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Experbitar : apropiación del espacio público en Bogotá

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Academic year: 2017

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ANEXO 1

CARTA DE AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES PARA LA CONSULTA, LA REPRODUCCIÓN PARCIAL O TOTAL, Y PUBLICACIÓN ELECTRÓNICA DEL TEXTO COMPLETO.

Bogotá, D.C., Fecha

Marque con una X

Tesis Trabajo de Grado X

Señores

BIBLIOTECA GENERAL Cuidad

Estimados Señores:

Yo (nosotros) __Ana María Quiceno y Eduardo Ordoñez, identificado(s) con C.C. No. _53105818 y 80881171, autor(es) de la tesis y/o trabajo de grado titulado EXPERBITAR Apropiación del Espacio Público en Bogotá presentado y aprobado en el año 2008 como requisito para optar al título de Comunicadores Sociales; autorizo (amos) a la Biblioteca General de la Universidad Javeriana para que con fines académicos, muestre al mundo la producción intelectual de la Universidad Javeriana, a través de la visibilidad de su contenido de la siguiente manera:

• Los usuarios puedan consultar el contenido de este trabajo de grado en la página Web de la Facultad, de la Biblioteca General y en las redes de información del país y del exterior, con las cuales tenga convenio la Universidad Javeriana.

• Permita la consulta, la reproducción, a los usuarios interesados en el contenido de este trabajo, para todos los usos que tengan finalidad académica, ya sea en formato CD-ROM o digital desde Internet, Intranet, etc., y en general para cualquier formato conocido o por conocer.

De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son propiedad de los autores”, los cuales son irrenunciables, imprescriptibles, inembargables e inalienables.

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ANEXO 2

F ORMULARIO DE LA DESCRIPCIÓN DE LA TESIS O DEL TRABAJO DE

GRADO

TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS O TRABAJO DE GRADO: EXPERBITAR

SUBTÍTULO, SI LO TIENE: Apropiación del Espacio Público en Bogotá

AUTOR O AUTORES

Apellidos Completos Nombres Completos Quiceno Santamaría

Ordoñez Manrique Ana María Eduardo

DIRECTOR (ES)

Apellidos Completos Nombres Completos

Roncallo Dow Sergio

JURADO (S)

Apellidos Completos Nombres Completos Marín Ardila

Castellanos

Luís Fernando

Nelson

ASESOR (ES) O CODIRECTOR

Apellidos Completos Nombres Completos

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Comunicadores Sociales

FACULTAD: Comunicación y Lenguaje

PROGRAMA: Carrera _X_ Licenciatura ___ Especialización ____ Maestría ____ Doctorado ____

NOMBRE DEL PROGRAMA: __Comunicación Social

CIUDAD: BOGOTA AÑO DE PRESENTACIÓN DEL TRABAJO DE GRADO: _2008

NÚMERO DE PÁGINAS __133

TIPO DE ILUSTRACIONES:

­ Ilustraciones ­ Mapas

­ Retratos

­ Tablas, gráficos y diagramas ­ Planos

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MATERIAL ANEXO (Vídeo, audio, multimedia o producción electrónica): Duración del audiovisual: __7 minutos.

Número de casetes de vídeo: 1 Formato: VHS ___ Beta Max ___ ¾ ___ Beta Cam ____ Mini DV ____ DV Cam ____ DVC Pro ____ Vídeo 8 ____ Hi 8 ____

Otro. Cual?

Número de archivos dentro del CD (En caso de incluirse un CD-ROM diferente al trabajo de grado): 2 (Trabajo de grado y anexo visual)

DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVES EN ESPAÑOL E INGLÉS: Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Unidad de Procesos Técnicos de la Biblioteca General en el correo [email protected], donde se les orientará).

ESPAÑOL INGLÉS

___________________________________ _______________________________________

Habitar_____________________________ _______________________________________

Apropiar___ ________________________ _______________________________________

Ciudad - Bogotá___ _____________ _______________________________________

Espacio Urbano_____________________ _______________________________________

RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS: (Máximo 250 palabras - 1530 caracteres):

(4)

EXPERBITAR

Apropiación del Espacio Público en Bogotá

Ana María Quiceno Santamaría y Eduardo Ordoñez Manrique

Trabajo de grado para optar por el título de Comunicador Social

Sergio Roncallo Dow

-Director-

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Comunicación y Lenguaje

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Y le agradecemos:

Primordialmente a Bogotá y por supuesto a Buenos Aires, dos ciudades locas, amables, enseñadoras e incumbientes.

Pero también:

A Don Sergio, por la buena onda y el entendimiento. A Doña Fanny, por la cámara.

A Don Sambi GH, por la música.

A los tres Embuñuelados, por las sonrisas.

A nuestros apreciados Autores Teóricos, por la enseñanza. A los habitantes, por habitar.

Al recorrido, por los recuerdos y los atrevimientos. Al azar, por su compañía.

A ella y a él, por el disfrute de cada segundo.

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TABLA DE CONTENIDO

Pág.

INTRODUCCIÓN

1. CIUDAD MODERNA………. 1

1.1 EN EUROPA……….. 1

1.1.2. NARRACIONES EXTRAORDINARIAS VOL. 1……….... 6

1.1.2.1. APROXIMACIÓN TEMPORAL……… 6

1.1.2.2. APROXIMACIÓN ESPACIAL……….13

1.1.2.3. APROXIMACIÓN SOCIAL……… 20

1.2. EN LATINOAMERICA………. 30

1.2.1. NARRACIONES EXTRAORDINARIAS VOL. 2……….. 34

2. BOGOTÁ: LA CONCEBIDA………. 65

2.1 ITINERARIO HISTÓRICO……… 66

2.1.1. BOGOTÁ PRESENTE………... 72

2.2. LA CIUDAD FRACTURADA……… 75

2.3. HABITAR PARA EXISTIR……… 83

2.4. APROPIACIÓN DE POSIBILIDADES……….. 86

3. BOGOTÁ: LA PRACTICADA……….. 90

3.1. NARRACIONES EXTRAORDINARIAS VOL. 3………. 93

3.2. DISCERNIMIENTOS CAPTURADOS………... 117

CONCLUSIONES

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INTRODUCCIÓN

El interés por la consciencia y el disfrute de la existencia son el motor que impulsaron este trabajo. El origen de esta tesis tiene una historia y aunque la casualidad tuvo mucho que ver, no fue el azar el que nos llevó a reunirnos para hacer este trabajo. Dos años atrás nos encontrábamos viviendo y haciendo un intercambio académico en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Vivíamos en un apartamento con dos amigas, “La Rocha” y “La Paisa” con quienes compartimos gran parte del tiempo, por lo tanto muchas experiencias y percepciones. Recorríamos una ciudad desconocida que nos brindaba todo tipo de novedades que nos asombraban; experimentábamos una oleada de nuevos conocimientos en un terreno inexplorado que deleitaban nuestros sentidos y alborotaban los pensamientos.

Después del proceso de asimilación por el que debe pasar todo extranjero para establecerse en un nuevo espacio, nos dimos cuenta que había mutado la manera en que vivíamos la cotidianidad, adquiriendo nuevas formas de percibir la ciudad. Caminábamos con intereses distintos a los de desplazarnos, buscábamos los detalles que paso a paso nos llamaban la atención y nos maravillaban a través de la sorpresa. La intención que nos dominaba era la de estar, la de vivir el aquí y el ahora, succionando toda la información posible que nos suministraba el momento.

La ciudad fue adquiriendo forma de paisaje, recorrerla era disfrutarla; escucharla, observarla, sentirla, olerla y hasta saborearla. Cuando fuimos conscientes de la consciencia, nos preguntamos por qué razón no recorríamos de la misma manera nuestra ciudad de origen, Bogotá. Al parecer el problema radicaba en la atención, ya que olvidábamos reconocer el espacio porque creíamos ya conocerlo. Así que la propuesta que surgió fue la de volver a Bogotá y vivirla como lo hace un viajero; a “turistiarla”, a buscar y a ser conscientes de los detalles deleitables.

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ciudad, cada uno intentando entender a su manera, cada uno practicando a Bogotá de formas diferentes pero con una intención similar: disfrutarla.

