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-ÍNDICE
INTRODUCCIÓN. pág. XIX
PARTE 1. EL PRADO VIEJO. SiGLO Xvii.
CAPÍTULO 1
EVOLUCIÓN URBANÍSTICA DEL PRADO VIEJO DURANTE EL SIGLO XVIL
1. SIGLO XVI. ANTECEDENrES. PRIMERAS PARTICIPACIONES EN EL
PRADO pag. 3
1.1. La entrada de Ana de Austria en Madrid. Su repercusión en el Prado:
Demarcación de las primeras carreras. Ornamentación de los trazados pág. 9
1.2. La entrada en Madrid de Margarita de Austria. Su incidencia en el Prado: Ensanche del camino de Alcalá. Construcción de la puerta de Alcalá.
Reparo de las primitivas carreras pag. 14
2. SIGLO XVII. PROCESO DE CONFIGURACIÓN DE TRAZADOS. 2.1. 1600-1606. Traslado de la Corte a Valladolid. Programas de mantenimiento
y conservación del Prado pag. 18
2.2. 1606. Asentamiento definitivo de la Corte en Madrid. Programas de transformación y acondicionamiento de la vieja Villa. El Prado Viejo.
Inicio de su proceso sistemático de configuración urbana. 1606-1699 pág. 22
2.2.1. 1609. Regularización y ensancke de la confluencia del camino y
calle de Alcalá con el Prado pag. 25
2.2.2. 1613. Proyecto de urbanización del Prado Viejo. Plan de conjunto.. pág. 26
- Ensanche del Prado de San Jeronimo pag. 29 - Urbanización del Prado de los Recoletos pag. 34 - Urbanización del Prado de Atocha pag. 38
2.2.3. 1615. La entrada en Madrid de Isabel de Borbón. Su repercusión en el
Prado pág. 41
- Rectificación de la calle y camino de Alcalá en su confluencia con el Prado.
pág. 42
- Apertura de la segunda carrera del Prado de los Recoletos pág. 44
2.2.4. 1616. Nuevo plan de regularización de la calle de Alcalá en su confluencia
con el Prado pág. 47
2.2.5. 1618. Regularización de la calle y camino de Alcalá en su confluencia con el Prado. Ensanche del Prado de los Recoletos según los planes de Juan
Gómezde Mora pág. 50
2.2.6. 1618. Apertura de la Carrera de los Caballeros en el Prado de San Jerónimo. pág. 55 2.2.7. Resultados de los proyectos. Regularización de las cercas. Uniformidad de
las fachadas pág. 56
2.2.8. 1626. Ensanche del camino de Alcalá en las inmediaciones de la puerta.
Apertura de una carrera desde el camino de Alcalá hasta el Prado Alto.pág.62
2.2.9. 1631. Ensanche del Prado de San Jerónimo. Demarcación de la tercera carrera. Composición del camino desde la esquina de Alcalá hasta el Prado Alto. Aderezo del camino de Atocha. Compostura del Prado de los Recoletos. pág. 65 2.2.10. 1632-1635. Construcción del Palacio del Buen Retiro. Notable
modificación de los perfiles del Prado de San Jerónimo pág. 72 2.2.11. 1640. Proyecto de ampliación del Prado Viejo. Prolongación de las carreras
de los Recoletos hasta la fuente Castellana pág. 76
2.2.12. 1660-1665. Nuevas vfas de comunicación entre el Prado y el Buen Retiro.
Demarcación de nuevas carreras. Reparo de los trazadosexistentes... pág. 78
2.2.13. 1691. Rectificación del camino de Alcalá en las inmediaciones de la puerta.
Participaciónde Teodoro Ardemans pág. 84
CAPITULO II
MANTENIMIENTO Y CONSERVACIÓN DE LOS TRAZADOS.
1. GUARDAS Y ALGUACILES.
OBLIGACIONES Y RESPONSABILIDADES pag. 87
2. RIEGOS Y PLANTíOS pág. 99
3. LIMPIEZA Y EMPEDRADOS DE LAS CARRERAS pág. 124
3.1. Reparo y compostura del Prado de San Jerónimo.
(Entre la Calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo) pág. 125
3.2. Reparo y compostura del Prado de Recoletos.
<Entre la calle de Alcalá y el portillo de Recoletos) pág. 133
3.3. Reparo y compostura del Prado de Atocha.
(Entre la carrera de San Jerónimo y la puerta de Atoch& pág. 135
3.4. Reparo y compostura del camino de Atocha. <Entre la puerta y el monasterio). pág. 137
CAPíTULO III.
LA PRESENCIA DE AGUAS EN EL PRADO pág. 143
1. ELARROYODELPRADO pág. 147
1.1. Los puentes del Prado. Actividad constructiva y reparadora pág. 148
1. Puentes del Prado de San Jeronimo pág. 150
1 .1 .2. Puentes del Prado de Recoletos pág. 157
1.1.3. Puentes del Pradode Atocha pág. 160
1.2. Medidaspara controlar el arroyo. Estacadas y paredones pág. 162
1.3. El carcavón deAtocha. Proceso constructivo pág. 172
2. LOS VIMES DE AGUA pág. 186
2.1. El viaje del alto Abroñigal pág. 187
2.2. El viaje deltajo Abroñigal pág. 190
2.2.1. El arca principal del viaje bajo de Abroñigal pág. 194 2.3. Viajes menorespresentes en el Prado. Aprovechamientoy explotación pág. 198
2.4. Repercusión de los viajes de agua en el Prado pág. 201
3. MEDIDAS DE CONTROL PARA EVITAR LAS INUNDACIONES DE LOS TRAZADOS. CANALIZACION DE LAS AGUAS PERDIDAS pág. 203
CAPÍTULO IV.
LAS FUENTES DEL PRADO. SIGLO XVII pág. 209
1. ANTECEDENTES. PRIMEROS EJEMPLOS pág. 215
1.1. La entrada de Ana de Austria.
Importante actividad constructiva defuentes en el Prado pág. 216
1.2. La entrada de Margarita de Austria. Reparo de las fuentes del Prado.
LafleentedePatricio Cajés pág. 219
2. FUENTES DELSIGLO XVII pág. 225
2.1. Las tazas de Lerma pág. 226
2.2. Nuevasfuentes en el Prado de San Jerónimo pág. 227
2.3. Las primerasfuentes delPrado de los Recoletos pág. 229
2.4. Fuente-nicho en Recoletos pág. 230
2.5. Fuente con la taza vuelta al revés frente a la huerta de Juan Fernández pág. 232
2.6. Nuevasfuentes en el Prado de los Recoletos pág. 234
2.7. Lafuente del Peñasco pág. 235
2.8. Los denominados morteros del Prado de San Jerónimo pág. 236
3. PROGRAMA DE CONSERVACIÓN Y MANTENIMIENTO DE LAS FUENTES DEL PRADO DESARROLLADO DURANTE EL SIGLO XVII. COMPOSTURAS, REPAROS Y DESPLAZAMIENTOS DE LAS PILAS pág.238
PARTE II. EL PRADO VIEJO. SIGLO XVIII.
CAPITULO V.
CONTINUIDAD DEL PROCESO DE CONFIGURACIÓN URBANA HASTA ¡767... pág. 255
1. PROPUESTAS DE MEJORA DEL CAMINO DE ATOCHA, DESDE LA PUERTA
ALCONVENTO pág. 265
1.1. 1703. Propuesta de ensanche del camino deAtocha pág. 266
1.2. 1 733-1 736. Reforma del camino según los planes de Pedro de Ribera pág. 267
1.3. 1737. Proyecto de desmonte del cerro de San Blas pág. 269
1.4. 1757. Propuesta de transformar el camino de Atocha en una calle porticada.... pág. 270
2. 1758. ENSANCHE DEL CAMINO DE ALCALÁ. REEDIFICACIÓN DE LA CERCA DEL REAL SITIO DEL BUEN RETIRO pág. 274
CAPÍTULO VI.
PROGRAMA DE MANTENIMIENTO Y CONSER VA ClON DE LOS TRAZADOS HASTA 1767
1. GUARDAS Y ALGUACILES.
OBLIGACIONESYRESPONSABILIDADES. pág. 277
2. RIEGOS Y PLANTíOS pág. 279
3. LIMPIEZA Y EMPEDRADOS DE LAS CARRERAS pág.287
4. LOS PUENTES DEL PRADO. ACTIVIDAD CONSTRUCTIVA Y REPARADORA. pág 290
5. PAREDONES Y ESTACADAS. MEDIDAS PARA CONTROLAR EL ARROYO.
pág. 297
CAPITULO VII.
