2DA PARTE
pag. 1
INTRODUCCIÓN
pag. 2
El Zodíaco después de Virgo: la dinámica de la reabsorción pag. 2
Cualidades zodiacales vs. respuestas psíquicas pag. 5
La Psiquis y el Arquetipo del Zodíaco pag. 7
El "gran salto" pag. 9
Lo inconexo y lo constelado pag. 10
¿Instrumento del yo o experiencia transformadora? Pag. 12 El nivel fragmentario como aspecto necesario del orden global pag. 14
Psiquis y cosmos pag. 14
No existe un "yo" anterior a la "estructura natal" pag. 16 El Zodíaco: un arquetipo de "tercer orden" pag. 20
Imágenes arquetípicas y matrices vibratorias pag. 22
El arquetipo zodiacal pag. 25
El Ascendente: algunas precisiones conceptuales pag. 27
La matriz de casas IV, VIII y XII pag. 29
ASCENDENTE EN LIBRA pag. 31
Equilibrio y homeostasis pag. 31
La Balanza pag. 33
El camino del encuentro y la complementariedad pag. 33
El encuentro con la armonía y las formas estéticas pag. 35
El otro y el deseo pag. 36
La pareja y las sociedades pag. 37
Juicios e instancias legales pag. 41
Algunos ejemplos pag. 42
Nadando contra la corriente colectiva pag. 47
ASCENDENTE EN ESCORPIO pag. 49
Escorpio, el punto crítico para la conciencia pag. 51
El difícil encuentro con la intensidad pag. 53
Personas que encarnan la energía del Ascendente pag. 57
El camino de la curación pag. 60
La relación fundamental pag. 62
La matriz de las casas IV-VIII-XII pag. 65
Algunos ejemplos pag. 71
ASCENDENTE EN SAGITARIO pag. 74
El aprendizaje de la inclusión pag. 76
Idealismo: el tope psicológico de Sagitario pag. 78
La cualidad del río pag. 79
El viaje pag. 81
El maestro pag. 85
La marca del dolor: la Casa XII del Ascendente en Sagitario pag. 86
La idealización pag. 88
La Matriz IV, VIII, XII del Ascendente en Sagitario pag. 91
Algunos ejemplos pag. 95
La montaña pag. 101 Un salto de plano (hacia otra dimensión de la realidad) pag. 104
La ley y el deseo pag. 105
Un destino de responsabilidades y experiencias rigurosas pag. 107
Personas y escenas externas pag. 111
La relación fundamental pag. 115
El hechizo de "la forma absoluta" pag. 121
La matriz arquetípica de las casas IV, VIII y XII pag. 124
La perfección pag. 125
ASCENDENTE EN ACUARIO pag. 128
El desafío de lo singular pag. 128
Las dificultades de nuestra psiquis para comprender a Acuario pag. 130
El carnaval pag. 132
El portador del cántaro pag. 133
Acuario y la función del yo pag. 134
Entre cortes e imprevistos pag. 138
La presencia de los diferentes pag. 139
Desarraigado, desubicado, "sapo de otro pozo..." pag. 141
El lugar y el tiempo pag. 143
La distinción entre pertenencia y participación pag. 146
Cómo "sostener" la paradoja pag. 148
Algunos ejemplos pag. 150
ASCENDENTE EN PISCIS pag. 153
La reabsorción de lo manifestado pag. 153
Un nivel hipersensible de la realidad pag. 155
Un signo en máxima tensión con la estructura del yo pag. 156 El largo aprendizaje de una psiquis que registra demasiado pag. 157
El medio ambiente de un Ascendente en Piscis: pag. 161
confusiones y realidades inexplicables (e incomunicables) …
Polarizaciones (crítica, obsesividad, escepticismo) pag. 163 El mundo mágico, la naturaleza, la fantasía envolvente pag. 163
El aprendizaje de la distinción sutil pag. 164
Personas y situaciones pag. 165
La acción y la intuición pag. 167
Expertos en consumaciones pag. 170
El problema de la palabra pag. 172
%NTR'D8((%@N
El &od$aco des!us de /ir#o1 la din=mica de la rea6sorcin
uando en el primer !olumen de este libro analizamos la 1atriz @odiacal !imos cómo -a partir de la ase de áncer- todo sistema se di!ide a sí mismo, a in de generar una orma estable en su interior. Esta tiene como unción la de ser!ir de receptáculo para ciertos procesos, que no serían actibles si no ueran apartados del resto del sistema durante un período determinado.
7oda estructura comple+a se autolimita cíclicamente. 0ebe hacerlo para proteger ciertas
unciones incipientes, hasta tanto estas no desarrollen las cualidades que les permitan pasar a las ases posteriores de su e!olución.
El momento canceriano de todo proceso conlle!a necesariamente un recorte del campo global. Este se ragmenta para aislar una parte de sí mismo # crear una interioridad -ísica o
psíquica- en la que pueda crecer una dierencia que, de otra manera, sería destruida. /legará el momento en que esta habrá generado la potencia suiciente (/eo) como para enrentar las demás ases de la secuencia.
Esta dinámica, análoga a la que cumple la unción lunar en la estructura de planetas, implica una escisión interna: el surgimiento de un subsistema aislado del conjunto. En toda
situación en la que se maniiesta el arquetipo del ciclo zodiacal , la totalidad debe di!idirse a sí misma en un momento determinado, dando lugar a la existencia de un interior y un exterior, un
?adentro? # un ?auera?. Estos espacios, si bien son pro!isorios desde el punto de !ista de lo que queda del ciclo -de /ibra a &iscis- son absolutamente eecti!os durante las ases de áncer # /eo.
3odo este proceso cobrará inalmente sentido cuando la dierencia creati!a, que creció protegida en su aislamiento, sea reabsorbida por el resto del sistema en las ases sucesi!as
(Virgo, /ibra # Escorpio) hasta que se produzca la síntesis en 2agitario.
/o peculiar de este mo!imiento es que aquello que se estabiliza en las ases de áncer # de /eo parece separarserealmente del resto, creando la ilusión de constituir una entidad autónoma
que se siente inmersa en un uni!erso de entidades igualmente autónomas. &or su parte, aquello que permanece pro!isoriamente e"cluido, contin%a su e!olución hasta que las dos líneas de este despliegue -lo protegido # lo e"cluido- !uel!an a encontrarse en el momento que la matriz tiene preijado para hacerlo.
0l segundo #emiciclo del Bodíaco contiene el dise/o arquetípico de este movimiento de reabsorción en el que se producen una serie de transormaciones. 1ediante estas, la totalidad
reorganiza primero -/ibra, Escorpio, 2agitario- # inalmente lle!a a su culminación # disuel!e -apricornio, cuario, &iscis- la orma que había construido inicialmente. Este patrón, que es relati!amente sencillo de reconocer en muchos procesos ísicos # biológicos, no es ácil de comprender en aquellos casos en los que está in!olucrada la conciencia. /a razón de esto es que nuestra psiquis se identiica con los mo!imientos de maniestación, estabilización # e"presión (los patrones dominantes en el primer hemiciclo), mientras que la índole de la reabsorción le resulta absolutamente ajena e incluso amenazante.
Este doble enrollamiento (!er igura) es una antigua representación del signo de áncer. En +l se hace e"plícita la correspondencia entre lo interior # lo e"terior, una !ez que la conciencia identiicada con la orma los ha separado.
2i observamos con atención la pauta energ'tica de las fases de &áncer y Leo, podremos
ver que estos dos signos simbolizan toda la dinámica de nuestra psiquis en su actual estadio evolutivo. /os primeros momentos de su desarrollo se corresponden con la ase de áncer, es
decir, el surgimiento de una interioridad e"tremadamente !ulnerable que se e"perimenta
separada del mundo. tra!+s de una serie de identiicaciones con el medio amiliar # social (el clan), este interior desarrolla una memoria sobre la cual constru#e su sensación básica de identidad. Esta -el yo - se ubica como el centro de toda e"periencia utura, la cual será
interpretada en los t+rminos del recuerdo bajo la orma de una narración lineal (la construcción de una historia, tanto colecti!a como personal). Esta autorreferencia perceptiva es lo que le
permite al ?centro interior? obtener la sensación de continuidad que necesita. El paso siguiente (/eo) encarna la posibilidad de desidentiicarse -por lo menos en el ni!el consciente- de las matrices amiliares # sociales anteriores, para comenzar a e"presarse como un indi!iduo autónomo. En una segunda !uelta de espiral del patrón leonino, esta elaboración de las identiicaciones se reerirá a las imágenes arquetípicas que la ?interioridad? pro#ectaba sobre el mundo ?e"terno?, dando lugar a lo que denominamos proceso de indi!iduación.
