Apéndice
FUNDAMENTOS TEÓRICOS
DEL COMERCIO INTERNACIONAL
TEORÍAS ORTODOXAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL
De entrada, no es inútil que recordemos aquí que paza los mer-cantilistas de los siglos XVI y XVII el comercio era visto más bien como una guerra o juego de suma cero donde "unos ganan y otros pierden". En efecto, esta visión conducía a aconsejar a los gobier-nos que favorecieran las exportaciones y restringieran las importa-ciones. El concepto de ventaja comparativa de inicios del XIX se encargó de demostraz que el comercio podía ser un juego de suma positiva.Tómese el caso más sencillo de dos países A y B, que producen dos bienes -tela y vino, por ejemplo-, con los siguientes costes de producción:
País A País B
Tela 4 6
Vino 8 3
Es evidente que el país A se debería especializar en la produc-ción de telas, puesto que puede producirlas a un coste inferior que el país B. Es decir, el país A tiene una ventaja absoluta en la pro-ducción de tela, mientras que el país B la tiene, por el contrario, en la producción de vino. Por tanto, el país A exportaría telas al país B, y éste exportaría vino al país A.
Continuemos con el caso sencillo mostrado arriba (dos países,
dos productos), pero con los siguientes costes de producción:
País A País B
Tela 4 6
V'mo 8 10
Ahora el patrón de comercio es menos evidente que en el caso anterior, puesto que el país A produce ambos bienes a menor coste. Sin embargo, el país A sigue siendo relativamente más eficiente en la producción de telas, y el país B en la producción de vino. Las necesidades relativas del país A, medidas en términos de coste de oportunidad 27 en la producción de tela con respecto a la producción de vino (4/8) son menores que los del país B(6/10). Es decir, el país A tiene una ventaja comparativa en la producción de tela, y el país B en la producción de vino. Por tanto, el país A exportaría telas al país B, y éste exportaría vino al país A.
En 1817, el economista David Ricardo introdujo en su obra "The principles of political economy and taxation" un modelo de ventaja comparativa basado en las diferencias en la productividad del tra-bajo, el denominado modelo ricardiano. Sus hipótesis de partida eran ciertamente restrictivas desde el punto de vista del mundo real. No obstante, sus conclusiones son fundamentales porque han servi-do de base para el desanollo posterior de las teorías de comercio, además de aportar sentido común al razonamiento económico: los países, como las personas, deberían especializarse en lo que com-parativamente saben hacer mejor.
Los beneficios del comercio en este modelo se aprecian desde una doble vertiente. Por un lado, el comercio puede entenderse como un método indirecto de producción, ya que en lugar de pro-ducir un bien por sí mismo, un país puede propro-ducir otro bien -para el cual es relativamente más eficiente- e intercambiarlo por el bien deseado. Por otro lado, el comercio amplía las posibilidades de con-sumo de ambos países, lo que implica que los consumidores de ambos países mejoran su situación y, por tanto, hay ganancias de comercio.
En el modelo ricardiano, el comercio conduce a la especializa-ción internacional con desplazamientos de la mano de obra en cada país desde la industria relativamente menos eficiente hacia la que es relativamente más eficiente. El modelo sugiere que todos los países ganan con el comercio y que, además, todos los individuos también ganan. Sin embargo, en el mundo real el comercio tiene efectos sus-tanciales sobre la distribución de la renta. En la práctica, los
bene-271 Se habla de coste de oportunidad en el sentido del número de litros de vino que la eco-nomía debería dejar de produc'v, para producir una unidad adicional de tela.
ficios del comercio se distribuyen de forma muy desigual, debido a dos razones fundamentales: primera, que los recursos no pueden moverse inmediatamente y sin costes de una industria a otra; y segunda, que los sectores productivos difieren en los factores de producción que necesitan. De hecho, una fuente de ventajas com-parativas resulta de las diferencias en la dotación factorial entre los países. Esta es una perspectiva más realista que la del modelo ricar-diano, puesto que tiene en cuenta la importancia no sólo del traba-jo, sino también de otros factores como la tienra, el capital, los recursos minerales o, incluso, los bosques. Una de las teorías más influyentes en la economía internacional fue la propuesta por los economistas suecos E. Heckscher y B. Ohlin (H-O) quienes demos-traron que el comercio internacional está en gran medida orientado por las diferencias en las dotaciones de recursos entre países. Esta teoría hace hincapié en la interacción entre las proporciones en que los diferentes factores de producción están disponibles en diferen-tes países y en la proporción relativa en que son utilizados para pro-ducir diferentes bienes.
