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Una Teología de la Biblia

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Academic year: 2022

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Una Teología de la Biblia

Andrew Ollerton

Bible Society

GROVE BOOKS LIMITED

RIDLEY HALL RD CAMBRIDGE CB3 9HU

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ÍNDICE

Agradecimientos 1. Introducción

2. La Biblia como Literatura (Forma Material) 3. La Biblia como Historia (Forma Estructural) 4. La Biblia como Revelación (Forma Teológica) 5. Conclusión

Anexo: Material de Lectura Adicional Notas

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Agradecimientos

Quiero agradecer a la Bible Society por encargarme la tarea de desarrollar una teología de la Biblia. Asimismo, estoy en deuda con muchos colegas y amigos que incidieron en el enfoque y ofrecieron comentarios a lo largo del camino. También estoy agradecido con el equipo editorial de Grove, especialmente Mike Thompson, Philip Jenson y Richard Briggs, por su paciencia al ayudar a mejorar el texto final.

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Introducción

Mi carro se averió recientemente y un amable mecánico me remolcó hasta la casa. En el camino me preguntó a qué me dedicaba y le expliqué que era investigador y profesor, y que mi especialidad era el libro más vendido del mundo. Luego me costó convencerle de que no trabajaba ni para J. K.

Rowling ni la editorial responsable por Cincuenta sombras de Grey. Finalmente, bajó la guardia y admitió que recientemente había intentado leer la Biblia. ¿Por qué? Porque su hermano menor estaba en la cárcel y allí, en los confines de su celda, había abierto el libro más vendido del mundo y descubierto una profundidad y una fuerza que catapultó su vida en una nueva dirección. El mecánico todavía no estaba muy convencido, pero antes de que llegáramos a la casa, se armó de valor y me preguntó:

“¿Qué es la Biblia, exactamente?”.

Afortunadamente, yo estaba más que preparado, porque la Bible Society, con la que trabajo, me había pedido recientemente que escribiera un artículo para contestar esa misma pregunta. Mi desafío era desarrollar una ‘teología de la Biblia’ que fuera generosa con respecto a las ideas ortodoxas de todas las tradiciones cristianas. Lo más importante era que el documento fuera útil, un modelo que comunicara información acerca de la Biblia a una amplia gama de públicos: líderes, feligreses y mecánicos de automóviles. Este cuadernillo ofrece una breve descripción general del modelo que desarrollé. Se basa en tres categorías para capturar la esencia de la Biblia cuando se considera como un todo: literatura, relato y revelación.[1] No significa que cada categoría represente una parte o un tercio de la Biblia. Más bien, son tres lentes o enfoques que ayudan a comprender la Biblia en su conjunto. Cada una resalta una forma diferente de abordar la Biblia cuando se considera de acuerdo con su forma material, su forma estructural y su forma teológica.

La obra literaria más vendida

Es obvio que la Biblia, en su forma material, es una colección de escritos. La palabra ‘Biblia’ proviene de la palabra griega, biblia que significa ‘libros’. La palabra se usa en plural porque la Biblia es una obra diversa compuesta de muchos tomos que fue recopilada por la iglesia para preservar su historia,

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identidad y mensaje.[2] Estos son hechos, no una declaración de fe. Considerada simplemente como un libro, la Biblia es una obra de literatura insustituible que ayudó a moldear el mundo.

Nuestra historia humana

Contrario a la creencia popular, la Biblia no es una colección aleatoria de dichos piadosos o lecciones morales. Esta antología de literatura se entrelaza para formar una historia global con una trama coherente de principio a fin. El arco narrativo de las Escrituras incorpora tanto las Escrituras hebreas como el Nuevo Testamento cristiano y cubre largos tramos de la historia del antiguo Cercano Oriente y el Mediterráneo. A pesar de muchas paradojas, tensiones y digresiones a lo largo del camino, estos dos testamentos dan testimonio de una historia fundamental: el Dios de amor, que le da vida al mundo, se reveló a su pueblo y venció al mayor enemigo de la humanidad por medio de la resurrección de Jesús el Mesías.

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Una revelación inspirada

Visto como Escrituras cristianas, el texto de la Biblia es un acto de autorrevelación divina. Contiene palabras humanas que son, en cierto sentido, también la palabra de Dios. Quizás la declaración más clara de esto se encuentra en la segunda carta de Pablo a Timoteo: ‘Toda la Escritura es inspirada por Dios’ (2 Timoteo 3:16). En última instancia, las palabras humanas que leemos en las Escrituras tienen su origen en el aliento creativo, dinámico y performativo de Dios. Por lo tanto, la Biblia es, en cierto sentido, un texto vivo que se presta para revelaciones y experiencias continuas.

La siguiente figura sintetiza este modelo triple que nos ayuda a contestar la pregunta honesta, ‘¿Qué es la Biblia, exactamente?’ En el resto de este cuadernillo, analizaremos cada uno de los elementos en más detalle.

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(La Biblia: Libro Más Vendido – Nuestra Historia Humana – Mensaje Inspirado)

Figura 1 ¿Qué es la Biblia, exactamente?

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La Biblia como Literatura (Forma Material)

Es más que obvio que la Biblia es un cuerpo de literatura o colección de escritos.[4] Como ya hemos indicado, el término ‘Biblia’ proviene de una palabra griega corriente (biblia) que significa ‘libros’. Del mismo modo,

‘Escrituras’ significa simplemente ‘escritos’ (graphai). Aunque para nosotros estos términos tienen connotaciones religiosas, en el mundo antiguo eran palabras funcionales usadas para describir cualquier obra literaria. Como señala Goldingay, “Una parte integral del concepto de las Escrituras es, por lo tanto, la idea de material escrito”.[5]

Esto quiere decir que, como obra literaria, la Biblia puede estudiarse utilizando los mismos métodos y herramientas usados para analizar otras obras literarias, incluso el análisis lingüístico y la exploración del estilo y la técnica literarios. El poeta británico Samuel Taylor Coleridge afirmó que el método que usaba para leer la Biblia era “el mismo que utilizo para leer cualquier otra obra”. Sin embargo, agregó que al leer la Biblia de esa manera el efecto era muy particular: ‘En la Biblia hay más cosas que me llegan de lo que he experimentado en todos los demás libros juntos; las palabras de la Biblia llegan a lo más profundo de mi ser’.[6] La experiencia de Coleridge captura muy bien la sensación de que, aunque en su forma material la Biblia es un texto normal, muchos descubren en ella más de lo que parece.