3odo este proceso es un presupuesto básico de nuestra organización psíquica. 2in +l, no e"istiría una identidad dierenciada que pudiera hacerse cargo de las e"periencias de la !ida. 2in embargo, es e!idente que esta necesidad de nuestra constitución acent%a la importancia de e"perimentarnos como dierentes # separados de los acontecimientos que nos rodean, estableciendo una distinción tajante entre lo ?e"terno? # lo ?interno?. Esto se traduce, en nuestra ci!ilización actual, en la alta !aloración depositada en la posesión de una uerte identidad autocentrada, capaz de pro#ectar su mundo ?interno? -deseos, emociones, ideas # pro#ectos- sobre lo ?e"terno?, a in de modelarlo ?a su imagen # semejanza?. ualquier persona con conocimientos básicos de astrología puede reconocer la ase leonina del @odíaco en este ideal cultural. ada !ez que concebimos al ser humano como ?re# de la creación?, ?hijo dilecto de 0ios?, o como ?indi!iduo destinado a conquistar el uni!erso?, se hace e!idente que -en el ni!el colecti!o- estamos uertemente identiicados con los ni!eles más básicos del
dise5o arquetípico de este signo.
0ado que el aprendizaje del scendente -tanto en sentido pedagógico como en el e"istencial- depende decisi!amente de nuestra capacidad para comprender la correcta articulación entre aquello que denominamos lo ?interno? # lo ?e"terno?, no cabe duda que la clariicación de este proceso adquiere una enorme importancia para nosotros.
omo hemos !isto en la primera parte de este te"to -# en orma más desarrollada en el libro acerca de las /unas> - los ni!eles básicos de la conciencia se caracterizan por identiicarse con las e"periencias pre!iamente !i!idas, con lo cual tienden a separarse del lujo > r. Eugenio arutti: *as *unas! refugio de la memoria, Uier, <uenos ires, ;HH[.
natural de los ciclos # sus transormaciones. 0entro del despliegue del arquetipo zodiacal, la conciencia plenamente identiicada con la interioridad canceriana (lunar) primero # con la dierenciación leonina (solar) despu+s, tendrá una enorme diicultad para comprender el sentido del proceso que la hace retornar al orden de la totalidad. 9emos dicho que las ases del segundo hemiciclo del @odíaco describen las transormaciones necesarias en el camino de la reabsorción. 2in embargo, el apego de la psiquis a la orma de las etapas anteriores le impedirá entregarse con naturalidad al camino de retorno.
/a coincidencia -el isomorismo- entre un ni!el de las cualidades de áncer # /eo # nuestra estructura psíquica es algo que suele pasar inad!ertido. &or tal razón, cuando e"plicamos el @odíaco desde el punto de !ista psicológico, habitualmente no percibimos que lo que en realidad estamos haciendo es describir las reacciones de una estructura &áncer%Leo a las demás cualidades zodiacales.
$na cosa es la secuencia arquetípica en la cual los distintos signos de!ienen naturalmente los unos en los otros. 8 otra mu# distinta es aquella en la que lo que se describe son las adaptaciones de la psiquis a la cualidad propia de las ases posteriores a /eo. Esto es, el modo en el que se desarrolla el conlicto entre las necesidades del ragmento # el orden de la totalidad.
Este punto es crucial para toda rele"ión astrológica. En tanto humanidad, todos respondemos a esta matriz por la cual se conorma una interioridad que alimenta la ilusión de ser totalmente independiente de aquello que la rodea. 9o# por ho# nosotros somos eso, tanto como indi!iduos en relación a un posible destino personal, como colecti!amente en relación a la !ida en la cual estamos inmersos. &or esto nos es tan costoso comprender la segunda mitad de este mo!imiento, en la cual la parte debe disol!erse en el sistema que la generó, a in de aportar su dierencia creadora.
0esde este punto de !ista, proundizar en la lógica del scendente, describir la matriz zodiacal desde Virgo en adelante # adentrarnos en las relaciones entre psicología # astrología, constitu#e en realidad un solo mo!imiento. 2on temáticas que responden a un mismo patrón, el que es id+ntico a su !ez al que gobierna la dinámica e!oluti!a de la conciencia.
(ualidades zodiacales 3s. res!uestas !s$"uicas
/a consecuencia más !isible de que la matriz áncerC/eo se corresponda con la estructura actual de nuestra psiquis, es que tenemos una gran diicultad para comprender la !erdadera naturaleza de los signos que les siguen. "o sólo en el sentido de la interpretación que #acemos de ellos sino en el de las escasas posibilidades que poseemos, como individuos concretos, de
responder plenamente a su vibración.
omo dijimos en los párraos anteriores, siempre será una psiquis de base canceriano= leonina la que deberá responder a los requerimientos de la energía de Virgo, /ibra. Escorpio, etc. En la descripción de las conductas asociadas a estos signos, solemos perder de !ista que su cualidad !ibratoria encierra una dinámica absolutamente ajena a las necesidades del yo. /a
psiquis -que a%n necesita identiicarse con la sensación de ser un indi!iduo separado # autónomo- debe !ehiculizar, en estos casos, cualidades que e"presan todo lo contrario # es e!idente que esto le generará proundas contradicciones. 0e hecho, la distancia entre lo que identiicamos como interioridad respecto de lo que se nos aparece como mundo e"terno, se irá haciendo cada !ez más grande a medida que progresamos en el @odíaco. 8, de un modo análogo, la dierencia entre las cualidades energ+ticas de los signos # la descripción de las respuestas psíquicas a las mismas, se hará cada !ez más !isible. &ara un indi!iduo concreto, no será nada ácil entregarse a una energía cu#o contenido se opone a lo que el yonecesita para su
estabilidad.
Esto puede estar signiicado por las restricciones del orden global, que le adjudica un lugar meramente uncional al indi!iduo (Virgo), por la compleja interdependencia de los sistemas complementarios (/ibra), por los intensos procesos de transerencia de energía entre las ormas separadas (Escorpio) o por la integración de ni!eles multidimensionales (2agitario). /as !i!encias respecti!as en estos casos -el modo como la matriz psíquica cancerianoCleonina traduce estas !ibraciones- será por ejemplo el deseo de ordenarlo todo, o el anhelo de satisacer las necesidades del otro, o el conlicto entre destrucción # control, o la ilusoria sensación de amplitud que nace de la idealización.
Es indudable que todas estas descripciones son reales, pero debemos ser rigurosos # airmar que no refle+an las cualidades zodiacales en sí mismas, sino sólo las respuestas psíquicas que #abitualmente damos a ellas. uanto más se aleja de áncer # de /eo, la
identidad consciente se !e obligada por sus propias necesidades a e"cluir cada !ez más as= pectos de la energía zodiacal. o sólo la distorsiona, sino que le es preciso generar deensas
especíicas ante los contenidos energ+ticos que no puede asimilar. Iran parte de las descripciones que solemos hacer de los signos de cuario # &iscis -por ejemplo- no son más que reacciones. /as típicas de una psiquis que a%n no es capaz de entregarse al desaío que
implica encarnar plenamente esas complejas cualidades.
2i esto es así cuando el 2ol se encuentra en alguno de estos signos, podemos imaginar las diicultades que se presentarán cuando aparezcan en el scendente, donde la relación entre interioridad # e"terioridad es, sin duda, mucho más complicada. &or esta razón he preerido no hacer -en la 6ntroducción- una descripción sint+tica de la matriz zodiacal para esta segunda
parte del te"to, tal como se hizo en la primera. ada signo será desarrollado en los capítulos correspondientes # en ellos se harán e"plícitas las tensiones especíicas entre las necesidades de la identidad consciente # los requerimientos de la cualidad prounda del signo que asciende.
