En esta población de la provincia de Cádiz también se apareció la Virgen. Fue en octubre de 1986, según el testimonio de la vidente Antonia Pérez Salcedo. Esta mujer vio una extraña luz sobre una higuera. Al igual que sucediera en la aparición de El Repilado, se decidió poner a prueba a la Virgen pidiéndole milagros, que es algo así como un marchamo de autenticidad. No ocurrió nada, pero en la actualidad aún hay personas que acuden allí en busca de algún residuo espiritual. Parece ser que existen, en estos momentos, personas inetresadas en volver a revitalizar algunas de estas apariciones.
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PEDRERA.
En un pueblo sevillano, Pedrera, también fueron tres las pequeñas que, en mayo de 1987, tuvieron una aparición: Buen Lucero Escobar González, de 10 años, y Rosario y María Sánchez Guillén, de 11 y 12 años respectivamente. Las tres niñas observaron, en un lugar conocido como Veguetas de las Revueltas, un ser que identificaron con la Vir gen. Este ser les comunicó que se encontraban en un lugar sagrado. Instantánemamente la multitud se congregó allí, y en la actualidad sigue siendo lugar de peregrinación, habiendo sucedido hechos curio sos como el que nos narra a continuación el investigador Moisés Ga rrido:
.. M ás de cien personas dijeron haber visto a la Virgen en
sucesivos días. Entre estos se encontraba D. José Pareja Jiménez, un joven de veintiocho años que necesitaba un bas
tón para andar. Fue al lugar sagrado con escepticismo y burla, hasta que pudo ver la imagen de la Virgen sobre el árbol... Soltó el bastón y salió corriendo, pese a su malestar físico.
Moisés Garrido ha escrito brevemente en torno a estos fenómenos, en exclusiva para El Lado Oscuro de M aría, las crónicas de dos apari ciones marianas andaluzas contemporáneas, que reflejan perfectamen te el sentir y la necesidad de la gente:
La Virgen se aparece en Huelva.
La Virgen, por lo que podemos observar, sigue incansable su actividad aparicionista por casi todo el mundo. Ahora, un nuevo lugar en la provincia de Huelva, concretamente en Gibraleón. Aunque el suceso viene desarrollándose desde 1989, no ha sido hasta el verano del 91 cuando ha trascendi do al exterior ya que la vidente, María del Carmen — de aproximadamente cincuenta años de edad—, vivía las expe riencias, según me confesó, en su propio hogar. Por «manda to divino» se acerca a la colina «Alto Micael», a las afueras del pueblo, para continuar con sus visiones extásicas. Pron-
EL REPILADO.
En una tranquila aldea de Huelva, El Repilado, y en abril de 1987, la niña de 10 años Alba Bermúdez llegó a su casa presa de un terrible estado de nervios: había visto a la Virgen. Durante varios días y junto a una morera, a eso de las seis y media de la tarde, minuto arriba o abajo, la niña se arrodillaba y fijaba la vista en un punto de las hojas arbóreas, dispuesta a recibir el mensaje de la Señora. Así se comunica ba con la aparición, que más tarde se identificaría con la Virgen de Fátima.
Esta aparición se siguió manifestando a sus fieles hasta el 13 de mayo, fecha en la que se realizaría, supuestamente, un importante milagro. Aquella tarde, cerca de 15.000 personas se dieron cita en la pequeña aldea. Todo sucedió como estaba previsto: llegó la pequeña, mantuvo su conversación con la Virgen... y se marchó. ¿Hubo mila gro? Pues algunos dijeron que sí. Otros argumentaban que la ramita de la morera obraba milagros en casa. Pero la devoción se entibió bastan te, a] faltar el tan esperado y anunciado milagro espectacular. Como conclusión válida se puede afirmar que, cuando la aparición se ha comprometido a realizar un milagro a fecha fija, más tarde, al no haberlo, el fervor popular decae.
BENALUP DE SIDONIA.
En esta población de la provincia de Cádiz también se apareció la Virgen. Fue en octubre de 1986, según el testimonio de la vidente Antonia Pérez Salcedo. Esta mujer vio una extraña luz sobre una higuera. Al igual que sucediera en la aparición de El Repilado, se decidió poner a prueba a la Virgen pidiéndole milagros, que es algo así como un marchamo de autenticidad. No ocurrió nada, pero en la actualidad aún hay personas que acuden allí en busca de algún residuo espiritual. Parece ser que existen, en estos momentos, personas inetresadas en volver a revitalizar algunas de estas apariciones.
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PEDRERA.
