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Revista chilena : tomo VI, número 17, 1918

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DISCURSO

DE

INCORPORACIÓN

A LA ACADEMIA CHILENA

CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Señores:

Agradezco

a Uds.elhonor que mehan

dispensado

al invi tarmeaformar partedeesta

Academia

y ofrecerme el asiento

queentreUds.

ocupaba

ungranseñordelas letras nacionales.

Y,

desde

luego,

permítanme

decirles que al ocupar el asiento deeseilustre escritorno

pretendo

venira

reemplazarlo, simple

mentelovengoa

suceder;

como unanoche sin estrellas

puede

sucederaundía sinnubes.

Esehonorme

impone

el deberdeevocar su recuerdo yha

cerconocerelvalorreal deuna

personalidad

casi

desconocida,

omal

conocida,

fueradel círculo reducidoenquesemovió en

suvida.

El

cumplimiento

deesedeber

pudiera

estimarsecomo

inútil,

aquí,

donde tenemosla

pretensión

de conocernos,

aquí,

donde acada paso oímosafirmar

queen«Chile todosseconocen», y dondeesa

afirmación,

un poco

temeraria,

ha tenido la

popula

ridad de los axiomas queno es

permitido

discutir.

Pero,

esa

popularidad

mismadebiera haberla hecho

sospechosa.

Lasmo nedas deorono

llegan

aser nuncamonedas

populares.

'[:■■■ 'b.sm

?!-py^m]

(4)

6 A.ORREGOLUCO

Y,

si miramos lasmismascallesenquecirculaesa

presuntuosa

afirmación,

vemospasar codeándose dos

generaciones:

la que se vayla que

viene;

yvemosquelos

jóvenes

nosaben loque han. sido los

viejos,

y quelos

viejos

no

pueden sospechar

lo que serán los

jóvenes,

es

decir,

que enrealidad vivimosen medio deundesconocimiento universal.

Ycreoque si

Sotomayor

Valdés

pudiera

levantarseamilado vendríaadarunabrillante confirmaciónamis

palabras,

porque él mismonoha vaciladoenescribirque

Portales,,

esegranhom bre

público,

que ha llenadoconsu

personalidad

todo e!escena rio

político

durante un

largo período

de nuestra

historia,

en

quien

todaslasmiradassehan

fijado

durante

largos

años, erai sin

embargo,

un

desconocido,

cuya vida ycuya accióneranece sario escudriñar paradarloa conocer. Paraacentuar esaidea haescrito unafrase encantadora:

«hay

hombres,

dice,

quese ocultan detrás desu

celebridad»,

alo que Uds.me

permitirán

agregar que

hay

otrosquese ocultan detrás de las circunstan ciasenquesehadesarrolladosuvida. Y todas las circunstan cias

parecían conjurarse

enla vida de

Sotomayor

Valdés para

dejarlo

enlasombra.

Principiaré

pordar relievea

algunas

deesas circunstancias-Eraconservadoren

política.

Al hacerel retrato de Irarráza-balnoshahecho también el retrato desu

partido

ysu

propio

retrato;y noshadefinidocon admirable claridad lo quepara él constituíalabase esencial del

partido

aque

prestaba

suad hesión.

Estoy

cierto queUds. se

complacerán

si les recuerdo esaminiatura

deliciosa,

enque,conlamano

rápida

y segurade unmaestro,

bosqueja

en unos cuantosrasgos la fisonomíade unhombreydeun

partido.

«Irarrázabal—decíamiembro del

(5)

de

sentir,

eran losdemás

dignatarios

del

poder,

yen

general

todos los hombres que habían

impulsado

o

seguido

el último movimiento—el movimiento conservador delaño30

los

Ega-ña, los

Tocornal,

los

Rengifo,

los

Errázuriz, Benavente,

Ganda-rillas ytantos otros.»

Esdeliciosa la correccióndeese

dibujo,

ladistinción desus

toques,

lafina

psicología

conque desliza delicadamente queno sonlas ideas aristocráticassinomás bien los sentimientos aris tocráticos los que sobreviven enelalma del

partido

conserva dor—las ideas aristocráticas noshacen pensar en

privilegios

siempre

odiosos,

y lossentimientos aristocráticosevocan una

larga

tradicióndehonory

dignidad

y

luego,

con

qué gracia

elegante

envuelve atodosu

partido

en la noble capa deun

marqués.

Pero

Sotomayor

Valdésno secontentabaconser unconser. vadoren

política.

Era conservador en

todo,

ensu manera de

pensaryde

sentir,

en sus

hábitos,

enlas tendencias más íntimas desu

espíritu,

en sus

creencias,

yhastaensusodios. Eracon servadoren todoy sobre todo. Era lo que

llamaríamos,

enel

lenguaje

unpoco bárbaro d&nuestro

tiempo,

un conservador

integral.

Lasinclinacionesdesu

naturaleza,

las tendencias desu ca

rácter,

la

disciplina

desusestudios yhastalas tradiciones desu familialo

arrojaban

enlos brazos deese

partido

desde que al salir de laadolescenciaentróenla

vida,

y

permaneció,

todasu vida, fielalossueñosdesu

primera juventud.

<

Más todavía: desde que

principió

a militar enla

política

se

presentó

comoun escritor conservador. Es

decir,

como un escritorqueatodossusméritosyatodossus

prestigios,

nopo dránunca agregar elde la

popularidad,

sobre

quien pesará

siempre

unasombraqueobscurezcasu

figura.

(6)

A.ORREGOLUCO

claramente eltemorde herirode tocarunaherida. Pero seáme

siquiera

lícito

decir,

que si losescritores

conservadores,

quehan

gozado

de

algún prestigio

enla

opinión,

tienen sinceridadensu

pluma

y

gratitud

en su

corazón,

les harán la dolorosayamarga confesióndequeesalos

liberales,

a susadversariosliberalesa

quienes

deben lo

mejor

desu

prestigio.

Y,

si

Sotomayor

Valdés

puede

oirsu

elogio

en mis

labios,

no serápara él nicosa nueva,ni cosaextraña. Todo lo que ahora

podría sorprenderle

seríavermeamí

ocupando

su

lugar.

Debocreer,señores, que al

elegirme

Uds.paravenirlea su ceder han

querido

sobre tododaruna

prueba

de la generosa liberalidadconque

proceden

al

designar

a sus

colegas,

porque

apenassi

tengo

decomún conel

espíritu

serenoy

elevado

de miilustre antecesor, el cultodelas letrasyelamoral

pasado;

y

hay,

sin

embargo,

eneseculto yese amor unaacentuaday honda

divergencia.

Eseamor al

pasado

nos reuníaalosdos al rededor dela misma mesa, hace

algunos

años, enunsalónde la Biblioteca Nacional.

Eran

aquellos tiempos

revueltos,

insípidos,

incolorosyelma lestar del presentenoshacía volver lavistahaciael

pasado.

El acumulaba los documentos que

pudieran

servirleparaes clarecerese

período

denuestrahistoria queseextiende de

1831

(7)

construcción

política,

una guerra

afortunada,

que había cu bierto al

partido conservador,

al

país

entero,conlos

magníficos

laurelesdeuna

campaña

heroicayvictoriosa.

Se

sumergía,

conla

embriaguez

del

deleite,

enla

contempla

cióndeese

período,

enquebrillabacontanto

esplendor

laac ción

política

de ese

partido

quehabía restablecido la decencia enla

plaza pública,

enque—segúnsus

palabras

«alsonde la músicadesusteoríaslos

partidos

y el

pueblo

se

entregaban

a las saturnales de la

anarquía».

