“2013 – Año del Bicentenario de la Asamblea General Constituyente de 1813”
REPÚBLICA ARGENTINA
V E R S I Ó N T A Q U I G R Á F I C A
C Á M A R A D E S E N A D O R E S D E L A N A C I Ó NJORNADA DE DEBATE SOBRE ECONOMÍA SOCIAL Y BANCA ÉTICA (Desgrabación)
Salón Illia – H. Senado de la Nación
23 de julio de 2013
Presidencia de la señora senadora Laura Gisela Montero
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– En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el Salón Illia
del H. Senado de la Nación, a las 13 horas del martes 23 de julio de 2013:
– Comienzo del CD Nº 1:
Sra. Presidenta (Montero). – En principio, deseo manifestar mi agradecimiento a todos ustedes por estar aquí y muy especialmente quiero agradecer la presencia de Joan Melé.
Me gustaría que Norma Pimienta, quien ha sido una de las promotoras de la concurrencia de don Melé a la Argentina haga una pequeña introducción, así me lo ha pedido y me parece oportuno, porque ella ha tomado de manera personal el desafío de instalar un concepto de banca ética en la Argentina, del que considero que nosotros tenemos que ser partícipes.
Tiene la palabra la señora Norma Pimienta.
Sra. Pimienta. – Hola a todos y gracias por estar presentes.
Un solo dato personal porque en física hoy se está hablando de sincronicidades y tenemos la posibilidad en la ciencia actual de explicar en los fundamentos de la nueva ciencia o ciencia de la consciencia por qué ocurren las cosas en la vida. Trabajé en el Senado cuando tenía 21 años, 15 años de mi vida transcurrieron aquí y, luego, pasé a la Cámara de Diputados en épocas muy tristes de mi país. Vuelvo hoy al Congreso de la Nación, a este amado y bendito lugar nuestro, donde pueden salir desde nosotros, que somos la masa crítica de gente con consciencia que debe comenzar a pedir, a instalar y a crear una nueva economía, a empezar a instalar en la mente de cada uno que la consciencia existe, pero que solamente puede experimentarse.
Cuando se experimenta la consciencia se empieza a cocrear y somos cocreadores conscientes en la evolución de la vida. Dentro de esa cocreación, estoy absolutamente convencida de que la economía, que es transversal a todos los actos de la vida humana, porque desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos manejando dinero y creando la economía que tenemos, es nuestra responsabilidad el ser ciento por ciento responsables de poder cocrear una nueva economía.
Dentro de las sincronicidades de la vida, en el mes de octubre –una sincronicidad– mientras estábamos rodando un documental sobre sanaciones conscientes o cuánticas, lo entrevisté a Joan, quien tuvo la deferencia de atenderme, en la sede del Triodos Bank en España. Estamos rodando ese documental con entrevistas a científicos que explican desde la ciencia por qué un cáncer puede ser remitido en un minuto, y esto la ciencia hoy lo puede explicar.
La otra pata de nuestro proyecto Yo Soy Punto Cero es la economía. Por eso, invitamos a Joan a visitar nuestro país. También estamos convencidos de que en la Argentina van a surgir nuevas cosas.
Deseo manifestar un agradecimiento enorme a la señora senadora Laura Montero, una de las pocas mujeres que se mueven en el mundo de la economía y que fue ministra de Economía de mi provincia, la provincia de Mendoza.
Cuando decidimos la llegada de Melé a la Argentina la llamé y le dije: “Laura, vos sos un ser consciente que puede hacer mucho por la economía de nuestro país”. Así que te agradezco enormemente que como presidenta de la Comisión de Economía Nacional e Inversión del Senado nos hayas abierto las puertas de esta casa. Asimismo, deseo agradecerle
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porque personalmente ha invitado a los presidentes de toda la banca pública y privada del país. Todos dijeron que no. Le agradezco enormemente a Federico Sturzenegger, titular del Banco Ciudad, por estar aquí. Muchas gracias. (Aplausos.)
Sra. Presidenta. – Joan Melé, si quiere iniciar la disertación, creo que es importante que nos explique y nos dé los fundamentos de la banca ética, pero sobre todo nos cuente desde su experiencia vivida cómo se fue instalando este concepto en el sistema bancario y cuál ha sido la evolución de Triodos Bank.
Esto es muy importante en la Argentina en un momento en que el sector financiero, si bien es una de las pocas actividades que crecen en este momento en la Argentina, debo recordarles que en la actualidad las actividades productoras de bienes están cayendo y crece el sector financiero, pero bajo qué consignas crece. Esa experiencia ya la vivimos en el ’90 y terminamos con una crisis financiera que lamentablemente tuvo consecuencias sociales gravísimas. Llegamos a tener un 54 por ciento de pobreza y estándares de desempleo del 20 por ciento. No queremos que esto ocurra más. Es por eso que me parece sumamente oportuno, en un momento en el que el sistema financiero está mirando a otro lado y no a la economía real, que vengan a contarnos una experiencia que además de estar fomentando la movilidad en la economía real, se hace con un profundo sentido ético y social. Creo que éstas son las características esenciales que, tal vez, el vicepresidente de Triodos Bank puede relatarnos, quien además es vocero europeo sobre banca ética, según el informe que Norma nos ha pasado.
El Congreso ha sancionado una ley, no por supuesto con nuestro voto, sobre lavado de dinero y donde las reglas de transparencia bancaria a veces están siendo alteradas de la misma legislación; por eso, creemos que tenemos que instalar otro tipo de marcos conceptuales, de marcos éticos, para mirar el funcionamiento del sistema financiero en la Argentina.
Mi agradecimiento es profundo porque –como bien decía Norma– invitamos a todas las entidades bancarias de segundo piso, a ABA, a ABAPPRA, también a la mayoría de los bancos de la República Argentina para ver qué experiencia se está desarrollando en el país respecto de la mirada de la banca ética, de la transparencia, de la banca con fundamentos sociales y ambientales y la única persona que respondió, hasta contento –debo decirlo– de poder venir a participar fue Federico Sturzenegger. Así que –reitero– mi especial agradecimiento porque si bien Joan Melé nos contará sobre la experiencia del Triodos Bank y su experiencia personal, Federico Sturzenegger intentará bajarlo a la Argentina en función de la experiencia del Banco Ciudad.
Le damos la palabra. Bienvenido y muchísimas gracias por venir a nuestra Comisión de Economía del Senado.
Quiero comentar que esto se transmite directamente por Internet y que todo lo que hablamos aquí, en la casa del pueblo y de las provincias, intentamos que sea un lugar público donde las voces puedan ser escuchadas por la mayoría de los argentinos.
Sr. Melé. – Muchas gracias por haberme invitado. También, quiero agradecerle a Federico por ser el único representante de un banco en participar. No me ha sorprendido. Me habría sorprendido lo contrario. Ya que se está transmitiendo en directo, seremos prudentes, pero, también, seremos un poco atrevidos. Vamos a intentar levantar el ánimo.
Para mí es un honor estar hoy aquí en el Senado. Aunque no seamos muchas personas, esto puede ser una semilla que irradie a toda la nación. Cuando me invitaron, al principio, me costó un poco aceptar, porque es una época de muchísimo trabajo. Estaba cansado. Pero, Norma supo transmitirme la importancia de que pudiéramos contar aquí un caso de economía
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real de éxito. Estamos en una época en la que, cuando uno cuenta algo bueno, te acusan de buenismo, utópico, soñador o de que esto no es posible. Pensaba que dar un testimonio personal de algo que está funcionando, de otro modelo de economía, podía ser importante.
Antes de explicar exactamente lo que estamos haciendo en Triodos Bank, me gustaría hacer una pequeña reflexión acerca del por qué de la necesidad de una banca así.
Cuando observo la historia de la humanidad en los últimos siglos, me fijo en el Renacimiento como punto de partida. Para mí, es un punto de salida especial. Hay un cambio radical en la humanidad en ese momento. De hecho, la palabra “renacimiento” así lo indica. Hay un nacimiento de un nuevo ser humano. Eso lo vemos en el arte y la arquitectura. Aparecen personajes como Leonardo Da Vinchi, Rafael y Miguel Ángel. Está el posterior nacimiento de una ciencia muy potente con Copérnico y Galileo. En ese momento, todo hacía augurar un futuro espléndido para la humanidad. Se pensaba: ya no va a haber límites para el ser humano; vamos a conseguir un mundo realmente maravilloso y sorprendente.
