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Nutriciónenlapatologíacardiovascular

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Academic year: 2020

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Módulo 1

Generalidades de la enfermedad cardiovascular

Definición y epidemiologia

Las enfermedades cardiovasculares son aquellas que afectan al corazón y los vasos sanguíneos.

De forma simplificada, se clasifican en cuatro tipos generales: enfermedades isquémicas del corazón, enfermedades cerebrovasculares, enfermedades vasculares periféricas y otras enfermedades. Las dos primeras son las de mayor magnitud, siendo responsables del 60% de la mortalidad cardiovascular total. Suelen manifestarse como fenómeno agudos. Se deben principalmente a la obstrucción de los vasos, que impide que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro y en muchos casos termina produciendo la muerte.

Las enfermedades vasculares periféricas afectan a las arterias o a las venas que irrigan las piernas y los brazos. Provocan dificultades para la circulación de la sangre y comportan estrechamiento de los vasos, hinchazón y dolor, pudiendo causar isquemia.

Finalmente, existen las cardiopatías congénitas, presentes desde el nacimiento y debidas a una anomalía en el desarrollo y maduración fetal, y la cardiopatía reumática, más frecuente en países subdesarrollados y debida a una infección bacteriana.

Según datos de la Federación Mundial del Corazón, las enfermedades cardiovasculares y los infartos causan 17,5 millones de muertes al año, tantas como el resultado de sumar las provocadas por el SIDA, la tuberculosis, la malaria, la diabetes, el cáncer y las patologías respiratorias crónicas.

En Europa, las enfermedades cardiovasculares producen 4,3 millones de fallecimientos. Aproximadamente 2 millones de esas muertes se producen en los países de la Unión Europea.

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enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en la Unión Europea.

España forma parte, junto con Francia, Suiza e Italia, del grupo de naciones con menor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular, aunque eso no implica que estemos exentos de peligro.

En el 2004, último año del que se dispone de datos publicados, las enfermedades cardiovasculares causaron en España 123.867 muertes, lo que supone el 33% de todas las defunciones (29% en varones y 38% en mujeres).

Las dos principales enfermedades del aparato circulatorio son la cardiopatía isquémica (infarto aguda de miocardio, angina de pecho,..) y la enfermedad cerobrovascular que, en conjunto, causan el 60% de todas las muertes de causa vascular.

Las tasas de mortalidad por enfermedades del aparato circulatorio están disminuyendo en España desde 1975, debido fundamentalmente, al descenso de la mortalidad cerebrovascular.

No obstante, las tasas de morbilidad hospitalaria de las enfermedades del aparato circulatorio en los últimos años han ido aumentando, tanto en varones como en mujeres.

Los últimos datos reflejan la dispersión y variedad del riesgo cardiovascular en España. Comunidades como Extremadura y Andalucía se sitúan a la cabeza en cuanto a riesgo cardiovascular, mientras que la Comunidad Valenciana, Baleares y Canarias se acercan poco a poco a cifras de alto peligro.

Los hombres son el grupo de población más afectado en España: los de regiones como Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura, Baleares y Canarias presentan cifras de fallecimientos equivalentes a las naciones europeas consideradas de mayor riesgo, algo que se repite en zonas del norte de la península, como Asturias y el País Vasco.

Tres de cada diez muertes que se producen en la población femenina española están directamente relacionadas con la salud cardiovascular.

Factores de riesgo

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realizados en la última década indica que un 23% de la población española presentaba niveles de colesterol total superiores a 250 mg/dl. En el 2003, eran fumadores el 33%, un 34% padecían hipertensión arterial, un 20% eran obesos y la diabetes afectaba a un 10% de la población. Estas cifras muestran que los factores de riesgo cardiovascular en la población española son extremadamente frecuentes.