En lo que sigue de este capítulo, procuraremos proundizar en algunas de las consecuencias del patrón que hemos descripto. Esto no será nada ácil, por cuanto estamos plenamente identiicados con +l. En este sentido, se trata de un punto ciego para nosotros. uestra percepción habitual # nuestro lenguaje responden a esta estructura # tratar de e"plicitarla es
como querer desatar un nudo del cual uno mismo orma parte. &or eso sólo podremos girar alrededor de la cuestión, intentando mostrar distintos ángulos de la misma hasta que pueda aparecer -aunque sea ugazmente- el cuadro completo.
La Psi"uis y el Ar"ueti!o del &od$aco
En rigor, la compleja relación entre el psiquismo # los signos zodiacales que esbozamos en los párraos anteriores -# que proundizaremos en los capítulos correspondientes- no se limita a los signos del segundo hemiciclo. 2i obser!amos a una persona en la cual predominan las cualidades de un signo como /eo, por ejemplo -o sea, del primer hemiciclo- tambi+n podremos !er cómo la identiicación con la interioridad separada distorsiona de un modo pre!isible la !i!encia de la energía. En este caso, percibiremos que en la !ida de esta persona se maniiesta un patrón radial que tiende a organizar sus relaciones en la orma ?centro=perieria?, #a que este es el modo bajo el cual se corporiza la !ibración dominante en el tiempo en que ella nace. 2in embargo, es probable que la persona interprete esta pauta de un modo absolutamente subjeti!o # se e"perimente a sí misma como alguien ?especial? e incluso ?superior? a los demás. Ieneralmente decimos que este comportamiento es característico de /eo, pero estrictamente no lo es: es sólo la vivencia #abitual con la cual la cualidad de Leo es interpretada por la psiquis que responde a ella. En realidad, cuando una persona reacciona de
esta manera sólo re!ela que a%n no ha comprendido el juego de las energías que la constitu#en' en este caso, las uerzas que tienden a ubicarla como el punto ocal de una red. 4cupar ese lugar no es el ruto de alg%n talento especial ni el producto de un peculiar desarrollo personal. Es nada más que una consecuencia espontánea de su patrón !ibratorio, que la coloca en cierta posición -entre otras estructuras- a in de cumplir con determinada unción. /a sensación de identidad separada es la que distorsiona el signiicado de su ubicación en el orden proundo de la e"istencia. En un sentido riguroso, la resonancia que obtienen leoninos tales como 1adonna, 1icF Bagger o Midel astro -por ejemplo- no de!iene directamente de sus ?talentos personales?, sino que es la consecuencia natural de una estructura energ+tica cu#a cualidad
básica es posibilitar la resonancia ?centro=perieria?. /o ?singular?, en cada caso, será e!entualmente el modo en el que cada uno de ellos se haga cargo de estas posibilidades presentes en su matriz de nacimiento.
2olemos decir que los signos del @odíaco describen ?características personales?. &ero mal pueden hacerlo, cada !ez que estas son totalmente predecibles # aparecen escritas en los libros. omo dijimos en los párraos anteriores, sólo son descripciones de las conductas más habituales con las que respondemos a las cambiantes ormas del ielo. uestra percepción consensual -que creemos indi!idual- se encuentra condicionada para interpretar el orden zodiacal siempre de la misma manera, # esto es en general lo que el astrólogo ?sabe?. &ero las conductas así descriptas, no son más que el conjunto de respuestas pre!isibles que - obedeciendo a los condicionamientos colecti!os- se desencadenan cada !ez que se acti!a cierta matriz !ibratoria. uando identiicamos una cualidad zodiacal con la respuesta arquetípica que damos a ella, no nos damos cuenta de que conundimos órdenes dierentes # esto nos hace perder de !ista los procesos más ricos que la astrología puede aclarar.
0os creencias undamentales sostienen esta conusión. /a primera de ellas esel supuesto de que la estructura de nuestra psiquis es anterior e independiente al 6rquetipo del Bodíaco.
0icho de otra manera, creemos que nuestro psiquismo posee una estructura dierente a la del cosmos # que, en todo caso, este ?inlu#e? sobre nosotros. /a segunda es que nuestra identidad es permanente y su modo de organización no está su+eto a evoluciónO. Estas creencias aectan decisi!amente la relación entre cada ?indi!iduo? # su ?destino?. &ero tambi+n condicionan las posibilidades de la humanidad en su conjunto, puesto que al impregnar las imágenes del
inconsciente colecti!o, imponen un límite deinido para aquello que podemos concebir.
2in embargo, la creencia de que la psiquis posee una estructura inmutable # que además es dierente a la del cosmos, no es en realidad un ?error?. omo hemos !isto, este malentendido orma parte del despliegue del arquetipo zodiacal al cual nuestra conciencia responde. 0ste contiene el paradó+ico patrón por el cual la ilusión de ser entidades separadas es absolutamente necesaria, en una determinada etapa de la evolución. Este es el nudo que no
percibimos porque nosotros obser!amos desde ?esa? posición. &ero darnos cuenta de esto es el primer paso para comprender las ases que siguen, en el proceso del @odíaco, de Virgo en adelante: la reabsorción de lo separado # la disolución del espejismo cíclicamente ine!itable que nos condiciona.
Estas cuestiones pueden parecer inusualmente abstractas para un libro de astrología dedicado a los ascendentes. En general, buscamos descripciones en las que podamos [ quí nos encontramos en medio del SnudoT. /a conciencia separada percibe en t+rminos de tiempo lineal #, por
eso, utilizo la palabra Se!oluciónT. 0esde un punto de !ista holográico, deberíamos hablar de Sdistintos ni!eles de organización de la conciencia, simultáneamente presentesT. /o que en realidad Se!olucionaT es la relación entre
reconocernos, o el modo de establecer ciertas relaciones entre los acontecimientos de nuestra !ida # nuestras características personales, que nos permitan obtener ma#or control sobre lo que nos sucede. &ero *es el sentido de la astrología satisacer nuestras necesidades de reconocimiento # control o, por el contrario, el de lle!arnos a una dimensión en la que estos anhelos se disuel!an por si mismos # nos sea posible entablar un !ínculo radicalmente distinto con aquello que nos rodea
*Aui+nes somos realmente *El indi!iduo -# la especie- que se e"perimentan absolutamente separados del mundo ?e"terno? *4 el holograma del sistema solar, en cu#o ?interior? la conciencia se maniiesta de acuerdo a las ases que su arquetipo encierra
El 2#ran salto2
0esde el punto de !ista material, los elementos undamentales que constitu#en la !ida en la 3ierra han tenido su origen en las estrellas. 0e allí pro!ienen los átomos de los principales gases # metales, que hallaron en nuestro planeta las condiciones necesarias para combinarse # dar lugar a las ormas # organismos que conocemos. 9asta donde podemos saber, el cuerpo humano -en particular, la delicada sustancia de nuestro cerebro- es la organización más compleja de la materia de origen estelar. /os ojos que leen estas palabras son un prodigio de sensibilidad e inteligencia' el ruto de millones de a5os de e"perimentación, a tra!+s de los cuales esos átomos desarrollaron ininitas ormas asociati!as, hasta dar lugar a organismos cada !ez mas sensibles # recepti!os.
osotros, los humanos, somos la orma de !ida terrestre en la que maduró una conciencia capaz de trascender las necesidades inmediatas de la super!i!encia, para abrirse a lo desconocido # dar cuenta de la !astedad # riqueza del uni!erso. ada !ez que nuestros ojos miran a las estrellas, la materia que bulle en su interior se contempla a sí misma, cerrando un círculo e!oluti!o de miles de millones de a5os. El carbono, el hidrógeno, el o"ígeno o el hierro participan -en las c+lulas , tejidos # órganos de nuestro cuerpo- de una totalidad !i!iente tan sensible # compleja que es capaz de mirar el ielo # reconocer en las estrellas el origen de su e"istencia.
&ero cuando los humanos contemplamos el irmamento, no sólo somos capaces de apreciar el punto de partida de nuestra e!olución material sino que -a tra!+s de la astrología- tambi+n reconocemos en +l, el espejo de lo que sucede aquí, en la 3ierra. unque esto a%n no pueda ser uni!ersalmente aceptado, podemos decir que en el momento en que a algunos seres humanos se les re!eló el orden signiicante de las constelaciones, la conciencia planetaria dio un salto e"traordinario en su e!olución. uando pudimos captar que ?como es arriba es abajo, como es
adentro es auera?,aquello que contempla se descubrió por primera vez en lo contemplado.