LAS FUENTES DEL PRADO HASTA 1767
1. NUEVOS EJEMPLOS.
1.1.Lafuente del Pósito pág. 319
1.2. Nuevas tazas en el Prado de los Recoletos pág.320
1.3. Nuevasfuentes en Recoletos pág. 320
1.4. Lafuente de Atocha. Proyectos de Pedro de la Piedra, José García y Sachetti.. pág. 321
1.5. Nuevasfuentes en el Prado de los Recoletos pág. 323
2. MANTENIMIENTO Y CONSERVACIÓN DE LAS FUENTES DEL PRADO
HASTA1 767 pág.325
CAPÍTULO VIII.
LA GRANTRANSFORMACIÓNDELPRADOA PARTIR DE 1767 pág. 337
PRIMERA FASE DE LI REFORMA. INTERVENCIÓN DE JOSÉ DE HERMOSILLA.
PLANTEAMiENTOS GENERALES pág. 349
1. CONFIGURACIÓN DE TRAZADOS pág. 352
2. MEDIDAS PARA EL CONTROL DE LAS AGUAS DEL PRADO.
2.1. Encauzamiento del arroyo pág. 357
2.2. Propuesta de construir una alcantarilla general, desde Recoletos hasta Atocha.. pág. 358
3 RECURSOS ORNAMENTALES. FUENTES, PLANTÍOS YESCULTURAS
pág. 361
4. INICIO DE LAS OBRAS.
4.1.Primeras intervenciones en el Prado de San Jerónimo pág. 363
4.2. Rec4ficación y ensanche del Prado de Atocho.
Proceso de expropiación de huertas pág.367
5. MODIFICACIÓN DEL PROYECTO iNICIAL.
5.1. Proyección de la calle de trajineros pág. 370
5.2. Cubrición del arroyuelo del Prado pág. 371
5.3. Incorporación del camino yPuertadel Alcalá en el plan de reforma del Prado. pág. 371
6. REANUDACION DE LAS OBRAS.
6.1. Demolición de las filbricas del Buen Retirofrente al Prado pág. 374
6.2. El badéndelPrado. Proceso constructivo. 1769-1772 pág. 375
6.3. Demarcación de las calles. Empedrado de las carreras pág.378
6.4. Plantíos y riegos pág. 379
6.5. Construcción de estanques para el riego de las arboledas y
abastecimiento de lasfuentes pág. 380
6.6. Trabajos defontanería pág. 382
6.6.1. Red de Alcantarillado pág. 382
6.6.2. Conduccciones y encañados para abastecimiento de las fuentes pág. 384
7. 1773. INCORPORACIÓN AL PLAN DE REFORMA DEL CAMINO DE
ATOCHA pág. 386
8. RECTIFICACIÓN DE LAS TAPIAS DEL RETIRO FUERA DE LA PUERTA DE
ALCALÁ pág. 390
9. FINANCIACIÓN DE LAS OBRAS DEL PRADO. 1767-1774 pág. 391 Vn
10. ESTADODELAS OBRASEN 1774 pág.393 10.1. ModWcac¡ón del proyecto respecto a fuentes pág. 394 10.2. Desplazamiento Hermosilla- Ventura pág.398
SEGUNDA FASE EN LI REFORMA DEL PRADO. VENTURA RODRIGUEZ, DIRÉCTOR DE LAS OBRAS DEL PRADO.
11. REANUDACIÓN DELOSTRABAJOS pág.403
11.1.Modificación del programa en cuanto afrentes pág.407 11 .2.Demarcación de la calle de trajineros pág. 412 11.3. Lo alcantarilla. Proceso constructivo pág. 412
12. ESTADO DE LAS OBRAS EN 1777.
12. 1. Nuevas modificaciones con respecto a lasfuentes pág. 414
12.2. Proyecto de pórtico pág. 417
13. 1778. CONCLUSIÓN DE LA CLOACA MÁXIMA. INAUGURACIÓN DE
LA CALLE DE TRAJINEROS pág. 419
14. LAS FUENTES. PROCESOCONSTRUCTIVO pág. 421
14.1.Lafuente de Apolo pág. 423
14.2.Lafuente de Cibeles pág.427
14.3.Lafuente de Neptuno pág. 430
14.4.Las cuatrofuentesfrente a la calleHuertas pág. 433
14.5.Lafuente deAtocha pág. 435
14.6.Lafuente deHércules pág. 437
15. PROPUESTAS PARA SUFRAGAR LOS GASTOS DERIVADOS DE LA
CONSERVACIÓNYMANTENIMIENTODELPASEO pág. 438
15.1. Nuevo proyecto de pórtico pág. 446
CAPITULO IX
EL PRADO DEATOCHA> FACHADA MONUMENTAL AL PASEO.
1 ELBOSPITALGENERAL pág.451
2. EL JARDÍN BOTÁNICO.
2. 1. Primer emplazamiento en el Soto de Migas C’alientes pág. 460
2.2. Instalación del Botánico en elPrado pág. 461
2.3. Proceso constructivo. Participación de Francisco Sabatini pág.463
2.4. Proyecto deLaboratorioQuímico pág. 471
2.5. Participacióndeiuande Villanueva pág. 475
2.6. Inaguración deljardín pág. 475
3. LA ACADEMIA GENERAL DE CIENCIAS, ACTUAL MUSEO DEL PRADO pág. 477
4. EL OBSERVATORIO ASTRONOMICO pág. 486
5.LA PLATERIA MARTÍNEZ pág. 493
PARTE III.
LOS PERFILES ARQUITECTÓNICOS DEL PRADO. SIGLOS XVII-XVIII.
CAPITULO X.
LA ARQUITECTURA RELIGIOSA pág. 501
FUAVAClONES DEL SIGLO XVí.
1. MONASTERIO DE SAN JERONIMO EL REAL.
1.1. Origen de lafundación... . pág. 509
1 .2. Establecimiento de los Jerónimos en el Prado Viejo.
Su repercusión en el entorno pág. 510
2. REAL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE ATOCHA.
2. 1.Origen de lafundación pág. 519
2.2. Dc la primitiva capilla al gran santuano,
Su repercusión en el Prado pág. 521
3. CONVENTO DE RECOLETOS AGUSTINOS.
3.1. Origen de la fundación pág. 530
3.2. Proceso constructivo pág. 540
3.3. Destino del convento pág. 560
FUNDACIONES DEL SIGLO XVII.
4. CONVENTO DE TRINITARIOS DESCALZOS.
4.1. Ohgen de la fundación pág. 563
4.2. Proceso constructivo pág. 563
4.3. Desaparición del convento pág. 567
5. CONVENTO DE SAN PASCUAL BAILÓN.
5.1.Origen de lafundación pág. 568
5.2. Proceso constructivo pág. .571
5.3. Desaparición del convento pág.578
FUNDA ClONES DEL MULO XVIII.
6. ORATORIO DE SAN FERMÍN DE LOS NAVARROS
6.1. Origen de lafundación. pág. 583
6.2. Establecimiento de San Fermín en el Prado. La antigua residencia de los Monterrey nueva sede de la Congregación de San Fermín de los Navarros.
1 744-1 889. Adaptación de la galería como templo pág. 587
6.3. Ornamentación de la iglesia pág. 591
6.4. Conservación y reparo del templo. Intervenciones de Vicente Barcenilla,
Diego de Villanueva, Antonio Pló y Antonio Borete pág. 599
6.5. Desaparición del oratorio. Venta de San Fermín al Banco de España pág. 606
7. EL MONASTERIO DE LAS SALESAS REALES.
7.1. Origen de la fundación pág. 608
7.2.Procesoconstructivo pág.611
7.3. Repercusión en el contexto urbano pág.619
CENTROS DE DEVOCIÓN POPULAR pág. 623
8. LA ERMITA DE SAN BLAS pág. 628
9.EL HUMILLADERO DEL SANTO CRISTO DE LA OLIVA pág. 637
CAPÍTULO XI.
LA ARQUITECTURA NOBILIARIA EN EL PRADO. SIGLOS XVII-XVIII
LOS PERFILES DEL PRADO VIEJO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII pág.645
1. HUERTAS Y TERRENOS DE LABOR pág. 648
2. LAS CASA-JARDÍN O RESIDENCIAS DE RECREO. pág. 651
2.1. Caracteres y notas comunes de las residencias. Proceso de adquisición de suelos.
Procesos constructivos. Su incidencia en el sector pág. 652
2.3. Evolución de las propiedades en el siglo XVIII pág. 655
LIS CASA-JARDÍN DEL PRADO VIEJO.