Aunque no los trataremos detalladamente en este curso, existen otros factores muy relacionados también con la enfermedad cardiovascular:

- Tabaquismo

El tabaco tiene un impacto negativo directo sobre la salud cardiovascular. Entre muchos otros efectos, el tabaco activa el sistema de coagulación de la sangre, de manera que aumenta el riesgo de formación de coágulos y, por lo tanto, el riesgo de embolia e infarto.

- Sedentarismo

La Asociación Americana del Corazón ha determinado que el sedentarismo incrementa el riesgo de padecer enfermedades coronarias y que contribuye al desarrollo de la obesidad, hipertensión arterial y alteraciones del colesterol.

- Estrés

Existen dos tipos de estrés: el estrés agudo y el crónico.

El estrés agudo es el que se produce en un ataque de ira, por ejemplo. Son episodios breves que duran unos segundos, dónde se disparan los niveles de adrenalina y cortisol en la sangre. En personas con el corazón y las arterias deterioradas, estos episodios pueden resultar fatales.

El estrés crónico o persistente es el que tiene más impacto sobre la salud. No está claro si esta forma de estrés puede desencadenar directamente un accidente cardiovascular, pero sí está demostrado que lleva a las personas a comer más y peor, a fumar más, a tomar más alcohol y a cuidarse menos. La suma de estas consecuencias tiene un impacto fatal sobre la salud cardiovascular.

Finalmente, cabe recordar que existen factores de riesgo cardiovascular no modificables, aunque éstos son responsables de únicamente el 20% de los casos de cardiopatía coronaria y enfermedad cerebrovascular. Estos factores son:

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El sexo: los varones tienen un mayor riesgo. • Factores genéticos o hereditarios

En los siguientes módulos trataremos cada uno de los factores de riesgo modificables, donde la dieta tiene un papel imprescindible, tanto para su prevención como para su tratamiento.

Alimentación cardiovascular y principios immediatos

La alimentación tiene un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo.

La dieta no sólo produce un efecto a nivel de los lípidos sanguíneos, sino que también puede actuar a través de otros mecanismos, como la modificación en la coagulación de la sangre, la agregación plaquetaria, la oxidación de las lipoproteínas, los niveles de fibrinógeno, la actividad inflamatoria y los niveles de proteína C reactiva, la resistencia a la insulina o el desarrollo de arritmias.

La distribución de los principios inmediatos en la prevención de las enfermedades cardiovasculares es la siguiente:

PRINCIPIO INMEDIATO PORCENTAGE DEL VET* Hidratos de carbono 50-55%

Grasas 30-35%

- saturadas <10%

- monoinsaturadas 15-20% - poliinsaturadas <7%

- trans 1-2%

Proteínas 15%

*VET: Valor Energético Total

- Hidratos de carbono

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En cuanto a los hidratos de carbono sencillos o de rápida absorción, presentes en el azúcar, la miel, la mermelada y las golosinas, es recomendable que su aporte no sobrepase el 10% de la ingesta calórica total.

Varios estudios, como el Nurse’s Health Study, han demostrado que las dietas con índice glucémico alto incrementan el riesgo cardiovascular. Esto se explica por la existencia de un relación inversa entre el índice glucémico y la concentración plasmástica de colesterol HDL, y positiva entre el índice glucémico y los triglicéridos plasmáticos, mayor en individuos con sobrepeso.

No obstante, es aún prematuro para recomendar a la población la eliminación en su dieta de los alimentos con alto índice glucémico.

Una dieta con un exceso de hidratos de carbono, especialmente de absorción rápida, puede incrementar las concentraciones séricas de triglicéridos y aumentar las necesidades de insulina, empeorando el síndrome metabólico.

- Lípidos

Los lípidos tienen un papel fundamental en la salud cardiovascular. Deben ser aportados en un 30-35 % de la ingesta calórica total.

Es de mayor importancia el tipo de ácidos grasos que la cantidad.