El tiempo pasó y tras algunos acontecimientos tuvimos una seria conversación. Uno de nosotros tenía la idea de hacer la tesis sobre la ciudad relacionándola de alguna manera con las prácticas que habíamos aprendido. Después de aclarar algunos puntos y de una coqueta propuesta, nos embarcamos juntos en esta ruta de conocimiento. Nuestra hipótesis inicial era que los ciudadanos que estaban en la “selva de cemento” no eran conscientes de lo que los rodeaba, así que nos proponíamos crear algo así como un manifiesto ciudadano o una intervención en el espacio público, que basado en la extrañeza despertara las percepciones de algunos, o de muchos. Sin embargo, a medida que empezamos a desdoblar la teoría y entender la ciudad, cambió nuestra hipótesis, recorrido conceptual y trabajo práctico.

A la hora de sumergirnos en los libros y en la teoría correspondiente para intentar organizar el problema empezamos con el origen y el desarrollo de la ciudad moderna en Europa, donde encontramos algunos factores que caracterizaban dicho tipo de urbe, los cuales se veían claramente reflejados en el espacio público. Este primer paso encarriló nuestra investigación. El paso a seguir fue conocer el proceso del establecimiento de estos monstruos de concreto en Latinoamérica, así que lo hicimos. Sin embargo, abordamos el tema de una manera algo distinta y poco tradicional para un trabajo de esta magnitud. No queríamos escribir en términos ensayísticos ni científicos, pues además de parecernos poco divertido resultaba ineficiente para efectos de escritura en pareja.

De esta manera decidimos abordar la Historia por medio de narraciones de personajes imaginados, pero basándonos en la teoría existente. Cada uno de estos relatos está sustentado con unos epígrafes seleccionados de manera precisa después de realizar un arduo trabajo de lectura. Con el avanzar de la investigación, nos dimos cuenta de la excelente decisión que habíamos tomado en cuanto a los relatos, pues estos estaban sumamente ligados a la apropiación del espacio público.

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fragmentación. Para finalizar la parte teórica, nos involucramos y revolcamos con algunos conceptos filosóficos y antropológicos para concretar el problema. Los autores en los que basamos todo el recorrido teórico son los que consideramos pertinentes para delimitar y cimentar el trayecto investigativo.

En la parte final del trabajo hicimos una laboriosa pero placentera práctica de campo que nos llevó a corroborar las suposiciones adquiridas a través de la investigación, las cuales conocerán en las conclusiones. Dicha práctica fue materializada a través de un videoclip que presentamos a modo de sustento o anexo, más no de producto final.

Como es evidente no escogimos cualquier tema para hacer la tesis y salir de ella lo más rápido posible. En realidad quisimos algo que involucrara la academia pero que no dejara de lado nuestros intereses personales por el aprendizaje. Incluso, pretendimos que ese fuera el factor dominante a lo largo de nuestro trabajo: los resultados que finalmente nos llevaríamos en nuestra cabeza para aplicar en la vida diaria. Y así fue, éste tema realmente tocó las fibras más íntimas y por eso disfrutamos tanto realizándolo.

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CAPÍTULO I

1. CIUDAD MODERNA

“Mirar el pasado reciente nos ayuda a captar ciertos elementos de la contemporaneidad (…).”

(Ortiz, 2000:9)

Todo comenzó con el inconformismo ante el estado actual de las cosas. Consecuentemente, le siguieron propuestas que debían ser llevadas a la práctica para alcanzar sus objetivos. En este caso, sus principios pretendieron ser totalizadores a partir de un discurso hegemónico y absoluto que buscaba el anhelante fin de civilizar a la humanidad y ajustarse a la noción de un progreso lógico-lineal de los tiempos. Como bien nos ilustra Renato Ortiz: “El tiempo de la modernidad se impone a todos: quedarse a un lado significa estar afuera de la marcha de la “civilización”. (Ortiz, 2000: 93)

La burguesía, como grupo social poderoso, buscó producir un cambio ontológico, estableciendo una nueva y única interpretación de la realidad que irreversiblemente generaba una nueva manera de pensamiento y vida social. Había llegado el momento histórico de oponerse a la tradición de una época pasada que debía ser abolida, y por consiguiente, reemplazada con un proyecto de corte emancipador que inevitablemente traía consigo paradojas y ambigüedades difíciles de comprender. Esta nueva experiencia se denomina Modernidad.

1.1 EN EUROPA

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acontecimientos, por el contrario, ocurren simultáneamente, a destiempo y hasta se yuxtaponen entre sí a lo largo de más de cuatrocientos años de historia.

Sin embargo, aunque los límites de la modernidad son difusos, vamos a basarnos en la segmentación que sobre la modernidad realiza Marshall Berman en su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire, con el fin de una mejor comprensión histórica. Según Berman la modernidad se divide en tres fases. La primera inicia en las primeras décadas del siglo XVI y se extiende hasta finales del XVIII: en este lapso se encienden ciertos motores de la modernidad y las personas se encuentran en el umbral de la experiencia de la vida moderna. La segunda fase comienza con la Revolución Francesa y se desarrolla a través del siglo XIX. Fue una época revolucionaria a todo nivel y es cuando se consolida el público moderno que debe ir entender y adaptarse a las transformaciones que van ocurriendo. La tercera fase sucede a lo largo del siglo XX

El periodo que aquí nos interesa principalmente es el segundo; cuando la modernidad se erige como un proyecto que busca una dominación ideológica y se materializa en la transformación espacio-temporal de la ciudad y en el modo en que las personas debían habitar1 en ella, es decir, en la conformación de la ciudad moderna, industrial y burguesa del siglo XIX. Ésta se presentó desde sus comienzos como el proceso salvador de la sociedad; su ideal fue construir un mundo que pudiese ser conocido, entendido y dominado a través de la razón, cuyo modelo por excelencia fue el de la certeza. La modernidad buscaba la libertad individual del hombre a través de su madurez intelectual y la igualdad social. Así lo explica Josep Picó:

“Su tarea es construir un mundo inteligible, donde la razón institucionalice el juego de las fuerzas políticas, económicas y sociales en base al libre contrato entre seres iguales. El Estado sólo tendrá un papel de árbitro conciliador entre el interés particular y el universal. Así la razón irá construyendo a través de la historia el proceso emancipador de la humanidad, conjugando libertad y necesidad.” (Picó, 1998:15)

Ahora bien, es importante conocer los hechos históricos que hicieron parte de la primera y segunda fase de la modernidad para una mejor comprensión de los acontecimientos. Para empezar nos encontramos con la caída de Constantinopla en 1453 en manos de los

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Turcos; los descubrimientos geográficos propiciados por los avances en cartografía y navegación, entre éstos, el descubrimiento de América en 1492; la Reforma Protestante impulsada por Martín Lutero en 1527, con la cual publicó 95 tesis denunciando las indulgencias de la Iglesia.

También nos encontramos con el Humanismo y el Renacimiento, movimientos que se desarrollaron entre los siglos XIV y XVIII. El primero se expresó desde las letras, la gramática y la poesía; el segundo, buscó volver a los clásicos griegos y romanos expresándose a través del arte: la pintura, la escultura y la arquitectura. Por medio de estos dos procesos el hombre rompe con un pasado religioso, un mundo mágico y supersticioso. Suplanta las explicaciones teocéntricas por las antropocéntricas y separa la teología de la filosofía. Fue exaltada la capacidad de razonar del hombre para entender el mundo que lo rodea, dejando de darle un valor ulterior a la vida con el fin de vivirla plenamente en el presente. El objetivo era que el hombre se hiciese responsable de sí mismo; se hiciese a sí mismo a través de un compromiso moral y un proceso de búsqueda de la verdad, la autonomía, la libertad y la autodeterminación.

Por otro lado, está el avance de la ciencia que se propone desde la Revolución Científica, cuando en el siglo XVII se ocupó en descubrir métodos que desarrollaran un conocimiento exacto, impersonal y positivo, cambiando la percepción del universo y el lugar que ocupa el hombre en éste.

Continuando con las ideas del Humanismo y el Renacimiento, aparece la Ilustración como movimiento intelectual crítico ante el status quo. Los pensadores de este movimiento del siglo XVIII se opusieron al Absolutismo y al Antiguo Régimen, concibiendo la razón del individuo como la herramienta para conocer y explicar el mundo con el fin de alcanzar el progreso de la humanidad.

