La intervención militar del gobierno ruso en la crisis de Siria entre el 2015 y 2016
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(2) ÍNDICE DE CONTENIDOS. Introducción. 1. Capítulo 1. 2. 1.1 Problema de investigación. 2. 1.1.1 Planteamiento del problema.. 2. 1.1.2 Formulación del problema.. 3. 1.1.3 Justificación de la investigación.. 4. 1.2 Marco referencial. 5. 1.2.1 Antecedentes.. 5. 1.2.2 Marco teórico.. 9. 1.2.2.1 Evolución del orden internacional.. 9. 1.2.2.2 Teoría del realismo.. 19. 1.2.2.3 Teoría del constructivismo.. 25. 1.3 Objetivos e hipótesis. 30. 1.3.1 Objetivos generales.. 30. 1.3.2 Objetivos específicos.. 30. 1.3.3 Hipótesis generales.. 30. 1.3.4 Hipótesis específicas.. 31. Capítulo 2: Método 2.1 Tipo y diseño de investigación. 32 32. 2.1.1 Tipo de investigación.. 32. 2.1.2 Diseño de investigación.. 32. 2.2 Variables. 33. 2.3 Instrumentos de investigación. 33. 2.4 Procedimiento de recolección de datos. 34. Capítulo 3: Resultados 3.1 Política exterior de la Federación de Rusia. 35 35. 3.1.1 Los primeros años de la Federación de Rusia.. 35. 3.1.2 La desilusión con el Occidente.. 37. 3.1.3 Rusia en el nuevo milenio.. 38. 3.1.4 La guerra de Osetia del Sur.. 41.
(3) 3.1.5 La política de reseteo entre Estados Unidos y Rusia. 43. 3.1.6 Los problemas con Ucrania.. 46. 3.2 La relación histórica entre Rusia y Siria. 47. 3.2.1 La protección soviética.. 48. 3.2.2 Siria y el final de la Guerra Fría.. 51. 3.2.3 Los intentos de paz entre Siria e Israel.. 53. 3.2.4 Siria y Rusia en el nuevo milenio.. 55. 3.2.5 El nuevo acercamiento entre Rusia y Siria. 56. 3.3 Principales acontecimientos de la Crisis en Siria. 59. 3.3.1 El comienzo de la Primavera Árabe.. 59. 3.3.2 Los orígenes de la Crisis en Siria.. 62. 3.3.3 La respuesta internacional.. 65. 3.3.4 La guerra subsidiaria o proxy.. 69. 3.3.5 La aparición del Estado Islámico y la diplomacia rusa.. 72. 3.3.6 La presencia militar de Rusia en la Crisis de Siria.. 76. 3.4 La influencia religiosa, la competencia energética y los principales actores del Medio Oriente sobre la Crisis de Siria 3.4.1 El Islam.. 82. 3.4.2 La yihad en Rusia.. 86. 3.4.3 Arabia Saudita.. 90. 3.4.4 La competencia energética.. 92. 3.4.5 Arabia Saudita frente a los Hermanos Musulmanes y Qatar.. 94. 3.4.6 Irán.. 97. 3.4.7 Turquía.. 99. 3.4.8 Israel.. 101. 3.4.9 Estados Unidos.. 102. 3.4.10 China.. 106. 3.5 Las razones de la intervención rusa en la Crisis de Siria. Conclusiones. 82. 107. 3.5.1 Las características realistas de la política exterior rusa.. 108. 3.5.2 Las características constructivistas de la política exterior rusa.. 115. 3.5.3 La política exterior rusa dentro del nuevo orden mundial.. 118. 3.5.4 Reflexiones finales sobre la intervención militar de Rusia en Siria.. 123 127.
(4) Recomendaciones. 131. Referencias. 133. Anexos. 150.
(5) Dedicado a mis padres por apoyarme siempre y a mi abuela Esperanza por creer en mí..
(6) Agradecimientos Agradezco mucho a estas personas por brindarme su paciencia y comprensión durante el desarrollo de esta tesis, así como ayudarme con sus ideas y opiniones: Embajador Jorge Abarca del Carpio, Rafat Ahmed Ghotme, Olga Lukashevich Pérez, Rodolfo Castro Valcárcel, Oswaldo Bravo-Daneri, Sebastien Adins Vanbiervliet, Marcela Palacios Lanfranco, Aldo Vernal Gutiérrez, Pamela Plasencia Rodríguez y Diego Olivas Arana..
(7) Introducción El presente trabajo busca analizar la política exterior de Rusia dentro de la región del Medio Oriente, específicamente durante la intervención militar en la crisis de Siria. A partir de la solicitud del Gobierno sirio en setiembre del 2015, decenas de aviones de guerra rusos entraron al espacio aéreo de Siria con la intención de ayudar al Gobierno a retomar el control del país. Esta intervención ha llevado al surgimiento de varias teorías sobre las razones del Gobierno ruso y el interés que este tiene en Siria. La investigación se basará en distintos documentos para poder distinguir cuál ha sido la orientación de la agenda exterior de Rusia en los últimos años y, de acuerdo a ello, cuáles fueron sus razones para intervenir en este país. Asimismo, se estudiarán los orígenes del conflicto y el contexto regional que tuvo lugar durante la crisis. También se señalarán los actores más importantes que influyen en este escenario y cuál es la relación de Rusia con ellos. Se tomará en consideración la evolución que ha tenido el orden mundial hasta el presente y las teorías o paradigmas de relaciones internacionales que más se alineen a la política exterior de Rusia. Mediante esta base, se analizarán las acciones que tomó Rusia de acuerdo al panorama que se presentó entre los años 2015 y 2016 en Siria para poder determinar cuánto influyó el contexto internacional en las decisiones de su política exterior.. 1.
(8) Capítulo 1. 1.1 Problema de investigación. 1.1.1 Planteamiento del problema. La guerra civil en Siria es uno de los conflictos internacionales más preocupantes desde que empezó en el 2011. Según las Naciones Unidas, esta guerra ha cobrado la vida de más de 250 000 víctimas y ha causado más de un millón de heridos, debiéndose aclarar que las cifras dejaron de ser actualizadas desde el 2013 debido a la falta de condiciones para su monitoreo (Associated Press, 2016). El enviado especial de las Naciones Unidas en Siria, Staffan de Mistura, advirtió en el 2016 que el conteo de víctimas mortales ascendía posiblemente a 400 000 (Johnson, 2016). A esto se debe sumar el gran número de refugiados que ha generado este sangriento conflicto, que hasta el 2017 se calcula alrededor de 5,4 millones de refugiados sirios (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2017). Las difíciles condiciones en las que el pueblo sirio debe subsistir han llevado a la sociedad internacional a hacer un llamado a las principales autoridades mundiales para responder y tomar acciones frente a esta realidad adversa. Sin embargo, las principales potencias dentro de las Naciones Unidas se han abstenido de intervenir directamente en el país por distintas razones de interés nacional, y no han podido conciliar las diferentes posturas al momento de apoyar al Gobierno central o a las fuerzas de la oposición siria. Desde el inicio del conflicto, el Gobierno de Rusia ha mantenido la firme postura de seguir apoyando al Gobierno sirio, liderado por Bashar al-Assad. Para ello, el Gobierno ruso se opuso a cualquier intento de parte de Occidente en derrocarlo o apoyar a las fuerzas de oposición, habiendo vetado varias resoluciones en el Consejo de Seguridad (Nichols, 2016). Además, ha seguido vendiendo armamento a las fuerzas militares del Gobierno sirio (Rosenberg, 2012), así como brindándoles apoyo logístico y entrenamiento (Oliphant & Loveluck, 2015). El 28 de setiembre de 2015, durante la septuagésima sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Vladimir Putin (2015), presidente de Rusia, señaló que sería un grave error dejar de cooperar con las autoridades sirias, por lo cual indicó que seguiría apoyando militarmente a los esfuerzos del Gobierno sirio en la lucha contra el terrorismo. Asimismo, 2.
