FX LADO OSCURO
DE MARÍA
(El gran fraude de las apariciones marianas,
Prim era edición: abril, 1992. © Gabriel C arrión, 1992.
© de la presente edición: Editorial A G U A C L A R A
Tato, 6 - bajos, 03005 Alicante Tf. 96/512 16 75
Rafael Bonet diseñó la colección e ideó la portada. Editorial A G U A C LA R A com puso los textos y G raphic-3 S. A. (Pol. Ind. Ciudad M udeco / Quart de Poblet / Valencia) los imprimió.
I.S.B.N.: 8 4 - 8018 - 0 0 5 - 6
Depósito legal: V - 1551 -1992
Printed in Spain
' )
Quisiera dedicarle este libro a la única mujer que ha merecido la pena conocer a lo largo de toda mi vida, Angeles Rocamora.
Prim era edición: abril, 1992. © Gabriel C arrión, 1992.
© de la presente edición: Editorial A G U A C L A R A
Tato, 6 - bajos, 03005 Alicante Tf. 96/512 16 75
Rafael Bonet diseñó la colección e ideó la portada. Editorial A G U A C LA R A com puso los textos y G raphic-3 S. A. (Pol. Ind. Ciudad M udeco / Quart de Poblet / Valencia) los imprimió.
I.S.B.N.: 8 4 - 8018 - 0 0 5 - 6
Depósito legal: V - 1551 -1992
Printed in Spain
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Quisiera dedicarle este libro a la única mujer que ha merecido la pena conocer a lo largo de toda mi vida, Angeles Rocamora.
Es difícil para un escritor afrontar con cierto rigor el fenómeno de las apariciones m arianas en España, y pretender salir airoso. Si cuando M anuel Carballal y yo nosenfrentam os a El síndrome del Maligno los escollos que tuvimos que superar fueron innm uerables, con la expe riencia de El lado oscuro de M aría me he econtrado con esa España que todavía sigue siendo intolerante, con gentes incapaces de recono cer sus propias incongruencias y con una de las m ayores estafas a la fe Je la gente sencilla que yo conozco.
Estoy convencido, y así lo he m anifestado en m ultitud de ocasio nes, de que, si la Virgen levantase la cabeza o descendiese de los :ielosTposiblem ente se echaría a temblar, pero de rabia, al ver lo que ;n su nombre se está haciendo. Y ésa es, precisam ente, la finalidad de íste libro, que no nace con grandes pretensiones didácticas: la de nostrar una parte del fenómeno que m ueve en este país muchos millo- íes de pesetas, y a algunos cientos de miles de personas.
Pero, y la Iglesia ¿qué opina al respecto? Lo fácil para mí, y a la 'e z m enos com p ro m etid o , h u b iera sido o b v iar este im po rtante nterrogante a la hora de acom eter el libro. Sin em bargo, para los que ne conocen hubiera sido im perdonable, y una pequeña traición a los irincipios que siempre me han anim ado a escribir; y a cuantos no me onocen, que son m ayoría, tam bién les hubiera parecido que faltaba lgo realm ente im portante. Es por ello que, agarrando el toro por los uem os, el capítulo prim ero está precisam ente dedicado a ese tema.
Se me conoce com o escrito polém ico, pero nada más lejos de la salidad; m e considero un cronista de tem as no dem asiado comunes, on una gran dosis de escepticism o y quizá de ironía literaria que, si -iviera que reconocer algo, reconocería estar de vuelta de ciertas co as. Fui, y es una declaración de buenas intenciones, al seminario,
donde pasé algunos de los m ejores años de mi vida; y, como todos los jóvenes que cum plim os la quincena con la dem ocracia, me consideré perdido siempre entre los que estuvieron en M ayo del 68 y los jóvenes cerebros del m undo inform ático actual. Ideológicam ente de ninguna parte, he rezado cuanto había que rezar, y me he m anifestado en contra cuando en conciencia así lo he considerado justo.
Pero, con todo este rollo, ¿qué pretendo? Simplemente, com entar les que soy un ser norm al, más bien tirando a irónico, que lo único que ha reivindicado siempre ha sido el derecho a poder elegir claram ente cómo pasar por esta historia que nos ha tocado vivir a todos.
Y para los amantes de las sinopsis y de la conclusiones; para todos aquellos que buscan entre líneas; para quienes — gracias no sé si a M aría— siempre me han apoyado; y sobre todo para quienes me van a seguir odiando, decirles que; ¡no!, que no creo en las apariciones m arianas tal y como se están viviendo en la actualidad. Porque si un trozo de árbol quem ado en Huelva fuese la Virgen del Alm endro; o si dos pequeñas piedras bendecidas en El Escorial pudiesen curar; o si fuese lícito ver a la Virgen en una botella de agua de manantial ex puesta a los rayos del sol... entonces, habría que preguntarse: ¿qué carajo está pasando en el cielo?
22/01/92
Es difícil para un escritor afrontar con cierto rigor el fenómeno de las apariciones m arianas en España, y pretender salir airoso. Si cuando M anuel Carballal y yo nosenfrentam os a El síndrome del Maligno los escollos que tuvimos que superar fueron innm uerables, con la expe riencia de El lado oscuro de M aría me he econtrado con esa España que todavía sigue siendo intolerante, con gentes incapaces de recono cer sus propias incongruencias y con una de las m ayores estafas a la fe Je la gente sencilla que yo conozco.
Estoy convencido, y así lo he m anifestado en m ultitud de ocasio nes, de que, si la Virgen levantase la cabeza o descendiese de los :ielosTposiblem ente se echaría a temblar, pero de rabia, al ver lo que ;n su nombre se está haciendo. Y ésa es, precisam ente, la finalidad de íste libro, que no nace con grandes pretensiones didácticas: la de nostrar una parte del fenómeno que m ueve en este país muchos millo- íes de pesetas, y a algunos cientos de miles de personas.
Pero, y la Iglesia ¿qué opina al respecto? Lo fácil para mí, y a la 'e z m enos co m p ro m etid o , h u b iera sido o b v iar este im po rtante nterrogante a la hora de acom eter el libro. Sin em bargo, para los que ne conocen hubiera sido im perdonable, y una pequeña traición a los irincipios que siempre me han anim ado a escribir; y a cuantos no me onocen, que son m ayoría, tam bién les hubiera parecido que faltaba lgo realm ente im portante. Es por ello que, agarrando el toro por los uem os, el capítulo prim ero está precisam ente dedicado a ese tema.
Se me conoce com o escrito polém ico, pero nada más lejos de la salidad; m e considero un cronista de tem as no dem asiado comunes, on una gran dosis de escepticism o y quizá de ironía literaria que, si -iviera que reconocer algo, reconocería estar de vuelta de ciertas co as. Fui, y es una declaración de buenas intenciones, al seminario,
donde pasé algunos de los m ejores años de mi vida; y, como todos los jóvenes que cum plim os la quincena con la dem ocracia, me consideré perdido siempre entre los que estuvieron en M ayo del 68 y los jóvenes cerebros del m undo inform ático actual. Ideológicam ente de ninguna parte, he rezado cuanto había que rezar, y me he m anifestado en contra cuando en conciencia así lo he considerado justo.
Pero, con todo este rollo, ¿qué pretendo? Simplemente, com entar les que soy un ser norm al, más bien tirando a irónico, que lo único que ha reivindicado siempre ha sido el derecho a poder elegir claram ente cómo pasar por esta historia que nos ha tocado vivir a todos.