Una descripción funcional de la Biblia como literatura debería alertarnos al peligro de clasificar la Biblia como un libro religioso que solo tiene validez para aquellos que ya tienen un compromiso de fe. Eso no es cierto; como una gran obra literaria, la Biblia merece un estatus más amplio como un texto público e histórico que no es propiedad exclusiva de la comunidad cristiana. El programa radial de la BBC Desert Island Discs[7] da por sentado que cualquier persona que se quede naufragada en su isla desierta imaginaria tendría consigo un ejemplar de la Biblia y las obras completas de Shakespeare. Pensando puramente en su forma material, la Biblia es la obra literaria más vendida del mundo y ha moldeado la historia y la cultura de

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manera profunda. El crítico literario canadiense, Northrop Frye, expresó esto a la perfección:

¿Por qué será que este enorme libro, grandioso e indiscreto, permanece inescrutable en medio de nuestro patrimonio cultural y frustra todos nuestros esfuerzos por profundizar en él?[8]

Un análisis de la Biblia en su forma material revela varias características notables de este cuerpo de literatura.

Una biblioteca diversa

El forro único o aplicación digital que une todos los libros de la Biblia en realidad contiene una sorprendente variedad de textos. En la Biblia encontramos una gran diversidad de estilos literarios y modos de comunicación. Abrir la Biblia es como encender un tablet hoy día y encontrar una variedad de aplicaciones digitales, cada una de las cuales ofrece un modo diferente de comunicación, desde aplicaciones de noticias y pronósticos climáticos que brindan información, hasta aplicaciones para la de transmisión de video que narran historias y experiencias conmovedoras. El índice de la Biblia apunta a niveles aún mayores de diversidad, incluyendo leyes e instrucciones, narrativa histórica, literatura litúrgica y devocional, escritos proféticos, enseñanzas de sabiduría, material apocalíptico, junto con evangelios, cartas y sermones.

(PROFETAS, VISIONES, SABIDURÍA, CARTAS, POESÍA, NARRATIVA)

Figura 2 Géneros literarios en la Biblia

Como todo bibliotecario sabe, no es fácil clasificar los libros, y hasta puede resultar problemático. Una sola obra puede contener varios géneros y

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hay libros que por su contenido son imposibles de clasificar. La Biblia no es una excepción. En el sentido más amplio del término, los textos “narrativos”

comprenden aproximadamente el 60 % de la Biblia. Sin embargo, esto incluye historias épicas, como los relatos de la creación en Génesis o el Éxodo de los hebreos de Egipto, así como micro-tramas centradas en personajes particulares como José, Rut, David y Elías. Los escritos proféticos representan casi el 20 % e incluyen oráculos de juicio que funcionan como la conciencia del pueblo a la luz de la idolatría espiritual y la injusticia social de Israel. Sin embargo, los libros proféticos también incluyen largas secciones llenas de promesas y esperanza. Los escritos sapienciales comprenden más del 10 % de la Biblia, pero incluyen una gran variedad de proverbios, poesía de amor y reflexiones existenciales. Por lo tanto, no es sorprendente que los enfoques de clasificación hayan variado a lo largo de los siglos, desde el enfoque hebreo antiguo que organizaba sus Escrituras en tres secciones principales (la Ley o Torá, los Profetas y los Escritos) hasta las Biblias modernas en inglés que reflejan más el enfoque adoptado en traducciones griegas y latinas posteriores (conocidas respectivamente como la Septuaginta y la Vulgata).[9]

Entonces, a simple vista el término ‘Biblia’ podría ser engañoso, ya que implica una obra singular, mientras que los primeros cristianos se referían a

‘los libros’ para denotar una obra compuesta de varios tomos. Por consiguiente, es mejor pensar en la Biblia como una pequeña biblioteca de escritos diversos redactados a través de los siglos y recopilados en un solo volumen.

Sensibilidad literaria

La Biblia no debe reducirse a un sistema uniforme para la entrega de verdades teológicas abstractas o mandatos morales. Solo una pequeña parte de los textos proporciona información puramente funcional. En cambio, en la Biblia verdades profundas se comunican a través de una variedad de estilos literarios, que no son meras fachadas retóricas que hay que derribar en busca de verdades ocultas. Estas formas de discurso son parte integral del significado mismo. Por ejemplo, el tema del amor de Dios domina las Escrituras de principio a fin. Sin embargo, la simple declaración ‘Dios es amor’ solo aparece una vez en el Nuevo Testamento, en una carta (1 Juan). En cambio, el concepto profundo del amor de Dios se comunica de maneras más creativas y efectivas a través de un rico tapiz de estilos literarios, que incluyen mandamientos y leyes (como Deuteronomio), repetición poética (Salmo 136), la parábola de un padre que corre para abrazar a su hijo descarriado (Lucas 15), la descripción histórica de la

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muerte del Mesías (Juan 19) y reflexiones teológicas integradas en sermones y epístolas (Romanos 5).

Las historias, los poemas y las visiones no se componen simplemente de ideas. Constan de experiencias humanas reconocibles que podemos experimentar indirectamente. Como demostró el novelista estadounidense John Steinbeck en su novela Al Este del Edén, la historia de Caín es una historia emblemática de la raza humana porque es la historia de todos. En ese sentido, los autores bíblicos suelen utilizar estilos literarios que tienen como objetivo mostrarnos más que decirnos. Decir una verdad de manera abstracta y proposicional es una cosa, pero mostrarla significa transmitir una experiencia humana concreta. Cuando se le preguntó, ‘¿Quién es mi prójimo?’, Jesús, en lugar de decir quién era por medio de una definición de diccionario, nos lo mostró a través de la parábola del buen samaritano (Lc 10:25-37). Esto deja un espacio creativo dentro del texto que invita al lector a involucrarse y usar su imaginación, lo que lleva a niveles más profundos de reflexión e interpretación.

Todo libro debe leerse de una manera que refleje su naturaleza. Por lo tanto, para poder entender la Biblia bien, debemos desarrollar nuestra sensibilidad ante una amplia gama de estilos literarios y aprender a ajustar nuestro enfoque como corresponde. Por ejemplo, los poetas usan palabras en sentido figurado para despertar emociones: “Fuerte es el amor, como la muerte” (Cnt 8:6); los maestros usan metáforas para inspirar la imaginación:

“Yo soy el buen pastor” (Jn 10:14); mientras que la descripción histórica se puede interpretar más literalmente: “Jesús lloró” (Jn 11:35). Como señaló C.

S. Lewis:

Hay un sentido en el que la Biblia, puesto que después de todo es literatura, no se puede leer correctamente excepto como literatura; y las diferentes partes de ella como las diferentes clases de literatura que son.[10]

Por lo tanto, un enfoque literario de la Biblia interactúa con las experiencias textuales que los autores bíblicos nos presentan. Nos anima a acercarnos a la literatura de la Biblia como un estudiante de arte quizás estudie las pinceladas y las intenciones de un artista, discerniendo su estilo y reflexionando profundamente sobre las capas de significado que la obra contiene.

Legado cultural

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Apreciar la Biblia como literatura también sirve para resaltar el arte humano y la belleza estética contenidos en esta colección de escritos. Como argumentó Northrop Frye, la Biblia es un ‘evento de lenguaje’ y ‘su estilo es la sencillez de lo majestuoso’.[11] Por consiguiente, cuando se leen extractos de la Biblia en público—1 Corintios 13 en una boda o el Salmo 23 en un funeral, por ejemplo—resultan estar repletos de arte y cautivadores para el oído moderno. Del mismo modo, algunos relatos antiguos de la Biblia, como la historia de José, siguen inspirando las obras de teatro musicales a nivel cultural y actos radicales de reconciliación a un nivel profundamente personal.