Con

orgullósa

satisfacciónsen

tíaresonar ensusrecuerdoselpasode las

legiones

victoriosas llevandolabandera deChile

desplegada

al viento de la

gloria.

Y

después...

enmediodel

engrandecimiento

yel progreso del

país,

la decadenciay el hundimiento

gradual

deese

partido,

queva

perdiendo

suorientaciónysu

prestigio.

Alotrolado, de lamesayo estudiaba los documentos que

pudieran

servirme para

bosquejar*

la historia de «La Patria

Vieja»,

que

pudieran arrojar' alguna

luz sobre los obscurosco mienzos denuestragranrevolución.

Quería pintar

la situación enque

vivíamos,

oprimidos, aprisionados

dentro del

régimen

colonial;

ver pordóndesehabían filtrado los

primeros

rayos deluzenlaobscuridaddeesa

vida,

y

luego

buscar el hombre yel

partido

que,comoungran

lente,

había concentradoen un focoesosrayos

diseminados,

y

prendido

el incendiocuyalla marada

gloriosa

fué el

primer grito

de nuestralibertad.

Quería

pintar

esecrisolenormeénque

arrojamos

las

instituciones,

las

creencias,

las

tradiciones,

todo nuestro

pasado

colonial para fundirahí laPatria

Nueva.

Asínos

sumergíamos

los dosen un amorai

pasado

queno erael mismoamor.

Él

encontrabaenla historia el encanto melancólico delre

cuerdo,

el encanto delas cosas desvanecidas que han idoa

perderse

en la

gloria

o el misterio. Amaba el

pasado

ensí

mismo,

como

algo

grande,

noble

y

bello,

conese amordesin

teresado,

quese sumerge en

la,

inefable

contemplación

de lo queadora.

(8)

IO A.ORREGOLUCO

nacional,

las fuerzas quenos*arrastran a la

acción,

lossenti mientos ylos

instintos,

que

empujan

nuestra evoluciónhacia el progreso.

Elnole

pedía

al

pasado

más quesu

belleza,

yo le

pedía

su enseñanza.

Él

ibaabuscarahíun

recuerdo,

yo,unaesperanza.

Así,

señores,al borde de la misma mesa

contemplábamos

juntos

esagrannoche del

pasado:

él admiraba lainmensa bó vedadel

cielo,

el ordende la

naturaleza,

las

leyes

eternasa queobedecen losastrosensumarchaenel

espacio,

y yo bus cabaenesanoche obscuralas

pequeñas

estrellas que

chispean

enel

cielo;

él

contemplaba

la gran

sombra,

y yo, lapeque ñaluz.

Esciertoque los doshemoscultivado la

literatura,

ytalvez, que hemosllevadonuestroamor hasta los mismos sacrificios. Pero

él,

dentro de la

lógica

de su naturaleza ysus

ideas,

quería

quelas bellas letrasfueran

siempre

de

una corrección

irreprochable,

las

quería

noblesy severas, sumisasalas

reglas,

respetuosasdelas

conveniencias;

quería

quetuvieranloqueél llamaba «los

escrúpulos

del sentimiento

literario»,

que nada

perturbara

nilas líneasdesu

fisonomía,

nilos

pliegues

escul turalesdesu

traje.

Señores,

les

pido

aUds. quenopongan

exageración

enmis

palabras

y quenocreanque he

querido

dar a entenderque

Sotomayor

Valdésera uno deesos afectados culteranos que

despertaban

lassabrosas burlas de

Quevedo,

ycubrirconpe rífrasis benévolas una crítica mordaz.

Lejos

de eso,sémuy bien que mirabacondesdénesa cofradía de

entrabados,

que veunidealen«sa literaturadenotarioque lo encierra todo enelmarcoinflexibledesusfórmulas.

Es verdadque ese asfixiante conventillo literarioha salido de la gran escuela

clásica,

comoel

vinagre

saledel vino. No

podemos

olvidarque de lamismaencina salen las

hojas

con quelosdruidascoronaban susdioses ysus

héroes,

ylas bello tasconquesealimentanlos puercos.

(9)

los

poetas

han puesto sobre los

ojos

del amor, saben tener ( buen sentidoy

hasta

buengustoensus amores.

Porlo

demás,

hastasusmásseverosAristarcos le hanreco nocido_a

Sotomayor

Valdés subuen

gusto

ysubuen tono, la

tranquilidad

de la

composición,

la

elegancia

delas líneasyla moderacióndesu

lenguaje;

loque le

reprochaban

era sufalta de

originalidad

enlasideas yde

imaginación

enla frase,

Permítanme recogerestascríticas

acerbas;

permítanme

pre

guntar

siesto

quiero

decir que

Sotomayor

Valdésnohainven tadosusideas y que sus frasesnosonnuevas,y siesesala

originalidad

de un

escritor,

porque entonces la

originalidad

quesele

niega

esuna

originalidad

que no existe.

Ninguna

obra dearteha salidode la cabeza desuautor comoMinerva de la cabeza de

Júpiter,

envueltaen suarmadurayconla lanza enlamano.

Sólo los

genios pueden pretender

esa

originalidad

y

todavía,

sólodentro deciertos límites.

¿Hay alguien

que creaqueRafaelno es

original

porque ha

copiado

susmodelosynohainventadosuscolores? Perovean cómo mezclaesoscoloresen su

paleta

encantadora,

cómotrans formasu

pincel

los rasgosde lahermosa Fornarinaenlos ras gos ideales deuna

virgen adorable;

vean comodela belleza hace unadivinidad. Eseeselartesupremo, la

originalidad

suprema.

jVan

ustedes a arrebatarleaColónsucoronade

gloria

por quenoeran

originales

sus ideas?

¿Por

que hanencontradoen trelos

papeles

deun

cartógrafo

unmapa

antiguo

enquetierras desconocidas aparecen

vagamente

diseñadas,

porque un

viejo

navegante

ledebió contar quehabía divisadotierrasmisterio sasensusexcursiones porel mar?

Perotodo esonovalíala penadesus

investigaciones

fatigo

sas,todoesohabíasidosoberbiamente dicho casi veinte

(10)

12 A.ORREGOLUCO

coronaporque nohadescubierto nadade todo eso y sóloha descubierto lamitad delmundo?

¡Ah!

no,Colón es un

genio

anteel cual debemos inclinarnos respetuosos, porque el

genio

noesla

paciencia,

comocreía

Buffon;

el

genio

esla

fe,

la pro funda convicciónenlasoberana realidaddelasideas.■

Alosque

reprochaban

a

Shakespeare

sufalta de

originali

dad porque habíasacado decuentos italianossus creaciones más

geniales,

suRomeoysu

Julieta,

suÓteloysu

Desdémona,

suMercader de

Venecia,

y quehastasuHamlet erauna

vieja

tradición

danesa,

les observaba Landorensu

lenguaje

profun

do: «Todoeso es ciertoy,sjn

embargo,

Shakespeare

esmás

original

quesus

originales.

Ha

soplado

sobre esosmuertos y leshadadolavida».

¡Ah!

señores,

quiero

acentuar mi

pensamiento, quiero

decir muyfuertey muy

claro,

carrément,

como dicen los

franceses,

quelos

simples

escritores,

hasta los más

grandes,

hastalos que casitocanalos

genios,

no

tiepen

niunasola ideaque noha yan

aprendido,

ytalvez,niunasola fraseque no

hayan

escu

chado,

yque todos ellos 'de una manerainconscienteovolun taria han

seguido

el

consejo

yel

ejemplo

deMoliere: «.ont

pris

leur bienoulis V'ont trouvé*.