Los ácidos grasos se clasifican, según el número de dobles enlaces, en:

- Ácidos grasos saturados

No contienen ningún doble enlace en su estructura química. Son sólidos a temperatura ambiente. Los encontramos principalmente en alimentos de origen animal como la carne (especialmente la carne roja), los embutidos, los huevos, los lácteos enteros y derivados, y en algunos alimentos de origen vegetal, como la palma, el coco y sus aceites.

Los ácidos grasos saturados aumentan el colesterol sérico total y el colesterol– LDL, por ello no deben superar el 10% de la ingesta calórica total.

- Ácidos grasos monoinsaturados

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Los ácidos grasos monoinsaturados, que presentan un doble enlace en su estructura química, reducen el colesterol-LDL e incrementan el colesterol-HDL. Además, presentan una mayor resistencia a la oxidación de las LDL, efectos beneficiosos sobre la presión arterial, la inflamación…

Se recomienda hasta un 20% del VET en forma de ácidos grasos monoinsaturados.

- Ácidos grasos poliinsaturados

Los ácidos grasos poliinsaturados se caracterizan por presentar dos o más dobles enlaces. Entre sus efectos destacan la reducción del colesterol total y los niveles de triglicéridos en sangre, una ligera disminución de la presión arterial y una mejora de la elasticidad arterial.

Su contenido adecuado en la dieta es de un 7% del VET como máximo.

En este grupo se encuentran los ácidos grasos poliinsaturados n-6 (omega 6 o linoleico) y los ácidos grasos poliinsaturados n-3 (omega 3 o linolénico), ácidos grasos esenciales, es decir, nuestro organismo no puede sintetizarlos y por lo tanto hay que ingerirlos a través de la dieta. De los ácidos grasos esenciales derivan otros, que son: araquidónico, gammalinolénico, eicosapentanoico y docosahexanoico.

Las principales fuentes de ácidos grasos poliinsaturados n-6 son los aceites de semillas (de girasol, de maíz...), los frutos secos...

Los ácidos grasos poliinsaturados n-3, con efectos antitrombóticos y antiinflamatorios, los encontramos principalmente en el pescado azul y, en menor cantidad, los encontramos en el aceite de linaza, el aceite de soja y algunos frutos secos, especialmente las nueces. Diversos estudios han demostrado que los esquimales de Groenlandlia, que tienen una ingesta muy rica en ácidos grasos omega 3 procedentes de su elevado consumo de pescado y mamíferos marinos, presentan una mortalidad por cardiopatía isquémica muy baja.

Actualmente se recomienda que la relación existente entre los ácidos grasos poliinsaturados n-3 y los ácidos grasos poliinsaturados n-6 en la dieta sea aproximadamente 1:3 a 5.

- Ácidos grasos trans

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El proceso de hidrogenación consiste en la adición de hidrógeno a los ácidos insaturados para aumentar su saturación y permitir así la obtención de una grasa más sólida, un producto más estable y una textura más adecuada para este tipo de producto.

Los ácidos grasos trans también se encuentran en los alimentos procedentes de los rumiantes, debido a la hidrogenación de los ácidos grasos que realizan las bacterias de la panza de estos animales.

El consumo de ácidos grasos trans provoca cambios en el perfil lipídico que contribuyen al desarrollo de las enfermedades cardiovasculares, siendo su efecto similar al de los ácidos grasos saturados. Además, algunos estudios demuestran una reducción de las concentraciones de colesterol-HDL. Además, disminuyen los ácidos grasos esenciales. Estos efectos contribuyen al aumento de riesgo de infarto de miocardio y cardiopatía isquémica.

En nuestro país, las recomendaciones en la actualidad no se han referido a las grasas trans. Sin embargo, según las recientes guías norteamericanas, es recomendable no superar el 1-2% del total de la energía ingerida en forma de grasas trans.

En la siguiente tabla, hemos resumido las fuentes alimentarias principales de cada uno de los ácidos grasos.

