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UNIVERSIDAD DE CHILE A.S. Eliana Morales Garfias

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UNIVERSIDAD DE CHILE UNIVERSIDAD DE CHILE CAMPUS

CAMPUS SUR SUR A.S. A.S. Eliana Eliana Morales Morales GarfiasGarfias V

V AÑO AÑO MEDICINA MEDICINA 2007 2007 Terapia Terapia Familiar Familiar 

LIBRO PSICOLOGIA SOCIAL DE LA FAMILIA

LIBRO PSICOLOGIA SOCIAL DE LA FAMILIA

Enrique Gracia Fuster  Enrique Gracia Fuster  Gonzalo Musitu Ochoa Gonzalo Musitu Ochoa

LA (IN)DEFINICIÓN DE LA FAMILIA

LA (IN)DEFINICIÓN DE LA FAMILIA

 Antes de

 Antes de ser uno ser uno mismo, se mismo, se es «hijes «hijo» o o» o «hija» de «hija» de X o X o Y, se Y, se nace en nace en el seno el seno de unade una «familia». Antes de ser socialmente cualquier otra cosa, se es identificado por un «familia». Antes de ser socialmente cualquier otra cosa, se es identificado por un «apellido». En todas partes, las primeras palabras que el niño aprende -«papá», «apellido». En todas partes, las primeras palabras que el niño aprende -«papá», «mamá»-son las voces, cargadas de sentido, que designan a sus padres y a sus madres; después son las voces, cargadas de sentido, que designan a sus padres y a sus madres; después vienen los demás vocablos del parentesco... Así, el mundo se divide entre los «Suyos» y vienen los demás vocablos del parentesco... Así, el mundo se divide entre los «Suyos» y los «Otros». Pero esos Otros viven también en el seno de una familia de la cual son los «Otros». Pero esos Otros viven también en el seno de una familia de la cual son miembros. Son lo mismo que éste, i

miembros. Son lo mismo que éste, identificables por los suyos en términos de dentificables por los suyos en términos de parentesco.parentesco. Cómo no concluir, entonces, que la familia no necesita explicación, que es, como el Cómo no concluir, entonces, que la familia no necesita explicación, que es, como el lenguaje, un atributo de la condición humana. Sobre todo cómo no extrapolar a partir de la lenguaje, un atributo de la condición humana. Sobre todo cómo no extrapolar a partir de la propia experiencia y deducir que la familia debe ser la misma para todos, en todas las propia experiencia y deducir que la familia debe ser la misma para todos, en todas las sociedades (Frangoise Zonabend, 1988, pág. 18).

sociedades (Frangoise Zonabend, 1988, pág. 18).  A pesar

 A pesar del del conocimiento «familiar» conocimiento «familiar» que que «creemos» tener «creemos» tener -después d-después de todo, e todo, ¿acaso¿acaso no ha nacido y crecido cada uno de nosotros en el seno de una familia a la cual nos unen no ha nacido y crecido cada uno de nosotros en el seno de una familia a la cual nos unen los más profundos sentimientos?-, pocas instituciones han planteado problemas tan los más profundos sentimientos?-, pocas instituciones han planteado problemas tan complejos y diversos desde los inicios de la reflexión sociológica y de la investigación complejos y diversos desde los inicios de la reflexión sociológica y de la investigación etnológica (Claude Lévi-Strauss, 1988, pág. 12).

etnológica (Claude Lévi-Strauss, 1988, pág. 12). Introducción

Introducción

Uno de los primeros y más complejos problemas a los que tenemos que enfrentarnos Uno de los primeros y más complejos problemas a los que tenemos que enfrentarnos en el estudio de la familia es su definición. Como afirma Lison Tolosana (1976), la palabra en el estudio de la familia es su definición. Como afirma Lison Tolosana (1976), la palabra «familia» es una compleja unidad significante; tan pronto como la pronunciamos nos «familia» es una compleja unidad significante; tan pronto como la pronunciamos nos vemos enredados en la maraña de un problema lingüístico. La complejidad de la vemos enredados en la maraña de un problema lingüístico. La complejidad de la institución familiar con sus múltiples dimensiones de

institución familiar con sus múltiples dimensiones de análisis refuerza esa ambigüedad eanálisis refuerza esa ambigüedad e imprecisión. Una maraña de significados e interpretaciones tan profundamente espesa imprecisión. Una maraña de significados e interpretaciones tan profundamente espesa que nos disuade de cualquier pretensión de descubrir convergencias o posibles que nos disuade de cualquier pretensión de descubrir convergencias o posibles afinidades en la definición entre tanta multiplicidad y diversidad. Probablemente el afinidades en la definición entre tanta multiplicidad y diversidad. Probablemente el desarrollo de esta tarea sería estéril, porque en el caso de que lográsemos una desarrollo de esta tarea sería estéril, porque en el caso de que lográsemos una definición de consenso, una tarea por utópica, inviable, lo que conseguiríamos sería definición de consenso, una tarea por utópica, inviable, lo que conseguiríamos sería añadir una o más a la tan poblada selva y complicar aún más, si cabe, el complicado añadir una o más a la tan poblada selva y complicar aún más, si cabe, el complicado mapa de la conceptualización. Ya puede intuirse que ése no va a ser el objetivo de este mapa de la conceptualización. Ya puede intuirse que ése no va a ser el objetivo de este capítulo, sino más bien el

capítulo, sino más bien el de mostrar la complejidad, dificultades e imposibilidades en lade mostrar la complejidad, dificultades e imposibilidades en la definición de «la familia», o

definición de «la familia», o ««familias», según se mire.familias», según se mire.