Y para los amantes de las sinopsis y de la conclusiones; para todos aquellos que buscan entre líneas; para quienes — gracias no sé si a M aría— siempre me han apoyado; y sobre todo para quienes me van a seguir odiando, decirles que; ¡no!, que no creo en las apariciones m arianas tal y como se están viviendo en la actualidad. Porque si un trozo de árbol quem ado en Huelva fuese la Virgen del Alm endro; o si dos pequeñas piedras bendecidas en El Escorial pudiesen curar; o si fuese lícito ver a la Virgen en una botella de agua de manantial ex puesta a los rayos del sol... entonces, habría que preguntarse: ¿qué carajo está pasando en el cielo?
22/01/92
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___ T ¿CUÁL ES LA OPINIÓN DE LA IGLESIA SOBRE LAS APARICIONES MARIANAS?
Lo imposible lo hacemos de inmediato. Para los milagros tardamos algo más.
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___ T ¿CUÁL ES LA OPINIÓN DE LA IGLESIA SOBRE LAS APARICIONES MARIANAS?
Lo imposible lo hacemos de inmediato. Para los milagros tardamos algo más.
Habría deseado contar, para este primer capítulo del libro, con la opinión personal del Sumo Pontífice; sin embargo no he recibido, hasta la fecha, contestación a las cartas que a tal efecto remití en su momento a la Santa Sede. Claro que la verdad es que tampoco esperaba recibir esa respuesta: uno no es tan ingenuo. Por ello, debido al silencio de los altos jerarcas, he debido conformarme con lo que varios sacerdotes han tenido a bien ir comentándome a lo largo de los últimos años, cuyo valor es indudable.
Don Manuel Barberá Egío fue durante mucho tiempo el sacerdote a través del cual aprendí a conocer la-Teología de la Liberación, y uno de los responsables de que autores como Hans Küng formaran parte de mis lecturas de adolescencia. Pues bien, cuando ya lo creía perdido por el trasiego al que nos obliga la vida y con una ubicación muy dudosa para m í en la diócesis donde desarrollaba su labor pastoral, me encontré un buen día, al abrir un diario, con la foto de este cura y un escrito titulado: «Apariciones y más apariciones». Una vez más, y sin saberlo, Manuel venía en mi ayuda. Me puse en contacto con él y, previas reticencias; abrazos, parabienes y un par de misas que hube de escuchar, me dejó fotocopiar íntegramente el texto de aquel artículo:
Apariciones y más apariciones
D e vez en cuando surgen noticias sobre apariciones de la Virgen y revelacion es de Jesu cristo y de Vírgenes que lloran, y adem ás existen sectas anunciando catástrofes e interven ciones de D ios p a ra aca b a r con este mundo corrom pido y a lejado de la fe . Y con todo ello, lo único que se consigue es aleja r aún m ás a l hom bre de D ios.
L os segu idores de Jesús debem os tener el suficiente crite rio com o p a ra no acep ta r estas cosas p o r las buenas, sino profu n dizar seriam en te en ellas. N o podem os ser crédulos.
12
)
¿Qué nos dice la teología sobre estos hechos supuesta mente m ilagrosos?El Diccionario de Teología Espiritual, en el artículo sobre «La A parición» d ice a s í de claro: «En cuanto a las revelacio nes particu lares que han sido hechas a los santos, la Iglesia NO OBLIGA a creerlas incluso cuando las aprueba, porque con su aprobación, lo que quiere d ecla rar es que no encuentra en ellas nada que sea contrario a la f e o a la m oral».
El teólogo M elchor Cano dice: «Poco im porta que se crea o no en las revelaciones de Santa B rígida o en cualquier otra. E sas cosas no se refieren en absoluto a la f e católica».
E l P apa Benedicto XIV afirm a: «¿Q ué hay que p en sar de las revelaciones p riva d a s aprobadas p o r la Santa Sede? Yo declaro que no es obligatorio, ni siquiera posible, aceptarlas com o p a rte de la fe católica; sólo se trata de una creencia hu mana, conforme a las reglas de la p ro p ia prudencia humana». Según estos textos, las aparicion es y revelaciones p a rticu lares no tienen en ningún caso ca rácter obligatorio p a ra ser creídas p o r p a rte de los católicos. No se pueden equiparar a la única y definitva revelación de D ios p o r p arte de Jesu cris to, pred ica d a p o r los apóstoles y cerrada con la m uerte de los mismos. No es, p o r tanto, ningún p eca d o no creerlas. La Iglesia aprueba la p o sib ilid a d de la aparición o revelación, pero no obliga a creerla.
Entonces, ¿por qué la Iglesia aprueba ciertas devociones, que tienen su origen en alguna revelación particu lar? P o d e m os afirm ar con el p a d re Paulain que «cuando la Iglesia instituye ciertas devociones que tienen su origen en una reve lación o aparición com o tal, queda reducida a una p ia do sa credibilidad humana, que no tiene nada de obligatorio. Lo que ha salido de ellas es útil p a ra la vida espiritual de las person as. Eso es lo único que le interesa a la Iglesia».
D e lo dicho hasta ahora, po dem o s sa ca r ya algunas conclu siones: la Iglesia con esta m anera de p ro ce d er quiere decir:
a) que no hay en dicha aparición o revela ció n—cuan do la aprueba— nada contrario a la fe ;
Habría deseado contar, para este primer capítulo del libro, con la opinión personal del Sumo Pontífice; sin embargo no he recibido, hasta la fecha, contestación a las cartas que a tal efecto remití en su momento a la Santa Sede. Claro que la verdad es que tampoco esperaba recibir esa respuesta: uno no es tan ingenuo. Por ello, debido al silencio de los altos jerarcas, he debido conformarme con lo que varios sacerdotes han tenido a bien ir comentándome a lo largo de los últimos años, cuyo valor es indudable.
Don Manuel Barberá Egío fue durante mucho tiempo el sacerdote a través del cual aprendí a conocer la-Teología de la Liberación, y uno de los responsables de que autores como Hans Küng formaran parte de mis lecturas de adolescencia. Pues bien, cuando ya lo creía perdido por el trasiego al que nos obliga la vida y con una ubicación muy dudosa para m í en la diócesis donde desarrollaba su labor pastoral, me encontré un buen día, al abrir un diario, con la foto de este cura y un escrito titulado: «Apariciones y más apariciones». Una vez más, y sin saberlo, Manuel venía en mi ayuda. Me puse en contacto con él y, previas reticencias; abrazos, parabienes y un par de misas que hube de escuchar, me dejó fotocopiar íntegramente el texto de aquel artículo:
Apariciones y más apariciones
D e vez en cuando surgen noticias sobre apariciones de la Virgen y revelacion es de Jesu cristo y de Vírgenes que lloran, y adem ás existen sectas anunciando catástrofes e interven ciones de D ios p a ra aca b a r con este mundo corrom pido y a lejado de la fe . Y con todo ello, lo único que se consigue es aleja r aún m ás a l hom bre de D ios.
L os segu idores de Jesús debem os tener el suficiente crite rio com o p a ra no acep ta r estas cosas p o r las buenas, sino profu n dizar seriam en te en ellas. N o podem os ser crédulos.
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¿Qué nos dice la teología sobre estos hechos supuesta mente m ilagrosos?El Diccionario de Teología Espiritual, en el artículo sobre «La A parición» d ice a s í de claro: «En cuanto a las revelacio nes particu lares que han sido hechas a los santos, la Iglesia NO OBLIGA a creerlas incluso cuando las aprueba, porque con su aprobación, lo que quiere d ecla rar es que no encuentra en ellas nada que sea contrario a la f e o a la moral».
