3.2 La relación histórica entre Rusia y Siria
3.2.5 El nuevo acercamiento entre Rusia y Siria.
El 24 de enero del 2005, el presidente de Siria, Bashar al-Assad, viajó a Moscú, en donde participó de largas conversaciones con Putin. Los dos países afirmaron llegar a seis nuevos acuerdos en los campos de energía, transporte e inversión, y un protocolo para facilitar la deuda siria. De acuerdo al ministro de Finanzas, Alexei Kudrin, Moscú eliminó 73 por ciento de la deuda siria, lo que equivalía a 13.4 mil millones de dólares, y lo que restaba de la deuda, 3.6 mil millones de dólares, la mitad sería pagada en un periodo de diez años (Abdullaev, 2005). Asimismo, se prometió utilizar los montos cobrados para importar bienes sirios e invertir en infraestructura siria. En el 2004, el intercambio comercial entre ambos países era de 218 millones de dólares, en el 2005, esta cifra aumentó a 460 millones. Se firmaron, además, dos
57 contratos para el desarrollo y exploración de campos de gas y petróleo en la región fronteriza con Iraq (Kreutz, 2007).
A pesar de no formular un acuerdo de armas durante esta reunión, Putin diría en una entrevista, realizada por el Jerusalem Post, que aun así encontraba la posibilidad de venderle armas de defensa a Siria. En medio de las protestas de parte de Israel y Estados Unidos, el 15 de febrero del 2005, el primer ministro israelí Ariel Sharon, recibió una carta de Vladimir Putin advirtiéndole que vendería misiles anti-aéreos al ejército sirio (Horovitz, 2005). De acuerdo al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, estos misiles eran de corto alcance y solo servirían para la defensa siria. Israel se opuso a la venta de armas bajo la excusa que estas podían ser luego convertidas en versiones portátiles de lanzamisiles y ser utilizadas por la organización de Hezbollah para atacar a Israel. Rusia, empero, brindó ciertas garantías tecnológicas, evitando que las armas pudieran ser luego convertidas (McHugo, 2015).
En octubre del 2005, diplomáticos rusos criticaron firmemente el proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que deseaba imponer sanciones sobre Siria, debido al supuesto involucramiento de oficiales sirios en el asesinato del primer ministro de Líbano, Rafiq al-Hariri. El ministro Lavrov indicó que el Consejo de Seguridad no era el aparato indicado para ejecutar mecanismos de procedimiento criminal. Sin embargo, el primero de noviembre del 2005, Moscú aprobó la resolución tras cambiar la frase de aplicar sanciones por el término ambiguo de aplicar “otras medidas”. La muerte de Rafiq al-Hariri trajo consigo gran oposición a la presencia de Siria en Líbano de parte de varias fuerzas políticas dentro del país (Gelvin, 2012). En marzo del 2005, Walid Jumblatt, líder del Partido Progresivo Socialista de Líbano, visitó Moscú para presentar al Gobierno ruso la lista de demandas de la oposición sobre el retiro de las tropas sirias y la investigación internacional del crimen. Sergei Lavrov afirmó que había llegado a un acuerdo con Jumblatt de retirar a las fuerzas sirias de manera gradual. Rusia aceptó la pérdida de la presencia siria en Líbano a cambio de mantener buenas relaciones con las fuerzas políticas en Líbano (McHugo, 2015). Asimismo, el principal objetivo de Rusia era evitar cualquier sanción impuesta o intervención militar en Siria. Seguidamente, Jumblatt prometió favorecer el diálogo entre las fuerzas de oposición y Hezbollah, que tenía mucho poder en Líbano como para ser ignorado. De la misma manera, Jumblatt reconocía que la paz de Líbano con Israel también formaba parte del conflicto con Siria, no se podían tratar los dos
58 temas por separado. En mayo del 2005, las fuerzas sirias fueron retiradas de Líbano y Moscú reconoció al país como un aliado dentro del nuevo escenario regional (Kreutz, 2007).