En su forma material, la Biblia sigue siendo el libro más vendido del mundo por una buena razón, con una vida útil duradera y una huella global más grande que cualquier otro texto. De hecho, es difícil apreciar una gran proporción de la literatura, el arte, la música e incluso el idioma inglés sin algún conocimiento de las Escrituras. Aun en nuestra era secular, la Biblia conserva una importante vigencia cultural.[12] Como señaló Marilynne Robinson en un artículo del New York Times:

La Biblia es el modelo para, y el tema de, más arte y pensamiento de lo que aquellos de nosotros que vivimos bajo su influencia, consciente o inconscientemente, jamás nos daremos cuenta… como patrimonio literario ha fortalecido el impulso más profundo de nuestra civilización.

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Sin embargo, esto no debería significar que la Biblia se limite a un público educado selecto. Parte del genio de la Biblia es que su literatura puede confundir a los intelectualistas mientras inspira a los analfabetos. Si bien hay secciones más complejas o profundas (como los discursos de Job o la Carta de Pablo a los Romanos), la mayoría de la Biblia es sorprendentemente accesible para los principiantes. Como sostuvo Eugene Peterson:

No hay nada terriblemente difícil en la Biblia, al menos en términos técnicos. La Biblia está escrita en lenguaje de la calle, lenguaje común. La mayor parte fue oral y se dirigió a personas analfabetas ...

Entonces, cuando hacemos que todo sea académico, perdemos algo.

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El genio literario de la Biblia como nivelador social e ícono cultural explica su impacto mucho más allá de la comunidad cristiana. En lugar de encasillarse como propiedad religiosa privada, la Biblia debería replantearse como un texto literario público que trasciende cualquier reclamo de propiedad. La

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iglesia está llamada a preservar y publicar la Biblia para el mundo, no a conservarla como propiedad privada.

El novelista británico Gabriel Josipovici habló de su experiencia al leer la Biblia a la luz de ciertas suposiciones arraigadas: “Parecía mucho más peculiar, divertido y silencioso de lo que esperaba”. Por lo tanto, abogó por un enfoque menos controlado que le permitiera a uno “confiar en el libro en sí y ver hacia dónde nos lleva”.[15] Hacer hincapié en un enfoque más práctico, al abordar la Biblia como literatura, puede ayudar a replantear la Biblia como un paisaje literario fascinante y hermoso que todo ser humano está invitado a explorar por sí mismo.

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La Biblia como Historia (Forma Estructural)

Desde Génesis hasta Apocalipsis, los escritos bíblicos están estructurados por secuencias de eventos históricos y reflexiones teológicas que en conjunto comprenden la historia progresiva de la acción de Dios en el mundo. Obviamente, la Biblia contiene grandes secciones cuya forma no es narrativa: las leyes ceremoniales en Levítico y las enseñanzas de sabiduría en Proverbios son buenos ejemplos. Sin embargo, como ha argumentado Richard Bauckham, si bien no toda las Escrituras son genéricamente narrativas, “La historia que cuentan las Escrituras, desde la creación hasta la nueva creación, es el elemento que mantiene la unidad de la literatura de otros géneros con la narrativa en un todo inteligible”.[16]

Debemos matizar un poco la afirmación de que las Escrituras son un relato, para evitar dos extremos que no nos ayudan en nada. Una suerte de escepticismo puede reducir las historias bíblicas a cuentos de ficción o folclore: “¿Están cómodos…?”[17] Pero 2 P. 1:16 insiste en que las Escrituras dan testimonio de la historia real, no de ‘sutiles cuentos supersticiosos’. El peligro opuesto es una forma de literalismo que ignora las capas de edición e interpretación introducidas por los propios autores bíblicos. Con esto en mente, encuentro útil la distinción hecha por el erudito literario Gerard Genette entre el relato (el evento en sí) y la narrativa (cómo se ha contado).

[18] Por ejemplo, los cuatro evangelios no brindan información acerca de la vida de Jesús al estilo CCTV, como si estuvieran tratando de reconstruir objetivamente lo que sucedió. Lo que hacen los cuatro evangelistas es recurrir creativamente a las fuentes de testigos presenciales para narrar la historia de Jesús como una forma de testimonio: ‘Estas [señales] se han escrito para que ustedes crean...’ (Jn 20:31).

Quizás la forma más útil de entender cómo toda la Biblia forma una sola gran historia es verla como un drama u obra de teatro con varios actos. Esta metáfora transmite muy bien una secuencia dinámica de escenas y actos que juntos forman una presentación coherente. Aunque el dramaturgo permanece oculto, su propósito e intención se manifiestan a través de los personajes en el escenario. Esta metáfora ha recibido un nuevo impulso en

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las últimas décadas por parte de Lesslie Newbigin y N. T. Wright. Más recientemente, Craig Bartholomew y Michael Goheen han proporcionado un enfoque muy útil que divide el drama de las Escrituras en seis actos:[19]

Acto 1: Creación Dios establece su reino Acto 2: Caída Rebelión en el reino Acto 3: Israel El rey elige un pueblo Acto 4: Cristo La venida del rey

Acto 5: Iglesia Difundiendo la noticia del rey Acto 6: Nueva Creación El retorno del Rey

Tomado en su conjunto, este drama engloba la acción de Dios en el mundo como creador y redentor, que a su vez da lugar a una historia sagrada y un pueblo pactual que da testimonio de ella. Por consiguiente, para salvaguardar una memoria colectiva de ‘todas las maravillas de Dios’ y para dar a conocer sus obras entre todos los pueblos, la Biblia proporciona un testimonio acreditado de la historia de la salvación (Sal 105:2, 5). El cristianismo no es, en esencia, una escuela de ética o una filosofía, sino la historia del evangelio: el mensaje acerca de lo que Dios ha hecho. Entendido de esta manera, se hacen evidentes algunas características sorprendentes de la historia contenida en las Escrituras.

Una historia universal

El comienzo (Gn 1:1) y el final (Ap 21:1, 5) de la Biblia enmarcan toda la historia en una escala cósmica, desde la creación del mundo hasta su consumación final. Incluso cuando los horizontes de la trama parecen reducirse a un hombre que vive en una tienda de campaña en el Medio Oriente (Abraham), de alguna manera el mundo entero todavía está a la vista: ‘¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!’ (Gn.