El teólogo M elchor Cano dice: «Poco im porta que se crea o no en las revelaciones de Santa B rígida o en cualquier otra. E sas cosas no se refieren en absoluto a la f e católica».
E l P apa Benedicto XIV afirm a: «¿Q ué hay que p en sar de las revelaciones p riva d a s aprobadas p o r la Santa Sede? Yo declaro que no es obligatorio, ni siquiera posible, aceptarlas com o p a rte de la fe católica; sólo se trata de una creencia hu mana, conforme a las reglas de la p ro p ia prudencia humana». Según estos textos, las aparicion es y revelaciones p a rticu lares no tienen en ningún caso ca rácter obligatorio p a ra ser creídas p o r p a rte de los católicos. No se pueden equiparar a la única y definitva revelación de D ios p o r p arte de Jesu cris to, pred ica d a p o r los apóstoles y cerrada con la m uerte de los mismos. No es, p o r tanto, ningún p eca d o no creerlas. La Iglesia aprueba la p o sib ilid a d de la aparición o revelación, pero no obliga a creerla.
Entonces, ¿por qué la Iglesia aprueba ciertas devociones, que tienen su origen en alguna revelación particu lar? P o d e m os afirm ar con el p a d re Paulain que «cuando la Iglesia instituye ciertas devociones que tienen su origen en una reve lación o aparición com o tal, queda reducida a una p ia do sa credibilidad humana, que no tiene nada de obligatorio. Lo que ha salido de ellas es útil p a ra la vida espiritual de las person as. Eso es lo único que le interesa a la Iglesia».
D e lo dicho hasta ahora, po dem o s sa ca r ya algunas conclu siones: la Iglesia con esta m anera de p ro ce d er quiere decir:
a) que no hay en dicha aparición o revela ció n—cuan do la aprueba— nada contrario a la fe ;
b) que el contenido de la devoción, no la aparición o revelación, pu ede ser d e ayuda espiritual p a ra la person as;
c) que no es obligatorio creer dicha aparición o re velación.
Podem os ir, p o r tanto, de peregrinación a los lugares aprobados p o r la Iglesia, porqu e son lugares de reflexión, encontram os p a z y sosiego espiritual, p ero a la vez podem os cre er que no es verdad la aparición, porqu e lo que acep ta m os es el contenido, com o p o r ejem plo, la figura de M aría la Virgen, aunque científica y teológicam ente dichas a pa ricio nes sean sólo un fenóm en o de proyección ilusoria.
San Juan de la Cruz, gran teólogo y m ístico español, cuyo centenario estam os celebrando, dice sobre las person as que andan buscando las apariciones, que están pendientes de re velaciones, secretos religiosos y cosas espectaculares, a p ara tosas o triunfalistas: « E l-qu e ahora quisiera pregu n tar a D io s o qu erer alguna visión o revelación, no sólo haría una cosa necia, sino que haría una ofensa a D ios. A todos ellos, D ios les p o d ría responder: ‘Si te he dicho todas las cosas p o r m edio de C risto, que es m i p a la b ra y no tengo otra cosa, ¿qué te pu edo respon der o revelar de nuevo? Pon los ojos só lo en Jesús, p orqu e p o r El lo he dicho todo, y encontrarás en E l todo lo que deseas o pid es, y aún m á s.’»
D ios, pues, ya no tie n e nada m ás que decirnos. Si qu ere m os saber lo que D io s quiere p a ra nosotros, conozcam os m ás y m ejor a Jesucristo, su evangelio. N o hacem os caso del evangelio y vam os a escuchar a esas person as que nos dicen que la Virgen les habla, p a ra que ellas a su vez transmitan esos m ensajes, la m ayoría de veces catastrofistas.
En el evangelio vem os cómo Jesús no actúa d e una m ane ra aparatosa y triunfalista, su estilo es otro: no hace m ila g ros cuando se lo piden con fin es epectaculares. El Reinado de D ios no vendrá com o un D esfile de la Victoria, solem ne y m ajestuoso, sino que el m ismo Jesús lo com para con algo que no se nota, que no hace ruido: con una sem illa de trigo, con un grano de m ostaza. Y cuando hizo acciones, com o
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curar enfermos y otras, el evangelio no las llama p o rten to s,
sino signos del am or de D ios p a ra la liberación de la p e r s o na, y Jesús siem pre añade «no lo digáis a nadie».
El m ensaje de D ios m anifestado en Jesucristo siem pre es mensaje de p a z, de esperanza, de libertad, de ánim o, de ilu sión, de vida; no es un m ensaje catastrofista, de condena, de am enazas, etc., com o los que lanzan estos videntes religiosos. Si nos dam os cuenta, no dicen nada nuevo pues, en resumen, nos vienen a d ecir que hay que cam biar de vida, que hay que convertirse de una vida de pecado , cosas que, p o r otra parte, dice el evangelio, p ero en actitud de invitación y aliento, no condenatoria ni am enazante, ya que Jesús no ha venido a condenar sino a salvar.
Pero, claro, no deseaba dejar libre a Manuel con tanta facilidad, porque rara vez se encuentra uno con un sacerdote dispuesto a dialogar tan abiertamente sobre un asunto que está levantando ampollas incluso en el seno de la propia Iglesia Católica. Por ello, lo comprom etí para que se dejase entrevistar por mí, en uno de los programas que realizo para una emisora de televisión. Y allí, en un programa denominado «El Lado Oscuro», el 23 de Enero de 1992 pudimos apuntillar y m atizar algunos comentarios o frases que él había escrito y publicado. He aquí un extracto de los m ism os, que pueden resultar interesantes y muy esclarecedores sobre un tema como éste:
Gabriel Carrión: ¿Qué postu ra debe m antener un creyente
fren te a las aparicion es m añanas?
M anuel Barberá: Una postura racional; debemos creer con
una base racional, porque la fe es racional aunque no se pueda, tampoco, demostrar. Hay que colocarse ante ellas con una acti tud crítica.
G. C.: En general, y según lo escrito p o r usted, no hay o b lig a
ción de creer en las apariciones, sean m añ an as o de otro tipo.
M. B.: Si cada uno, desde su prudencia humana, desea creer
lo, pues bien, es válido hacerlo; pero se puede ser creyente sin creer en las apariciones.
b) que el contenido de la devoción, no la aparición o revelación, pu ede ser d e ayuda espiritual p a ra la person as;
c) que no es obligatorio creer dicha aparición o re velación.
Podem os ir, p o r tanto, de peregrinación a los lugares aprobados p o r la Iglesia, porqu e son lugares de reflexión, encontram os p a z y sosiego espiritual, p ero a la vez podem os cre er que no es verdad la aparición, porqu e lo que acep ta m os es el contenido, com o p o r ejem plo, la figura de M aría la Virgen, aunque científica y teológicam ente dichas a pa ricio nes sean sólo un fenóm en o de proyección ilusoria.
San Juan de la Cruz, gran teólogo y m ístico español, cuyo centenario estam os celebrando, dice sobre las person as que andan buscando las apariciones, que están pendientes de re velaciones, secretos religiosos y cosas espectaculares, a p ara tosas o triunfalistas: « E l-qu e ahora quisiera pregu n tar a D io s o qu erer alguna visión o revelación, no sólo haría una cosa necia, sino que haría una ofensa a D ios. A todos ellos, D ios les p o d ría responder: ‘Si te he dicho todas las cosas p o r m edio d e C risto, que es m i p a la b ra y no tengo otra cosa, ¿qué te pu edo respon der o revelar de nuevo? Pon los ojos só lo en Jesús, p orq u e p o r El lo he dicho todo, y encontrarás en E l todo lo que deseas o pid es, y aún m á s.’»