(9) aludió al grupo terrorista más preocupante de ese momento, el Estado Islámico, pero criticando al mismo tiempo las acciones que toma Occidente y que repercuten en la formación de este grupo, como el apoyo a las fuerzas de oposición en Siria. Dos días más tarde, las fuerzas aéreas rusas bombardearon distintos objetivos en territorio sirio, siendo esta la mayor intervención militar de Rusia en Medio Oriente desde varias décadas (Osborn & Stewart, 2015). Si bien las autoridades del Gobierno ruso afirmaron que estos primeros bombardeos estaban dirigidos hacia el Estado Islámico, agentes del Gobierno de los Estados Unidos culparon a Rusia de bombardear a las fuerzas de oposición en Siria, algunas entrenadas por la CIA (Cooper, Gordon & MacFarquhar, 2015). A partir de ese momento y durante todo el año 2016, Rusia utilizó su poder militar para defender al Gobierno de al-Assad de tanto grupos terroristas como fuerzas de oposición, lo que llevaría a distintas críticas de parte de Occidente. Para varios críticos del régimen de al-Assad esta intervención significaba el siguiente paso en la relación de Rusia y el Gobierno sirio, a quien había apoyado desde el inicio. Sin embargo, el momento en que esta se realizaba llevaba a muchas interrogantes. Algunos analistas aducían a una guerra basada en intereses geopolíticos mientras que otros señalaban al resultado de una crisis energética. De cualquier forma la intervención rusa en Siria provocó diferentes puntos de opinión de parte de los medios de comunicación y la academia especializada. Al no ser del todo esclarecidas las razones detrás de la intervención militar, seguirá siendo un punto de debate y reflexión sobre el comportamiento de la política exterior rusa, el orden mundial y el tablero geopolítico del Medio Oriente.. 1.1.2 Formulación del problema. ¿Cuál ha sido la política exterior de Rusia en Medio Oriente y cuáles son sus intereses en Siria? ¿Cuál ha sido la política exterior de Rusia durante los principales acontecimientos de la crisis? ¿Cuál es el contexto en el que se desarrolla la intervención militar rusa en Siria dentro del escenario internacional y de Medio Oriente? ¿Por qué Rusia intervino militarmente en la crisis de Siria durante el 2015 y 2016? 3.
(10) 1.1.3 Justificación de la investigación. Mediante esta investigación se busca enriquecer el estudio de las Relaciones Internacionales, el cual se encuentra poco difundido en el Perú, de tal modo que se suscite un mayor interés por su comprensión. La información que llega al país sobre los acontecimientos globales casi siempre es extraída de otras fuentes y no es profundizada o analizada desde un punto de vista académico. Entablar investigaciones como esta son iniciativas que alientan a que el estudio de esta materia siga prosperando en el entorno académico peruano, el cual tiene la capacidad de formar parte de los distintos debates sobre eventos internacionales. Asimismo, los hallazgos podrán servir a futuros estudios sobre temas de política internacional, ya que se comprenderá mejor el rol de los Estados dentro del sistema internacional y el orden mundial al momento de tomar decisiones sobre el futuro de un país en conflicto. Se podrá descubrir más acerca de la orientación de la política exterior de Rusia, así como el papel que este país está ganando en el Medio Oriente. Además, los hallazgos de esta tesis servirán también como guía o ejemplos en el estudio del rol de las potencias dentro de los conflictos internos, que tiene un papel importante para la seguridad internacional. También se utilizarán distintos paradigmas o teorías para entender mejor el comportamiento de los actores internacionales y el escenario en que se desarrollan. Estos paradigmas ayudan a construir una visión más clara del problema de investigación en el momento en que la falta de conocimientos limita el estudio de las variables. No obstante, las visiones basadas en los paradigmas pueden contradecirse o no ser complementarias, por lo que es necesaria la interpretación y conducción del investigador (Del Arenal, 1989). Igualmente, la utilización de teorías o paradigmas de las Relaciones Internacionales otorga un mayor reconocimiento a los aportes de esta ciencia al análisis de los fenómenos internacionales. Finalmente, desde un punto de vista más práctico, los resultados que se obtengan de esta investigación podrán servir para futuras campañas de concientización y sensibilización sobre la sociedad del Medio Oriente. Si bien la tesis estará centrada en la intervención de Rusia dentro de la región, se podrá señalar cuánto puede ser transformada una sociedad por sus conflictos internos y la injerencia de otros países, lo que permite una mayor tolerancia sobre los efectos negativos en sus habitantes. De esta forma se desterrarán algunos mitos que la opinión pública pueda tener sobre la región, generando mayor apertura hacía las demás culturas que posibiliten un clima de diálogo y paz.. 4.
(11) 1.2 Marco referencial. 1.2.1 Antecedentes. Estas son las principales obras que inspiraron e influenciaron esta tesis. Si bien se utilizaron más trabajos e información aparte de estos libros y artículos, las ideas principales de estas obras brindaron el modelo y sustento principal para el análisis de los temas esenciales de esta investigación. Hans J. Morgenthau (1956) escribió uno de los principales libros sobre el realismo clásico titulado “Politics among nations: the struggle for power and peace”. En este libro, Morgenthau explica las principales características del realismo y las distintas dinámicas del equilibrio de poder. Asimismo, se señalan seis principios básicos del realismo político que ayudan a comprender la adopción de estas ideas dentro de las relaciones internacionales. Kenneth Waltz (1959) escribió el libro “Man, the State and War”, uno de los trabajos más importantes en las relaciones internacionales. En este libro, Waltz ayuda a entender la filosofía detrás del estudio de esta ciencia, enfocándose en el pensamiento de Hobbes, Spinoza, Kant, Montesquieu y Rousseau. Sus ideas aportaron una mejor comprensión de la imagen del mundo a través del pensamiento del hombre. Waltz utiliza estas ideas para sistematizar y ordenar las teorías del estudio de las relaciones internacionales. Kenneth Waltz (1979) publicó el libro “Theory of international politics”, el trabajo más importante sobre el realismo estructural. En este libro se sientan las bases e ideas principales sobre la teoría realista y sirven como diseño o esquema para los demás paradigmas de relaciones internacionales. El mundo es entendido como un escenario organizado y estructurado a partir de las interacciones de sus unidades principales, separando así el carácter interno de cada Estado sobre el análisis de las relaciones internacionales. Robert Gilpin (1988) escribió un artículo titulado “The theory of hegemonic war” para la revista académica The Journal of Interdisciplinary History de la Universidad Massachusetts Institute of Technology. Este artículo reflexiona sobre la hegemonía de las potencias y la transición hacía un nuevo orden mundial. Gilpin ayuda a comprender cómo el equilibrio de poder entre una potencia hegemónica y contra hegemónica puede generar una situación de conflicto.. 5.
(12) Henry Kissinger (1996) redactó el libro “Diplomacia”, uno de los más importantes en el estudio de relaciones internacionales. Este libro cuenta con un gran conocimiento histórico sobre el orden mundial y cuáles fueron sus diferentes etapas. Kissinger explica cuál ha sido la evolución del sistema internacional y sus diferentes reacomodos basados en la jerarquía del poder, desde el nacimiento del Estado westfaliano hasta el final del mundo bipolar. Zbigniew Brzezinski (1998) escribió el libro “El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde analiza el mundo a partir de conceptos geopolíticos. Para Brzezinski, Rusia deja un gran vacío geopolítico que debe ser cubierto y explica cuáles fueron los errores estratégicos que el Gobierno ruso tomó finalizada la Guerra Fría, al momento de acercarse a los Estados Unidos. Ted Hopf (1998) escribió un artículo titulado “The promise of constructivism in international relations theory” para la revista académica International Security de la Universidad de Harvard. Este estudio ayuda a definir y entender mejor la teoría del constructivismo, y cuán importante es su incorporación a las teorías principales de esta ciencia. Hopf intenta adoptar estas ideas al análisis de los Estados y brindar así una mejor comprensión de las relaciones entre estos actores. Alexander Wendt (1999) publicó el libro “Social theory of international politics”, donde describe las bases de la teoría del constructivismo. A partir de este libro se puede comprender mejor las ideas sobre la identidad y el carácter nacional de la política exterior de los Estados. Wendt aporta a las relaciones internacionales un análisis más social de las interacciones entre los distintos actores del escenario mundial. John Mearsheimer (2001) escribió el libro “The tragedy of great power politics”, el cual presenta la teoría del realismo ofensivo. A partir de las ideas de Mearsheirmer, el realismo hace énfasis en las capacidades militares y el poder duro de las potencias para entender el comportamiento del orden mundial. El autor toma las ideas del realismo clásico y las inserta junto a las ideas estructurales de Waltz con el objetivo de brindar una nueva imagen del mundo tras la Guerra Fría. Andrej Kreutz (2007), en su libro titulado “Russia in the Middle East: friend or foe?” propone analizar los objetivos de Rusia en el Medio Oriente y las características de su política exterior en esta región. En su libro separa la relación de Rusia con cada uno de los actores principales de la región, enfocando todo un capítulo sobre su relación con Siria. Kreutz narra de esta 6.