1. RESIDENCIA DEL DUQUE DE LERMA.
1.1. Origendelapropiedad pág. 657
1.2. Primeras intervenciones en la huerta pág.660
1.3. Construcción de cuartos principales conforme a las trazas de Gómez de Mora.. pág. 668
1.4. Obrasde conservación y mantenimiento pág. 681
1 .5. La casa-jardín en el siglo XVJ¡I. Los Medinaceli.
Transformadón de la vivienda pág. 688
2. RESIDENCIA DEL MARQUÉS DE POVAR.
2.1. Origen de lapropiedad pág. 691
2.2. Proceso constructivo según trazas de Francisco de Mora pág. 692
2.3.Destino de lafinca. Incorporación al Buen Retiro pág.694
3. RESIDENCIA DEL MARQUÉS DE TAVARA.
3.1. Origen de la propiedad pág. 697
3.2.Destino de la propiedad. Incorporación al Buen Retiro pág.699
4. RESIDENCIA DE LA DUQUESA DE ATRÍ, FUTURO PALACIO DE VILLAHERMOSA.
4.1. Origen de lapropiedad pág. 701
4.2. Proceso constructivo pág. 704
4.3.Destino de lapropiedad pág.706
5. RESIDENCIA DEL CONDE DE MONTERREY.
5.1. Origen de lapropiedad pág. 709
5.2. Proceso constructivo. Proyecto de Juan Gómez de Mora pág. 711
5.3. Destino de la residencia. Venta a favor de la Real Congregación de
San Fermín de los Navarros pág. 721
5.4. Breve historia de la parte de la residencia destinada al arriendo hasta
quefue vendida afavor del Conde de Atares pág. 725
6. RESIDENCIA DEL CONDE DE ALBA DE ALISTE, LUEGO ARIÓN-ALCAÑICES.
6.1. Origen de la propiedad pág. 733
6.2. Adquisición de la finca por parte de Miguel Guerrero.
Rect<>ficación de los perfiles de la propiedad pág.735
6.3. Venta de la propiedad a favor del Conde de Alba de Aliste.
Construcción de cuartos principales pág. 743
6.4.Destino de la propiedad. Venta al Banco de España pág. 748
7. RESIDENCIA DE JUAN FERNÁNDEZ.
7.1. Origen de la propiedad pág. 749
7.2. Proceso constructivo. Construcción de cuartos principales conforme a las
trazas de Juan Gómez de Mora pág. 755
7.3. Destino de la propopiedad. Venta al Conde de Salinas.
Venta a Don Nicolás de Francia. Incorporación a los terrenos de Buenavista.. pág. 772
8. RESIDENCIA DEL DUQUE DE MEDINA DE RIOSECO, ALMIRANTE DE CASTILLA.
8.1. Origen de la propiedad pág. 787
8.2. Proceso constructivo pág.‘793
8.3. Destino de la residencia. Venta a favor de Don Juan Bran cacho.
Incorporación a los terrenos de Buena vista pág. 800
9. RESIDENCIA DEL CONDE DE OÑATE.
9.1.Origen de lapropiedad... . pág. 805
9.2. Proceso constructivo pág.807
9.3. Destino de la propiedad. Venta al Marqués de Salamanca pág. 818
CAPÍTULO XII.
ARQUITECTURA DE SERVICIOS PÚBLICOS.
1. LA TORRECILLA DEL PRADO pág.819
2. LOS LAVADEROS DE JUANFERNÁNDEZ pág.830
3. EL REAL PÓSITO DE LA VILLA EN EL PRADO DE LOS RECOLETOS.
SU REPERCUSIÓN EN EL SECTOR pág. 837
4. LAS PUERTAS DEL PRADO pág. 857
4.l.LapuertadeAtocha pág. 861
4.2.La puerta de Recoletos pág. 869
4.3.La puerta de Alcalá pág. 876
PARTE IV CAPÍTULO XIII
ASPECTOS SOCIOLÓGICOS DEL PRADO.
1. EL PRADO. ÁREA DE EVASIÓN Y ESPARCIMIENTO PÚBLICO pág. 89]
1 .1. Las diversiones de los madrileños durante los siglos XVJI-XVIJJ.
El paseo prá ciicacomún pág.895
1.1.1. La calle Mayor y el Prado, principales puntos de reunión y
encuentros durante el siglo XVII pág. 897 1.2.El Prado Viejo. Lugar de paseo durante los siglos
X VII-XVIII
pág. 9001 .3.Punto de reunión de la sociedad elegante pág. 911 1.4. Modalidades para el paseo: a pie, a caballo o en coche.
El tráfico en el Prado, medidas de control pág. 912
1 .5.Lugarde encuentros amorosos, Escenario de galanteos pág.917
1.6. El Prado por la noche. Escenario de actos delictivos.
La mala reputación del Prado pág. 923
1.7. Actividades desarrolladas en el Prado sujetas al control de las autoridades.
1.7.1. La delincuencia pág. 932
1.7.2. La venta ambulante pág. 938
1.7.3. La mendicidad pág. 944.
1.8. Mantenimiento del orden público en el Prado.
1.8.1. Las rondas de vigilancia. Disposiciones, turnos y obligaciones pág. 947
2. EL PRADO, ESCENARIO DE DESTACADOS ACONTECIMIENTOS
HISTÓRICOS pág.957
2.1. Las Entradas Reales pág.957
3. EL PRADO ESCENARIO DE FiESTAS RELIGiOSAS.
3.1. La Romería de San Blas pág. 971
CONCLUSIONES. . pág. 979
BIBLIOGRAFíA pág. 993
APÉNDICE DOCUMENTAL pág. 1039
LÁMINAS
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La Tesis Doctoral que presentamos se basa en el estudio de la evolución
urbano-arquitectónica del tan conocido Paseo del Prado de Madrid, denominado en origen Paseo del Prado Viejo, durante los siglos XVII-XVIII.
La elección del tema argumento de nuestra investigación, decisión madurada con la directora de este trabajo, cuyas pautas han sido fundamentales a lo largo de todo el proceso de elaboración, surgió del deseo de esclarecer uno de los episodios de mayor relevancia dentro del amplio capitulo del urbanismo madrileño.
El Paseo del Prado, uno de los enclaves más emblemáticos de nuestra ciudad, si bien contaba con numerosos y destacados estudios referidos a planteamientos específicos y concretos sobre determinados aspectos, siendo especialmente notables y cuantiosos los relativos a la valoración del sector durante la segunda mitad del siglo XVIII, período en que asistió a su más profunda transformación urbana, carecía, a nuestro entender, de una investigación de carácter global que desvelase el proceso de configuración experimentado por este paraje madrileño hasta alcanzar su máxima definición urbanística, desde la multiplicidad de puntos de vista que el análisis de cualquier hecho urbano permite en tanto que valoración del territorio como de la población que en él se asienta y de las actividades a las que sirvió de escenario.
Es por ello que determinamos emprender el estudio a principios del siglo XVII, partiendo del transcendental acontecimiento histórico que para la Villa supuso ser elegida definitivamente, tras el paréntesis vallisoletano, sede estable de la Corte, realidad de singular importancia que motivó el desarrollo y puesta en marcha de un vasto proceso de planificación orientado a transformar y, fundamentalmente, adaptar la imagen de la antigua Villa, organizada urbanísticamente, a lo largo de su vagaje histórico, sin planes preconcebidos, a las necesidades y exigencias derivadas de su nueva condición de ciudad-capital. Acordamos
prolongar la investigación hasta finales del siglo XVIII, momento en que, reiteramos, el Prado fue objeto de una notable renovación urbanística que le transformó en paradigma de la política urbana desarrollada por los I3orbones y fundamentalmente en el mayor logro urbanístico materializado en Madrid bajo el reinado de Carlos III.
No podíamos obviar, sin embargo, y tomar como punto de referencia obligada, las participaciones ocurridas en el sector durante los últimos años del siglo XVI, surgidas al amparo de acontecimientos muy concretos.
Recién iniciada la década de los setenta, con motivo de la entrada en Madrid de la
cuarta esposa de Felipe II, Ana de Austria, se definió el itinerario que, producto de un rígido
protocolo, seguirían a partir de entonces los monarcas en sus accesos a la Corte, quedando establecido entre el camino de Alcalá y el Alcázar, residencia de los soberanos en Madrid.
