem o de la R epública, á presencia del H . señor M inistro general y de los Subsecretarios de lo In terio r y de G u erra y M arina, hizo com ­ parecer al señor Carlos F ernánd ez M adrid y h a ­ biéndole interrogado dónde se h allab a el dia ju e ­ ves diez de los corrientes por la noche, con qué personas, y por quiénes fué invitado p ara ir

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19-los señores Rafael Angulo, José García Sala- za, Ramón Borja, doctor Felipe Sarrade, Abel García Jaramillo, Roberto Ronce y Teodomiro Rivadeneira: que el señor Nicolás Barba le dijo que estaba comprometido por la señora Virgi­ nia Freile, esposa del señor Rafael Angulo, el Coronel Ignacio Navas primer Jefe del batallón “Convención,” para hacer una revolución contra el Gobierno actual, materia de la cual se trató en la reunión de los individuos citados, y que este plan de conspiración estaba estendido en la generalidad: que para llevarlo adelante, se con­ taba con el compromiso del citado Coronel Navas que se hallaba presente en la reunión: que el declarante había tomado parte en el plan, á pe­ sar de ser amigo personal del Jefe Supremo, por la circunstancia de estar pronunciada contra él la opinión general; y que esto mismo se lo di­ jo al Coronel Navas, hablando con él en dicha reunión, en la que también se hallaba el señor Modesto Ronce. H echa la presente exposición se ratificó en ella el declarante y la firmó á presencia de las autoridades arriba citadas. Cár- los Fernández Madrid.

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que en la citada noche encontró en dicha casa ;i los señores M odesto y R oberto Ronce, Rafael A ngulo, y o d io ó diez personas mas, cuyos nom ­ bres no recuerda: que en dicha reunión so tra ­ tó de la necesidad en que se encontraban de hacer la revolución al G obierno: que el decla­ rante fue invitado y com prom etido por el señor M odesto P o n ce, quien fue á su casa á com pro­ meterlo: que hacen como quince dias, que el se­ ñor N icolás B arba le habló respecto á la se­ guridad de efectuar u na reacción para echar a- bajo al G obierno actual: preguntado con qué elem entos contaba el declarante p ara llevar a cabo la revolución, dijo: que solo con su p e r­ sona ofreció apoyarla, y (pie siendo del p ar­ tido conservador, estab a por la caida del actual G obierno, com prom etiéndose á hacer cuanto es­ tuviera de su p arte en favor del triunfo de la revolución: que dicha reacción era con cd objeto principal de colocar nuevam ente en el P oder al doctor A ntonio Porrero: preguntado con que personas y recursos contaba, dijo: que le ase­ guraron que se contaba con dos jefes de cuer­ po, y que supone se contaba con la aquiescencia del señor Burrero; que en cuanto á los recursos, algunos dias atras le h ab ía asegurado el se­ ñor N icolás B arba que contaban con veinte m il pesos; que después le aseguró que solo se con­ taba. con quince mil, y que últim am ente oyó en casa de su padre que solo se contaba con c u a ­ tro ó cinco mil pesos, que no recu erd a si oyó esto á su herm ana Dolores. L eída por el decla­ ran te la presente exposición, se ratificó en ella an te las autoridades arrib a citadas.— C ristóbal Jijó n .

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Supremo de la República, ú presencia del II. señor Ministro general y do los Subsecreta­ rios de lo Interior y de Guerra y Marina, hi­ zo comparecer al señor Abel García Jaramillo, y habiéndole interrogado dónde se hallaba el dia jueves diez de los corrientes por la noche, y con qué personas, dijo: que se hallaba en la casa del señor Modesto P once en el salón de la ca­ lle, en donde se hallaban los señores Modesto y Roberto Punce, doctor Felipe Sarrade, Ramón Borja y otros que no recuerda, aunque en o- tras noches ha visto varias veces ¿i los señores Carlos Madrid y Cristóbal Jijón: que en dicha reunión se trataban asuntos particulares que no recuerda. En tal estad o se h izo

al señor Carlos Fernánd e z M a d r id , y á presencia del declaranté, si éste s e en la casa del señor Modesto P once, el á que alude su declaracio n contestó

mente, firmando la presente con

el

ante las autoridades arri baP y agre­

ga dicho declarante, que síe m p re q u e h a entrado á casa del señor Modesto Ronce lo lia hecho en calidad de agente de negocios.—A. García Jaram illo.