D ios, pues, ya no tie n e nada m ás que decirnos. Si qu ere m os saber lo que D io s quiere p a ra nosotros, conozcam os m ás y m ejor a Jesucristo, su evangelio. N o hacem os caso del evangelio y vam os a escuchar a esas person as que nos dicen que la Virgen les habla, p a ra que ellas a su vez transmitan esos m ensajes, la m ayoría de veces catastrofistas.
En el evangelio vem os cómo Jesús no actúa d e una m ane ra aparatosa y triunfalista, su estilo es otro: no hace m ila g ros cuando se lo piden con fin es epectaculares. El Reinado de D ios no vendrá com o un D esfile de la Victoria, solem ne y m ajestuoso, sino que el m ismo Jesús lo com para con algo que no se nota, que no hace ruido: con una sem illa de trigo, con un grano de m ostaza. Y cuando hizo acciones, com o
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curar enfermos y otras, el evangelio no las llama p o rten to s,
sino signos del am or de D ios p a ra la liberación de la p e r s o na, y Jesús siem pre añade «no lo digáis a nadie».
El m ensaje de D ios m anifestado en Jesucristo siem pre es mensaje de p a z, de esperanza, de libertad, de ánimo, de ilu sión, de vida; no es un m ensaje catastrofista, de condena, de am enazas, etc., com o los que lanzan estos videntes religiosos. Si nos dam os cuenta, no dicen nada nuevo pues, en resumen, nos vienen a d ecir que hay que cam biar de vida, que hay que convertirse de una vida de pecado , cosas que, p o r otra parte, dice el evangelio, p ero en actitud de invitación y aliento, no condenatoria ni am enazante, ya que Jesús no ha venido a condenar sino a salvar.
Pero, claro, no deseaba dejar libre a Manuel con tanta facilidad, porque rara vez se encuentra uno con un sacerdote dispuesto a dialogar tan abiertamente sobre un asunto que está levantando ampollas incluso en el seno de la propia Iglesia Católica. Por ello, lo comprom etí para que se dejase entrevistar por mí, en uno de los programas que realizo para una emisora de televisión. Y allí, en un programa denominado «El Lado Oscuro», el 23 de Enero de 1992 pudimos apuntillar y m atizar algunos comentarios o frases que él había escrito y publicado. He aquí un extracto de los m ism os, que pueden resultar interesantes y muy esclarecedores sobre un tema como éste:
Gabriel Carrión: ¿Qué postu ra debe m antener un creyente
fren te a las aparicion es m añanas?
M anuel Barberá: Una postura racional; debemos creer con
una base racional, porque la fe es racional aunque no se pueda, tampoco, demostrar. Hay que colocarse ante ellas con una acti tud crítica.
G. C.: En general, y según lo escrito p o r usted, no hay o b lig a
ción de creer en las apariciones, sean m añ an as o de otro tipo.
M. B.: Si cada uno, desde su prudencia humana, desea creer
lo, pues bien, es válido hacerlo; pero se puede ser creyente sin creer en las apariciones.
G. C .: ¿Qué le m otivó p a ra p u blicar ese artículo?
M . B .: Lo que me movió fue, precisamente, ese aluvión de apariciones que estamos teniendo; pensé que había que decir algo en relación con ello. Hay que desenmascarar un poco ese mundillo, ir a lo que realmente es la fe. Si antes comenté que Dios ya no tiene nada nuevo que decirnos, creo que María tam p oco... En definitiva, estoy convencido de que las apariciones nada nuevo dicen.
G. C .: C itando pala b ra s de San Juan de la Cruz, realm ente se p o d ría afirm ar que apariciones com o las de El Escorial, D olores, o todas las que están surgiendo en la Vega Baja a li cantina, ofenden a D ios.
M . B .: Pienso que sí, se podría decir perfectamente; porque si lo dijese yo sería más o m enos .discutible, pero lo afirma un gran santo de la Iglesia. Yo creo que buscar lo que Dios o la Virgen quieren de nosotros, fuera-de lo que realmente es, sí es un ofen sa. El evangelio dice poquísimas cosas de María, pero no hace falta que se nos diga más para saber de ella que fue una creyente y, porque estuvo abierta a la palabra de Dios, la cumplió. Se podría decir entonces, salvando la buena voluntad, que todo esto que usted me cita sí es una ofensa.
G. C .: Lo que está claro es que, en la m ayoría de las ocasio nes, las aparicion es m arianas nos están ofreciendo m ensajes catastrofistas, tratando de vendernos una Nueva Era de temor. E sto es a s í p o r lo m enos en el ochenta p o r ciento de los casos. ¿H asta qué punto todo eso llega a. gu ardar relación con la supuesta doctrin a que, en un m om ento determ inado, pudiese p red ica r la Virgen ?
M . B .: Por supuesto, creo que ni M aría ni Jesucristo son catastrofistas. Jesucristo dijo en el evangelio: «No he venido a condenar, sino a salvar». Y nos transmite un mensaje de espe ranza e ilusión... un m undo donde reine el amor, la justicia y la paz. Éste es el verdadero mensaje, y no ese otro amenazante que lo único que hace es repeler.
G. C .: E stas apariciones, no sólo ya las m arianas sino en gen eral todas las que están teniendo lugar en la actualidad,
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parecen esta r cargadas de cierto m atiz ideológico. D e hecho, dentro d el seno de la p ro p ia Iglesia quizás haya determ inados núcleos a los cuales les gustaría resucitar planteam ientos más tradicionales y radicales de Ia vida religiosa. P or ejem plo, en las apariciones siem pre se dice que hay que relacionarse con esos sa cerdotes partid a rio s de la m isa tridentina, la comunión de rodillas, los golpes de pecho, las flagelacion es, el rosario diario, etc. ¿H asta qué pu nto la Ig lesia está cerca de ese posicionam iento, en la actualidad?
M . B .: Estimo que en la Iglesia, como en todos los plantea mientos humanos, hay posturas y matices para todos los gustos. Esto es inevitable. Pero creo que va en otra línea que en la del conservadurismo y el retorno a tiempos pasados; aunque, repito, es cierto que hay grupos que sí lo quieren. Ahí está el movi miento de Lefévre, que se rompió precisamente por esto. Mu chas veces los mensajes de las apariciones siguen esa línea, y eso ya es sintomático de que, en muchas de ellas, no hay trigo lim pio. Son expresión de unas ideas concretas, totalm ente ideologizadas.
G. C .: Siguiendo con el tema de las apariciones, y a raíz de lo com entado en el artículo sobre ellas en relación con el p r o nunciam iento d el Diccionario Teológico sobre las m ismas, ¿se p od ría hablar, tam bién, de que Fátim a, p o r ejem plo, no debe ser tenida nada m ás que com o una aparición o revelación, sin que sea o bligatorio creer en ella?
M . B .: Sí; de las que yo tengo conocimiento, no he leído otra co sa... Yo puedo ir a Fátima y creer que la Virgen no se apare ció allí. La cita del Papa Benedicto XIV es clara: no sólo no son de creencia obligatoria sino que, además, no es posible aceptar las como parte de la fe católica... «Sólo se trata de una creencia humana».
EL PADRE PILÓN.