De ese modo el Prado Viejo se convirtió en la entrada oficial a la Villa, escenario de los ceremoniosos actos organizados para solemnizar los recibimientos de los reyes y en consecuencia punto de partida de los conejos reales que iniciarían el recorrido en el camino de Alcalá y atravesando el Prado ingresarían en la ciudad a través de la Carrera de San Jerónimo.
Con motivo de tan solemne acontecimiento se realizaron diversas reformas en el tramo
central del Prado Viejo, entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, con el fin de adecentar el escenario inicial de la fiesta, que supusieron las primeras operaciones
urbanizadoras materializadas en aquel paraje y punto de partida de su futuro proceso de configuración urbana.
El Prado Viejo constituía en aquella épocael límite sudeste de la Villa, barrera natural al final de los caminos hacia Alcalá, San Jerónimo y Atocha, más allá de los muros que
delimitaban una población cuyos confines orientales quedaban definidos en las puertas del Sol y Atocha, establecida esta última en la actual plaza de Antón Martín.
Se trataba de un amplísimo eje que, en dirección norte sur, conformaba una extensa
vaguada surcada por un caudaloso arroyo, a ambos lados del cual se sucedían los eriales,
baldíos y suelos de labor. Desde la Edad Media estos parajes integraban parte de los territorios comunales de la vieja Villa, de ahí que las referencias más antiguas a estos sitios se hallen en el fuero de Madrid de 1202, donde aparecen mencionados en el apartado que
alude a la delimitación y uso de las posesiones municipales.
En estos sitios agrestes, suburbanos, extramuros de la población se estableció en 1503 el monasterio de San Jerónimo, institución estrechamente vinculada a la Corona por su
condición de fundación real. Este recinto conventual, que supuso la primera fábrica de
relevancia del Prado Viejo, generó un tímido protagonismo del sector donde quedóinstalado.
En 1510 la iglesia del monasterio fue elegida por Carlos 1 para la celebración de Cortes y posteriormente el mismo recinto serviría como escenario para el solemne acto que constituía
la Jura de Príncipes.
Al margen de los acontecimientos políticos e institucionales a los que San Jerónimo a partir de entonces, sirvió de marco, la estrecha relación mantenida entre el Emperador y la comunidad derivó en cada vez más frecuentes permanencias del Monarca en el monasterio, lo que motivó la creación de unas estancias para albergarle durante sus períodos de recogimiento en el convento que se convertirían, pasados los años, en el germen del palacio
del Buen Retiro.
Por tales circunstancias el monasterio de San Jerónimo se convirtió en el primer foco de atracción hacia el Prado Viejo, realidad que unida a la condición de principal entrada a
la Corte adquirida en las últimas décadas del quinientos, fueron las primitivas razones que generaron el despegue urbano de un enclave hasta entonces anónimo en el contexto general
de la ciudad.
En 1599, con motivo de la entrada en Madrid de Margarita de Austria, esposa de
Felipe III, se erigió en la confluencia del camino de Alcalá con el Prado Viejo una portada
quedignificó su llegada a la Corte, pero lejos del carácter efímero que definió al resto de las arquitecturas construidas para dignificar la ciudad durante la celebración de tan insigne acto,
se fabricó con carácter permanente, reafirmando de ese modo la naturaleza del límite oriental
como acceso oficial a la Villa.
El tramo central del Prado Viejo, entre las calles de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, se urbanizó para las entradas de las Soberanas. Se demarcaron las primeras
carreras, se adecentó el viejo camino de Alcalá, se realizaron plantíos y se adornaron los trazados con fuentes, de modo que tras la celebración de los festejos adquirió un semblante de paseo que ya nunca perdería, cuya condición de lugar de esparcimiento público, de reunión ciudadana conservaría a lo largo de los años, siendo uno de los criterios que más presente se tendría en su futuro proceso de configuración.
Desde principios del siglo XVI el Prado Viejo se diferenció en dos zonas. El tramo central, entre la calle de Alcalá y Carrera de San Jerónimo, frente al monasterio, denominado de San Jerónimo, y el ramal meridional, entre la Carrera de San Jerónimo y el arranque del camino hacia Vallecas, conocido como Prado de Atocha, designación derivada del popular
centro de culto que en honor a la Virgen de Atocha se alzaba en el extremo sur.
Si el despertar del tramo central del Prado Viejo había surgido al amparo del monasterio de
San Jerónimo, cuyo establecimiento generó la conformación de la Carrera de San Jerónimo, principal acceso al convento desde el interior de la Villa, regularizada en 1567 en función de la propia construcción jerónima, del mismo modo que el santuario de Nuestra Señora de Atocha había influido en la ordenación de la calle del mismo nombre, antiguo camino de
peregrimación hacia el conocido centro de devoción mariano, el tramo norte del Prado Viejo
abandonó el anonimato a finales del siglo XVI tras el asentamiento de la comunidad de recoletos agustinos en 1595 que dio nombre a los parajes que se extendían entre la calle de Alcalá y el nuevo recinto religioso.
En este sentido hemos de puntualizar que nuestra investigación aborda la evolución
urbano-arquitectónica del Prado Viejo, en cuanto confín periférico de la Villa, en toda su
extensión, entre el convento de Recoletos y Atocha, espacio que se corresponde con el eje
que actualmente discurre entre la Plaza de Colón y la Glorieta de Carlos V, incluidas las
prolongaciones de la calle de Alcalá, antiguo camino del mismo nombre y del sendero que conducía hacia el desaparecido santuario de Nuestra Señora de Atocha.
Partiendo de la realidad urbana que presentaba el Prado Viejo a principios del siglo XVlI, nos marcamos como principal objetivo clarificar la evolución urbanística de este
enclave madrileño, desde su propia transformación y configuración, puntualizando en el fenómeno de las periferias como hecho más significativo que motivó el desarrollo urbano de
la propia Villa. Como tarea complementaria se pretendía el estudio de las fábricas que
constituyeron su semblante arquitectónico a lo largo de los dos siglos que abarcada la investigación.
Al tiempo planteamos el análisis del eje periférico desde un punto de vista sociológico. En este sentido abordaríamos el sector como espacio de vivencias tanto a nivel de destacados
acontecimientos históricos por su condición de enclave representativo, escenario de actos de
gran solemnidad entre los que destacaron las entradas reales, como simplemente a nivel de hechos estrictamente cotidianos, derivados del carácter de paseo que desde muy temprano le definió.
Desde el afán de abordar y abarcar todas las posibilidades que el tema ofrecía, la
investigación se planteó desde una extrema pluralidad, aunque el esquema inicial se
consideraba asimismo como un primer esbozo, puesto que la documentación sería a la postre la que ofrecería el campo de reflexión y la viabilidad de profundizar en todos e incluso en
más de los objetivos marcados. Los propósitos fijados significaban enfrentarse a una información muydiversa, que procedería tanto de fuentes bibliográficas como de repertorios documentales que deberían constituir el principal soporte de la investigación.
La primera fase del trabajo se centró en la recopilación y valoración del amplio contenido bibliográfico existente sobre el Prado, en sus múltiples variantes, tarea que nos aportó la primera visión sobre el argumento que constituiría nuestra Tesis Doctoral. Debemos puntualizar que muchos aspectos del Prado y algunos de los edificios que conformaron sus
perfiles habían sido objeto de importantes estudios, no obstante, desde la pretensión de analizar el sector de forma global, a la vez que fundamentar de la manera más sólida la investigación propuesta, decidimos recrear de nuevo todos los procesos y planteamientos
anteriormente desvelados.
Al mismo tiempo y como tarea complementaria iniciamos la búsqueda y recopilación del soporte documental que sobre el tema pudiera hallarse en los distintos archivos madrileños. Importante cantera de datos resultó ser el Archivo de la Villa de Madrid, ya que
por constituir los registos del Ayuntamiento custodia en sus fondos la mayor parte de los
acuerdos que versan sobre la configuración del territorio de la capital a todos los niveles, reflejo de la gestión municipal desarrollada a lo largo de los siglos. En este organismo
revisamos las secciones deSecretaría. Corregimiento y Contaduría, que conforman los fondos generales, a la vez que consultamos otras especificas como el archivo del Pósito. Dentro de
cada uno de los negociados rastreamos todos aquellos apartados que, por la diversidad del
tema a que nos enfrentábamos, nos pudieran ofrecer algún tipo de información paralela. En
este sentido inspeccionamos los departamentos referidos a Actos Religiosos y Lugares Sagrados en el intento de recopilar la documentación existente sobre los recintos religiosos
establecidos en el sector, Diversiones Públicas por el interés del Prado como lugar de esparcimiento ciudadano, Fincas Urbanas para esclarecer los perfiles de cada una de las propiedades que configuraron los trazados, Obras Municipales para clarificar los planes de reforma y embellecimiento con que el Ayuntamiento privilegió la periferia madrileña, Planos con el fin de localizar los proyectos tanto concluidos como los que por diferentes motivos no
llegaron a concretarse. Como tarea complementaría consideramos de interés la revisión de los Libros de Acuerdos del Ayuntamiento durante los dos siglos que abarcaría la investigación, y los de la Junta de Fuentes, por la importancia que el agua tuvo a todos los niveles en el sector.
