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3.3 Principales acontecimientos de la Crisis en Siria

3.3.5 La aparición del Estado Islámico y la diplomacia rusa.

A finales del 2013, el Ejército Libre de Siria empezó a enfrentar a distintos grupos islamistas que querían capturar parte de sus bases cercanas a Aleppo. La oposición siria había demostrado tener muchos problemas internos desde un comienzo pero su desintegración entre varios grupos era cada vez mayor. Asimismo, el llamado de guerra de los islamistas dirigido a musulmanes alrededor del mundo a unirse a sus filas, hizo que ingresaran miles de

73 yihadistas provenientes de Asia Central, Sudeste asiático y Norte de África. Uno de estos grupos empezó a llamarse a sí mismo como el Estado Islámico de Iraq y el Levante, también conocido como ISIS o Dáesh. Este grupo había nacido de los remanentes de las insurgencias en contra de la invasión de Estados Unidos a Iraq en el 2003, originalmente, aliado a al-Qaeda. El grupo, a diferencia de otros, tenía bastante experiencia militar, ya que era dirigido por ex militares iraquíes. Además, empezaron a utilizar el poder de las redes de comunicación para persuadir a distintos jóvenes musulmanes interesados en unirse a la guerra. Mediante una supuesta reinterpretación medieval del Corán, este grupo cometía los crímenes más salvajes y mediáticos en contra de sus oponentes y civiles considerados como herejes. Debido al incremento de sus filas, ISIS pudo capturar la ciudad de Raqqa, que era controlada por el Ejército Libre de Siria. Esta ciudad sería su centro de operaciones en Siria, mientras mantenían la guerra tanto en este país como en su vecino, Iraq (McHugo, 2015).

La postura de Rusia en contra de la oposición en Siria empezaba a tener mayor aceptación internacional, esto debido al aumento de grupos radicales que ya eran clasificados como terroristas. El escenario de la guerra y sus actores habían vuelto al rol de Rusia en Siria como el más estable y consistente de todas las potencias involucradas. Medios de prensa internacionales consideraban a Vladimir Putin como el hombre más poderoso del mundo y mayor estratega de la actualidad (Parker, 2015). En diciembre del 2013, durante el discurso anual del presidente a la Asamblea Federal, Vladimir Putin (2013) confirmaría esta nueva identidad que otorgaba un rol especial a Rusia en el orden mundial. Para Putin, haber evitado la intervención de Occidente era un éxito para su política exterior, demostrando que Rusia había liderado el camino y la mejor opción para el mantenimiento de la paz y el derecho internacional.

Entre enero y febrero del 2014, el enviado especial de Naciones Unidas para la Paz, Lajdar Brahimi, llevó acabo la segunda Conferencia de Ginebra sobre la guerra en Siria. La administración de Obama había respaldado la labor de Brahimi durante el 2013 y había intentado acercarse a Rusia, a pesar de las diferencias, con el objetivo de resolver este conflicto. Sin embargo, las negociaciones frente a frente entre la oposición y los representantes del Gobierno de al-Assad no llegaron ni a treinta minutos. La segunda ronda de esta Conferencia nuevamente fue un fracaso. Estados Unidos culpó al Gobierno de al-Assad de no querer entablar una negociación seria con la oposición y a Rusia de no presionar lo suficiente a su aliado (The Guardian, 2014). Al mismo tiempo, el Gobierno de Siria planeaba llevar a cabo elecciones en junio, por lo que era más conveniente atrasar cualquier intento de

74 negociación con la oposición. De esta manera, de ganar las elecciones, al-Assad tendría mayor legitimidad y poder al momento de negociar con las otras partes.

La crisis en Ucrania del 2014, encontraba a Rusia en una posición distinta a la que tenía en el 2011 durante la crisis en Libia. Rusia tenía una identidad más valorada de sí misma y confiaba en que podía hacerle frente a los intereses occidentales. Si bien el énfasis en el “extranjero próximo” estaba presente desde varios años en la política exterior de Rusia, el rol que le había dado la crisis de Siria al Kremlin había permitido que actúe con mayor autoridad en esta región. La relación con Occidente llegó al punto más bajo tras el conflicto en Ucrania y como era de esperar, ninguno de los presidentes de las potencias occidentales aceptó la invitación de Putin a la inauguración de las Olimpiadas de invierno en Sochi, Rusia (Parker, 2015).

El 18 de marzo del 2014, Estados Unidos obligó a Siria a cerrar la Embajada que tenían en Washington, D.C. De la misma manera, la administración de Obama invitó por primera vez a la Coalición Nacional de Siria a visitar la Casa Blanca en mayo. A principios de este mes, el Gobierno de al-Assad pudo recuperar la ciudad de Homs, la cual había pertenecido a los rebeldes desde que inició el conflicto. El Gobierno de Irán se ofreció como sponsor de la reconciliación interna en Siria frente a las Naciones Unidas y pudo facilitar un acuerdo que permitía la evacuación segura de los rebeldes en Homs tras la victoria del Gobierno sirio (Al Jazeera, 2014). El 22 de mayo del 2014, Rusia y China vetan por cuarta vez un proyecto de resolución en contra de Siria. La propuesta había sido iniciada por Francia dentro del Consejo de Seguridad con el propósito de referir la crisis de Siria a la Corte Internacional de Justicia (Black, 2014).

A principios de junio, distintos países de Europa y Medio Oriente previnieron que ciudadanos sirios fueran a sus embajadas a votar en las elecciones presidenciales organizadas por al- Assad (Al Jazzera, 2014). Como era de esperar, Bashar al-Assad ganó el 90 por ciento de los votos llevados a cabo solo en las ciudades controladas por el Gobierno. De igual manera, las potencias occidentales consideraron estos resultados como ilegítimos (Associated Press, 2014). A fines de junio, Rusia y Estados Unidos confirmaron la eliminación de todas las armas químicas otorgadas por el Gobierno sirio. Esto significaba un hito para la diplomacia internacional, ya que nunca un país había cedido a destruir sus armas de destrucción masiva (Bendavid, 2014).

