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REPÚBLICA ARGENTINA V E R S I Ó N T A Q U I G R Á F I C A C Á M A R A D E S E N A D O R E S D E L A N A C I Ó N

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“2013 – Año del Bicentenario de la Asamblea General Constituyente de 1813”

REPÚBLICA ARGENTINA

V E R S I Ó N T A Q U I G R Á F I C A

C Á M A R A D E S E N A D O R E S D E L A N A C I Ó N

REUNIÓN PLENARIA DE LAS COMISIONES DE PRESUPUESTO Y HACIENDA Y DE ECONOMÍA NACIONAL E INVERSIÓN

Salón Azul – H. Senado de la Nación

28 de agosto de 2013

Presidencia del señor senador Aníbal Fernández y de la señora senadora Laura Montero

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“2013 – Año del Bicentenario de la Asamblea General Constituyente de 1813”

28.08.2013 Reunión plenaria de las comisiones de Presupuesto y Hacienda Pág. 2

y de Economía Nacional e Inversión

Dirección General de Taquígrafos

PUBLICACIÓN DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE TAQUÍGRAFOS

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el Salón Azul

del H. Senado de la Nación, a las 11 y 28 del miércoles 28 de agosto de 2013:

Sr. Presidente (Fernández). – Vamos a dar comienzo a la reunión plenaria para tratar el proyecto de ley que acaba de ingresar del Poder Ejecutivo con el objeto de abrir las posibilidades del canje.

Se encuentran presentes el señor ministro de Economía, Hernán Lorenzino, el señor secretario de Finanzas, Adrián Cosentino, y en unos minutos llegará el secretario de Política Económica, Axel Kicillof, por lo cual, conforme lo habíamos acordado, comenzará la exposición del señor ministro.

Sr. Lorenzino. – Buenos días, señores senadores.

De acuerdo con lo que la presidenta anunciara el lunes de esta semana… Siempre me pasa lo mismo: ¿se escucha bien esto? Yo escucho con mucho eco. Creo que no hay otra posibilidad, así que sigo.

Como decía, de acuerdo con lo que anunciara la señora presidenta el día lunes, venimos a presentar al Congreso este proyecto de ley de suspensión de la ley 26.017, conocida como ley cerrojo, mediante la cual se cerraron los canjes de deuda iniciados en los años 2005 y 2010.

En primer lugar, déjenme poner en contexto esta medida. Seré muy breve, pero quiero hablar del contexto en el cual se inserta este nuevo proyecto de ley. Este contexto tiene que ver con la política de desendeudamiento que hemos venido llevando adelante desde el año 2003 a la fecha, y en particular con el desendeudamiento de la Argentina en moneda extranjera y con el sector privado. Y, en ese marco, el papel preponderante que tuvieron los canjes de 2005 y de 2010, que en definitiva y muy claramente nos permitieron que la deuda con el sector privado dejara de ser un condicionante para el desarrollo de la Argentina.

También, quiero hablar de que el 12 de septiembre, en unos días más, la Argentina hará frente al pago final del BONAR VII, 2.070 millones de dólares. Hemos pagado, como mencionaba la presidenta el lunes, en términos de BODEN 12 casi 20.000 millones de dólares en los últimos años; bono que se relaciona con las obligaciones derivadas del corralito, el corralón, y la compensación a los ahorristas y a los bancos.

Asimismo, deseo mencionar que ya hemos abonado a los tenedores de bonos que ingresaron a los canjes de 2005 y de 2010 casi 21.000 millones de dólares desde el año 2005 a esta parte; que esa política de desendeudamiento también incluyó la cancelación de la deuda con el FMI; y que hoy esa política de desendeudamiento nos permite decir a todos los argentinos que la deuda en moneda extranjera con el sector privado representa menos del 10 por ciento del Producto Bruto Interno.

– Ingresa en el salón el señor Axel Kicillof.

Sr. Lorenzino. – Es más, como también dijera la señora presidenta el lunes, luego del pago del BONAR VII –lo menciono nuevamente porque es el pago de deuda más importante de este año: el 12 de septiembre, 2.070 millones de dólares; un bono con legislación doméstica– la deuda con el sector privado en moneda extranjera −una medida clarísima o, si quieren, la medida más clara de la robustez o de la situación de deuda de un país− va a estar por debajo del 8,5 por ciento en términos de PBI.

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O sea, lo que quiero demostrar −o lo que queremos de alguna manera resaltar− es que todos los argentinos, desde hace diez años, venimos pagando nuestra deuda, pagando los compromisos que asumimos a partir, fundamentalmente, de la reestructuración de los inconvenientes que en materia de deuda se derivaron de la crisis de los años 2001 y 2002. Pero además, esa política de desendeudamiento no registra –estas no son estadísticas de Argentina– antecedente similar en el mundo en los últimos diez años. Argentina es el país que, en el contexto de las naciones, más se ha desendeudado en estos últimos diez años. Esto lo hicimos, además, sin endeudarnos los argentinos con el sistema financiero.

Esta capacidad de gestionar la deuda es la que, según creemos, nos ha permitido crecer. Crecimos porque nos desendeudamos. Crecimos porque hicimos un esfuerzo en atender todas y cada una de las obligaciones externas, sin descuidar la otra variable del ratio, que es el crecimiento; sin descuidar el mercado interno y, sobre todo, nos desendeudamos y crecimos incluyendo argentinos. Es muy importante resaltar esta cuestión también en comparación con otros modelos de reestructuración de deuda que actualmente se están dando en muchos países, en particular, en Europa. Escuchábamos en estos días cómo ya la tercera reestructuración de deuda en Grecia parece casi un hecho.

Sin embargo –este es el mensaje principal–, después de esta política de desendeudamiento y después de este gran esfuerzo que nos permitió estar donde estamos, la Argentina sigue siendo sometida a una permanente presión. Existe, creemos, una especulación permanente sobre nuestra economía. Vuelvo: hace diez años que venimos pagando sistemáticamente en función de una política de Estado, porque muchas, en particular las reestructuraciones de 2005 y de 2010, están sustentadas en decisiones de este Congreso. Hemos cumplido con nuestros compromisos de deuda, y lo vamos a seguir haciendo. Pero también tenemos, por ejemplo, el fallo del viernes de la Cámara de Nueva York, que vuelve a traer incertidumbre sobre la voluntad y la capacidad de pago de la Argentina.

Por eso es que yo decía hace unos días que no nos van a llevar a un escenario como el de 2001. Ese fallo, el del viernes, nos recuerda que ese pasado, como relaté en términos de política de desendeudamiento y en términos de política financiera de la Argentina en los últimos años, está más cerca de lo que pretenden algunos, quienes quieren perjudicar este presente, pero además, fundamentalmente, quieren condicionar nuestro futuro.

Por eso, como también dijo la presidenta, seguimos férreamente confiando en la instancia judicial y, en particular, en esta nueva instancia de este proceso judicial que se abre ante la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Y esperamos, en ese sentido, una resolución que esté en función de los argumentos que esgrimimos en nuestra defensa, que, les recuerdo, tiene como uno de los argumentos fundamentales la defensa de nuestra soberanía y, en particular, la defensa de las decisiones emanadas de este Congreso.

Ahora bien, sin perjuicio de la fortaleza de esos argumentos, sin perjuicio de la fortaleza de los hechos que demuestran el cumplimiento cabal de cada una de nuestras obligaciones con cada uno de nuestros acreedores, tanto internos como externos, pero en particular con cada uno de los acreedores que confiaron en el país en 2005 y en 2010, aun cuando confiamos en esos argumentos, en el sistema judicial y en la decisión que en definitiva tomará ahora la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, queremos una vez más demostrar que existe una profunda vocación de los argentinos de hacer, de seguir haciendo frente a los compromisos que la República Argentina ha asumido. Como dijo la presidenta, no queremos patear los problemas.