E n Quito, á diez y siete de Mayo de mil ochocientos setenta y siete. Constituido el señor Juez Fiscal en la sala de retención del señor Carlos Fernández Madrid, con el objeto de interrogarle sobre las preguntas que á continua­ ción se indicarán, con prevención de decir ver­ dad en todo lo que supiere y fuere preguntado, exponga: R.1 Como es verdad que el señor doc­ tor Carvajal dijo en la tienda del declarante,

cosa marcha y está mas de

terceras partes

hecha

. Contestó que no recuerda en que fecha es­ tuvo el doctor Carvajal en la tienda del exponen­

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__22__

te, ni menos que con estas palabras h u b iera hecho alusión á ningún .asunto político; por lo que no responde á la pregunta. 2!.1 D iga quie­ nes fueron los tesoreros en cargados p ara colec­ ta r los fondos que debían em plearse en la re ­ volución, y que cantidad fue entregada al señor llam ón Borja. Contestó que no había tenido in ­ gerencia ni directa ni indirectam ente en nin gu n a clase de recursos ; y (pie ignora la persona (pie pudiera h ab er entregado al señor Borja los e x ­ presados fondos. Con lo cual se concluyó la p re­ sente diligencia que la iirm ó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N a­ varro. Carlos F ernánd ez M adrid. E l S ubteniente, J . A lcídes Iturrald e, Secretario.

Acto continuo el señor Ju e z Fiscal se cons­ titu y ó en el lu g ar de retención del señor C ristó­ bal Jijón, con el objeto de interrogarle sobre los puntos que se puntualizan, y con prevención que dijera verdad en todo lo (pie supiere y fuero preguntado, siendo la 1!.1 D iga como es verdad que estando el declarante en la tienda del señor

C arlos M adrid, el doctor C arvajal dijo

cosa

marcha

y está mas de

la

cha.

Contestó que es cierto el contenido de la

p reg u n ta ; pero que era con relación 'al estado de la opinión pública, con m otivo de haberle p re ­ guntado el delarante que es lo que h abia. 2º?

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el señor Lucio Salazar ha concurrido á las reu­ niones de conspiración, cuál sea el lugar que desempeñaba dicho señor y los planes que se proponían, con mas los individuos ó perso­ nas que contaban. Contestó que cree que el se­ ñor Salazar estuvo allí, sin tener evidencia en esto : que ignora el papel que desempeñaba : que en cuanto á los planes, no siendo mas que un pro­ yecto, según el modo de comprender, el exponen­ te ignora los planes que hubiesen habido, ni las personas que estuviesen comprometidas. Leída que f u é l a declaración, ratificándose en ella firmó con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica.— Juan X. Navarro. Cristóbal J i ­ jón. El Subteniente, J. Alcídes Iturralde, Secre­

tario.

Acto continuó se constituyó el señor Juez Fiscal en el lugar que se halla retenido el se­ ñor doctor Raíael Carvajal, con el objeto de in­ terrogarle al tenor de las preguntas que se insertarán , con prevención que dijera ver­ dad á todo lo que supiere y fuere preguntado. 1*? Diga si es verdad que en la tienda del señor Cárlos Madrid y á presencia del señor Cristó­ bal Jijón, refiriéndose á la conspiración proyec­

tada dijo:

la cosa

m

a

rch

a

,

y tenemos andadas mas

las dos terceras partes.