(13) manera distintos eventos importantes que transformaron la relación entre Rusia y Siria, desde el inicio de sus relaciones diplomáticas hasta finales del segundo periodo de Vladimir Putin. Richard Sakwa (2008) escribió un libro titulado “Putin; Russia’s choice”, el cual analiza cual ha sido la dirección del Gobierno de Vladimir Putin durante sus dos primeros turnos como presidente. Una parte de este libro se enfoca en el realismo de la política exterior de Rusia y busca determinar cuáles son las características realistas del Gobierno de Putin en el escenario internacional. El estudio describe muchas de las características que aún pueden ser observadas en la política exterior rusa. Natasha Kuhrt (2011) escribió un capítulo del libro titulado “Routledge handbook of Russian politics and society”, el cual describe parte de la política exterior de Rusia. En esta sección se analizan distintas claves para comprender cómo ha sido el comportamiento de la agenda de política exterior rusa desde la caída de la Unión Soviética. Este apartado genera un conocimiento general de cómo el Gobierno ha cumplido con su agenda exterior durante diversos momentos de crisis interna, lo cual busca demostrar esta fuerte relación entre los problemas internos del país y su política exterior a través de la historia. Charles Ziegler (2012) realizó un artículo titulado “Conceptualizing sovereignity in Russian foreign policy: realist and constructivist perspectives” en la revista académica International Politics de la Universidad London School of Economics. En este estudio, Ziegler analiza la posición internacional de Rusia dentro del orden mundial a través de los paradigmas realista y constructivista de las relaciones internacionales. Encuentra distintas características de la política exterior rusa y su adopción de la soberanía internacional, situándolas dentro de estos dos paradigmas. Andrei Tsygankov (2013), en su libro titulado “Russia's foreign policy: change and continuity in national identity”, lleva a cabo un estudio acerca de los cambios que ha tenido la política exterior de Rusia a través de varias décadas y como esta ayuda a definir la identidad nacional. En este trabajo, el autor utiliza las ideas del constructivismo para analizar cómo ha sido el periodo de transición de la post Guerra Fría para el Gobierno ruso, y cómo este periodo ha ayudado a definir la actual agenda exterior de Vladimir Putin. La inserción dentro del orden mundial luego de un periodo de crisis tras la caída de la Unión Soviética, es un punto clave dentro de esta investigación.. 7.
(14) Henry Kissinger (2014) redactó el libro “El orden mundial”, que sirve como una actualización de sus principales ideas presentadas en “Diplomacia”. Aquí Kissinger toca nuevos temas como el rol de las potencias en Medio Oriente, que considera una parte esencial dentro del nuevo orden mundial. Asimismo, utiliza ideas que van más allá del equilibrio de poder de los Estados, centrándose en temas como la religión, los valores o la cultura, mostrando la influencia del constructivismo para su nuevo análisis del mundo. Rafat Ghotme (2014) publicó un artículo titulado “El rol de las potencias en la guerra civil siria: hegemonía y contra hegemonía en la política mundial” para la revista académica Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México. En este estudio, Ghotme analiza el protagonismo de las potencias en medio de la Crisis en Siria, situándolas dentro del orden mundial y su transición hacía el sistema multipolar. Ghotme analiza el declive de los Estados Unidos en la región y como esto afecta al rol de Rusia y China en el Medio Oriente. John Parker (2015) escribió una publicación titulada “Understanding Putin through a Middle Eastern looking glass” para el Instituto de Estudios Estratégicos Nacionales del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Mediante este estudio, Parker intenta comprender el rol del Gobierno de Putin dentro de la Crisis de Siria, tomando en consideración distintos factores regionales como la disputa saudí-iraní o la Primavera Árabe. Parker intenta dar una coherencia temporal a distintos eventos que sucedieron antes de la intervención militar de Rusia. John McHugo (2015) publicó el libro “Syria, a history of the last hundred years”, en donde se resaltan los principales acontecimientos de la historia de Siria. Este libro describe el Gobierno de Bashar al-Assad y el inicio de la guerra civil a partir del conflicto interno entre los distintos actores nacionales. Brinda mayor información sobre la situación política y social que se vivió antes y durante la crisis. Bobo Lo (2015), autor del libro “Russia and the new world disorder”, resalta cuáles son los desafíos para el Gobierno ruso dentro del escenario internacional, reconociendo al mismo tiempo el realismo político de su rol internacional. El autor examina las percepciones realistas del Gobierno de Putin al momento de lidiar con el mundo, prestando atención a la posición que busca obtener Rusia dentro del nuevo orden mundial.. 8.
(15) 1.2.2 Marco teórico. Para entender la respuesta militar del Gobierno ruso durante la crisis de Siria es necesario estudiar los mecanismos de su política exterior así como el rol que pretende cumplir dentro del escenario global. Se debe analizar no solamente el contexto o panorama internacional sino también la historia y teoría detrás del sistema y orden mundial, ya que a través de los siglos estos conceptos e ideas han influenciado a la política exterior rusa.. 1.2.2.1 Evolución del orden internacional. Primero, se analizará el inicio y evolución del orden mundial, tomando en consideración los principales acontecimientos históricos que lo transformaron, así como la respuesta de Rusia frente a estos cambios. Esto servirá para entender mejor cuál es la importancia de este orden en la política exterior de Rusia y cuál es el rol que ocupa actualmente dentro de este. Si bien Rusia no tuvo tanta participación durante los primeros siglos del orden mundial, es importante mencionar cuál fue el contexto internacional que moldeó la política exterior rusa. Ante todo, se debe definir y diferenciar el concepto de sistema internacional y el orden mundial para evitar confusiones. El sistema internacional es una colección de entidades políticas independientes que interactúan frecuentemente y que pueden encontrarse en un estado de paz o conflicto. En cambio, el orden mundial es la distribución de poder o autoridad entre las unidades políticas del sistema internacional; es la jerarquía formada por el equilibrio de poder entre las unidades más fuertes (Barbé, 2007). Para Kissinger (1996), el actual sistema internacional nace tras el fracaso de las aspiraciones medievales por alcanzar la universalidad, concepto que concibe al mundo como un espejo del reino de Dios. La Paz de Westfalia de 1648, marca el origen de ideas centrales como el Estado moderno, la soberanía y la nación, y deja de lado el dominio de la Iglesia sobre las decisiones políticas. Dando paso, eventualmente, a la separación de poderes que permitiría la aparición de la democracia liberal moderna. Los nuevos Estados de Europa del siglo XVII necesitaban de un principio que legitimara su autoridad. La raison d’état justificaba cualquier medio disponible para promover el bienestar y supervivencia del Estado que recaía en la figura del rey absoluto, basándose en el pensamiento hobbesiano y en el Gobierno del cardenal Richelieu. Frente a la amenaza de la. 9.