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Algunos se preguntan por qué ahora; algunos, incluso, que están en esta sala. No me refiero a los señores senadores; me refiero al auditorio, donde veo a algunos comentaristas que han dicho: ¿Por qué?, ¿qué necesidad había?, ¿por qué no esperar una decisión de la Corte? La verdad es que no nos ha caracterizado y no queremos patear los problemas. Por eso es bueno aclarar esta cuestión. No aceptamos el planteo de los lobbistas, de los buitres, que ya presionan sobre anuncios diciendo que hay un nuevo plan para evadir a la justicia. Queremos que quede absolutamente claro: este no es, de ninguna manera, un intento de evadir a la justicia de los Estados Unidos, sino, al contrario, absolutamente al contrario, es una propuesta concreta para ratificar que la Argentina no sólo tiene la capacidad de pago, lo cual se demuestra a partir de lo que ha venido haciendo en los últimos años, sino que además mantiene esa voluntad de pago que hemos manifestado en cada una de las intervenciones que hemos hecho ante la justicia.

Por eso, la primera decisión de la presidenta ha sido enviar este proyecto de ley para permitir que el 7 por ciento de los acreedores que no ingresaron en el año 2005 y que tampoco lo hicieron en el año 2010 puedan hacerlo a partir de ahora. Insisto, estamos presentando este proyecto para que quede claro que la Argentina también está en condiciones de atender y de regularizar a ese 7 por ciento que no entró exactamente en los mismos términos que los que sí lo hicieron, porque ese es el argumento y esa es la posición inclaudicable que la Argentina ha mantenido y seguirá manteniendo en su defensa de los canjes de 2005 y de 2010.

Decía que nuestra capacidad ya la hemos demostrado con los más de 173.000 millones de dólares que hemos pagado en los últimos diez años. Ahora venimos a este Congreso a discutir la posibilidad de, una vez más, manifestar la voluntad de pago a través del levantamiento de la ley cerrojo.

Ya lo hemos dicho en varias presentaciones ante los tribunales y públicamente. Por eso hoy estamos en condiciones de someter esta decisión a este Congreso. Porque creemos, como también lo hemos dicho en las presentaciones, que es este Congreso el único habilitado para tratar el tema, esto es, la suspensión de la ley cerrojo.

Esta ley fue varias veces –en definitiva, esto está reflejado en el fallo– sindicada como una muestra de que la Argentina no reconoce la deuda con los que no entraron en 2005 y en 2010. Esto claramente no es cierto. La Argentina nunca ignoró ni repudió esa deuda. Lo que pretendimos todos con esta ley, tanto el Poder Ejecutivo como el Congreso, fue asegurar que la confianza de aquellos que entraron en los canjes no sería traicionada acordando algo mejor, condiciones más beneficiosas con aquellos que no habían entrado.

Por eso creemos que es fundamental seguir brindándoles esa seguridad a los que ya entraron, al 93 por ciento, a quienes les vamos a seguir honrando la deuda en los términos en que estaba pautada. El 30 de septiembre tenemos un pago por bonos Par; el 2 de diciembre tenemos un pago del Global 17, emitido en el marco del canje de 2010; el 30 de diciembre tenemos un pago de bonos Discount, también de la reestructuración de 2005. Les queremos brindar a esos acreedores, que van a recibir esos pagos y que entraron en 2005 y en 2010, la seguridad de que ese tratamiento igualitario va a seguir mantenido. Por eso, el proyecto de ley que tienen a su consideración mantiene el compromiso de no ofrecer nada mejor, sino que exactamente la misma oferta, tal cual fue propuesto en las presentaciones ante la Cámara.

En segundo lugar, y siguiendo con las aclaraciones, con respecto a la opción por instrumentos con legislación local, otra vez nos parece importante por lo delicado del asunto aclarar varias cuestiones que se están planteando. Esto no debe interpretarse de ninguna

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manera como una decisión unilateral de alterar ningún mecanismo de pago. Lo vemos como una opción voluntaria y eventual para los acreedores que crean más conveniente renunciar a los derechos que les da la ley americana y aceptar, en los mismos términos para el Estado, otra legislación.

Esta es una cuestión que preocupa a muchos tenedores. Por eso creemos que es importante, a los efectos de brindar la total certidumbre a todos nuestros acreedores, aclararles que lo que eventualmente se pondrá a disposición es una opción voluntaria por un nuevo instrumento con legislación local.

No estamos intentando escapar a la Justicia, como dicen los lobbistas de los buitres. Al contrario, la vocación es que en ningún momento –insisto en que esto es una política de Estado– la Argentina deje de afrontar nuestras obligaciones con los bonistas que entraron en los canjes de 2005 y 2010 en los términos en que estaban previstos: en la moneda, en los plazos. Ahora estamos incorporando una muestra más de voluntad y de capacidad de pago al traer este proyecto a vuestra consideración, al invitar al 7 por ciento que no entró −en caso de ser aprobada la ley− a participar en condiciones equitativas con quienes ingresaron en 2005 y 2010. Insisto, queremos despejar toda especulación e incertidumbre respecto del crédito público de la Argentina. Parece que los más de 173 mil millones de dólares –insisto– que hemos pagado en los últimos diez años para algunos no es suficiente.

En este marco, la reapertura que se propone a través de este proyecto de ley es una reafirmación de esta capacidad y voluntad de pago. Es importante para eso recordar de dónde venimos y por qué estamos dónde estamos. El 31 de diciembre de 2001, el default de la deuda con el sector privado instrumentada mediante bonos –es la forma correcta de decirlo– fue de 81.836 millones de dólares. Los otros días, la presidenta decía que es bueno recordar que estos bonos no fueron emitidos por este gobierno. Tampoco este gobierno fue el que declaró el default de esos mismos bonos. Este fue el gobierno que propuso y llevó adelante los canjes de 2005 y 2010 y que reestructuró el 93 por ciento de esos 81.836 millones de dólares.

En 2005, reestructuramos el 73 por ciento, y a partir de 2010 se incorporaron más tenedores, lo cual llevó el nivel de aceptación al 93 por ciento. Reitero la cuestión del 93 por ciento. Claramente fue mucha deuda; un número muy grande en términos de montos involucrados, pero también mucha gente. Es decir, participaron fondos de inversión, pero también tenedores minoristas, que entendieron que debían acompañar el esfuerzo. Como país se les pidió un gran esfuerzo. Les pedimos quitas sustanciales respecto de esos créditos tanto a los tenedores institucionales como a los minoristas. Y el 93 por ciento de esos acreedores participaron. Muchos de esos tenedores de deuda están en la Argentina, pero también muchos están en otros países, no sólo en los Estados Unidos. Ustedes recordarán muy bien que también hay tenedores minoristas en Italia, Alemania y Japón.

Frente a esos tenedores minoristas hay un compromiso por parte de la Argentina. Claramente, esa propuesta y los tenedores que participaron de la misma tuvieron buenos rendimientos, buenos resultados. Insisto, hemos hecho frente a cada una de las obligaciones, incluyendo el cupón del PBI, que en su momento no fue entendido por el mercado pero sí por los acreedores, que lo entendieron como una forma de asociarse a la apuesta que les proponía la Argentina de dejarnos crecer para que les paguemos.

Sin embargo, después de esas dos operaciones de canje, una mínima porción no participó. ¿Por qué digo mínima? Estoy seguro de que conocen perfectamente cuál es el régimen de quiebras de cualquier compañía en la Argentina y en otros países. La mayoría de

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esos regímenes contienen cláusulas o mecanismos en virtud de los cuales el deudor puede acercarse a sus acreedores frente a una situación de quiebra y proponerles una oferta. Esa oferta tiene que ser aceptada por una mayoría determinada de acreedores, y luego de ser aceptada es trasladada a la totalidad de los acreedores. Esto no es raro. Estoy seguro de que están al tanto de esta cuestión. Ninguna de esas normas le pide al deudor mayorías más allá del 75 por ciento; generalmente se requiere el 66 por ciento. Algunas, y para determinadas materias, el 85 por ciento. La Argentina logró que el 93 por ciento de sus acreedores − instrumentados en 152 series de bonos y en 16 jurisdicciones− aceptara la propuesta. Por eso digo que una ínfima cantidad de tenedores no ingresaron al canje.