En parte ha sido así. Si observamos la evolución de la ciencia y de la técnica, realmente, el ser humano ha hecho una evolución espectacular. Incluso, hoy la evolución es tan rápida, que no sé si se puede llamar evolución porque nos sobrepasa a los seres humanos.
Pero, simultáneamente, hay una especie de involución. Entre más recursos y conocimientos tenemos los seres humanos, más conflictos tenemos en el mundo. Llegamos al siglo XX, un siglo que, quizás, algún día lleguemos a entender. Este siglo empieza, en el año 14, con una primera guerra mundial. No se entiende el problema de la guerra mundial. No se solventan los problemas. Viene una segunda guerra mundial anunciada con precisión por algunas personas. Si no se hacen cambios radicales, vendrá una guerra mundial más cruenta en tantos años. Y así fue.
Hoy, estamos en lo que denomino como tercera guerra mundial. En este caso, no está localizada en el combate en las trincheras. Es una guerra mundial provocada por una economía destructiva que hace que en estos momentos mueran cada día entre 70 y 80 mil personas de hambre. En la época que estamos viviendo, me pregunto cómo es que podemos dormir tranquilamente cada noche y no sentirnos mal.
La pregunta es qué nos sucede a los seres humanos. Tenemos todos los conocimientos científicos y técnicos. Tenemos todos los recursos económicos. No puedo aceptar cuando dicen que hay crisis. Por ejemplo, dicen que España, en este momento, es un país con una profunda crisis económica. Crisis hay. Pero, cuando dicen que no hay dinero, es falso. Nunca ha habido tanto dinero en la historia de la humanidad, en el mundo, como ahora. Es más, creo que el problema que hay es que sobra dinero en el mundo. Un dinero que no se sabe utilizar y está invirtiéndose en burbujas especulativas que generan grave enfermedad social, una especie de cáncer social que tenemos que solucionar.
Me pregunto por qué los seres humanos hemos llegado a esto. Es demasiado fácil culpar a los políticos, como se está haciendo en España. La culpa es de los políticos que son corruptos y de los banqueros. Pero, no nos damos cuenta que todos hemos entrado en un modelo social, que estamos aceptando. A lo sumo, nos limitamos a protestar de vez en cuando en alguna manifestación o en casa. Pero, hemos sido incapaces de tomar las riendas por nuestra cuenta y tomar decisiones conscientes y coherentes y comprometernos en un cambio.
Para mí, estamos asistiendo a un cambio de época tan radical como el del Renacimiento, como cuando Copérnico tuvo la osadía de decir que la Tierra giraba alrededor del sol. Ahora, lo podemos mirar como una anécdota y decir: qué fácil que era ver que la
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Tierra giraba alrededor del sol. Pero, Copérnico y Galileo tuvieron serios problemas. Incluso, tuvieron que rectificar. Galileo tuvo que decir que no, si no se lo cargaban. Al pobre Giordano Bruno lo quemaron en la hoguera por decir esto. Hoy todo el mundo lo ve clarísimo, pero es una idea que tardó más de cien años en imponerse. Era un cambio radical que chocaba con la mentalidad de la época. Tenía connotaciones religiosas y espirituales. Cuestionaba todo el conocimiento de la época. Hubo mucha gente que se resistió.
Esto siempre ha sido así con los descubrimientos científicos. Hay un libro antiguo, que ahora es un clásico, de Thomas Kuhn, sobre la estructura de las revoluciones científicas, donde muestra que siempre que hay una innovación, un nuevo conocimiento, hay un grupo de gente que se resiste contra él y, luego, poco a poco, se va imponiendo, porque es la lógica, hasta que, al final, acaba convirtiéndose en otro dogma que no permite que entren nuevas ideas. Parece que no aprendemos con la historia de la humanidad. Y cuando surge una idea nueva revolucionaria, siempre hay quien se quiere oponer a ella o quiere desprestigiarla. De hecho, en un libro famoso, que se llama “La conjura de los necios”, el autor decía que cuando surge un genio enseguida se le reconoce porque todos los necios se confabulan contra él. Sucede lo mismo cuando surge una nueva idea interesante. Hay gente que se empeña en decir: “esto no lo vamos a conseguir”. En el fondo, es miedo.
Esto sucedió, también, con esta idea de la banca ética. Explicaré un poco cómo surgió. La idea de lo que es un banco es fácil. La mayoría sabe lo que es. Aunque, a veces, la gente me pregunta: “un banco, ¿qué hace con el dinero?”. Es una buena pregunta.
Un banco es un intermediario. Recoge el dinero de la gente que tiene dinero y que, de momento, no lo va a utilizar o que tiene dinero y no sabe qué hacer con él o no tiene coraje de hacer lo que cree que debería hacerse y lo deposita en un banco porque cree que allí va a estar más seguro. Esto ha sido así hasta hace pocos años. En España, la gente decía: “llevo el dinero al banco, porque allí me lo guardan y está seguro”. Ahora, han visto que no, que puede ser un peligro, también, llevar el dinero al banco. Pero, es un intermediario. Reivindico la importancia de los bancos. Incluso, a veces, reivindico, un poco para provocar, el orgullo de ser banquero. Decir esto en España, en este momento, es peligroso. Pero, yo lo voy diciendo. El orgullo de ser banquero. Un banquero tiene una misión muy importante: entender la sociedad, el mundo, las necesidades que tiene una sociedad. Todas las necesidades deben cubrirse con la intervención del dinero y un banquero tiene que saber cómo intervenir de manera eficiente, solvente y prudente; sobre todo esto último, porque el dinero que utiliza un banquero no es suyo y tiene que devolverlo. Tiene que hacer esto para conseguir que el mundo se transforme y avance. Por lo tanto, es un oficio y por eso, reivindico el orgullo de ser banquero, si se hace bien.
El problema de la banca, especialmente a partir de los años ochenta –y no sólo de la banca sino de la economía general–, es que, después de la caída del Muro de Berlín y de la famosa globalización, la economía ha enfermado. El mundo ha enfermado y ha puesto como único objetivo el crecimiento. Y el crecimiento no puede ser un objetivo. El objetivo de una persona no es crecer; porque cuando eres pequeño creces, pero llega una edad en la que dejas de crecer y lo que haces es madurar. El crecimiento es un resultado; nunca puede ser un objetivo. Y, sin embargo, la obsesión de las empresas, de los bancos y de las economías de los países ha sido el crecimiento. Pero, claro, el crecimiento normal da para lo que da, entonces, cuando un banco se propone un objetivo en porcentajes como los que me exigían a mí…
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crecimientos de objetivos: un año un 30 por ciento, al siguiente el 40 por ciento y al siguiente el 60. El último año que estuve en la banca convencional el objetivo que me habían marcado consistía en que tenía que crecer un 200 por ciento. Pero esto no es normal; no es posible haciendo economía real. La economía real no puede crecer tanto porque la economía real la hacemos las personas. Las personas constituimos algo orgánico, común, y lo orgánico en la naturaleza crece lentamente. Cuando algo crece tan de prisa no es orgánico, es mecánico, y acaba provocando problemas.
Entonces, la economía a finales de los ochenta empieza a degenerar −sobre todo hablo de España que es lo que conozco mejor, pero creo que en todas partes ha sucedido lo mismo− y la especulación fue el objetivo para crecer. La banca ya no crecía dando préstamos a las empresas para que crearan puestos de trabajo, mejoraran en su eficiencia y crecieran en su producción de bienes, sino que empezó a invertir en productos estructurados, en fondos de especulación, en mercados de futuros, de derivados, en productos tan extraños que los propios empleados de banca no sabíamos lo que estábamos haciendo. Algunas veces teníamos que reunirnos varios directores para estudiar lo que íbamos a vender a los clientes porque no lo entendíamos. Y seguíamos sin entenderlo, porque no era nada normal. Eran productos tan extraños como que –y voy a poner un ejemplo– si los índices bursátiles del IBEX 35, el EURO STOXX 50 y el Nasdaq en los próximos tres años subieran más de un 5 pero menos de un 7, pero a veces el índice medio ponderado de no sé qué sector creciera menos de un 3, y la luna, por ejemplo, estuviera en cuarto creciente, pues con nuestro rendimiento pagaríamos un 4 por ciento al menos que España ganara el mundial de fútbol y entonces pagaríamos un 1 por ciento más. (Risas.)