Pero el problema o problemas de la definición no es sólo una cuestión de semántica Pero el problema o problemas de la definición no es sólo una cuestión de semántica o de clarificar conceptos. La opción por la que se opte tiene repercusiones importantes, o de clarificar conceptos. La opción por la que se opte tiene repercusiones importantes, por ejemplo en la concepción de los roles sociales y de género o incluso en la política por ejemplo en la concepción de los roles sociales y de género o incluso en la política social. Reher (1996), un historiador de la familia, considera que definir la familia no es social. Reher (1996), un historiador de la familia, considera que definir la familia no es una cuestión sencilla y ha sido

una cuestión sencilla y ha sido fuente continua de controversia para los historiadores defuente continua de controversia para los historiadores de la familia. Así, la unidad conyugal, el grupo doméstico corresidente, la red extensa de la familia. Así, la unidad conyugal, el grupo doméstico corresidente, la red extensa de parentesco, y el desarrollo de los grupos de parentesco a lo largo del tiempo son todos parentesco, y el desarrollo de los grupos de parentesco a lo largo del tiempo son todos manifestaciones de la familia, en la medida en que representan aspectos diferentes y manifestaciones de la familia, en la medida en que representan aspectos diferentes y complementarios de una institución que tenía y tiene capacidad para exigir lazos de complementarios de una institución que tenía y tiene capacidad para exigir lazos de

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lealtad y autoridad. También Glassner (1988) ha subrayado la complejidad y las lealtad y autoridad. También Glassner (1988) ha subrayado la complejidad y las dificultades que entraña la definición de familia en los siguientes términos:

dificultades que entraña la definición de familia en los siguientes términos:

Cuando se afirma que la familia constituye la célula básica de la sociedad, a la Cuando se afirma que la familia constituye la célula básica de la sociedad, a la cual da cohesión y estabilidad, ¿se ha dicho todo?. En realidad, el enunciado de tal cual da cohesión y estabilidad, ¿se ha dicho todo?. En realidad, el enunciado de tal postulado contribuye sobre todo, con más o menos elegancia, a eludir el problema. El postulado contribuye sobre todo, con más o menos elegancia, a eludir el problema. El entorno social y su representación, los límites demográficos, las condiciones de la entorno social y su representación, los límites demográficos, las condiciones de la producción, pero también la dinámica de las condiciones de alianza y el marco político producción, pero también la dinámica de las condiciones de alianza y el marco político son en grados diversos lo que determinan su naturaleza, su lugar y su importancia... en son en grados diversos lo que determinan su naturaleza, su lugar y su importancia... en el conjunto de los procesos sociales. Así definida, la institución familiar es una realidad el conjunto de los procesos sociales. Así definida, la institución familiar es una realidad positiva que se inscribe en el curso de la historia y se modifica con el paso del tiempo positiva que se inscribe en el curso de la historia y se modifica con el paso del tiempo (pág. 104).

(pág. 104).

Qué es una familia nos puede parecer obvio. Es parte del estereotipo esperar  Qué es una familia nos puede parecer obvio. Es parte del estereotipo esperar  que en nuestra sociedad la compañía, la actividad sexual, el cuidado y apoyo mutuo, la que en nuestra sociedad la compañía, la actividad sexual, el cuidado y apoyo mutuo, la educación y cuidado de los hijos sea parte esencial de la familia nuclear, la más educación y cuidado de los hijos sea parte esencial de la familia nuclear, la más predominante, por otra parte, en el mundo occidental. Este concepto hace referencia a predominante, por otra parte, en el mundo occidental. Este concepto hace referencia a la familia como una pequeña unidad que se configura a partir de las relaciones entre un la familia como una pequeña unidad que se configura a partir de las relaciones entre un hombre y una mujer legalmente unidos por la institución del matrimonio como marido y hombre y una mujer legalmente unidos por la institución del matrimonio como marido y mujer. Cuando un niño nace de esta pareja se crea la familia nuclear. Esta unidad mujer. Cuando un niño nace de esta pareja se crea la familia nuclear. Esta unidad comparte una residencia común y su estructura está determinada por vínculos de comparte una residencia común y su estructura está determinada por vínculos de afecto, identidad común y apoyo mutuo. Esta forma de concebir la familia, que es parte afecto, identidad común y apoyo mutuo. Esta forma de concebir la familia, que es parte del «sentido común» y en consecuencia algo que se da por supuesto, puede ser, sin del «sentido común» y en consecuencia algo que se da por supuesto, puede ser, sin embargo, el reflejo de las creencias tradicionales respecto de cómo se configuran las embargo, el reflejo de las creencias tradicionales respecto de cómo se configuran las relaciones sexuales, emocionales y parentales. Naturalmente, este sistema de