Esos que no ingresaron, no lo hicieron porque no quisieron sino porque su negocio no es ingresar a las reestructuraciones de deudas; su negocio es esperar que terminen esas reestructuraciones de deudas para comprar instrumentos que valen centavos para demandar al deudor y buscar ganancias mejores que quienes participaron. Esto que digo no es una elucubración. Cuando hablamos de los fondos buitres –a ellos me estoy refiriendo– y de las ganancias exorbitantes no estoy inventando nada ni les estoy diciendo "créanme que esto es así". En los documentos que ellos mismos han presentado en la Justicia está absolutamente probado que las tenencias que hoy les permiten demandar a la Argentina, los bonos a partir de los cuales pueden demandar a la Argentina, no fueron emitidos por este gobierno, sino que fueron emitidos previamente al default. Esos bonos son los que hoy les permiten hacernos juicio. Esos bonos no fueron comprados antes del default de la Argentina, especulando con una megatasa del megacanje, ni siquiera eso. Esos bonos –y está probado porque ellos mismos han acercado la documentación– fueron comprados en 2008. Ejemplos concretos: el fondo Elliot compró, en el año 2008, deuda por unos 400 millones de dólares, por 40 millones de dólares. Y pretende cobrar por esos 40 millones que gastó, 720 millones de dólares; esto es casi el 1.400 por ciento. A eso la Argentina se está oponiendo en la Corte de los Estados Unidos; a esa jugada, a esa operación, a esa transacción, a esa intención se está oponiendo la Argentina, más allá de las consecuencias de lo ya hecho y que, insisto, es una política que surgió de una política de Estado que este Congreso acompañó en los canjes de 2005 y 2010. La otra cuestión, que tiene que ver con el tema buitres y la defensa de los intereses de la Argentina ante la justicia, tiene que ver con las consecuencias que tendría para la Argentina – como dicen algunos– arreglar con los fondos buitres, pagarles a los fondos buitres algo distinto que al 93 por ciento que entraron al canje. Esto tampoco puede ser dejado de lado alegremente. Está absolutamente claro que un arreglo, un pago a estos fondos en condiciones distintas de las que tuvo el 93 por ciento que entró en los canjes, implicará inmediatamente no sólo la reacción y la búsqueda de tener iguales condiciones por parte de aquellos que tampoco entraron, pero que no están representados en el juicio –el 7 por ciento–, sino que también −ineludiblemente− el 93 por ciento que entró y que está cobrando a plazo con quitas y con tasas bajas va a ir inmediatamente a reclamar a la justicia exactamente el mismo tratamiento. Es más, déjenme dar un paso más. Si nosotros hiciéramos esto, en abierta contradicción con lo que este Congreso dispuso tanto en el año 2005 como en el año 2010, también daríamos pie a un pedido acá, en la Argentina. Y sería absolutamente lógico que así se haga, porque habría el incumplimiento de una ley de la Nación que daría lugar claramente al pedido de reparación por parte de los fondos buitres. Sin embargo, esta ley cerrojo, que –insisto– fue pensada y aprobada como un instrumento para proteger a aquel que entraba en el año 2005 y también en el año 2010, ha sido usada como argumento para sostener que la Argentina sigue

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incumpliendo con ese grupo de tenedores que no entraba. Insisto, porque queremos ratificar, una vez más, esa voluntad de pago del país frente a una nueva instancia judicial que se abre a partir de la apelación ante la Corte estamos sometiendo este proyecto a su consideración.

Queremos –lo dijo la presidenta– una solución definitiva. La única solución definitiva es sacarnos esa espada de Damocles que tenemos los argentinos y los acreedores del 93 por ciento que están siendo rehenes de esta situación respecto del 7 por ciento. Y el único instrumento que tenemos para eso son las ofertas que les hicimos a los acreedores que participaron del canje 2005 y 2010. De otra forma –espero haber sido claro en ese sentido, y sin perjuicio de si lo fui o no vamos a estar abiertos a todas las preguntas–, a este juicio, termine como termine, va a seguirle otro juicio, y otro y otro más, de un lado o del otro. Por eso, el mensaje es que quien quiera cobrar en términos absolutamente equitativos con el 93 por ciento de los tenedores que entraron podrá sumarse –eso es lo que le estamos pidiendo al Congreso, que nos habiliten esta posibilidad– y cobrar en forma regular, como lo vienen haciendo los que entraron en 2005 y 2010, en los mismos términos que el 93 por ciento. Quienes quieran seguir haciendo juicio nos volverán a encontrar defendiendo los intereses del país con todas las herramientas legales disponibles.

Como dijo la presidenta el lunes, creemos que el viernes pasado se ha comprobado que el pasado –sobre todo en términos de economía– está a la vuelta de la esquina; parece que se fue, pero amenaza con volver. Por eso creemos que en esta materia no hay lugar para especulaciones. Creemos que esta materia debe seguir siendo una política de Estado. Justamente, ayer tuvimos una reunión con empresarios y sindicalistas, y unánimemente hubo una manifestación en el sentido de acompañar esta política de Estado. Creemos que entre todos tenemos firmemente que impedir que se malogren estos resultados que obtuvimos, este desendeudamiento, esto que nos permite decirles a los argentinos –a los argentinos de hoy pero también a los argentinos de mañana– que el tema de la deuda ha dejado de ser, como fue en otro momento, un condicionante para nuestro desarrollo. Ese resultado debe ser defendido y no puede ser puesto en riesgo por un ataque especulativo de fondos que, insisto, no tienen un deseo genuino de cobrar, sino que lo que quieren hacer es tener ganancias extraordinarias a costa del 93 por ciento que entró y de todos los argentinos.

Creemos que tuvimos éxito, y que nos han acompañado en el esfuerzo de dejarnos crecer para pagar. Porque estamos convencidos –como decía el presidente Kirchner en los años 2005 y 2006– de que los muertos no pagan. Hemos crecido, hemos incluido argentinos y hemos pagado. Nos parece que esta política de Estado debe seguir siendo acompañada, porque los resultados están a la vista. Por eso es la apelación a que este proyecto sea debatido y aprobado por este Congreso para seguir manteniendo lo que ha sido una política de Estado de este gobierno, acompañada –insisto y lo digo una vez más– por este Congreso en 2005 y 2010. Sr. Presidente. – Le agradecemos al ministro de Economía.

Va a hacer uso de la palabra el licenciado Axel Kicillof, secretario de Política Económica. Sr. Kicillof. – Quería hacer muy breves consideraciones que, de alguna manera, le dan algún marco más general a la situación mundial que está atravesando el sistema financiero internacional, así como también contar algunas experiencias históricas de la Argentina que son efectivamente ese pasado, pero que se han presentado ahora, de manera completamente palpable, cuando ese pasado se presenta bajo la forma de acreedores de bonos externos argentinos emitidos en épocas que hoy parecen remotas, pero que vienen a reclamar aquello que, aparentemente, les habían prometido hace diez o quince años, aproximadamente.

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Déjenme entonces hacer dos breves consideraciones. La primera, referida al modelo de endeudamiento crónico, que no fue un modelo privativo de la Argentina, un modelo autóctono, inventado en el país, sino que fue un modo de funcionamiento del capitalismo mundial durante prácticamente cuarenta años, en una fase que algunos llaman de globalización y que se basaba en las finanzas −de financiarización−, y que otros la llaman fase neoliberal del régimen capitalista. Pero aquí, en la Argentina, se mostró de una forma tan palmaria, tan clara, que nosotros conocemos no sólo descarnadamente el modo en que se desarrolló, sino también la manera catastrófica en la que ese presunto régimen de crecimiento para los países –especialmente periféricos– termina.

Nosotros conocemos la crisis de 2001, conocemos el default −que fue estrictamente una consecuencia del sobreendeudamiento de la fase neoliberal−, y conocemos también las promesas incumplidas de ese modelo. Por ende hoy, afortunadamente, podemos contrastar y comparar lo que ha ocurrido en la Argentina durante estos diez últimos años.