La búsqueda del soporte documental prosiguió en el Archivo Histórico Nacional donde emprendimos distintas catas en las secciones de clero, Consejos y Salas de Alcaldes de Gasa y Corte, apartado que nos desveló interesantes datos sobre aspectos sociales del Prado.
Otro de los archivos consultados fue el Archivo de Palacio donde tuvimos ocasión de
recopilar noticias referidas al Buen Retiro, no como tema monográfico, ya que por su interés merece un estudio específico, sino relativas a la naturaleza de los terrenos donde se erigió el Real Sitio, además de revisar la documentación relativa al Jardín Botánico.
Del mismo modo inspeccionamos puntualmente el Archivo de Simancas.
El Archivo de Protocolos se convirtió en un complemento perfecto para nuestra
investigación, ya que en él pudimos constatar y enriquecer noticias localizadas en otros archivos, al tiempo que revisar los protocolos de los escribanos del Ayuntamiento por tratar asuntos exclusivos de la Villa.
Otro de los archivos consultados, que resultó de gran utilidad, fue el de la Real
Congregación de San Fermín de los Navarros donde hallamos importantes noticias sobre la
propiedad de los Monterrey, una de las más destacadas del Prado en el siglo XII, y sobre el
oratorio erigido en el siglo XVIII en la misma finca en honor al Santo Patrón.
Complemento perfecto para la investigación fueron las fuentes gráficas referidas a la cartografía de la época que nos permitió, junto con los proyectos arquitectónicos y urbanísticos localizados, ir reconstruyendo el proceso de configuración urbana del confín
oriental.
Por último, desde la pretensión de fundamentar de la mejor manera la investigación
emprendida, decidimos indagar en la literatura de la ¿poca, especialmente en el teatro del
siglo de Oro, las obras de don Ramón de la Cruz y las crónicas de viajeros, por las numerosas referencias que en ellas se hacia del Prado, experiencia que resultó especialmente enriquecedora como complemento al resto de los materiales acopiados.
La exhaustiva revisión documental realizada desveló noticias especialmente
significativas y desconocidas hasta entonces sobre el sector, que nos permitieron desarrollar y fundamentar cada uno de los objetivos marcados.
A principios del siglo XVII, el tramo central del Prado Viejo, denominado de San
Jerónimo, adornado con plantíos, bancos y fuentes, se había convertido en el principal paseo
de la Villa y en este sentido se comenzó a valorar. El municipio desde los primeros años de la centuria activó una notable política de mantenimiento y conservación de los trazados, atendiendo a la limpieza de las carreras, al estado de los plantíos y a la reparación de las fuentes, de modo que el ingreso oficial a la Villa, paraje con asiduidad frecuentado por las
personas reales en sus continuos acercamientos a los conventos de San Jerónimo y Atocha, y emergente área de esparcimiento ciudadano, mostrase unas condiciones urbanas de lo más favorable, protección que no fue ni siquiera interrumpida durante la breve etapa de
permanencia de la Corte en Valladolid, momento en que se produjo un hecho que tendría significativa transcendencia en el proceso de configuración urbana del sector. En 1603 el
Duque de Lerma comunicó su intención de construir una residencia de recreo en el Prado Viejo, frente al monasterio de los Jerónimos, como expresión de su poder en la Villa, acaso
consciente de que la aventura vallisoletana no duraría mucho tiempo. Este hecho supondría
un nuevo motivo de revitalización de la zona, puesto que las visitas reales al Prado Viejo serían, a partir de entonces, más frecuentes, justificadas por los acercamientos de los
monarcas tanto a los monasterios de San Jerónimo y Atocha como a la huerta del valido. Del
mismo modo la presencia de Lerma confirió un cierto ennoblecimiento a la periferia madrileña que, a lo largo de todo el siglo XVII, fue poblándose de destacadas quintas de recreo, las denominadas casa-jardín, en manos de importantes miembros de la nobleza del
momento como los Condes de Monterrey, los de Oñate, Medina de Rioseco, Tavara o Poyar entre otros, que otorgaron una dignificación a la zona que ya nunca perdería.
Tras la aventura vallisoletana la Villa, constituida definitivamente como sede de la Corte, asistió a un significativo proceso de configuración y definición urbano-arquitectónica, puesto que su nueva condición de Capital precisó la adecuación de su vieja fisonomía a las
exigencias propias de una ciudad digna de ostentar la capitalidad.
El Prado Viejo figuró de nuevo entre los enclaves que mayor atención habría de
recibir, ya que según los programas de desarrollo y planificación urbana activados a partir dc 1606 para adaptar la vieja Villa a las exigencias institucionales y administrativas derivadas del hecho de la capitalidad, las propuestas dirigidas a ennoblecer las vías de acceso a la
Corte, en este caso de su entrada principal, constituyeron objetivos prioritarios.
La activa participación desarrollada en el Prado desde los primeros años del siglo
XVII, concretada en tímidas propuestas de ensanche y corrección de perfiles para sectores concretos, culminó en 1613 en un destacado proyecto fundamentado en el entendimiento del
eje en toda su extensión norte-sur, entre Recoletos y Atocha, bajo la pretensión de adecentar la periferia oriental de la Villa no de modo circunstancial como lo habían sido las participaciones realizadas con motivo de las entradas de las soberanas en el siglo XVI, sino
que a partir de unos principios urbanísticos concretos, desde la voluntad de rectificar los
perfiles, buscar la linealidad de las carreras y mejorar las infraestructuras de los trazados, se
crease una plataforma natural urbanizada que actuara como confín de la ciudad a la vez que un soporte urbano adecuado a las funciones y exigencias que dicho territorio debía asumir como espacio representativo en tanto que primera visión de la Corte.
Como resultado del proyecto, las primitivas carreras del Prado de San Jerónimo, único
sector del Prado Viejo que había conocido alguna participación urbana, se renovaron y
ampliaron y se demarcaron las carreras de los Recoletos y las de Atocha que permitieron conectar los tres tramos del Prado a través de calles arboladas adornadas confuentes.
Esta reforma supuso el punto de partida de una serie de operaciones urbanísticas que
sucedidas de modo ininterrumpido a lo largo de todo el siglo y entendidas en sentido global, lograron ir mejorando y dignificando el semblante de la periferia madrileña.
El Prado Viejo, a pesar del testigo de la puerta de Alcalá, acceso simbólico a la ciudad al no surgir adosada a muralla alguna, puesto que los recintosmurados de la población
estaban aún limitados a un núcleo más reducido, no quedó incluido físicamente a la Villa
hasta 1625, momento en que quedó dentro de la cerca que, con fines fundamentalmente
fiscales, mandó erigir Felipe IV como medio de control de la expansión que la ciudad había
experimentado más aNa de los antiguos límites, notable crecimiento que se manifestó
principalmente, por la propia geografía de la Villa, en dirección norte-sur y hacia el este, alcanzado la zona del Prado Viejo, al amparo de los caminos de Atocha, San Jerónimo y
Alcalá que se convertirían en las principales vías del desarrollo urbano madrileño.
Tras la demarcación del nuevo perímetro urbano, el límite oriental de la ciudadquedó
establecido física y geográficamente en el Prado Viejo, entre los portillos de Recoletos y
Atocha surgidos para marcar los confines del eje en sentido norte-sur y la puerta de Alcalá, presente en el sector desde
1599,
clausurando el Prado por su flanco más oriental,delimitación quepermanecería inalterable hasta la segunda mitad del siglo XIX, momento en
que Madrid asistió a su desarrollo y despegue urbano más allá de los recintos murados.
A partir de la década de los treinta el Prado adquirió una nueva dimensión. El Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, con el mismo poder que Lerma había ejercido durante el reinado de Felipe 111, impulsó la construcción de una residencia de recreo para el Rey al amparo de los cuartos reales de San Jerónimo, acaso, como se ha apuntado, con la
pretensión de crear para el Monarca un palacio digno que pudiera rivalizar con la inmediata
quinta de Lerma.