EI resultado del modelo básico H-O (también llamado de las proporciones factoriales) es que los países tienden a exportar bienes cuya producción es intensiva en los factores para los que disponen de una oferta abundante. Esto es así porque una economía tenderá a ser relativamente más eficiente en la producción de bienes que son intensivos en los factores para los que el país está relativamente mejor dotado. Aunque algunas de las evidencias empíricas del modelo H-O han sido desalentadoras, han producido dos implica-ciones o corolarios interesantes:
• E1 efecto sesgado de los cambios en los recursos sobre las posibilidades de producción o efecto Rybczynski: un incre-mento en la dotación de un factor (por ejemplo, la tierra) expande las posibilidades de producción más que
proporcio-nalmente en la dirección del bien intensivo en ese factor (por
ejemplo, los alimentos) y viceversa. Así, una economía con un aumento inesperado de la dotación factorial tierra/trabajo acentuará su especialización en la producción de alimentos. Este efecto se relaciona con el fenómeno denominado enfer-medad holandesa.
• El efecto ampliado del precio de los bienes sobre el precio de
los factores o efecto Stolper-Samuelson: los cambios en los
precios relativos de los bienes tienen efectos muy intensos sobre la distribución de la renta, ya que, por ejemplo, consi-derando dos únicos factores de producción (tierra y trabajo), un aumento en el precio del bien intensivo-en-tierra incre-mentará la renta de la tierra en una mayor proporción, mien-tras que se reducirá relativamente el salario. Los propietarios de los factores abundantes de un país ganarán con el comer-cio, mientras que los propietarios de los factores escasos per-derán. En un modelo ideal de comercio internacional, el pre-cio de los factores de producción, tales como capital y trabajo, se igualaría entre los países. En la realidad, no se observa la igualación de los precios de los factores, debido a las enormes diferencias en la dotación y calidad de los recursos, a las barreras comerciales y a las diferencias tecnológicas entre los países.
En conclusión, las predicciones clave de los modelos ortodoxos son:
RECUADRO A-1: Predicciones de los modelos ortodoxos
• El comercio aumenta el bienestar económico global.
• Los países tienden a exportar bienes para los que tienen una productividad relati-vamente alta.
• Los países tienden a exportar bienes cuya producción es intensiva en aquellos fac-tores para los que están relativamente mejor dotados (modelo Hecksher-Ohlin). • El comercio intemacional tiende a igualar los precios de los factores de producción
entre países.
NUEVAS TEORÍAS
Las teorías anteriores aportan una interpretación racional y, en cierto modo, optimista del libre comercio. Sin embargo, muchos flujos de comercio no son explicados en realidad por las ventajas comparativas, como es el caso de aquellas transacciones controla-das por las grandes empresas transnacionales. Una de las razones por las que los países realizan transacciones internacionales de bie-nes y servicios es que mediante ellas pueden conseguir economías de escala -o rendimientos crecientes- en la producción; es decir,
que pueden aprovechaz la tendencia de los costes a reducirse confor-me la producción es mayor. Las economías de escala proporcionan a los países un incentivo para especializarse y comerciaz, incluso en ausencia de diferencias apazentes en sus dotaciones de recursos.
RECUADRO A-2: Competencia imperfecta y distribución
agroalimen-taria
Los grupos líderes de la distribución alimentaria han encontrado en la intema-cionalización de sus actividades una vía de aumento de beneficios. Además, se trata de un sector cuyo grado de concentración aumenta día a día. Un 36 por ciento del mercado detallista alimentario ya es controlado por diez primeros grupos, y cincuen-ta empresas controlan los 2/3 de la vencincuen-tas tocincuen-tales. Las estrategias de internacionali-zación tienden a ser coherentes con la búsqueda de economías de escala y con la competencia imperfecta. La concentración empresaria, por un lado, permite reducir estructuras de compra, paza abatir costes, y por la otra, mejoraz su capacidad de nego-ciación frente a los proveedores. En este contexto, explicaz la intemacionalización de los grupos de distribución requiere comprender sus estrategias empresariales.