¿En qué se basaba para los países periféricos ese régimen? Así estaba país en el 75, en el momento previo al golpe de Estado que azotó a nuestro país y a sus consecuencias en términos de régimen económico. Recuerden eso bien, porque haciendo una exageración − para ilustrar esta cuestión−, si tomamos el final de esa etapa, en 2001, encontramos una Argentina con un endeudamiento externo de aproximadamente 160 mil millones de dólares. Esto quiere decir que en esa etapa la deuda externa argentina se multiplicó por 20. Un autor clásico llamaba a esto “la tiranía del interés compuesto”, que es el modo en el que funciona el régimen financiero. ¿De qué se trataba ese modelo de crecimiento que, repito, no era para el país sino para toda América Latina? Era un modelo que se pregonaba desde los centros financieros internacionales que estaba basado, en algunas etapas, en los excedentes de fondos de las economías centrales que se volcaban sobre las economías periféricas bajo la forma de endeudamiento barato. Y quiero dejar esto en claro, porque cuando el endeudamiento es barato, hay muchos −a veces parecen vendedores a domicilio de los bancos y de los centros financieros mundiales− que, como el canto de las sirenas, tientan a los países como el nuestro a endeudarse, total la tasa de interés está en un 1 o 0 por ciento y, con algún costo adicional, puede estar en un 5 por ciento. Pero sepamos que todo este endeudamiento externo –y esto lo vivió nuestro país y muchos países del mundo, hasta algunos que antes llamábamos centrales, pero que ahora no sabemos adónde van a terminar en base a estos regímenes de endeudamiento–, ese 0 o 4 por ciento suele ser una tasa variable atada, por ejemplo, a la tasa LIBOR.

Hace poco se descubrió cómo se forma la tasa LIBOR. No sé si ustedes recuerdan estas noticias escandalosas que hablaban de un grupo de banqueros –ingleses, predominantemente, y algunos norteamericanos– que se juntaban todas las mañanas a fijar la tasa LIBOR. O sea que esto no era de ninguna manera un resultado del mercado −o no lo era exclusivamente−, sino que terminaba siendo como lo fue en toda esta historia: que el movimiento de la tasa de interés mundial es un movimiento errático y es un movimiento sujeto a procesos de especulación. Entonces, así como la tasa LIBOR + 4 hoy representa una tasa de interés del 4 por ciento, la tasa LIBOR + 4 a la que nos quieren hacer endeudar algunos personeros de esta política interna… También nos dicen: La solución para la Argentina es endeudarse. ¿Por qué no, si la tasa está muy baja? Están desaprovechando una oportunidad. El gobierno actual parece que es tonto, distraído. ¿No ve que están los fondos presentes, y que eso es una mala política?

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28.08.2013 Reunión plenaria de las comisiones de Presupuesto y Hacienda Pág. 9

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¡No señores! Todos sabemos −y este país lo sabe, con el dolor que le provocó− que endeudarse con el canto de las sirenas cuando la tasa es baja implica, después, caer bajo el yugo de una deuda externa imparable cuando la tasa crece y se pone a niveles del 16 por ciento, del 17 por ciento. Y lo sabe el pueblo norteamericano, que también se endeudó a tasas bajas y después no pudo pagar su hipoteca porque, mágicamente, esa tasa de interés se fue a las nubes, en ese caso, por la Reserva Federal y por su política. Entonces, esa tasa bajita resultó una carga de intereses impagable para cualquier economía, ya sea doméstica o de un país en su conjunto.

¿En qué versaba ese régimen de sobreendeudamiento? En que esos excedentes −en principio, debido a la llamada crisis del petróleo, en los años setenta− generaron mucho excedente financiero, como lo hay también hoy en los países centrales. Vemos a algunos países cercanos de la región que están sometidos a intensos flujos de capitales de corto plazo a tasa baja, pero que tienen un futuro incierto debido a que buena parte de ese endeudamiento es variable y va a depender de las circunstancias en las que se encuentre el mundo en los próximos años, que como todos ustedes sabrán, son tremendamente inciertas.

Ese modelo se basaba en que ese endeudamiento, a veces barato, era volcado sobre los países periféricos, que se convertían en plazas financieras más rentables, porque en los países centrales esa tasa era pura y en los países periféricos esa tasa tenía un plus por la incertidumbre que presuntamente generan los países emergentes o los países menos desarrollados. Entonces, para los capitales financieros internacionales era más rentable la ganancia de corto, prestarles a los países pobres. Y esos países pobres tomaban deuda barata ¿Para qué? Para desarrollarse, decía el prospecto y el discurso. Pero cuando uno mira la evolución y conoce el final del cuento sabe claramente que durante la fase neoliberal muy lejos estuvo este país, endeudándose, de desarrollarse; muy lejos estuvo de modificar la matriz productiva, de cambiar la infraestructura; muy lejos estuvo de invertir en los puertos, en los caminos, en las escuelas y en los hospitales que necesitaba nuestro pueblo. Contrariamente, esa deuda empezó a crecer y a crecer, y después el presupuesto nacional, en lugar de tener como prioridad fundamental el gasto para llevar adelante determinadas políticas de desenvolvimiento, de desarrollo del bienestar para la población, tuvo como imperativo y necesidad pagar esa deuda, y simplemente pagar esa deuda. De manera que los intereses empezaron a representar –tenemos el caso de 2001 y 2002– números gigantescos, enormes, indecibles, como el 25 por ciento de la recaudación impositiva del país. Así que un cuarto de lo que contribuían nuestras empresas, nuestros trabajadores y nuestro pueblo tenía que dedicarse al pago de los intereses de la deuda externa. Esa carga insoportable de la deuda externa, muy lejos de haber funcionado como un resorte del desarrollo, demostró lo que realmente era: un gran negocio para los centros financieros internacionales, que cobraban. Porque cuando el país no podía pagar con recursos propios, estaba esa tiranía –como les decía recién- del interés compuesto que nos hace acordar a viejas historias, como la de El mercader

de Venecia, que tenía que pagar con una lonja de su propia carne; Shylock, efectivamente.

Entonces, para que el país pagara esos intereses, lo cual no podía hacer por un desarrollo que nunca había llegado, tenía nuevamente que recaer a los pies del sistema financiero internacional, ya sea a sus personeros mundiales, como son los organismos multilaterales de crédito o la banca privada. Y lo hacía para pedir, no ahora esos créditos bajo la falsa promesa de que iban a traer bienestar al pueblo, sino para hacer el roll over, o sea, el refinanciamiento de los intereses que no se podían pagar. Y la deuda crecía, como muestra el interés

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28.08.2013 Reunión plenaria de las comisiones de Presupuesto y Hacienda Pág. 10

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compuesto, de manera exponencial. Entonces, cuando uno lo comparaba con la tasa de crecimiento del Producto Bruto Interno o la tasa de crecimiento de los salarios en la Argentina, lo que uno encontraba era una trayectoria inversa, casi malthusiana; porque mientras los intereses crecen exponencialmente, la producción crece linealmente, cuando crece y no decae, como ocurrió en los cuarenta años de neoliberalismo en la Argentina, que eran, señores, un "engaña pichanga".

Entonces, cuando nos dicen que para salir de esta hay que ir al pie de nuevo y endeudarse, “no sean tontos, endéudense”, como todos los argentinos conocemos muy bien esa historia de que para pagar la deuda la salida es tomar más deuda, porque total está barata hoy y seguramente estará cara mañana y no la vamos a poder pagar... Esa bola de nieve del endeudamiento que tuvimos en 2001 −la cual fuimos llevando, sin desarrollo, sin crecimiento, sin bienestar− nos cayó sobre la cabeza, la estantería se nos vino encima y caímos en el default, en la trampa del sistema financiero internacional. En ese sentido, hoy vemos que otros países, que hasta hace poco eran ejemplos de las finanzas sanas, están cayendo también. ¿Cómo? Bajo la desgracia del pueblo. ¿Cómo? Con un yugo puesto para la posibilidad de nuestras economías de crecer y desarrollarse.