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Fue a partir de la Revolución Francesa, que la razón ilustrada burguesa consiguió el triunfo de la razón al servicio del pragmatismo. Es decir, la burguesía, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, fue la clase social dominante que durante los siglos XVIII y XIX logró obtener el poder político y económico para llevar a cabo su propósito utilitario de controlar el rumbo de las ciudades y el diario vivir de los ciudadanos. Así lo complementa Picó: “La razón ilustrada burguesa en su plasmación real estaba, por tanto, plagada de contradicciones y era portadora por igual de progreso y destrucción.” (Picó, 1998:15)

De la misma manera, dicha burguesía fue la que impulsó el despliegue de la Revolución Industrial, la cual sustituyó el trabajo manual por la mecanización de las fábricas teniendo la máquina de vapor a su servicio, es decir, industrializó la producción. Por otro lado, las rutas de transporte fueron optimizadas, aparece el ferrocarril y se expande el comercio a nivel nacional e internacional. La industrialización trajo consigo el desarrollo de la clase patronal y del proletariado, la explosión demográfica debido a las mejores condiciones de vida, la migración del campo a la ciudad y el consecuente urbanismo.

Entre todas estás, el Capitalismo es tal vez el ingrediente esencial que como sistema económico logró trascender hasta lo más recóndito de la vida social. El capital se aseguró como lo más importante; crear riqueza y obtener ganancias. Precisamente, lograr acumular cierta cantidad de capital que se obtenía gracias a los ansiados excedentes. Es bajo este sistema económico que la burguesía se fortalece y logra el dominio de la propiedad privada y de los medios de producción, satisfaciendo así sus intereses individuales. El ideal era expandir el mercado aumentando la producción, circulación y consumo de mercancías. Los ciudadanos se empiezan a caracterizar y por ende a diferenciar a partir de los bienes que consumen. Surgen nuevas necesidades y el consumo inconsciente. Como diría Kürnbergerel en su momento: de las vacas se hace manteca y de los hombres dinero.

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admitir y encajar, a como diera lugar, en un nuevo escenario urbano que implicaba poner en juego todos los aspectos de su vida. Dadas las circunstancias, las transformaciones realizadas aparentaron innovación, al mismo tiempo que ocultaban diversos intereses burgueses que las personas del común no debían conocer ni entender. La burguesía dispuso cierto mecanismo para lograrlo. Josep Picó así lo expone:

“Las tres capas que constituyen el laberinto de la realidad espacial, la galería, la ciudad y el mundo sumergido tenían que ser excavados por los arqueólogos de la modernidad con la finalidad de que las trazas y signos de otra realidad no pudieran ser recordados y redimidos. La clave de la modernidad no radica, por tanto, en lo que nos es dado inmediatamente sino en lo que descansa debajo de las piedras y permanece encubierto.” (Picó, 1998:25)

Es así como las lógicas de la modernidad planean y organizan la ciudad a partir de principios de racionalismo funcional. El tiempo y el espacio de las metrópolis son ahora comprendidos desde el discurso dominante de la burguesía que logra satisfacer sus intereses económicos y políticos. La creciente masa urbana es entrenada para circular sin imprevistos por la ciudad y consumir mercancías inconscientemente, mientras piensa y vive una nueva realidad deslumbrante y acelerada. Se controla su día a día con el fin de evitar el surgimiento de cualquier tipo de resistencia que amenace con desestabilizar el sistema.

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1.1.2. NARRACIONES EXTRAORDINARIAS VOL. 1

“Cada fragmento contiene dentro de sí mismo la posibilidad de revelar “el significado del

mundo como totalidad”. Si se quiere captar plenamente la significación de una época no podemos buscar las leyes y las explicaciones

causales: solamente con símbolos y ejemplos puede ser captada esta profunda vivencia en todo lo que es humano.”

Georg Simmel2

1.1.2.1. APROXIMACIÓN TEMPORAL

DOBLE VÍA

“Como demuestra E.P. Thomson, este esfuerzo de Militarización tiene por finalidad domesticar las energías y el cuerpo del operario.” (Ortiz, 2000:74)

“(…) Todas las mañanas, a las 5 horas, el vigilante debe tocar la campanilla para el inicio de los trabajos, a las 8 para el desayuno, media hora después para trabajar

otra vez, a las 12 para el almuerzo, a la 1 para trabajar y a las 8 para dejar el trabajo y cerrar.”

Walter Thompson3

“Generalmente los relojes de las fábricas eran adelantados por la mañana y atrasados a la tarde; en lugar de ser instrumento de medidas de tiempo, eran utilizados como disfraces para el engaño y la opresión.” (Ortiz, 2000:74)

“El principio de la división del trabajo se impone, y los automóviles pasan a ser montados por partes. Esto implica, por un lado, el surgimiento de una minoría de

operarios altamente especializados; por otro, una masa de trabajadores menos calificados.”

(Ortiz, 2000:76)

2 Citado en Picó, 1998:15

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-Hay que producir, definitivamente hay que ser productivo, no me puedo quedar en la casa esperando a que estés lista sin hacer nada, no soy un inútil, me desespero.- Le dijo a su esposa mientras se apresuraban caminando al lugar donde tomarían el ómnibus. -Vamos mujer, mueve los pies que vamos tarde.- Le dijo mientras tomaba su mano bruscamente y aceleraba el paso.

Faltaban unos sesenta metros en línea recta para llegar a la avenida donde pasaría el ómnibus. Él no dejaba de mirar su punto de llegada mientras ella se esforzaba por caminar rápido y así igualar el veloz ritmo de su afanado conyugue. De pronto, vieron pasar el ómnibus. Él levantó su mano libre y aceleró el paso en un intento utópico. Segundos después dijo – ¿Viste? Te dije que caminaras más rápido. Ahora tendremos que esperar el próximo.- Refunfuñó entre dientes como intentando contener su enojo.

Pronto llegaron a la parada del bus, ella no había musitado una palabra durante el recorrido desde su casa, tal vez porque el hablar le quitaría fuerzas para mantener el paso de su esposo. Habían transcurrido unos tres minutos y ellos en silencio, sólo veían pasar la incesante corriente de automóviles, casi todos idénticos. Lo que él no sabía era que ella sólo estaba recuperando el aliento. Cuando su respiración ya había retornado al ritmo normal y su frecuencia cardiaca se había tranquilizado, dijo con un tono suave pero sarcástico -¿Cuándo vas comprar un automóvil? Así te evitarías arrastrarme por las calles como un loco maniático del tiempo- Él la miró muy seriamente y dijo –Sabes que no puedo comprar un automóvil en estos tiempos; la paga no es la mejor y será peor si sigo llegando tarde al trabajo por tu culpa. Sabes perfectamente que me descuentan dinero por las horas que no trabaje en la fábrica. Hay una hora de entrada y una de salida, son muy estrictos con eso, hasta podría perder el trabajo por tu lentitud.-

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Durante siete segundos hubo silencio, él terminaba de digerir y entender todo lo que acababa de oír, y ella permaneció allí pasmada como una estatua. -Necesito producir, por eso me altero. No resisto la idea de pasar tiempo preciado sin ser productivo, entiéndeme, lo hago por ti, por mi, por nuestros sueños, por nuestro presente y por nuestro futuro. Para poder conseguir el hogar que nos gustaría tener, para comprar los vestidos que tanto te gustan, para asegurarle un futuro a nuestros hijos, para poder comer bien todos los días, para comprar un maldito carro, para no tener nunca más esta conversación.- Pasaron cuatro segundos y él agregó –ah y ayer llegué tarde porque empecé a hacer horas extras, los patrones están muy interesados en aumentar la producción y unos pesitos de más no nos vendrían nada mal.- A los dos segundos de haber terminado de hablar el ómnibus estaba en frente de ellos con la puerta abierta. Se montaron.

-¿Vas a trabajar horas extras? Preguntó ella después de sentarse. -¡Es ridículo!- exclamó enérgicamente. –Pasamos muy poco tiempo juntos, incluso cuando estás en la casa hacemos cosas pero no nos dedicamos tiempo a nosotros mismos, y ahora me dices que vas a trabajar horas extra? Ya no tendremos una relación. Tú vida será únicamente revisar que los engranes que te pasa una máquina no estén defectuosos. Tal vez cuando seas viejo seguirás en frente de esa banda transportadora, verificando la óptima calidad de miles y miles de engranes sin darte cuenta que la vida se te escapó y no tuviste tiempo para disfrutar lo que habías comprado. Habrás dedicado tú vida a detectar las características defectuosas de los engranes, pero sin haber tenido tiempo para detectar las características defectuosas de tu vida.-

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EL ARREGLADOR

“El hombre de campo calculaba su tiempo en función de las pausas naturales; el urbano necesita un reloj artificial que dé ritmo a la regularidad de su movimiento, no más en función de una

disciplina religiosa, como la de los benedictinos, sino en consonancia con otro compás.” (Ortiz, 2000:64)

“El portero abrirá su puerta por la mañana, 15 minutos antes de que suene la campana; después, él debe cerrarlo y rigurosamente no dejará entrar a ningún operario que llegue atrasado.” (Ortiz, 2000:73)

“Los movimientos deben estar orquestados para evitar una situación caótica. Los atrasos, las rupturas, no son, por lo tanto, simples resonancias del pasado, sino un obstáculo

para el funcionamiento del todo.” (Ortiz, 2000:78)

Soy el único en la zona con los conocimientos necesarios para reparar un telégrafo, realmente somos muy pocos los que entendemos el funcionamiento, por lo tanto somos muy pocos los capacitados para intervenirlo. Por esa razón esta mañana llegaron unos hombres a mi casa; necesitaban de mis servicios con urgencia. El telégrafo que precisaban reparara era el de la estación del tren.