(16) restauración de la Iglesia católica por medio de los Habsburgo de Austria, el cardenal antepuso el interés nacional de Francia sobre cualquier propósito religioso. Richelieu fue incluso capaz de apoyar económicamente al reino protestante de Suecia en la guerra contra Austria; dejando atrás las guerras religiosas del pasado. De esta manera, Francia se convirtió en la principal potencia europea y pudo extenderse más allá de sus fronteras al este. El éxito de la raison d’état, puesta en práctica por el cardenal, validó el estudio científico de la conducta humana, presentando la posibilidad de programar científicamente los aciertos políticos (Kissinger, 1996). El equilibrio de poder, principio clásico que se dedujo de la raison d’état, llegó de manera incidental y no como un objetivo de la política internacional. La idea del equilibrio de poder afirmaba que cada Estado, mediante la búsqueda de sus propios intereses, de alguna forma contribuiría a la seguridad y al progreso de todos los demás. El equilibrio era entendido como el resultado de frustrar los intentos de un país por convertirse en una gran potencia, considerada como una amenaza para los intereses propios. “Su primer objetivo era impedir la dominación por un Estado, y mantener el orden internacional. No pretendía impedir conflictos, sino solo limitarlos” (1996, p. 41). Paralelamente, Rusia había sido formada bajo la influencia del Estado mongol y el Imperio Bizancio. Del primero había adquirido los elementos de una monarquía militar centralizada, muy inclinada hacia el uso continuo de la invasión y la guerra. Luego de dos siglos de servir a los intereses mongoles, los rusos habían desarrollado un complejo de inseguridad sobre sus fronteras y estaban preparados para sacrificarlo todo con tal de mantener su independencia y soberanía, conformando así la unidad política y generando la desconfianza hacia sus vecinos (Tsygankov, 2013). Del Imperio Bizancio, en cambio, adoptaron principalmente la cercanía de la Iglesia ortodoxa con el Estado, proclamándose como la “Tercera Roma” tras la caída de Constantinopla en 1453, en defensa de los valores cristianos (Alcalde, 2017). Sin embargo, no sería hasta fines del siglo XVII, que Pedro el Grande fundaría el Estado moderno ruso. Remodeló las instituciones centrales, principalmente al ejército. Promovió el desarrollo económico al fundar la industria del hierro en los Urales, con el objetivo de fortalecer la influencia de la monarquía y el ejército. Buscaría emular las costumbres y prácticas occidentales, acercándose más a los pueblos europeos y distanciándose de las raíces asiáticas. Asimismo, la victoria sobre el Reino de Suecia, le otorgaría un lugar junto a las potencias del orden mundial (Alcalde, 2017). Los mismos conceptos de raison d’etat y el 10.
(17) equilibrio de poder fueron utilizados bajo este Gobierno al momento de realizar alianzas con enemigos como Polonia con el objetivo de vencer a su principal adversario, Suecia. Asimismo, la fortaleza del Estado soberano fue legitimada sobre su capacidad militar para contener la expansión del reino sueco. Catalina la Grande continuó el legado de Pedro I, volviendo al Imperio ruso en una gran potencia europea durante el siglo XVIII. Al igual que el antiguo zar, Catalina mostró una gran simpatía con la civilización occidental. Mediante su gran ejército, la Emperatriz pudo derrotar al Reino de Polonia y al Imperio Otomano, convirtiéndose en uno de los líderes de Europa. Tras la repartición de Polonia, conseguir el ingreso al Mar Negro y el estrecho del Bósforo y la salida al Mar Báltico, Rusia se había ganado los recelos de las demás potencias. Esta situación impidió a Rusia expandirse hacia el centro de Europa, siendo obligada a proyectar su expansión hacia los Balcanes y el este de Asia (Alcalde, 2017). El liderazgo de los gobernantes rusos había llevado a Rusia a ser parte del orden mundial bajo el mismo principio de buscar sus propios intereses, frustrando el de las demás potencias al hacerlo. Tras el final de las Guerras Napoleónicas, las más cruentas que se habían experimentado en Europa, se vio la necesidad de establecer una clase de orden que evitara más guerras debido al desenfreno del equilibrio de poder. El Concierto de Europa, liderado por Gran Bretaña, Austria y Rusia, trató de establecer un orden sobre la base de poder y justicia, tomando en cuenta no solo lo militar, sino también la moral y los valores europeos (Kissinger, 1996). El tratado que nació en 1815, en el Congreso de Viena, dio inicio a este nuevo orden que en un principio serviría para contener a Francia tras su derrota. Este tratado, denominado como la Cuádruple Alianza, incorporaba un nuevo mecanismo de conferencias entre sus miembros, Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia. Mediante estas conferencias, celebradas cada vez que hubiera un posible conflicto, las potencias entendieron que el equilibrio basado en la raison d’état no era suficiente, ya que este pensamiento había llevado a Napoleón a cumplir con sus ambiciones en un mundo sin reglas. Si bien los Estados no proponían ninguna ley universal basada en códigos éticos, sí plantearon establecer límites mediante las conferencias celebradas. De esta manera, el problema de la guerra se ubica por primera vez dentro de las relaciones entre los Estados y deja de ser un plano por debajo de la raison d’état. Las potencias se reconocen a sí mismas como pares y pretenden limitar sus ambiciones para mantener el orden y la seguridad.. 11.
(18) El Reino de Rusia había pasado de tener que luchar contra sus vecinos para mantener su propia existencia a establecerse como una de las grandes potencias del sistema europeo tras el Congreso de Viena de 1815. El poderío de Rusia había sobrevivido en parte gracias a la fuerte autocracia de sus gobernantes, por lo cual se le consideraba un país muy conservador. La expansión de las ideas liberales originadas por la Revolución Francesa fue vista como una grave amenaza a la autoridad del zar, Alejandro I. El temor de Rusia fue presentado como una propuesta de reforma al sistema internacional que motivara a las potencias a tener como principios la fe y los valores cristianos en sus relaciones políticas. El canciller Metternich del Reino de Austria, transformó la propuesta del zar en lo que llegaría a conocerse como la Santa Alianza, que, por primera vez en la historia, unía a las potencias bajo un mismo objetivo. Este pacto obligaba a sus signatarios, Rusia, Austria y Prusia, a interpretar la religión como fundamento para conservar el statu quo interno y oponerse a la expansión del liberalismo. Para personajes como el secretario de Asuntos Exteriores británico, Lord Castlereagh, la idea de la Santa Alianza era un disparate. Sin embargo, el canciller Metternich aprovechó este pacto para mantener bajo control las intenciones misioneras del zar. La Alianza no solo unía a los monarcas a luchar en contra de la revolución, también los obligó a actuar bajo común acuerdo, dándole la oportunidad a Austria de contener a Rusia (Kissinger, 1996). El Sistema de Metternich fue el balance que Austria encontró entre apoyar a las causas conservadoras de la Santa Alianza y mantener la paz y seguridad a través de la Cuádruple Alianza. Mediante la Santa Alianza, Austria se oponía al liberalismo al mismo tiempo que mantenía bajo control a Rusia. A través de la Cuádruple Alianza, Austria se acercaba a Gran Bretaña, que no era partícipe de la restauración de las monarquías, con el objetivo de contener a Francia y evitar posibles conflictos. No obstante, las diferencias entre Rusia y Gran Bretaña cada vez eran mayores ante la posible expansión del zar hacia los Balcanes, pertenecientes al Imperio Otomano, y llegar así al Mediterráneo. Esta situación dificultaba mucho a Metternich que alagaba a Rusia de un lado y cortejaba a Gran Bretaña del otro. La debilidad del Imperio Otomano por contener el nacionalismo de los Balcanes generó sospechas entre las naciones y tras un conflicto que pudo haber sido evitado entre los rusos y otomanos, Gran Bretaña decide declarar la guerra a Rusia junto a Francia y el Imperio Otomano; aprovechando la ocasión para frenar cualquier expansión rusa. Los sucesores de Metternich, sin embargo, patearon el tablero que este había edificado y dejaron la neutralidad de Austria para apoyar a Gran Bretaña y Francia, temiendo que tomaran sus territorios en Italia, dando inicio a la Guerra de Crimea (Kissinger, 1996). 12.