Contestó que en la una sola vez que entró el declarante á la tienda del señor Madrid, no recuerda absolutamente haber dicho tal cosa, y que la entrada fue ahora m u­ chos dias, por lo que no recuerda, como tiene

(29)

— 24 —

contestaron cada uno de ellos. Contestó q’ no p u e­ de decir que lia tenido parte en conspiración n in ­ guna, según se colegirá de la exposición franca, (pío pasa á hacer de lo ocurrido con el (pie declara á este re sp e c to : que habiendo ido una vez á casa del señor Rafael A ngulo y su señora p a­ ra visitarlos, como ha tenido de costum bre en v irtu d de u na antigua am istad, encontró allí, como de visita, á dos señores, de los cu a­

les conoció al Coronel N avas al tiem po de saludarlo, porque antes lo había visto una sola vez, y que al otro no le conoció, sino cuando lo presentaron como al C om andante A lm eida. Q ue en tablad a Ja conveisacion se tocaron varios puntos de política, que ahora no puede p articu ­ larizar, y principalm ente del atroz envenena­ m iento del U ustríaim o señor Arzobispo, (pie era la m ateria de conversación en esos d ias: que se habló tam bién después de cosas particulares, como (le los vinales que cultivaba el señor Ra­ fael A ngulo y de los*mas que había en el p u e­ blo de Ttim baco ; y con esto term inó la tert.u- la sin que recuerde el que declara, que so h a ­ y a hablado nada de co n sp iració n ; tanto m enos podía h ab lar ele eso el que declara, cuanto que tra ta b a por prim era vez con los expresados je­ fes. Q ue pasados cuatro ó cinco dias volvió á te rtu ­ liar otra vez en la referida casa, en donde se volvió á encontrar con los enunciados jefes. E n la conver­ sación en la q’ se tocaron tam bién algunas cuestio* nesde política, se le dióáentender al (pie declara, que era posible contar con ellos p ara una revolu­ ción Q ue el que declara al fijarse en el silencio

y

reticencia que observaban los expresados jefes, y no teniendo conocim iento alguno ni de su carác- te r ni sus cualidades, no dejó tam bién de sufrir

(30)
(31)

cual fue aprehendido, y por la que se encuen­ tra reducido á prisión. Contestó que con la ex­ posición anterior queda contestado al ten o r de es­ ta p reg u n ta ; pues que habiendo opinado m as bien por u na política de espectativa que por una revolución, no h a tenido interes alguno en averiguar n ad a respecto de ella. Con lo cual se concluyó la presente diligencia que la firmó con el señor Ju e z Fiscal y el Secretario que c e rti­ fica.— J u a n N. N avarro, Carvajal. E l S u bten ien ­ te, J . Al cides Itu rrald e, Secretario.

E n la m ism a fecha que antecede reunidos en el local de la C om andancia general y á presencia del señor Coronel C om andante G ene­ ral Cornelio E. V ernaza, el señor Ju e z Fiscal y los encausados Coronel Ignacio N avas, C om an­ dante R oberto Almeida, C ap itán graduado A m a­ dor L. J á tiv a y el doctor Pedro I. Lizarzaburo, con el objeto de esclarecer varios puntos so­ b re el crim en de rebelión. P regu ntad o el doc- to r P edro Ignacio L izarzaburo si había tenido reunión con los señores C oronel N avas, en que casa, invitado por quien, que dijo á los enunciados jefes, que le contestaron ellos, y de qué mas se trató en la susodicha reunión, con­ testó: que no recuerda quien le invitó á la aludida reunión, en la que encontró á los señores N avas y Alm eida, que la conferencia ó sim ­ ple conversación rodó sobre la política general

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á-vas si asistió á la reunión á que alude el señor Lizarzaburo, quién le invitó á ella, de qué se trató y cuáles fueron las palabras que cruzó con el enunciado señor Lizarzaburo, dijo: que fuó invitado á la casa del señor Angulo por el mismo señor, con la indicación de que lo llevara á presentar como amigo al Coman­ dante Almeida: que una vez constituidos en su

cuarto privado, principió á hablar la nece­

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á esta propuesta y oferta le contestó el decla­ rante disgustado, que no encontraría en el ejer­ cito oficial alguno que aceptase propuestas y ofertas semejantes; á lo que replicó el señor Lizarzaburo. que después lo sabida, porque no era solo el exponente sino (pie habían otros ofi­ ciales mas : que no le exigía que iniciara sino que apoyara el cambio de orden de cosas á que se ha referido : que el partido que en esta ciu­ dad tenia el General Veinternilla era muy po­ co, y en Riobamba casi ninguno, pues que los pocos que tenia eran gentes del p u eb lo ; que Guayaquil iba á separarse del interior, puesto que el General Veintemilla no había cumplido con las ofertas que había hecho: que no le diera la negativa en absoluto, y que no lo diga á na­ die, recomendándole el secreto de lo que le de­ cía. Que no tenia encomienda que darle, y que lo dicho era la encomienda que tenia. Pregun­ tado el señor Lizarzaburo si tenia algo que oponerá las tres declaraciones que acababa de es­