relaciones sexuales, emocionales y parentales. Naturalmente, este sistema de creenciascreencias puede que no sea en absoluto una ayuda para revelar cómo diferentes personas puede que no sea en absoluto una ayuda para revelar cómo diferentes personas organizan en realidad sus vidas. Sin embargo, es clara la idea de que la familia nuclear  organizan en realidad sus vidas. Sin embargo, es clara la idea de que la familia nuclear  retiene en su significado una potencia tal que todas las otras formas de familia posibles retiene en su significado una potencia tal que todas las otras formas de familia posibles tienden a definirse con referencia a ella. Una gran mayoría asume que la forma nuclear  tienden a definirse con referencia a ella. Una gran mayoría asume que la forma nuclear  es la más dominante en la sociedad contemporánea. Como resultado de este supuesto, es la más dominante en la sociedad contemporánea. Como resultado de este supuesto, la tendencia a definir otras formas como «inusuales», «desviantes» e incluso la tendencia a definir otras formas como «inusuales», «desviantes» e incluso «patológicas» es significativamente mayor. El «discurso de la familia» dispone de un «patológicas» es significativamente mayor. El «discurso de la familia» dispone de un gran poder para significar lo que es normal y lo que es inaceptable (Jones y otros, 1995; gran poder para significar lo que es normal y lo que es inaceptable (Jones y otros, 1995; Bernardes, 1997).

Bernardes, 1997).

La dificultad con el concepto de «la familia» estriba en que normalmente La dificultad con el concepto de «la familia» estriba en que normalmente asumimos la preeminencia de la familia nuclear y expresamos la creencia de que asumimos la preeminencia de la familia nuclear y expresamos la creencia de que comprendemos su significado, pero el análisis más superficial revela una gran comprendemos su significado, pero el análisis más superficial revela una gran diversidad de formas de familia que poco o nada tienen que ver con el concepto diversidad de formas de familia que poco o nada tienen que ver con el concepto mayoritariamente compartido. Lograr una definición «aceptable» se hace más difícil mayoritariamente compartido. Lograr una definición «aceptable» se hace más difícil cuanto mejor se conocen las variaciones históricas y culturales, así como también la cuanto mejor se conocen las variaciones históricas y culturales, así como también la realidad contemporánea de formas familiares alternativas o acuerdos de vida realidad contemporánea de formas familiares alternativas o acuerdos de vida domésticos. Algunos consideran que este «obstructor» sólo puede superarse domésticos. Algunos consideran que este «obstructor» sólo puede superarse refiriéndose a «familias» más que a «la familia» (Berger y Berger, 1983). Asumir esta refiriéndose a «familias» más que a «la familia» (Berger y Berger, 1983). Asumir esta nueva categoría supondría estimular y apoyar una aceptación de la diversidad y una nueva categoría supondría estimular y apoyar una aceptación de la diversidad y una renuncia a adscribir superioridad moral a una forma de familia sobre otra u otras. Pensar  renuncia a adscribir superioridad moral a una forma de familia sobre otra u otras. Pensar  en estos términos supondría aceptar en un mismo espacio semántico y moral a las en estos términos supondría aceptar en un mismo espacio semántico y moral a las familias adoptivas, las familias monoparentales, las familias homosexuales, las familias familias adoptivas, las familias monoparentales, las familias homosexuales, las familias cohabitantes, las familias reconstituidas, etc., siempre y cuando,

cohabitantes, las familias reconstituidas, etc., siempre y cuando, obviamente, haya hijos.obviamente, haya hijos. Si no, hablaremos de matrimonio, acuerdos de convivencia o simplemente parejas. Sin Si no, hablaremos de matrimonio, acuerdos de convivencia o simplemente parejas. Sin embargo, con ello no se resolverían todos los problemas, puesto que la utilización del embargo, con ello no se resolverían todos los problemas, puesto que la utilización del

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término «familia» en todos estos contextos diferentes lleva implícita una equivalencia semántica que perfectamente puede que no se justifique e incluso que no se desee por  las personas implicadas. Esta situación potencial nos lleva a la p regunta siguiente: ¿qué es lo opuesto a «la familia»? Por ejemplo, algunas parejas homosexuales puede que rechacen activamente la connotación de familia porque han tomado la decisión de vivir  fuera de sus confines tradicionalmente definidos. En otras palabras, la forma en la que algunas personas deciden vivir sus vidas es una resistencia directa a «la familia» y por  extensión a las relaciones y roles de padre-madre-hijo/a. Incluso, el uso del término «familias» puede que continúe subrayando inadvertidamente la primacía moral e ideológica de «la familia», puesto que todas las formas divergentes y diferentes se siguen definiendo en términos de su relación a una supuesta norma. La utilización permanente del término «la familia» niega efectivamente cualquier realidad o validez a otras formas de relaciones.