(19) “En cuanto Austria se liberó de los grilletes de los valores compartidos de la Santa Alianza, también dejó libre a Rusia de seguir su propia política basada estrictamente en los méritos geopolíticos. Y siguiendo ese camino, Rusia tenía que chocar con Austria por el futuro de los Balcanes, y con el tiempo, tratar de socavar el Imperio austriaco” (1996, p. 60). Tras la Guerra de Crimea, el Sistema de Metternich basado en el cuidadoso equilibrio de poder, fue dejado de lado por una diplomacia dura que dependería más de la fuerza bruta que de valores compartidos. Las corrientes nacionalistas de fines del siglo XIX traerían consigo la unificación de Italia y Alemania, esta última encabezada por el canciller Bismarck. Alemania representaba para los Habsburgo el mismo problema que dos siglos antes había presentado el cardenal Richelieu, una política exterior sin valores y con el único interés de favorecer la gloria del Estado. El camino de Prusia hacia la unificación alemana había llegado gracias a la fuerza de las instituciones gubernamentales, militares y económicas conseguidas de la mano de Bismarck, además de utilizar la guerra como una herramienta más de la política. A diferencia de la raison d’état, la llamada realpolitik de Bismarck no estaba basada en mantener y fortalecer la monarquía absoluta de un soberano. La realpolitik buscaba la supremacía de todo el aparato estatal y la seguridad y bienestar de su propio pueblo (Rehman, 2016). La política exterior del príncipe Alexander Gorchakov, quien fue ministro de Relaciones Exteriores durante el Gobierno de Alejandro II del Imperio ruso, emularía los principios de la realpolitik. Gorchakov quería recuperar el status internacional de Rusia tras la derrota en la Guerra de Crimea de 1854. Para ello, Gorchakov ejerce una política más orientada hacia Asia Central, tomando distintos territorios y extendiendo sus propios límites. Gorchakov, sin embargo, expandía sus conquistas gradualmente para evitar la preocupación de Reino Unido y sus territorios en la India. Al mismo tiempo, el canciller desarrolla un sistema de alianzas flexibles a través de la Liga de los Tres Emperadores, un intento de continuar con la Santa Alianza, que tras su desaparición había limitado el rol de Rusia en los asuntos europeos (Tsygankov, 2013). El nuevo orden internacional había traído consigo una carrera armamentista inspirada en las políticas de Bismarck. De un lado se tenía la enemistad entre Francia y Alemania por el control del centro europeo, y del otro la de Rusia y el Imperio de Austria-Hungría por el control de los Balcanes. Esta nueva situación del orden europeo representaba un problema para el canciller alemán, tenía que contener a Francia al mismo tiempo que buscaba evitar la caída de AustriaHungría por Rusia, dado que la población católica-germana de Austria podría anexarse a 13.
(20) Alemania y se perdería la hegemonía de la Prusia protestante. Esto obligó a Bismarck a preparar un sistema de alianzas secretas con el objetivo de prevenir que el orden que él había ayudado a construir fuese derrumbado. No obstante, las corrientes nacionalistas que habían sido propagadas por los Balcanes ocasionaron nuevamente la detonación de una guerra entre las potencias. La desconfianza generada a través de una diplomacia secreta había vuelto imposible la solución del conflicto ocasionado por la muerte del archiduque Francisco Fernando de Austria a manos de nacionalistas bosnios. La tragedia obligó al Imperio austrohúngaro a forzar a Serbia a contener estos movimientos nacionalistas pero al no querer cumplir con estas órdenes, Austria-Hungría le declara la guerra. Rusia, que se otorgaba el rol de protector de los eslavos cristianos entra a la guerra para defender a Serbia, aunque pronto, los problemas internos rusos terminarían retirándolo. Alemania, que había firmado un pacto secreto con Austria y no deseaba ver a este Imperio desplomado, decide declararle la guerra a Rusia. Al mismo tiempo, la desconfianza de que exista alguna alianza entre Francia y Rusia, llevaron a Alemania a declararle la guerra a Francia y tomar las tierras de Bélgica. La cercanía a las islas británicas y el desbalance producido por la expansión germana, harían que Gran Bretaña le declare la guerra a Alemania y Austria-Hungría. Europa, distante del Sistema de Metternich, carecía de un sistema de valores compartidos que pudiera mantener a las potencias unidas y prevenir el desastre de esta guerra. La Europa basada en realpolitik, nacionalismo, carreras armamentistas y alianzas secretas no pudo evitar el estallido de la Primera Guerra Mundial (Kissinger, 1996). La Gran Guerra, librada hace un poco más de cien años, transformó nuevamente el orden mundial a costa de millones de vidas perdidas. Por primera vez en la historia, el conflicto entre las potencias europeas había puesto en acción distintos avances tecnológicos, como las ametralladoras, tanques, aviones o armas químicas, que harían de las campañas militares las más mortíferas de la historia. Mientras que Europa se encontraba inmersa en la destrucción del Viejo Mundo, Rusia trataba de contener la revolución bolchevique que buscaba adoptar un sistema político y económico marxista. La revolución de 1917 significó el resultado de una crisis interna que venía echando raíces desde hace siglos, basada en una crisis de identidad entre las costumbres eslavas-asiáticas del campo y europeas de la ciudad; la incapacidad de escoger entre los dos caminos trazados por Europa, el conservadurismo o el liberalismo; así como la gran desigualdad entre las clases burguesas y las menos afortunadas. La derrota frente a Japón en 1904, la continua corrupción de parte del Gobierno y el ingreso a la Primera. 14.
(21) Guerra Mundial habían vuelto imposible frenar esta revolución, que incluso recibía el apoyo de las potencias enemigas de Rusia (Tsygankov, 2013). La desaparición de cuatro imperios: Austria-Hungría, Rusia, Alemania y el Imperio Otomano, inclinó la balanza sobre las potencias occidentales del Reino Unido, Francia y la nueva potencia de los Estados Unidos. Tras la revolución soviética de 1917 y la consecuente retirada de Rusia, Estados Unidos decidió embarcarse en su primera gran intervención mundial, colocándose como un nuevo actor del orden mundial. Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos, decidió intervenir en parte por cumplir con la grandeza de las ideas democráticas liberales estadounidenses. Para Wilson, su nación iba más allá del interés nacional, no buscaba otro beneficio que justificar y exportar los principios y valores norteamericanos. “El derecho universal y no el equilibrio, la integridad nacional y no la autoafirmación nacional eran, en su opinión, los fundamentos del orden internacional” (1996, p. 24). Hasta la llegada de Wilson, ningún país había pretendido el liderazgo internacional basado en altruismo o proselitismo de sus valores e ideales. Desde ese momento, Estados Unidos presenta la idea de que la seguridad de su país es inseparable de la seguridad del mundo, lo que implica en adelante el rol de esta potencia como guardián de la humanidad. A partir de los Catorce Puntos presentados al Congreso de los Estados Unidos, Wilson planteó entre otras ideas una diplomacia abierta, la autodeterminación de los pueblos y la creación de una Sociedad de Naciones, que marcarían una nueva etapa en las relaciones internacionales. Mediante la ley y la justicia, Wilson pretendía que la Sociedad de Naciones pudiese arbitrar conflictos territoriales y asegurar la paz entre los Estados miembros. Sin embargo, los franceses no podían resistir una nueva guerra contra Alemania por lo que sus miedos de una seguridad colectiva, siendo vecinos de este, eran inevitables. Para Francia, la Sociedad de Naciones solo debía servir como una herramienta para frenar cualquier agresión de parte de Alemania, y para hacer cumplir las obligaciones e indemnizaciones que le fueron impuestas mediante el Tratado de Versalles al finalizar la guerra. Sin embargo, Wilson se opuso a esto ya que ningún tratado internacional podría obligar a su país a entrar a una guerra sin pasar primero por el Congreso norteamericano. Aun así, tanto Reino Unido como Estados Unidos intentaron brindar seguridad a Francia frenando cualquier intento de desarrollo alemán con duras cláusulas punitivas mediante el Tratado de Versalles (Kissinger, 1996). Las corrientes nacionalistas se harían más fuertes en Alemania debido a la insatisfacción del resultado de la Gran Guerra. Las duras penas del Tratado de Versalles solo provocaron un 15.