12:3). En otras palabras, esta historia universal de redención se desarrollará a través de un pueblo en particular. A lo largo de la accidentada historia de Israel, personajes clave (como José, Rut y Jonás), símbolos dramáticos (como el templo de Salomón bordado con imágenes de la creación) y profecías expansivas (p.ej., Is. 49:1-7; Mi. 4:1-5) siguen replanteando la historia de Israel a la luz de una visión cósmica. En particular, el monoteísmo y la elección forman dos principios centrales: el Dios de Israel como creador soberano eligió a Israel con un propósito redentor más amplio para bendecir

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a toda la humanidad. En el Nuevo Testamento, esta vocación se revitaliza en la vida, muerte y resurrección de Jesús para que la gracia salvadora de Dios vuelva a ser global para ‘todas las naciones’ (Mt. 28:19).

Por lo tanto, se puede asegurar que la Biblia es un libro de historia universal que abarca toda la realidad creada: el pasado, el presente y el futuro. El drama de las Escrituras ‘ofrece una historia que es la historia del mundo entero. Es una verdad pública’.[20] No hay ninguna historia más grande. La política internacional, los descubrimientos científicos y la catástrofe ambiental encajan con la narrativa más amplia contada en las Escrituras. Si bien es perfectamente posible estar en desacuerdo con el relato de la Biblia y preferir grandes narrativas alternativas (el humanismo, el marxismo, el islam, el capitalismo, el nihilismo, por nombrar solo algunos), no se puede decir que la Biblia es simplemente un tribunal de apelación para asuntos religiosos o un manual pietista para los fieles. La misma estructura de la Biblia no permite tal reduccionismo.

Escuché un episodio de Desert Island Discs en que la celebridad invitada era el comediante inglés Lee Mack. Cuando se dio cuenta que habría un ejemplar de la Biblia en la isla imaginaria, instintivamente hizo un comentario muy interesante: ‘Yo definitivamente llevaría la Biblia. Después de todo, si unos extraterrestres aterrizaran en el planeta Tierra y me preguntaran de qué se trataba la vida, yo diría: “Bueno, hay un libro que dice tener las respuestas”’. Y luego dijo: ‘Aunque, en realidad, no lo he leído. Qué loco,

¿no?’ ¡Creo que Lee Mack entiende la Biblia mejor que muchas personas religiosas! No es solo una colección de dichos piadosos y reglas morales. De manera única, la Biblia da sentido a la vida humana en el planeta Tierra. Es una historia universal.

Una historia mesiánica

Una vez vi una caricatura en la revista New Yorker en que alguien en una gran librería le pregunta a un vendedor donde puede encontrar un libro en particular. El asistente le responde: ‘¿La Biblia? … Está en la sección de autoayuda.’[21] A diferencia de lo que se afirma muchas veces en la cultura popular y en demasiados sermones, las Escrituras no proporcionan una serie de instrucciones para el bricolaje. Toda la historia gira en torno a la intervención del Mesías. Entendido desde una perspectiva cristiana, todo el Antiguo Testamento se inclina hacia adelante y anticipa al ungido que encarnará la vocación de Israel y redimirá a la humanidad. Al final del Antiguo Testamento, Israel sabe que no puede cumplir muchas de las promesas que se han hecho. Pero cuando la virgen da a luz, las antiguas

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profecías encuentran su cumplimiento: “Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo” (Is. 9:6). Los autores de los evangelios describen a este hijo como un hombre en un contexto histórico particular: un maestro itinerante que demuestra cómo es el reino de Dios, y cuyas palabras y acciones redefinen las expectativas previas con respecto al Mesías.

Sin embargo, es solo después de la resurrección que los autores del Nuevo Testamento dan sentido a lo que ha acontecido y llegan a una conclusión asombrosa. De alguna manera el dramaturgo ha entrado en su propia obra y caminado sobre el escenario de la historia humana en la persona de Jesucristo. Desde la perspectiva de la resurrección, la historia contada en las Escrituras da testimonio de Cristo, alrededor de quien gira la historia. Como demostró el Jesús resucitado en el camino a Emaús, la Biblia debe leerse de una manera dinámica en dos direcciones: en el caso del Antiguo Testamento, mirando hacia adelante; y en el del Nuevo Testamento, apuntando hacia atrás (Lc. 24:25-27).[22]

Es así como la trama misma del drama bíblico refuta toda narrativa contraria que afirme que la acción autónoma humana es la solución definitiva a los problemas del mundo. La gran narrativa modernista de la progresión humana se ha vuelto dominante en la cultura occidental. Se manifiesta en películas, novelas y series en que los seres humanos son los héroes que logran el dominio del mundo gracias a su propio ingenio. La Biblia, sin embargo, tiene más en común con el argumento de sagas míticas donde los seres humanos se enfrentan a las fuerzas del caos y el mal más allá de su control y requieren una intervención sobrenatural para asegurar un final feliz.[23] En el drama de las Escrituras, sólo la intervención misericordiosa de Dios es suficiente para vencer las maldiciones de este mundo caído: “Como éramos incapaces de salvarnos, … Cristo murió por los malvados” (Ro. 5:6). La historia de Cristo es, por lo tanto, la guía definitiva al paisaje entero de la Biblia. Como señaló el teólogo medieval Hugo de San Víctor, “Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo”.[24]

Una historia que se va desarrollando

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La portada de un libro mío publicado recientemente incluye una ilustración que muestra la historia bíblica. Hacia el final, una persona moderna recibe un mensaje en su teléfono celular: “¡Te encuentras aquí!” El drama de las

Escrituras continúa y nosotros tenemos un papel que desempeñar. Por supuesto, la Biblia nos cuenta cómo la historia ha de terminar (¡spoiler alert!). El Libro de Apocalipsis concluye con visiones de una creación restaurada: ‘Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva ... y el que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”’’ (Ap 21:1, 5). Sin embargo, aunque se predice el final y se cierra el canon de las Escrituras, la historia real sigue su rumbo y somos participantes activos. El pueblo de Dios ahora está llamado a encarnar la acción redentora de Dios en el mundo. La

iglesia se encuentra viviendo los días postreros del drama y el Espíritu del Mesías empodera a sus seguidores para que lleven esperanza al mundo.

Por lo tanto, las Escrituras juegan un papel crucial en preparar al pueblo de Dios para la acción. Para entender bien cómo funciona esto, N. T. Wright

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nos ofrece una buena analogía.[25] ¿Qué pasaría si un grupo de actores descubriera una obra incompleta de Shakespeare que se perdió siglos atrás? Originalmente, tenía seis actos, pero solo cinco han sobrevivido: los cuatro primeros y el acto final. Entonces, los actores deben realizar el acto que hace falta para completar la obra. ¿Cómo podrían hacerlo? En primer lugar, tendrían que empaparse de la historia de los primeros cuatro actos, entrar en la mente del dramaturgo y sentir la lógica interna y el pulso de la obra. Luego, con la ayuda del Espíritu Santo y una improvisación fiel, podrían realizar el quinto acto en consonancia con el resto de la obra.