La

originalidad

es otracosa. La

originalidad

estáenlama neracómosemezclanesasideas y cómose

aplican

esasexpre

siones,

enlacoloración

particular

quetoma esa mezcla en

e'

espíritu

del

escritor,

y,

luego,

en elcontorno

general

desuses critos,

Ustedessabenque todo enlanaturaleza y enlavidatoma la forma delaurnaenque sevierte. Como decíaun

principio

fundamentalde laescolástica:

tQuidquid reápitur

in

recipiente,

admodus

recipientis recipitur*

.

Esaesla

originalidad

verdadera,

y esa,él latenía. Suscríticos tambiénlehan

reprochado

el abuso delaspa labras

desusadas,

sus inútilesy extraños arcaísmos. Esverdad

(11)

vi-REVISTA

razos

geniales

de Portales»,para

pintarnos

los cambiosbrus cos,instintivosyviolentosconque el

imperioso

ministro varia ba el rumbodesu

partido

ysu

política,

ydebemos reconocer, sobre

todo,

que la

culpa

nofué exclusivamente suya, que era la

culpa

de su escuela yde su

tiempo,

la

culpa

de Ambrosio

Montt,

de Manuel Mattay de Lastarria. EnLastarria eraun

hábito,

enMattaera un

capricho,

enAmbrosioMonttuna

pi

cante

coquetería,

del

lenguaje,

que

siguieron

como una moda todos losescritores de ese

tiempo,

moda que duró hasta los días en que

Justo Arteaga

noshabituóa

respirar

el

perfume

penetrante

de las flores exóticasy

plagó

nuestro

lenguaje

de

palabras

y de

giros extranjeros;

hasta el díaenque hizo desa parecer denuestraprensa los

períodos largos

ysolemnes del estilo

español reemplazándolos

conla frasecilla

rápida

ytraviesa del estilo cortado. Ala moda dela falda

larga

que arrastraba lacola de

ceremonia,

él

substituyó

la moda

provocadora

y

ligera

dela falda corta,que

deja

más libertadymás

rapidez

al

movimiento.

Sotomayor

Valdés fuéunode los pocos que tuvieron elco

raje

deresistir la nueva

moda;

le encontró talvez,unadesen voltura que frisabaenel

escándalo;

yotampoco la

seguí,

porque enesas

pequeñas

frasesno

podía'

desarrollarsela

armonía,

que erapara míunacondición esencialdelarte

literario,

y

desapa

recíaesafuerzadeemociónindefinible y

poderosa

que

despier

tael sonido musicaldelas

palabras.

Nonecesito decirlesque las tendencias de mi

espíritu

y el carácter de misestudiosme

alejaban

delosseverosgustos li terarios de mi ilustre antecesor. Nosoy un clásico. Prefiero que las bellas letrassean menos

impecables;

quese

permitan

suslibertadesy

tengan

sus

caprichos;

queno megustan tan severasyquenocreoque la risa sientemala su

belleza; lejos

deeso,encuentroesarisaencantadora cuandonos

deja

ver una hermosa

dentadura;

megustanunpoco

irónicas,

unpoco travie sas, y para decirlo

todo,

me gusta

(12)

ten-14 A.ORREGOLUCO

gan hasta los

impudores

de la

desesperación

en sushoras de

angustia.

Todoesto

equivale

adecirquehabíaunahonda

divergencia

ennuestramaneradeamarlasbellas

letras;

élamabala belleza y yo amabalavida.

Señores,

les he hablado tan

largamente

de lo quenossepa

raba,

que siento la necesidad de tocarunodeesos puntosen que nuestras

opiniones

coincidían,

yen

que,*1

tal vez, nuestra armoníaeramásíntima deloque

pudiera

parecerenlos escri tos. Ese

punto

de

coincidencia,

que

arroja

unaluz clara sobre laintimidad desu

criterio,

era esacuestión ardiente de laen señanza

pública.

Notemoque

pueda

parecer

sospechoso

miamoraesa ense

ñanza,

y si

alguien

meacusara,recordaría que

Sócrates,

para

probar

suamor ala

honradez,

presentaba

al tribunal lo que él llamaba «el

mejor

de los

testigos»:

su

pobre

capa

desgarrada;

siguiendo

ese alto

ejemplo,

para

probar

miamorala

instruc-ción, presentaría

como

testigo

irrecusable,

mi vidaenteracon

sagrada

ala enseñanza.

¡Qué

Diosnos

guarde

decombatir

jamás

la instrucción

blica,

quenos

guarde

hasta de

arrojar

sobre ellaunasombra que la

pueda obscurecer,

pero quenos

guarde

tambiéndefun dar enella esperanzas que no

pueda

realizar!

¡Qué

Diosnos

guarde

deesa

pobre psicología

quecreequela razón

gobierna

al

mundo,

yseresisteaverquesonlos

sentimientos,

los que, como eldestino de los

griegos, guiar-

alosque los

siguen

y arrastranalosqueseresisten.

Es elsentimiento delderecho y la

justicia,

dela

dignidad

humana,

dela

libertad,

del

deber;

esel sentimientodelhonor y dela

patria,

y siUds.

quieren,

pueden

agregarel sentimiento de la

religión

y delaraza,lo

qíe

formala

personalidad

del in dividuoy la

nación,

lo que

dirige

la vida y

teje

el

porvenir.

(13)

15

fantasmasvienenasentarseennuestro

hogar

y

guardan

el honor de la familia y la purezadelaraza.

Y siundía nuestras teorías

políticas

onuestrasdoctrinasso

ciológicas,

van achocar conesos

fantasmas,

Uds. verán que esas teoríastan formidables y esas doctrinastan

sólidas,

se rompencomo

globos

de

jabón

oarrastranala infamia.

Sitenemosla

instrucción,

tendremosdenuestrolado la

razón,

, quees unauxiliar muy

poderoso,

pero nada más que unauxi

liar,

porqueelsentimientoesel muelle real del mecanismo de nuestrassociedades.

La instrucción es

necesaria,

pero la educación es decisiva. La instrucción

vigoriza

nuestras facultades intelectuales ynos da

conocimientos;

laeducación

vigoriza

nuestra

voluntad,

por que la voluntadnacedel

sentimiento,

ydecidede nuestrodes tino.En el grancampo debatallaque esla vida delos

pueblos,

lainstrucción es el sol quederramasusoberbia

luz,

quenos señala elcamino ynos muestralos

obstáculos,

peroeselsen timientolo quenosda el

entusiasmo,

el

coraje

yla voluntadde la lucha.

Para realizar eldestinoqueanosotroscomo atodos los pue blosreserva el

porvenir,

lo que necesitamos sobre

todo,

es el cultivodelos

sentimientos,

la educacióndelos

sentimientos,

la

grandeza

moral de la nación. No democraticemos las socieda

des,

ennoblezcamos lasmasas;no

degrademos

nada,

elevémos lotodo.

No

desoigamos

la

profunda

verdad de los quenos vienen

repitiendo

que«la razón hacela

ciencia,

yel sentimiento hace la

historia»,

lahistoria delos

pueblos

yla historia de los hom bres.

Sotomayor

Valdés nacióenelsenodeunafamilia ilustrey

opulenta,

pero desdemuy

joven

sintióconviveza la necesidad

imperiosa

del

trabajo.

Tuvo que

interrumpir

sucarrerade abo

gado,

que laestrechez desus recursosle

impedía

terminar,

y buscarenla vidaotrocamino.

(14)

ar-16 A.ORREGOLUCO

dientey

espíritu

batallador,

que

acompañaron

aValdiviaen susheroicasaventuras

(i).