Entonces, ¿qué es lo que se hizo después del default? Hacer una negociación basada en ese criterio que venimos repitiendo estos días, pero que viene de aquella época, o sea, que la única manera que este país tiene para honrar esos compromisos es si el sistema financiero internacional comprende que no vamos a pagar reendeundándonos, lo cual, digámoslo entre nosotros, no es pagar sino endeudarse más, porque el endeudamiento neto finalmente es más alto. Tenemos varios ejemplos, todos los conocemos. Digámoslo con todas las letras: se puede salir con un blindaje o un megacanje. Se puede salir de esa manera, pero conocemos las consecuencias.

Quiero recordar que en 2000, el gobierno de Fernando de la Rúa, con José Luis Machinea, negoció el llamado blindaje, que era un salvataje porque estábamos en una situación de default, no había para pagar. Era un default encubierto, porque así es como te lleva el sistema financiero internacional: te hace concurrir a Washington o a Londres y te dice “a ver, vamos a hacer un crédito stand by, una refinanciación, un 'roll overito', mientras vemos todo lo demás...", y se arma esa pelota que, en el caso del blindaje, era de la friolera suma de 39.700 millones de dólares.

El blindaje ya lo conocemos, porque algunos de los bonos que tienen los buitres son del blindaje y del megacanje− Ahí están, pidiéndole al país que les paguemos eso que se les había prometido. Pero eso era imposible; lo sabía todo el mundo. Por eso, cuando se hizo el canje en 2005 y en 2010, se les dijo a los acreedores: “Señores, ustedes cobraban esta enormidad de tasa de interés –le cobraban a la Argentina una tasa más alta que en cualquier otro lado- porque sabían que esto era incobrable”. Cuando a uno le ofrecen una tasa del 2 o una del 20, y toma la del 20, está corriendo el riesgo de que después no le paguen. "si no, señores, vayan a tomar la tasa del 2 por ciento". Esos son los bonos que había acá.

Así que esta es toda una gran construcción de que la deuda era para crecer. Pero no, la deuda era simplemente para endeudarnos más, someternos, restarnos soberanía y restarnos independencia económica. Y eso es lo que conocemos porque ese fue el resultado. Voy a recordar cómo fue ese blindaje. Participó el Fondo, los organismos financieros internacionales, el Banco Mundial, el BID, un grupo de bancos, las AFJP y el Gobierno español, que nos vinieron a brindar esos 39.700 millones de dólares. ¿A cambio de qué? Les

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quiero decir lo que pedían para que consiguiéramos el blindaje, porque hay que conocer cuál es la otra salida: ir de nuevo a pedir deuda, sometiéndonos a los condicionamientos, que los voy a mencionar porque hoy estamos hablando de otras cosas en la Argentina. Para algunos es historia antigua, pero el pasado se nos presenta de nuevo bajo la forma de los fondos buitres reclamando esos bonos de los 90 y de 2000, que eran impagables, a precio pleno. Y algunas expresiones del sistema financiero internacional, como los lobbistas y algunas cortes que dicen “Señores, paguen todo porque ustedes firmaron el papelito y ahora el pasado está y tienen que pagar”. ¿Cuáles eran las condiciones? Las voy a mencionar: llevar a cabo una reforma previsional para eliminar la prestación básica universal. Estamos hablando de una reforma previsional en la Argentina. Recuerden otra: elevar la edad jubilatoria de las mujeres. Pedían eso, y se firmó. Ese era el compromiso de la Argentina, y nos salía 39.000 millones de dólares. ¿Cómo no vamos a decir que era contra el hambre del pueblo? Subir la edad jubilatoria de las mujeres; racionalizar la administración pública; reducir el gasto público para garantizar el equilibrio fiscal −déficit cero, ¿se acuerdan de eso?-, equilibrio fiscal que nunca se alcanzaba, por otro lado; reestructuración de la ANSES y del PAMI; desregulación de las obras sociales; lograr la firma por parte de las provincias del compromiso federal para el crecimiento y la disciplina fiscal, que congelaría el gasto primario público de la administración nacional y provincial.

Eso era lo que estaba del otro lado de ese inocente cheque de 39.700 millones de dólares. En ese momento, el gobierno no hizo otra cosa que recibir el cheque, firmar esas demandas y empezar a implementarlas. Pero sabemos cómo terminó esto. ¿Cuál era la otra salida? Porque después vino el megacanje. Eso, poco después, hizo crisis. ¿Se acuerdan del nombre David Mulford? Era el banquero que vino junto con el Credit Suisse-First Boston a hablar con el aquel entonces ministro Cavallo para hacernos una propuesta sabrosísima para salir de la dificultad, que era la misma: no podíamos pagar los intereses de esa pelota que se había formado.

Estábamos haciendo los sacrificios fiscales, pero no alcanzaba; había que hacer más. Entonces, entramos en canjear cuarenta y seis tipos de bonos por cinco bonos con vencimiento al 31, convalidando las tasas de interés de default que prácticamente tenía la Argentina. O sea, una tasa de interés tremendamente elevada, lo cual era pan para hoy –si es que hubo pan- y hambre para mañana. Y el hambre llegó pronto, porque esto no se pudo pagar. Todo esto –lo del blindaje, lo del megacanje, más lo que venía de los 90-, que son los títulos que entraron en default en 2001, no se podía pagar. Siguieron funcionando nada más los créditos vinculados a los organismos internacionales, BID, BIRF, etcétera, que son créditos con finalidad específica. Pero estos créditos que eran deuda para pagar más deuda cayeron todos. Ni hablar de los abultados costos de todas estas operaciones. En ese caso, el Francés, el Santander Central Hispano, el Galicia, el Citi Group, el HSBC, el JP Morgan y el Credit Suisse-First Boston se embolsaron 150 millones de dólares en comisiones por el megacanje.

Pero que hablen los que tienen estas propuestas; que hablen y que lo digan.

Que hablen y que lo digan. Porque muchos son los que en aquel entonces estaban involucrados en estas operaciones.

Si hay otras salidas, las podemos observar con otras economías que están transitando situaciones muy comprometidas. Recién el ministro Lorenzino hacía referencia a Grecia, que después de dos auxilios, necesita de un tercer auxilio. ¿Qué parte de su carne tendrá que dar el

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pueblo griego para recibir el nuevo auxilio? ¿Más ajuste, más reducción en las jubilaciones, más despidos? Hay otras salidas al problema de la deuda.

¿Qué hicieron las administraciones de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández? Tomaron este problema por las astas y dijeron: “Vamos a pagar solamente aquello que estamos en condiciones de pagar una vez que logremos crecer”. Entonces, se hizo una reestructuración de deuda que implicó una quita del 65 por ciento.

¿Cuál es el problema de esta quita? Que no se hizo a través del Fondo Monetario Internacional ni mediante los mecanismos tradicionales, sino convocando a los acreedores, buscándolos y convenciéndolos de que la Argentina iba a pagar esa nueva deuda siempre y cuando estuviera a su alcance. Por eso, en diciembre de 2002, los intereses de deuda representaban un 22,4 por ciento de la recaudación nacional, y en diciembre de 2012 representaban un 7,5 por ciento.

¿Qué se pretendió con este canje? Reducir la deuda y los intereses, alargar los plazos y confeccionar un cronograma de pagos compatible con un proceso, un programa y un modelo de desarrollo con inclusión social. Esto es haber ganado. Y no es un patrimonio exclusivo del gobierno, sino que fue este Congreso el que aprobó estas operaciones y el que dio lugar a una fase de crecimiento como no hubo nunca en la historia argentina; que tendrá sus defectos, sus problemas, y tendremos debates al respecto, pero que evidentemente sacó a la deuda externa de la discusión central.

Les pido, por favor, que hagan memoria. Lo único que se discutía en el terreno de la política económica era cómo se iba a hacer para pagar el próximo vencimiento, porque no había reservas ni recursos para hacerlo. Entonces, se planteaba qué partida se iba a recortar o cómo la misión del Fondo Monetario iba a venir a mirarnos las cuentas para ver dónde se podían ajustar las clavijas para que el gobierno pagara los intereses. Era la única discusión. No había mucho más para discutir, porque estaba ese enorme torbellino de títulos emitidos durante todo ese tiempo, a tasas impagables y por plazos cortos.