La Biblia es una exposición divina de nuestra historia humana, la cual se remonta a los albores del tiempo y se extiende hasta la eternidad. Al empaparnos de la historia, podemos desempeñar nuestro papel fielmente en nuestro contexto moderno. Aunque la Biblia no aborda directamente la ingeniería genética, la disforia de género o la inteligencia artificial, podemos responder con confianza a los escenarios contemporáneos a través de un proceso de improvisación fiel. Esa es nuestra tarea ahora. Las Escrituras no deben funcionar simplemente como un respaldo doctrinal o un estímulo terapéutico. La Biblia proporciona un marco narrativo que el pueblo de Dios está llamado a habitar, un acta constitutiva para nuestra misión permanente. Como señaló el Papa Benedicto XVI:

Todos nos damos cuenta de la necesidad de que la luz de Cristo ilumine todos los ámbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la vida social.

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A diferencia de una visita al teatro, el pueblo de Dios experimenta el drama de las Escrituras no como espectadores entre la multitud, sino como actores en el escenario. Cuando nos sumergimos a diario en la historia de la Biblia, replanteamos nuestras frágiles vidas dentro de esta gran narrativa. Entonces, tendremos la confianza no solo para encarnar el argumento, sino también para compartir su mensaje de esperanza con nuestro mundo.

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La Biblia como Revelación (Forma Teológica)

La Biblia es un best seller que cuenta una historia global. Pero las Escrituras cristianas también constituyen un acto divino de autorrevelación y una fuente de revelaciones continuas. Las palabras humanas que contiene la Biblia son también, en cierto sentido, divinas. La lectura del texto puede, por lo tanto, suscitar una respuesta reflejada en el estribillo litúrgico: “Esta es la palabra del Señor / Gracias a Dios”.[27] Entonces, la Biblia como revelación llama al lector a pasar de la apreciación de la literatura y la comprensión de la historia a un encuentro profundo con la voz de Dios en y a través de las Escrituras.

La Biblia misma contiene numerosos indicios de su estatus teológico. Es significativo que Jesús mostró una sólida confianza en las Escrituras hebreas al citar una amplia gama de textos dentro de la Torá, los Profetas y los Escritos. Con su uso frecuente de la frase ‘Escrito está’ para enmarcar las citas del Antiguo Testamento, daba por sentado que estos escritos tenían un estatus único. En una ocasión, al referirse a una frase de un salmo, Jesús reveló la profundidad de su convicción: “La Escritura no puede ser quebrantada” (Jn 10:35). Igualmente, la predicación apostólica registrada en Hechos, junto con la enseñanza destilada contenida en las cartas del Nuevo Testamento, también refleja una suposición básica de que las Escrituras de Israel continúan teniendo un estatus de autoridad única en la comunidad cristiana. Un versículo en una epístola posterior referente a las cartas de Pablo es aún más revelador: ‘Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras’ (2 P. 3:16). En la era del Nuevo Testamento, parecía haber una apreciación emergente de que los escritos contemporáneos también tenían el estatus de Escritura.

Quizás la declaración más clara con respecto al estatus teológico de la Biblia se encuentra en la segunda carta de Pablo a Timoteo: ‘Toda la Escritura es inspirada por Dios’ (2 Ti 3:16). En este texto se acuñó una nueva palabra, theopneustos, para capturar la singularidad de las Escrituras cristianas. Esta palabra inusual, a menudo traducida como ‘inspirada’, no solo afirma que las Escrituras son inspiradoras (evidentemente, lo son) o

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que Dios inspiró a ciertas personas a escribirlas (claramente, lo hizo). La afirmación central es que el contenido de la Biblia en cierto sentido se originó en Dios. Es el producto del aliento creativo, dinámico y performativo de Dios. Aunque quedaron ‘destiladas’ en palabras humanas, las Escrituras emanan de la mente divina.

Literatura humana inspirada por Dios

Sin embargo, el estatus teológico de la Biblia como palabra de Dios debe calificarse cuidadosamente en relación con su naturaleza esencial como literatura e historia también. De esto surgen un par de preguntas complejas.

Primero, dado que la Biblia es literatura humana: ¿Cómo puede ser también producto del aliento creativo de Dios? Sin pretender desenredar el nudo del misterio, es útil recurrir a modelos teológicos relacionados con la providencia (cómo Dios gobierna nuestro mundo) y la encarnación (cómo Dios entró en nuestro mundo). La teología cristiana plantea una doctrina de la providencia, mediante la cual el gobierno de Dios obra a través de la historia humana de una manera que preserva el albedrío, la libertad y la culpabilidad humanas. De la misma manera, Dios podría haber supervisado el proceso de inspiración respirando su verdad a través de mentes y lenguas humanas de tal manera que lo que escribieron libremente cumpliera el propósito y la intención de Dios. En este sentido, la profecía bíblica proporciona un paradigma para las Escrituras en su conjunto: ‘Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo’ (2 P. 1:21).[28] Basándose en este modelo, Dallas Willard concluye:

En su costado humano, presumo que [la Biblia] fue producida y preservada por seres humanos competentes que eran al menos tan inteligentes y devotos como somos hoy nosotros. Supongo que eran muy capaces de interpretar con precisión su propia experiencia y presentar objetivamente lo que oían y vivían en el lenguaje de su comunidad y momento, y que hoy podemos entender con la debida diligencia. … En su costado divino, asumo que Dios ha tenido la voluntad y la competencia de hacer los arreglos, para que La Biblia, incluido el registro bíblico de Jesús, surgiera y se preservara como para poner a buen resguardo sus propósitos entre los seres humanos de todo el mundo. Los que en verdad creen en Dios no se sentirán molestos por ello.[29]

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El texto de las Escrituras en su forma final también podría entenderse por analogía con la encarnación de Cristo. El Credo de Nicea declara que el que era ‘de María la Virgen’ era también ‘Dios verdadero de Dios verdadero’. De la misma manera, podemos afirmar que las Escrituras son la palabra escrita de Dios sin socavar la verdad paralela de que las Escrituras son literatura humana, una colección diversa de escritos que reflejan la personalidad y el contexto de sus autores. Como concluyó el Concilio Vaticano II:

Las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.[30]

El Espíritu Santo estuvo activo en todo el proceso de tal manera que la Biblia puede ser considerada tanto literatura humana como la palabra inspirada de Dios sin socavar la integridad de ninguna de las dos. Clemente de Roma describió todas las Escrituras como “las verdaderas manifestaciones del Espíritu Santo”. Para Ireneo, fueron ‘habladas por la palabra de Dios y su Espíritu’.[31]

Una palabra que es un relato

La segunda pregunta considera la relación entre la revelación inspirada y la Biblia como una historia: ¿Cómo pueden los relatos funcionan también como la palabra de Dios? Como ya hemos visto, solo un pequeño porcentaje de la Biblia contiene oráculos de ‘Así dice el Señor’ y aun así la Biblia fue escrita para nosotros, pero no a nosotros. El contenido de la Biblia se relaciona ante todo con el contexto histórico del pueblo de Israel o los contemporáneos de Jesús o la iglesia del primer siglo. Sin embargo, pareciera que lo que algunas aproximaciones a las Escrituras plantean es que la Biblia es predominantemente un conjunto de proposiciones (‘la palabra de Dios’) o incluso un mensaje personal (‘la palabra de Dios para mí’). Al interpretarla así, puede surgir una brecha entre mis expectativas (lo que yo pienso que la Biblia es) y mi experiencia (lo que encuentro cuando la leo) y ese enfoque frecuentemente resulta en sentimientos de decepción, pérdida de motivación y dudas crecientes acerca de si la Biblia realmente cumple todo lo que promete.