Por ser uno de los jesuítas más prestigiosos de este país, y precisa
G. C .: ¿Qué le m otivó p a ra p u blicar ese artículo?
M . B .: Lo que me movió fue, precisamente, ese aluvión de apariciones que estamos teniendo; pensé que había que decir algo en relación con ello. Hay que desenmascarar un poco ese mundillo, ir a lo que realmente es la fe. Si antes comenté que Dios ya no tiene nada nuevo que decirnos, creo que María tam p oco... En definitiva, estoy convencido de que las apariciones nada nuevo dicen.
G. C .: C itando pala b ra s de San Juan de la Cruz, realm ente se p o d ría afirm ar que apariciones com o las de El Escorial, D olores, o todas las que están surgiendo en la Vega Baja a li cantina, ofenden a D ios.
M . B .: Pienso que sí, se podría decir perfectamente; porque si lo dijese yo sería más o m enos .discutible, pero lo afirma un gran santo de la Iglesia. Yo creo que buscar lo que Dios o la Virgen quieren de nosotros, fuera-de lo que realmente es, sí es un ofen sa. El evangelio dice poquísimas cosas de María, pero no hace falta que se nos diga más para saber de ella que fue una creyente y, porque estuvo abierta a la palabra de Dios, la cumplió. Se podría decir entonces, salvando la buena voluntad, que todo esto que usted me cita sí es una ofensa.
G. C .: Lo que está claro es que, en la m ayoría de las ocasio nes, las aparicion es m arianas nos están ofreciendo m ensajes catastrofistas, tratando de vendernos una Nueva Era de temor. E sto es a s í p o r lo m enos en el ochenta p o r ciento de los casos. ¿H asta qué punto todo eso llega a. gu ardar relación con la supuesta doctrin a que, en un m om ento determ inado, pudiese p red ica r la Virgen ?
M . B .: Por supuesto, creo que ni M aría ni Jesucristo son catastrofistas. Jesucristo dijo en el evangelio: «No he venido a condenar, sino a salvar». Y nos transmite un mensaje de espe ranza e ilusión... un m undo donde reine el amor, la justicia y la paz. Éste es el verdadero mensaje, y no ese otro amenazante que lo único que hace es repeler.
G. C .: E stas apariciones, no sólo ya las m arianas sino en gen eral todas las que están teniendo lugar en la actualidad,
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parecen esta r cargadas de cierto m atiz ideológico. D e hecho, dentro d el seno de la p ro p ia Iglesia quizás haya determ inados núcleos a los cuales les gustaría resucitar planteam ientos más tradicionales y radicales de Ia vida religiosa. P or ejem plo, en las apariciones siem pre se dice que hay que relacionarse con esos sa cerdotes partid a rio s de la m isa tridentina, la comunión de rodillas, los golpes de pecho, las flagelacion es, el rosario diario, etc. ¿H asta qué pu nto la Ig lesia está cerca de ese posicionam iento, en la actualidad?
M . B .: Estimo que en la Iglesia, como en todos los plantea mientos humanos, hay posturas y matices para todos los gustos. Esto es inevitable. Pero creo que va en otra línea que en la del conservadurismo y el retorno a tiempos pasados; aunque, repito, es cierto que hay grupos que sí lo quieren. Ahí está el movi miento de Lefévre, que se rompió precisamente por esto. Mu chas veces los mensajes de las apariciones siguen esa línea, y eso ya es sintomático de que, en muchas de ellas, no hay trigo lim pio. Son expresión de unas ideas concretas, totalm ente ideologizadas.
G. C .: Siguiendo con el tema de las apariciones, y a raíz de lo com entado en el artículo sobre ellas en relación con el p r o nunciam iento d el Diccionario Teológico sobre las m ismas, ¿se p od ría hablar, tam bién, de que Fátim a, p o r ejem plo, no debe ser tenida nada m ás que com o una aparición o revelación, sin que sea o bligatorio creer en ella?
M . B .: Sí; de las que yo tengo conocimiento, no he leído otra co sa... Yo puedo ir a Fátima y creer que la Virgen no se apare ció allí. La cita del Papa Benedicto XIV es clara: no sólo no son de creencia obligatoria sino que, además, no es posible aceptar las como parte de la fe católica... «Sólo se trata de una creencia humana».
EL PADRE PILÓN.
Por ser uno de los jesuítas más prestigiosos de este país, y precisa
mente por haber formado parte de la Comisión Investigadora que ana lizó durante varios meses los sucesos acaecidos en El Escorial1, y más concretamente en Prado Nuevo, me interesó contactar con el padre Pilón. Aunque este contacto se produjo de forma rápida y sencilla, para que me expusiese su opinión en relación al fenómeno de las apariciones marianas. La oportunidad surgió en Vigo, en el Primer Encuentro Nacional de Investigadores del Fenómeno Paranormal, al cual fuimos gentilmente invitados.
En uno de los descansos entre ponencias, y aprovechando que coin cidimos en la barra de la cafetería, después de un breve rodeo le pedí que me aclarase lo que tanto interés tenía por conocer. Su respuesta fue contundente, precisa y sencilla:
—Yo, que soy sacerdote de devoción m añana, si creyese que las aparicion es como la de El E scorial son ciertas, ahora m ism o p erd ería mi f e en la Virgen.
Entonces com prendí por qué unos meses antes, y en El Escorial precisam ente, me habían dicho que el padre Pilón estaba haciendo pactos con el diablo. Claro que, quien me lo dijo, también me dio dos piedrecillas argumentando que curaban porque habían sido bendecidas por la Virgen en Prado Nuevo...
E N RIQ U E LÓPEZTGUERRERO.
Enrique López Guerrero es el cura párroco de M airena del Alcor, un precioso puéblo de la provincia de Sevilla, y autor de uno de los libros sobre el fenóm eno OVNI que más han marcado la década de los setenta. M irando a la lejanía del U niverso fue, en su momento, una revolucionaria tesis teológica, que conjugó la doctrina más ortodoxa de la Iglesia con las expectativas y ansias del hombre moderno.
Este sencillo párroco nació en Sevilla el 13 de noviembre de 1930; estudió en el Sem inario M etropolitano de su ciudad natal y, una vez ordenado sacerdote el 4 de junio de 1955, cursó Filosofía y Letras en
1 V er C apítulo 2.
18
la universidad hispalense, licenciándose más tarde en Psicología por la universidad de Barcelona. Desde 1964 se interesó profundamente por la investigación ufológica y prapsicológica, campo este último en el que ha realizado multitud de experiencias con el mayor rigor científi co.
Tuve la oportunidad de conocerlo hace algunos años en el Hotel Maya de Alicante, y nació entre nosotros una amistad que ha trascen dido, al menos por mi parte, al terreno de la admiración hacia un hom bre que siempre ha permanecido consecuente con sus ideas. Desde nuestros primeros encuentros tuve la precaución de ir grabando algu nas de nuestras conversaciones con el fin, lejano todavía, de poder es cribir sobre su figura. En todo este material que guardo en mi archivo, encuentro que en alguna ocasión charlamos sobre apariciones m aria nas, y su opinión como expectador concordaba perfectamente con lo anteriormente expuesto por D. Manuel Barbera; pero, además, él tuvo la oportunidad de conocer algunas apariciones y de investigarlas en primera persona.
En el capítulo cuarto, cuando hablemos sobre San Sebastián de Garabandal, nos aportará su granito de arena. Pero ahora me gustaría transcribirles el análisis que en agosto de 1989 me hizo don Enrique sobre el cómo y el porqué la gente sencilla, la gente del pueblo, llega a este tipo de fenómenos.