Eso es lo que cambió en la Argentina. Y es un cambio estructural. Hoy la Argentina dejó de ser una economía sobreendeudada. Por eso, estamos ante un peligro de que vuelva el pasado, porque nos reclaman –como explicaba perfectamente claro el ministro– que les paguemos a los fondos buitres para abrir la puerta a que todos los que arreglaron voluntariamente con nosotros las quitas y los canjes tengan una excusa para venir a reclamar de nuevo esos papeles, que hoy para nosotros son cartón pintado –lo dijo este Parlamento, que esos títulos no valían más para la Argentina–, pero que les dábamos la salida de canjearlos por unos nuevos, que hemos pagado hasta el último centavo de dólar durante estos años, con todo el sacrificio que eso implica, pero en la medida tal que ha dado grado de libertad sin precedentes en la historia de los últimos cincuenta años para hacer políticas públicas, para poner la Asignación Universal por Hijo, para llevar adelante planes de infraestructura, entre otras medidas.

En este Parlamento hemos estado discutiendo a qué se dirige el presupuesto, que todos ustedes saben que es elevado, porque la recaudación es muy grande y cada mes es récord. Hoy podemos discutir esto porque sabemos que el presupuesto ya no es más un instrumento exclusivo para pagar los sueldos y las jubilaciones, si se puede. Porque hubo gobiernos que tuvieron que recurrir a la reducción de los sueldos y de las jubilaciones para pagar los intereses de deuda. Entonces, señores, hablemos de la realidad y de esos que nos están reclamando que les paguemos todo lo del megacanje y lo del blindaje a estos fondos buitres,

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que los compraron a precio vil cuando ya estaba en default, en 2008, para venir a reclamarnos esto, y cuando lo pague, la legislación local, la ley cerrojo, obliga a que no se les pueda pagar menos que a nadie a quienes entraron en el canje; entonces, como los fondos buitres reciben más, los demás tienen derecho a reclamar más.

¿Qué decisión tomó la presidenta, que la comunicó el otro día y que somete a consideración del Parlamento? Que aquellos que no entraron en los canjes, entren en razón; que sepan que les vamos a pagar lo mismo que a los otros, ni más ni menos. Escuchaba que alguno dijo que hay que pagarles menos. La propuesta nuestra es generosa y equitativa, porque dice: “Señores, ustedes pueden entrar de nuevo al canje en las mismas condiciones de 2005 y de 2010”. Eso es lo que para nosotros interpreta lo que hizo este Parlamento: un estricto criterio de justicia. Si esos llamados fondos buitres quieren venir y canjear sus títulos por los del canje, pueden hacerlo y cobrar como todos los demás, pero no como buitres, sino como holdouts, y la distinción no es menor, holdout es aquel que no entró al canje; otra cosa es el que compró el título para batallar en tribunales a fin de obligarnos a dar vuelta la política que resultó la salida de la fase de sobreendeudamiento argentino, algo que no estamos dispuestos a hacer.

En segundo lugar, a los demás les decimos que la Argentina va a pagar. Les pedimos a los tribunales de los Estados Unidos que nos dejen seguir pagando los bonos reestructurados, los bonos del canje. Pero si nos obliga, como pareciera querer el doctor Griesa, a que la plata que entra para los demás bonistas tenga que ir primero a los buitres con esos 1.300 o 1.400 millones de dólares, no les podremos pagar a los demás para pagarles a estos. Entonces, nos vuelcan a un default porque nos vuelcan al no pago.

En consecuencia, si esta será la decisión de los tribunales de Nueva York, la presidenta de la Nación dijo: “Haremos lo que tenemos que hacer para pagar de todas maneras”. No es rebeldía, como decía el ministro recién, sino sentido común: déjennos pagar los bonos de la reestructuración que sancionó este Congreso. Déjennos hacerlo en la jurisdicción prevista. Y si algún tribunal nos impide hacerlo, porque nos obliga a usar esa plata para otra cosa que no tiene que ver con la filosofía ni con la posibilidades de pago del país, dada esta circunstancia, idearemos otra solución y pagaremos donde lo podamos pagar.

Esto es todo lo que está en juego, ni más ni menos: el pasado, que hoy se nos presenta no como un fantasma que recorre la Argentina, sino como la encarnación de bonos de aquella deuda impagable que hoy se quieren cobrar al valor nominal, ignorando estos diez años de historia, las penurias que pasó el pueblo argentino habiendo caído en ese default, que fue un

default de la deuda, pero que fue –esto es lo más doloroso– un default social para nuestro

pueblo, porque el 25 por ciento de desempleo y el 50 por ciento de pobreza son el resultado de un modelo de sobreendeudamiento que hoy ya no nos vienen a proponer, sino que nos quieren imponer de nuevo, diciéndonos que tenemos que pagarles a todos los que en aquel momento habían estipulado durante los 90 y las postrimerías de ese modelo.

Eso es algo que la presidenta de la Nación claramente ha dicho que no está dispuesta a hacer y hoy está sometiendo al Congreso la decisión, que es la salida a esta encrucijada en la que nos está poniendo el circuito financiero internacional. Muchas gracias.

Sr. Presidente. – Habiendo expuesto el ministro de Economía y el secretario de Política Económica, tiene la palabra el señor senador Sanz.

Sr. Sanz. – Gracias, presidente. Solamente haré una suerte de adelantamiento de la posición de nuestro bloque. Obviamente, la propia presidenta de la Comisión de Economía y los

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Dirección General de Taquígrafos senadores del bloque harán algunas preguntas.

En primer lugar, la ratificación de que este debate está inmerso en una política de Estado. Nosotros compartimos que esto es una política de Estado en la cual nos encuentra a todos despojados de nuestras visiones subjetivas o condiciones partidarias. Esto es algo que quiero ratificar, porque lo podemos convalidar con nuestra propia conducta. Quienes llevamos algunos años aquí más que otros legisladores podemos mencionar que esta política de Estado fue puesta de manifiesto en la actitud que tuvo este Senado en febrero de 2005, cuando algunos de los que estamos aquí sentados fuimos convocados a primera hora de la mañana por el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, para pedirnos a los senadores y diputados de distintos bloques un esfuerzo institucional que no tenía precedentes en la Argentina, de sacar en veinticuatro horas una ley de ambas Cámaras, que fue la denominada ley cerrojo. Tanto es así que fue política de Estado que el pedido se cumplió. Hoy mirado a la distancia es un hecho que uno tiene la obligación de rescatar.

También se ratificó la conducta nuestra como política de Estado en el año 2010 cuando tuvimos que debatir la reapertura del canje. Ahora bien, ni a nosotros como opositores nos alcanza con mencionar estas cuestiones. En todo caso, la historia ha reflejado nuestras conductas para que la gente, la sociedad y nuestros representados las puedan valorar; ni tampoco creo que porque esto sea una política de Estado y el debate sea muy profundo y rico, inclusive, un debate que uno puede transportar a muchos años en la historia, no podamos o no debamos circunscribir esto a una realidad concreta y palpable que tiene que ver con que este tema, que es una política de Estado se ha convertido por obra y gracia de la circunstancias en una dificultad que hay que acometer, sentarse y resolverlo.

Por eso, bienvenidas todas las apelaciones que se hagan respecto a los orígenes de la deuda, que si uno quiere en este país los tiene que llevar hasta 1820 con la Baring Brothers. Bienvenidas todas las apelaciones a cuestiones de posicionamientos e ideologías, porque esto enriquece el debate político, pero como decía Ortega y Gasset: “Argentinos a las cosas”. Hoy estamos ante un problema puntual y lo que queremos es debatirlo, porque se nos está exigiendo una respuesta como senadores frente a un problema puntual y con una herramienta puntual, que es el proyecto de ley que tenemos aquí.