Cuando llegamos a la estación había un gran tumulto de personas confundidas. Algunos personajes intentaban hablar con el personal encargado de la estación, mientras el resto de personas sólo esperaban ansiosas la llegada del tren. Según el reloj de la estación, éste debía haber llegado hacía 45 minutos y aún no se aparecía.

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Muchas de las personas decían ir muy tarde para su trabajo por culpa del incumplimiento y que el sistema de trenes debía correr con las responsabilidades y consecuencias del retraso. Otros alegaban que perderían las conexiones con otros vehículos debido a la puntualidad del transporte en general y también manifestaban interés por algún tipo de recompensa.

Finalmente arreglé el telégrafo de la estación, no había sido un daño significativo. Pocos minutos después recibieron un reporte informando el inconveniente, pero comunicaron que el tren estaba por arribar a la estación. Finalmente la gente se calmó y se pudo desplazar, pero la tensión fue evidente en algunos momentos.

Me llamó la atención la importancia que tiene el telégrafo en nuestra rutina. Cualquier persona pensaría que no tiene mucho que ver directamente con el sistema y con el aparato como tal, pero sí que lo tiene. Aprendí que mi trabajo es muy importante y sin duda, desde ahora, la percepción de mi trabajo cambiará. Pero a decir verdad sólo hasta hoy entendí el gran valor que ha ido adquiriendo el reloj en nuestra cultura, el tiempo ahora es nuestro mayor verdugo. Nuestro gran retador y a la vez controlador.

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RITO PRODUCTOR

“La ropa fabricada en serie, en principio, se adecuaría mejor al movimiento de la vida moderna. La Exposición de los Productos

Industriales de 1839 construirá su identidad justamente en oposición a este trabajo lento hecho a mano.”

(Ortiz, 2000:58)

“El Fordismo presupone la anulación del individuo, su subordinación a un engranaje que lo envuelve y sobrepasa.” (Ortiz, 2000:123)

“El segundo siglo XIX se presenta así bajo el signo de una modernidad comprometida. En ella, el individuo cede lugar a la multitud. El término es en sí sugestivo, pues caracteriza el debate de toda una época.

Significa primero, producción en masa. La Revolución Industrial redefine las relaciones productivas, la fábrica se transforma en el centro de las actividades de una sociedad que rompe con los lazos tradicionales.”

(Ortiz, 2000:110)

Pasa todo, rápido pasa todo. El proceso es incesante y repetitivo.

Pasa todo, rápido pasa todo sobre una banda que se encarga del transporte. De las máquinas a las manos y de las manos a las máquinas.

Rápidas ensambladoras, majestuosas productoras, dan a luz toda clase de objetos previamente planeados –gemelos- y para menor sorpresa, idénticos.

Rápido, todos obreros, mecánicos o humanos, se conjugan para darle paso a una copia más, súmele uno al montón.

Pero los hombres hechos obreros ya no deciden, sólo funcionan; ya no crean, sólo reproducen; ya no se animan, sólo obedecen; ya no son hombres, sólo son máquinas.

Es medio día, almuerzo para todos, la fábrica viviente muere por un ratito, pero en las entrañas sus órganos productores se alimentan como motores. Es suficiente, no hay tiempo para el café o sobre mesa.

(21)

Y así transcurre el día, redundando en el proceso, mecanizando el cuerpo y la mente, fomentando el asunto de los ciclos eternos. No hay novedad, tampoco particularidad, la homogeneidad marca el ritmo y no permite ni duda, ni distracción.

Pasa todo, rápido pasa todo menos el tiempo, la jornada parece infinita y el descanso es limitado. Pasa todo, rápido pasa todo. Sus vidas pasan ante sus proletarios ojos, pero no se aferran a ella, pues tienen sus rápidas manos ocupadas produciendo para alguien ajeno, algo que no es para ellos y lo que realmente es de ellos, se aleja como en la banda transportadora, dirigiéndose al proceso de uno más del millón.

Pasan todos los hombres obreros, rápido pasan todos. El reloj ha dado la hora de partida y como hormigas, marchando y en fila, saldrán para volver.

(22)

1.1.2.2. APROXIMACIÓN ESPACIAL

CIRCULACIÓN ¿FIN O INICIO?

“En este sentido, yo diría que el principio de “circulación” es un elemento estructurante de la modernidad que emerge en el siglo XIX. Circulación de mercancías y de objetos, elemento fundamental para su materialización. Más yo diría también, circulación de personas.”

(Ortiz, 2000:22)

“El espacio urbano es pensado como un conjunto formado por partes que deben ser conectadas entre sí y ya no abandonadas a sus particularidades.” (Ortiz, 2000:26)

“Segundo, la racionalización del espacio. Haussmann traza calles, avenidas, puentes, plazas, conectando los puntos neurálgicos de la cuidad. (…) Surge en ese momento una metáfora sugestiva para describir Paris. La ciudad es vista como un organismo vivo, los órganos comunicándose entre sí.”

(Ortiz, 2000:31)

“La cuidad se adapta al espíritu de una época. Pero ésta preeminencia de la circulación sólo tiene sentido cuando refiere a un “sistema”, término que surge sobre todo cuando encaramos las cuestiones de comunicación: sistemas

telegráfico, telefónico, ferroviario, de envío de noticias (las agencias de prensa).” (Ortiz, 2000:33)

Por:

Un agudo observador

A través de observar, he podido notar ciertas cosas y atar algunos cabos sueltos, por eso me permito escribir este artículo. Éste, es sólo un intento de armar el rompecabezas en el que vivimos, es una ruta intentando clarificar la influencia de la circulación en la ciudad, que para mí, es un concepto fundamental para concebir la urbe y el sistema que la conforma.

(23)

laberíntico ni sorpresivo, más bien parece una cuadrícula predecible y aburrida, esto con la finalidad de facilitar el movimiento. Ahora, los puntos más importantes de la ciudad están conectados por diferentes vías, incluso hay acceso a los cuatro puntos cardinales de la ciudad en poco tiempo, a través de líneas generalmente rectas. Las ciudades ya no se recorren a pie como antes, la mayoría de personas se desplazan en vehículos por las avenidas citadinas. Las ciudades son ahora de todos y recorridas por todos.

Pero el mundo también se desenvuelve en términos de interconexión. Las personas entran y salen de la ciudad con gran frecuencia. Los medios de transporte hacen que el desplazamiento sea ágil, facilitando salir y entrar a una ciudad en un solo día. Por otro lado, está el comercio ligado al transporte, que acentúa la idea de interconexión. Antes, las personas debían limitarse a sus mercados locales y cercanos, ahora, la noción de límite respecto a las fronteras está disminuida, gracias a los diferentes medios para transportarse y transportar objetos, la gente tiene acceso al comercio de la mayoría del mundo. La sociedad tiene acceso al mundo.

Pero el contacto con el resto del mundo no sólo es impulsado por el comercio, la comunicación influye fuertemente. Ésta permite que la información circule a altas velocidades; también, que la concepción de circulación deje de ser algo netamente físico para admitirle el paso a otros planos. Vale la pena aclarar que la circulación de la información también tiene otro eje: el mercado. Las personas tienen la necesidad de hacer sus trámites comerciales y esto se logra a través de las palabras, del diálogo, que algunas veces trae por añadidura información ajena al negocio.

En un principio parecería que la circulación es el fin del proceso; la finalidad con la que ha sido planeada la ciudad. Sin embargo, sutilmente, la circulación parece revelar que es tan solo un medio, una vía a la expansión y una carrera al conocimiento, estos dos son los que parecen ser la finalidad actual. Quizá es un direccionamiento inconciente, no lo sé, pero seguro se vendrán nuevos cambios.