Estoy hablando de un caso real; no estoy haciendo una broma. Había una entidad bancaria que si España ganaba el mundial de Fútbol iba a pagar un 1 por ciento más a sus clientes. Esto significa que en realidad el dinero ya no va a ninguna parte, va dando vueltas por el mundo; donde hay gente supuestamente inteligente que supo ver todo esto. No sé qué tipo de inteligencia es esa, no la sabría definir; no es la inteligencia a la que yo aspiro en esta vida. Entonces, mientras ellos se hacían sumamente ricos, tarde o temprano, los ahorradores, los países, entraban en pobreza absoluta.
Aquí conocéis bien de lo que estoy hablando, porque en esto fuisteis pioneros en 2000 cuando se produjo toda la crisis bancaria, el corralito y todo lo que vivisteis, sumado a ello el enorme sufrimiento de toda la población. Y estoy seguro de que mucha gente se hizo inmensamente millonaria con eso. Bueno, a España nos ha llegado ahora. Ha llegado hace cinco años y hay gente que se ha hecho sumamente millonaria, pero el país está en la miseria. Lo sorprendente es que esto se hace desde un sistema financiero que estamos alimentando entre todos.
En la época de la Guerra de Vietnam, a finales de los sesenta, ya hubo una llamada de alerta sobre todo esto. Mucha gente se dio cuenta de que los bancos con sus ahorros, con su dinero, o con la plata −como decís aquí−, estaban haciendo cosas sorprendentes. Algunos recordaréis, porque lo habéis visto por televisión o históricamente, que la Guerra de Vietnam movilizó a mucha gente a nivel mundial –fue parecida a la guerra de Irak que también movilizó a millones de personas en todo el mundo en contra de la guerra–, y fue la primera en hacerlo. De hecho, miles de personas iban a Washington a manifestarse con pancartas frente al Capitolio en contra de la guerra y algunos de esos manifestantes pertenecían a organizaciones cristianas muy potentes de Estados Unidos, ONGs, etcétera. Ahora bien, lo que descubrieron al cabo de un tiempo es que ellos –los que estaban con pancartas en contra
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de la guerra– con sus ahorros estaban financiando esa Guerra de Vietnam.
Esta fue una de las primeras causas o motivos contundentes para que la gente empezara a pensar: “¿Cómo es posible que yo que soy pacifista, que estoy en contra de la guerra, esté financiando con mi dinero la Guerra de Vietnam?”. Este es sólo un ejemplo, la pregunta es buena y hay que hacérsela siempre cuando vemos lo que sucede en el mundo y no nos gusta. Hay que preguntarse cómo es posible, qué parte tengo de responsabilidad, pero este cuestionamiento no nos lo hacemos acostumbrados a señalar al político y al banquero. Ahora bien, como decía no sé qué pensador: cuando señalas con un dedo, hay tres que te señalan a ti. Entonces, ¿qué parte de responsabilidad tenemos con lo que está sucediendo en el mundo? Porque cuando a estos grupos de cristianos y ONGs inocentes que protestaban frente al Capitolio les preguntaban: “¿Tú que has hecho con tu dinero?”…
Ahora, cuando todavía le pregunto a la gente: ¿Tú qué haces con tu dinero?, me responde: “Yo no hago nada; lo llevo al banco para que lo guarden”. ¿Pero qué instrucción le das al director del banco cuando llevas tu dinero? “Pues lo más sencillo, lo normal: que me dé el máximo rendimiento posible”. Estas palabras parecen inocentes pero, bajo esa falsa inocencia, hay una codicia escondida. “El máximo rendimiento posible”. Tienes que ir y felicitar al director de tu banco pues, si está invirtiendo en guerra, seguro que el rendimiento va a ser altísimo.
En efecto, hoy uno de los mejores negocios en el mundo son las armas. Las armas, las drogas y la prostitución son tres de los negocios que mueven más dinero y, además, con el tráfico de armas se está blanqueando en paraísos fiscales el dinero de la droga y de la prostitución. Algo que mueve miles y miles de millones de dólares, y lo que no sabemos, lo que no sabe mucha gente, es que parte de su dinero está promoviendo todo eso.
De hecho, hay una economista italiana, salida del Banco Mundial, Loretta Napoleoni que escribió un libro muy interesante titulado Economía canalla. Es espectacular. No os lo puedo recomendar porque te hunde en la depresión, pero muestra una economía canalla en la que todos estamos inmersos y que por delito de silencio estamos permitiendo.
Y repito las palabras “delito de silencio”; palabras que aprendí de un buen amigo mío, Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, un hombre que ha promovido la paz y que acusó –quizás esta palabra sea muy fuerte– o interrogó a los intelectuales de todo el mundo diciéndoles: ¿Por qué estáis callados profesores, intelectuales, científicos? ¿Por qué callamos ante esta agresión, ante esta nueva guerra mundial a la que estamos sometidos por una economía canalla? Es decir, una economía destructiva.
A finales de los sesenta, motivados en parte por este tema de la Guerra de Vietnam, ya muchas personas empezaron a preguntarse si no era posible crear otro tipo de banca y surgió el concepto poderoso de banca ética, que en algunos sitios se está cambiando por banca con valores, porque a veces, según el país, la palabra ética se equipara a un término religioso y, quizás, muchos interpreten que sea católico; sin embargo, se está refiriendo a una ética universal, válida para cualquier ser humano, ya sea católico, protestante, judío, musulmán, budista o ateo; da igual. Es una ética que respeta a los seres humanos, de respeto por el planeta, que surgió con fuerza y se extendió por los Estados Unidos, por Europa y por otros lugares del mundo, y tiene una idea muy sencilla: el dinero de los clientes se va a invertir siempre en la economía real. Asimismo, la especulación se considera como una falta de ética, como una perversión del sistema económico. Y voy a poner un ejemplo de por qué lo consideramos una perversión. A veces comparamos y para entender la economía en vez de utilizar la matemática considero que es mejor utilizar ejemplos vivos, concretos de la
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naturaleza, y el mejor ejemplo es el del cuerpo humano. En el cuerpo humano tenemos un órgano muy especial, que es el corazón, al cual llega la sangre venosa que ha pasado por todo el cuerpo. La sangre venosa lleva información de todo el organismo global. Y en función de esta información la sangre, cuando llega a uno de los cuatro departamentos... que curiosamente se llama aurícula derecha. La palabra "aurícula" viene de oreja, de auricular. Y el lenguaje indica un secreto escondido: se le llama aurícula porque la sangre se detiene una décima de segundo antes de entrar al corazón. Hay una parte de un sistema nervioso que detecta la información de la sangre, información de todo el cuerpo, y en función de esa información el corazón envía la sangre a los pulmones; coge oxígeno en función de la necesidad; y luego, a través de la aorta, lo envía a todo el cuerpo. Pero fijaros que lo envía de una manera muy especial: no como una bomba, como me enseñaban a mí en el colegio cuando era pequeño. Me decían que el corazón es una bomba aspirante. Esto ya es feo definirlo así; y lo feo no puede ser auténtico de ninguna manera. El corazón no es ninguna bomba; el corazón es un y órgano de conciencia que envía la sangre oxigenada a cada órgano y a cada célula en función de lo que necesita. No es una bomba mecánica, porque por ejemplo cuando uno está haciendo un trabajo intelectual o está estudiando, la sangre oxigenada va al cerebro; cuando alguien hace la digestión, la sangre va al aparato digestivo; cuando alguien está corriendo por la calle, la sangre oxigenada va en mayor intensidad a las piernas. Y el corazón tiene conciencia global del cuerpo: capta la necesidad y envía sangre oxigenada. Esta es la función de un corazón: tener conciencia global de manera que cada célula del cuerpo reciba la sangre oxigenada que necesita.