El

soplo

de la

pasión

y el amor ala

lucha,

que hervían en susangre,debían arrastrarlo hacia eldiarismo. Eldiarioenla vida normal denuestro

tiempo

es elúnico campo de batalla

quenos

queda.

Ahíseluchatodoslos

días,

se lucha

siempre;

eslabatallaque incesantementeserenueva. Ahísesientetodo elardor de lasheridasy todaslas emociones del combate.

Empujado

poresafuerzaque venía del fondo ya

lejano

de suraza,

llegó

ala prensa,cuando ésta ibaasufrirunatransfor mación considerable.

Hasta esa

época

había sido

siempre

efímera la vida de la

prensa de

partido.

Sus

hojas

sueltas

aparecían

y

desaparecían

al calordeuna

ráfaga

de la

pasión

política.

Todoeraen ella

improvisado,

loshombresylasarmas,losescritores ylas doc trinas. Era la luchade las

barricadas,

la lucha

popular,

enque todoservíacomoarmade

combate,

las

piedras

y hasta el

lodo;

enque elruido delas vociferaciones dominabaa vecesel ruido mismo del combate.

Cuando

principió

Sotomayor

Valdéssuvida de

diarista,

ten dencias nuevasse

dejaban

yasentir. Eldiario se

principiaba

a

organizar

más

seriamente,

atenerunabase mássólidapara suvida

material,

una

fijeza

mayorensus

principios;

yanoobe deceríaal

soplo fugaz

delas

pasiones,

sinoalos interesesmás

permanentes

deun

partido.

Durante

algún tiempo

se conservarántodavíaen esaprensa

viejas

costumbresdelas luchas

callejeras;

pero pocoapocose

(i) En eltonoligerodeunabroma recordamoshaberle oídoaSotoma yor Valdésquedescendía de losconquistadores españoles.Ese recuerdo noshizopediranuestro eminente historiógrafoseñorThayer Ojedaque nosesclarecieraesepunto.

(15)

vaabriendo camino la cultura y hasta la distinción

elegante

en el diarismo.

Enesaculturadenuestraprensale debemos muchoa Soto-mayor

Valdés,

a

'Justo Arteaga,

aAmbrosio Montt y. Abdón Cifuentes.

Venía

Sotomayor

Valdés del Instituto

Nacional,

yahí había estadosometido a

la,

disciplina,

entoncesmuy severa, de los estudios

clásicos;

había vivido en la ennoblecedora intimidad de los escritores

latinos;

durante

largos

años habíaescuchado todoslos días el

lenguaje

tan

noble,

tanserenoy armonioso de

Cicerón,

lasfrases

lapidarias,

incisivasybrillantes de

Tácito,

y la ironía

elegante

y

ligera

deHoracio. Conservó la

profunda

impresión

deesa enseñanza ynos

trajo

a la prensa

algo

dela

majestad

delos

períodos

latinos,

unanobleza

acerada,

elegante

y

graciosa.

.Perolahuella más

profunda

que

dejó

ennuestraprensaen ese

primer

período

desuvida de diarista nofuerontanto sus escritoscomosus

discípulos.

Zorobabel

Rodríguez,

ese

campeón

formidable del

partido

Conservador,

fué más

discípulo

de

Sotomayor

Valdés que de Cifuentesyhasta quedeLuis Veuillot. Fué él

quien

leenseñó queel escritor,enesasluchas dela

opinión,

nosólddebetener unabandera sino tambiénuna

táctica,

yque esa táctica debe darel* colorasus

doctrinas;

fué él

quien

le

despertó

la afición alosestudios económicosylehizovertodo el

partido

que de esos estudiosse

podía

sacar enla

polémica,

haciendo descen deruna

cuestión,

dela alturaaque laelevan los

principios,

al nivel

vulgar

delasconsideraciones

económicas;

fué él

quien

le enseñóa

explotar

las

divergencias

denuestros

escritores,

yesas seducciones hábiles que han sido

siempre

deunaeficacia desas trosa entrenosotros.

(16)

iS A.ORREGOLUCO

Casicreoexcusadodecirles que cuando hablo de las evolu ciones de la prensa

conservadora, prescindo

de la prensa dela

Iglesia.

Esa,

ha

permanecido

inalterable,

consutáctica tradi

cional,

suscostumbres

peculiares

ysu

lenguaje consagrado.

Fuéenlaprensa conservadora laica—si ustedesme

permi

ten—

enla que

Sotomayor

Valdés

introdujo

variaciones,

aque sus sucesoreshan dado continuaciónydesarrollo.

Nosotros hemos asistido a esatransformaciónde la prensa, nosotrosla hemosvistoyla hemos sentido,

Antes,

cuandode tarde entarde seinvocabalalibertad en la prensa

conservadora,

era

algo

comocuando lospoetas invo cabanaDiana ensusversos, era unalicencia

permitida,

para darleunpoco de brillo a sus

períodos,

un pocode

perfume

a

sus

doctrinas;

pero

después

de

él,

enel campoconservador sólo seoíahablar de libertad.

Vimosa

Sotomayor

Valdéscuandolevantabasu

elegante

y artística columnaanuestragran

Diosa,

y sonreíamoscomolos

atenienses,

cuandoenmedio delos altares de los diosespaga nos, vieron levantar un altar alDios desconocido. Pero des

pués...

Zorobabel

Rodríguez

continuó la

obra,

la

desarrolló,

y levantóaia libertad unhermoso

templo

conservador. Ahíse adorabanpequeñasdiosas nuevas,queteníancierta

semejanza

conlos

viejos

ídolos conservadores. Nos

aseguraban

queeran hijas de nuestragran diosa y que le debíamos también ado ración.

Desdeentoncesenelcampo conservador sóloseoyenhim nos a la libertad. Anosotros,los

liberales,

esos himnos nos

producen siempre

una

impresión

extraña.

¿Qué impresión

pro ducenalos conservadoresesoshimnosala

religión

quesuelen entonarlos radicales? Losradicalescantansushimnos

religio

sos con la música de la Marsellesay los conservadores sus himnosala libertadconla músicasolemnedela

Iglesia.

(17)

19

deunamaneramás estrecha los intereses conservadoresy los intereses de la

Iglesia,

amedida que losconservadoresseha cíanmás

clericales,

su

lenguaje

eramás liberal.

Uds.sabenqueen. otro

tiempo

todos los conservadores fue ron

regalistas,

ydefendieron el

patronato

del

Estado,

con una

intransigencia,

que notolerabanilas discusionesnilas dudas. Esasasperezassefueron suavizandoamedidaquelos intereses

sefueron

poniendo

en

armonía,

yel. mismodíaenque los inte resesde losdosse

confundieron,

laprensaconservadora descu brió queelpatronato era una

usurpación

odiosa del

Estado,

una

opresión

de la

conciencia,

una

injusticia absurda,

ylevantó unaltaralalibertaddela

Iglesia.

Sotomayor

Valdés no

siguió

asus

amigos

enesa evolución desu

política, quedo

fielalas

antiguas

doctrinas del

partido,

ycontinuó defendiendoelpatronato; fuémás conservador que losconservadores.

Esa táctica hacía flotaren los dos campos la banderadela

libertad, dejaba

desconcertaday

perpleja

esamasade

opinión

flotante que está fuera de la

organización

delos

partidos,

y que miraba incierta cuál erala bandera quedebía

seguir.

El des concierto

llegaba

anuestras

propias

filas,

y teníamosquesos tenerunabatallaen nuestro campo,antesde ir acombatir at adversario. Y

todavía,

después

de tantosaños, todavíanosa limos deesaatmósferade

perturbación

ydesconcierto.

Yesonofué todo.