La aparición del Buen Retiro, construido en lo esencial con enorme rapidez entre 1632-1635, aunque los planteamientos de jardines y el resto de las dependencias se
prolongarían durante las décadas siguientes, alteró considerablemente los perfiles del Prado Viejo por su flanco más oriental, motivando una nueva razón de ennoblecimiento del sector,
asiento en aquellas fechas de importantes familias nobiliarias y lugar densamente frecuentado
por su condición de paseo.
La construcción del Real Sitio aumentó la necesidad de privilegiar urbanísticamente el Prado Viejo, al reafirmarse definitivamente en su condición de escenario aúlico que fueron,
en definitiva, los que acapararon la mayor atención durante los siglos XVII-XVIII. A partir
de entonces cobraron especial atención las propuestas orientadas a mejorar la comunicación entre el Prado y el Buen Retiro, potenciándose sobremanera la demarcación de nuevos accesos.
Los planes de reforma se sucedieron sin interrupción hasta finales de la centuria, momento en que el Prado Viejo había experimentado notables cambios en su fisonomía
urbana.
Al margen de los planes de concreción y regularización de trazados, desde los
primeros años del siglo XVII, la Villa, consciente de la necesidad de privilegiar este espacio por las razones aludidas, promovió un vasto programa de conservación del Prado Viejo en
toda su extensión, desde Recoletos hasta Atocha, con el fin de mantener en perfecto estado las condiciones urbanas del eje periférico. Con este objetivo se dispusieron personas para
garantizar el cuidado del Prado a todos los niveles, asumiendo tareas de limpieza, empedrados, fuentes, puentes, plantíos, e incluso para responsabilizarse de su vigilacia por
la necesidad de mantener el control en un lugar cada vez más frecuentado por su condición
de paseo.
Las fuentes, elementos destacadísimos como recurso de ornato, las primeras que
surgieron en la Villa con un carácter estrictamente decorativo, requirieron de especiales
cuidados. Las tazas estuvieron sujetas a un férreo control orientado a mantener en perfecto estado tanto su aspecto como su uso. La actividad constructiva se alternó con una importante secuencia reparadora dirigida a mantener las cañerías de abastecimiento de las pilas, en
definitiva aquellos elementos de los que dependía su funcionamiento, en perfecto estado, con el fin de evitar que roturas imprevistas pudieran afectar negativamente a las carreras, provocando problemas de transitabilidad por el sector.
Del mismo modo notabilísimo fue el seguimiento ejercido en relación a los plantíos que conformaban las carreras y a los sistemas de riego, para los que se buscaron las
soluciones más ventajosas para tratar de combatir los problemas derivados de la sequía que tan negativamente afectaba a las arboledas motivando repoblaciones periódicas. Las operaciones de limpieza y empedrado de los trazados figuraron igualmente entre las intervenciones más frecuentes.
Uno de los grandes caballos de batalla de las autoridades, durante el siglo XVII,
encargadas de la planificación urbana del sector fue el control de las aguas que libremente
fluían por el Prado Viejo. El arroyo que surcaba el eje, que con frecuencia resultaba
desbordado causando terribles estragos, se convirtió en un verdadero punto de mira. Durante toda la centuria se manifestó una voluntad decidida para que el cauce no se convirtiese en una barrera, luchándose incansablemente para lograr su plena integración. En este sentido,
especialmente notable fue la construcción de puentes para facilitar la comunicación entre ambas orillas del regato, que se fueron renovando y afianzando hasta alcanzar estructuras de gran solidez. Al tiempo se pusieron en marcha medidas de control para dominar tanto las
aguas del cauce principal, a partir de la construcción de estacadas y paredones como sistemas
de freno del regato, como del resto de los fluidos derivados de las aguas pluviales o de los
vertidos procedentes de las calles de la Villa que alcanzaban el Prado, o de las regueras de riego que libremente discurrían por los trazados, de modo que la transitabilidad de las carreras estuviese garantizada.
Como consecuencia de la activa participación desarrollada en este enclave a lo largo de todo el siglo XVII, a finales de la centuria, el Prado Viejo había alcanzado importantes cotas de definición y mejora de sus condiciones urbanas. Valorado como antesada de San Jerónimo y del palacio del Buen Retiro, primera visión de la Corte por su condición de principal entrada a la Villa, y como lugar de paseo, el Prado se convirtió en escenario de encuentros y convivencias de todas las esferas sociales y de actos de gran significación
política.
Del mismo modo que sus condiciones urbanas mejoraron, los perfiles del Prado Viejo experimentaron profundas alteraciones a lo largo del siglo XVII.
Las huertas y eriales que constituyeron tradicionalmente el semblante del límite oriental de la Villa vieron surgir durante toda la centuria destacadas fábricas de variada naturaleza. Importante fue sin duda el capítulo de arquitectura nobiliaria que tuvo en las denominadas casas-jardín o residencias de recreo su mejor expresión. Los tres tramos del
Prado Viejo, Recoletos, San Jerónimo y Atocha fueron emplazamientos elegidos por
destacados miembros de la nobleza del momento para levantar quintas suburbanas como expresión de poder y complemento a las casonas que poseían en el interior de la Villa, en los alrededores del Alcázar, enclaves tradicionales de asentamiento nobiliario.
Destacado resultó también el episodio de arquitectura religosa. A las primeras
instituciones conventuales establecidas en el sector en el siglo XVI, Recoletos, San Jerónimo y Atocha, ampliadas y renovadas durante el siglo XVII, que definieron la primera fachada
arquitectónica del Prado Viejo, se sumaron los conventos de Trinitarios y San Pascual que, fundados en el seiscientos en las fincas de Lerma y en la del Almirante de Castilla,
respectivamente, reforzaron la impronta religiosa que había caracterizado al sector desde
épocas anteriores. A este conjunto se incorporarían pasados los años el oratorio de San Fermín de los Navarros y las Salesas Reales que constituyeron los últimos recintos devocionales surgidos en el Prado en el siglo XVIII, sin olvidar otros dos centros de culto y veneración popular, la ermita de San Blas y el humilladero del Santo Cristo de la Oliva, ambos en el camino de Atocha.
Además de estos episodios constructivos, otro tipo dc fábricas participaron en el proceso de consolidación de los perfiles del Prado Viejo. Lavaderos públicos, la torrecilla de
música construida en 1612 en el tramo de San Jerónimo para amenizar los paseos de los madrileños y las puertas de Recoletos, Alcalá y Atocha integraron este importante capítulo, al que se sumó el Pósito que al margen del impacto arquitectónico que supuso, constituyó una
nueva razón de revitalización del sector. El establecimento de la alhóndiga, en 1660, en
terrenos cedidos a la Villa por Felipe IVen la confluencia del camino de Alcalá con el Prado,
frente a la residencia del Buen Retiro, motivó el trasbase de la actividad comercial desde el
interior de la Villa, que hasta entonces giraba alrededor del antiguo pósito de la Cava Baja
de San Francisco, hasta el Prado Viejo, donde empezó a funcionar un importantísimo emporio comercial que avivó el trasiego de comerciantes y trajineros por el confín oriental.
Esta nueva actividad se supo conjugar con su carácter de paseo, principal acceso a la
población y antesala del Palacio del Buen Retiro. Por otra parte, el pósito generó el poblamiento de los terrenos aledaños hasta entonces ‘yacios, convirtiéndose por tal motivo en una nueva razón de atracción hacia el frente oriental de la Villa.
El siglo XVIII, período en todos los sentidos renovador tanto por el cambio de siglo
como por el de dinastía, supondría para el Prado Viejo una fructífera etapa en su proceso de configuración.
Las intervenciones referidas tanto a nuevas propuestas de planificación espacial como a participaciones orientadas a mantener y conservar los trazados existentes se mantuvieron especialmente activas durante las primeras décadas del siglo recién inaugurado, en la linea de la centuria anterior. Sin embargo la notabilidad del Prado Viejo aumentó considerablemente a partir de la década de los treinta. El incendio del viejo Alcázar en 1734 motivó el desplazamiento de la Corte hacia el frente oriental de la Villa, al establecerse la residencia oficial de los soberanos en Madrid en el Real Sido del Buen Retiro, circunstancia que provocó la activación de nuevos programas de ennoblecimiento y dignificación de la periferia madrileña en tanto que principal escenario político.