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«clarar, que en la única conversación que lia te ­ nido con el señor Ja i iva, le observó sentim ien­ tos de nobleza y dignidad. P reguntados los se­ ñores Navas, L izarzaburo y Alineida, si ten ían algo que añadir ó q uitar respondieron n e g a ti­ vam ente. E l C apitán d ativ a agregó, que después de la conversación (pie tuvo con el señor L izar­ zaburo no h a vuelto á h ab lar mas con el, y la vez que le ha encontrado en la calle ha sido por incidencia y sin cruzarse nin gu n a expresión. Con lo que se concluyó la presente diligencia de controversia ó careo, a presencia del señor C om andante G eneral del distrito, del señor Ju e z Fiscal y del Secretario de la causa, quienes firm an con los declarantes.— Cornelio E. V erna- za. Ignacio N avas. R oberto A lm eida A m ador L. Játiv a. Podro I. Lizarzaburo. J u a n N. N avarro. E l Subteniente, J . Alcídes Itu rrald e, Secretario.

Inm ediatam ente el señor Coronel C om andan- dante G eneral m andó com parecer al señor doc­ tor Rafael Carvajal, hallándose presentes los se ­ ñores Coronel Ignacio N avas, C om andante Ro­ berto A lm eida, el señor Ju e z F iscal y el infras­

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Carvajal: que en cuanto á la segunda, esto os, respecto á la revolución de G uayaquil, no tie­ ne que decir por no referirse al exponente. Con lo cual se concluyó la presente diligencia, a presencia del señor C om andante G eneral del distrito, y firm aron con el señor Ju e z Fiscal y Secretario que certifica en debida form a.— Cornelio E. V ernaza.— C arvajal.— Ignacio N avas. R oberto A lm eida.— Ju a n N. N avarro.— El S ub­ tenien te, J. A lcides Itu rrald e Secretario.

E n Q uito á diez y ocho de M ayo de mil ochocientos setenta y siete. E l señor Ju e z F is­ cal se constituyó en la casa de C aridad y lu ­ g ar de retención en donde se halla la señora

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batallón “Convención’’ con el pretexto de que hiciera pagar una deuda de un oficial, lo que en efecto se verificó, y en esta ocasión le invitó ii que viniese á su habitación sin decirle el objeto de que era llamado por o tro 4, que no habiendo venido en esta ocasión, á instancias del señor Barrado volvió á llamarlo ai Coronel Navas pa­ ra que fuese á la casa sin declararle que era invitado por otro sujeto ; que con esta invita­ ción filé á su cuarto el expresado Coronel N a­ vas, y el exponente se dirigió á llamarle al se­ ñor Sarjarte, asegurando la puerta con una al-

dabita como de costumbre : que una vez qUe es­ taban los dos reunidos hablaron un instante, y estando separados ya el C oronel. Navas le pre- guntó la exponento qué es lo que habían con­ versado, recibiendo en contestación de dicho C o­ ronel que era un disparate y una cosa imposi­ ble. Mas la declarante, suponiendo el objeto, le dijo : que tal vez será algún compromiso de re­ volución, y que después siguieron conversando cosas particulares. Que no recordando los dias que trascurrieron de la visita que se refiere an­ teriormente; vinieron el Coronel Navas y el Co- mandante Alraeida á visitarla en su cuarto, sin recordar sea la visita invitada por la declarante