Pues este ejemplo lo podemos pasar al organismo global que formamos entre todos en el mundo. El mundo es un único organismo global, aunque curiosamente, sorprendentemente –este es un misterio que hoy no toca hablar aquí–, en el cual la conciencia se ha individualizado en millones de personas. Somos la parte consciente de este organismo global. En este organismo social global que formamos entre todos, la sangre es el dinero. El dinero tiene que circular en este organismo, igual que circula la sangre en el cuerpo, de manera que no quede ninguna célula de la sociedad, es decir, ningún individuo que no le llegue lo que necesita. La misión de los bancos sería, precisamente, ser un órgano de conciencia, percibir las necesidades y hacer que el dinero circule, de manera que a toda persona le llegue todo aquello que va a necesitar para vivir. Esta es la misión de un banco. Esta es la misión del dinero como sangre del organismo social.
Entonces, la banca ética se propuso trabajar de esta manera con el dinero: hacer circular el dinero para que vaya a las empresas, pero no a cualquier empresa. Porque si yo soy una persona pacifista, por ejemplo, no quiero que mi dinero vaya a la fabricación de armas. Y si hay una persona con conciencia y quiere una tierra y un planeta más sustentable, más ecológico, más vivo –no muerto, como estamos haciendo ahora, que nos estamos cargando el planeta–, no puedo permitir que mi dinero vaya hacia determinados tipos de empresas que están contaminando, que están destruyendo el planeta o que están arrasando Argentina – seguramente provoco a alguien con esto– con plantaciones de soja transgénica, que es pan para hoy y hambre para mañana. Estamos destruyendo el planeta con plantaciones transgénicas y nos están queriendo convencer empresas como Monsanto y otras de que esta es la solución para el hambre en el mundo. Esto es falso. No es el tema de hoy y no lo puedo charlar, pero esto es falso. Esta gente no se preocupa por el hambre del mundo; se preocupa por tener un poder sobre los alimentos mundiales y luego tiene que ir la gente comprando, que si los productos pesticidas, que si los abonos. Entonces, hay una dependencia total y
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estamos destruyendo el equilibrio de la Tierra. Yo no quiero que pase esto. Y cuando digo yo, descubro que, como yo, millones de personas en el mundo tampoco lo quieren, igual que no quieren que se explote a las personas en su trabajo, que quieren que todo el mundo tenga su dignidad y que queremos promover un mundo diferente. Desde este concepto de banca ética, sólo vamos a financiar empresas que tengan un sentido de responsabilidad.
Cuando se empezó a hablar de esto, nos decían en los años sesenta... Triodos Bank empezó en año 1971 en Holanda con la vocación de ser un banco europeo. Y cuando empezó, la gente decía: "estos son unos hippies, estos son cuatro pirados. Déjate de tonterías, vaya tontería". Como os decía, siempre que surge una buena idea, hay quien se va a empeñar en decir que no es viable.
A mí, personalmente, cuando dejé la banca tradicional para hacer esto, mis amigos, mis conocidos y no tan conocidos me decían lo mismo: "esto es imposible, tú estás loco, déjate de tonterías, no lo vas a conseguir". Lo que pasa es que yo soy raro: cuando alguien me dice que algo es imposible, a mí me anima y me da fuerzas para seguir adelante. Yo les decía: "pues, por favor, dímelo otra vez". "Es que no lo vas a conseguir". Y cada día recibía más fuerzas para seguir adelante. Y yo hoy les llamo y les digo: "mira, estamos triunfando". Porque el modelo este de banca ética, el nuestro, concretamente, que empezó en el año 1971, se ha extendido por el Europa. Estamos ya en varios países: Holanda, Bélgica, Inglaterra, España, Alemania, Francia. En otros países no estamos en presencia propia, pero apoyamos a otros bancos para que hagan lo mismo. Y en España que llegamos tarde –siempre va retrasada treinta años respecto de Europa–, pero el crecimiento en este momento es espectacular. No estamos haciendo publicidad. Son nuestros clientes que nos traen miles de clientes. Estamos haciendo un cambio en la economía. Estamos creciendo en porcentajes que, sin habérnoslo propuesto, son altísimos. Estamos financiando empresas del sector cultural, del sector ecológico, del sector social que nadie querría financiar o que sí querría financiar pero a unos precios desorbitados. Y estamos consiguiendo reactivar una economía de una manera tan sencilla como esta. Hay gente que dice que es muy raro, pero no, lo que hacemos nosotros es lo normal. Lo raro es invertir en productos estructurados y que el dinero dé vueltas especulando por el mundo.
Pero es este conflicto de banca ética... Hay gente que dice que no debería decir "ética" porque provoca mucho a los demás. Pero el concepto de banca ética no nos lo hemos puesto nosotros, nos lo han otorgado los demás. Y si el público te otorga este nombre, no lo puedes despreciar. Lo aceptamos libremente. Y hasta bien un poco para provocar a los demás. Por eso decía que me habría extrañado que hubiera otros bancos, porque si a uno le ponen esa categoría de ética, hay gente que dice: "entonces, los demás no son éticos". Dios me libre de acusarlos, cada uno sabrá lo que hace con el dinero.
¿Pero cuál es la base para poder hablar de ética? Una es tener una misión. Nuestro banco, cuando se constituyó, en el año 1971, aparte de querer ser un banco europeo independiente, queríamos ayudar a cambiar el mundo. Los cuatro soñadores que fundaron nuestro banco, los cuatro idealistas –soñadores en el sentido positivo, de Martin Luther King, de que tenían un sueño– querían cambiar el mundo. Que el mundo estuviera mejor. Porque sabían que hay gente que lo hace desde la educación, gente que lo hace desde la política, gente que lo hace desde las ONG. Y pensaron: ¿por qué no se puede ayudar a cambiar el mundo desde la banca, desde el sistema financiero? Esta fue la misión con la que crearon el banco.
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era la transparencia. La clave para que a una banca se le pueda poner el nombre de banca ética es la transparencia, yo diría, la transparencia radical. Hay que contar a los impositores, a la gente que trae sus ahorros, hasta el último céntimo, qué estamos haciendo con su dinero. No sólo el balance económico que se presenta, no, no es el balance económico. Si ustedes entran en nuestra web, www.triodos.es, verán un mapa de España donde dice “Historias de la banca transparente”. Y allí uno puede entrar en cualquier ciudad del país o en cualquier provincia y vamos a ver qué ha hecho Triodos en esta provincia. Están todas las empresas que hemos financiado, nombres, apellidos, direcciones, para que la gente pueda investigar. Y al final de año cuando se presenta la Memoria al banco auditada, se certifica que aparte de lo que hemos publicado no se ha hecho nada más. Nos podemos equivocar, por supuesto, nos pueden engañar, pero no podemos engañar a la gente. Publicamos y explicamos lo que estamos haciendo.
Esta transparencia está generando un sentimiento de complicidad, un sentimiento de entusiasmo, está despertando la consciencia de la gente. La gente se da cuenta de que su dinero mientras no lo necesita está siendo útil a los demás; empresas concretas en tu región que tú conoces. Fíjate, mi dinero ha servido para esta empresa, para la otra, para esta, para un centro especial de trabajo con niños discapacitados, para un centro de agricultura ecológica, para financiar una escuela. Nombres, apellidos, seres humanos reales, economía real.
Y esto genera entusiasmo, porque os tengo que decir que hoy hay mucha gente que quiere un mundo mejor. Lo que pasa es que hay mucho desánimo, hay mucha desconfianza, pensamos que el mundo no puede cambiar, que las fuerzas oscuras, que la gente negativa, que la gente que tiene el poder siempre será más poderosa que nosotros. Pero estamos equivocados, la fuerza la hemos tenido siempre los ciudadanos. Cualquier ser humano es capaz de cambiar el mundo.