No es nuestro propósito en este capítulo el proporcionar o promover el uso de términos alternativos tales como «unidades domésticas», «unidades familiares» o «acuerdos de vida» u otras categorías con similar significado, sino alertar de las connotaciones inherentes y constricciones que habitualmente evoca el término «la familia». En este sentido, Gittins (1985) hace una distinción que podría ser de utilidad para reflexionar sobre la utilización de determinados términos. Considera que las personas definen sus acuerdos domésticos de muchas formas diferentes, algunas de las cuales podrían ser consideradas como «familias» por aquellas personas que viven de acuerdo con ella. Sin embargo, «la familia» la consideran como un objeto ideológico, un estereotipo producido y potenciado con la finalidad de ejercer ciertos tipos de control social. Las políticas institucionales, las leyes y el bienestar se construyen y promulgan a partir de esta forma estereotipada y no tanto porque es la norma, sino para que sea la norma. Podríamos incluso ir más lejos e identificar «la familia» como parte de un discurso de control, es decir, como parte de un modo de hablar sobre relaciones sociales que permite definir los roles que las personas desempeñarán y las estructuras de poder que se crearán dentro de ellas. Definir, por ejemplo, a personas como «padre», «madre» e «hijo/a» más que como «mujer adulta», «varón adulto» o «niño» o «niña», tiene profundas connotaciones de obligatoriedad y compromiso, y también de definición de sus relaciones asimétricas, que perfectamente podrían no considerarse como algo que se da por supuesto (Muncie y Sapsford, 1995; Dallos, 1995).

Origen y universalidad de la familia

Para Richard Gelles (1995) las discusiones más recientes sobre el origen de la familia giran en torno a dos teorías rivales: una se basa en el argumento de la «promiscuidad original» y la otra en que la familia es una institución universal presente en todas las sociedades humanas. En cualquier caso, como señala Gelles, no existen datos precisos que puedan dirimir la disputa, y los argumentos en defensa de las diversas posiciones se basan en especulaciones, en la utilización de fósiles, en estudios de primates no humanos, o en sociedades cazadoras y recolectoras contemporáneas.

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El origen de la familia fue objeto de interés de los científicos sociales a mediados del siglo pasado dentro del clima intelectual creado por la teoría de la evolución. Al igual que los darwinistas, que establecían diversas etapas del desarrollo biológico en las especies animales que culminaban con el Homo sapiens, los científicos sociales como

Bachofen, Engels, Maine, Morgan y Westermarck proponían modelos evolucionistas de los orígenes de la familia suponiendo que ésta había pasado por una serie de etapas evolutivas hasta lograr su forma actual «superior».

En el origen de la hipótesis evolucionista se encontraba la idea de que la familia correspondía a un estado arcaico y, por así decirlo, presocial de la sociedad, y, por tanto, que estaba condenada a disolverse a medida que las sociedades se desarrollasen y diversificasen. Aunque esta idea es inadecuada para explicar las transformaciones de la familia a través de la historia, contribuye, sin embargo, al análisis de las relaciones entre el grupo doméstico y la sociedad circundante.

Bachofen (1861), en su obra Derecho materno, suponía que los seres humanos

vivieron en sus orígenes una etapa de promiscuidad sexual, de comercio sexual sin

trabas, es decir, cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres. De aquí que el parentesco sólo podía comprobarse por línea materna, lo que generó la absoluta preponderancia de las mujeres -matriarcado o ginecocracia-. Morgan (1878/1970), en su obra La sociedad primitiva, establece a su vez una serie de

etapas que servirán de base a Engels para escribir su libro sobre El origen de la familia.

Las etapas que propone son las siguientes:

1. Un estadio de promiscuidad sexual sin trabas caracterizado por la ausencia total

de regulaciones conyugales.

2. La familia consanguínea. Es la primera etapa de la familia en la que reina todavía la

promiscuidad sexual entre hermanos y hermanas, pero en la que padres e hijos quedan excluidos del comercio sexual recíproco. Es la primera manifestación del tabú del incesto, que en este caso se refiere exclusivamente a padres e hijos, y supone el inicio de una vida social totalmente humana.

3. La familia panalúa, en la que la prohibición del comercio sexual recíproco se extiende

a los hermanos y hermanas. De esta manera se amplía la extensión del tabú del incesto. En esta fase aparece el matrimonio por grupos.

4. La familia sindiásmica, en la que el hombre vive con una sola mujer, aunque la

poligamia y la infidelidad ocasionales sean un derecho para el hombre. Esta forma de matrimonio la hallamos en el origen del matrimonio monogámico del mundo moderno. En esta fase el vínculo conyugal se disuelve con suma facilidad, pasando los hijos a pertenecer a la madre.

5. La familia monogámica. Este tipo de familia nace de la familia sindiásmica. Se funda

en el poder del hombre, un poder de origen económico subyacente en el control masculino de la propiedad privada, y el objetivo es procrear hijos de una paternidad cierta con fines hereditarios.