ó

no, y á poco rato vino también el señor S ar- ráde y hablaron todos tfes por un momento, quedando los dos solos en el cuarto: con la sa­ lida del señor Sarrade, y cuando la declarante entró al cuarto, los encontró muy molestos, y ¿ti querer imponerse la exponente del motivo de la reunión, el Comandante Almeida se salió del Cuarto sin darle razón alguna. Que respecto do las personas que la encabezaban, fuera del se­

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Con ¿que h ay an contado p a ra la revolución igno­ ra. Q ue no tiene m as que exponer, y leída que le fue se afirmo en todo lo expuesto, y firm ó con el señor Ju e z Fiscal y Secretario qñe certi­ fica.— J u a n N. N avarro. E m igdia Cortes. E l S u b ­ teniente, J . Alcídes Itu rrald e, Secretario.

E n diez y nueve de los corrientes el señor Ju e z Fiscal se constituyó en la casa de h ab ita­ ción cíel señor Jo sé C arrion de Jijón, con el objeto de tom arle su declaración sobre los p u n ­ tos que á continua doto se va á expresar, p re d a explicación de las penas del perjurio, para que

diga la verdad en todo lo q u e supiere fuere

p reg u nta ndo. P reg u n tad o si sabia d e una rev o ­ lución que se tram ab a contra el G obierno, di­ ga quiénes eran las personas que conspiraban, con qde/ medios contaban, los fondos que se h a­ bían colectado, la persona qu e servia de tesore­ ro ó depositario de' ella y las Cantidades que habían erogado las personas que estaban com ­

prom etidas en la revolución.- Contestó, que

ai

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a-v a r r o , José R. Cam ón. E l Subteniente, J. AL

cides Iturralde, Secretario,

E n la misma fecha anterior el señor Juez Fiscal se constituyó en la habitación del señor José Carrion y Jijón, con el objeto de ampliar su exposición emitida en esta fecha ; y pregun­ tado por el señor Juez Fiscal qué cantidad con­ signó al señor Cristóbal Jijón con el objeto Je emplear en la revolución, contestó : que con tal objeto no ha consignado un solo centavo, que con motivo de llevarse mas que con un hermano con el señor Cristóbal Jijón, este señor vino á su casa y le pidió una cantidad de dinero, el decla­ rante le clió un cheque contra el Banco, de cua­ trocientos pesos,

y

que estando de viajo el señor Manuel Larrea para Latacunga, presumió el expo­ nente fuese para dicho señor LarreUi puesto que a] pedirle la cantidad le dijo el señor Jijón, era p a­ ra qn amigo ; si el señor Cristóbal Jijón le haya dado ptra inversión, lo ignora hasta la presente, en razon de que no se ha vuelto á ver, teniendo só­ lo noticia que fue preso.. Que esta es la verdad del dinero que ha dispuesto el señor Jijón, no pu- diendo tener conocimiento alguno de los inciden-, (lentes revolucionarios, por su enfermedad, como lleva ya espresado. En todo lo que se afirma y ra­ tifica y firma con el señor Juez Fiscal y Secretario que certifica. E n este estado se aclara, que igno­ ra si haya tomado toda la cantidad, parte de ella ó ninguna, de lo que igualmente certifico.— Ju an N. Navarro. José R. Carrion. EJ Subteniente, J o ­ sé Alcídes Iturralde. Secretario.

(41)

y p reg u n tad a p

0

r

el señor Ju ez : 1º Si conoce

al C om andante R oberto Almeida, que conver­ saciones ha tenido con dicho Jete, sobre tra s­ to rn ar el país y cuántas veces ha recibido v i­ sitas de aquel Jefe. Contestó, que lo conoce y que no ha tenido conversación ninguna con dicho Jefe m ucho menos p ara trastornar el país, que aunque lo m andó llam ar con el objeto do interesarlo por un joven que lo habían tom ado do recluta para que lo soltara por ser sobrino d e \s u yerno el doctor Sierra, este C om andan­ te A lm eida no tuvo la urbanidad de llegarse, v m andó un oficial á saber la llam ada, dan- do en contestación la exponente, que y a no lo necesitaba, puesto que el señor C om andante G eneral lo h abía puesto en libertad, y ni h a ­ b ía estado en el batallón que m anda el Co^ m andante A lm eida, sino en el del C oronel T o ­ ro Moreno. Q ue en cuanto á revolución nada sabe ni puede m ezclarse en asuntos de tal n a­ turaleza. Q ue lo expuesto es la verdad sobre la p reg u n ta que se le ha hecho, sin tener que d ec|arar mas de lo que lleva dicho, en todo lo que se afirmó y ratificó y firma con el señor J u e z F iscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N avarro.— M argarita R. Yópez.— E l S u b te­ n ie n te J . A lcídes It.urralde, Secretario.