$n millón de a5os antes de que esto sucediera, un peque5o antropoide portador de la incipiente sensibilidad que permitiría esa re!elación, se debatía entre otras ormas que luchaban por sobre!i!ir. omo +l, elinos gigantescos, antílopes, simios # serpientes, nacían # morían
alimentándose unos de otros en una coreograía tan mara!illosa como despiadada.
En el cuerpo de nuestro antecesor -producto, como los demás, de las transormaciones de la materia estelar- germinaba nuestra actual capacidad de contemplar el uni!erso # de reconocernos en +l. omenzaban a coe"istir la inteligencia identiicada con la super!i!encia, con la sensibilidad apta para responder a aquello que trasciende las necesidades inmediatas del cuerpo que lo percibe.
0se nudo de la conciencia, a un tiempo animal y #olística, instintiva y contemplativa, somos nosotros. El ser que en un ni!el puede distinguir estructuras intangibles # e"perimentar
e"quisitas sensaciones e ineables sentimientos en respuesta a !ibraciones de enorme sutileza # complejidad, está marcado por las memorias del horror # la agonía, de la separación # el aislamiento. /os terrores propios de la aurora de nuestra especie' el temblor de la carne que, en su lucha por e"istir, e"perimenta el uni!erso como algo incomprensible # hostil, con!i!en en nosotros junto con la capacidad de contemplarnos en las estrellas # sentirnos parte de una totalidad indi!isible.
/a astrología es una de las e"periencias donde se hace más e"plícita la tensión entre estos e"tremos del arco de la conciencia que nos habitan. 0e allí su riqueza, puesto que trabaja en el punto en el que se encuentran lo cósmico con lo cotidiano. os ense5a a !er en todo lo que sucede la constante intersección entre la 3ierra # el ielo # con esto nos impide buscar reugio en uno u otro de estos polos. &ero de esta tensión pro!ienen tambi+n las paradojas, diicultades # contradicciones que debemos enrentar cada !ez que nos adentramos en ella.
Lo incone0o y lo constelado
&or un lado, sabemos que el undamento de la astrología es que el ser que obser!a el uni!erso responde a un orden que posee la misma estructura que este. &or eso, podemos airmar que la dinámica de nuestra e"istencia # el mo!imiento de nuestra psiquis son un solo # %nico proceso, construido sobre la misma matriz # siguiendo id+nticas pautas cíclicas. &ero tambi+n sabemos que este discernimiento acerca de nuestra condición, sólo es posible en un estado en el que se ha disuelto la barrera que di!ide el ?adentro? del ?auera? # ha cesado todo anhelo de control. Esto equi!ale a decir que la percepción que da origen a la astrología se encuentra en un ni!el que está mucho más allá del de nuestra conciencia habitual.
uestra percepción consensual está construida a partir de la necesidad de controlar la realidad # se apo#a en la tajante separación entre aquello que denominamos ?mundo interno? # ?mundo e"terno?. os concebimos como una interioridad que se mue!e en un espacio que le es e"terno # accidental' que a !eces se muestra hostil # otras benigno, pero que de una u otra manera debemos enrentar, si es que pretendemos satisacer nuestros deseos. 1ientras tengamos la necesidad de aerrarnos a esta creencia, es e!idente que no podremos reconocer ninguna relación estructural entre nosotros # aquello que nos rodea. uestros !ínculos # los acontecimientos de nuestra e"istencia, así como la !ida que nos circunda bajo la orma de los demás reinos de la naturaleza o el ielo que nos en!uel!e, nos seguirán pareciendo absolutamente independientes de nosotros.
0n rigor, toda nuestra experiencia colectiva está organizada sobre la base de la vivencia de separatividad y, como tal, se opone al fundamento de la percepción astrológica. uestra
cultura nos condiciona para creer que habitamos un mundo de acontecimientos ortuitos, en que debemos batallar a in de imponer un orden que satisaga nuestros deseos. &ara la percepción no astrológica -o preastrológica- la realidad está constituida por un conjunto de hechos aislados, en el que establecemos !ínculos aleatorios a lo largo de un tiempo lineal # abstracto. 2eg%n esta concepción, cualquier cosa podría suceder en cualquier momento. reer esto alimenta nuestros más proundos temores, pero tambi+n nos permite sostener la ilusión de gozar de una absoluta autonomía de aquello que nos rodea.
Es e!idente que quien comienza a in!estigar astrología se aleja en orma progresi!a de esta percepción incone"a de la realidad. 3arde o temprano se descubrirá inmerso en una trama
!i!iente, donde adquieren repentina !isibilidad un conjunto de relaciones que hasta ese momento eran imperceptibles. nte los ojos del in!estigador se !a desplegando un orden dierente, en el que la sucesión de acontecimientos aparentemente aislados da lugar a un complejo juego de estructuras # redes que responde a le#es deinidas. /a conciencia ragmentaria -condicionada para separar nítidamente una orma de la otra, un acontecimiento de otro- sólo distingue relaciones e"ternas entre los elementos de la realidad. uando hablamos del orden que percibe la astrología, en cambio, nos reerimos a una red mucho más !asta, sub#acente e in!isible' un orden implicado que opera dentro del despliegue
aparentemente desordenado de los hechos. En +l, dejamos de percibirnos como entidades autónomas # nos descubrimos como vínculos.omenzamos a captar estructuras globales en las
que aprendemos a relacionar signiicati!amente las ormas que adopta el sistema solar, con los acontecimientos que se producen en la 3ierra' # comprendemos que un mo!imiento en un plano se corresponde con su equi!alente en el otro. Esta percepción -que podemos llamar
parecían totalmente des!inculados. &ero, para quien no tenga la percepción entrenada, el solo hecho de !erlos ligados -cierta posición del planeta 1arte con un accidente automo!ilístico, por ejemplo- parece un desatino o pura superstición.
/a belleza de la astrología consiste precisamente en distinguir constelaciones, es decir,
relaciones estructurales entre aspectos supuestamente aislados de la realidad. 0ibujos, dise5os # patrones' matrices, ritmos, ciclos # corrientes' armonías # disonancias constitu#en nuestra materia prima # !an ocupando, para el in!estigador, el lugar de los objetos separados, los acontecimientos aleatorios o los !ínculos casuales. 0e esta manera la conciencia holística - latente en cada uno de nosotros- entra en acti!idad # el registro ragmentario puede ser cuestionado. En la medida que se disuel!en los condicionamientos que nos hacían !er separado, incluso el flu+o del tiempo es percibido de otra manera. &ierde la cualidad abstracta,
lineal e inasible que lo caracterizaba # nos re!ela su naturaleza rítmica # estructural. os muestra que posee orma, que e"iste una matriz que describe su topología # da cuenta de sus dierentes cualidades e intensidades.
&ero debemos reconocer que este proceso no es inmediato. /a percepción mandálica es elusi!a e incluso puede no producirse nunca. omo intentamos mostrar en estas páginas, es inevitable que el fundamento #olístico de la astrología quede atrapado en las abstracciones de la conciencia fragmentaria. El conocimiento astrológico despierta toda la a!idez que
caracteriza a la estructura psíquica, que hace centro en el yo separado. &ero como no alcanza a
comprender sus dimensiones más proundas, no puede hacer otra cosa que intentar reducirlo a un instrumento, con el que cree que podrá mitigar las ansiedades que le despierta el uturo.
omo consecuencia de esto, el n%cleo más creati!o de la astrología queda prácticamente sepultado bajo las construcciones que emanan de nuestra necesidad de control. Este es un mo!imiento que no se puede e!itar # se produce tanto en el in!estigador indi!idual como a lo largo de la historia. omo un salmón que se !e obligado a nadar contra la corriente para cumplir con su destino, quien estudia astrología debe aprender a remontar el cauce de las ilusiones que pro#ectamos sobre ella, para despojarla de todo aquello que niega su undamento.
¿%nstrumento del yo o e0!eriencia trans)ormadora
/a historia de la astrología puede ser pensada como el resultado de la interacción entre dos grandes corrientes. 2i tenemos en cuenta lo que hemos dicho en los párraos anteriores, esto es lógico e incluso necesario, dado que la e"istencia de ambas responde a la tensión intrínseca entre la conciencia holística que descansa en la inmensidad, # la inteligencia ragmentaria,
saturada de miedo # necesitada de control. /a primera corriente es la que permanece en contacto con el origen: se desarrolla a partir de aquellos que realmente perciben -en distintos
ni!eles-?la realidad holográica del uni!erso. En ella el aprendizaje !a mucho más allá del conocimiento de determinados símbolos # t+cnicas: se trata de #abilitar sucesivas expansiones de conciencia en el estudiante, para que aquello que en un momento fue sólo un concepto o una #ipótesis, llegue a adquirir visibilidad e incluso corporalidad.