Digo esto porque uno se ha venido acostumbrando también en los últimos tiempos a que cada exposición de los funcionarios del Poder Ejecutivo, sea desde el jefe de Gabinete hasta los representantes de los ministerios, involucra en sus análisis históricos todo el período de los diez años y con cierta inteligencia, hay que reconocerlo, tratan de disimular los errores del presente con los aciertos del pasado. Y lo que quiero es que hablemos de algunas cuestiones del presente.

La eficiencia o los buenos resultados de 2005, y aun los de 2010 con algunas reservas y discusiones que podamos tener, no libera a los funcionarios que hoy están sentados frente a nosotros, ni al gobierno nacional, de tener que explicar qué pasó en los últimos dos años, sobretodo en el trámite de primera y segunda instancia en los tribunales de Nueva York. Lo cierto es que hoy acá tenemos que decidir por una herramienta que al gobierno, al Estado y a todos nosotros puede servirnos o no –el tiempo lo dirá– en una tercera instancia ante la Corte de los Estados Unidos, pero resulta que antes de eso ha habido una primera y una segunda instancia que hemos perdido. Hay dos instancias judiciales con un resultado negativo para la Argentina. Esto amerita que cuando se está pidiendo una herramienta para acometer la tercera instancia, diríamos la bala de plata que tiene nuestro país para poder revertir esa situación en

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estos tribunales, nosotros tenemos todo el derecho del mundo a que se nos explique qué pasó con la primera que perdimos y con la segunda instancia que también perdimos. Y la verdad es que pocas explicaciones hemos escuchado hoy respecto a esta situación.

Nosotros tenemos derecho a saber cómo fue la gestión jurídica de estas dos instancias. Nadie en la Argentina o muy pocos sabemos –nosotros nos anotamos dentro del rubro de los muy poco o nada saben– cómo ha sido la estrategia jurídica de la Argentina en esta instancia. Sabemos que hay un estudio jurídico contratado de los Estados Unidos. Obviamente, está el servicio jurídico nacional del Ministerio de Economía y de la Presidencia de la Nación, pero este Congreso nunca ha tenido ningún tipo de explicación.

Quiero aclarar que en materia de deuda externa este Congreso es el mandante y el Poder Ejecutivo el mandatario para el arreglo de la deuda externa. Nosotros nunca tuvimos ninguna explicación respecto a cuál ha sido la gestión jurídica. Y a esta altura tenemos derecho a saber cuál fue la gestión jurídica en primera instancia con Griesa y cuál fue la gestión jurídica en la segunda instancia. Nos enteramos por los diarios que hay un funcionario que hace poco tiempo presentó un escrito en donde supuestamente nosotros tenemos la obligación de acatar los fallos, y no sabemos cuál es la amplitud de esto. Parecería una cosa hasta obvia que uno presente un escrito para acatar un fallo, pero quisiéramos saber porque hemos leído en estos días que habría un escrito así que supuestamente se daría de patadas con la decisión del cambio de jurisdicción. No lo sabemos, así que estoy hablando en potencial. Nos gustaría que alguien nos explicara esto.

¿Cuántos otros escritos hay presentados? ¿Cuántas apelaciones que debieron haberse formulado no se apelaron? Es decir, cuántos consentimientos de resoluciones en la primera y la segunda instancia hubo. Y estoy hablando del terreno jurídico en el cual nos cuesta opinar porque no tenemos suficiente información, pero hemos llegado a esta instancia no solamente por gestión jurídica, sino que hemos llegado a esta instancia con dos derrotas en primera y en segunda instancia, también por una gestión política. Y ahí sí tenemos todo el derecho del mundo para opinar, porque la gestión política no nos la va a venir a interpretar ni a informar ningún estudio jurídico. Nosotros tenemos la posibilidad de visualizar cuál ha sido la gestión política en estos últimos tiempos respecto a esta instancia del tratamiento de ese siete por ciento de los holdouts.

Nosotros tenemos la convicción de que ha habido una mala gestión política y los responsabilizamos a ustedes, a los funcionarios del Ministerio de Economía y a los representantes del Poder Ejecutivo que han tenido a su cargo la gestión política de estos últimos tiempos respecto a la reestructuración de la deuda externa. Porque los malos resultados se podrían haber evitado y han sido parte del debate de los últimos tiempos. Por lo menos, tenemos el derecho y la autoridad de decirles que esto que vienen a pedir hoy nosotros estábamos en condiciones de haberlo otorgado hace dos años. También tenemos el derecho a decir que, quizá, hace dos años esto hubiera sido una señal para la justicia de los Estados Unidos que podría haber revertido esos fallos. Ustedes dirán: y…, probablemente, y nosotros también decimos: probablemente. ¿Cuál de las dos partes tiene razón? Sin embargo, tenemos la convicción de que aquí no se utilizaron todas las herramientas al servicio de la mejor estrategia política. Insisto, con respecto a la jurídica es un debate para el cual no tenemos toda la información.

La estrategia política del gobierno y de ustedes, por eso los responsabilizamos del fracaso de estas dos instancias, fue haber asimilado a los fondos y los calificativos –que

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nosotros compartimos de los fondos– con la propia justicia. ¡¿Cómo se puede ganar un pleito si se le dice a la justicia que tiene que fallar a favor de la Argentina, las cosas que ustedes le han dicho a la justicia americana, asimilándola a los fondos buitres?! ¡¿Cómo se puede ganar un pleito en el cual está en juego la vocación de pago que ahora ustedes manifiestan con este pedido, si durante dos años se pasaron la vida diciendo que a los fondos buitres no le iban a pagar un centavo, que jamás iban a cobrar un centavo?! Hay cataratas de declaraciones de ustedes como funcionarios. Y ahora livianamente vienen acá a pedir esta herramienta para demostrar vocación de pago. Una cosa es demostrar la vocación de pago con una ley, que probablemente este Congreso al final del camino les dé ese instrumento, porque sigue siendo, más allá de todas nuestras diferencias, una política de Estado. Veremos con qué alcance, dado que este es motivo de un debate interno dentro del Congreso.

Más allá de que se les dé esta herramienta, ¿quién borra la soberbia de estos dos años? ¿Quién borra ese pararse frente a la tribuna para decir: “No vamos a pagar un peso.”, “Los fondos buitres y la justicia norteamericana forman parte de una conspiración…”? No es un debate en ese sentido el que nosotros deberíamos haber planteado. En todo caso, los acompañamos en el calificativo respecto de los fondos. ¿Cómo no vamos a acompañarlos? Especuladores que compran títulos al 10 por ciento para después pretender, al final del juicio, cobrar al ciento por ciento. Eso está claro. Pero eso no es lo que está en discusión aquí. Entonces, otra vez se vuelve a cambiar el eje del debate. Nuevamente ustedes vienen a pretender convencernos de cosas de las que ya estamos convencidos. Es por eso que votamos de la manera que lo hicimos en los años 2005 y 2010. Pero acá está sobre la mesa el problema, que no es ése. El problema es cómo revertimos en una tercera instancia –algo muy difícil– los errores de estos últimos dos años.

Les pasa lo mismo a ustedes con este tema que con la política interna, la política doméstica: por seguir buscando culpables afuera, por seguir armando conspiraciones afuera y seguir inventando excusas afuera se les está degradando la política de adentro, que es la que tienen la responsabilidad de manejar. Esto no lo dice un senador de la oposición porque se le ocurre, tres de cada cuatro argentinos hace quince días votaron en contra del gobierno. En cualquier país del mundo, sobre todo en el área económica, debería haberse hecho un análisis y una reflexión mucho más profunda que seguir actuando con la soberbia que ustedes están actuando hoy y siempre, de querer ocultar los verdaderos problemas y de pretender convencernos de que detrás de todo esto hay una cuestión ideológica. Hay una cuestión práctica. Para ganar un juicio lo primero que hay que hacer es mandar señales claras a quien tiene que fallar en el juicio. Se podrá decir lo que se quiera de la contraparte, pero al juez, al tribunal, hay que darle señales claras sobre cuál es nuestra vocación de pago y nuestra situación. Ustedes no lo hicieron, perdieron esa oportunidad en estos dos años.