 Ahora bien, tanto la teoría de Bachofen como la de Morgan y Engels fueron elaboradas en el siglo pasado, en un momento en que estaban surgiendo las ciencias sociales y, en consecuencia, estos científicos no disponían de muchos de los datos y hechos, más o menos precisos, de que po demos disponer en la actualidad. Se entiende entonces que sus incursiones en el ámbito especulativo al plantear las fases evolutivas fueran inevitables ante la carencia de datos y recursos. Una de las críticas más serias

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que se han hecho a sus teorías es que hayan considerado la evolución d e una institución social como la familia de modo unilateral, asumiendo que todos los pueblos de la tierra siguen el orden de las e t a pas que proponen. En el momento actual sabemos desde una óptica científica que no es posible hacer algunas afirmaciones que se desprenden de esta concepción unilineal de la evolución de la familia, particularmente la idea de que la familia monogámica propia de la cultura occidental constituya una etapa culminante del desarrollo, y que, por tanto, otras formas de estructura familiar presentes en otras sociedades del mundo no sean más que formas rezagadas, en vez de contemplarlas como modelos alternativos de organización social, según una idea de progreso y retraso característica del siglo XIX y que la historia y la

antropología social han cuestionado seriamente en los últimos años.

Con respecto a la «promiscuidad de la familia», autores como Claude Masset consideran que es un argumento muy débil porque «¿por qué razón la organización familiar del hombre prehistórico habría sido necesariamente más simple que la de los gorilas o los macacos?» (Masset, 1988, pág. 85). Además, con respecto a la tendencia

de reconstruir las sociedades desaparecidas para explicar el origen de las relaciones familiares Masset añade que «en este campo es posible, sino decir cualquier cosa, al menos edificar fácilmente una construcción tambaleante que otros investigadores disfrutarán demoliendo. Esta actividad se parece más a un juego que a la ciencia» (pág.

86). Una vez establecidas estas limitaciones a la imaginación y buscando un terreno

más firme, Claude Masset ha identificado como uno de los rasgos más antiguos de los sistemas familiares de la especie humana el intercambio de jóvenes adultos de uno y otro sexo, es decir, el intercambio de genitores, hecho que se encontraría ligado a la prohibición del incesto en todas las sociedades humanas. Este rasgo de los grupos familiares humanos lo compartiríamos con los mamíferos sociales que viven en grupos pequeños, quienes, como los chimpancés o los leones, tienen la costumbre de intercambiar genitores, una costumbre que además tiene la ventaja adicional d e enriquecer el pool genético.

Otra característica esencial de la familia humana destacada por este autor, qu e ya o se encuentra en las sociedades de monos, es la división sexual del trabajo. Dejando al margen la función social o significación del reparto de tareas entre hombres y mujeres (la distribución de tareas como el cimiento más sólido del grupo familiar o una función social que hace de la familia la célula económica básica), sí que parece existir un amplio acuerdo en considerar este rasgo como uno de los factores determinantes en el origen de la familia. Si bien es cierto, como ha señalado Masset, que las tareas reservadas al hombre y la mujer no son necesariamente las mismas en todos los grupos humanos, sí que es cierto que en todos los mamíferos y sociedades humanas conocidas históricamente el cuidado de los niños pequeños ha sido siempre una tarea desempeñada por las mujeres. Los impedimentos en la movilidad que supone esta tarea, junto con la necesidad de realizar otras actividades como la caza (una actividad demasiado peligrosa para llevar niños pequeños a ella) o el mantenimiento del fuego, permite entender cómo surgió la división sexual del trabajo. Así, la imagen típica de las sociedades cazadoras-recolectoras es la de la división sexual del trabajo en la caza por  una parte y, por otra, la recolección y mantenimiento del fuego.

También en este sentido, etólogos como Konrad Lorenz o Irenáus Eibl-Eibesfeldt consideran que la vida familiar y social se encuentran determinadas en gran medida por  la adaptación filogenética. Así, el desarrollo de asociaciones familiares en los más

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diversos grupos de animales, incluyendo la especie humana, estaría determinado por la necesidad del cuidado de la prole.

El lento desarrollo de la prole, que requiere de muchos años de cuidados, impuso al hombre la necesidad de formar parejas estables. Esta costumbre sólo se observa entre los primates en casos excepcionales... Por consiguiente, podemos deducir que las características de la pareja humana son una adquisición filogenética relativamente reciente. El número de compañeras con las que un hombre se une varía según los pueblos. De todos modos, siempre se trata de asociaciones reglamentadas, sólidas y duraderas en las que se advierte una tendencia a la monogamia (Lorenz, 1988, pág. 206).

No obstante, estos planteamientos en la explicación del origen de la familia han recibido también numerosas críticas. En este sentido, Frangoise Zonabend (1988)

considera que:

...las razones biológicas no pueden, por sí solas, explicar la existencia de la institución: ni la paternidad ni la maternidad se reducen a papeles biológicos; se encuentran socialmente determinadas, lo mismo que el amor paterno o materno... Independientemente de cómo decida la sociedad señalar la constitución de una familia -solemnidad del matrimonio, reparto de tareas, regulación de las relaciones sexuales, procreación de hijos-, ninguna de estas modalidades surge de un condicionamiento natural (Zonabend, 1988, pág. 77).