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segunda insistencia mandó al Teniente Aparicio Enriquez para que recibiera el encargo que di- cha señora aseguraba tenia on su poder para el exponente, mas cuando regresó el citado oficial, espresó ol declarante que tenia que hablar per­ sonalmente: que por no faltar tantas veces a los deberes de urbanidad y aun cuando el que declara comprendía perfectamente que la m en­ cionada señora era esposa de un General one- migo de la presente causa; sin embargo mandó á la casa de la señora Rivadeneira, y cuando fue recibido le dijo la señora que se indica, lo siguiente; que le había mandado llamar con el objeto de expresarle los sufrimientos que tenia por la ausencia de su marido, que se hallaba lejos de ella sin letras de retiro & a , que viera como hacer vuelva á emplearse ó algún movi­ miento para que la religión quede en su puesto: y sobre este particular mil súplicas y suspiros, concluyendo por decir una palabra poco urba­ na, por lo que el exponente tuvo á bien des­ pedirse de ella sin haber vuelto mas á la casa; que no recuerda los demás particulares á que alude la pregunta, por haberse pasado muchos dias. Que esta es la verdad en lo que se afir­ mó y ratificó y firma con el señor Juez F is­ cal y Secretario que certifica.—Juan N. N a- varro — R. Almeida.— E l T anlpnte J. Alcídes Ituralde Secretario.

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ex-puso la situación de la exponente y su esposo, do pscasez; por cu y a razón pescaba que fuese reins- prito, ó de no, pudiese hacer alquil m ovim iento

que rehabilitase su posición

y

al mismo tiem po

so sten erla religión. C ontestó, que todo el co n te­ nido de Iq p reg u n ta ps absolutam ente falso,

y

(pie no Je ha visto al expresado C om andante A lm eida, que no tiene mas que expqner sobre el p articu lar, y ratificándose en lo dicho firma con el señor J u e z j?iscal y Secretario que certifica.— J u a n N. N a -

yarro. M argarita R. Yepez. E l S ubteniente. J .

Alcícjps Iturralde, Secretario.

E n la sala del despacho, á los diez y sie­ te dias del mes de M ayo de m il ochocientos

setenta y §ie{e, ante S. K el Je fe Suprem o de }a R epública pom parecí o el señor A lejandro Guarde-ras, quien interrogado sobre la p arte que hubiere tom ado en la revolución que se tram a- h a p ara volcar al actual G obierno, d ijo : que los señores Carlos M adrid y C ristóbal Jijó n lo lyabiaq dicho, en el local del Banco de Q uito,

que sabían h ab ía una conspiración

hecha

aquí y en G uayaquil, y Jja revolución era

casi,

hecha.

Q ue es cuanto sabe y le consta en o b ­ sequio de la verdad, ratificándose en lo que d e­ ja expresado, firm ando la presente declaración.

C om préndase que la revolución era casi h ech a finito aquí como en G uayaquil, sin expresar el paudillo ni el paytido que. lo. hacia.— A G u a rd é r a s

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partido terrorista en la administracion Borrero, lá Begeneracion de Setiembre tenia que encontrar én su camino todo lo que opone al vuelo dé? la libertad, el espíritu reaccionario de las anti­ guas instituciones y del regimen caido; én las transformaciones sociales.

La magnanimidad y la clemencia con los vencidos en “ Los Molinos ” y en

u

Galte, ” y la paciente moderación y sufrimiento del nuevo Gobierno ; lejos de m oderar esas ambiciones caí­ das. solo han servido para alentarlas diariamen­ te y hacerlas salir, bajo lá forma religiosa, del tenebroso seno de maquinaciones funestas, á cam­ pear con insolencia en los planes máá atrevi­ dos de la conspiracion las revueltas.