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ESPACIO SIN DESPACIO

“Atravesar las montañas, traspasar lo precipicios, todo esto gracias a dos líneas de hierro paralelas. Téngase en cuenta que el tren,

inmediatamente después de salir, ya llega. (…) La invención del tren revoluciona la concepción de espacio y tiempo.” (Ortiz, 2000:52)

“Los hombres estaban acostumbrados a transitar en el interior de un continum espacial a una velocidad que los integraba en el pasaje. La diligencia y el caballo los había obligado a contemplar la naturaleza circundante. El tren quiebra

esta percepción de continuidad; los espacios locales se vuelven elementos discontinuos a lo largo del viaje.”

(Ortiz, 2000:55)

Entre más rápido salga, más rápido regreso. La velocidad para trasladarse ahora es fundamental, los trayectos ya no son importantes, más bien son efímeros. Por un lado, los viajes que antes tardaba semanas en hacer, ahora los hago en días, incluso lo que antes hacía en días ahora lo hago en horas. Desperdiciar tiempo está mal visto por la sociedad, así que se ha encargado de eliminar el tiempo en los recorridos, en la producción en la comercialización. Si no es físicamente productivo, entonces es un tiempo mal gastado que podría ser aprovechado. “Útil”.

Es extraño, pero el tiempo parece afectar directamente el espacio. Ahora el mundo parece más pequeño gracias a la velocidad del tren. Lo que antes era lejano ahora es cercano y lo que ahora es lejano, antes era inalcanzable.

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terminado de salir cuando ya empieza a llegar. Pero lo que es peor, ahora los paisajes que tanto me gustan pasan a toda velocidad, sin darme tiempo para contemplarlos. Mi rango de visión se ha limitado a una ventanilla, a un recuadro de vidrio que me dice qué es lo que debo mirar. Finalmente estoy dentro de una cabina, en un vagón, que me aísla del entorno, que me limita cualquier tipo de interacción con el paisaje. Es detestable y represivo. Ahh, pero bueno, francamente, sin dudarlo, prefiero la velocidad a la contemplación. Que muera la naturaleza si es necesario para que viva el tren.

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SOBRE EL BARRIO

“La complejidad de la trama necesita de la existencia de una sociedad moderna en la cual la población se concentra dentro de volúmenes espaciales relativamente restringidos, donde todos se observan unos a otros”

(Ortiz, 2000:117)

“No fue por casualidad que los primeros proyectos de enumeración de las casas en Paris fueron una iniciativa

de la policía; la medida racionalizadora buscaba justamente reforzar su control” (Pronteau, 1966)4

Vivo en el edificio de la esquina entre quinta y novena, para ser más exacta, en el apartamento del segundo piso que tiene vista a la calle. Me gusta vivir allí, es un buen lugar, está bien ubicado; es fácil llegar a éste y la entrada no es por un sórdido callejón, es por la novena. Puede que esté más expuesta al ruido de la ciudad, pero prefiero eso a los mendigos y pícaros que optan por las sombras de los angostos callejones.

No salgo mucho a la calle, prefiero la seguridad de mi casa a la vulnerabilidad que siento cuando camino junto a esos ríos de personas. Debo confesar que los tumultos me ponen nerviosa, al igual que la velocidad desenfrenada con la que camina la gente. Además, mi esposo trae todo lo que deseo, bueno, todo lo que necesito para la casa; el trabaja y trae el pan y yo hago las labores del hogar, como limpiar y cuidar a nuestro hijo.

Por esa razón no me expongo mucho al exterior, no tengo la necesidad; sin embargo, me encanta la vida de la ciudad y la observo a diario. Todos los días me paro junto a la ventana a ver pasar la ciudad, es divertido aunque no lo crean como mi esposo, pero realmente me entretengo. Desde mi ventana puedo ver casi todo lo que ocurre a mí alrededor. Veo la novena; dos manzanas hacia la derecha y lo mismo hacia la izquierda, y al frente, veo unas tres manzanas de la quinta porque más allá no tengo acceso visual.

Lo más interesante de pararse junto a la ventana durante horas, es que es posible entender la rutina de algunas personas, incluso de la sociedad en general. Por ejemplo, a

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las 6 de la tarde el movimiento urbano es mucho mayor que a las 2 de la tarde, debido a que a las 6 salen la mayoría de trabajadores de las fábricas y se dirigen a diferentes lugares. O en el caso de los sábados, días especiales, ponen un pequeño mercado sobre la novena, entre la tercera y la cuarta, que tiene gran afluencia de personas.

También es divertido lo de la señora del edificio de enfrente, es un caso interesante, les voy a contar. Ella sale casi todos los días a las 9 de la mañana acompañada de una sombrilla y un bolso negro. Aunque a veces no regresa a su casa antes de la hora de almuerzo, generalmente sÍ lo hace; pero llegue a la hora que llegue, siempre pasa por la panadería de la quinta con octava y compra algo que le empacan en bolsas blancas. No estoy segura si siempre es lo mismo o si ella varía de producto, el hecho es que nunca deja de comprar en la panadería de la quinta con octava.

Pero ayer… ayer pasó algo importante. La vi llegar al edificio casi a las 3 de la tarde, pero sin nada en sus manos proveniente de la panadería; pasó por el lado y ni siquiera volteó a mirar, pues bueno, eso fue lo que conseguí ver. En un principio alcanzó a producirme algo de curiosidad. ¿A que se debería tal cambio de rutina? Pero todo se resolvería el día de hoy: si pasaba por la panadería y compraba algo, lo del día anterior habría sido algo pasajero, pero si no compraba algo, podría ser una decisión definitiva con un motivo que seguramente jamás conocería.

Queriendo resolver mis dudas, esta mañana me desperté temprano, casi con el sol, y me paré junto a la ventana a mirar, sólo que ésta vez no quería perderme ni un detalle. Ya eran casi las 11:00 a.m. y la señora del edificio de enfrente no había salido. Primero pensé que quizá la señora sólo estaba un poco retrasada, nada especial, pero con el pasar del tiempo mis hipótesis empezaron a volverse más fatalistas y trágicas. Desde la posibilidad de una sutil gripa hasta la duda de una muerte causada por envenenamiento por parte del panadero. Eran miles las ideas que pasaban por mi cabeza.

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y la señora del edificio de enfrente apareció rozagante por la puerta. Estaba muy bien arreglada y con un bonito vestido, pero claro, con su sombrilla y su bolso negro.

Él le entregó un ramo de rosas, ella lo aceptó y sonrió; él le ofreció su brazo como apoyo, ella lo acepto. Y empezaron a caminar hasta que se perdieron en la lejanía de la distancia. Eso fue lo ultimo que supe de ella y ya casi son las diez de la noche.

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1.1.2.3. APROXIMACIÓN SOCIAL

DESVANECIMIENTOS

“Los hombres de mediados de siglo intuyen que ciertas nociones, tradicionalmente enraizadas en sus mentes, se tornan ahora fluidas, huidizas.” (Ortiz, 2000:54)

“Si la modernidad, como forma distinta de experimentar la realidad social, supone ver la sociedad y las relaciones sociales que en ellas se desenvuelven como temporalmente transitorias y espacialmente fugaces, entonces esto implica que las estructuras tradicionales permanentes están ahora ausentes de las experiencias humanas.”

Georg Simmel5

Hoy llegué cumplida a nuestra cita y Emmanuel nuevamente tardó un buen tanto en hacerlo. Cuando finalmente apareció, no reaccioné con rabia como la última vez, porque creo que me estoy acostumbrando a que esto suceda con más frecuencia desde que está trabajando para el Señor Tetard. Simplemente siento nostalgia por aquella época pasada, cuando él se hacía cargo de las compras del Señor Rochambeau y solía estar siempre esperándome “cuando la posición del sol en el cielo no genera ninguna sombra en el piso” como decía él.

La mayoría de las veces me recibía con un pequeño detalle como un trozo de pan de chocolate de los que preparaba Antoine, el pastelero del barrio. Una de esas veces me sorprendió con una gargantilla de oro que yo jamás habría podido adquirir con el poco dinero que me sobra de las crinolinas que coso. Y después de mi sorpresa me confesó que durante un año se estuvo robando unas cuantas monedas del cambio de las compras diarias, que el señor Rochambeau ni se molestaba en contar por la cantidad de dinero que tenía y le sobraba.

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Tengo que reconocer que nuestra relación ha cambiado. Ha cambiado como esta calle en la que espero impaciente. Hace varios años, este mismo lugar solía ser el callejón de nuestros encuentros amorosos; un lugar agradable, con casas a ambos lados y despejado de tanta gente bulliciosa. Si cruzaban dos o tres personas durante el tiempo que permanecíamos aquí, eran muchas. Eso sí, no faltaba que uno de ellos fuera Cyrille el barrendero, que siempre bromeaba con su escoba, o Bastian, el artista más andrajoso que jamás he conocido.