(22) mayor resentimiento del pueblo que terminaría inclinándose por el partido nazi. El irredentismo de Adolf Hitler, una vez llegado al poder alemán, influenció a otras naciones como Italia y Japón a expandirse más allá de sus fronteras y desafiar nuevamente al orden mundial. A partir de la transformación de Rusia en la Unión Soviética, los comunistas insistieron en lo importante que era el control del Partido Comunista sobre el pueblo, con el propósito de mantener el orden político y prevenir cualquier amenaza capitalista. Tanto para Lenin como Trotski, líderes de la revolución, el socialismo no podía sobrevivir en un mundo plagado por el capitalismo. La doctrina Lenin-Trotski se apoyaba en la exportación de las ideas revolucionarias y anti occidentales hacia el resto del mundo. Sin embargo, esta sería desechada en 1921 con el compromiso de Lenin de coexistir con el Occidente, aun así, muchos de los círculos académicos y políticos mantuvieron esta filosofía en mayor o menor medida durante los años siguientes. Algunos líderes se inclinaron por el equilibrio de poder mientras que otros prefirieron adaptarse o aceptar un mundo compartido con el occidente. El sucesor de Lenin, Iósif Stalin, descartó la política de acercamiento al Occidente que había llevado hasta el momento para contener a los nazis y optó por el equilibro frente a Alemania, firmando un tratado de amistad que le permitía alejarse de las preocupaciones de Occidente y tener más tiempo de prepararse para una eventual guerra (Tsygankov, 2013). El nacionalismo alemán ocasionó una nueva y desastrosa guerra mundial, la cual llegó a expandirse más allá de las fronteras europeas. La inestabilidad del orden mundial provocado por la Primera Guerra Mundial había desatado una nueva y desastrosa guerra, la peor jamás librada en la historia. Esto llevó a que las potencias pusieran todos sus esfuerzos y confianza en edificar una organización mucho más grande que la Sociedad de Naciones mediante la Declaración de las Naciones Unidas de 1942. Diseñada en parte por Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, y sus aliados occidentales, buscó forjar el sistema internacional bajo los ideales democráticos liberales con la finalidad de evitar más guerras entre Estados. Estados Unidos necesitaba la cooperación de la Unión Soviética para detener la expansión alemana, al mismo tiempo que luchaban contra Japón en el Océano Pacífico. Por esta razón, tanto Roosevelt como Churchill, primer ministro de Reino Unido, tuvieron que complacer las exigencias de Stalin, el líder soviético. Desde contar con un asiento permanente dentro del liderazgo y la toma de decisiones de las Naciones Unidas hasta la ocupación de una parte de Polonia. Irónicamente, Reino Unido había entrado a la guerra por la ocupación nazi en Polonia. Stalin, en cambio, prometió elecciones libres y el establecimiento de Gobiernos democráticos en Europa oriental mediante la Conferencia de Yalta de 1945. Por 16.
(23) supuesto, estas promesas no fueron tomadas en serio por la Unión Soviética, la cual se había vuelto una superpotencia al terminar la guerra (Kissinger, 1996). Alemania no pudo vencer al numeroso ejército soviético y tampoco pudo contener el desembarco de los estadounidenses en Italia. Tras la rendición de las fuerzas alemanas, Estados Unidos demostraría ante el mundo el avance tecnológico y destructivo al que habían llegado mediante la detonación de la bomba nuclear sobre Japón. El nuevo orden internacional colocaba a los vencedores de la guerra como los nuevos protagonistas que diseñarían el sistema e intervendrían en cualquier conflicto internacional mediante las Naciones Unidas. Por primera vez en la historia, el derecho internacional se colocaba como principal objetivo de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, las grandes colonias británicas y francesas empezaron a ser desafiadas por sus ciudadanos tras haber perdido sus roles de grandes potencias. Las olas de democracia y liberalismo empezaron a influenciar al mundo entero, el cual se oponía a los antiguos sistemas de control y poder europeo. Sin embargo, la confrontación entre las potencias había pasado de darse por disputas territoriales a encontrarse en el plano ideológico. Los valores e ideales promovidos por Norteamérica fueron rechazados y confrontados por la Unión Soviética. Ambas superpotencias pretendían la hegemonía e influencia sobre las nuevas naciones alrededor del mundo, las cuales decidían si seguir los ideales políticos y económicos de una u otra nación. Las Naciones Unidas aseguraban un sistema basado en la diplomacia abierta y las negociaciones internacionales, que de una u otra manera permitían la comunicación y la igualdad entre los Estados. No obstante, la Guerra Fría frenó bastante el rol de las Naciones Unidas ya que las superpotencias preferían seguir otros caminos distantes a la diplomacia y el acercamiento entre naciones. El desafío a la seguridad del orden mundial de parte de las potencias ya no ocurría de manera directa, la disuasión nuclear se volvió el principal motor para evitar una nueva guerra mundial. La estrategia militar de las potencias fue puesta de lado por la capacidad potencial de infligir daño al otro Estado y evitar que este le declare la guerra o continúe influyendo sobre otros Estados (Schelling, 1980). Esto evolucionó en la carrera armamentista más grande y costosa de la historia, así como el incremento exponencial de guerras subsidiarias o proxy. Estas guerras, civiles mayoritariamente, permitían a los Estados Unidos y la Unión Soviética confrontarse indirectamente, otorgando dinero, armas e inteligencia militar a los bandos que estos apoyaban. La amenaza de una guerra nuclear pudo contener y limitar el conflicto entre ambas potencias, creando de esta manera un orden basado en el miedo a la autodestrucción que podía incluso distender la relación entre ambos. 17.
(24) La primera superpotencia que empezó a dar signos de agotamiento de sus recursos fue Estados Unidos que tras más de una década de intervención en Vietnam no podía conseguir la victoria sobre el comunismo. La doctrina de “correlación de poder” del secretario general, Leonid Brézhnev, determinó que el poder estadounidense, debilitado por la Guerra de Vietnam, había dejado espacios de poder que la Unión Soviética debía ocupar para mantener el orden y el equilibrio mundial. Esto llevaría a una política más agresiva con la invasión de Checoslovaquia, Afganistán y el apoyo a las fuerzas del Viet Cong. El interminable desembolso en el desarrollo tecnológico de armas y la fallida incursión militar de la Unión Soviética en Afganistán durante la década de los ochentas, terminaron de agotar los recursos de esta potencia, al mismo tiempo que Estados Unidos se recuperaba de una recesión económica. Si bien la Guerra Fría debilitó las capacidades de ambas superpotencias, fue la soviética la primera en conceder la victoria frente a una todavía fuerte y perseverante Norteamérica (Tsygankov, 2013). El final de la Guerra Fría trajo consigo una serie de nuevas ideas sobre el futuro del orden internacional. Francis Fukuyama (1989), politólogo estadounidense, consideró esta nueva etapa como el triunfo de los valores occidentales sobre el mundo y el punto final de la evolución ideológica del hombre y la universalización de la democracia liberal como última forma de Gobierno. Para Fukuyama el conflicto internacional ya no tiene lugar o propósito y solo resta la actividad primaria económica, la cual perfila a ser el nuevo escenario de relaciones internacionales. Esto no quiere decir que no habría pueblos como los del Medio Oriente que se opongan a la primacía de la democracia liberal, pero tarde o temprano estos tendrán que asumir y adaptarse a este nuevo mundo liderado por una sola potencia. Para Huntington (1993), otro politólogo estadounidense, la fuente de conflicto dentro del orden mundial será solo cultural. El Estado seguirá siendo el actor principal pero los problemas que surjan ya no serán ideológicos o económicos, sino entre las potencias y los grupos de civilizaciones. Este siguiente paso en la evolución de los conflictos se dará a partir del rechazo a la hegemonía de la civilización occidental, considerando importante la conservación de identidad de cada civilización. Al igual que Fukuyama, Huntington entiende que el final del siglo XX es una nueva etapa en el orden internacional, en donde el siguiente enemigo para los Estados Unidos no se encuentra en la forma de un Estado sino en la cultura de una civilización muy distinta a la de sus principios, la del Medio Oriente. Sin embargo, el nuevo orden internacional ha demostrado hasta el momento no estar aún muy definido. Los conflictos internacionales, ciertamente, han ocurrido en su mayoría en el Medio 18.