S. E. el Jefe Supremo de lá Be-pública, én mira de reprim ir á los revoltosos y dete­ ner los desbordes de las malas pasiones, dió el decreto de seguridad pública de 12 de los cor- tientes, y, descubierta la conspiración,- Ordenó que Sus autores fueran juzgados y Sentenciados con­ tornee al decreto aludido. Convictos y confesos

(45)

— 40—

q u e pud iera

y

debiera hacer ju z g a r y cas- tig a r h oy á los crim inales, por las m ism as ley es (pie ellos dieron y con las m ism as p e ­ nas que ellos im pusieran } no quiere ap arecer así ante la A m erica y el m undo ilustrado, an ­ te la P atria y la h isto ria; quiere dar una p ru e ­ bas m ás de m agnanim idad y c le m e n c ia ; quie­ ro ejercer la excelsa virtud del perdón, ap ean ­ do de las gradas del Cadalso á los convictos y confesos de Un crim en en el que, los autores y los cómplices, ligados por la am istad

y

la san ­ gre, resultan en el proceso delatados entre su Al efecto, hoy se excusa un juicio en el que la probidad de nuestros jueces habría hecho ro ­ d ar más de cien cabezas sobre las gradas del cadalso.

E m pero, como la m agnanim idad la ele-3

tnencia no pueden consagrar la im pun idad a b ­ soluta del clamen, sin el riesgo manifiesto de que desaparezcan las virtudes más herniosas e n ­ tre insidias C rim inales; S. Id. el Jefe Suprem o, conciliando el principio hum anitario con el de la propia conservación, ha resuelto que estos ciudadanos extraviados salgan del territorio de la R epública, en vez de sufrir el últim o su p li­ cio á que habrían sido condenados.

La com paración d é lo s hom bres, de los h e ­ chos y los tiem pos, es el grande fundam ento del juicio m oral y político que sum inistra á la his­

toria, lo que debe servir de enseñanza para los pueblos.

(46)

41—

fo nento, otros ientes : unos murieron en el í

fueron inmólad os sin forma ni figura de juicio

por

la insuficiencia de las leyes,

bajo un régimen constitucional. Finalmente, en los últimos luc­ tuosos dias del terrorismo, subían al cadalso y pagaban con sil vida nuevas víctimas inocentes por sólo la

convicción moral

de un magistrado ; y á la humanitaria interposición de buenos ofi­ cios del Cuerpo Diplomático para salvar otras víctimas del patíbulo, los hombres del poder contestaban, que todos se habían juramentado para no perdonar á los procesados.

H oy los que hubieran sido decapitados, de­ jan solamente sus Hogares, mientras se conso­ liden la paz y el órden público, y puedan vol­ ver al seno de

id

patria, bajo auspicios más fa­

vorables.

Tales son, señor Comandante General, las consideraciones que han movido á S. E. el J e ­ fe Supremo de la República, para dictar la pre­ sente resolución, qde tengo el honor de comu­ nicar á US., á fin de que se le dé su entero cumplimiento, intimando á los procesados, que saldrán en el perentorio término de diez dias fuera del territorio de la República.—Dios y Li ­

bertad.— Por el Ministro General.— El Subsecre­ tario de lo Interior,

Javier Endára.

I V

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u n ico medio de salvación.

A penas descubierta la conspiración de Q ui­ to, estalló la insurrección de Im b ab u ra por lrt guarnición de Jbarra, m inada de antem ano p o r eí ex -G en eral M anuel S. Ycpez que, faltando

á su p alab ra de h onor y com prom etiendo la

g aran tía de personas respetables, se puso la

cabeza de los insurrectos, habiendo sido elejido jefe civil y m ilitar por ellos.