Junto

conesecambioenel

lenguaje

yen la

táctica,

inicióuncambioen las autoridades invocadasensu

prensa. Si Uds.recorrensusartículos de los

primeros tiempos

de El Ferrocarril veránaparecertímidamentealos defensores de lasdoctrinas liberales al lado de las

grandes

autoridades

conservadoras,

a

Jules Simón,

a

Laboulaye

al lado de

Dupan-loup

yde De Maístre. Pocoapoco esos

padres

dela

Iglesia,

esasautoridades

consagradas, principian

a caer enel

olvido,

y a

desaparecer

de la

polémica,

y

después

en El

Independiente

Uds. veráncasi exclusivamente desfilaralosescritores indivi- /

dualistas,

con Herbert

Spencer

alacabeza.

(18)

Ma-20 A.ORREGOLUCO

caulay

veníaadecirnos cómoseríael mundoconeltranscurso de los

siglos

«cuandoun

viajero

dela NuevaZelandia,enme dio de lavasta

soledad,

desdeunarcorotodel puentede Lon

dres,

contemple

las ruinas de San

Pablo,

etc.».Uds. saben de memoriaese

espléndido

trozoliterario. Esoera

magnífico,

era la renovación de los

tiempos

de la

Iglesia primitiva,

cuando San

Jerónimo

ibaabuscar

profecías

en

Esquilo,

cuando los pa dresde la

Iglesia

invocaban lostextos paganos en suapoyo

TesteDavidcum

Sybilla.

Uds.venloquelaprensaen

general

ylaprensa conservado raen

especial

debena ese

periodista

cortés, elegante

yesmera

do,

cuyos

procedimientos

de

polémica

subsisten

todavía,

y que aun,

después

de haber

desaparecido,

continúa todavía comba tiéndonos.

Sus

primeros

artículos aparecenenEl

Mensajero,

en

1853,

alaño

siguiente

redactabaEl Diariode

Valparaíso

de queera

propietario donjuán

Pablo

Urzúa;

en

1855,

losdosvinieron a

Santiago

afundar El

Ferrocarril,

queredactó

Sotomayor

Val dés hasta

1859.

Bajo

sudiscretayhábil dirección ElFerroca rrilechó lasbases deunainfluencia

política

y social

excepcio

nalennuestraprensa y quesóloha tenido rivalenElMercurio. Ese diario

apoyaba

la

política

deVarasy de

Montt,

queno leera

posible

continuar defendiendocuando los conservadores se

alejaron

del Gobierno.

Sotomayor

Valdés abandonoenton cesla brillantey

prestigiosa

situaciónenquese

hallaba,

parano abandonara su

partido,

yse lanzó denuevoenlavidaincier tayazarosadela

publicación

deunnuevo

diario,

ElConserva

dor,

quenotardóen

abandonar,

para ir atomar parteenla redacción de La

Actualidad,

que hacía al Gobierno unaviva

oposición.

Ladeclaracióndelestado de sitiohizo"

desaparecer

La Ac tualidad. Laprensa amordazada

enmudeció;

la

oposición

re ducidaal silencio

conspiró;

se hizola

revolución;

y larevolu ción fué vencida.

(19)

una

tranquila

y nueva orientación parasu

vida,

hasta queun día las

exigencias

de sus

amigos políticos

y tentadoras pers

pectivas,

lohacen salir de suaislamientoy abandonar

el.

cami noenquesufortuna

principiaba

alevantarse.

Ensuvidadeescritorhabía dado

pruebas

deuntalentodis creto, sagaz ypenetrante; había

dejado

verla

tranquilidad

de su

criterio,

lafuerzade su

dignidad

y ladistincióndesusma neras,es

decir,

que había mostrado las cualidades que deben adornaraun

diplomático.

Don Manuel A.

Tocornal,

Ministro entonces dfe Relaciones

Exteriores,

quiso

utilizaresasraras ybrillantes

aptitudes

yle ofreció la

legación

en

Méjico.

En

1863

fuéa hacersecargode esepuesto.

Desde una

impasible

y fría

situación,

iba a

presenciar

la

angustiosa

y

desesperada

lucha deun

pueblo

quedefendía he roicamentesu libertad y su

independencia,

amenazadas por las

poderosas

armasdel

Imperio.

En

presencia

de esa.lucha la

opinión pública

de Chilese

agitaba apasionada.

Revivía el sentimiento de solidaridad de la América

Latina,

quenoshabía arrastrado alos camposde ba tallaacombatirpor la

emancipación

deotrasnaciones. Ymien trasesos

sentimientos,

enardecíany

agitaban

la

opinión,

nues tro

representante

en

Méjico,

debía

ajustarse

ensuconductaa las fríasy terminantes instrucciones del Gobierno. Eseerasu deber de di

pío

friático,

pero el

cumplimiento

desudeberante la

opinión

lo colocabaen unaluz

ingrata.

Cuando volvióa

Chile, después

de terminada su

misión,

a

principios

de

1866,

lo recibió el Gobiernocon manifestaciones deunamarcada

aprobación,

y lorecibió

Ja

opinión

conunsi lencio

glacial

yrespetuoso.

Deesa misión

ingrata,

que tuvo para élun

dejo

amargo, sólose

complacía

en

recordar,

que durante su

permanencia

había echado lasbasesdel

.primer

banco

hipotecario

de

Méjico,

Esetriunfo del economista cubría paraélelamargo sinsabor deotrosrecuerdos.

(20)

11 A. ORREGOLUCO

entoncesdominabaenel Gobierno.

Sotomayor

Valdés

recogió

su

pluma

dediarista,yencabezóla redaccióndelnuevodiario. Permaneció poco

tiempo

al frente deesa

redacción,

enque seencontraba colocadoenun

desventajosa

situación.

Elcolor

incierto,

las actitudes

esquivas

dela

política

que de fendíaconsu

pluma,

ledabanuncolorido opacoasus

escritos,

en que sólo

podía

moverselibrementecuandoabordaba las heladascuestioneseconómicas.

Porunmomentose

dejó

entonces arrastrarporlastentado rasseducciones de la vida

política.

En

Agosto

de1866sein

corporó

enlaCámara como

diputado suplente

por

Rancagua,

yenlaseleccionesde

1867,

fué

elegido

porlos

departamentos

de Itata y de

Caldera,

quesólo alcanzóarepresentarenelCon gresoduranteun

período

muycorto,porqueen

Septiembre

de

1867

sehizo cargodeunamisión

diplomática

enBolivia.

El

Gobierno,

que

parecía

sentirel deber deresarcirlodesu penosa

legación

en

Méjico, creyó

encontrar una

oportunidad

favorable,

ofreciéndolela

legación

en

Bolivia,

que circunstancias

especiales

hacíanenesos momentosla más

popular

ybrillante denuestras

legaciones.

Laaventurade

Méjico

se había

repetido

enel Perú. Laes cuadra queenChilesehabía

piesentado

como una amistosa comisión

científica,

enel Perúse

presentó

invocando el

impres

criptible

derechode lasreivindicaciones

españolas.

Esa

provocación

audaz

despertó

enChile unabonda

agitación.

La

política

dela Santa Alianza

parecía

volversealevantarenlas cortes europeas, yeseamenazador

resurgimiento, despertó

en elfondodel alma

nacional,

las

pasiones

ardientes que cincuenta años atrás la habíandominado. Sentimosrenacerelsentimiento dela solidaridaddela América

latina,

peroentoncesno nos con tentamosconecharavuelola campana delas

grandes

alarmas;

lasmanifestacionesde la

indignación

pública llegaron

aextre mos, que hacían

imposible

elmantenimiento de lasrelaciones

diplomáticas,

y el

Gobierno,

sevioarrastradoa una'declaración deguerra,que le arrancabaelsentimiento

popular.