Una ilustración de estos procesos nos la da la decisión que tomó en junio de 2001 el gran grupo de supermercados Ahold, primer grupo holandés en el ramo, de cen-tralizar su política de adquisición en Europa. Mediante la compra centralizada de grandes volúmenes de productos frescos, Ahold espera realizaz considerables aho-rros. El grupo de supermercados reunió a los expertos en adquisiciones de todas sus empresas y joint.ventures de Europa en Ahold European Sourcing (AES), que pasó a convertirse en el departamento central de adquisiciones paza las actividades europe-as. Según un portavoz: "De esta manera no hace falta que, por ejemplo, nuestras
sucursales en España, Chequia, Portugal y Pofonia negocien por separado con un proveedor de naranjas. Se pueden reunir los volúmenes, lo que ofrece ventajas en las condiciones de precio y la logística" (Agrarich Dagblad, 19-06-2001).
Definitiva-mente, variables como la dimensión y el poder de mercado, son necesarias paza expli-car el comercio internacional.
Ahora bien, cuando hay rendimientos crecientes las grandes empresas tienen una ventaja sobre las pequeñas, lo que conduce a que los mercados tiendan a estaz dominados por unas pocas empre-sas. Cuando los rendimientos crecientes entran en escena, los mer-cados se hacen, en general, imperfectos. Este es un hecho común en el comercio de productos agroalimentarios (véase Recuadro A-2).
Así, en los modelos de competencia monopolística, un sector
comprende un número de empresas produciendo bienes
diferencia-dos. Estas empresas actúan como monopolistas individuales, pero
entran nuevas empresas en el sector que obtienen beneficios hasta que las ventajas monopolistas desaparecen. El equilibrio depende del tamaño del mercado: un gran mercado contendrá un gran núme-ro de empresas, cada una pnúme-roduciendo a mayor escala y menor coste medio que en un mercado pequeño. El comercio internacional per-mite la creación de un mercado integrado más grande que el merca-do de cualquier país por separamerca-do, y así se hace posible ofrecer simultáneamente a los consumidores una gran variedad de produc-tos y menores precios. En el modelo de competencia monopolísti-ca, el comercio puede ser clasificado en dos tipos: (a) comercio
interindustrial, en el que se intercambian los productos de una
industria por los productos de otra; y(b) comercio intraindustrial, en el que se intercambian en ambos sentidos productos diferencia-dos de una misma industria.
El comercio intraindustrial será tanto más importante cuanto más similares sean los países: si la relación capital/trabajo es muy similar entre dos países predominará el comercio intraindustrial, basado en las economías de escala o en la diferenciación del pro-ducto, mientras que si la relación capital/trabajo difiere mucho de un país a otro, predominará la especialización interindustrial basa-da en las ventajas comparativas. El comercio intraindustrial es par-ticularmente importante en el comercio de bienes con alto valor añadido entre los países industriales avanzados, en los que existe similaridad en tecnología, disponibilidad de capital y cualificación de los trabajadores.
Dentro del sector agroalimentario, se pueden encontrar ciertos productos con comercio intraindustrial, siendo particularmente significativos, por ejemplo, los intercambios bidireccionales de pro-ductos lácteos y hortofrutícolas dentro de la Unión Europea. Por el contrario, el comercio intraindustrial es muy reducido en produc-tos intensivos en trabajo, como el calzado o el vestido, a menudo producidos y exportados por países en desarrollo, con una clara ventaja comparativa en estas industrias con respecto a los países desarrollados.