Respecto de la universalidad, Kathleen Gough, en su trabajo El origen de la familia (1971), revisa la estructura familiar de tribus que viven actualmente de la caza y la recolección y que, dado su nivel de desarrollo tecnológico (el más bajo existente), tendrían, según el esquema evolucionista unilineal, algún tipo de matrimonio por grupos. Sin embargo, todos los piteblos cazadores y recolectores viven en familias conyugales, no en ordenamientos sexuales comunitarios, y el apareamiento es individualizado. Concluirá que la monogamia es universal.

Por otra parte, Lévi-Strauss en «La familia» (1956/1974) concluye que los tipos de organización de la familia conyugal que parecen más lejanos no son los que aparecen en las sociedades que podrían considerarse como más arcaicas, sino en formas de desarrollo social relativamente recientes y extremadamente elaboradas, como, por  ejemplo, los Nayar de la costa Malabar de la India, entre los que la familia conyugal no tiene prácticamente existencia, o los Todas, también de la India, entre los cuales ha surgido, más o menos recientemente, una forma de matrimonio por grupos.

Murdock (1968), a partir de un estudio intercultural de doscientas cincuenta sociedades, concluye que la familia nuclear es una agrupación humana universal. Desde entonces se habla de universalidad de la familia: la familia sería una institución presente en toda sociedad humana. Sin embargo, la definición que dio Murdock de la familia no es aplicable a todos los tipos de grupos que han surgido en torno a la procreación o a su aceptación social. Considera que la familia es un grupo social caracterizado por la residencia común, la cooperación económica y la reproducción. Ese grupo incluye adultos de ambos sexos, de los cuales al menos dos mantienen relaciones sexuales socialmente aprobadas, y uno o más hijos, propios o adoptados, de los adultos que cohabitan sexualmente. Esta definición permite salvar el obstáculo constituido por la existencia de sociedades no monogámicas, poliándricas o poligínicas,

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pero no contempla todas las formas de aprobación social del sexo y la procreación. Así, por ejemplo, entre los banaro de Nueva Guinea, la mujer obtiene su primer hijo de un amigo del marido, y sólo después el esposo tiene acceso sexual a la mujer.

 A pesar de la existencia de formas de vínculos polígamas, Murdock considera que cada una se puede reducir a una forma nuclear, principalmente, porque son funcionales para la supervivencia de la sociedad. Aunque su investigación minó los cimientos del ideal cristiano occidental de amor-matrimonio-familia en la medida en que constató que sesenta y cinco de las doscientas cincuenta sociedades permitían libertad completa en las cuestiones sexuales y sólo e154% desaprobaban explícitamente la unión sexual premarital, la cuestión de la supervivencia permanecía como el objetivo primordial. Argüía que las relaciones sexuales, la reproducción y el apoyo al niño se ejecutan mejor si se fusionan en una institución única.

En oposición a estos argumentos, otros antropólogos han constatado la presencia de sociedades donde o bien no existen los vínculos conyugales o, más comúnmente, el padre está ausente y participa poco de la educación del hijo. El descubrimiento de tales formas ha llevado a algunos a argumentar que la familia nuclear es un acuerdo social y no una forma universal y determinada biológicamente. La instancia más comúnmente citada es la de los Nayar, una casta guerrera de la India. Fox (1967) constata que en esta comunidad los roles del compañero/a sexual, padre/madre biológico y padre/madre social no son desempeñados por sólo dos personas como sucede en la familia nuclear, debido a que los hombres nayares están permanentemente comprometidos en cuestiones bélicas y se ausentan con frecuencia y durante largo tiempo del hogar. Como resultado, el sexo no se relaciona con el matrimonio y ninguno de ellos tiene necesariamente algo que ver con la unidad doméstica familiar. Los hombres nayares, en consecuencia, no tienen derechos particulares de vinculación con sus mujeres e hijos y, por esta razón, la familia nuclear  no está institucionalizada como una unidad de consumo, legal, productiva, residencial o de socialización. La investigación intercultural no apoya de esta manera la ambigua noción de «la familia» como una norma universal.

Sin embargo, no tenemos que buscar fuera ejemplos tan exóticos para descubrir  variaciones de la familia nuclear fundamentada biológicamente. Un modelo que cada vez tiene mayor protagonismo en las sociedades industriales occidentales son los emparejamientos de convivencia que están sustituyendo a la monogamia y, también, las familias monoparentales en las que un vínculo conyugal o bien se ha roto, o bien nunca se ha iniciado. En España el número de familias con hijos dependientes encabezado por  un solo padre era en 1981 un 5,66% y en Inglaterra, sólo por establecer una comparación, era del 6,50%, y en ocho de cada diez de estas familias la madre era la cabeza de familia (Dallos y Sapsford, 1995; Alberdi, 1995). El incremento de las madres divorciadas que viven solas constituye parte de este surgimiento, pero también se constatan aumentos significativos en estos últimos años en la proporción de familias encabezadas por madres que nunca han contraído matrimonio.