/a tradición más e"terna, en cambio, se constru#e a partir de quienes -sin poder registrar ácticamente la equi!alencia de lo e"terno con lo interno- sólo creen o sostienen laidea de la
correspondencia entre macrocosmos # microcosmos.
En este segundo caso, la astrología %nicamente puede crecer dentro de los límites que le imponen los supuestos psíquicos # culturales de quienes in!estigan # los de aquellos para quienes trabajan. Estos son m%ltiples # operan en distintos ni!eles seg%n las +pocas, pero tanto en la astrología medie!al como en la contemporánea, el supuesto que suele permanecer inalterado es que el ser humano es una entidad relati!amente autónoma del resto del cosmos # por esta razón posee un destino claramente indi!idual. En este conte"to, el centro de toda la in!estigación se reduce casi e"clusi!amente al indi!iduo # a la misteriosa inluencia que los astros tienen sobre +l. 8a sea en tanto uerzas e"ternas de las que debe emanciparse, o como el designio de alguna !oluntad que adjudica características # destinos a cada ser humano por separado, la atención del in!estigador se concentra en descirar el signiicado de dichas uerzas o el sentido de dicho designio. on este objeti!o, pierde de vista la necesidad de transformarse a sí mismo a lo largo del aprendiza+e, para que afloren en 'l los niveles de percepción que dan cuenta de la unidad del sistema solar. po#ado simplemente en creencias, el proceso mental
del astrólogo sigue siendo tan analítico, lineal # ragmentario como el de quien nunca ha transitado por la astrología. simismo, desconoce que su integración emocional orma parte esencial del trabajo que debe realizar. &or esta razón, es raro que tome contacto con los n%cleos de temor # los deseos de control que conducen de orma inconsciente su in!estigación. 8, probablemente, tampoco reconozca la importancia del cuerpo en la tarea de registrar # tolerar un ma#or caudal !ibratorio. &or eso le será mu# diícil encarnar aquello que piensa, # comprender así la dierencia que e"iste entre tener un conjunto de ideas !s. percibir realmente lo que se está diciendo. 0n este contexto, la astrología de+a de ser una experiencia transformadora y se limita a ser un instrumento al servicio de la conciencia fragmentaria. /a
ilusión de ser una entidad separada -el yo en un sentido indi!idual, # la humanidad en el
colecti!o- queda así cuidadosamente protegida de los cuestionamientos que la astrología le propone # el in!estigador no altera -en esencia- el paradigma que comparte con la cultura de
El ni3el )ra#mentario como as!ecto necesario del orden #lo6al
Vemos entonces cómo, por un lado, el n%cleo más creati!o de la astrología queda oscurecido por los ropajes que le imponen los supuestos psicológicos # culturales de quienes la in!estigan. En este caso se impone un aspecto del patrón que estamos indagando, por el cual el ni!el ragmentario debe necesariamente iltrar la inormación que pro!iene de la totalidad del
sistema. /os contenidos que amenazan la identidad que debe ser protegida, sólo pueden ser incorporados a tra!+s de una orma compatible con su estructura. En este caso, deberán mantenerse en el ni!el intelectual.
2in embargo, tambi+n lo opuesto es !erdadero. El aspecto complementario de este patrón nos indica que el conjunto del sistema -al mismo tiempo que protege a la parte pro!isoriamente separada- opera sobre ella para que se produzcan las transormaciones que el arquetipo pre!+. Vista de esta manera, la astrología act%a como un ?!irus? -inoculado desde el ni!el global- que penetra en la orma aislada # le impide cortar el !ínculo con el origen. l dejarse de!orar por el anhelo adi!inatorio o por el aán del indi!iduo de sentirse e"plicado, la astrología logra mantener la presencia de aquello que el yo separado no puede asimilar: la
correspondencia eecti!a entre el ielo # la 3ierra, entre el ?adentro? # el ?auera?. &odríamos decir -dentro de los límites de esta analogía- que mientras se producen alteraciones progresi!as en el ni!el ragmentario, el ?!irus? aguarda la oportunidad cíclica en que la
conciencia pueda asimilar su contenido en plenitud.
0esde este ángulo, la astrología es simultáneamente incorporada # rechazada, aun por quienes la in!estigan. &ero esto no debe ser interpretado como una limitación, sino simplemente como un hecho que nos muestra cuánto se pone en juego cada !ez que nos acercamos a ella. 0e acuerdo al patrón que estamos in!estigando, este doble mo!imiento es ine!itable. /a astrología nos abruma al mostrarnos la presencia de lo desconocido en nosotros' # para protegernos de ello, nos !emos obligados a empeque5ecerla.
Psi"uis y cosmos
2i obser!amos las corrientes más e"ternas de la astrología, podremos reconocer el paralelismo que e"iste entre su e!olución # las ases que recorre la conciencia separada, en el
camino de sus transormaciones.
0n un principio aquello que ve - la conciencia - atribuye total independencia a lo visto. 0e manera análoga, la correspondencia entre macrocosmos # microcosmos toma un
proceso psíquico # a su relación conel destino. &or otra parte, el paradigma lineal imperante en
nuestra cultura impidió por mucho tiempo que loreciera el concepto de ciclo en la astrología occidental. 6mpresionados por la posibilidad de relacionar las ormas del ielo con los acontecimientos de la 3ierra, los astrólogos se limitaron a adjudicarle un contenido austo o inausto a los mismos. En este ni!el de comprensión, los hechos en la !ida de un indi!iduo siguieron siendo percibidos como separados uno del otro' en todo caso, cualiicados # ?enlazados? con el ielo, pero sin alcanzar a reconocer en ellos la presencia de patrones o dise5os recurrentes. El ?destino indi!idual? es concebido así en orma independiente de cualquier trama !incular o de los conte"tos colecti!os e históricos en los que se maniiesta. El polo singular de cada situación se acent%a al e"tremo # se ignora por completo la e"istencia de campos, dinastías # redes. apturado por la necesidad de control, este ni!el de la astrología no rele"iona nunca acerca de las posibilidades del ser humano para reinar su capacidad de respuesta a las ormas del ielo. o obser!a en t+rminos de sensibilidad, orden creati!o # !incularidad, sino sólo en el de uerzas, destino predeterminado # conductas indi!iduales.
En una segunda etapa -de la que somos contemporáneos- la conciencia comienza a superar el registro fragmentario de la realidad y descubre la proyección de los contenidos de la interioridad sobre el mundo externo. 0e hecho, podemos decir que una de las
características esenciales de la cualidad del tiempo en que !i!imos es el surgimiento de una nue!a comprensión -mucho más abstracta- del mundo de las ormas. /a e"istencia de patrones -en un plano imperceptible a los sentidos- como organizadores de lo concreto, se está con!irtiendo en una e!idencia para la ciencia actual. En las %ltimas d+cadas hemos aprendido a reconocer estructuras, matrices # códigos presentes en distintos aspectos de la naturaleza. Mractales, bucles de retroalimentación, campos morogen+ticos, la dinámica serpentina del 0, son -entre otros- conceptos que otorgan !isibilidad a ni!eles de realidad ininitamente más complejos que los habituales. /a psicología moderna, por su parte, nos ha mostrado las estructuras que organizan nuestra psiquis. os habla de la e"istencia de patrones tanto en la historia personal como en los sistemas amiliares, así como en el orden
simbólico del lenguaje o en el de los arquetipos # sus imágenes colecti!as.
omo sabemos, la astrología acompa5a este salto en la conciencia # gracias al encuentro con la psicología adquiere una e"traordinaria sutileza para describir procesos proundos. 2e rea!i!a entre los in!estigadores el inter+s por el ni!el simbólico, # la distinción psicológica entre identidad consciente # !í mismo permite que algunos conceptos undamentales de las
corrientes más proundas de la astrología comiencen a ser asimilados en gran escala.
percibirnos en el conte"to de grandes tramas condicionantes -a ni!el libidinal, sist+mico, arquetípico o en el del lenguaje- a%n no ha dado el salto que le permitiría concebirnos como estructuralmente entrelazados a los demás reinos de la naturaleza, a la 3ierra # a la !ida del sistema solar.