De un momento a otro nuestro callejón dejó de ser dicho lugar apacible para darle paso a las demoliciones. Una tras otra fueron cayendo todas las casas y cuando intuimos que ya no quedaría nada, comenzaron a surgir edificios fríos e incoloros sobre una artería ancha, rectilínea y monótona que reemplazaba los escombros. Lo que pensamos permanecería hasta después de nuestra muerte ya no existía; jamás volvería a ser aquel lugar que tanto amábamos.

Sigo esperando y entre la cantidad de personas que pasan justo al frente mío, me quedo mirando a un hombre cuyo chaleco de terciopelo llama mi atención por el corte que tiene. Él siente mi mirada y se da vuelta hacía mi; rápidamente pasa sus ojos por mi cabello bien peinado, mis labios resecos y mis pechos pequeños, parece que nada le interesa y continúa con su ágil andar. No me importa, seguramente si se hubiera interesado en alguno de mis detalles tampoco se habría detenido.

-Disculpa, ¿sabes dónde queda la calle Saint-Asier? Me pregunta una muchacha joven que parece no ser de por acá.

-¿Saint-Asier? Mhmmm, no, nunca he oído el nombre de esa calle.

Cuando quise preguntarle de dónde era y por qué se encontraba en París ya estaba a varios metros de distancia inmersa en la multitud andante. Después pensé que tal vez fue mejor no haberle preguntado nada, quizá era una ratera incursionando en una nueva modalidad de atraco.

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Dejé de oír sus palabras porque en ese momento comprendí qué tanto había cambiado nuestra relación y lo frágil que era. Sí el callejón que alguna vez fue testigo de nuestro amor y ya no está, sí algo tan sólido dejó de existir, ¿por qué no entender que en cualquier momento este amor se va a desvanecer?

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VÍA SAINT-ASIER

“(…) el fundamento psicológico del tipo de la personalidad urbana es el incremento de la vida nerviosa, que emerge del cambio rápido y continuado de los estímulos exteriores e interiores.” Georg Simmel6

-Disculpa, ¿sabes dónde queda la calle Saint-Asier?-

-¿Saint-Asier? Mhmmm, no, nunca he oído el nombre de esa calle.-

¿Por qué, por qué? Por qué nadie sabe dónde queda esa condenada calle. En qué estaba pensando cuando decidí venir a este lugar.

-¿Caballero, sabe dónde queda la calle Saint-Asier? ¿Caballeeero?!?! ¡Ah!-

Derecha o izquierda, derecha o… Mejor sigo caminando hacía adelante.

¿Será que la única que tiene tanto calor soy yo? No podría llevar puestos los guantes que tiene esa mujer. Me sudan las manos y ni hablar de los pies, ya siento los latidos de mi corazón en ellos.

¿Y si doblo por esta avenida? O quizá sea mejor si me detengo a descansar un momento. No, mejor no. No quiero que se me acerque algún borracho. Además, no puedo perder un sólo minuto. ¿Será que entre tanto movimiento es posible detenerse y descansar?

Juro por el alma de mi abuelo, que en paz se encuentre, que no voy a volver por acá.

-Buena tarde, ¿sabe dónde queda la calle Saint-Asier?-

-Esa calle está muy lejos de acá, es más bien del otro lado del Sena, junto a la Plaza Pascal-.

-¿Cómo llegó allá?- -No soy de acá, no sé.- 6

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¡AH!!! Sin tan sólo me hubiera mirado a los ojos al hablarme no me sentiría tan despreciada. ¿Es que no se dan cuenta que necesito ayuda? Estoy en una ciudad contagiada de personas impasibles. Cuánto gusto me daría encontrarme con alguien de mi ciudad. Cruzo esta calle pregunto una vez más y si no me dicen, me regreso por donde me vine.

¿Por dónde me vine?

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GÉRARD POR LA CIUDAD

“La estimulación en sí misma se convierte en la cura para la total indiferencia. En la vida de la metrópolis,

la auto preservación individual, en el contexto de la vida urbana y la comunidad de cambio, se alcanza

a costa de la devaluación del mundo objetivo y también de los individuos. Esta necesidad de auto preservación afecta igualmente al modo de interacción

en la vida de la ciudad. Se manifiesta en una reserva extrema hacia los otros que no tiene sus orígenes meramente en su indiferencia –como en la actitud hastiada- sino en “una aversión débil, una mutua extrañeza y repulsión, que estalla en el odio y el enfrentamiento en el momento de un contacto más cercano, como quiera causado.”

Georg Simmel7

“(…) la ciudad provee la posibilidad de la indiferencia total hacia los propios vecinos,

no sólo en el sentido de aquel que vive en la proximidad sino también de aquel con el cual uno se enfrenta en la interacción cotidiana. Enfrentando a la masa en sus potenciales interacciones, el individuo busca alguna forma de auto preservación que en los habitantes de la ciudad se asocia con la indiferencia.”

(Frisby, 1985)8

Gérard salió esa tarde de su oficina, muy puntual como de costumbre. Debía encontrarse con Dominique Abdellaoui, para hablar de asuntos financieros y posiblemente empezar a esbozar un negocio en la industria textil, con el cuál los dos esperaban obtener ganancias excesivas.

Su cochero se había enfermado ese día así que él debía arreglárselas para llegar por su cuenta. No era la mejor opción, pero el ómnibus le pareció adecuado. Así que emprendió una corta caminata hasta la estación del mismo. No había caminado ni cinco metros cuando empezó a oír un gran alboroto proveniente de vendedores que recién salían del mercado contiguo. Prefirió no acercarse mucho; incluso pensó en pasar al otro lado de la calle porque el olor de su sudor había llegado hasta su nariz y ya empezaba a sentirse mareado. Sin embargo, aligeró el paso y conteniendo la respiración sobrepaso a la banda de gozosos empleados.

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Una vez volvió a respirar tranquilamente, se sintió plenamente satisfecho por ser quien era y, sin darse cuenta, sus actos reafirmaban el placer que sentía al diferenciarse tajantemente de las otras personas que se topaba por la calle. Muchas veces pensaba que la gente lo miraba y admiraba por la elegancia de su traje y el dinero que revelaba poseer, pero que probablemente en muchos de ellos el sentimiento que despertaba con mayor fuerza era la envidia; envidia por su suerte.

Así continuo caminando, esquivando uno que otro mendigo que aprovechaba las horas en que la gente salía de trabajar para pedir monedas. De repente una muchacha tensionada casi lo mata de un susto cuando le preguntó que sí él sabía dónde quedaba la calle Saint-Asier? Cómo se le ocurría sorprenderlo de esa manera y emprender a preguntarle algo que a él lo tenía sin cuidado, pensaba. Prestamente siguió su camino y a lo lejos alcanzó a oír nuevamente la voz de la niña gritándole: “¿Caballeeero?!?!.” Que a mi no me intercedan así cuando tengo prisa, pensó.

Llegó a la estación y sólo tuvo que esperar un par de minutos para que el ómnibus se estacionara en frente suyo. Subió y escogió un asiento al lado de la ventana. Esta decisión no era gratuita; optaba por mirar el paisaje de la ciudad a cruzar su mirada con otras personas. Sus razones eran sencillas: por un lado podía vivir unos segundos de incomodidad o, por otra parte, se le podrían acercar demasiado o llegar a hablarle. Para él era una manera cortés de pasar aparentemente desapercibido, porque sabía que “era el centro del mundo y aún así permanecía oculto para el mundo” como decía un viejo amigo aristócrata al hablar de su presencia entre las multitudes.

El ómnibus lo dejó a un par de calles del café dónde había concertado la cita con Dominique Abdellaoui. Miró su reloj de cadena y se sintió orgulloso por la puntualidad con la que siempre llegaba a sus reuniones. Antes de llegar al café tuvo la delicadeza de cerciorarse en el vidrio de varias tiendas que su reflejo fuera el que el esperaba; sólo tuvo que acomodarse el sombrero. Previamente a su ingreso en el café, se quedó unos cuantos segundos deslumbrado con la manera como se iban encendiendo las luces de la ciudad para darle la bienvenida a una noche que seguramente prometía buenos negocios.