Finalmente, para autores como Sprey (1988b) la presumida inmutabilidad de las familias implícita en los planteamientos biológicos y funcionales es sólo característica de una «pop-sociobiología» y de una versión del pensamiento funcionalista una tanto pasada de moda. Para Richard Gelles, la cuestión o el debate de la universalidad de la familia ha disminuido notablemente de interés, en parte debido al declive en la

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utilización del funcionalismo estructural, que era el principal sostén de la cuestión de los universales familiares (véase el capítulo 5).

Cambio y diversidad de las familias

Venimos constatando cómo el concepto de familia es complejo y difícil de delimitar y lo es más si añadimos ahora la multiplicidad de formas y funciones familiares que varían en función de las épocas históricas, de unas culturas a otras, e incluso en grupos y colectivos dentro de una misma cultura.

Si en el proceso de transformación de las sociedades contemporáneas no ha habido una convergencia en un único modelo de familia, tal como las teorías so-ciológicas de la familia de los años sesenta habían postulado, ello indica que la familia está ligada a los procesos de transformación de la cultura contemporánea. Si en el presente podemos hablar al mismo tiempo de una cultura global junto a una gran diversidad de formas culturales, la familia participa tanto de esta multiplicidad de sentidos como de la relativa homogeneización de comportamientos. La familia ha dejado de ser el punto de referencia estable de un mürid-ó definido pórl-amovt t a geógráf i~c ay sóciaddefosin&viduo" participa de la misma fragmentación y fluidez que la sociedad contemporánea. La familia en nuestros días, dice Bestard (1992), ni es el centro de las relaciones personales ni está en la periferia de las relaciones públicas. Porque la familia como parte de los diferentes procesos históricos no es ni un receptor  pasivo de los cambios sociales ni el elemento inmutable de un mundo en constante transformación.

La familia en la sociedad actual viene definida por la diversidad y también por la cohesión y la solidaridad. El individuo tiene, en mayor medida que en el pasado, capacidad de elección en cuanto a sus formas de vida y d e convivencia.

También han cambiado las relaciones personales que configuran la familia. Cada vez se exige en ellas un mayor compromiso emocional y una mayor sinceridad (Alberdi, 1995).

Familia nuclear y familia extensa: el discurso ideológico

El discurso ideológico en el pasado y en el momento actual gira en torno a dos tipos simplificados de familia supuestamente idealizados que forman parte de la imaginería popular y de algunos científicos sociales: por una parte, la gran familia extensa de antaño, y, por otra, la familia reducida contemporánea, o familia nuclear. Para Segalen éste es un contraste maniqueo entre lo que era bueno y lo que es malo.  Así, los «buenos» valores familiares corresponden a la gran familia extensa de antaño: por ejemplo, la presencia de abuelos asegura la continuidad familiar, facilita los cuidados y la educación de los hijos. Sin embargo, la pareja contemporánea, en la que los esposos trabajan, no puede conocer la verdadera vida familiar, los hijos son confiados a la guardería, a la escuela, a la calle, lo que crea la delincuencia juvenil, drogodependencias, etc., y todo, porque dicen que la transmisión familiar ya no existe. Esta dicotomía de lo bueno y lo malo no resiste un examen riguroso, porque si las familias troncales o extensas no eran más que configuraciones particulares y relativamente raras de grupo doméstico, tendrían que existir otras formas más habituales (1992).

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CAMPUS SUR A.S. Eliana Morales Garfias

V AÑO MEDICINA 2007 Terapia Familiar 

En la imaginería popular se tiene la idea de que en el pasado las mujeres tenían gran cantidad de hijos y, en consecuencia, que las familias eran muy numerosas, lo cual no se ajusta en absoluto a la realidad. En épocas pasadas, el matrimonio a una edad elevada, la mortalidad infantil, la mortalidad de las mujeres en los partos, las penurias económicas y el hambre reducían la fecundidad femenina hasta el punto que durante mucho tiempo la población antigua aumentaba muy poco, asegurando a duras penas su reproducción. También se tiene la idea de que la forma nuclear se convirtió en tal porque correlacionaba con las necesidades funcionales de una economía industrial. Este argumento se expresa con la mayor claridad en el trabajo de Parsons (1959), que sostenía que las características laborales de las sociedades industriales eran incompatibles con la estructura ideal (véase el capitulo 5). Parsons apuntaba que cuando se reduce la familia a un pequeño grupo con un único proveedor material, que es también cabeza de familia, se evitan los conflictos entre los miembros familiares que trabajan en diferentes ocupaciones. El sistema nuclear  evita que los elementos competitivos del trabajo asalariado industrial socaven la solidaridad familiar. Igualmente, existe un «ajuste» funcional entre la forma nuclear y las necesidades de industrialización. Las pequeñas unidades son geográfica y económicamente móviles y, de esta manera, son capaces de responder mejor a las demandas cambiantes de una economía industrial. Además, las personas no tienen que escoger entre su lealtad al parentesco y los criterios más impersonales solicitados por su ocupación. Parsons concluía que la familia nuclear era una respuesta adaptativa a las economías industriales y que esto era lo común en todas las sociedades modernas.