Ayer por la tarde daba una charla aquí en Buenos Aires y alguien me habló de Martin Luther King, y yo decía que Martin Luther King es importante pero a quien yo admiro es a Rosa Parks, aquella mujer negra modista -no sé si era de Nueva Orleans, Luisiana, no me acuerdo la ciudad-, que un día en un autobús no quiso levantarse para ceder su asiento a un blanco. Sabéis que en aquella época, cuando ya dejaban entrar a los negros en los autobuses, les dejaban entrar al fondo del autobús a menos que entrara un blanco y quisiera el sitio. Y ella no se quiso levantar. Una mujer sencilla, sin violencia. Dijo: “Yo tengo la misma dignidad que tú, no me voy a levantar”. A esa mujer la detuvieron, la encarcelaron -no sé si la torturaron-, pero ella le dio la fuerza a Martin Luther King para empezar una revolución y decir un día: “Yo tengo un sueño.
Han pasado cincuenta años sólo. Ahora se celebran los cincuenta años de Martin Luther King, hoy en los Estados Unidos el presidente es negro. Cuando alguien me dice que algo es imposible, digo que los únicos límites que tenemos están en nuestra mente, en nuestro corazón. Esto se puede cambiar.
Es decir, ya no hablo de dar nuestro dinero, esto requiere un nivel de consciencia superior, dar el dinero que te sobra a los demás; esto es fundamental para que el mundo avance. El concepto de la capacidad de donación en algunos países está muy desarrollado, por ejemplo en los Estados Unidos. En otros, es impensable que la gente dé su dinero. Se aferran al dinero hasta que mueren, pensando que lo podrán incluso llevar al otro lado cuando eso suceda. A veces hay que recordar a la gente, “oye, ya sabes que te vas a morir, para qué acumular tanto cuando a tu alrededor hay gente que lo necesita”. Pero este es otro tema, es más difícil.
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El tema de la banca ética es revolucionario por lo sencillo que es. Simplemente es la voluntad de que mi dinero mientras yo no lo uso que sea útil a los demás. De tan sencilla es revolucionaria.
En este momento puedo decir que en España aun las entidades financieras importantes empiezan a estar preocupadas por este tema. Ya nos empiezan a copiar. Bueno, ojalá nos empezaran a copiar. Nos empiezan a copiar la publicidad. Están diciendo que ellos también son muy sustentables y que les interesa mucho el sector social y que les preocupa mucho el medioambiente, pero pueden financiar un proyecto ecológico, pueden financiar un proyecto transgénico, un proyecto químico que está destruyendo el río que tienen al lado de casa. Les da igual, porque para la mayoría de empresas y de bancos el único motivo, el único interés, es ganar dinero, y esto creo que corresponde a pasado. Hay que ganar dinero -esto no lo voy a negar porque el dinero es imprescindible-, pero el beneficio económico no puede ser el objetivo de las empresas ni de los bancos, el objetivo es transformar el mundo, que el mundo esté mejor. Si lo haces bien en tu actividad profesional, sea una empresa, sea un banco, al final del año tienes un beneficio. Y el beneficio no es el objetivo, es el resultado que te indica que los ha hecho bien. El objetivo es que el mundo esté mejor.
Habrá gente que se va a resistir a esta idea al igual que hubo gente que se resistió a la idea de Copérnico de que La Tierra giraba alrededor del sol. Hay mucha gente que decimos: “La economía tiene que girar alrededor del ser humano”. El centro de la economía somos las personas, no el beneficio económico. Esto es viable, y a mí nadie me puede acusar de soñador porque soy un banquero, soy muy pragmático, estoy un banco y lo que estamos haciendo funciona. Ahí está la fuerza de lo que estamos diciendo. No es una teoría filosófica, es una realidad que está funcionando en toda Europa y que espero que pueda llegar también a la Argentina y a toda Latinoamérica porque creo que puede ayudar muchísimo a transformar la sociedad. Estoy encontrando mucha gente –y llevo sólo aquí tres días- que quiere apostar por esto.
Yo os animo que sigáis adelante, que juntéis fuerzas porque es época de sumar, no de restar. No se puede buscar ideologías, creencias, todo esto pertenece al pasado; es momento de mirar hacia el futuro, ver qué podemos hacer juntos. Estoy seguro de que de aquí en pocos años puede salir una entidad como esta. Yo os animo a hacerlo y si podemos desde nuestro banco o desde la alianza mundial, lo apoyaremos. Muchas gracias. (Aplausos prolongados.) Sra. Montero. – Una muy calurosa bienvenida con sus aplausos. Debo decir que yo era ministra de Economía y antes de darle la palabra, Federico, no podía dejar de hacer este comentario. A mí me tocó ser ministra de Economía de la provincia luego de la crisis de 2001 2002. Fue una terrible crisis, que prácticamente había paralizado todos los sectores productivos durante la década de los noventa, como nos explicaba todo lo que crecía el sector financiero, y a mí me tocaba tratar de financiar la economía real con muy poquitos recursos. Había una asimetría tan grande entre la visión de los bancos y las necesidades de la economía real que prácticamente era imposible conseguir que el dinero que se iba acumulando en los bancos fuera una fuente dinamizadora de esos recursos productivos y de estas proyecciones de los sueños de la gente en empezar un proyecto. Nos tocó pelear mucho frente a ese desafío, y fue uno de los principales desafíos el hecho de tratar de vencer esas asimetrías.
Me hubiera gustado en ese momento contar con un socio estratégico con esta visión desde el sector bancario, porque posiblemente eso hubiera dinamizado mucho más la economía de lo que logramos hacerlo, más allá de que en cierta medida no debo decir que nos fue mal. Yo decía que cuando asumí como ministra de Economía el principal desafío de mi
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gestión en el Ministerio de Economía era lograr el desarrollo humano; es decir, era lograr vencer lo que en ese momento nos laceraba, que era una pobreza de 54 por ciento y un desempleo de 17. Yo decía que mi meta como ministra de Economía no tenía nada que ver crecer la economía, sino este desafío que era vencer la pobreza y el desempleo. No nos fue mal, porque bajamos la pobreza del 54 al 24, aunque todavía esto seguía incrustado en el territorio como una pobreza estructural, y el desempleo del 17 al 3,5, pero debo decir que nos costó muchísimo encontrar estos aliados estratégicos en el sector financiero, aunque les proponíamos subsidio de tasa. Es decir, para que ellos volcaran su capital a la visión que nosotros estábamos teniendo de la economía real, que era donde había que apuntar la inversión.
Entonces, un poco les cuento esta experiencia desde la visión concreta del esfuerzo que a veces hay en la política pública para lograr resultados en la economía real que no solamente se libra desde una decisión política, se libra desde un conjunto comprometido con los mismos objetivos, y ese conjunto es el conjunto social, pero es también todos los sectores de la economía, aunque son prestadores del servicio al movimiento económico, y por eso celebro tanto que nos haya transmitido esta visión.
Con este breve comentario, le paso el micrófono a Federico Sturzenegger.
Sr. Sturzenegger. – Muchas gracias. La verdad es que la tengo bien difícil, ¿eh? (Risas.) Yo en realidad acepté, Laura, porque siempre estamos nosotros a la pesca de ideas de locos nuevos que puedan venir a decirnos cómo hacer las cosas; con lo cual, más allá de que creo que en el Banco Ciudad tenemos mucho para contar en lo que hace a la banca social y banca ética, vine más de egoísta para aprender, y creo que no he sido defraudado.
De cualquier manera, me la dejaste picando con el tema de los derechos civiles en los Estados Unidos, porque realmente es sorprendente que eso fue hace solo cincuenta años. Hace solo cincuenta años, una persona afroamericana no podía ir al mismo baño, no podía sentarse en el mismo restaurante, no podía ir al mismo colectivo que un blanco. Básicamente, un régimen de apartheid en los Estados Unidos, donde supuestamente la Constitución dice que todos los hombres son nacidos iguales. Y es muy interesante la historia, porque Lincoln había ganado la guerra civil prácticamente un siglo antes, pero la guerra civil se perdió diez años después cuando un presidente norteamericano, que se llama Rutherford Birchard Hayes, para ganar una elección muy reñida consiguió el apoyo de los demócratas del sur, pero estos le pidieron que para darle el apoyo en el colegio electoral tenía que retirar al Ejército del Norte del sur.