En un pueblo sevillano, Pedrera, también fueron tres las pequeñas que, en mayo de 1987, tuvieron una aparición: Buen Lucero Escobar González, de 10 años, y Rosario y María Sánchez Guillén, de 11 y 12 años respectivamente. Las tres niñas observaron, en un lugar conocido como Veguetas de las Revueltas, un ser que identificaron con la Vir gen. Este ser les comunicó que se encontraban en un lugar sagrado. Instantánemamente la multitud se congregó allí, y en la actualidad sigue siendo lugar de peregrinación, habiendo sucedido hechos curio sos como el que nos narra a continuación el investigador Moisés Ga rrido:
.. M ás de cien personas dijeron haber visto a la Virgen en
sucesivos días. Entre estos se encontraba D. José Pareja Jiménez, un joven de veintiocho años que necesitaba un bas tón para andar. Fue al lugar sagrado con escepticismo y burla, hasta que pudo ver la imagen de la Virgen sobre el árbol... Soltó el bastón y salió corriendo, pese a su malestar físico.
Moisés Garrido ha escrito brevemente en torno a estos fenómenos, en exclusiva para El Lado Oscuro de M aría, las crónicas de dos apari ciones marianas andaluzas contemporáneas, que reflejan perfectamen te el sentir y la necesidad de la gente:
La Virgen se aparece en Huelva.
La Virgen, por lo que podemos observar, sigue incansable su actividad aparicionista por casi todo el mundo. Ahora, un nuevo lugar en la provincia de Huelva, concretamente en Gibraleón. Aunque el suceso viene desarrollándose desde 1989, no ha sido hasta el verano del 91 cuando ha trascendi do al exterior ya que la vidente, María del Carmen — de aproximadamente cincuenta años de edad—, vivía las expe riencias, según me confesó, en su propio hogar. Por «manda to divino» se acerca a la colina «Alto Micael», a las afueras del pueblo, para continuar con sus visiones extásicas. Pron-
to, de la poca asistencia de personal en los primeros días, pasó a convertirse el lugar, en varias semanas, en un auténti co foco de peregrinos. Turistas, periodistas, enfermos y cu riosos se agolpaban junto a la encina de «las apariciones» para ver de cerca cómo la vidente mantenía un diálogo con «lo invisible». La Virgen — que reúne los mismos rasgos de otros casos similares— pide constantemente penitencia y sa crificio, como si no fueran suficientes las calamidades de la vida misma...
La Iglesia aún no se ha pronunciado sobre el particular aunque el párroco del pueblo, D. Diego Suárez, se haya in dignado por el alcance que está tomando el hecho en las conciencias de los creyentes, y más con su actitud escéptica hacia el mismo.
Los fenómenos «milagrosos» brillan por su ausencia en el caso que nos ocupa, aunque sí me he encontrado con relatos de extraños aromas por los alrededores, como la presencia de un penetrante olor a rosas en el ambiente el pasado 7 de octubre (día de Nuestra Señora del Rosario). Aunque esto no quiere decir que tenga un origen «sobrenatural», pues el psiquismo humano en estas multitudinarias congregaciones aparicionistas, tiene tanto poder como Dios para realizar un «milagro».
Lo que no fa lta n son las e scen a s de fa n a tis m o pseudorreligioso de muchas mujeres que se dan cita en aquel paraje, la mayoría de ellas amigas de la vidente, que con su fe ciega efectúan a los cuatro vientos el apostolado de rigor, al igual que varios señores que dirigen los monótonos rosa rios y que copian, descaradamente, ciertos elementos de apa riciones fam osas como las de Fátima o El Escorial.
El anuncio de un milagro para el día 13 de octubre fu e un ejemplo de lo que acabo de afirmar. Por los indicios, se trataba de la «danza del sol» (recordemos el prodigio solar del 13110117 en Fátima ante 70.000 testigos). Era domingo, por lo que se esperaba una nutrida masa de fieles ávidos de protagonizar un encuentro con lo «sobrenatural». A pesar de
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la lluvia y del mal tiempo, allí nos concentramos cerca de mil quinientas almas. ¿Qué ocurrirá?, era la pregunta que esta ba en boca de todos. La respuesta —para bien de m u c h o s - no se hizo esperar. A las cinco y media de la tarde, después de un rato de oración y letanías, la Virgen — tras haber sido convencida por no pocos sudores de la vidente para que produjera el milagro— dijo a los presentes: «Hijos, mirad el sol y veréis lo que no estáis viendo aquí. Todo el que venga con el corazón sano verá mi imagen reflejada y la Cruz de mi Hijo también.» En este instante la histeria, el asombro, el frenesí y la incertidumbre hicieron presa de la mayoría de los reunidos que no daban crédito a lo que sus ojos veían: ¡la esfera solar giraba sobre sí misma y podía verse sin dañare la vista! Era la prueba irrefutable de la autenticidad de las apariciones. Pero, ¿bailó de verdad el sol? Gracias a que estuve allí, pude presenciar atónito no el fenómeno del soi pero sí la alucinación colectiva que reinaba en el enclave, ) cómo ésta se contagiaba poco a poco en los que desde ur principio se mostraron cautos y al margen...