(25) Oriente, lo cual ha llevado a la intervención de parte de Estados Unidos, en un primer momento, a tratar de mantener la paz y estabilidad de esta región, como en la Guerra del Golfo de 1990. No obstante, la desconfianza de estos Estados y la falta de entendimiento o apertura de Occidente a sus ideas religiosas y culturales no permitieron que esta potencia pueda cumplir con ese rol. El atentado a las Torres Gemelas del 2001, fue una clara señal de que el conflicto internacional aún se mantenía vigente pero a través de nuevas modalidades. El terrorismo internacional sirvió como excusa para la intervención de Estados Unidos en Afganistán e Iraq, desestabilizando el panorama político de la región, generando nuevos conflictos y más motivos para cometer actos terroristas contra Occidente. La Guerra contra el Terror de George W. Bush, primer presidente de los Estados Unidos en este nuevo milenio, buscó derrotar al terrorismo internacional mediante el financiamiento y apoyo a líderes cuestionados sobre el respeto a los derechos humanos, situación parecida a la de la Guerra Fría pero en menor escala. La inversión y esfuerzo de parte de los Estados Unidos agotaría nuevamente los recursos necesarios para evitar el estancamiento económico de su propio país. Con la llegada del presidente Barack Obama y el inicio de una nueva crisis financiera internacional, el nuevo orden dejó de ser solamente moldeado por los Estados Unidos y permitió el ingreso mesurado de nuevas potencias mundiales como China o Rusia. China, como primera potencia económica, preocupó mucho a los gobernantes estadounidenses; Rusia, en cambio, comenzó a tener un rol internacional más activo para competir de cierta forma con la hegemonía norteamericana en el Medio Oriente. Por supuesto, ambas potencias tienen aún varias dificultades que los ponen por debajo del poder americano pero no dejan de tener un rol considerable dentro del nuevo orden internacional.. 1.2.2.2 Teoría del realismo. Una vez entendida la importancia que ha tenido la configuración del orden mundial a través de la historia moderna es más práctico entender el objetivo de las teorías y el estudio de las relaciones internacionales desde inicios del siglo XX. Mediante la teoría de realismo se podrá abordar una nueva perspectiva sobre las dinámicas entre los Estados como actores principales del sistema internacional.. 19.
(26) El origen de las relaciones internacionales como materia de estudio proviene de la fundación del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Aberystwyth de Gales en 1919. El mismo año, en Estados Unidos, la Escuela Edmund A. Walsh de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown se convertía en la primera facultad de esta carrera en el país. El final de la Gran Guerra impulsó a la academia a profundizar el entendimiento político del mundo con la esperanza de evitar futuros conflictos internacionales. La docencia empezó siendo dictada desde un punto de vista idealista basándose en las ideas propuestas por Woodrow Wilson de construir un mundo más seguro y pacífico pero no entendiendo exactamente como llegar a este. Las bases del estudio fueron cimentadas en un principio sobre la historia de las relaciones diplomáticas y el derecho internacional. Al mismo tiempo, los centros de investigación recién fundados de Chatham House en Londres y el Council of Foreign Affairs en Nueva York tenían la misión de desarrollar formulaciones teóricas que pudieran brindar una mejor comprensión de la materia. Tras la falta de materialización de los buenos deseos del wilsonismo, nuevas aproximaciones e ideas al estudio del conflicto internacional empiezan a ser elaboradas, siendo una de estas, y la más influyente e importante, el realismo (Barbé, 2007). Para entender de donde parten las ideas del realismo se debe remontar al periodo de las guerras de la Reforma y el establecimiento del Estado westfaliano del siglo XVII, momento que despertó el interés de filósofos como Hobbes o Spinoza por comprender la naturaleza del hombre y su relación con el Estado moderno. Para Hobbes (1651), la condición natural del hombre está basada en la guerra de unos contra otros, teniendo derecho a cometer actos según su propio razonamiento. Este derecho natural conlleva al temor por la seguridad de todos, por lo que es necesario esforzarse por buscar la paz mediante cualquier elemento, y de no obtenerla, utilizar todas las herramientas de la guerra. Hobbes también señala que mientras los hombres mantengan su derecho a cometer cualquier acto, se estará en condiciones de guerra, por lo tanto, para llegar a la paz se deberá renunciar a esta ley natural. De esta forma, Hobbes presenta la idea del contrato o pacto, los hombres confieren su poder y fortaleza sobre un soberano, que a su vez, les protege y les brinda seguridad. La idea del soberano o leviatán recae sobre el rol del Estado, poniendo en sus manos la responsabilidad de hacer cumplir la ley o justicia, y guardar el interés común del pueblo. “En esta guerra de todos contra todos, se da una consecuencia: que nada puede ser injusto. Las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe; donde no hay ley, no hay justicia” (1651, p. 53). Si no hay Estado, se regresa a 20.
(27) la condición de guerra de unos contra otros, el caos y la injusticia. La visión pesimista del hombre y el Estado de Hobbes tendría una gran repercusión sobre el pensamiento político por varios siglos en adelante. Spinoza, al igual que Hobbes, encuentra el origen de la guerra en la imperfecta naturaleza del ser humano. No obstante, el filósofo no solo reflexiona sobre el origen del Estado y su relación con el hombre, sino que se adentra en las relaciones de poder entre dos o más Estados. Para Spinoza, el Estado, al ser una imagen formada por hombres, cobra las mismas características que un individuo en su estado natural; busca su propia supervivencia y desestima cualquier tipo de orden o justicia. Los individuos para sobrevivir deben construir al Estado, pero este no estará sujeto a otros debido al origen de su propia constitución, el interés y seguridad de su propio pueblo. Tanto Hobbes como Spinoza son una primera imagen del conflicto que ubica al hombre y su condición natural como eje central de las relaciones internacionales. Esta imagen enlaza el conflicto con la mentalidad del hombre y no intenta abordar las dinámicas sociales que serían posteriormente analizadas por otros filósofos (Waltz, 1959). Siglos más adelante, para Carl Schmitt (1932), filósofo alemán, el rol del Estado vuelve a tener más importancia por encima de la sociedad. Schmitt intenta apropiar el significado de lo político al Estado, confiriendo la representación del poder de la nación y el pueblo. La unidad política o el Estado es quien debe designar la distinción entre amigo y enemigo a quien se oponga o beneficie sus intereses y supervivencia. Es por lo tanto, que algunos le atribuyen connotaciones totalitaristas y como parte de la influencia del partido naciente nazi en Alemania. Empero, Schmitt no condena al enemigo como algo que deba ser aplacado sino que restituye el rol del Estado para designar estos atributos a quien compita con su legitimidad o limite sus intereses. Para el filósofo, el Estado se comporta de la misma forma como lo había sido para Hobbes hace tres siglos. Al igual que este, la naturaleza del hombre volvía a estar insertada en las relaciones internacionales, objetando a cualquier intento de alianza o sociedad internacional. Las severas sanciones que padeció Alemania como resultado de Versalles impulsaron a Schmitt a rechazar fuertemente los tratados internacionales o la Sociedad de Naciones. El alemán critica el sentido de esta organización, catalogándola de inefectiva, dado que para prevenir las guerras se debería eliminar las estructuras de todos los Estados. Basándose también en la teología, Schmitt (1932) plantea la idea de que el hombre al ser un pecador por naturaleza, no podría confiar en las buenas intenciones de un Estado que no representara sus intereses. Si no puede haber una honesta confianza entre los Estados, una 21.