Entonces, diez años después de ganada la guerra civil, el Ejército del Norte se retira y luego los regímenes blancos del sur emitieron una gran cantidad de leyes donde realmente segregaron a la sociedad del sur norteamericano. Por ejemplo, una de las leyes refería a que si un afroamericano se movía de un pueblo a otro, se lo acusaba de vago y se lo metía, y el objetivo que tenía eso era dejar a esas personas en el mismo régimen de esclavitud, porque no podían moverse y entonces no podían integrarse en el mercado laboral.
Y bueno, llevó cien años hasta que vino Rosa Parks, Martin Luther King y John F. Kennedy –porque también fue el socio que él tuvo en el sistema político-, quienes ganaron la guerra civil norteamericana con un mensaje de amor y paz, aunque dos de ellos murieron paradójicamente bajo las balas. Y lo que quería comentar es que ese mensaje de igualdad de oportunidades –que me parece que es una cosa central de cualquier organización política y también de la banca ética- generó no solo un imperativo moral sino una revolución económica. En el año 60, el ingreso de un estado promedio del Sur de Estados Unidos era
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aproximadamente la mitad del ingreso de un estado del norte de Estados Unidos. O sea, si ustedes en el año 60 viajaban a Nueva York, alquilaban un auto y viajaban a Missisipi, se caían al tercer mundo. Y después de que el movimiento de los derechos civiles se consolidó y hubo una verdadera libertad e igualdad de oportunidades para que todos pudieran competir y vivir una vida plena, hubo un desarrollo y un boom económico en el sur absolutamente fenomenal. Y hoy el ingreso promedio de un estado en el sur de los Estados Unidos es exactamente el mismo que el de un estado del norte.
Entonces, fíjense cómo estas cosas se mezclan con un tema moral y ético, y tienen un impacto. Así que creo que es una de las historias más inspiradoras que tenemos del siglo XX, como puede ser quizás la de Sudáfrica, y quise arrancar con eso.
Más específicamente, mi presentación va a estar relacionada al Banco Ciudad, qué es lo que hemos hecho y los debates que estamos empezando a tener con respecto al rol ético del financiamiento y la transparencia. Voy a dar algunos ejemplos.
John Kenneth Galbraith, que era un economista muy conocido, decía que las entidades financieras eran instituciones muy buenas para darle dinero a aquellos que no lo necesitan. Hay otras expresiones, como que las entidades financieras son un buen paraguas para los días que no llueven. Entonces, esta idea de que el sector financiero va al lugar seguro –aquel que ya tiene un capital, aquel que ya tiene una garantía-, que por supuesto tiene su lógica porque uno no puede tampoco dilapidar ese capital, tiene que generar un retorno para después poder seguir prestando a futuro.
En lo que es la banca pública, para mí se plantea un desafío adicional, que es un desafío general de lo que es la función pública, pero que se aplica cuando es banca pública. En el caso nuestro, el Banco Ciudad es un banco estatal, no es un banco privado. Pero ahí se genera un desafío, que creo que después de cinco años de estar gestionando el Banco Ciudad es el dilema fundamental de la gestión, y es que uno está pensando en el bien social, en un bien que a veces es diluido, porque uno está afectando a muchísima gente, pero de una manera no muy determinante a cada uno de ellos. Y para lograr ese objetivo social, hay que ir contra un montón de intereses particulares y corporativos o propios de la organización que están ahí tironeándote, y que son muy visibles, son muy reales y son muy concentrados. Voy a dar un ejemplo. Cuando nosotros llegamos al Banco Ciudad, encontramos que gran parte del dinero del Banco no estaba en las actividades productivas, ni de empresas ni de individuos, sino que estaba invertido en títulos públicos. O sea, una gran parte de los activos de este banco público estaba en títulos públicos. Vaya, de paso, la aclaración que esa es la situación actual del Banco Nación. El Banco Nación, que es diez veces más grande que el Banco Ciudad, siendo el más grande de la Argentina, tiene el 65 por ciento de sus activos invertidos en títulos públicos y solo un 35 por ciento en actividades productivas. Después veremos qué actividades productivas, pero solo el 35 por ciento.
Cuando nosotros llegamos al Banco Ciudad era lo mismo: un 30, 35 o 40 por ciento – no recuerdo exactamente el número– estaban invertidos en actividades productivas. En la actualidad, en el Banco Ciudad es el 65 por ciento. O sea que por lejos es el más alto de la banca pública de una dedicación de los recursos, ya sea a individuos –que en nuestro caso son créditos hipotecarios– o a la actividad productiva. ¿Y por qué se daba eso otro? Por esto que yo decía: los gerentes del Banco preferían invertir en títulos públicos, que era algo muy cómo y poco riesgoso para ellos, porque aun si uno invertía en un título del gobierno o una LEBAC del Banco Central y después no se pagaba, nadie le iba a decir nada al gerente, que había confiado, en última instancia, en el propio Estado nacional. Ahora bien, si uno le presta a una
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empresa, y esa empresa quiebra, ese gerente tendrá que dar explicaciones. Entonces, la gente prefería su interés particular al interés social. Como también hay intereses de los proveedores y de la política.
Un ejemplo que siempre doy es que los ingresos al Banco Ciudad eran los recomendados de la política o los hijos de los empleados. Las oportunidades laborales no estaban expuestas de una manera abierta o abiertas a toda la sociedad con igualdad de oportunidades. Hicimos ese cambio. Y yo tuve la suerte que tuve un gobierno, con un jefe de Gobierno, que es Mauricio Macri, que me dijo: “Listo, creemos en la igualdad de oportunidades. No te mando nunca más. No dejo que nadie más te dé una persona recomendada para entrar en el Banco”. Me dijo además: “Con los de adentro te arreglás vos”. Tuvimos veinte paros, porque claro, internamente había mucha resistencia, ya que la gente lo consideraba como que era un derecho –yo creo que era un privilegio– y cambiamos todo el régimen de ingresos del Banco, donde los puestos estaban loteados entre grupos privilegiados, para hacer algo abierto a la comunidad, con igualdad de oportunidades y transparencia. Tenemos un sistema maravilloso, que publicamos el aviso todos los años en los diarios La
Nación y Clarín, elegimos los mil mejores promedios de Buenos Aires –porque claro,
tenemos entre veinte mil y treinta mil inscriptos–, a esos les tomamos un examen, nos quedamos con cien y de ahí elegimos, dándole prioridad a los chicos que vienen de los colegios públicos. Ese es nuestro régimen.
Bueno, tuvimos veinte paros en contra de transformar ese aspecto, que es si se quiere menor, pero muy simbólico de cómo la banca tiene que estar al servicio. Este ejemplo que doy ilustra que uno como funcionario público está pensando en el bien social, pero para hacerlo tiene que pelear contra el interés particular. Entonces, yo tenía que tolerar cinco días de paro porque los empleados querían que sus hijos entraran con privilegio al Banco Ciudad, y después la persona que entraba, que es un chico que quizás terminó el secundario en Buenos Aires y que un día abrió el diario y dijo: “Voy a confiar de que esto no está arreglado” y se presentó. Para él estaba trabajando. Como me pasó una vez estando en la calle y que un señor me pare y me diga: “¿Usted es el presidente del Banco Ciudad”; le dijo que sí; y me dice: “Le quiero contar una historia. Mi hija un día vino con el diario, me dijo que había un llamado en el Banco Ciudad y que se iba a presentar. Yo le dije que no se presente, porque en los bancos públicos está todo arreglado, ya se sabe quién entra y quién no, entonces es una pérdida de tiempo. Y ella dijo: 'Yo voy a creer'. Y hoy trabaja en el Banco Ciudad”. Pero eso se dio de casualidad, que iba caminando por la calle y me lo contó esa persona, pero no tengo nadie que ese bien social esté defendiendo cuando uno está en ese mismo dilema con los intereses de la política, de la corrupción o de los proveedores.