(21)

33

Invocando los

principios

generosos y

elevados,

enqueseins

piraba

la

política

de

Chile, pedimos

suconcursoalas naciones de laAmerica del Sur.

Muy

pocas dieron oídoaese

patriótico

llamadp;

entreesaspocas estaba elGobierno de

Bolivia,

quese

apresuró

aofrecernossuadhesiónconentusiasmo.

Significaba

muy poco,

bajo

el puntode vista

material,

el apo yo deBoliviaenesaguerra, pero

bajo

elpunto de vista

moral,

eseapoyoerala

justificación

suprema de la

política

de

Chile,

queotros

pueblos

parecían

desconoceryhasta

desaprobar

con suactitud. Nossentíamos

comprendidos

y

apreciados

poresa nación que nos alentaba con su entusiasmo y quenosdaba todoloque

podía

darnos. El instinto

popular

recibióconemo ciónesaofrenda conmovedora:erala

oveja

del

pobre,

el óbolo de la viuda.

Para

explicarnos

la

popularidad

quetuvoentoncesel Gobier node

Bolivia,

necesitamos recordar un rasgo

acentuado,

uni

versal,

enla

psicología

delos

pueblos

queselanzanenla gue rra. En esas horas supremas,,en que parece exclusivamente dominar el

imperio

de la

fuerza,

en quesólolafuerza material tieneuna

importancia

decisiva,

el apoyo

moral,

que material mente nada

significa,

pero que establece unacomunidadde almaentrelos

pueblos,

essin

embargo

loque

despierta

enellos unaemoción más

honda,

una

simpatía

másfuerteyduradera. Tenemos querecordar también el aislamiento enquevivían los

pueblos

delaAmérica para

explicarnos

la

popularidad

de que

gozaba

entre nosotros

Melgarejo.

Sólo sabíamoslo que pa sabaenBolivia por las comunicaciones oficialesy la prensa asalariada. No

sospechábamos

quesuGobierno fueraun

vulgar

yodioso

despotismo;

no

sospechábamos

quenuestros

aplausos,

que dabanaeseGobierno cierta aureolade

prestigio,

resona bancruelmente en el seno de la sociedad

ultrajada

porese

despotismo,

y

despertaban legítimos

yodiosos sentimientos ha cia Chile.

(22)

24 A.ORREGOLUCG

en

presencia

de laverdad,y laverdadtenía la amarguracruel deun

desengaño.

Ese libronoeralaobradeun

historiador,

eranlas anotacio nesdeunobservador fino y sagaz,

recogidas

díaa

día,

desor

denadas, inconexas,

siguiendo

lossucesos ensudesarrolloca

prichoso,

pero

reflejando

conviveza la

impresión

calienteque

producían

las escenasen elmomentomismo enque

pasaban.

Ese

libro,

simple

comentario delavida

diaria,

sehaido for mando per sí

solo, lentamente;

es un

hijo

del acaso, esuna

obraaparte en la obraliteraria desu autor, enqueaparece

despojado

de las

grandes

cualidadesdesuescuelay

envuelto,

sin

quererlo,

enla

poderosa

corriente deotraescuela.

Unaño

después

dela

publicación

deese

libro,

en

1872,

me

ocupé

deélenun

estudio;

que leí enla AcademiadeBellas Letrasy que

publicó

la Revista de

Santiago.

Uds.me excusa

rán sime

permito

leerloque decíaen

aquella época lejana,

y que

probará,

porlomenos, quelos

elogios

que

\ie prodigado-

a

Sotomayor

Valdés,

nosonlos

obligados elogios

quemearran cala situaciónenquemeencuentro.

«Las

páginas

deese

libro,

decía entonces, están trazadas conunamanotan

vigorosa,

con una

franqueza

talenel

dibujo,

yunaabundanciatanesmeradaenlos

detalles,

que hacen

pal

pitar

nuestras entrañas comosi estuviéramos delante delcua drorealy verdadero.

«Pinceladas

enérgicas,

pinceladas

de

.artista,

retratan

aquí

un

personaje,

animan allá unaescena, con esa

impresión

ca liente de lavidao nospintan el desalientode un

pueblo

aba tido y

resignado.

«Elretratoquenosda de

Melgarejo,

la

página

enquenarra elasesinatode

Belzu,

el

bosquejo

de

Antézana,

la derrota de la

Cantería,

la muerte de

Bascuñán,

son

páginas

y cuadros

dignos

de Tácitoy

Macaulay.»

(23)

Anales,

se había

escapado

de mi

pluma,

volvíasobre ellayla acentuaba.

Talvezhabría habidomás

propiedad

enmi

apreciación

silo hubiera

comparado

con Suetonio.

Melgarejo

notenía la gran deza

trágica

de losCésaresdeTácito,sino más bien la

vulga

ridad

brutal,

el realismogrosero de los héroes deSuetonio. Peroesa

apreciación

notraducíami

impresión.

«Cuando recorría esas

páginas

decía entonces— y escu chabaenellasese acentoamargo y

desesperado,

esa

indigna

ción melancólicay

profunda,

mesentía

transportar

alosaños enque Tácito formabamisencantos y en que mi

espíritu,

al calor desus

páginas

de

fuego,

desplegaba

las alas delasgran des ilusiones.»

«Sinduda—

agregaba después

queno

hay

en ese libróla

regularidad

de uncuadro

histórico,

quedista mucho de esa simetríaen los detallesy

ponderación rigurosa

delas

partes

queen buena estéticase

pueden exigir.

¿Pero

hasta

qué

punto

habría

perdido

en

vigor

loque

ganaba

enarmonía?

¿Hasta qué

puntose

podía

sacrificara una simetríade academiaesaim

presión

que naturalmente

producen

las frases

espontáneas

y

enérgicas

que saltan

debajo

de la

pluma

cuando se hierecon ellala

injusticia?»

«Por mi

parte,

prefiero

esediario desordenadoy

tremendo,

quemarcacon

fuego

lo que

quiere

entregar

a la execración y al

odio,

auna

descripción pulida

y

castigada

queme

deje

sen tirlos esfuerzos literarios desuautor. El

desorden,

el arrebato yaveces hasta el

vértigo

le dannosé

qué majestad

a laspa siones nobles.»

Y terminaba el análisisquehacía de estelibrocon

palabras

intencionadas,

aque Uds. darán todo sualcance si recuerdan

que hablaba deunescritor conservadordelante deuna asam blea liberal.

(24)

20 A.ORREGOLUCO

Paraser sincerocon misrecuerdosles diréque estas

pala

bras fueroncubiertasconlos

aplausos

deunauditorio liberal.

Cuando volvióaChile

después

desumisiónaBoliviaseale

jó,

de la

política

y de laprensa,en quesólomuchos años des

pués

lo volvemosaverapareceren lascolumnasdeLa Unión yEl Porvenir.

Escribió entonces unEstudio Histórico sobre Bolivia y se

entregó

en

seguida

ala laboriosa

preparación

de la obrahistó rica queél considerabacomoel

cumplimiento

deundeber

pia

doso,

comola obra de suamorysu

conciencia,

comola reha bilitacióndesu

partido.