Las ideas de Parsons fueron, no obstante, motivo de críticas considerables.  Asimismo, el trabajo de Laslett y el grupo de Cambridge sobre la historia de la población ha cuestionado la idea de que la industrialización provocó una disminución en el tamaño medio de la familia. En un estudio cuantitativo utilizando listas de habitantes de 150 comunidades inglesas desde el siglo XVI al XIX, Laslett y Wall (1972) constataron que el promedio del tamaño familiar permanecía casi constante en aproximadamente 4,75 personas. Desde finales de la Edad Media, la forma predominante de hogar parece haber sido una familia nuclear más los sirvientes e incluso en las familias rurales modestas se constata que tenían una mujer sirviente. Su trabajo también sugiere que la movilidad geográfica era muy común y que los niños eran enviados o bien a trabajar en el servicio doméstico o bien a aprender  otros oficios en otros hogares. Además, como consecuencia de la elevada mortalidad, pocos niños iban a tener la probabilidad de que sus padres estuvieran vivos cuando fueran a contraer matrimonio. De esta manera, sugieren Laslett y su equipo, en la sociedad preindustrial la familia nuclear era la predominante, fue capaz de adaptarse con relativa facilidad a la industrialización y dicha adaptación no tuvo como efecto la reducción del tamaño y la simplificación de la estructura de las familias.

La insistencia de Parsons en la primacía de la familia nuclear aislada en el período industrial también se ha cuestionado a partir de estudios sobre estructuras de parentesco de la revolución postindustrial. Por ejemplo, en el estudio de Anderson (1971) sobre la estructura del hogar y la familia en Preston (Inglaterra) en los años cincuenta del siglo XVIII, se constata que en la medida en que la ciudad evolucionaba hacia un centro industrial algodonero, se incrementaba la corresidencla y el tamaño familiar debido a que los ingresos eran más sustanciosos si ambos

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padres trabajaban. El cuidado de los hijos era responsabilidad de los abuelos que vivían dentro del mismo hogar. De esta manera, más que una conversión hacia una familia nuclear, lo que este trabajo sugiere es que la conversión es hacia la estructura dé la familia extensa. Igualmente, de la investigación de Young y Willmott se observa que las comunidades urbanas de darse trabajadora continuaban dependiendo de las redes de parentesco extensas y constituían una base importante de la solidaridad de l a comunidad (Young y Willmott, 1962).

Si consideramos esta evidencia histórica y contemporánea, está

claro que no podemos admitir la existencia de un modelo simple de cambio desde las familias extensas a las nucleares con el surgimiento de la industrialización. Parece más obvio concluir que la continuidad de la unidad nuclear como un agrupamiento doméstico clave es tan trascendente como el cambio y la fractura. Por otra parte, Elliot (1986) previene contra la aceptación de la ubicuidad de la forma familiar  nuclear, porque al hacerlo así se ignora o soslaya la presencia de acuerdos domésticos alternativos tanto del pasado como del presente. Además, el argumento de la omnipresencia o de la ubicuidad encubre, en sentido amplio, cambios fundamentales en la relación de la familia con las condiciones económicas y sociales que han alterado indudablemente su posición en la sociedad. Estos cambios, por  ejemplo, podrían ser: un cambio en su rol de una producción doméstica y agraria a una producción industrial, transformándose de esta manera en una unidad de consumo; la emergencia de instituciones organizadas del Estado de educación y bienestar social que la han «absuelto» de ser la única responsable del cuidado de los hijos, e incluso con las que debe coexistir; y también, el desarrollo de métodos efectivos de control de nacimiento.

Las claves de la diversidad familiar 

La diversidad de la vida familiar ha sido y es, en todo el mundo, considerable, y no parece que exista una norma estándar de las formas familiares ni una familia contemporánea prototípica. Como ha señalado Smith (1995), las diferencias demográficas, económicas y las condiciones del hogar entre las distintas naciones del mundo tienen con frecuencia efectos importantes en el desarrollo y formación de la familia. Así, por ejemplo, en los países del mundo desarrollado, la mayor  esperanza de vida, las menores tasas de mortalidad infantil, los mayores niveles de educación y la mayor incorporación de la mujer al mundo laboral han significado que la mujer no se defina exclusivamente por su rol en la familia y que se posponga el matrimonio y la maternidad. Por el contrario, una esperanza de vida menor, una mayor mortalidad mortalidad infantil, menor educación, una economía basada en la agricultura ha significado para muchas mujeres en el tercer mundo que sus vidas se definan en términos de matrimonio y de cuidadoras de los hijos, puesto que cualquier, otra opción tien e enormes dificultades (Naciones Unidas, 1991).

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