Como el plan revolucionario estaba ex te n ­ dido y com binado en toda la R ep ublica sobro la base de una invasión p o r el N orte, Y cpez

siguió por esa via a unirse con lo

ganchados en Colom bia, al m ando de los colom­ bianos E u clídes Angulo, Prim itivo Quillones, V i­ cente

Fierro,

Tom as L an d azuri v otros t erre-

ristas ecuatorianos, em igrados en los pueblos fronterizos del m unicipio de Obando, que h a ­ bían invadido nuestro territorio y venían p ro ­ teger la insurrección de Ib a rra y seguir h asta la capital de la R epública.

1.06 terroristas de Q uito, alentados por la m agnanim idad y clemencia del G obierno para con los revolucionarios descubiertos, y en la con­ vicción inconm ovible del triunfo de su causa, m ovieron todos los hilos de la com binación en todas direccioríes, acudieron á todos los m edios, buscaron todos los recursos y enviaron á los dos jefes M anuel y A ngel Solazar con una g ru e­ sa suma de dinero, para que el caudillo Yepez hiciera nom brar Jefe Suprem o, no y a al señor B orrero, cuyo nom bre habían invocado los in ­ surrectos de Im b ab u ra y los invasores del N o r­ te, sino al antiguo candidato terrorista, doctor L uis A ntonio Salazar, presentado por sus h e r­ m anos y parientes cuando cayó la D ictadura.

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nacida en los misterios del 6 de Agosto, como entre ios de Tiberio y Soyano, caída el 2 do Octubre entre las carcajadas del público, liun»- dida en los antros del viejo terrorismo, donde ha hilado y urdido su tenebrosa trama, á la som­

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EL EX-PRESIDENTE BORRERO

I

E l cañon victorioso de los Molinos y Gallq acababa de destronar al terrorismo en su

fusion

con Borrero ; y el hombre de los cuarenta mil su­ fragios recibidos de manos de la libertad, cayó abrazado de los antiguos áulicos de la dictadura, y buscó el asilo de una bandera extranjera. De allí salió

buenamente

para Cuenca, cual si la tras- formación de Setiem bre pubiese si do. un suceso selenico o prusiano, cuando ménos. E l g obier no liberal que ni le creía inviolable por el de­ recho divino de los reyes, ni quería que pasa­ se como ciudadano de la luna, hízole tom ar en una hacienda del valle de Chillo, y le tuvo en el Conservatorio de música.

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bajo la g aran tía de los señores M inistro R esi­ dente do C olom bia y E ncargado de Negocios de F rancia, salir por la vía del N orte para P o payan, ofreciendo m andar de esa ciudad el cer­ tificado de su arribo á ella, dentro de un mes, desde su salida.

A ntes de verificarla, se dio el tiem po nece­ sario p ara esperar los m otines populares, reci­ b ir eclesiásticos disfrazados, en calidad do em i­ sarios de Im babura, y lograr que sus agentes, los vencidos en C aite, em igrados en territorio co­ lom biano, y sus filibusteros enganchados le prepa­ rasen la cruzada que hubiera de proclam arle presi­ dente legitim o, e invadir nuestro territorio á m ano arm ada, como ha sucedido al fin, evocándose su nom bre en los pueblos insurreccionados de Im b a­ bura, en el acta de pronunciam iento do Ib arra, y en el club de A ngulo en Quito.

Si, pues, el señor Porrero, en su carta de 16 de A bril, au tenticada por el señor Rueda, M inistro R esidente de Colom bia, y por Mr. B oulard, E ncargado de N egocios de F rancia, ofrecía bajo la g arantía de estos dos personajes, y bajo su propia p alabra de honor, que el 25 d e M ayo rem itiría de P opayan el com ­

p ro b an te de su arribo á esa ciudad, don­

de pensaba naturalizarse, residiendo allí el tiem ­ po necesario, y protestando como hom bre de órden, no pensar siquiera en tu rb a r el del E c u a ­ dor ; si pues, decimos, el A rístides ecuato­ riano que iba, á naturalizarse en Colombia, no

lia pasado de P asto hasta la presente fecha,/ y los filibusteros colom bianos, y sus agentes* los vencidos en C aite y em igrados en C olom ­ b ia invaden el E cu ad or á m ano arm ada, in ­

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