En un sentido riguroso, toda psicología implica una cosmología y toda cosmología implica una psicología. El modo como los humanos concebimos la estructura de ?lo más interno? está
íntimamente ligado al modo como caracterizamos ?lo más e"terno?. 0esde los antiguos mitos cosmogónicos hasta las elaboraciones más abstractas # ?objeti!as? acerca del uni!erso, lo que se pone en juego es la acti!idad de la conciencia. /os períodos en los que se conunden por completo psiquis # mundo o aquellos en los que se separan radicalmente, son sólo ases de un mismo aprendizaje, en el que la misteriosa articulación entre aquello que contempla y lo contempladose de!ela paso a paso.
El encuentro entre astrología # psicología nos da una oportunidad e"traordinaria para que se produzca un salto en esta tarea. &ero es e!idente que en esta relación no puede dejar de reproducirse el nudo que caracteriza al patrón que estamos in!estigando. Es posible que el conte"to histórico prime # la astrología !uel!a a ser transitoriamente asimilada dentro de los límites que la cultura puede tolerar. &ero quizás, tambi+n, la presencia del orden que la astrología nos transmite -# que muchas corrientes del pensamiento contemporáneo comienzan a reconocer- tenga la uerza suiciente como para transormar el modo con que los humanos nos percibimos a nosotros mismos, permitiendo el desarrollo de una psicología integrada a los procesos cósmicos.
Aue el uni!erso posea una ?psiquis? # que nuestra interioridad responda al orden del cosmos, son airmaciones de tal en!ergadura que nos hacen !acilar. &or eso solemos no pensar en ellas # nos limitamos a mo!ernos en el terreno aparentemente seguro de lo instrumental. Es decir, no proundizamos en los undamentos # sólo utilizamos los m+todos # t+cnicas que se deducen de aquellos. Esta es una actitud prudente, pero tambi+n es una disociación. El n%cleo proundo de la astrología nos indica que psiquis y cosmos forman una unidad; se5ala en la
dirección de un orden que contiene los dos lados de nuestra e"periencia # nos dice que la disolución de la barrera que los separa, orma parte del despliegue cíclico de esa estructura. La astrología es una psicología en sí misma, # tiene la posibilidad de mostrarnos cómo la
psicología del indi!iduo separado, es sólo un aspecto de un proceso que la trasciende.
El e"cesi!o +nasis puesto en la carta natal indi!idual suele oscurecer el hecho de que las sucesi!as ormas que el sistema solar adopta responden a una matriz %nica, que posee un patrón absolutamente regular de maniestación. medida que los planetas recorren sus órbitas, se !an ormando los dibujos que simbolizan las cualidades, que se corporizarán en una e"istencia concreta. Estas órbitas obedecen a un algoritmo matemático que deine las sucesi!as posiciones de los planetas a lo largo de los milenios, así como los ángulos que establecerán entre sí. 0l &ielo de cada instante - cada carta natal - no constituye un dibu+o autónomo, sino que es una transformación particular de esa matriz. Está absolutamente implicado en cada uno de los
instantes anteriores # posteriores, de igual manera que una ola no es más que un rizo en el lujo del oc+ano.
2i miramos nuestra e"istencia desde un punto de !ista indi!idual, podemos decir que cada nacimiento encarna un momento de ese lujo. Este se desplegará en una trama de relaciones - otros dibujos del ielo- matemáticamente congruentes entre sí. 0esde una perspecti!a más amplia, podemos pensar que se trata de una red que se materializa por medio de los distintos ?indi!iduos? que comparten destinos comunes. $n racimo de nacimientos, engarzados por su coherencia estructural.
tra!+s de cada uno de estos racimos -u oleadas de nacimientos- se despliega en la 3ierra la continuidad matemática de las transormaciones del ielo. su !ez, cada e"istencia concreta modiica con su e"periencia la sustancia de la 3ierra, comprometiendo así las posibilidades de aquellos instantes -otras transormaciones preestablecidas de la matriz- que
se corporizarán en el uturo.
ada uno de los dise5os de la trama celeste e"presa (o simboliza), cierta !ibración o cualidad sint+tica que emerge de la relación entre los distintos actores que lo componen (planetas, signos, ángulos) tal como un acorde musical nace de la peculiar resonancia entre las notas que lo conorman. omo sabemos, esa !ibración sint+tica que hace a la singularidad del nacimiento, se distribu#e a su !ez a tra!+s de otra matriz -el sistema de casas asociado al lugar- que deine en gran medida los escenarios en la !ida de ese indi!iduo. Es decir, a tra!+s de qu+ tipo de !ínculos o acontecimientos particulares se maniestarán cada una de las notas que componen el acorde.
En la 6ntroducción al primer !olumen de este libro, dijimos que cada carta natal describe la trama !incular asociada al cuerpo del ni5o que nace en determinado instante # lugar. /a !ibración sint+tica de ese momento se reracta en una multiplicidad de relaciones # sucesos, que constitu#en el ?destino? de ese ni5o. Este se encuentra en!uelto -por así decirlo- en las cualidades que le corresponde e"presar, pero la ma#or parte de ellas se maniiestan inicialmente a tra!+s de otras personas # las situaciones que con ellas protagoniza.
quí comienza un doble mo!imiento que encarna -en una e"istencia indi!idual- toda la tensión entre lo separati!o # lo holístico' entre la orma en crecimiento que debe ser protegida # el ni!el global del sistema energ+tico. 8esde el punto de vista psicológico, es necesario que el ni/o se discrimine de las personas y situaciones que lo rodean, afín de configurar una identidad estable. Esta identidad consciente -que llamamos yo - desarrollará una orma
relati!amente constante de relacionarse con las e"periencias inscriptas en el instante de nacimiento, que a partir de este momento le parecerán como deiniti!amente ?e"ternas?.
&ero desde el punto de !ista astrológico, lo que en realidad sucede es que se ha establecido un patrón de identiicación dentro del campo de la carta natal. 0l #o no es nada más que un fragmento de esa totalidad, una particular y necesaria organización de la misma, pero no una estructura independiente o anterior a ella. /as rases coloquiales como ?mi carta natal?, ?mi
2aturno? o ?mi scendente? son construcciones equí!ocas del lenguaje que e!idencian -una !ez más- su distancia respecto del paradigma astrológico. o e"iste un yo anterior a la
estructura natal sobre el cual ?inlu#en las estrellas?, sino que esa sensación de identidad que llamamos yo, ?identidad consciente? o ?personalidad? es un efecto del despliegue cíclico de la
matriz natal. $na estructura arquetípica, que adquiere determinadas características a partir de la pre!isible cristalización de algunas de las cualidades del mapa.
iertos ni!eles de la carta natal resuenan de tal manera en nuestra sensación de ?interioridad?, que son rápidamente reconocidos como ?propios? o como ormando parte de aquella. 4tros, en cambio, permanecen alejados de toda identiicación e incluso parece imposible que alguna !ez puedan ser aceptados como aspectos del !í mismo.
En sus ni!eles más básicos, nuestra conciencia está condicionada para ragmentar el campo global en un sinín de dualidades como buenoCmalo, internoCe"terno, deseableCtemible, etc. Este condicionamiento act%a como un !erdadero ?selector arquetípico? de !ibraciones, haciendo que algunas de las cualidades natales coagulen con e"trema rapidez # deinan los bordes de la identidad consciente, mientras que otras sólo podrán ser aceptadas despu+s de una larguísima elaboración. &odríamos decir que lo que llamamos ?destino? es precisamente esta ?larguísima elaboración?: el abismo que se abre entre lo que cada ser humano cree ser -a partir del momento en el que se estabiliza el yo - # lo que realmente es.
uando obser!amos una carta natal debemos tener en cuenta, entonces, tanto la tendencia a la cristalización en una identidad fi+a, como el desarrollo de la capacidad de redefinir las identificaciones que fueron necesarias y permanecer abiertos al despliegue de la vibración profunda del instante de nacimiento.
mbos mo!imientos orman parte del arquetipo de nuestra e"istencia. 0esde este punto de !ista, en todo indi!iduo se desarrolla primero una estructura de personalidad que luct%a
alrededor del punto de equilibrio entre las necesidades de la estabilidad psíquica # las cualidades energ+ticas del mapa. 2e erige como una barrera, dentro de la estructura natal, que separa aquello que podemos reconocer como características ?personales?, del ?destino que nos toca !i!ir?. &eroa partir de determinado momento, la lógica del sistema apunta a disolver esa misma estructura que construyó inicialmente. En cada giro de la rueda, lo desconocido de sí
mismo retornará con precisión matemática # en cualquier e!ento e"istirá una inormación con el potencial suiciente como para alterar los supuestos con los cuales nos habíamos identiicado. &ero si la estructura de la personalidad es demasiado rígida o no están suicientemente desarrolladas las cualidades aptas para acompa5ar la segunda parte del proceso, es ine!itable que se instaure un conlicto recurrente entre la identidad autocentrada #
los acontecimientos.
