&ara muchos lectores pre!iamente ormados en astrología, el modo como aquí presentamos el scendente pro!oca ciertas resistencias, por cuanto parece no coincidir con lo que la tradición airma. 2i bien es reconocido que la astrología clásica deine este concepto de manera bastante conusa, tiene un cierto arraigo presentarlo como ?aquello que se muestra,
dierenciándolo de ?aquello que se es, lo que correspondería al signo solar. 0e aquí se
deduce la realmente poco clara deinición de ?carácter?, que muchos aplican al signo ascendente. reo que todo in!estigador serio podrá reconocer que estos conceptos son mu# pobres # tienen un escaso !alor interpretati!o.
2in embargo, la posición que aquí desarrollamos no está tan distante de las intuiciones de los clásicos, si se las toma simbólicamente. En la astrología tradicional se asocia el scendente con el cuerpo, en particular con el rostro (en concordancia con ?aquello que se muestra? # -ob!iamente- con el signo de ries). hora bien, nuestras acciones constitu#en el aspecto más importante de nuestra identidad ísica, pero es e!idente que no podemos tener una percepción directa de ellas. 2ólo podemos conocerlas a tra!+s de su relejo en el mundo e"terno, #a sea por medio de las reacciones o descripciones de los demás o, más
concretamente, mediante un espejo. Es decir, se trata de un ni!el básico de nuestra identidad del que sólo podemos tomar conciencia despu+s de haberlo !isto ?auera? de nosotros. $n animal ni siquiera se reconoce en la imagen relejada' la capacidad para hacerlo marca una ase undamental en la estructuración psíquica del ni5o. &ero aun cuando conozcamos nuestro rostro mediante el espejo o las otograías # podamos !er en orma directa buena parte de nuestro cuerpo, debemos admitir que muchas personas no tienen una cabal conciencia de su esquema corporal aun siendo adultos. ualquier terapeuta nos podrá decir que estar plenamente instalado en la propia corporalidad, e"presa un ni!el de integración psíquica que no todos alcanzamos. Es decir, por más que todos !eamos con claridad cómo somos ísicamente, esto no quiere decir que tengamos plena conciencia de nuestra orma ni que nos e"presemos de acuerdo a su potencial. 0ebemos aprender a conocernos primero ?auera? de nosotros, hasta poder reconocernos claramente # reci+n entonces maniestarnos tal cual somos. 8 esto es e"actamente lo que decimos -en otro ni!el- acerca del scendente.
En la astrología contemporánea, este concepto suele ser interpretado como un contenido psíquico que se pro#ecta sobre el e"terior # que, como toda pro#ección, deberá ser interiorizada. Este modo de !erlo es mucho más cercano a lo que nosotros proponemos #, en muchos aspectos, coincide. 2in embargo, en esta !isión se elude el hecho -undamental- de que no sólo ?!emos? el mundo a tra!+s de nuestro scendente o de los planetas en asa $no, sino que ha# un patrón de acontecimientos mu# concretos que ?se maniiestan? en el ?e"terior? # que responden claramente a la cualidad signiicada por esas posiciones. educirlo todo a una pro#ección, simpliica por completo el enigma de la relación entre el ?adentro? # el ?auera?, que está en la base de la astrología. 2i in!estigamos atentamente, !eremos que no sólo pro#ectamos los contenidos de nuestra ?interioridad?, sino que -como !enimos air= mando a lo largo de este libro- todos los ni!eles de nuestro ser se ?pro#ectan? o coniguran el mundo que estamos destinados a e"perimentar. 8 que este surge de una compleja telara5a de percepciones # sensaciones de la cual participan distintos ocos de conciencia. 4ccidente no ha desarrollado los conceptos adecuados como para rele"ionar acerca de las relaciones - identidades # dierencias- entre la materia, la conciencia # la !ibración. 9a separado radicalmente estos planos e incluso, en las tradiciones esot+ricas occidentales, las percepciones acerca de este misterio son mucho más pobres que en 4riente. llí se ha realizado una meditación milenaria en torno a estas cuestiones # por eso, su tradición posee una multitud de imágenes # conceptos que dan cuenta de sus posibles articulaciones. &ero deberíamos recurrir al !ínculo entre 2hi!a # 2haFti, la energía de 1a#a, la acti!idad de Vishn%, etc., para encontrar un marco que desnudara la relación -para 4ccidente, mágica- que e"iste entre materia, energía # conciencia.
/a astrología constitu#e un camino e"tremadamente empírico que -si lo seguimos rigurosamente- nos obligará tarde o temprano a dierenciar las distintas maneras como se conigura el mundo. $na cosa es la pro#ección de contenidos psíquicos ligados a la historia personal' otra es el modo con que las imágenes colecti!as ?ordenan? nuestro mundo. 8 algo mu# distinto es la misteriosa imbricación entre conciencia, energía # materia que da origen a aquello que llamamos realidad.
La matriz de casas %/, /%%% y 7%%
&or %ltimo, es indudable que el análisis que hacemos de la matriz de las casas 6V, V666 # K66 para cada scendente^, ha causado alguna conusión.
2urge siempre la pregunta acerca de la superposición entre esta matriz # la estructura real de las casas, que en muchos casos diiere de aquella. En realidad se trata de dos órdenes completamente dierentes. /o que nosotros decimos es equi!alente a hacer un doble ?clicF? en la computadora sobre un icono # !er cómo se abre una !entana que está en un ni!el dierente de aquel sobre el cual uno está trabajando. 2i nosotros hacemos un ?doble clicF? sobre el signo ascendente de una carta natal, se desplegará la lógica universal de ese 6scendente, con
total independencia de la disposición particular de las casas, que responde al horario del nacimiento. /a utilización de este modelo de análisis permite comprender el patrón que se halla implicado en la estructura # es una ejercitación importante para desarrollar la captación holística. Esta se podría enriquecer más a%n articulando un ma#or n%mero de casas entre sí' sin embargo, es importante ad!ertir que los intentos de !incular de esta manera las doce casas simultáneamente lle!arán siempre a paradojas, sinsentidos o !erdaderos disparates. sí como hemos analizado la imposibilidad de encontrar imágenes concretas -antropomóricas o naturalistas- que den cuenta de una matriz de tercer orden, debemos tener en claro que tampoco el pensamiento puede explicarcompletamente lo implicado.
1uchas !eces, quien in!estiga en torno a matrices complejas - como el @odíaco, el 6= hing, el \rbol de la Vida, etc. - cree haber encontrado una cla!e uni!ersal que las e"plique totalmente, e incluso de!ele la relación que guardan entre ellas. 2in embargo, cada !ez que se intente aplicar esa cla!e se descubrirá que no cierra realmente, que lle!a a sinsentidos o que sólo produce construcciones ilusorias. &ero esto no signiica que los contenidos ?esot+ricos? sean conusos o inconsistentes. /o inconsistente es conundir órdenes lógicos e intentar reducir un ni!el más amplio a otro que está incluido en aquel.
^ r. Eugenio arutti, +scendentes en +strología D#rimera #arte, <s. s., Uier, ;HH[. Ver en particular el
tercer capítulo 30l 6scendente2, donde se desarrolla el concepto general. 8 luego, cada capítulo especíico,
0e alguna manera, toda esta 6ntroducción ha estado dedicada a se5alar la importancia de estas distinciones.