Tipo de ácido graso Fuentes alimentarias principales

Ácidos grasos saturados Grasa animal (carne, lácteos, huevo), aceite de coco y de palma

Ácidos grasos monoinsaturados Aceite de oliva, frutos secos

Ácidos grasos poliinsaturados n-6 Aceites vegetales, frutos secos

Ácidos grasos poliinsaturados n-3 Aceites vegetales, pescado azul

Ácidos grasos trans

Galletas, bollería, frituras industriales…

Proteínas

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Las proteínas de origen animal son las de mayor valor biológico, es decir, que aportan todos los aminoácidos esenciales (que nuestro cuerpo no puede sintetizar). No obstante, si combinamos adecuadamente las proteínas vegetales (mezclando legumbres con cereales, por ejemplo), obtenemos igualmente una buena calidad proteica.

En cuanto al riesgo cardiovascular, diversos estudios epidemiológicos han sugerido una correlación entre el consumo de proteínas de origen animal y la mortalidad por cardiopatía isquémica. Esto se explica por el elevado aporte tanto de grasa saturada como de colesterol, especialmente en la carne roja.

Las proteínas de origen vegetal parecen estar ligadas a un menor riesgo cardiovascular. De hecho, varios estudios han comprobado que las personas que siguen una dieta vegetariana presentan cifras inferiores en cuanto a la mortalidad por causas cardiovasculares respecto a los no vegetarianos.

De forma general, las bases de una alimentación saludable desde el punto de vista cardiovascular son:

• Aportar la energía suficiente y justa para que el sujeto mantenga su peso ideal (IMC=19-25 kg/m2).

• Reducir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas, trans y colesterol y sustituirlos por alimentos ricos en ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados.

• Incrementar la ingesta de alimentos ricos en hidratos de carbono complejos y fibra alimentaria y disminución de los hidratos de carbono simples y refinados.

• Aumentar el consumo de cereales integrales, legumbres, frutas y hortalizas. • Priorizar el consumo de pescado de pescado blanco y azul frente al de la

carne.

• Limitar los alimentos precocinados, ricos en sal y la adición de sal en las comidas.

• Utilizar técnicas culinarias sencillas y variadas.

• Utilizar el aceite de oliva cómo principal grasa culinaria y de adición.

• Reducir el consumo de carne roja, lácteos enteros, azúcares simples y productos que los contengan.

• Limitar al máximo el consumo de bollería y repostería industrial. • Elegir el agua como bebida habitual.

Este patrón de alimentación coincide en su gran mayoría con el patrón de una dieta mediterránea, muy beneficiosa para la enfermedad coronaria.

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colaboradores, en el que investigaron los hábitos dietéticos de Japón, Estados Unidos, Finlandia, Holanda, Yugoslavia, Italia y Grecia. Los resultados del estudio mostraron una clara relación entre las características de la dieta y la salud de la población. La incidencia de las enfermedades coronarias era significativamente menor en los países mediterráneos. Concretamente Grecia, especialmente Creta, y el sur de Italia, tenían la menor tasa de mortalidad por enfermedad cardiovascular y la mayor expectativa de vida en comparación con Finlandia, que estaba en el otro extremo, y Estados Unidos, que estaba en una posición intermedia.

A partir de aquí, se produjo una proliferación de múltiples investigaciones relacionando dieta mediterránea y salud.

Desafortunadamente, cada vez son menos las personas que siguen esta dieta mediterránea. La alimentación actual, a diferencia de la dieta mediterránea, se caracteriza por:

• Un consumo bajo de frutas y verduras. • Un menor consumo de legumbres • Un consumo de cereales refinados • Un consumo casi diario de carne

• Una elevada ingesta de grasas saturadas

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Tal y como vemos en esta pirámide de la NAOS (Nutrición, Actividad Física, Obesidad y Salud), un aspecto a no olvidar es la actividad física.

Referencias

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