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LA HISTORIA DE UN HOMBRE DEFORME

“Si la masa no fue bienvenida, por su forma amenazante, como movimiento social, no se puede decir lo mismo de su configuración como masa de consumidores. Este fenómeno se acentuó con el desarrollo de los grandes almacenes de novedades, cuando por primera vez en la historia los consumidores se perciben a sí mismos como masa.”

(Picó, 1998: 25)

“El más importante y significativo de los laberintos modernos fue colocado en el mundo del intercambio y circulación de mercancías, que reproduce lo-siempre-mismo como lo-siempre-nuevo.” Walter Benjamín9

“Pero “multitud” posee aún otro significado: el término se contrapone al de individualidad. En la aglomeración de las grandes metrópolis, absorbe los rasgos de singularidad, integrando al individuo en la masa anónima de caminantes.” (Ortiz, 2000: 111)

Esta es la historia de un hombre deforme; deforme y con tan mala suerte que le gusta la

moda y no tiene dinero.

Claude Michel es rentista y piensa que la presentación personal es lo más importante a la hora de concretar sus negocios. ¡Pero es deforme! Y lo que se rumora es que llegó tarde al ajuste de proporciones; imagínese el siguiente cuadro. Altura: un tanto menos del metro y tres cuartos; su pecho es ancho y tonificado en tanto su cadera angostita y el trasero plano. Ambos brazos nada prolongados y sus piernas… pues una larga y la otra corta; botín plano para éste, botín alto para aquel, logrando así disimular tremendo desnivel. Hacía arriba nos topamos con una cabellera rubia enrulada y unos ojos caídos y eternamente parpadeantes. Nariz chata, labios pecosos y las perdurables cinco gotitas de sudor que siempre acompañan su sien.

Hasta hace no muy poco tiempo, Claude Michel se sentía a gusto con el gabán holgado y los pantalones prensados que le confeccionó Raimond el sastre. Pero sucede que ahora éste hombre deforme gusta de la indumentaria que venden en el Boulevard Sébastopol.

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Cada sábado en la tarde llega a la entrada de hierro del boulevard como arrastrado por un imán. Se siente complacido al sumergirse entre tantas personas congregadas por la misma sed de adquisición que él siente. Una vez en esas, serpentea de un lado a otro entre la multitud, haciéndose paso bruscamente hasta encontrar una tienda que llame su atención.

Dos o tres horas más tarde, y siempre con las manos vacías, se encamina hacía su casa al otro lado de la ciudad. Con un poco más de sudor en la sien y los cachetes rojos de calor y rabia. Es así como evidencia que no consiguió nada que se ajuste a sus imperfectas proporciones, ni mucho menos a su exiguo presupuesto.

Es lunes nuevamente y Claude Michel va en el tren portando el mismo gabán marrón de hace cinco años y ocultando la camisa blanca como hacen los burgueses. No tarda en darse cuenta que el hombre que está a su lado hace 45 minutos, el que está en frente, y aquel que acaba de ingresar al tren llevan puesto el mismo chaleco de lino que el tanto quiso comprar dos días antes. Minutos más tarde llega al oeste de la ciudad a rentar un domicilio y vuelve a sentirse mal, cuando sus distinguidos clientes también llevan puesto el chaleco que el tanto quiso comprar.

Claude Michel vuelve el siguiente sábado al bulevar, con intenciones positivas siente que en esta oportunidad va a hallar el adecuado reemplazo a su desdeñado gabán. Una vez más se abre paso entre caballeros y damas afanosas que no pueden perder un minuto en encontrar lo que van a comprar. Una vez más, Claude Michel se prueba y desprueba mil y una prenda sin encontrar un sólo chaleco que le logre cerrar. El sudor, el calor y las manos vacías lo vuelven a acompañar, pero esta vez deja ver sus dientes con una sonrisita de felicidad. Aquel día oyó el mejor consejo que un vendedor le pudo dar: “Espere una temporada y seguramente encontrará un traje novedoso que se ajuste a su cuerpo y voluntad”.

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Ésta fue la historia de un hombre deforme; deforme y con tan mala suerte que le gusta la moda y no tiene dinero para pagar por el derecho que tiene su individualidad a vestirse como todos los demás.

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1.2. EN LATINOAMERICA

Conquista, Colonización e Independencia en América Latina; los hechos que ineludiblemente cambiaron el rumbo de los pueblos indígenas. Un día antes de que llegaran los conquistadores españoles, los indígenas hacían parte de asombrosos imperios donde ejercían total autonomía política y cultural a lo largo y ancho de extensos territorios desbordados de naturaleza y riquezas.

La Conquista de América, que comenzó en la última década del siglo XV, fue el acontecimiento que definió una ruptura histórica entre un pasado indígena que jamás volvería a ser el mismo y un futuro inimaginable tanto para ellos siendo habitantes como para los recién desembarcados. Éstos últimos, escoria española principalmente, presumieron que habían llegado a tierra de nadie, un lugar incivilizado y lleno de hombres salvajes, y bajo este supuesto se dejaron llevar por acciones ambiciosas y violentas a través del proceso de colonización.

Y es así como en estas tierras de nadie, los ahora colonizadores se vieron obligados a civilizar a los indígenas. Fue entonces cuando se sintieron con todo el derecho para adueñarse de las tierras y extraer las fortunas que posteriormente enviaban a España. De la misma manera, impusieron sus costumbres y obligaron a los indígenas a entender el mundo como ellos lo hacían, a través de la cristianización forzosa. Sentían que debían y podían hacerlo; asumiendo que estos individuos ignorantes no tenían ya una manera de comprender y experimentar el mundo que los rodeaba.

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“El aniquilamiento de las viejas culturas –primitivas o desarrolladas- y la deliberada ignorancia de su significación constituía el paso imprescindible para el designio fundamental de la conquista: instaurar sobre una naturaleza vacía una nueva Europa, a cuyos montes, ríos y provincias ordenaba una real cédula que se les pusieran nombres como si nunca los hubieran tenido” (Romero, 1998: XXV)

Siguiendo sus intereses, el paso sucesivo fue urbanizar poblaciones que eran principalmente rurales sin importar en lo absoluto la infraestructura y la naturaleza que existiese antes. Y así, escogieron ubicaciones geográficas a su antojo y empezaron a erigir una red de urbes que les permitiría configurar una “América hispánica, europea, católica” (Romero, 1999: XXVII), creando así una sociedad homogénea, dependiente y sin autonomía para expresarse. Lo que opina José Luis Romero al respecto: “Fue designio de ellos borrar los vestigios de las viejas culturas indígenas, y lo cumplieron implacablemente, acaso porque estaban convencidos de que era justo hacerlo con infieles.” (Romero, 1999: XXIV)

Fue así como las ciudades se construyeron siguiendo ciertas pautas de arquitectura que indicaban que debían ser erigidas según la forma de un damero. El resultado era una tanda de manzanas cuadradas, separadas unas de otras por calles horizontales y verticales. Eran ciudades diseñadas para controlar y vigilar fácilmente a la nueva sociedad urbana que debía someterse a un sistema colonial de dominio ideológico, político, económico y social por parte de los españoles.

Paralelamente a la urbanización, y haciendo parte de todo el plan de civilización, estuvo siempre presente el tema del mestizaje. Desde un comienzo fue inevitable la fusión racial que derivó en una sociedad jerárquica y heterogénea que debía convivir en un mismo territorio. De esta manera tuvieron que coexistir españoles, criollos, mestizos, mulatos, negros, indios y zambos.

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la Independencia de los Estados Unidos fueron fuente de inspiración para la burguesía criolla.

Después de diversas guerras, los pueblos latinoamericanos finalmente obtuvieron su independencia, sin embrago, no todo fue color de rosa. Los problemas se complejizaron empezando con la definición de quiénes serían los nuevos dirigentes de la nación. Realmente no era una tarea fácil, porque como dice José Luis Romero: “En la sacudida general que había sufrido la sociedad después de la Independencia, el cambio más profundo se había producido, precisamente, en las clases dirigentes.” (Romero, 1999: 230-231)

Estos personajes tenían que comprender que no podían evadir una historia propia que les exigía asumir sus consecuencias en todos los cambios que se presentaban y las decisiones que debían tomarse. Entonces, el reto de los nuevos dirigentes fue organizar las nuevas naciones y nacionalidades; definir su personalidad específica y crear nuevas ideologías para una sociedad totalmente heterogénea, de acuerdo a la situación en la que se encontraba cada región.