Nos encontrábam os en la terraza de su casa y hacía dos horas largas que discutíamos sobre lo que el padre Enrique ha dado en llamar «La Conspiración del Caos»: la Era de Acuario, los OVNIS, el mundo financiero... Todos esos temas habían sido ya pasto de discusión y aná lisis por nuestra parte, cuando le tocó el turno a las apariciones marianas:
Habla Enrique López Guerrero:
F íjate bien que, en el cam po de acción de las fu erza s del mal, hasta ahora habían encajado perfectam ente el mundo de las fin anzas, el mundo de la p o lítica , el mundo de los intelec tuales, el mundo de la pequeña burguesía. Todas esas p e r s o nas tenían cada una su sitio; bien en las sectas, en las d o ctri nas reencarnacionistas, en el gazpach o extraterrestre —pa- rapsicológico— ocultista en el que se m ezclan los OVNIS, los espíritus, etc.
mente por haber formado parte de la Comisión Investigadora que ana lizó durante varios meses los sucesos acaecidos en El Escorial1, y más concretamente en Prado Nuevo, me interesó contactar con el padre Pilón. Aunque este contacto se produjo de forma rápida y sencilla, para que me expusiese su opinión en relación al fenómeno de las apariciones marianas. La oportunidad surgió en Vigo, en el Primer Encuentro Nacional de Investigadores del Fenómeno Paranormal, al cual fuimos gentilmente invitados.
En uno de los descansos entre ponencias, y aprovechando que coin cidimos en la barra de la cafetería, después de un breve rodeo le pedí que me aclarase lo que tanto interés tenía por conocer. Su respuesta fue contundente, precisa y sencilla:
—Yo, que soy sacerdote de devoción m añana, si creyese que las aparicion es como la de El E scorial son ciertas, ahora m ism o p erd ería mi f e en la Virgen.
Entonces com prendí por qué unos meses antes, y en El Escorial precisam ente, me habían dicho que el padre Pilón estaba haciendo pactos con el diablo. Claro que, quien me lo dijo, también me dio dos piedrecillas argumentando que curaban porque habían sido bendecidas por la Virgen en Prado Nuevo...
E N RIQ U E LÓPEZTGUERRERO.
Enrique López Guerrero es el cura párroco de M airena del Alcor, un precioso puéblo de la provincia de Sevilla, y autor de uno de los libros sobre el fenóm eno OVNI que más han marcado la década de los setenta. M irando a la lejanía del U niverso fue, en su momento, una revolucionaria tesis teológica, que conjugó la doctrina más ortodoxa de la Iglesia con las expectativas y ansias del hombre moderno.
Este sencillo párroco nació en Sevilla el 13 de noviembre de 1930; estudió en el Sem inario M etropolitano de su ciudad natal y, una vez ordenado sacerdote el 4 de junio de 1955, cursó Filosofía y Letras en
1 V er C apítulo 2.
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la universidad hispalense, licenciándose más tarde en Psicología por la universidad de Barcelona. Desde 1964 se interesó profundamente por la investigación ufológica y prapsicológica, campo este último en el que ha realizado multitud de experiencias con el mayor rigor científi co.
Tuve la oportunidad de conocerlo hace algunos años en el Hotel Maya de Alicante, y nació entre nosotros una amistad que ha trascen dido, al menos por mi parte, al terreno de la admiración hacia un hom bre que siempre ha permanecido consecuente con sus ideas. Desde nuestros primeros encuentros tuve la precaución de ir grabando algu nas de nuestras conversaciones con el fin, lejano todavía, de poder es cribir sobre su figura. En todo este material que guardo en mi archivo, encuentro que en alguna ocasión charlamos sobre apariciones m aria nas, y su opinión como expectador concordaba perfectamente con lo anteriormente expuesto por D. Manuel Barbera; pero, además, él tuvo la oportunidad de conocer algunas apariciones y de investigarlas en primera persona.
En el capítulo cuarto, cuando hablemos sobre San Sebastián de Garabandal, nos aportará su granito de arena. Pero ahora me gustaría transcribirles el análisis que en agosto de 1989 me hizo don Enrique sobre el cómo y el porqué la gente sencilla, la gente del pueblo, llega a este tipo de fenómenos.
Nos encontrábam os en la terraza de su casa y hacía dos horas largas que discutíamos sobre lo que el padre Enrique ha dado en llamar «La Conspiración del Caos»: la Era de Acuario, los OVNIS, el mundo financiero... Todos esos temas habían sido ya pasto de discusión y aná lisis por nuestra parte, cuando le tocó el turno a las apariciones marianas:
Habla Enrique López Guerrero:
F íjate bien que, en el cam po de acción de las fu erza s del mal, hasta ahora habían encajado perfectam ente el mundo de las fin anzas, el mundo de la p o lítica , el mundo de los intelec tuales, el mundo de la pequeña burguesía. Todas esas p e r s o nas tenían cada una su sitio; bien en las sectas, en las d o ctri nas reencarnacionistas, en el gazpach o extraterrestre —pa- rapsicológico— ocultista en el que se m ezclan los OVNIS, los espíritus, etc.
P ero hay un secto r de la sociedad im portantísim o, y no solam ente en los p a íses subdesarrollados sino que en los avanzados también es considerable, que es «la gente senci lla»; la gente de p o ca pretensión intelectual a la que, p o r lo tanto, no se le han presen tado problem as de tipo trascenden te. No suele p en sar en los OVNIS, ni en la parapsicología, ni se ha enterado de que existe algo llam ado la Era de A cuario ni cosas p o r el estilo. Esa gente s í siente una n ecesidad de D ios; p e ro es gente sencilla; gente muy humilde. Se encuen tran con que las iglesias, las grandes iglesias oficiales, les presentan un panoram a cada vez m ás pobre de D ios; sobre todo, la Iglesia C atólica.
En la Iglesia C atólica la predicación de los curas cada vez huye m ás de las grandes-verdades eternas. Trata de a co m odar el E vangelio de C risto a lo que llamam os la «pro- gresía» m oderna, con lo que esta gente tendrá un bajo nivel de conocim iento p e ro no un bajo nivel intelectual. Se dan cuenta de que les fa lta algo; que la f e que recibieron de sus pa d res se va perdien do; que ya la Virgen no pinta nada; que no se habla de ella, que Jesucristo vive sólo para la p ro c e sión de turno, que la m oral ya lo p erm ite todo; que hay curas a los que no les p a rec e m al el aborto. Y, claro, todas esas perso n a s se cuestionan si el único tesoro que les queda, que es la fe , les sirve p a ra algo. Y si ese P adre o esa M adre del cielo van a consentir esto. Es entonces cuando esa angustia y esa an siedad que sienten p o r lo sobrenatural es aprovechada p o r la «conspiración del C aos2» p a ra darles lo que n ecesi
tan.
A estas person as, com prenderás que no les van a dar extraterrestres, ni libros sobre la Era de Acuario. Pero s í
apariciones de la Virgen que van a hablar de cosas muy senci llas: de oración, de pen iten cia, de que el mundo está p erdido, de que D io s no p u ed e consentir esto, de que tiene que haber unos ca stigos y, naturalm ente, de que la Iglesia anda muy mal.