En algunos casos, la personalidad construida no es suicientemente sólida # en consecuencia se siente a merced del ?destino?. En otros, el aprendizaje en la e"pansión del yo
ha sido e"itoso # la persona tiene la sensación de poseer un uerte control sobre el mundo. &ero en una u otra situación, el paradigma de la e"istencia es el mismo. esponde a una lógica basada en el conlicto entre lo ?interno? # lo ?e"terno?, # en ninguno de los dos casos orece los
elementos como para encontrar una articulación dierente entre ambos lados de la estructura. adie nos prepara para desarrollar una identidad suicientemente estable # le"ible a la !ez, como para no oponernos a las transormaciones inscriptas en nuestro instante natal ni quedar irremediablemente desorganizados por ellas. 8 a%n mas lejos estamos de preguntarnos acerca de las cualidades que necesitamos desarrollar, para poder entregarnos a la acción de la totalidad que sub#ace a nuestras !idas.
En realidad, cada !ez que conundimos cualidad energ+tica con reacción psicológica, estamos reorzando el paradigma del conlicto. ualquier descripción que no muestre -al mismo tiempo- el aspecto deensi!o con el que nos protegemos de aquello que nos e"cede, junto con el potencial interno para la transormación, tiende a cristalizarnos. 8 cuando la identidad cristalizada se enrente con el atal desaío de su reno!ación, esta sólo podrá producirse por medio de la destrucción, el dolor # el surimiento.
En general, aceptamos el conlicto como una ine!itable condición de nuestra e"istencia. 2in embargo, deberíamos preguntarnos si esto realmente responde a la lógica prounda del @odíaco o se trata de una interpretación que surge de nuestro condicionamiento colecti!o.
El &od$aco1 un ar"ueti!o de 2tercer orden2
El @odíaco orma parte de una clase de estructuras en las cuales las características de sus dierencias internas responden a la posición que ocupan dentro de la totalidad. 0n los planos vibratorios -omusicales - las cualidades surgen de la proporción en la que sus componentes se distribuyen. sí como una cuerda emite un sonido dierente de acuerdo a la relación entre su
longitud total # el punto sobre el cual se ejerce presión, la cualidad de cada signo zodiacal surge de la di!isión del círculo en doce espacios iguales. $na !ez deinido el punto de tensión inicial, cada uno de los espacios e"presa una cualidad o !ibración que es inherente a la posición que ocupa en el sistema. El orden de los signos con sus signiicados particulares es así intrínseco al @odíaco, del mismo modo en que las notas musicales se suceden unas a las otras en una relación que no puede ser modiicada. El !i es la !ibración que se produce entre el 2ibemol #
el 8o, # no puede ocupar otro lugar en la escala, así como la cualidad de Virgo se corresponde
con la posición entre /eo # /ibra # el ángulo de 7GH grados respecto de ries. 0sa cualidad es esa posición en el espacio; está determinada .por la totalidad a la cual pertenece. En otras
En el primer !olumen de este libre -en la parte dedicada a la matriz zodiacal-distinguíamos por lo menos tres !isiones dierentes de la misma, de acuerdo al tipo de pensamiento con que se la aborda. En su ni!el más ingenuo -donde predomina el pensamiento lineal- la astrología a%n no alcanza a descubrir las relaciones proundas entre los elementos que están a su disposición. 2e limita, en lo que al @odíaco se reiere, a distinguir doce espacios a los que atribu#e características intrínsecas e independientes entre sí. <ajo esta mirada, el círculo zodiacal no posee un signiicado en sí mismo en cuanto totalidad' se lo concibe simplemente como el resultado de la #u"taposición o sumatoria de los signos. /as complejas relaciones entre el espacio, la posición que cada elemento ocupa en +l # la conciencia determinada por ese ángulo particular de la estructura, permanecen completamente inad!ertidas para este tipo de pensamiento.
2in embargo, aun en este ni!el, sabemos que en la medida que la !ibración se maniiesta en planos más concretos de la realidad, !a adquiriendo dierentes signiicados -o ormas- de acuerdo a la particular densidad de ese plano. ada uno de los signos -aun !istos aisladamente- es una uente sint+tica de signiicados que remiten a entidades dierentes e incluso contradictorias en el mismo ni!el. En el plano psíquico, especíicamente, la respuesta a
la cualidad de cada signo se e"presa en la pro#ección de dierentes imágenes colecti!as sobre el mismo espacio. sí, el escorpión, la serpiente o el águila son e!ocados cada !ez que la psiquis está en relación con el octa!o signo, el cual contiene a su !ez imágenes arquetípicas tan disímiles entre sí como las del !ampiro, el alquimista o el curador.
En la medida que la in!estigación ue creciendo en proundidad psicológica, ha sido posible percibir la lógica inherente a estos iconos # apreciar así una dinámica que describe
distintas etapas en la e!olución de la conciencia respecto de cada signo. ada espacio zodiacal constela distintas imágenes arquetípicas # de!ela una coherencia entre las mismas, que suele permanecer oculta a los in!estigadores que ignoran la astrología. Esto se debe a que, en
realidad, cada signo es un arquetipo de segundo orden, en el sentido de que opera como una matriz generadora de m5ltiples imágenes colectivas.El símbolo de apricornio, por ejemplo,
pertenece a un ni!el en que están encapsulados tanto el arquetipo del padre como el del diablo, el del monje o los signiicados arquetípicos de la piedra: del mismo modo en que /eo sintetiza los dierentes signiicados del re#, el oro o el león. prender astrología es precisamente desarrollar las cualidades que nos permiten descubrir la coherencia estructural que sub#ace a la multiplicidad, tanto en el plano de los hechos como en el de las imágenes psíquicas.
0esde el momento en que la astrología occidental -undamentalmente a partir de 0ane udh#ar- comenzó a comprender el @odíaco no sólo como una colección de símbolos sino como una estructura cíclica, se hicieron e!identes una serie de relaciones que antes pasaban
inad!ertidas. 2e hizo imposible seguir pensando en los signos como espacios independientes # eso permitió que la secuencia zodiacal empezara a tomar un signiicado en sí misma. Esto posibilitó tambi+n que se proundizara en la lógica de los arquetipos asociados a cada espacio. partir de ese momento, la secuencia de las imágenes colecti!as dejó de ser aleatoria # el Bodíaco comenzó a ser percibido como un patrón ordenador de la dinámica psíquica.
&ero al dar un paso más # comprender que la matriz zodiacal no sólo simboliza un ciclo sino que tambi+n es un mandala, se hacen !isibles nue!as correlaciones. El @odíaco se re!ela -al mismo tiempo- como una matriz temporal que encierra las cla!es de cualquier dinámica
secuencial # como un #olograma que se maniiesta sincronísticamente' una estructura
multidimensional que opera en el espacio=tiempo, superando la aparente contradicción entre secuencia # simultaneidad. 0esde este punto de !ista, el Bodíaco es un arquetipo de tercer orden$ la fuente de doce arquetipos - los signos - que a su vez contienen una multitud de arquetipos diferentes.
Esto nos indica que e"iste una dierencia de orden lógico entre los llamados arquetipos en tanto imágenes colecti!as, # la matriz zodiacal. mbas clases de estructuras están ubicadas en planos distintos, # esta distinción es undamental para no conundir sus signiicados o tratarlos como equi!alentes, tal como generalmente sucede. "ing5n arquetipo conocido - en tanto imagen colectiva - agota los significados de un signo y menos a5n del Bodíaco.