Tenemos muchas preguntas. Pero quiero hacer un paréntesis. Nosotros hablamos así acá y en estos términos, con pasión y vehemencia porque preferimos toda la vida decirnos las cosas cara a cara y no usar la hipocresía, como nos enteramos ahora respecto de otro funcionario de la misma generación de ustedes, que vienen acá a poner carita linda y a hacerse los respetuosos, pero cuando se van de aquí y se suben en una tribuna –¡cobardes!, ¡cobardes e hipócritas!– no son capaces de decir las cosas de frente y las dicen en una tribuna donde no se pueden defender. Nosotros decimos las cosas acá, como hemos escuchado recién que las dicen ustedes. Ese es el temperamento que queremos seguir. Nos gusta este frente a frente y no los videos en los que nos enteramos después de las cosas que se dicen en otras

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Dirección General de Taquígrafos circunstancias.

Por eso, presidente y miembros del Ministerio de Economía, nuestro bloque fue muy importante en el 2005, porque no era un momento en el que el oficialismo tenía mayoría; es más, ni siquiera tenía mayoría dentro del propio bloque oficialista, pero así y todo hubo unanimidad. Nuestro bloque fue importante en ese momento, como habrá sido importante después en el año 2010. Queremos seguir siendo importantes y no vamos a mezclar los tantos. Pero esta es una oportunidad para que de arranque en este debate, más allá de que nos saquemos todas las dudas, les digamos que desde lo jurídico tenemos muchas dudas y, desde lo político, ustedes son responsables de haber hecho las cosas mal.

Sr. Presidente. – Tiene la palabra el señor senador Pichetto.

Sr. Pichetto. – Presidente: a modo de introducción y después de haber escuchado al señor senador Sanz, en primer lugar quiero rescatar como algo positivo su primera parte del mensaje, después tengo miradas distintas, divergentes y visiones que indudablemente también tienen que ver con el pasado y con las responsabilidades.

Rescato que esto es una política de Estado y que la unión Cívica Radical en las dos instancias de apertura del canje tuvo un apoyo para resolver uno de los problemas más graves que teníamos, que era el de los acreedores externos. Esto también fue acompañado por otras fuerzas políticas en ambas cámaras. O sea, me parece que esto encuadra el debate, define claramente de qué estamos hablando y cuál ha sido el esfuerzo de nuestro gobierno desde el año 2003 en adelante para desendeudar la Argentina. La política del gobierno nacional ha sido una política de fuerte desendeudamiento. Ha colocado a la Argentina en una posición muy favorable con relación al Producto Bruto Interno. Además, ha habido un esfuerzo extraordinario por no hacer el camino fácil del endeudamiento o de volver a contraer obligaciones que mañana comprometan el destino de los argentinos.

Respecto de las dudas que plantea el señor senador Sanz, cuál fue la estrategia jurídica y cuál fue la estrategia política. Creo que siempre ha habido una clara definición por parte de nuestro gobierno y de nuestra presidenta: no pagar más de los importes que había recibido el 93 por ciento que había ingresado en el canje. Había quedado excluido del canje total de la deuda solamente el 7 por ciento y siempre sostuvimos que el pago a ese 7 por ciento era lo mismo que le habíamos acordado al 93 por ciento que había ingresado en el canje. De lo contrario, habría un trato totalmente antiético, desleal y que plantearía, además, circunstancias de demandas y de nuevos compromisos para la Argentina. Ese ha sido el planteo económico. El planteo jurídico de uno de los estudios más importantes que representan a la Argentina en Nueva York y que, además, acompañó el canje de 2005 y 2010 fue siempre el mismo. Después, podemos analizar las cuestiones técnicas. La verdad es que no tengo dudas de que el estudio ha cumplimentado eficazmente la tarea. Indudablemente hemos tenido una circunstancia adversa en primera y segunda instancia producto de decisiones judiciales que de ninguna manera comparto y que, incluso, afectan el proceso de reordenamiento de muchas economías en crisis en el mundo. Yo considero que ese fallo de primera instancia y el fallo de Cámara son muy graves en función de circunstancias que están viviendo países de Europa como Grecia, Portugal y la propia España; países que tienen que reordenar sus deudas. Esto, indudablemente, implica una afectación en el marco de decisiones económicas soberanas que han tomado esos países. Considero muy grave el fallo de la Cámara Federal de Nueva York. Creo también que en este sentido no tiene nada que ver el discurso interno. Estoy entrando en este debate con la misma vehemencia con la que entró usted. Además, siempre lo hemos

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hecho de frente. Aquí siempre hemos discutido y hemos debatido los temas de frente. Y más allá de todo, tenemos que reconocer que frente a cada una de las cuestiones planteadas por el Poder Ejecutivo, el equipo económico vino, puso la cara, dio el debate y dio la discusión. Entonces, no creo que sean los discursos los que hayan modificado decisiones. Creo que esta es una cuestión que no tiene que ver con discursos, sino con intereses de sectores que indudablemente no estaban de acuerdo con recibir lo mismo que habían recibido. Repito, porque también hay muchos problemas de comunicación en la Argentina. Del ciento por ciento de los acreedores, el 93 por ciento –lo estoy diciendo para las cámaras que están registrando este debate– ingresó al canje. Quedó un sector recalcitrante de grupos financieros que, indudablemente, querían sacar mucho más; que habían comprado los bonos a lo mejor en el mercado marginal a precio muy barato, que especulan y negocian, y que lo hacen no solamente con la Argentina, sino con un montón de países que están en dificultades.

La Argentina siempre quiso arreglar este tema. Siempre tuvo voluntad de pago. No es cierto lo que dice la Cámara Federal de que la Argentina es un deudor recalcitrante. Somos pagadores permanentes. Hemos pagado permanentemente en dólares.

Hoy en el mundo no hay ningún país que pague en efectivo, como está pagando la Argentina. Todos reconvierten y emiten nuevos títulos. Estamos pagando obligaciones de manera permanente.

Por lo tanto, acá no hay que tomar los discursos. Y yo tampoco comparto los conceptos de soberbia y demás. Hemos estado en un litigio internacional sometidos a una jurisdicción para salir de un proceso económico. Indudablemente, no ha sido por negligencia, por inoperancia ni por soberbia que hemos perdido estas dos instancias. Creo que las hemos perdido porque nunca ha habido una línea directiva de comprensión del proceso mundial y de la contingencia de países emergentes en graves crisis financieras, que tienen que afrontar reordenamientos de deuda. Además, la Cámara Federal lo dice expresamente: no tienen por qué preocuparse de los supuestos default en que puedan incurrir algunos países. Ellos no están para fallar en función de esos supuestos; están para hacerse cargo de resolver el marco de las obligaciones litigiosas. Lo dice la propia Cámara. No tiene nada que ver con el discurso. Porque el discurso de la presidenta tiene una línea, que ha sido siempre la defensa del interés nacional y de la soberanía nacional. En todos los acontecimientos ha mantenido esa línea; por ejemplo, en el tema de la fragata, que fue totalmente mal embargada, afectando derechos internacionales del mar. En todos los supuestos la presidenta ha tenido una postura clara; no de no pago, sino de pagar lo mismo que habíamos pagado antes, para no producir una fractura y una distorsión con todos los acreedores.

Si hablamos de discurso, tampoco es una chicana, pero muchas veces, en épocas anteriores, tenían buenas noticias para anunciar y anunciaban megacanjes que comprometían a la Argentina en millones y millones de dólares. Y eran presentados como buenas noticias. Entonces, pongamos este tema dentro del tema de los intereses, que este es el debate.

En este sentido, yo quiero reivindicar la política llevada adelante por el gobierno. Yo recuerdo también que fue la tozudez y la voluntad de ese presidente que ya no está y a quien añoramos mucho, porque era un hombre comprometido fuertemente con los intereses argentinos, como fue Néstor Kirchner, las que posibilitaron el primer canje de deuda, el primer reordenamiento de deuda. Ustedes habrán leído y habrán escuchado cómo los comentaristas económicos y muchos economistas que hoy adhieren a posiciones económicas de los sectores opositores, que van a los programas de televisión siempre a predicar el infierno, a ver si vienen las

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