(28) organización internacional no tendría ninguna validez para prevenir conflictos o guerras sobre la base de valores o principios que no pertenecen a la condición natural humana. El realismo político de Carl Schmitt terminaría influenciando el estudio de las relaciones internacionales. Sin embargo, la moral y los valores que habían dado inicio al estudio de esta ciencia no permitieron la alineación inmediata al pensamiento realista. Edward H. Carr (1939), profesor de la Universidad de Aberystwyth, cuestiona desde el inicio cuál es el rol de la moral dentro de las relaciones internacionales y si este merece realmente un lugar importante. Carr plantea que la expectativa que se tiene de la moral de las personas es distinta para los Estados. Nadie espera que un Estado pueda comportarse de la misma forma que una persona, y, sin embargo, los ideales wilsonianos pretenden que esto ocurra. El Estado para Carr no puede contener la misma compasión que una persona porque este fue creado para gobernar y controlar bajo un juicio crítico y objetivo, fuera de sentimentalismos. Carr entiende que el poder es el instrumento principal de los Gobiernos y que un Estado necesita que su política exterior proyecte el poder que este tiene para relacionarse con los demás Estados. Nuevamente, se retorna a la idea de la condición natural humana, la persona en su naturaleza es libre de realizar cualquier acto fuera de la moral o ética. Sin embargo, deja de lado esta ley natural depositándola en el Estado, esperando que este actúe y tome las medidas necesarias para prevenir el caos y desastre, así sean estas moralmente incorrectas a nivel personal. Hans J. Morgenthau (1956), profesor de la Universidad de Chicago, desarrolló lo que serían las bases del realismo clásico de las relaciones internacionales. Para Morgenthau, la moral dentro del sistema internacional existe pero está ligada a las leyes internas y códigos éticos de cada sociedad. Un Estado, por lo tanto, no puede exigir a otro a comportarse bajo los mismos estándares que regula su propia sociedad. El Estado conduce su política exterior a través del poder que este tiene, pero esto no lo exime de regularse a sí mismo bajo sus códigos y leyes propias. Para Morgenthau (1956), los Estados actúan de manera racional, sin embargo, estos pueden cometer errores de cálculo, lo cual no desmerita el hecho que estos hayan actuado racionalmente desde un principio. El idealismo, para este autor, no está presente en la realidad que se analiza sino en la buena voluntad y optimismo de algunos individuos, no obstante, se deben entender las relaciones internacionales como un estudio objetivo o positivista. De esta manera, Morgenthau analiza y estudia las características del equilibrio de poder, planteando 22.
(29) que sin el equilibrio el Estado más fuerte puede gobernar sobre los demás, limitando sus intereses y derechos. El equilibrio también es inestable y puede variar dependiendo del poder que el Estado vaya adquiriendo, lo cual afecta la posición relativa con la que se relaciona a los otros Estados. Morgenthau expone distintas dinámicas que pueden surgir entre los Estados de acuerdo al equilibro de poder, incluso analizando la posición de las pequeñas naciones entre el equilibrio de dos grandes potencias; situación clásica de la Guerra Fría. El análisis dado por el teórico está basado sobre el poder relacional y utiliza casos históricos para sustentar el comportamiento de los Estados en el sistema internacional. Kenneth Waltz (1979), profesor de la Universidad de Berkeley, presenta la idea de una estructura que se sostiene sobre la anarquía del sistema internacional, a pesar de la contradicción entre anarquía y estructura. Para explicar este concepto, Waltz utiliza como analogía la economía de laissez-faire y cómo las empresas (Estados) funcionan de acuerdo a la ley de la demanda y oferta bajo una mano invisible que regula el sistema. De esta manera, Waltz plantea la teoría del realismo estructural basada sobre una estructura “invisible” que es formada a partir de la interacción entre sus unidades principales, es decir los Estados. Waltz identifica distintos actores que forman parte del sistema internacional pero solo otorga el rol principal a los Estados, ya que solo estos pueden cambiar el sistema. A diferencia de los realistas clásicos, Waltz entiende el poder de los Estados como una característica más no como un fin en sí mismo, ya que para él los Estados se relacionan de acuerdo a su seguridad. Es a partir de ahí, donde recoge la idea del dilema de seguridad, la cual afirma que los Estados buscan sentirse más seguros a través del incremento de sus defensas pero esto, consecuentemente, vuelve a sus vecinos más inseguros, lo que también los conduce a aumentar sus defensas. Para Waltz (1979), el mundo estaba más seguro cuando solo eran dos potencias las que competían por tener mejores defensas, el caso de la Guerra Fría. La seguridad era el primer componente en la relación de los Estados y sus vecinos, es decir, aunque los Estados se auto ayuden y se preocupen solo por su seguridad, la relación entre ellos teje la estructura internacional. Por primera vez, el realismo dejaba de centrarse en el pensamiento del hombre o desde la perspectiva del Estado. En cambio, el sistema internacional era entendido por el realismo estructural como una serie de interacciones entre distintas unidades que forman y mantienen una estructura, la cual puede evolucionar de acuerdo al orden y equilibrio entre las unidades.. 23.
(30) Robert Gilpin (1988), profesor de la universidad de Princeton, acepta el realismo estructural de Waltz pero inserta en este la idea de hegemonía como motor principal del sistema, en vez de la seguridad. Gilpin, al igual que otros economistas de la escuela liberal como Robert Keohane o Charles Kindleberger, apoya la teoría de la estabilidad hegemónica, la cual postula que el sistema internacional es más estable para la economía y el comercio internacional cuando una potencia, llamada hegemón, domina sobre los demás países. Muy distinta a la idea de Waltz, de que la estabilidad podía surgir en un mundo bipolar. Gilpin plantea que la interacción entre naciones se da a partir de la estrategia que cada Estado determina en relación al hegemón. Con el tiempo, un Estado ostentará el rol y liderazgo del hegemón, lo que conducirá a una guerra hegemónica que transformará el sistema internacional. El economista identifica este tipo de guerra en distintos momentos de la historia, empezando por la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas. Para ello, Gilpin utiliza la teoría sistémica de largos ciclos de George Modelski (1988); en esta se postula que el sistema internacional funciona de acuerdo a ciclos que se repiten cada 100 a 120 años. Cada ciclo inicia con una guerra entre el antiguo hegemón con la nueva potencia que ostenta su lugar. Gilpin también se basa en la teoría del poder de transición de Organski, que indica distintos niveles de satisfacción de acuerdo a la posición de las potencias. Cuanto más grande es la insatisfacción de las otras potencias en comparación al hegemón, mayores serán las probabilidades de conflicto. Al mismo tiempo, mientras más simétrico sea el poder entre el hegemón y las otras naciones, mayores posibilidades habrá de una nueva guerra. Por lo tanto, mientras más poder e insatisfacción tengan las otras potencias, mayor será la probabilidad que se enfrenten al hegemón (Kugler y Organski, 1989). Modelski (2005) también entiende que la era nuclear puede haber cambiado muchas de las variantes de la teoría de largos ciclos y transición de poder. La disuasión nuclear entre las dos superpotencias, durante la Guerra Fría, evitó el orden natural del conflicto, poniendo en duda el futuro del sistema internacional. John J. Mearsheimer (2001), profesor de la Universidad de Chicago, se distancia un poco del realismo estructural para ofrecer una nueva variante del realismo clásico, llamado realismo ofensivo. En este, retoma el concepto de poder como eje de las relaciones internacionales pero lo centra en el poder ofensivo militar de cada Estado. Para Mearsheimer, las naciones necesitan proteger la integridad territorial y soberanía. Para cumplir este objetivo se necesita de una gran población y una economía estable, ya que estas son las bases para tener un ejército poderoso, de donde radica el verdadero poder. Las naciones son racionales y son conscientes del entorno internacional, el cual deben utilizar como base para plantear su política 24.
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