%m=#enes ar"uet$!icas y matrices 3i6ratorias
ada !ez que la conciencia capta una cualidad a tra!+s de una imagen, nos encontramos en un ni!el mucho más concreto que en el de las estructuras simbólicas. /a imagen -en sentido antropomórico o naturalista- pertenece al dominio de lo imaginable por el ser humano, es decir, de aquello que se encuentra dentro de los límites de nuestra e"periencia. Morma parte del bagaje acumulado por la psiquis en tanto interioridad separada # está uertemente condicionada por la memoria. 3oda imagen concreta es un recuerdo o es una construcción a base de ragmentos del pasado. 0l nivel imaginario de los arquetipos del inconsciente colectivo es una colección de estructuras basadas en la acumulación y repetición de las experiencias #umanas; un campo deformas conocidas que adquiere vitalidad en la medida que las experiencias se
repiten y confirman el patrón prefigurado en la imagen. Esta %ltima es siempre un ragmento
de lo real' la e"periencia que contiene no puede ser sino limitada. &or esto, es necesario que aparezcan nue!as imágenes que complementen a las primeras, para que sea posible tener una representación de la totalidad.
$na matriz simbólica compleja -como el entero mandala zodiacal- está más allá de lo e"perimentado colecti!amente. 3odo símbolo pertenece a una totalidad estructural -sea esta el @odíaco, el 2istema 2olar, el \rbol de la Vida o el 6=hing- mientras que las imágenes son el resultado de una captación parcial de las mismas. "o existe ninguna imagen extraída de la experiencia concreta que pueda contener todos los significados de una totalidad estructural.
&or eso son necesarias muchas imágenes -contradictorias entre sí- para dar cuenta de un arquetipo de segundo o tercer orden.
/o que aquí denominamos estructura simbólica, es la primera condensación de un patrón
matemático (geom+trico) que posee m%ltiples posibilidades de corporización.
su !ez, este ni!el geom+trico es el primer dise5o perceptible de un patrón puramente proporcional -!ibratorio o musical- capaz de operar en dierentes ni!eles de sustancia # pro!ocar así la aparición de ormas de distinto grado de sutilidad o concreción.
El @odíaco -como arquetipo de tercer orden- se hace !isible en todos estos ni!eles al mismo tiempo, pero en cada uno de ellos posee una capacidad descripti!a dierente. 0n tanto matriz vibratoria, patrón Feom'trico o estructura simbólica, encierra un potencial de significados y experiencias que a5n no #an sido recorridos por la #umanidad. uando lo
comprendemos a tra!+s de las imágenes colecti!as, en cambio, lo reducimos al plano de los iconos que espontáneamente emergen en nuestra psiquis # que responden al ni!el ragmentario de la conciencia.
En este plano, la conciencia depende de su identiicación con alguna orma (o imagen) # !a de una a otra en busca de la e"periencia que pueda colmar su anhelo de totalidad. %n no tiene
la madurez suiciente como para responder a aquello que circula entre las formas. Esto es a%n
amoro para ella #-por esa razón- no puede distinguir estructuras completas en las que adquieran plena !isibilidad las relaciones entre cada causa # sus consecuencias' en las que se pueda captar el inal, desde el principio. Es claro entonces por qu+ ninguna imagen puede relejar cabalmente estas estructuras, por cuanto ellas no constitu#en una orma sino una circulación.
&or ascinante que sea toda imagen arquetípica, esta no es más que una gigantesca simpliicación colecti!a que ine!itablemente empobrece el signiicado de los grandes arquetipos de lo real, como el @odíaco o el 2istema 2olar. 2e con!ierte en un patrón de interpretación inconsciente que se pro#ecta sobre los acontecimientos limitando -para todos los seres humanos- las alternati!as de conducta posibles dentro de los marcos de aquello que la memoria colecti!a atesora. sí como en el interior de una carta natal indi!idual se conigura un patrón de identiicación -el yo - que más tarde impedirá que esa persona comprenda todo
el potencial que circula a tra!+s de su destino,la trama de imágenes arquetípicas condensa los supuestos inconscientes que nos definen en tanto #umanidad, restringiendo nuestras posibilidades de responder a la vibración zodiacal.
El contenido de nuestra psiquis colecti!a nace de la e"periencia de la ragmentación #, por esta razón, no puede encontrar un orden. Es un laberinto donde ninguna puerta puede indicarnos la salida, por cuanto es una imagen -o sea un ragmento- más. 2ólo un salto de plano puede re!elar la lógica prounda en la que la e"periencia -determinada por la separación - encuentra el lugar que le corresponde # los patrones ligados al conlicto pierden su poder condicionante. 3odo esto -las peripecias de la identidad separada- se encuentra en relación directa con el modo como deinamos los signos de la segunda mitad del @odíaco # será analizado en los capítulos correspondientes. &or ahora digamos que la característica esencial de los ni!eles simbólicos, geom+tricos # !ibratorios es que en ellos se hacen instantáneamente presentes las estructuras globales que la conciencia identiicada con la parte no alcanza a
captar. En estas se desnuda el hecho de que no puede existir un lado de la experiencia sin que se manifiesten al mismo tiempo los opuestos que la complementan.Es ob!io en estos planos -
por ejemplo- que la interioridad # el límite se generan uno al otro, así como que el apego está indisolublemente ligado al surimiento. 0icho zodiacalmente, en tanto opuestos. apricornio # áncer orman una estructura, del mismo modo como lo hacen 3auro # EscorpioG.
G o analizaremos en este te"to todas las relaciones posibles, que inclu#en -además de las polaridades- los
El ar"ueti!o zodiacal
/o importante para nosotros es ad!ertir que, en los ni!eles donde las imágenes predominan, la riqueza de estas estructuras queda !elada por la nube de antasías, anhelos # temores que surgen del torrente de e"periencias concretas de la humanidad. sí como las marcas inantiles recortan lo que realmente sucedió para el indi!iduo, encerrándolo en una trama de supuestos con los que se ha identiicado, la humanidad entera se mue!e dentro de los límites que su e"periencia histórica le permite imaginar. En este plano, a%n so5amos con la posibilidad de separar la !ida de la muerte o creemos que puede e"istir un ?gran padre? sin una
?gran madre? a su lado, o !ice!ersa.
omo hemos dicho en el primer !olumen, la identidad consciente debe retornar muchas !eces a la misma e"periencia, antes de comprender las distintas acetas de la misma # renunciar así a su perspecti!a autocentrada. 2ólo de esa orma puede captar la estructura sub#acente a los acontecimientos dispersos de su !ida # dejarse modiicar por aquellos contenidos de los que hasta ese momento se protegía. 0e la misma manera -en el ni!el colecti!o- los humanos giramos en la rueda de las imágenes arquetípicas, repitiendo las mismas escenas # e"perimentando los mismos desenlaces. 3odo ?indi!iduo? -una orma peculiar de la matriz del ielo que se maniiesta en el tiempo- tiene como tarea trascender las ideas, imágenes # sensaciones que se acti!an en la psiquis en tanto respuesta condicionada a una cualidad zodiacal o planetaria. 8 para esto, tarde o temprano deberá enrentarse con el tec#o que le impone lo colectivo.
El ir # !enir de la e"periencia -tanto indi!idual como colecti!a- transita por senderos uertemente condicionados por el pasado. 4casionalmente se produce un destello en el que logramos captar la presencia del orden que está más allá de la separati!idad. Estas ugaces percepciones se abren camino en la mara5a tejida por el ni!el ragmentario de la conciencia # pro!ocan el despertar de su ni!el holístico.
&ero para que este ni!el se desarrolle, es de gran importancia que nos aboquemos a in!estigar la lógica interna que ordena los arquetipos que #abitualmente estudiamos por separado. Esto signiica pasar del ni!el de las ormas al de la circulación #, en un sentido
proundo, es de esto que trata la astrología.
$n indi!iduo tendrá determinada relación con su madre -por ejemplo- la cual estará llena de ambi!alencias # contenidos inconscientes. 1ás tarde comprenderá que ese !ínculo ?personal? estaba atra!esado por las imágenes relacionadas con la ?Iran 1adre?. omo sabemos, estas inclu#en un sinn%mero de iguras que representan distintos aspectos del arquetipo, como 6sis, Uhali. rtemisa # muchas otras. ero el verdadero sentido de cada una