Sin embargo, cuando se ven como escritos que dan testimonio de un drama divino centrado en Jesucristo, las Escrituras pueden ser al mismo tiempo relatos particulares y también revelación inspirada que sigue hablándonos hoy. Después de todo, Jesucristo es la palabra personal de

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Dios y el acto supremo de revelación divina. Aquel que creó el mundo con sus palabras, también se convirtió en la palabra encarnada ‘para nosotros y nuestra salvación’. Por ende, dado que las Escrituras en su conjunto dan testimonio de la palabra viva, en un sentido derivado son la palabra escrita de Dios (Jn 10:35). La palabra viva sostiene la relevancia permanente de la palabra escrita. Como dice Miroslav Volf, “las Escrituras son un texto sagrado, un testimonio de Jesucristo y el lugar de la autorrevelación de Dios por el bien de la salvación de la humanidad”.[32]

Entonces, la mejor manera de concebir la Biblia en su forma teológica es como un testimonio inspirado e insustituible de la autorrevelación de Dios.

[33] El origen divino de las Escrituras (inspiradas por Dios) combinado con su testimonio inspirado de Jesucristo significa que, a través de la acción del Espíritu, la Biblia tiene características únicas que reflejan la actividad de Dios mismo. Por supuesto, debemos evitar confundir la Biblia con Dios. Sin embargo, si la palabra escrita está inspirada por Dios, deberíamos esperar que haya alguna simetría entre el autor divino y el texto derivado. Como concluye Kevin Vanhoozer:

Las Escrituras son sagradas porque Dios, su autor supremo, nos dio únicamente estos textos para que desempeñaran un papel vital y autoritario en la economía trina de la comunicación pactual mediante la cual el Señor reparte su luz (esto es, revelación, conocimiento, verdad) y vida (esto es, redención, comunidad, salvación). El Padre inicia, el Hijo efectúa y el Espíritu consuma el discurso que las Sagradas Escrituras conservan por escrito. Las Escrituras son un medio de auto-presentación de Dios, una colección de diversas formas de discurso que, en conjunto, son ingredientes del extraordinario ministerio de la palabra de Dios mediante el cual el Cristo resucitado anuncia el evangelio, administra su nuevo reino creacional e imparte su luz y vida para los lectores cuyas mentes y corazones han sido iluminados por el Espíritu Santo y ahora son aptos para la comunión con Dios.[34]

Una palabra comunicativa que nos habla todavía

El ser divino, revelado en los actos de creación y redención, es intrínsecamente comunicativo. El Dios de la Biblia es el Dios que habla. Por lo tanto, el texto inspirado de las Escrituras también comunica la voz de Dios de manera continua. Una cita de un antiguo salmo señala la comunicación inmediata de Dios: “Como dice el Espíritu Santo ...” (He. 3:7). Precisamente

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porque las Escrituras son las “palabras mismas de Dios” (Ro. 3:2), son

“vivas y poderosas” (He. 4:12). Su profundidad va más allá de su momento histórico. Tienen la capacidad de hablarnos de maneras relevantes. Son pastoralmente reconfortantes, además de proféticas y desafiantes para cualquier persona.

Como afirmó el Padre de la Iglesia Atanasio, ‘Las sagradas e inspiradas Escrituras son suficientes para declarar la verdad’ y Clemente de Alejandría concluyó que, ‘quien cree en las divinas Escrituras hace sólido su criterio, y de ahí que reciba ... la voz de Dios’.[35] El Dios que habló y actuó en el pasado es el Dios vivo que se comunica de nuevo a través de estos textos antiguos (Ro. 15:4). En este sentido, la Biblia no es simplemente una palabra que Dios habló en el pasado, sino algo que nos habla ahora (He.

3:7; 12:5). Es así como el texto bíblico facilita profundas experiencias cuando la comunidad del pueblo de Dios se reúne para encontrarse con el Dios que sigue hablando.

Una palabra que habla con autoridad y ordena

Así como un monarca se dirige a su reino, la palabra de Dios habla con autoridad soberana. Por lo tanto, las Escrituras transmiten una autoridad única como la palabra escrita de Dios. Cuando se interpreta correctamente, el significado que impacta nuestras mentes al leer las Escrituras es nuestra comprensión de la verdad divina. Nuestra respuesta a las Escrituras refleja, por lo tanto, nuestra respuesta a Dios (1 Ts. 2:13). En consecuencia, dentro de la comunidad de la iglesia, la Biblia funciona como la regla de fe que establece la sana doctrina y refuta los errores. Desempeña un papel fundamental para el pueblo de Dios. Como advierte N. T. Wright, ‘No nos atrevemos a tratar de domar la Biblia. Es nuestra acta fundacional; no podemos tomarla a la ligera’.[36]

Sin embargo, la autoridad de las Escrituras se comprende mejor como una realidad positiva cuyo propósito es salvaguardar el florecimiento humano. En el pensamiento judío, no había ninguna tensión entre el Dios que bendice y el Dios que ordena. Tal como se presenta en el Salmo 119, la instrucción divina es una extensión del amor y la fidelidad de Dios. Por consiguiente, los mandamientos del Señor son más deseables que el oro y más dulces que la miel. En nuestro contexto cultural, las Escrituras continúan proporcionando una autoridad vivificante que refuta las tendencias deshumanizantes y restaura la dignidad y el propósito.

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Una palabra performativa que transforma

“Te amo”, “te odio”, “te perdono”, “te lo prometo”: las palabras humanas son poderosas y formativas. Sin embargo, el discurso de Dios es sumamente eficaz porque quien lo pronuncia es veraz en todo lo que dice, poderoso para cumplir su palabra y fiel a todas sus promesas. Por lo tanto, la palabra de Dios puede ser sinónimo de acción: ‘Que exista ... y así aconteció’. Todo el continuo espacio-tiempo surgió de esta palabra performativa y ahora es sostenido por ella (He. 1:3). En el reino divino, la palabra y la acción son lo mismo. Numerosos textos bíblicos celebran el poder de la palabra de Dios para formar y transformar (Sal. 33:6; Jer. 23:29; Is. 40:8; 55:10-11; Dt. 30:14;

He. 4:12; 1 P. 1:23-25). Cuando Dios habla, los cedros se parten en dos, las montañas tiemblan y los exiliados regresan a casa.

