San Sebastián de Garabandal, a pesar de estar en el mapa y ser un pueblo cántabro situado a 9 kilóm etros de Santander, en las estribaciones de los Picos de Europa, no existió para la mayoría de la gente hasta el 18 de junio de 1961, cuando la Virgen se apareció, supuestamente como siempre, a cuatro niñas de la localidad.
Mary Loli, Jacinta, Mary Cruz y Conchita salieron aquel día a robar manzanas al huerto del maestro del pueblo, para luego lanzárse las a los mozos a la salida del baile. Alrededor de las siete de la tarde, cuando volvían, entre unas callejuelas se encontraron la figura del Arcángel San Miguel, al parecer no demasiado enfadado por el hurto que venían de perpetrar. A partir de ese día, primero solas y luego acompañadas de una muchedumbre, empezaron a frecuentar el lugar. Cayeron en éxtasis los siguientes días del mes, pero fue en la tarde del 1 de julio cuando el Arcáncel San Miguel estuvo comunicándose con ellas durante más de dos horas. Rodeadas de un enorme gentío, las niñas, cogida ya confianza, fueron preguntándole cuestiones importan tes hasta que, en la tarde del 2 de julio, según cuenta la propia Con chita en su diario...
Nos fuim os para la Calleja a rezar el Rosario; y sin llegar allí se nos apareció la Virgen con un ángel a cada lado. Uno era San Miguel y el otro no sabemos. Venía vestido igual que San Miguel; parecían mellizos.
La señora tenía el cabello largo, de color oscuro. La cara era alarga da y llevaba puesto un vestido blancp y un manto muy claro. Flotaba en el aire, siempre ateniéndonos a los testimonios de las niñas.
102
Se produjeron, según testigos presenciales, fenómenos para- normales tales como la levitación de Conchita; y el padre Ramón Andreu, encargado por el Obispado de Santander de la investigación del suceso, personalmente trató de sacar a las niñas de uno de los supuestos éxtasis:
Intentando sacar a las niñas de su éxtasis con dolorosos cortes, golpes secos y hasta quemaduras: ellas permanecie ron insensibles a todo. No percibían nada de cuanto las ro deaba. Les pasé de repente una luz y otros objetos por delan te de los ojos, y ellas no dieron el menor indicio de haber visto algo: ningún movimiento de los párpados, y tampoco hubo ninguna reacción en sus pupilas.
A partir del 2 de julio se fueron sucediendo diferentes apariciones y, justo un año después, el 18 de julio de 1962, Conchita gozó de una supuesta comunión mística; pero no fue hasta el 30 de noviembre de 1965 cuando la aparición tomó gran relevancia: la Virgen dictó a las niñas un mensaje para ser entregado al Papa. Y, justo en enero de 1966, la propia Conchita lo depositó en la mano del Sumo Pontífice, durante una audiencia privada. A pesar de todo ello, el Obispado desmintió en su día el carácter sobrenatural de estas apariciones prohi biendo, tanto a sacerdotes como a monjas y fieles en general, acudir allí; a lo que nadie hizo ni caso.
Hasta aquí, todo puede parecer relativamente normal; sin embargo, sucesos posteriores han ido demostrando que detrás de Garabandal podría encontrarse algún gato encerrado. De hecho, nadie ha dudado nunca del carácter ultraconservador de la aparición y, a lo largo de los años, ha quedado demostrado que lo que surgió como un extraño caso de misticismo espiritual, pudo haber sido sólo un montaje ideológico y económico. La vinculación entre Garabandal y el Palmar de Troya, por ejemplo, la marcó la propia Virgen María cuando, en uno de sus comunicados en El Palmar, dijo:
Quiero dar una sorpresa a los que siguen fieles a mis apariciones en Garabandal. Quiero volver a abrazar a aque llos hijos míos. Pero únicamente a los que me han seguido firmes en la Fe, y no a los que me negaron.
LOS HECHOS.