Yahehablado del

espíritu

quelo animaba al escribir esas

páginas

yde los méritosdeesaobra

literaria,

ahora sólo

quie

ro señalar las dificultadesde doctrina que embarazabansuca mino y elarteque ha

desplegado

para

poderlas

eludir,

El

partido

conservadorse

apoderó

delGobierno

después

de

unarevuelta. Esa revoluciónera el antecedente

obligado

de

esa

historia,

perosu

pluma, impregnada

enlas doctrinascon

servadoras,

seresistíaa

aplaudir

enlahistoria. loquenohabría

apoyado

enla vida. Salvó la dificultad

suprimiendo

en sulibro

esa revuelta.

Empieza

diciendo sencillamente: -tEl triunfo de

Lircay aseguró

la

preponderancia

del

partido

conservador»,

detrásdeesafrase la revolución

desaparece.

Para agruparentorno suyo todas las fuerzas hostilesal Go

bierno,

el

partido

conservadorlevantócomobandera la defen

sadela Constitución de

1828,

violada por ios

atropellos

del Gobierno liberal.

Así,

también,

el

partido

conservador noapa recíaenvueltoenun atentadoencontradel

régimen legalmente

establecido,

sino por el

contrario,

defendiendo la

majestad

de las institucionesyel

imperio

de la

ley.

Esabandera

podrá

disimular elabandono deuna doctrina esencial desu

política,

pero hacíaqueel

partido

conservador enel

Gobierno,

desdesus

primeros

pasos,traicionara esaban dera.

(25)

Dentrode laConstitución de

1828,

eseGobierno fuerte era

imposible.

Esa Constitución había desarmadoel

poder ejecuti

vo,lo había

despojado

detodas sus

facultades,

«sólo le había

dejado

la facultadde

aburrirse»,

comodecía

espiritualmente

el Ministro Gandarillas. Y tambiénera

imposible

reformarla,

por queesamismaConstitución establecía queno

podía

sermodi ficadaantesde

1836.

El

partido

conservadorno

podía,

pues, dar desarrollo a su

política

dentrodelmarcoenque la Constitución encerrabasu

Gobierno,

ni

podía

tampoco hacer

pedazos

esemarco, sinsalir del

régimen legal.

Sotomayor

Valdés loreconoceylo confiesa. «Precisoesre conocer—dice

ensuhistoria—

que el cambio

político, operado

porel

partido

conservador,

fué

ilegítimo,

por másque para su consumaciónse

alegase

la conducta refractariadelas autorida des de

1829. Ilegítimas

fueron Ja existenciaytodos los actos

de todoslos

poderes

establecidosaconsecuencia de larevolu ción... El Gobierno de

1830

cubriósudesnudezconel

ropaje

deunas

leyes

queno

habían'sido

cortadasparasu

talle,

y que portantodebía

desgarrarse

y saltaren

girones

conlos bruscos movimientosdeunalucha encarnizada. Así

quedó pendiente

de sus

hombros,

pero

destrozada,

la Constituciónde

1828,

y así se

explica

lacontradictoria mezclade

legalidad

y dearbitrarie dadque caracterizó la

primitiva política

de

aquel

Gobierno. Es curiosoobservarenlos documentosdeese

tiempo

la alternativa deconstitucionalidady de dictaduraenel

ejercicio

del

poder».

«El

partido

vencido—dice enotraparte

aferrándose al

le-gitimismo,

tuvorazónennegarel derechodeviviralGobierno conservador yprotestarcontrasuexistenciaycontrasusactos'

¿Pero,

hadebido

juzgársele

de la mismamanerapor las genera

ciones

posteriores

y porla historia? Paranosotros la cuestión esesta:

¿Supo legitimarse

el

régimen

delos conservadores? El cursode lossucesosvaa

respondernos.»

Creo,

señores, que nose

puede

llevar más allá la honrada

dignidad

deun

escritor,

nimostrarmás al desnudosucriterio,

Ahora,

permítanme

Uds. mostrarlesuna

página

enque elarte

(26)

A.ORREGO LUCO

Hay

enlavida de Portalesunincidente

vulgar:

essuaban donodel

poder,

molesto conlas dificultadesque estorbansu

camino,

yheridoconel débilapoyo queleprestansus

amigoSj

Mientrasestuvierapresente,

comprendía

quetodaslas

pequeñas

ambiciones,

seocultaban enlagransombra que

proyectaba

su

figura

yqueapenasse

alejase

del

poder,

las rivalidadesasoma ríansucabezaenelsenodel

partido.

Ese incidente

vulgar

yese fácil cálculo

político, adquieren

unaintensidad

dramática,

bajo

la

pluma

de

Sotomayor

Valdés!

Conunaluzque

gradualmente

seobscurecenoshaceasistira

aquella

escena.

Portalesseretiraaun

apartado

fundo de la

Ligua;

las divi sionesaparecen,las rivalidadesseacentúan, el

partido jilopolita

se

organiza,

tiende lamanoa sus

antiguos

adversarios,

domina enel

Ministerio,

yamenaza

apoderarse

del

espíritu

conciliador del

Presidente;

frotaconaspereza los sentimientos

religiosos

del

partido

conservador,

hiereasus

hombres,

y lleva lasegu

ridad,

yel alardede sus

fuerzas,

hasta proponeruna medida que derrumbatodo el

régimen político,

que Portales habíaen tronizadoenel

poder.

Entretanto,

el

partido

conservador recibe

golpe

tras

golpe;

ve queel Gobierno seescapa desus manosyva

pasando

alas manosdesus

antiguos adversarios;

sientesu

desorganización

y su

impotencia,

yenesahora de

angustia

y de

peligro

vuelve susmiradas al

imperioso caudillo,

que

puede

agrupar todas las fuerzas. Portalesseresisteaabandonarsu

retiro;

prolonga

esa

inquieta situación,

la

deja

avanzarhasta elbordedel abismo y sólo entoncesparte para

Valparaíso. «Llegó

a

Santiago

dice

el historiador paracerrar esecuadro—el

20de

Septiembre

y el21 por la mañanatomaba

posesión

delMinisterio de la Gue rraantes que eldecretodesunombramiento fueseasorpren

deral

público

yanotificaralos

jilopolitas

que el mayordesus

enemigos

estabadentro desustrincheras. El Ministro de Ha cienda

quedó pasmado

cuando,

al

llegar aquella

mañana,en contrósobre lamesadesu

despacho

el decreto-enque el Pre sidente de la

República

nombrabaaPortales Ministro dela Guerra»,

(27)

REVISTACHI'.ENA 29

delicadas

gradaciones,

quenosllevan al desenlace dramáticoy nos hacen

comprender

que desde ese momento,la voluntad

imperiosa

del

Ministro,

novaaencontrarensu

partido

ni difi cultades ni

tropiezos,

yque todos lo

seguirán

en

silencio,

dócil mente, hasta donde

quiera

ir,

hastaesaguerra que le costó la vida y que ló hahecho inmortal,

Esaguerrafuéuna

inspiración genial

desu

política,

porque

enrealidadno obedecíaaunaidea claramente formulada en los

espíritus,

sinoal

impulso

irresistibley hondo deuninstinto

que elencadenamientode lossucesos

posteriores

nos

permite

ahoratraslucir.

Siexaminamosel

conjunto

delas relaciones internacionales de laAmérica del

Sur,

vemosque sólo ha habidoen ella dos

países

quehan obedecido

siempre,

constantemente, invariable mente,aunamismaorientaciónensu

política:

Chileyel Bra sil. La

política

del Brasil seha encaminadoaevitarlarecons titución del virreinatodel Ríodela Platayla

política

deChile

aevitar la reconstitución delvirreinato delPerú. Esa

política

ha mantenidoel

equilibrio

americano yes el lazo secretoque estableceunaíntimaarmoníaentreChiley el

Brasil,

unaarmo nía quebrota del fondodel instinto

popular,

que nubes

pasaje

ras

podrán

'talvezporunmomento

obscurecer,

pero que per maneceráensímismainalterablemientrasunouotronoaban donenlaorientaciónquelosdoshan

seguido.