Mientras tanto, el 10 de junio del 2014, la agrupación terrorista de ISIS capturó Mosul, la segunda ciudad más importante de Iraq. Una oleada de pánico se apoderó del Gobierno de

75 Iraq que ya no contaba con asistencia militar estadounidense desde diciembre del 2011. ISIS, que poseía ahora dos centros importantes, Raqqa en Siria y Mosul en Iraq, cambió su nombre a Estado Islámico7, dejando atrás los títulos de Iraq y Levante, y realizó un llamado de guerra

a todos los musulmanes que quisieran apoyar la expansión de sus territorios a través del Medio Oriente, con el propósito de instaurar un califato (BBC News, 2014a). De esta manera, la lucha contra el Estado Islámico se volvía el punto central dentro de la crisis de Siria. Y las únicas fuerzas capaces de retener los avances del Estado Islámico era el pueblo kurdo, el cual se situaba al norte de Iraq y noreste de Siria, coincidiendo con los territorios ocupados por los terroristas.

El 10 de setiembre de 2014, el presidente Barack Obama anunciaba en televisión que Estados Unidos expandiría sus esfuerzos en contra de los terroristas a través de la formación de una coalición occidental que bombardearía los puntos capturados por esta organización. Asimismo, el Congreso estadounidense había aprobado el desembolso de 500 millones de dólares para el entrenamiento de los rebeldes sirios por las fuerzas norteamericanas con el objetivo de luchar contra el Estado Islámico (Chulov, Ackerman & Lewis, 2014). Turquía ofreció sus bases para que los rebeldes puedan ser entrenados (BBC News, 2014b). Tras los bombardeos de la coalición occidental, Rusia decidió suspender el envío de armas anti aéreas a Siria momentáneamente. La decisión había sido declarada tras la visita del presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, a Moscú, con el objetivo de evitar algún altercado entre el Gobierno de Siria y la coalición. Igualmente, Washington notificaba al representante de Siria en Naciones Unidas o a través de sus contactos en Rusia o Iraq, los objetivos que serían bombardeados para evitar cualquier accidente (Al Arabiya, 2014).

Debido a los grandes avances del Estado Islámico, cerca de 70 mil refugiados kurdos entraron a la frontera de Turquía para escapar de los bombardeos y las matanzas de los terroristas. Turquía envió sus tanques a la frontera para controlar el flujo de refugiados y evitar que el Estado Islámico se acercara (Duke, 2014). Asimismo, la preocupación por las fronteras y el ingreso masivo de kurdos hizo que Turquía propusiera un plan para crear una zona de amortiguación dentro de Siria para los refugiados, donde no se permita el sobrevuelo de aviones y sea controlada por fuerzas internacionales. Empero, los Gobiernos de Siria y Rusia rechazaron la propuesta ya que no querían fuerzas extranjeras en el territorio sirio. Además,

76 esto sería un precedente para establecer otras zonas libres de sobrevuelos, siendo el Gobierno de al-Assad dependiente de los bombardeos a los rebeldes (Paraszczuk, 2014).

A pesar de proponer distintas iniciativas para entablar el diálogo entre la oposición y el Gobierno sirio, Rusia no pudo convencer a la oposición de tomar parte en estas negociaciones durante el 2015 (Naumkin, 2015). El nuevo enviado especial de Naciones Unidas para la Paz, Staffan de Mistura, aconsejó a la comunidad internacional de escuchar las propuestas de Rusia, ya que era el país que mejor podía entender al Gobierno sirio (RT, 2015). Sin embargo, el continuo apoyo militar ruso a al-Assad hacía muy dudosa la imparcialidad del Kremlin dentro de este conflicto. En marzo del 2015, Bashar al-Assad había confirmado la venta de armas de Rusia a su Gobierno mediante una entrevista a un medio ruso. El presidente sirio indicó que varios de los contratos de compra de armamentos firmados antes y durante la guerra estaban siendo cumplidos. Esto era algo que Rusia había negado durante todo el conflicto debido a las sanciones que podría implementar Naciones Unidas, sin embargo, solo comprobaba las sospechas generadas desde antes que iniciara la guerra (Baczynska & Korsunskaya, 2015). En mayo del 2015, el Estado Islámico se apoderó de la ciudad histórica de Palmira, al este de Siria. De esta manera, la organización terrorista controlaba casi el 50 por ciento del territorio sirio hacia el este (Shaheen, 2015). A pesar de los bombardeos llevados a cabo por Occidente y el entrenamiento recibido a los rebeldes, el Estado Islámico parecía llevar la ventaja. Al mes siguiente, el representante de Rusia en el Consejo de Seguridad afirmó haber cumplido con un contrato de armas firmado antes de la crisis con el Gobierno de al-Assad. El contrato incluía la compra de seis aviones rusos, por los cuales Siria había desembolsado 100 millones de dólares como adelanto (Sputnik, 2015). Asimismo, se tenían indicios de que Turquía iba a invadir el norte de Siria para instalar su zona de amortiguación, la cual también ayudaría a prevenir la instauración de un Estado kurdo, un pueblo secesionista que amenazaba a la integridad del territorio turco (Spencer, 2015). En julio, oficiales turcos y norteamericanos confirmaban las intenciones de implementar un área de 40 kilómetros al norte de Siria, cerca de la frontera con Turquía, controlado por fuerzas internacionales (Barnard, Gordon & Schmitt, 2015).