Es así como la palabra escrita de Dios manifiesta esta misma intervención divina. En la economía de Dios, la Biblia facilita encuentros que abren nuevas perspectivas de revelación, realizan nuevos actos de liberación y administran el don de la salvación: “Han nacido de nuevo ... por la palabra de Dos que vive y permanece” (1 P. 1:23). El mismo Espíritu que se cernió sobre la primera creación ahora se apropia de las Escrituras, como uno de varios instrumentos que invocan la realidad de la nueva creación en nuestras vidas y en nuestro mundo. Como señala Goldingay, “el texto bíblico tiene poder generativo para convocar y evocar nueva vida”.[37] Tan ciertamente como las Escrituras todavía tienen el calor del aliento de Dios, no pueden reducirse a un conjunto sin vida de doctrinas estáticas o cuentos morales. Más bien, la Biblia permite a la gente común y corriente encontrar la vibrante y renovadora palabra de Dios por sí mismos.

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Conclusión

La Biblia no debe reducirse a un libro de proposiciones doctrinales o lecciones morales. Se trata de literatura que le da forma al mundo, una gran narrativa o historia y una revelación de inspiración divina. Este modelo triple nos proporciona cierta secuencia o progresión que avanza desde un amplio consenso hacia algo más confesional. Comenzando con un hecho indiscutible (la Biblia como literatura), invita a las personas a emprender un viaje en el cual considerarán afirmaciones que se convierten cada vez más en cuestiones de fe (la Biblia como historia y revelación). Puede ser que algunos nieguen que la Biblia tenga una trama global o coherente. Ciertamente contiene numerosos paréntesis, subtramas, aparentes contradicciones, y también cabos sueltos. Pero otros llegan a descubrir que las Escrituras no solo contienen antiguas narrativas, sino que también comunican con uno de formas sorprendentemente personales en un encuentro continuo. De esta manera, este modelo evita que la Biblia se presente total o inicialmente como la Santa Biblia que solo tiene relevancia para aquellos que ya están ‘adentro’. En lugar de eso, ofrece un enfoque con el que cualquiera puede interactuar, desde un cristiano comprometido hasta un mecánico escéptico.

Para decirlo de otra manera, esta publicación ha intentado contestar la pregunta: ‘¿Qué es la Biblia, exactamente?’ Para ello, se ha adoptado un enfoque de ‘conjuntos centrados’ (en lugar de un enfoque de ‘conjuntos limitados’). Para darte un ejemplo de cómo funcionan los conjuntos limitados, imagina que eres un granjero con una parcela de tierra de dos hectáreas. Para que no se pierda ninguna cabeza de ganado, colocas una cerca en tu parcela en los límites exactos de la propiedad.[38] Obviamente, las Escrituras incluyen enseñanzas incondicionales que establecen límites para guiarnos por el camino que conduce al florecimiento humano. Sin embargo, con demasiada frecuencia las discusiones acerca de la doctrina de las Escrituras adoptan una postura cerrada, ya sean debates históricos entre católicos y protestantes sobre la autoridad de las Escrituras frente a la tradición, o debates más recientes dentro del evangelicalismo sobre la inerrancia y la infalibilidad. Esto ha resultado en una división perjudicial, un poco de fuego amigo y una incapacidad generalizada para usar la Biblia para interactuar de manera positiva con la cultura.

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El concepto de ‘conjuntos centrados’ es diametralmente opuesto.

Imagina que eres un ganadero con tierras demasiado extensas como para poner cercas. En lugar de construirlas, cavas pozos, en el supuesto de que tus animales se reunirán ahí y no se alejarán mucho de ese punto. Este enfoque, cuando se aplica a la Biblia, muestra plena confianza en la relevancia y el atractivo perdurables de las Escrituras. Se preocupa menos por las categorías estáticas (dentro o fuera) y más por la dirección de viaje (al “acercarse a” o “alejarse de”). Este enfoque tiene el potencial de unir las tradiciones cristianas al centrarse en nuestra exploración compartida de las Escrituras, un bebedero del que todos bebemos. Igualmente, es misionalmente eficaz, ya que la Biblia no se defiende desde el otro lado de una cerca sectaria. En cambio, un enfoque de ‘conjuntos centrados’ respalda la Biblia y la ofrece a un mundo sediento con confianza.

La Escritura es un río delgado y profundo a la vez, en el cual deambula un cordero y nada un elefante.

Gregorio el Grande, obispo de Roma (c 540- 604)

A modo de conclusión, los invito a volver a imaginar la Biblia como un bebedero u oasis en el desierto. Hace unos años, mi familia y yo fuimos a Kenia y disfrutamos de unos días de safari. Una mañana temprano nos dirigimos a un mirador con vistas a un pequeño lago. Mientras observábamos, los animales llegaron silenciosamente de todas direcciones para tomar el agua. Algunos naturalmente se acercaban con cautela y se mantenían cerca de los bordes; otros se adentraron despreocupados en las profundidades. La diversidad fue increíble. Por unos momentos, el reino animal dejó a un lado sus diferencias para beber de una fuente vivificante. La Biblia es un bebedero divino, un oasis refrescante donde personas de todos los ámbitos de la vida pueden saciar su sed. Como una colección de literatura tan diversa, es una fuente inigualable de sabiduría y belleza. Como una historia universal, proporciona visión, salvación y esperanza. Como una revelación divinamente inspirada, es el medio por el cual la gente común y corriente puede encontrarse con la palabra viva de Dios hoy.

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Anexo

Material de lectura adicional

Nivel Introductorio

Richard Bauckham, Scripture and Authority Today (Cuadernillo bíblico de Grove B12)

Andrew Ollerton, The Bible: A Story that Makes Sense of Life (Londres:

Hodder y Stoughton, 2020)

Andrew Ollerton, The Bible Course: Explore the BIG Story (Bible Society, 2018)

Ian Paul y Philip Jenson, ¿De qué se trata la Biblia? La importancia de entender la historia global contada en la Biblia (Cuadernillo bíblico de

Grove B40. Traducción disponible en

https://lecturanarrativadelabiblia.wordpress.com/)

Ian Paul, How to interpret the Bible: Four Essential Questions (Cuadernillo bíblico de Grove B86)

Nivel Intermedio

Craig G. Bartholomew y Michael Goheen, The Drama of Scripture (Londres: SPCK, 2006)

[Craig G. Bartholomew y Michael W. Goheen La verdadera historia del mundo. Nuestro lugar en el drama bíblico (Bellingham, WA: Lexham Press, 2015) está disponible en español]

Richard Bauckham, The Bible in the Contemporary World: Hermeneutical Ventures (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2015)

Ellen F. Davis y Richard B. Hays (ed.), The Art of Reading Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2003)

John Goldingay, Models for Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1994)

Eugene Peterson, Cómete este libro: Recibe lo que revela Dios (Miami, FL: Editorial Patmos, 2011)

N. T. / Tom Wright, Scripture and the Authority of God (Londres: SPCK, 2013)

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NOTAS

[1] Con el fin de proporcionar una descripción de la Biblia a un nivel macro, inevitablemente he simplificado algunas áreas que se debaten dentro de la literatura académica. Siempre que sea posible, he indicado fuentes útiles que abordan áreas en disputa con más detalle.