Tanto Felipe V como Fernando VI respaldaron durante sus años de gestión nuevos proyectos de corrección y regularización de los terrenos que constituían el confín oriental de la ciudad. Durante el reinado del primer Borbón se aprobaron asignaciones específicas para el cuidado de los paseos madrileños entre los que el Prado Viejo se consideraba el principal. Fernando VI impulsó la renovación dc la puerta de Atocha y la dignificación de su entorno, en cuyo proyecto se incorporó la ampliación del Hospital General y la demarcación del nuevo paseo de las Delicias como prolongación sur del Prado Viejo. Posteriormente promovió la urbanización norte del Prado, a partir de la sustitución del viejo portillo de los Recoletos por una nueva estructura, planteamiento que surgió unido a la construcción del monasterio de las
Salesas Reales y reordenación del barrio del Barquillo.
A pesar de la ininterrumpida participación desarrollada en el Prado desde la centuria anterior, la renovación urbanística más profunda de la periferia madrileña se lograría durante
la segunda mitad del siglo XVIII, bajo el reinado de Carlos II] y el ministerio de tan
destacados personajes como el Conde de Aranda y Floridablanda. Avalando su tradicional
carácter de paseo, emblema y baluarte en tanto que principal enclave de reunión ciudadana y entrada oficial a la Villa, Carlos III y sus colaboradores se empeñaron en la culminación de un proceso largamente acariciado, proyectando una reforma de gran envergadura que corrigiera de una vez por todas las imperfecciones que se habían perseguido a lo largo de los años. Con el respaldo del Monarca se puso en marcha, en 1767, el planteamiento urbano de mayor magnitud hasta entonces emprendido en la Villa, según los planes de José de Hermosilla, auténtico artífice de la reforma.
Se canalizó el arroyo y con ello se puso fin a los estragos derivados de los frecuentes
desbordamientos del cauce. Se construyeron estanques para abastecimiento de los plantíos y
fuentes. Se ensanchó el tramo central del Prado demarcado a modo de salón de trazado
circoagonal. Se tipificaron las funciones de las carreras, estableciéndose unas calles para peatones, otras para carruajes y otras para el tráfico comercial que absorbía el eje del Prado
por la presencia del pósito. Por último se proyectó una alcantarilla como medio de control de los vertidos que hasta entonces habían dificultado la transitabilidad por el sector.
Conseguida una plataforma urbana inmejorable, a partir de los años 80 bajo el ministerio de Floridablanca, se emprendió una nueva propuesta consistente en crear en el
tramo de Atocha una fachada monumental a la ciudad a la vez que un área estudio o emporio cultural a través de un conjunto de edificios de carácter científico proyectados para aquel
sector del Prado. Ni Carlos III ni sus colaboradores en tan vasta empresa urbana lograron ver acabada tan magna obra que sin concluir a finales del siglo quedó brutalmente paralizada por los acontecimientos de 1808. A partir de entonces el Prado sufrió una serie de cambios y
modificaciones hasta alcanzar el desarrollo que presenta en la actualidad.
Conforme a los objetivos determinados y en base al sólido repertorio documental hallado, que nos ha permitido clarificar cada uno de los planteamientos propuestos, hemos
convenido estructurar el trabajo en cuatro apartados correspondientes a una demarcación
temática.
La primera parte, dedicada integramente al Prado Viejo durante el siglo XVII, está dividida a su vez en cuatro capítulos específicos. El primero se refiere exclusivamente a la evolución urbanística que experimentó el sector durante la citada centuria, tomando como base las participaciones ocurridas durante las últimas décadas del siglo XVI. Este capítulo lo hemos organizado, para mayor claridad, de modo cronológico, planteando el alcance y repercusión de cada uno de los proyectos de planificación materializados en el Prado durante
el periodo referido.
Hemos dedicado un segundo capítulo a la política de mantenimiento y conservación
de los trazados, desde el análisis de las obligaciones de los encargados de tales menesteres y de otros aspectos concretos como riegos, plantíos, limpieza y empedrados de las carreras.
En el tercer apartado, referido a la presencia de aguas en el Prado, hemos tratado
tanto el tema del arroyo y la política de integración de este accidente natural a partir de la
construcción de puentes, paredones, estacadas y el carcavón de Atocha, como obra de ingenieria orientada a controlar el recorrido del cauce a su paso por Atocha, como los viajes de agua y el resto de las corrientes que libremente fluían por el Prado, por la notable repercusión que estas realidades tuvieron en la periferia madrileña.
Por último hemos dedicado un cuarto capítulo a las fuentes, incidiendo tanto en la valoración de la actividad constructiva como en la secuencia reparadora dirigida a mantener
en perfecto estado los elementos preferidos como recursos de ornamentación urbana. Siguiendo el esquema organizativo de la primera parte, el segundo bloque de la
investigación, referido al Prado Viejo durante el siglo XVíII, está dividido a su vez en otra
serie de capítulos específicos.
Hemos dedicado un primer apartado al análisis de la continuidad de los procesos de
configuración urbana del sector desde los primeros años del siglo XVIII hasta 1767, momento
en que se puso en marcha la reforma del Prado en base al proyecto de José de Hermosilla. En el capítulo sexto hemos evaluado la política de conservación de los trazados en la linea
del siglo anterior, atendiendo del mismo modo a aspectos concretos como las responsabilidades de los encargados del mantenimiento, sistemas de riegos y plantíos, limpieza y empedrados de las carreras y construcción de puentes y medidas de control del
arroyo. El capítulo séptimo está dedicado al estudio de las fuentes desde los primeros años del siglo XVIII hasta 1767.
Por último hemos dedicado un amplio capítulo a la gran transformación del Prado
activada en 1767 según los planteamientos de José de Hermosilla y las participaciones
posteriores de Ventura Rodríguez. Como apartado complementario hemos valorado el Prado
de Atocha tanto como fachada monumental a la ciudad como desde su función de emporio
científico y cultural por la concentración de equipamientos surgidos a partir de 1780, referenciando las construcciones del Hospital General, Jardín Botánico, Gabinete de Ciencias
Naturales, Observatorio Astronómico y Plateria Martínez por constituir los episodios
arquitectónicos integrantes de tan vasto proyecto.
La tercera parte del trabajo está dedicada a las fachadas arquitectónicas del Prado durante los siglos XVII-XVIII. Integran este apartado una serie de capítulos dedicados al
análisis de la arquitectura nobiliaria, religiosa y de servicios públicos surgida en el sector durante los parámetros cronológicos referidos.
La última parte del estudio se refiere a la valoración del Prado desde una vertiente
sociológica, insistiendo en su análisis como lugar de paseo y como escenario de hechos de matiz claramente triunfalistas.
Por la multiplicidad de puntos de vista abordados y a pesar de la localización de un
amplio repertorio documental inédito que constituye la principal aportación al trabajo que
presentamos, algunos de los documentos citados habían sido referenciados en estudios publicados, no obstante, hemos vuelto a revisarlos para buscar nuevas lecturas e interpretaciones y contextualizarlos como parte de un proyecto de carácter global.
Como complemento al estudio añadimos un apéndice elaborado en base a la documentación que hemos considerado de mayor interés para la investigación. En cuanto al
proceso de transcripción hemos mantenido la ortografía literal, sin añadir signos de
puntuación ni correcciones ortográficas.
Por último hemos considerado de rigor incorporar en la bibliografía tanto las obras
referenciadas en el texto como aquéllas que de forma indirecta hemos utilizado.
Antes de concluir este capítulo introductorio quiero agradecer la ayuda y apoyo a una
serie de personas e instituciones que desde sus posiciones han contribuido en la elaboración de este trabajo.
En primer lugar quiero expresar mi más sincero agradecimiento a mi directora de
Tesis doña Virginia Tovar Martín, tanto a nivel profesional, cuyas pautas reitero han sido
fundamentales y de gran valía para la elaboración de este estudio, como a nivel personal por los consejos, ánimos y estímulos que, como persona generosa, siempre me ha brindado. A la Universidad Complutense y a la Fundación Caja Madrid por las ayudas concedidas que han permitido la conclusión de este trabajo. Al departamento de Arte II de la Universidad Complutense y especialmente a don Diego Suárez Quevedo, de quien, desde la amistad que nos une, siempre encontré apoyo y comprensión.
Debo agradecer la amabilidad y ayuda al personal de los diferentes archivos en los que
he investigado durante estos años y especialmente a don Francisco Lizarza, presidente de la
Congregación de San Fermín de los Navarros que con total desinterés puso a mi disposición los fondos del Archivo de la Real Congregación. A los compañeros que siempre me han alentado a seguir desde ese grado de complicidad que siempre nos ha unido y en especial a Femando López, autor del repertorio gráfico del trabajo. A mi familia en general, a mis padres y hermanos por sus palabras de aliento durante estos años. A mis amigos por apoyarme en momentos de flaqueza, especialmente a Man Luz, Féliz, Isabel, Ana y Elisa. Por último debo expresar mi total gratitud a Femado, verdadero soporte en este arduo camino por su inestimable y desinteresada ayuda, comprensión y por creer siempre en mi.