Aparte del modelo de competencia monopolística, la presencia de economías de escala en el comercio internacional también se analiza desde el modelo del dumping. El dumping se produce cuan-do una empresa establece un precio menor para sus exportaciones que para el mercado nacional. Puede ser una estrategia de maximi-zación del beneficio posible cuando las emprésas pueden segmentar
efectivamente los mercados, es decir, cuando pueden evitar que los consumidores nacionales compren bienes dirigidos a los mercados de exportación.
El análisis del dumping sugiere que esta discriminación de pre-cios puede daz lugaz a flujos de comercio internacional. Concreta-mente, pensemos en dos empresas monopolistas que practican dumping cada una en el mercado de la otra, es decir dumping recí-proco. Supongamos que ambas empresas, cada una de ellas en un país, tienen los mismos costes marginales de producción. Cada una de estas empresas sabe que dentro del país no puede aumentar sus ventas, porque con ello reducirá el precio de sus ventas nacionales. Sin embargo, si una de las empresas puede vender un poco en el otro país, incluso a un precio menor, aumentazá su beneficio puesto que el efecto a la baja en el precio recaerá sobre la otra empresa monopolista. Es decir, ambas empresas tienen un incentivo paza "invadir" el otro mercado, vendiendo algunas unidades en el otro mercado a un precio menor que el del mercado nacional, pero mayor que el coste marginal. Como resultado, se produce comercio intemacional.
Otra situación diferente son las economías de escala externas. Las economías externas son economías de escala al nivel del sector en vez de la empresa. Ocurren, por ejemplo, cuando se produce una concentración local de empresas (como ocurre en los Países Bajos en el sistema agrocomercial europeo). Este tipo de economías no conduce necesariamente a competencia imperfecta. A1 contrario, incluso pueden favorecer un mayor grado de competencia en los mercados. En las economías externas, la historia y el accidente desempeñan un importante papel en la determinación del patrón de comercio internacional. Cuando las economías externas son impor-tantes, un país que comienza con una fuerte posición en el mercado puede conservar esta ventaja incluso aunque otro país pudiera pro-ducir los mismos bienes más baratos.
Algunas de las más importantes economías extemas probable-mente se originan en la acumulación de conocimiento. Cuando una empresa mejora sus productos a través de la experiencia, es proba-ble que otras empresas le imiten y se beneficien de sus conocimien-tos. Esta difusión del conocimiento lleva, a lo lazgo del tiempo, a que los costes de producción de las empresas individuales caigan cuando la industria en su conjunto acumula experiencia. Se trata de economías de escala dinámicas, ya que los costes caen con la
ducción acumulada a lo largo del tiempo, más que con la produc-ción corriente.
El origen de las economías de escala dinámicas puede residir en una ventaja compazativa inicial o en haber sido pionero de la indus-tria. Potencialmente, tanto las economías de escala dinámicas como las economías externas en un momento dado, podrían llegar a justi-ficar ciertos grados de proteccionismo. El argumento tradicional paza la protección temporal de industrias, de forma que les permita ganaz experiencia, es conocido como argumento de la industria naciente, el cual ha ocupado un importante papel en los debates sobre el papel de la política comercial en el desarrollo económico.
La posibilidad de economías externas sugiere también que los Gobiernos pueden adoptar políticas estratégicas de mejora de la competitividad de sus industrias. Michael Porter ha sido uno de los autores que mejor formaliza el posicionamiento estratégico de las empresas, y la influencia de su entomo, a partir de su concepto de
ventaja competitiva. En un sentido amplio, el concepto de ventaja competitiva englobaría todas aquellas variables que explican el
éxito o el fracaso de las industrias de ciertas naciones en su capaci-dad paza competir en los mercados internacionales. Una interpreta-ción gráfica y sencilla de las variables que pueden determinar la
ventaja competitiva, así como de sus interrelaciones, fue ofrecida
por Porter mediante el llamado diamante de competitividad. En cada uno de los vértices del diamante se sitúan los siguientes facto-res de competitividad: condiciones de la demanda; estrategia, estructura y grado de rivalidad en la industria; condiciones de los inputs; y sectores de apoyo y servicios relacionados, como trans-porte, logística e información. Muchos de estos factores están vin-culados al territorio por lo que las estrategias gubernamentales de mejora de la competitividad tienen mucho que ver con la política regional.