El 12 de julio del 2006, las fuerzas de Hezbollah entrarían al territorio de Israel para asesinar y capturar soldados. Esto conduciría a Israel a invadir al Líbano y destruir gran parte de la infraestructura de las ciudades del sur del país. Sin embargo, la resistencia de Hezbollah haría retroceder a los israelíes, lo cual causaría la admiración de la mayoría de árabes. Finalizada la expulsión de Israel, Hezbollah ganaría confianza dentro del Gobierno libanés, y Siria recuperaría la influencia que aparentemente había perdido un año atrás. Asimismo, con la llegada de Barack Obama al Gobierno estadounidense, parte de las sanciones impuestas sobre Siria, por el asesinato de Hariri, serían levantadas (McHugo, 2015).
En el 2008, tras la invasión de Rusia a Georgia, Siria demostró ser uno de los pocos países que apoyaba a Rusia en las Naciones Unidas. De acuerdo a algunos medios de prensa rusos, Assad utilizó esta oportunidad para demandar misiles Iskander, misiles transportables por tierra de corto alcance, entre otras armas. Este pedido fue presentado a Medvédev, presidente de Rusia, bajo la excusa de que Israel había previsto de armas y entrenamiento a los georgianos. Frente a esta situación, el Gobierno sirio tuvo que negar el intento por conseguir armas rusas para evitar cualquier sospecha estadounidense. No obstante, el ministro Lavrov diría a los medios de prensa que Rusia sí tenía planeado enviar armas de defensa a Siria pero que estas no desequilibrarían la balanza de la región, y que consideraban la opción de enviar armas modernas. Días más tarde, el encargado de negocios de la Embajada rusa en Siria, Igor Belyaev, anunció a Damasco que Rusia incrementaría su presencia naval en las costas sirias que dan al Mediterráneo (Borshchevskaya, 2016).
Desde el 2007 hasta el 2012, la venta de armas rusas a Siria había llegado a los 4.7 mil millones de dólares. Rusia equivalía al 78 por ciento de las compras de armas de Siria, que tal como lo había indicado Lavrov, eran en su mayoría misiles anti-aéreos y sistemas de defensa (Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz [SIPRI], 2017). Asimismo, algunos reportes indicaban que la inversión de capitales rusos en Siria llegó a los 20 mil millones de dólares en el 2009. Y, en medio de la crisis financiera, el intercambio comercial con Siria había llegado a los mil millones de dólares. Sin embargo, el intercambio de Rusia con Israel superaba esta cifra por más del doble. Si bien las relaciones comerciales con Siria han demostrado ser fuertes en estos últimos años previos a la crisis, se debe considerar que para Rusia, Siria solo era un mercado más en comparación a socios como Turquía o China,
59 que equivalían 22.6 mil millones y 40.3 mil millones de dólares, respectivamente (Parker, 2015).
No obstante, Estados Unidos e Israel seguirían sospechando sobre cualquier acercamiento entre los líderes de Rusia y Siria. En el 2009, Rusia planeaba la modernización de la base naval en Tartus para los siguientes años, así como la apertura de nuevas bases en Libia y Yemen (Reuters, 2009a). En mayo del 2010, el presidente Medvédev visitaría Damasco, lo que sería la primera visita de un líder ruso a este país en toda su historia. Al-Assad declaró haber mantenido conversaciones sobre las posibilidades de desarrollar plantas nucleares dentro de Siria (Duffett, 2010). Asimismo, se efectuó la compra de 72 misiles cruceros que serían entregados a fines del próximo año, ya iniciada la guerra civil. El temor de Israel era que estos misiles cayeran en manos de Hezbollah, ya que podían ser disparados contra sus buques desde Siria o Líbano (Stewart, 2011). Sin embargo, desde que inició la Guerra Civil en Siria, Rusia ha afirmado no continuar con la venta de armas. Esto sería desmentido en el 2015 por Bashar al-Assad al afirmar en una entrevista que Rusia continuó haciendo contratos durante la crisis, suministrándoles con más armamento (Reuters, 2015).