FASC E JI
E ]L FflA 00 XTT E cro - s TaLIO 2CXTT JI
CAPITULO 1
EVOLUCIÓN URBANÍSTICA DEL PRADO VIEJO DURANTE EL SIGLO XVII.
1. SIGLO XVI.
ANTECEDENTES. PRIMERAS PARTICíPACIONES EN EL PRADO.
En 1561 Madrid se convirtió en sede estable de la Corte. La decisión adoptada por Felipe II resultaría un hecho de gran transcendencia desde un punto de vista histórico y de
singular importancia para la historia de la ciudad’.
La Villa, debido a la nueva condición adquirida y a la función representativa que, a partir de entonces, debería asumir, precisó, como imperativo de primer orden, de una
inmediata planificación urbana orientada a transformarla en una ciudad digna y capacitada
para albergar la Capital del Imperio.
Si bien antes del asentamiento de la Corte, Madrid había experimentado ciertas mejoras localizadas principalmente en el Alcázar y sus aledaños2, espacios directamente relacionados con la imagen del poder, a partir de la asunción de la capitalidad las reformas se proyectaron con un carácter más global, desde la pretensión de modificar el semblante de
‘ sobre las causas que motivaron el establecimiento de la
Corte en Madrid véase, Alvar Ezquerra, A.: Felipe IX, la corte
y Madrid en 1561. Madrid, 1985.
2 Montero Vallejo, M.: “Reformas urbanas en Madrid en la época de Carlos 1”, en Actas del Congreso Madrid en el contexto
de .Io Hispánico desde la época de los Descubrimientos. Madrid,
1994, págs. 141—153.
la vieja Villa desde un punto de vista urbano-arquitectónico, adaptando su fisonomía a la nueva realidad, produciéndose en este sentido los primeros pasos para dotar a Madrid de una imagen acorde a su rango de Ciudad-Capital3.
El arquitecto real Juan Bautista de Toledo, por expreso deseo del Rey, asumió la responsabilidad de dirigir los planes de transformación de la fisonomía madrileña. Partiendo de la propia realidad urbana de Madrid, determinó las claves y directrices que habían de guiar las modificaciones que se perseguían, concibiendo una idea propia de ciudad que plasmó en el célebre memorial que dirigió a Felipe II informándole “sobre las obras que precisaba la
villa de Madrid4”.
Juan Bautista de Toledo distinguió claramente los elementos arquitectónicos, referidos a los edificios representativos y de utilidad pública que, como catedral, pósito, colegios, hospitales o cárceles, debían estar presente en el entramado urbano, de aquellas obras que,
Iñiguez Alnech, F.: “Juan de Herrera y las reformas en el
Madrid de Felipe II”, en R.B..A.M, tomo XIX, 1950, págs. 3—108. Gómez Iglesias, A.: “La transformación de Madrid durante reinado de Felipe II y la creación de las primeras Juntas de urbanismo”,
en Villa de Madrid, año V, 1967, n2 22—23, págs. 29—40.
Tovar Martín V.: Arquitectura madrileña del siglo XVII. (Datos
para su estudio). I.E.M. Madrid, 1983, págs. 29—37. Alvar
Ezguerra, A.: El nacimiento de una capital europea. Madrid entre
1561 y 1606. Madrid, 1989. Idem. “Nacimiento y consolidación de
Madrid-Corte: 1561—1606”, en Visión Histórica de Madrid. (siglos
1<171 al XX). Colección Torre de los Lujanes. Madrid, 1991, págs.
11—36. Tovar Martín, V.: “Madrid en el siglo XVI: La moderna Capital Nueva”, en Historia de Madrid. Madrid, 1993. págs. 119— 138. Cámara Muñoz, A.: “Modelo urbano y obras en Madrid en el reinado de Felipe II”, en Actas del Congreso, Madrid en el
contexto de lo hispánico desde la época de los descubrimientos”.
Madrid, 1994, págs. 31—48. Barbeito, J. M.: “La capital de La
Monarquía, 1535—1600”, en Madrid, Atlas Histórico de la Ciudad.
Madrid, 1995, págs. 32—39.
Rivera, Blanco, J.J.,: Juan Bautista de Toledo y Felipe II.
La implantación del clasicismo en España. Valladolid, 1984. El
referido memorial, A.G.S., leg. 247—1, sin fecha ni firma, según Javier Rivera, quien lo dio a conocer, debió ser redactado entre 1564—1566 bajo las instrucciones de Juan Bautista de Toledo.
Cámara Muñoz, Op. cit. págs. 34—38. Alvar EZqUCrra “Nacimiento
y consolidación... Op. cit., págs. 17—18.
definidas en reformas urbanísticas concretas como la regularización de la Plaza Mayor, la apertura de la calle Real o la planificación de los sistemas de abastecimiento, contribuirían a mejorar las condiciones de habitabilidad y en consecuencia la propia imagen de la ciudad. A partir de los años 80 el arquitecto Juan de Herrera le releyó en la dirección de los planes de reforma5.
Reiteramos que el establecimiento de la Corte tuvo notables repercusiones en la Villa. Quizá la más significativa tite el considerable y vertiginoso aumento demográfico que experimentó, consecuencia lógica del hecho histórico, que vino a romper el equilibrio antecendente. Esta realidad provocó la expansión de la ciudad más allá de sus límites, de ahí que las primeras reformas emprendidas se retiñesen al ensanchamiento de la población más allá de los recintos murados, procediéndose al derribo de algunas de las puertas históricas que como la de la Vega y Balnadú, hasta entonces, marcaban los contornos del perímetro urbano6.
Al tiempo, se emprendió una importante empresa de búsqueda y localización de agua en los aledaños de la Villa, rica en manantiales, y su conducción hasta el interior de la población, para procurar el abastecimiento de una ciudad que vio triplicar en muy poco tiempo el número de habitantes.
Al margen de las intervenciones dirigidas a mejorar las condiciones de habitabilidad, es ahora cuando surge un notable interés por la planificación de la periferia madrileña, de sus vías y caminos de acceso. En 1564, Felipe II ordenó la repoblación de los tenitorios emplazados una legua afrededor de Madrid. De esa época datan las primeras plantaciones a
~ Iñiguez Almech, Op. cit.
~ Cámara Muñoz, Op. cit., pág. 34. 5
orillas del Manzanares, cuyo interés por conservarlas se concretó en el nombramiento de personas encargadas de su cuidado y mantenimiento1. El Prado Viejo, la Elipa, el camino de Vallecas, en definitiva los parajes que constituían los terrenos suburbanos de la población, conocieron durante el período filipino sus primeras repoblaciones. Se dictaron ordenanzas específicas para regular la conservación de estos territorios, entre las que figuraron provisiones concretas referidas a riegos y plantíos’.
La necesidad de regular y planificar las intervenciones urbanas motivó la creación de la primera Junta de Urbanismo (1580) y de Policia y Ornato público (1590), organismos encargados del control y verificación de todos los planes de limpieza, construcción, ornato, emprendrados, etc, que se emprendieran en la Corte9.
A pesar de todas las vías de participación apuntadas, las actuaciones que polarizaron el mayor interés siguieron siendo aquéllas referidas a la composición de los principales escenarios aúlicos. En este sentido, se impulsaron nuevos planes de acondicionamiento y embellecimiento del Alcázar que, por su condición de residencia regia, se enriqueció con nuevas construcciones como la torre Dorada, al tiempo que se prosiguió con la composición y mejora de sus aledaños’0.
‘ Alvar Ezquerra, Nacimiento y consolidación... Op. cit.,
pág. 18.
Tovar Martín, Madrid en el siglo XVI.. Op. cit., pág. 135. González de Amezúa, A.: “Las primeras ordenanzas municipales de la Villa y Corte de Madrid”, en R.B.A.M., tomo III, 1926, págs. 401—429. Idem. “El bando de policia de 1591 y
el pregón general de 1613 para la Villa de Madrid”, en R.B.A.M., tomo X, 1933, págs. 153—162. Gómez Iglesias, Op. cit.
10 Tovar Martín, “Madrid en el siglo XVI... Op. cit., págs.
130—131. Gerard, V.: De Castillo a Palacio. El Alcázar de Madrid
en el siglo XVI. Bilbao, 1964, págs. 75—141.