Fue así como desde las primeras décadas del siglo XIX, la nueva clase dirigente se fue conformando a través de guerras civiles entre grupos que ineludiblemente chocaban entre sí: la burguesía urbana, los campesinos10, los progresistas y los conservadores. Quienes llegaron al poder tuvieron que decidir sí seguir o evitar el modelo europeo. Sin embargo, las ideologías que se iban formando, de una u otra manera estaban influenciadas por los estímulos, presiones y modelos que venían de Europa. Como dice José Luis Romero: “Y siempre partieron de la imagen de una América europeizada, de la América como una nueva Europa., inmersa en el sistema de relaciones creado por Europa y dirigido por ella.” (Romero, 1999: XXIX)

Finalmente, las clases dirigentes aceptaron la doctrina del progreso a la que habían estado sometidos durante tanto tiempo; esta vez, se ponían las cadenas por todos para volver a una dependencia que ahora se jugaba bajo otras reglas. Esto determinaría el

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rumbo de las ciudades latinoamericanas y la manera en que todos y cada uno de los múltiple y desiguales grupos sociales debía entender y experimentar la vida urbana. A propósito de las clases dirigentes Néstor García Canclini expone al respecto:

“Las oligarquías liberales de fines del siglo XIX y principios del XX habrían hecho como que constituían Estados, pero sólo ordenaron algunas áreas de la sociedad para promover un desarrollo subordinado e inconsciente; hicieron como que formaban culturas nacionales, y apenas construyeron culturas de élites dejando fuera a enormes poblaciones indígenas y campesinas que evidenciaban su exclusión en mil revueltas y en la migración que “trastorna” las ciudades.” (García Canclini, 1990: 21)

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1.2.1. NARRACIONES EXTRAORDINARIAS VOL.2

VIDA JUERTE

En cuanto a los contrastes: campesino – ciudad

“Nunca convocada antes, se vio solicitada para participar en la lucha por el poder y las ideologías, y respondió acudiendo al llamado y reclamando el papel que su fuerza parecía justificar.”

(Romero, 1999: 205)

“Campo y ciudad, vida rural y vida urbana, expresan los polos que puso de manifiesto la irrupción de la sociedad criolla dentro del marco todavía vigente del mundo colonial.”

(Romero, 1999:230)

“De tal contradicción no se saldría hasta las últimas décadas del siglo, cuando los usos extranjeros derrotaron a los de tradición criolla, convirtiéndolo en leves resabios nostálgicos. Pero hasta esa época, y desde la Independencia, las nuevas sociedades vivieron en la contradicción, elaborando sucesivas combinaciones.”

(Romero, 1999: 271)

-¿Abuelo, es verdad que usted y mi abuela Magdalena se conocieron en un teatro? Me preguntó Ángela, mi nietecita de once años, un día que nos arrimamos a la fuente de la plaza a esperar que empezara la misa de las cinco.

-¿De dónde saca esas ocurrencias, su papá le dijo eso?

-No, mi tío Aníbal me dijo que había sido una historia muy patriótica y…

-Ja! ¿Qué tiene que ver el caldo con los huevos? Nunca he entrado a un teatro en tantísimo tiempo que llevo viviendo en esta ciudad. Venga, más bien le cuento de primera mano cómo jué que nos conocimos su abuela y yo. Es un cuento estirado pero lo que tenemos es rato pa’ cotorrear.

Yo nací y crecí por Sierra Verde, en el campo. Mi familia era muy pobre y mi amá tenía que alimentar a ocho hijos ella solita, porque el infeliz del señor con el que se juntó fue un español que la puso a tener hijos y después se jué. –Se dice fue, abuelo.-

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cultiva la riqueza que alimenta al pueblo, así que trabajen juerte!” Y juerte sí que era ese trabajo: como catorce horas al día en pleno sol, lluvia, cargando bultos, arando y de todo que usted se imagine. Sabíamos que nos explotaban pero también sabíamos que así nunca nos faltaría la comidita del diario y lo de llevar pa’ la casa.

Un día el patrón nos reunió a todos los trabajadores y nos dijo que en la ciudad nos necesitaban; que montáramos todos los caballos de la hacienda, agarráramos nuestros cuchillos y saliéramos a pelear junto a los hombres del Coronel Jacobo López. Recuerdo cuando nos dijo: “El campo siempre ha sido ignorado, aún en las guerras de Independencia cuando se llevaron hasta los negros y a todos los indios a pelear. Ahora sí, que esos señoritos urbanos se cuiden, porque el campo ha sido convocado para estas batallas internas y es nuestra oportunidad para meternos con los que luchan, y porai derecho untarnos de tanto poder. ¡Arre pues que nos juimos!”

Cuando eso, yo tenía dieciocho años y nunca antes había estado en una ciudad. Y pa’ que le niego que mucho miedo sí me daba, pero cuando me di cuenta que éramos cipote ejército de campesinos a caballo, me sentí bien juerte. Así como alguna vez los españoles llegaron a imponerse con sus caballos ante los indígenas, en ese momento nosotros llegábamos a imponernos con nuestros caballos ante los urbanos. ¡Tremenda bestia! Y es que estoy seguro que en las mentes de todos esos animales son purito poder, potencia y un posible sometimiento pal que se atraviese en el camino; en el nuestro en ese caso. Lo más impresionante de todo jue cuando entramos por primera vez a la ciudad; todas las gentes en las calles nos veían con terror, gritaban y corrían. Sobre todo los blancos medrosos; los negros eran más tranquilos, porque en ninguna situación tenían nada que perder. Además, dentrando en las plazas, el patrón nos gritaba: ¡Somos el pueblo en armas y nadie nos va a derrotar! Y así todos nos emocionábamos más.

-Se dice entrando abuelo-, me dijo la niña mientras miraba a su alrededor para cerciorarse que nadie me hubiera oído. Y me preguntó, ¿Eran plazas como ésta?

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empezado con juicio la construcción de la estación del ferrocarril. Han tenido que arreglar unas cuantas cosas y eso porque esta ciudad se ha convertido en campo de batalla durante algunas épocas -como cuando yo llegué- y pues las calles quedaban destruidas y muchas casas también. Pero los pobres obreros siempre tienen que reconstruir en vez de hacer cosas diferentes, como esas que uno oye que hay en esas otras ciudades grandes y bonitas que son muy parecidas a las europeas.

Bueno, en fin, yo no le quiero hablar de batallas, ni destrucciones ni cosas de esas, pero ahora viene una parte de mi vida que más bien es como terrible, pero fue cuando más gocé. Pues imagínese que después de las guerras muchos de nosotros no queríamos volver al campo a que nos explotaran, aunque en la ciudad muchos de los doctorcitos y las mujeres emperifolladas ya habían empezado a rechazarnos por no hacer parte de los elegantes, como quien dice, por vestirnos con ruana, andar descalzos y tomar agua de panela, en vez de vestir con chaleco, usar botas de charol y tomar té, ¿puede creerlo? Porai a los mulatos y negros también les daba por esas del rechazo, porque ellos no gustaban de nuestras maneras de pensar.

Así que muchos de nosotros, que no entendíamos ni papa de ese mundo decente, resentidos por tanto rebajamiento y con ganas de hacer lo que se nos viniera en gana, ser libres era lo único que se nos antojaba después de matarnos como bestias en el campo. Nos escapamos de nuestros patrones y nos volvimos bandidos: nos escondíamos en los caminos a las afueras de la ciudad y atacábamos y asaltábamos a los viajeros, las diligencias, las carretas, los jinetes y hasta las haciendas que estuvieran porai. Viví así por tres años, buscando riqueza, robando y matando. Y ahí sí que las gentes de la ciudad nos empezó a odiar y a temer, por esa época nos llamaban “vagos, carentes de principios” y “malentretenidos”. Y pues sí, lo éramos.

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En esa segunda entrada a la ciudad tuve que agachar cabeza y aceptar la vida de los señoritos urbanos; perdí la juerza con la que entré por primera vez. Encontré muchos más campesinos adaptándose a la vida en la ciudad y para mi sorpresa los de las clases altas habían cogido muchas de nuestras costumbres y en un tiempo no era raro ver a las señoras elegantes con vestidos de seda y el cabello trenzado, o a los hombres tomando caldos con cognac. Ahora ya no se ve de eso porque todos prefieren ser igualitos a esos blancuzcos distinguidos que cada vez que vienen aplican sus modas europeas y ay del que no las siga.

-¿Usted también, abuelo?-

-Pues no le niego que me guste el cognac, pero no cambio mi agua juerte por nada. ¿Qué tal el cuento? Ya nos perdimos de la misa porque le cuento que empezó hace rato. Vamos pa’ la casa que su abuela seguramente nos debe de estar esperando con lechecita envinada.

Referencias

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