Vi, en breves segundos, el poder de captación tan enornu que ejerce este tipo de acontecimientos, sobre todo en este «era milenarista», y descubrí cómo un fenómeno natural pue de ser tergiversado para «acoplarlo» a nuestras necesidade. espirituales, autoengañándonos con tal de llenar e sta fe coi algo que la pruebe. Claro que no hubo ningún hecho especia cular. La capa fina de nubes, que cubría el sol, dejaba qu éste luciera su esfera en todo su esplendor, actuando la nubes como un filtro, por lo que no había ningún peligr ocular. Esto, sumado al hecho de que las nubes, al pasa delante del sol, hacían aparentar que éste se desplazaba pe el cielo a gran velocidad y que, dependiendo de la densida de las nubes, había momentos de más o menos luminosida solar. Esto era suficiente para aceptar, categóricamente, qu nos encontrábamos ante un suceso de origen «celestial».
La multitud jubilosa lanzaba alabanzas al cielo, agradec da por ese «don» con que la Virgen les había obsequiad■
to, de la poca asistencia de personal en los primeros días, pasó a convertirse el lugar, en varias semanas, en un auténti co foco de peregrinos. Turistas, periodistas, enfermos y cu riosos se agolpaban junto a la encina de «las apariciones» para ver de cerca cómo la vidente mantenía un diálogo con «lo invisible». La Virgen — que reúne los mismos rasgos de otros casos similares— pide constantemente penitencia y sa crificio, como si no fueran suficientes las calamidades de la vida misma...
La Iglesia aún no se ha pronunciado sobre el particular aunque el párroco del pueblo, D. Diego Suárez, se haya in dignado por el alcance que está tomando el hecho en las conciencias de los creyentes, y más con su actitud escéptica hacia el mismo.
Los fenómenos «milagrosos» brillan por su ausencia en el caso que nos ocupa, aunque sí me he encontrado con relatos de extraños aromas por los alrededores, como la presencia de un penetrante olor a rosas en el ambiente el pasado 7 de octubre (día de Nuestra Señora del Rosario). Aunque esto no quiere decir que tenga un origen «sobrenatural», pues el psiquismo humano en estas multitudinarias congregaciones aparicionistas, tiene tanto poder como Dios para realizar un «milagro».
Lo que no fa lta n son las e scen a s de fa n a tis m o pseudorreligioso de muchas mujeres que se dan cita en aquel paraje, la mayoría de ellas amigas de la vidente, que con su fe ciega efectúan a los cuatro vientos el apostolado de rigor, al igual que varios señores que dirigen los monótonos rosa rios y que copian, descaradamente, ciertos elementos de apa riciones fam osas como las de Fátima o El Escorial.
El anuncio de un milagro para el día 13 de octubre fu e un ejemplo de lo que acabo de afirmar. Por los indicios, se trataba de la «danza del sol» (recordemos el prodigio solar del 13110117 en Fátima ante 70.000 testigos). Era domingo, por lo que se esperaba una nutrida masa de fieles ávidos de protagonizar un encuentro con lo «sobrenatural». A pesar de
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la lluvia y del mal tiempo, allí nos concentramos cerca de mil quinientas almas. ¿Qué ocurrirá?, era la pregunta que esta ba en boca de todos. La respuesta —para bien de m u c h o s - no se hizo esperar. A las cinco y media de la tarde, después de un rato de oración y letanías, la Virgen — tras haber sido convencida por no pocos sudores de la vidente para que produjera el milagro— dijo a los presentes: «Hijos, mirad el sol y veréis lo que no estáis viendo aquí. Todo el que venga con el corazón sano verá mi imagen reflejada y la Cruz de mi Hijo también.» En este instante la histeria, el asombro, el frenesí y la incertidumbre hicieron presa de la mayoría de los reunidos que no daban crédito a lo que sus ojos veían: ¡la esfera solar giraba sobre sí misma y podía verse sin dañare la vista! Era la prueba irrefutable de la autenticidad de las apariciones. Pero, ¿bailó de verdad el sol? Gracias a que estuve allí, pude presenciar atónito no el fenómeno del soi pero sí la alucinación colectiva que reinaba en el enclave, ) cómo ésta se contagiaba poco a poco en los que desde ur principio se mostraron cautos y al margen...