2 C aos = Satanás.
20
Porque la Iglesia oficial no les da lo que necesitan, ya que está muy ocupada en adaptarse a la «progresía». La Iglesia tam bién quiere ser «progre». ¡O jo!, al d ecir la Iglesia, me refiero a algunos sacerdotes e incluso a m iem bros del E piscopado de distintos p a íses que están dando la lata al Santo Padre. To davía son recientes los problem as que tuvo la iglesia holande sa; los sigue teniendo la iglesia alem ana, y a q u í en E spaña hay algunos obispos que dejan mucho que desear. . . Y es p o r todo ello que se organizan fo lklo res de apariciones. Es muy fá cil, aprovechando las facu lta d es paran orm ales de adolescentes, que surjan aparicion es de tipo alucinatorio, o incluso a p a ri ciones verídicas (proyecciones p síq u ica s). El hecho es que estas person as se sienten llam adas y reciben m ensajes hones tos, buenos, que no interpretan bien. Se form an enseguida aglom eraciones de todo tipo de person as, que acuden ante los hechos que están vien d o ....
Antes de seguir con las declaraciones del padre Enrique López Guerrero se hace imprescindible trazar una breve reseña sobre los rasgos comunes que suelen tener, en general, todas las apariciones marianas, con el fin de que a partir de este m omento se entienda mejor lo que él nos cuenta.
En todas las apariciones marianas concurren circunstancias muy parecidas a las siguientes:
1B La entidad se presenta generalmente a un solo individuo o a lo sumo a un grupo de dos o tres.
2g La persona o personas que tienen el prim er contacto suelen ser de baja extracción social, normalmente adolescentes a los que se dan mensajes cortos y fácilmente comprensibles.
3a Se incorporan personas cultas que potencian el fenómeno. 4° Las apariciones suelen tener lugar en sitios apartados o en habitaciones de una vivienda.
5S Suele haber agua cerca y, si no, la misma aparición indica dónde practicar un pozo.
69 Cam bia aparentemente el entorno: surgen olores, se pierde visión y se oyen ruidos extraños.
P ero hay un secto r de la sociedad im portantísim o, y no solam ente en los p a íses subdesarrollados sino que en los avanzados también es considerable, que es «la gente senci lla»; la gente de p o ca pretensión intelectual a la que, p o r lo tanto, no se le han presen tado problem as de tipo trascenden te. No suele p en sa r en los OVNIS, ni en la parapsicología, ni se ha enterado de que existe algo llam ado la Era de A cuario ni cosas p o r el estilo. Esa gente s í siente una n ecesidad de D ios; p e ro es gente sencilla; gente muy humilde. Se encuen tran con que las iglesias, las grandes iglesias oficiales, les presentan un panoram a cada vez m ás pobre de D ios; sobre todo, la Iglesia C atólica.
En la Iglesia C atólica la predicación de los curas cada vez huye m ás de las grandes-verdades eternas. Trata de a co m odar el E vangelio de C risto a lo que llamam os la «pro- gresía» m oderna, con lo que esta gente tendrá un bajo nivel de conocim iento p e ro no un bajo nivel intelectual. Se dan cuenta de que les fa lta algo; que la f e que recibieron de sus pa d res se va perdien do; que ya la Virgen no pinta nada; que no se habla de ella, que Jesucristo vive sólo para la p ro c e sión de turno, que la m oral ya lo p erm ite todo; que hay curas a los que no les p a rec e m al el aborto. Y, claro, todas esas perso n a s se cuestionan si el único tesoro que les queda, que es la fe , les sirve p a ra algo. Y si ese P adre o esa M adre del cielo van a consentir esto. Es entonces cuando esa angustia y esa a n siedad que sienten p o r lo sobrenatural es aprovechada p o r la «conspiración del C aos2» p a ra darles lo que n ecesi tan.
A estas person as, com prenderás que no les van a dar extraterrestres, ni libros sobre la Era de Acuario. Pero s í
apariciones de la Virgen que van a hablar de cosas muy senci llas: de oración, de pen iten cia, de que el mundo está p erdido, de que D io s no p u ed e consentir esto, de que tiene que haber unos ca stigo s y, naturalm ente, de que la Iglesia anda muy mal.
2 C aos = Satanás.
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Porque la Iglesia oficial no les da lo que necesitan, ya que está muy ocupada en adaptarse a la «progresía». La Iglesia tam bién quiere ser «progre». ¡O jo!, al d ecir la Iglesia, me refiero a algunos sacerdotes e incluso a m iem bros del E piscopado de distintos p a íses que están dando la lata al Santo Padre. To davía son recientes los problem as que tuvo la iglesia holande sa; los sigue teniendo la iglesia alem ana, y a q u í en E spaña hay algunos obispos que dejan mucho que desear. . . Y es p o r todo ello que se organizan fo lklo res de apariciones. Es muy fá cil, aprovechando las facu lta d es paran orm ales de adolescentes, que surjan aparicion es de tipo alucinatorio, o incluso a p a ri ciones verídicas (proyecciones p síq u ica s). El hecho es que estas person as se sienten llam adas y reciben m ensajes hones tos, buenos, que no interpretan bien. Se form an enseguida aglom eraciones de todo tipo de person as, que acuden ante los hechos que están vien d o ....
Antes de seguir con las declaraciones del padre Enrique López Guerrero se hace imprescindible trazar una breve reseña sobre los rasgos comunes que suelen tener, en general, todas las apariciones marianas, con el fin de que a partir de este m omento se entienda mejor lo que él nos cuenta.
En todas las apariciones marianas concurren circunstancias muy parecidas a las siguientes:
1B La entidad se presenta generalmente a un solo individuo o a lo sumo a un grupo de dos o tres.
2g La persona o personas que tienen el prim er contacto suelen ser de baja extracción social, normalmente adolescentes a los que se dan mensajes cortos y fácilmente comprensibles.
3a Se incorporan personas cultas que potencian el fenómeno. 4° Las apariciones suelen tener lugar en sitios apartados o en habitaciones de una vivienda.
5S Suele haber agua cerca y, si no, la misma aparición indica dónde practicar un pozo.
69 Cam bia aparentemente el entorno: surgen olores, se pierde visión y se oyen ruidos extraños.
1° Al principio la imagen es borrosa, pero se clarifica para no causar temor.
8 a A l tra ta rs e de u n a a p a ric ió n re lig io s a es fá c ilm e n te identificable por su vestuario, modales y luminosidad.
9S La aparición va precedida por otros fenómenos extraños, in cluso se puede llegar al avistamiento de una luz, supuesto vehículo mariano.
10° Se pide al vidente que vuelva en fechas concretas.
I I 2 El agua cercana al lugar de la aparición, o la del pozo, adquiere «poderosos efectos milagrosos».
122 Se declara santo el lugar y se pide un santuario o lugar de culto.
13Q Se hace saber al vidente algún secreto, o el destino final de una misión que se le encomienda.
Una vez leído el cuadro anterior será más fácil para muchos de ustedes com prender el proceso de-formación de una aparición mariaria tal y como la explicaba el sacerdote sevillano Enrique López Guerre ro. Pero volvamos a sus declaraciones:
.. .que acuden ante los hechos que están viendo, fen óm e nos p aran orm ales que atribuyen a causas sobrenaturales p orqu e no entienden de p ara psicología y entonces se produ ce el llam ado efecto p o lip síq u ico . A todas estas cuestiones los prim ero s que acuden, inconscientemente, son todos aquellos que tienen fa cu lta d es paranorm ales. Es com o si se atrajeran. Se produ ce una aglom eración de person as de este estilo y, en cuanto se dispara el detonante de uno, todas las fu erzas de los dem ás se reúnen y se p u ede organ izar un verdadero fo lk lo re aparicion ista y de fenóm en os extraordinarios. Por p o n er un ejem plo: todo el mundo conoce el show del Palm ar de T roya3. Pues bien, muchas de las person as que iban a llí estaban realmente estigm atizadas. Todos sabem os que los e s tigm as tam bién pu eden ser produ cidos m ediante hipnosis y/o em ociones p ro fu n d a s...