Entonces, la banca pública y el funcionamiento del Estado tiene este gran dilema, que es este conflicto entre trabajar para el bien social, diluido, ausente –en su presencia, no en su realidad– y todos los intereses sectoriales que tironean y están permanentemente tratando de desviar la función del Estado en pos de esos beneficios fundamentales. Y se notaba en esto, en la banca, que es una banca acostumbrada a financiar, por ejemplo, al Estado, a sostener la política monetaria comprando LEBAC, en vez de estar dedicada a lo que nosotros realmente pensamos que tiene que ser, que es ayudar a los individuos y a las empresas para que puedan crecer.
Así que nosotros cambiamos la estrategia, refocalizamos que el objetivo del Banco tenía que ser ese. Por suerte, yo tuve el apoyo político para hacer este cambio con un foco muy fuerte en la igualdad de oportunidades, volviendo a pensar que si algunos consideran que
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un banco es una buena institución para darle a quien no necesita dinero –esto lo hablamos en nuestras reuniones de gerentes–, queremos ser un muy buen banco para darle dinero responsablemente, seriamente, para la gente que necesita el dinero. En ese sentido, hicimos una serie de políticas para llevar al Banco Ciudad con ese espíritu de igualdad de oportunidades.
Les daré cinco ejemplos, y después hablaré de la banca ética. Lo primero que decimos es que los servicios bancarios deben ser gratuitos. Cuando uno va a una plaza nadie le cobra un ticket para entrar, porque es una plaza pública. Si es un banco público, los servicios bancarios también tienen que serlo. Entonces, somos el único banco en la Argentina, público y privado, que tiene todos los servicios bancarios gratuitos: todas las cajas de ahorro, todos lo que son servicios bancarios, todo lo que uno necesita para hacer transacciones. Ese fue un primer paso que dimos para mejorar la accesibildad de nuestro banco.
Por otro lado, el crédito hipotecario era otro tema fundamental. Entonces, nos preguntamos cómo llegamos al crédito hipotecario en los segmentos más bajos de la sociedad, sobre todo a mucha gente que no tiene los niveles de formalidad. La Argentina es un país en donde hay un gran alto nivel de informalidad, a diferencia de España; es decir, gente que no tiene un trabajo formal como para traer un recibo de sueldo y demostrar capacidad de pago. Entonces, hicimos una cosa muy novedosa, que también me dijeron que estaba totalmente loco. Yo soy tano, por lo que soy medio terco en gran medida –a pesar del apellido–, así que más me energizaba y más ganas me daba de hacerlo. Lo que hicimos fue tomar la idea de microfinanzas de Yunus, que es el tema de las garantías solidarias, y empezamos a dar créditos hipotecarios con garantía solidaria.
Además, permitíamos comprar terreno y prefabricada, entonces hipotecábamos el terreno y empezamos a generar grupos –sobre todo, en el cordón del Gran Buenos Aires– dando créditos, donde venían entre tres y cinco familias juntas. El riesgo crediticio lo hace el hecho de que alguien viene contigo confiando en vos. La verdad es que nos ha ido tan espectacularmente bien con eso, quizás no en términos cuantitativos –en la cantidad de préstamos– pero sí en términos de la solvencia del riesgo crediticio de ese emprendimiento. Ahora estamos haciendo un experimento y avanzando sin los grupos solidarios. Pero eso fue como un segundo intento de llevar el crédito hipotecario a los grupos de menores ingresos. Y les digo, hay historias que les podría contar que son absolutamente conmovedoras. A gente que vivía en la villa, que hoy paga por su crédito menos de lo que pagaba por alquilar un cuarto en la villa, que tienen ese sueño de tener su casa propia, les cambió totalmente la vida, les cambió su manera de pensar el mundo. Así que esa es una experiencia tremendamente motivadora.
Con respecto al otro, me estoy yendo justamente a Lugano a un acto para otro proyecto que nosotros teníamos, y es que el jefe de Gobierno, previo a que llegara Mauricio Macri –Jorge Telerman–, hizo una cosa muy interesante que fue un convenio entre el Gobierno de la ciudad y el Banco Ciudad para poder darles préstamos a los taxistas –lo digo como un ejemplo porque es muy interesante. ¿Cuál era el acuerdo? El acuerdo era que si un taxista no pagaba el préstamo para pagar su auto, el Gobierno le retenía la licencia. Entonces, en realidad lo que nos dio fue un buen contrato; nos dio un buen contrato, porque si uno saca para cambiar el auto y no paga el préstamo y pierde la licencia, ¿qué es lo que ocurre? Que la gente saca el préstamo, todo el mundo paga el préstamo y entonces, como no tenemos mora, la tasa que podemos ofrecer es bajísima. Hoy el Banco Ciudad… Todos los taxis que se renuevan en la Ciudad de Buenos Aires, se renuevan con ese sistema. Pero para nosotros no
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hay la suficiente igualdad de oportunidades, porque yo no le quiero dar el préstamo a alguien que ya tiene una licencia. ¿Saben a quién le quiero dar el préstamo? Se lo quiero dar al chofer del taxi. O sea, a esa persona que quizás vino de Perú, quizás vino de Paraguay, quizás vino del Gran Buenos Aires o del Interior y está manejando y trabajando doce horas por día seis días a la semana alquilando un auto para poder hacer que sus hijos se eduquen, sostener a su familia y crecer. A ése le quiero dar; a ése lo quiero transformar en el dueño de su taxi y que pueda crecer, y que pueda proyectarse. Entonces desarrollamos una línea, que se llama “de peón a patrón”, en donde nosotros le financiamos a una persona que durante tres años fue taxista –es nuestra manera de ver que no es un advenedizo, sino que es alguien que se está dedicando a esto; por lo menos así arrancamos– le damos el préstamo para comprarse el auto y comprarse la licencia. Lo que es sorprendente es que los costos financieros de la compra de esas dos cosas es menor que lo que esa persona pagaba por el alquiler del coche. Entonces, ahora me estoy yendo. Esto lo empezamos hace dos meses; ya tenemos cincuenta, y vamos juntos a escuchar las historias de vida de estas personas.
Las dos últimas cosas que les quiero comentar son: la llegada del Banco Ciudad a las villas, porque –vuelvo– tenemos que ir al lugar donde la gente más nos necesita, entonces lanzamos nuestra primera experiencia en Villa los Piletones el año pasado. Si tenemos tres minutos muestro el vídeo. Se ve que no ha tenido mucho éxito, porque lo han visto sólo 652 personas. Este es un vídeo del día que inauguramos la sucursal en Piletones, y esto –no estaba planificado– lo filmo la esposa de un gerente del banco. Mirémoslo, ya que son sólo tres minutos; vamos a ver si anda.
– Se realiza la proyección un vídeo.
Bueno, lo corto ahí porque no se alcanza a ver –esta no es la versión con el subtitulado–; ella dice: “ahora vivo enfrente del Banco Ciudad. No digo nunca más que vivo abajo del puente”. Cambia totalmente su concepción de cómo ella se relaciona con la sociedad. Nosotros, a la gente que abre cuentas en esta sucursal le regalamos dos plateas para el Colón –somos el sponsor principal del Teatro Colón–, porque queremos que la gente empiece a conectarse de una manera diferente con la sociedad. Es una sucursal tremendamente exitosa. Ahora vamos a lanzar en Villa 20 el segundo ejemplo de este tipo de actividades.
Uno de los productos que estamos vendiendo en estas sucursales es un producto que trajimos de las favelas de Brasil, que es un producto de seguros, un microseguro, un seguro de desempleo. Para la gente que tiene un trabajo formal, si pierde su trabajo, durante cuatro meses el seguro, por treinta y cinco pesos, le compra el changuito del supermercado; entonces la gente comienza también a tomar conciencia. Es un producto que no existía, que es un bum muy grande en Brasil, y nosotros estamos empezando a introducirlo en Argentina a través del Banco Ciudad.
Hago un comentario: cuando nosotros abordamos el tema de llegar, por ejemplo, a un barrio como Piletones o a la Villa 20, siempre lo hacemos con la idea de que ésta tiene que ser una operación que sea rentable. Porque –vos, Joan, lo dijiste– nosotros pensamos que lo que es rentable es escalable; si es rentable podés hacer cien, pero podés hacer mil, y podés hacer dos mil; si el proyecto no es rentable no lo podés hacer. Entonces, lo que realmente es sustentable y es sostenible es que sea rentable.