Esa guerravictoriosaesparanosotrosel

epílogo

inmortal de la vida dePortales.

Sotomayor

Valdésescribíaese libroconamor, conunasa tisfacción

orgullosa

yuna

escrupulosidad

aquenoseha sabi do hacer

justicia,

acaso porquenuncalahizo valer con sus alardes.

Creía que no sóloera necesarioel conocimiento de los he chos sinotambién

respirar

en'la atmósfera en que sehabían

producido,

y lo veíamosleer todos los diarios de

aquel tiempo,

nosóloenloque

pudieran

referirseala

política,

sino también alos acontecimientos

sociales,

alos crímenes que habían llama dola

atención,

aloshechos

vulgares

dela

crónica,

alosavisos

(28)

3° A.ORREGOLUCO

esolo

comentaba,

lo

recogía,

lo

anotaba,

para hacer que revi vieraensu

espíritu

la atmósfera desvanecida por losaños, y todo eso, queda al sentimientode la historia una vida y un relieve

extraordinarios,

esun

trabajo

enormequenoaparecea los

ojos

dellector.

Pero

hay

un detalle en esahistoria quetalvezsólo los in

vestigadores

habrán

apreciado

ensuvalor.

A

cada pasose en cuentranensulibro citas de artículosdediariosyal

pie

de la

página

estáanotado el nombre del autor. En ese

tiempo,

sin

embargo,

erararoencontrarunartículo

firmado; aparecían

casi todosconun

pseudónimo

osin

nombre;

era necesario descu briralautorenesos casos.

¡Qué

delaboriosa

investigación exigía

ese

trabajo

destinado apasarsinser

apercibido!

Esegrancuadro

histórico,

queéltrazabaconunarteconsu

mado,

ha

quedado inconcluso,

por

desgracia.

No fué lamuerte

loque vinoa

interrumpir

al artistaensutarea; fué la

vida,

fue

ronlas

imperiosas exigencias

delavida. Vivía en una

época

enque,

según

una

expresión

tan

pintoresca

comoamarga, «la literaturavivíade los

literatos,

pero los literatosnovivían de la literatura». Esas duras

exigencias

de la vida lo

obligaron

a

aceptarlaSubsecretaría del MinisteriodeHacienda. Fuéesala

época

denuestramayorintimidadyconservoto

davía

viva,

frescala

impresión

desus

largas

conversaciones de

aquel tiempo

en que sus

palabras

tenían

siempre

un

dejo

de tristeza yavecesun

dejo

de amargura.

No

podía

sentirse feliz en

aquella

brillanteyelevada situa ción porque,simees

permitido desfigurar

la hermosaafirma ciónde

Michelet,

solo

puede

serfelizel

hombre,

elserhumano

que

puede seguir

su

destino,

es decir que

puede

consagrarse a

aquello

paraquehasido destinado.

Él

tuvoque inclinarse

resignado

sobreel

pupitre

delaSub secretaría,tuvoque descender delas

regiones

elevadas del

espí

(29)

REVISTA

condenado a

vigilar

la

escrupulosa aplicación

denuestrasle yesaduaneras.

Esuna

pequeña

inconsecuenciaaquesehanvisto

igualmen

te condenadosotros

partidarios

deesadoctrina del librecam

bio,

que hasidotancruelconsusdefensoresytan desastrosa paratodos..

Don

Zorobabel Rodríguez,

mi

querido amigo,

y elmuyque rido

colega

de

Uds.,

fué también unconservadoryunlibre

cambista,

y por esas irónicas

exigencias

de la

vida,

él,

que comoconservadorhabía combatido laenseñanza del

Estado,

se

vio,

por la fuerza de las cosas,convertidoen

profesor

de economía

política

enlaUniversidad del

Estado,

y

él,

que había sido el

apóstol infatigable

del

librecambio,

se vio condenado apasar los últimosaños de suvidaenla

Superintendencia

de lasaduanasdela

República?

Hay

en todo eso una

picante

y

ligera

inconsecuencia,

que

puede

hacernos

sonreír,

pero también

hay

un

problema

de orga nización

social,

que debe hacernosmeditar.

Estamos viendo hombres dotadosde

excepcionales

yadmi rables

facultades,

esterilizadasporlas

exigencias vulgares

de la

vida,

que los

aparta

delterrenoenque

pudieran

darlesexpan siónydesarrollo.

¿Qué

pensarde una

organización

social en queesehechose

puede

producir?

Lanaturalezanoha sidonunca

pródiga

endones de este

nero, y, sinosabe utilizarloslasociedadque recibe susfavo res,s¡ entrega

inteligencias privilegiadas

paraque lasconsuma y las devore la rutinade la

vida,

está fatalmente condenada a aparecer estéril yhundirseenla obscuridad del

menosprecio.

Una sociedad quenosabe utilizar sus

grandes

fuerzas,

que las esterilizaylas

disipa,

acusaindudablemente una

organiza

ciónmuy

defectuosa,

revelaquenosiente el deber decooperar aldesarrollo intelectual de nuestro

tiempo.

Los dones de la naturaleza envuelvenuna

responsabilidad

comotodas lasfor

tunas.

(30)

per-32 A.ORREGOLUCO

dido,

una olade

indignación

selevantaen nuestro

espíritu

y

dejamos

caer unamirada de

desprecio sobre/aquellas

socieda des

bárbaras,

que no

supieron

apreciar

los monumentos del

arte.

Cuandoveannuevas

generaciones

que ha

quedado

inconclu

sala Historiade

Sotomayor Valdés,

inconclusa también laso

berbia HistoriadeIsidoro

Errázuriz,

inconclusastantasotras,y

sedé la fácil

explicación

de esefenómeno

¿qué

mirada

dejará

caeresanueva

generación

sobrenosotros?

Peroestonoes

simplemente

una cuestión de

responsabilida

desy

deberes,

esunacuestión

rque

noscolocaen

presencia

de

uninteresanteypenoso fenómeno social. Esunfenómeno que

basta insinuarparahacerver su

importancia

ysu

peligro.

Todosven que

hay

enlaprensaunafuerzaenorme,indiscu

tible;

queeneldiario yenellibro^no sóloseforman las

ideas,

sinotambién los

sentimientos

deuna

sociedad,

que ahíseins

pira

su

alma,

todo lo que la

dirige

yrealmentela

gobierna.

El

diario,

el

libro,

penetranentodaspartes,por todaspartes circulancomoel

aire,

llevando el

pensamiento

del escritor has

talos últimos

rincones;

van derramandoentodas partesideas ysentimientosque

germinan

ensilencioyhundensusraícesen

la

profundidad

de los

espíritus.

Yamedida que la sociedad,se desarrolla ese

poder

seva

haciendo más extenso,va

yendo

más

allá,

hastaque

llega

un momentoenqueno

podemos

entrar en

ningún

hogar

sinen contrarque el libroha

llegado

antesquenosotrosy ha

princi

piado

adesarrollarsuacción dominadoraenlos

espíritus.

Yesa

acción,

nosóloseextiendeenel

espacio,

se

perpetúa,

persevera, y,atravésdel

tiempo

y delos

siglos,

la

palabra

del escritorresuenatodavíaenel oído dela humanidad.

Esa fuerza perseverante,

incesante,

queobraconla tenacidad

infatigable

dela gota de agua,vaformando la

opinión,

diri

giendo

lasideasaqueobedecerán los

hombres,

los

partidos,

los Gobiernos.

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