3 En el presente libro no hablaré del Palm ar de T roya, por considerar que está suficientem ente desprestigiado com o para que los fines ideológicos fascistas con los que fue creado engañen a alguien.
22
Yo conozco a un chófer, un taxista, y tengo fo to s, a l que le aparecía una form a blanca en la boca; una comunión m ística que le daba supuestam ente un ángel. M ás todavía, com o b e bía la sangre de C risto, se colocaba un pañuelo en la boca y lo sacaba Heno de sangre. Y lo veía todo el mundo. P ero, más tarde, la sangre se evaporaba. El p o b re hombre tuvo la su er te de acu dir a verme y decirm e que él no veía claro todo aquel fenóm eno; p e ro s í era cierto que: «¡M ire usted!, yo hago así, y en mi boca a parece una fo rm a blanca». Le hablé entonces d el ectoplasm a y de que el pañuelo nunca se le que daba m anchado de sangre precisam en te porque la m ateria ectoplásm ica m ás tarde se reabsorbe. «¿A que nunca — le dije— después de a p a recer la form a , e incluso de fo to g ra fia r la, la coge alguien y se la lleva a su c a s a ...? Se deshace. Esto le ocurre a usted porqu e está con ven cido... ¿A que, adem ás, le p a sa algo raro d esde que está yen do allí?» «Sí— contestó el taxista— , vienen expresam ente a p o r mí, a mi p a ra d a a llevarm e. Y yo les digo que acostum bro a rezar el rosario en mi taxi, p e ro insisten en que es m ejor que ¡o rece a llí...»
D esde que el hombre dejó de ir, se acabaron las form as. P réstese atención: habían localizado a un sensitivo extraordi nario, e iban ex-profeso a p o r él p a ra organ izar el show.
Adem ás, una person a que ve form a rse en la boca de un hombre una fo rm a blanca, y que ve que se p o n e el pañuelo en los labios y lo saca m anchado de sangre, esa person a ju ra y perju ra que ha presen ciado un acontecim iento sobrenatural...
Podría seguir páginas y más páginas desglosando cuanto el padre Enrique me contó en aquella ocasión. Pero creo que han quedado claras ciertas cuestiones sobre cuáles son las principales opiniones de tres sacerdotes en lo concerniente al mundo aparicionista:
M anuel B arberá Egio: « ...L as apariciones y revelaciones particu lares no tienen, en ningún caso, carácter obligatorio para ser creídos por parte de los católicos.»
Padre Pilón: « ...S i creyese que las apariciones como la de El Escorial son ciertas, ahora mismo perdería mi fe en la Virgen.»
1° Al principio la imagen es borrosa, pero se clarifica para no causar temor.
8 a A l tra ta rs e de u n a a p a ric ió n re lig io s a es fá c ilm e n te identificable por su vestuario, modales y luminosidad.
9S La aparición va precedida por otros fenómenos extraños, in cluso se puede llegar al avistamiento de una luz, supuesto vehículo mariano.
10° Se pide al vidente que vuelva en fechas concretas.
I I 2 El agua cercana al lugar de la aparición, o la del pozo, adquiere «poderosos efectos milagrosos».
122 Se declara santo el lugar y se pide un santuario o lugar de culto.
13Q Se hace saber al vidente algún secreto, o el destino final de una misión que se le encomienda.
Una vez leído el cuadro anterior será más fácil para muchos de ustedes com prender el proceso de-formación de una aparición mariaria tal y como la explicaba el sacerdote sevillano Enrique López Guerre ro. Pero volvamos a sus declaraciones:
.. .que acuden ante los hechos que están viendo, fen óm e nos p aran orm ales que atribuyen a causas sobrenaturales p orq u e no entienden de p ara psicología y entonces se produ ce el llam ado efecto p o lip síq u ico . A todas estas cuestiones los prim ero s que acuden, inconscientemente, son todos aquellos que tienen fa cu lta d es paranorm ales. Es com o si se atrajeran. Se pro du ce una aglom eración de person as de este estilo y, en cuanto se dispara el detonante de uno, todas las fu erzas de los dem ás se reúnen y se p u ede organ izar un verdadero fo lk lo re aparicion ista y de fenóm en os extraordinarios. Por p o n er un ejem plo: todo el mundo conoce el show del Palm ar de T roya3. Pues bien, muchas de las person as que iban a llí estaban realmente estigm atizadas. Todos sabem os que los e s tigm as tam bién pu eden ser produ cidos m ediante hipnosis y/o em ociones p ro fu n d a s...
3 En el presente libro no hablaré del Palm ar de T roya, por considerar que está suficientem ente desprestigiado com o para que los fines ideológicos fascistas con los que fue creado engañen a alguien.
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Yo conozco a un chófer, un taxista, y tengo fo to s, a l que le aparecía una form a blanca en la boca; una comunión m ística que le daba supuestam ente un ángel. M ás todavía, com o b e bía la sangre de C risto, se colocaba un pañuelo en la boca y lo sacaba Heno de sangre. Y lo veía todo el mundo. P ero, más tarde, la sangre se evaporaba. El p o b re hombre tuvo la su er te de acu dir a verme y decirm e que él no veía claro todo aquel fenóm eno; p e ro s í era cierto que: «¡M ire usted!, yo hago así, y en mi boca a parece una fo rm a blanca». Le hablé entonces d el ectoplasm a y de que el pañuelo nunca se le que daba m anchado de sangre precisam en te porque la m ateria ectoplásm ica m ás tarde se reabsorbe. «¿A que nunca — le dije— después de a p a recer la form a , e incluso de fo to g ra fia r la, la coge alguien y se la lleva a su c a s a ...? Se deshace. Esto le ocurre a usted porqu e está con ven cido... ¿A que, adem ás, le p a sa algo raro d esde que está yen do allí?» «Sí— contestó el taxista— , vienen expresam ente a p o r mí, a mi p a ra d a a llevarm e. Y yo les digo que acostum bro a rezar el rosario en mi taxi, p e ro insisten en que es m ejor que ¡o rece a llí...»
D esde que el hombre dejó de ir, se acabaron las form as. P réstese atención: habían localizado a un sensitivo extraordi nario, e iban ex-profeso a p o r él p a ra organ izar el show.
Adem ás, una person a que ve form a rse en la boca de un hombre una fo rm a blanca, y que ve que se p o n e el pañuelo en los labios y lo saca m anchado de sangre, esa person a ju ra y perju ra que ha presen ciado un acontecim iento sobrenatural...
Podría seguir páginas y más páginas desglosando cuanto el padre Enrique me contó en aquella ocasión. Pero creo que han quedado claras ciertas cuestiones sobre cuáles son las principales opiniones de tres sacerdotes en lo concerniente al mundo aparicionista:
M anuel B arberá Egio: « ...L as apariciones y revelaciones particu lares no tienen, en ningún caso, carácter obligatorio para ser creídos por parte de los católicos.»
Padre Pilón: « ...S i creyese que las apariciones como la de El Escorial son ciertas, ahora mismo perdería mi fe en la Virgen.»
Enrique López Guerrero: «...Esa angustia y esa ansiedad que sien ten por lo sobrenatural es aprovechada por la ‘conspiración del Caos’ para darles lo que necesitan.»
Enrique López Guerrero: «...Esa angustia y esa ansiedad que sien ten por lo sobrenatural es aprovechada por la ‘conspiración del Caos’ para darles lo que necesitan.»