Una discusión muy grande que hemos tenido en el banco es cuando, por ejemplo, hicimos del Banco Ciudad la empresa pública más rentable de la Argentina. Mucha gente dentro del banco me decía: “entonces, no estamos haciendo bien las cosas, porque si somos
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rentables es que no somos lo suficientemente solidarios”. Yo les dije: “no, si sos rentable – Joan lo dijo eso– es que le estás dando a la gente algo que la gente realmente valora”. Para la gente lo más difícil es meter la mano en el bolsillo, sacar plata y dártela. Entonces, si la gente, como está dispuesta a darle plata a Apple porque Apple hace buenos productos, está dispuesta a darnos plata a nosotros, es porque les estamos dando algo que ellos valoran. Entonces, la rentabilidad del banco es una señal de contribución social del banco, y no todo lo contrario. Pero esto fue un debate muy importante. Por eso yo, en general, tiendo a ser bastante escéptico y bastante crítico –quizás después me gustaría escuchar la opinión de Joan– sobre el concepto de responsabilidad social. Porque a veces confundimos la contribución de una empresa con lo que hace a la responsabilidad social y no nos damos cuenta que la verdadera contribución de una empresa, un banco o cualquier otra empresa, es hacer algo que la gente valora y por lo cual está dispuesta a pagar; porque si está dispuesta a pagar es porque está haciendo algo que le sirve y le contribuye en valor. Así que tuvimos todo ese debate.
Eso es, bien sobre la tierra, el tipo de cosas que nosotros hemos hecho para girar el foco del banco hacia la economía real, hacia los individuos, hacia las empresas…
– Fin del CD Nº 1. – Comienzo del CD Nº 2.
…no va a financiar. Sorprendentemente, por estas semanas tenemos la primera discusión muy interesante en el directorio del banco, porque vino la carpeta de una curtiembre y yo dije que no la iba a llevar al directorio. ¿Saben por qué? Porque es una curtiembre que no solo hace cuero para tapizados, etcétera, sino que también trabaja con, por ejemplo, zorros, visones, nutrias. Y yo dije no me queda claro que un banco público tenga que financiar… pero se planteó un debate muy interesante, porque teníamos otros directores que decían: “no, justamente, yo quiero empresas que tengan criaderos de zorros, criaderos de nutrias, porque entonces nos aseguramos de que la especie siga y esto tiene un valor económico y el valor económico hace que… las especies que no tienen valor económico desaparecen, las especies que tienen valor económico…”, tuvimos todo ese debate.
Debate, por ejemplo, con las tabacaleras. ¿Debiera financiar un banco a una tabacalera o no? Por ejemplo, yo soy una persona totalmente antitabaco sobre todo en los temas públicos, pero también soy una persona que cree en la libertad individual. Entonces, digo si alguien quiere individualmente en su casa fumar, yo no tengo nada que decir al respecto. Si se quiere matar lentamente, que lo haga, es un tema de él, no es un tema social. Entonces, ahí tomamos la decisión, nosotros no estábamos dispuestos a financiar porque no nos parecía que hubiera un conflicto. Por supuesto que tenemos puesto el tema del Medio Ambiente. El único banco que ha avanzado formalmente en un esquema de no financiar a empresas que no tengan estándares ambientales es el Banco Macro. De hecho hay una certificación ambiental y uno tiene que tener esa certificación, si no la tiene el Banco Macro no lo va a financiar. Pero nosotros trabajamos más con el tema del subsidio. Ahí sí tenemos una línea muy interesante, que ha sido muy exitosa en subsidios para la compra de bicicletas porque se está haciendo una transformación del transporte en la Ciudad de Buenos Aires hacia eso o por ejemplo cuando vamos hacia la zona sur de la ciudad nuestros créditos hipotecarios, toda la zona sur de la ciudad es un área a desarrollar, porque es como mucho más pobre o menos desarrollada que el norte; por lo tanto, nosotros pensamos que hay una externalidad positiva de balancear y damos subsidios a los préstamos del sur. Así que, entiendo que son elementos −después, corregime− de los conceptos que vos estás planteando.
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ejemplo, el año pasado −ya termino, Laura− lanzamos un programa, también subsidiado, de créditos para la vivienda. Y el jefe de gobierno, Mauricio Macri, me llamó un día y me dijo: “mirá, el banco anda bien. Quiero hacer un crédito subsidiado de vivienda” Esto es de hace un año y medio, aproximadamente. “No me contestes ahora, pensalo, no me contestes ahora, pero decime si vos podés organizar un sistema por el cual el dinero que nosotros vayamos a poner para esto puede ir a la gente más necesitada de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cuánta plata podés poner? ¿Mil millones de pesos? Perfecto. ¿Cuántos créditos son? cuatro mil créditos. Perfecto. ¿Vos tenés una manera de armar un sistema que las cuatro mil familias más necesitadas sean las que tengan acceso a eso? Sin que entre el amigo del funcionario, el pariente el acomodado, el puntero, nada. O sea, ¿me podés armar un sistema blindado de todo eso?” Entonces, trabajamos con el Instituto de la Vivienda de la Ciudad, armamos un esquema al cual se accede únicamente por web, se ponen las características del hogar. Cada característica del hogar te da cierto puntaje, por ejemplo, tener hijos discapacitados o uno, si el jefe de hogar es discapacitado da muchos puntos, si uno tiene una situación de hacinamiento. Por supuesto que todo lo que se pone ahí es información verificable, no es lo que yo pienso, es todo verificable. Por ejemplo, si uno vive con la suegra tiene −por eso le damos muchos puntos (Risas.)− que constar en el documento el mismo domicilio. Tiene que estar todo bien preciso. En función de eso hicimos un sistema que va asignando los créditos, dando el puntaje y a toda la gente se le informa todos los meses qué puntaje sacó y cuánto puntaje tiene el resto, cómo es el resto de la curva. Entonces, todo el mundo sabe que si uno no accedió es porque hay gente que tiene más necesidad que uno. ¿A qué voy yo? A que nosotros estamos tan confiados de este sistema que hicimos lo que vos estabas mencionando que es poner todos los nombres en la web. En este caso no localizados en un mapa geográfico, sino que hay un lugar en la web en donde cada persona que obtiene este crédito está con nombre y apellido. Tiene que darnos la autorización para publicitar el nombre, para mencionar el nombre. Pero, ¿por qué lo hacemos? Porque estamos tan confiados que cualquier persona, cualquier periodista, cualquier ciudadano, que entiendo que es el objetivo que vos planteabas con el tema de tener el mapa, es que toda la ciudadanía puede decir qué está haciendo esta organización, a quién le está dando este crédito. En este caso, a quién le está dando este crédito hipotecario, eso está puesto sobre la mesa para que toda la sociedad vea que no va a encontrar a ningún amigo, a ningún puntero, a ningún funcionario, a ningún pariente, ni nada por el estilo. Debo confesar que, por ejemplo, en el plan Procrear, que es otro plan subsidiado de vivienda que tiene el gobierno nacional, no están los nombres disponibles; y no están los nombres disponibles porque no resiste el análisis los nombres, porque como es un programa que se armó no social sino para subsidiar la construcción y uno tiene que tener un terreno lo que te están financiando es en gran medida casas en countries. Porque ahí la gente tiene el terreno y son los que se pueden anotar y si esa lista se publicara, yo creo que sería un escándalo porque se vería que se está usando el dinero de los jubilados a una tasa bajísima para financiar a los segmentos más ricos de la sociedad; por eso no se publica. Al gobierno nacional nosotros le insistimos, desde PRO puntualmente, que se publiquen los nombres de los beneficiarios del plan procrear si tan transparente es y tan bien diseñado está. Los nuestros están publicados. Así que el tema de la transparencia sí para nosotros es algo sobre lo cual hemos avanzado. No lo hemos hecho con las empresas y la verdad es que no… no sé. Me voy de esta reunión con esa idea, si tendríamos que también y voy a mirar en Triodos Banks cómo es que se plantea y te voy a pedir ayuda, después vamos a ver legalmente si tenemos la autorización para… pero creo que sí.