Vi, en breves segundos, el poder de captación tan enornu que ejerce este tipo de acontecimientos, sobre todo en este «era milenarista», y descubrí cómo un fenómeno natural pue de ser tergiversado para «acoplarlo» a nuestras necesidade. espirituales, autoengañándonos con tal de llenar e sta fe coi algo que la pruebe. Claro que no hubo ningún hecho especia cular. La capa fina de nubes, que cubría el sol, dejaba qu éste luciera su esfera en todo su esplendor, actuando la nubes como un filtro, por lo que no había ningún peligr ocular. Esto, sumado al hecho de que las nubes, al pasa delante del sol, hacían aparentar que éste se desplazaba pe el cielo a gran velocidad y que, dependiendo de la densida de las nubes, había momentos de más o menos luminosida solar. Esto era suficiente para aceptar, categóricamente, qu nos encontrábamos ante un suceso de origen «celestial».
La multitud jubilosa lanzaba alabanzas al cielo, agradec da por ese «don» con que la Virgen les había obsequiad■
pero no todo terminó ahí. Después de un buen rato observan do el sol, se empezaron a visualizar «luces amarillas» por todos lados: ¡Es la Virgen!, afirmaban alucinados los más ingenuos, quienes no pensaron — o no querían pensar— que todo ello era consecuencia de tener las retinas impresiona das por la luz solar...
Personalmente, y tras investigar este caso durante varios meses, he llegado a la conclusión de que toda la historia es un montaje creado por su propia protagonista —y apoyada por sus inseparables acólitos— con afán de mitomanía y con tendencia a la fabulación pseudo-mística, para así sentirse ensalzada por los demás. Si indagamos en su pasado, encon tramos sin dificultad estos rasgos psicopatologicos: hace nueve años afirmaba ver el «espíritu» de una niña difunta; poco después, ejerció por un tiempo de curandera. Pero las cosas no le irían como ella hubiera deseado, por lo que pron to desistió de sus «facultades»: decía poseer un cuadro del Corazón de Jesús que movía los ojos y el rostro, y una figura de la Virgen que hablaba. ¿Alguien da más?
Si, como se dice, «por sus frutos los conoceréis», no creo que las semillas de estas apariciones fructifiquen nunca.
La Virgen del Almendro.
El afán del ser humano de aferrarse a una creencia o por tener un ídolo a quien adorar, puede llegar a límites insospe chados. H oy, pese a que «buceam os» en una sociedad consumista y tecnócrata, resurgen mitos ancestrales, nacen nuevos mitos y se busca un Dios más cercano a nosotros. De esta form a, podemos llegar a convertir en «irracional» algo que no lo es, y cualquier cosa puede parecem os una «señal del cielo». Tanto es así que —y como ejemplo ilustrativo de lo que digo— a pocos metros de Cartaya (Huelva), al borde de la carretera comarcal que une esta población con Tariquejos, la caprichosa forfna adquirida por un tronco de almendro tras ser quemado y cortado, ha sido identificada
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como la imagen de la Virgen. ..P o r supuesto que la form a del tronco no deja de ser curiosa, pero que llegue a considerarse un nuevo objeto de culto me resulta exagerado. Aunque en cierto modo sabemos que los rumores, la fe, la incultura y el vacío que dejan las religiones imperantes, son factores influ yentes en estos nuevos procesos idolatras.
«Nunca llamó la atención hasta que alguien empezó a decir que parecía la Virgen», me comentó una vecina del lugar. Suf iciente detonante para convertir el lugar en «sagra do» y los fines de semana en auténtica peregrinación. Del árbol, ya bautizado con el nombre de «Virgen del Almendro» (una más por si eran pocas), penden rosarios, flores y estam pas, y es visitado asiduamente por creyentes, enfermos y cu riosos que coinciden en su asombro ante la silueta del tron co. A pesar de ello, las opiniones se dividen en dos sentidos: los que aseguran categóricamente que el hecho es un «mila gro» de nuestra Divina Madre; y los que creen que aquello no es más que la casual form a resultan te de un tronco.
Bien es verdad que, para apreciar la silueta femenina en el árbol, hay que situarse en distintos ángulos. Pero fro n talmente parece cualquier cosa menos la Virgen. Eso no ha restado que incluso se acercara al lugar una vidente de Lepe diciendo que «bajo el tronco estaba la Virgen» (sic). Junto a la indignación del párroco de Cartaya, don Antonio, por la popularidad que el tema ha logrado, está la del dueño de las tierras donde se encuentra el almendro, quien en repetidas ocasiones ha mandado que corten el tronco. Pero hasta la fecha nadie se ha atrevido a hacerlo, «por si acaso»...
A sí andan las cosas por estos lares del sur, y si se diviniza el tronco de un árbol — cual mito druida— ¿qué no se adora rá en estos últimos años que precederán al nuevo milenio...?
pero no todo terminó ahí. Después de un buen rato observan do el sol, se empezaron a visualizar «luces amarillas» por todos lados: ¡Es la Virgen!, afirmaban alucinados los más ingenuos, quienes no pensaron — o no querían pensar— que todo ello era consecuencia de tener las retinas impresiona das por la luz solar...