[2] Existen diferencias importantes entre las Biblias ortodoxa, católica y protestante con respecto a la inclusión de escritos deuterocanónicos. Sin embargo, todas las principales tradiciones cristianas afirman un núcleo de sesenta y seis libros, que forman la base del canon.

[3] Se cuestiona la idea de que la Biblia cristiana tenga una coherencia global. Los eruditos judíos sostienen que esto es más un constructo cristiano que una característica inherente. Véase J. D. Levenson, The Hebrew Bible, the Old Testament and Historical Criticism (Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 1993) o E Gerstenberger, Theologies in the Old Testament (Londres: T y T Clark, 2002).

[4] Al referirse a la Biblia como literatura, quiere decir en un sentido general. No es una referencia al movimiento más especializado de la “Biblia como literatura” que era popular durante el siglo XX.

[5] J. Goldingay, Models for Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1994) p 100.

[6] S. T. Coleridge, Confessions of an Inquiring Mind (3a edición, 1843) pág. 72. Para un resumen más reciente de este enfoque, véase R. W. L. Moberly, ‘“¿Interpret the Bible Like Any Other Book”? Requiem for an Axiom,’ Journal of Theological Interpretation 4 (2010) págs. 91-110.

[7] Cada semana, a alguien famoso se le pide que escoja siete canciones o piezas de música que le gustaría tener consigo para escuchar si estuviera naufragado en una isla.

Además, bajo la premisa de que en la isla hay una Biblia y las Obras Completas de Shakespeare, se le permite escoger un libro más. El programa se trasmite desde 1942.

[8] N. Frye, The Great Code: The Bible and Literature (Nueva York: HBJ, 1982) p xii, xviii.

[9] El arreglo hebreo se conoce como Tanakh, que es una abreviatura de letras clave de los nombres hebreos: Torah (ley o instrucción), Nebi’im (profetas) y Ketubim (escritos).

[10] C. S. Lewis, Reflections on the Psalms (Londres: Geoffrey Bles, 1958) p 111.

[11] Frye, The Great Code, op. cit., pág. 7.

[12] The Dictionary of Cultural Literacy incluso afirma que “nadie en el mundo de habla inglesa puede ser considerado alfabetizado sin un conocimiento básico de la Biblia”. Véase E. Hirsch, J. Kett y J. Trefil (eds.), The Dictionary of Cultural Literacy (Boston, MA: Houghton Mifflin, 1987) Prefacio.

[13] https://www.nytimes.com/2011/12/25/books/review/the-book-of-books-what-literature- owes-the-bible.html

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[14] E. Peterson, Cómete este libro: Recibe lo que revela Dios (Miami, FL: Editorial Patmos, 2011) Prefacio.

[15] Citado en Goldingay, Models for Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1994) p 93.

[16] R. Bauckham, ‘Reading Scripture as a Coherent Story’, en E. F. Davis y R. B. Hays (eds), The Art of Reading Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2003) p 39.

[17] En Inglaterra, la frase “Are you sitting comfortably?” está asociada con un programa de radio para niños transmitido por la BBC entre 1950 y 1982.

[18] Véase G. Loughlin, Telling God’s Story: Bible, Church and Narrative Theology (Cambridge University Press, 1996) págs. 52-62. Esta distinción puede resultar menos útil cuando los eventos son menos obviamente históricos (p. ej., Génesis 1-11).

[19] C. Bartholomew y M. Goheen, The Drama of Scripture (Londres: SPCK, 2006).

[20] N. T. Wright, The New Testament and the People of God (Londres: SPCK, 1992) págs.

41-42. Este énfasis en las Escrituras como texto público debe mucho al trabajo de Lesslie Newbigin.

[21] Caricatura de Peter Steiner en el New Yorker, julio de 1998.

[22] Para obtener una guía útil sobre lo que esto podría significar para nuestra lectura de las Escrituras en su conjunto, ver R. Hays, Reading Backwards (Londres: SPCK, 2015).

[23] Este punto se destaca en obras de ficción de gente como J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis, ya que la historia cristiana sustentaba los marcos narrativos que desarrollaron. Para más información sobre este punto, ver R Bauckham, The Bible in the Contemporary World:

Hermeneutic Ventures (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2015) págs. 1-16.

[24] De Arca Noe, 2.8.

[25] Ver N. T. Wright, Scripture and the Authority of God (Londres: SPCK, 2013).

[26] Ver la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010) del Papa Benedicto XVI, párrafo 93.

[27] Este estribillo forma una respuesta tradicional a la lectura pública de las Escrituras en la liturgia de la Iglesia de Inglaterra.

[28] 2 Pedro 1:21 habla de ser ‘impulsado por el Espíritu Santo’ y la misma palabra se usa en Hechos 27:15 para un barco arrastrado por fuertes vientos. Claramente, hay gradaciones o escalas. Algunos oráculos proféticos comunican la palabra de Dios en primera persona, mientras que otros textos insinúan un papel más sutil para la agencia divina (p.ej., los Salmos dirigidos a Dios).

[29] D. Willard, Divine Conspiracy (San Francisco, CA: Harper Collins, 1998) pág. xvi.

[30] Dei Verbum: Dogmatic Constitution on Divine Revelation (1965) párrafo 13.

[31] Citado en J. Goldingay, Models for Scripture, op. cit., pág. 252.

[32] M. Volf, Captive to the Word of God: Engaging the Scriptures for Contemporary Theological Reflection (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2010) pág. 6.

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[33] Para un enfoque que relaciona la palabra escrita con la palabra viva, ver la triple distinción de Karl Barth entre la palabra revelada, escrita y predicada. Barth desarrolló la noción de que la palabra escrita nunca es autónomamente la palabra de Dios, sino sólo como derivada de la palabra revelada, Jesucristo, y mediante la proclamación por la agencia del Espíritu. Por lo tanto, la palabra de Dios es un acontecimiento vivo de revelación mediado por las Escrituras escritas e inspiradas. Ver G. W. Bromiley y T. F.

Torrance (eds.), G. W. Bromiley, G. T. Thomson y H. Knight (trad.), Church Dogmatics: The Doctrine of the Word of God, Volume I, Part 1 (Londres, Nueva York: T y T Clark, 2004 ) esp. págs. 120-121.

[34] K Vanhoozer, ‘Holy Scripture’ en M. Allen y S. R. Swain (eds.), Christian Dogmatics:

Reformed Theology of the Catholic Church (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2016) págs. 50-51.

[35] Contra Gentiles, 1:1; Stromata II.2.

[36] N. T. Wright, Scripture and the Authority of God (Londres: SPCK, 2005) pág. 132.

[37] J. Goldingay, Models for Scripture, op. cit., pág. 252.

[38] Para esta analogía debo a agradecer a Alan Frost y Michael Hirsch, quienes la aplican a la misionología contemporánea. Ver A. Frost y M. Hirsch, The Shaping of Things to Come:

Innovation and Mission for the 21st-Century Church (Grand Rapids, MI: Baker, 2013).

Referencias

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