San Sebastián de Garabandal, a pesar de estar en el mapa y ser un pueblo cántabro situado a 9 kilóm etros de Santander, en las estribaciones de los Picos de Europa, no existió para la mayoría de la gente hasta el 18 de junio de 1961, cuando la Virgen se apareció, supuestamente como siempre, a cuatro niñas de la localidad.
Mary Loli, Jacinta, Mary Cruz y Conchita salieron aquel día a robar manzanas al huerto del maestro del pueblo, para luego lanzárse las a los mozos a la salida del baile. Alrededor de las siete de la tarde, cuando volvían, entre unas callejuelas se encontraron la figura del Arcángel San Miguel, al parecer no demasiado enfadado por el hurto que venían de perpetrar. A partir de ese día, primero solas y luego acompañadas de una muchedumbre, empezaron a frecuentar el lugar. Cayeron en éxtasis los siguientes días del mes, pero fue en la tarde del 1 de julio cuando el Arcáncel San Miguel estuvo comunicándose con ellas durante más de dos horas. Rodeadas de un enorme gentío, las niñas, cogida ya confianza, fueron preguntándole cuestiones importan tes hasta que, en la tarde del 2 de julio, según cuenta la propia Con chita en su diario...
Nos fuim os para la Calleja a rezar el Rosario; y sin llegar allí se nos apareció la Virgen con un ángel a cada lado. Uno era San Miguel y el otro no sabemos. Venía vestido igual que San Miguel; parecían mellizos.
La señora tenía el cabello largo, de color oscuro. La cara era alarga da y llevaba puesto un vestido blancp y un manto muy claro. Flotaba en el aire, siempre ateniéndonos a los testimonios de las niñas.
102
Se produjeron, según testigos presenciales, fenómenos para- normales tales como la levitación de Conchita; y el padre Ramón Andreu, encargado por el Obispado de Santander de la investigación del suceso, personalmente trató de sacar a las niñas de uno de los supuestos éxtasis:
Intentando sacar a las niñas de su éxtasis con dolorosos cortes, golpes secos y hasta quemaduras: ellas permanecie ron insensibles a todo. No percibían nada de cuanto las ro deaba. Les pasé de repente una luz y otros objetos por delan te de los ojos, y ellas no dieron el menor indicio de haber visto algo: ningún movimiento de los párpados, y tampoco hubo ninguna reacción en sus pupilas.
A partir del 2 de julio se fueron sucediendo diferentes apariciones y, justo un año después, el 18 de julio de 1962, Conchita gozó de una supuesta comunión mística; pero no fue hasta el 30 de noviembre de 1965 cuando la aparición tomó gran relevancia: la Virgen dictó a las niñas un mensaje para ser entregado al Papa. Y, justo en enero de 1966, la propia Conchita lo depositó en la mano del Sumo Pontífice, durante una audiencia privada. A pesar de todo ello, el Obispado desmintió en su día el carácter sobrenatural de estas apariciones prohi biendo, tanto a sacerdotes como a monjas y fieles en general, acudir allí; a lo que nadie hizo ni caso.
Hasta aquí, todo puede parecer relativamente normal; sin embargo, sucesos posteriores han ido demostrando que detrás de Garabandal podría encontrarse algún gato encerrado. De hecho, nadie ha dudado nunca del carácter ultraconservador de la aparición y, a lo largo de los años, ha quedado demostrado que lo que surgió como un extraño caso de misticismo espiritual, pudo haber sido sólo un montaje ideológico y económico. La vinculación entre Garabandal y el Palmar de Troya, por ejemplo, la marcó la propia Virgen María cuando, en uno de sus comunicados en El Palmar, dijo:
Quiero dar una sorpresa a los que siguen fieles a mis apariciones en Garabandal. Quiero volver a abrazar a aque llos hijos míos. Pero únicamente a los que me han seguido firmes en la Fe, y no a los que me negaron.
)
Consecuentemente, este mensaje del 4 de abril de 1970 fue acom pañado de una serie de visiones en ambos lugares. Incluso el propio Clemente Domínguez llegó a tener una comunión mística y creo que nadie, hoy día, alberga dudas acerca del carácer integrista y reacciona rio del Palmar de Troya.