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EL ILUMINADO DE ALC1RA.

In document 130554436-El-Lado-Oscuro-de-Maria.pdf (página 138-142)

Si hay una historia digna de ser contada, ésa es, sin lugar a dudas, la del madrileño Ángel Muñoz, un vidente que en la actualidad tiene veintiocho años y que, desde octubre del año 85 hasta mediados de 1991, estuvo congregando los días 15 de cada mes, en el montículo de El Morrut, en la población levantina de Alcira, a más de cinco mil personas provinientes de todas partes de la geografía española, que acudían esperando contemplar los supuestos milagros de la Virgen del Remedio.

El 28 de octubre de 1985, la susodicha supuesta Virgen del Reme­ dio se apareció a Ángel Muñoz para decirle que, a partir del próximo mes y todos los días quince, se le aparecería en la copa de un pino que estaba situado en la localidad de Alcira.

Lo más pintoresco de este caso fue el hecho que nos comentaron algunas personas allegadas a Ángel: el primer mensaje lo recibió en el Monasterio del Escorial, donde acudía desde hacía algunos meses para asistir a las apariciones de Prado Nuevo.

Poco después de aquel 28 de octubre, Ángel Muñoz y dos mujeres se desplazaron a El Morrut para dar comienzo a lo que en su día la gente dio en llamar «la aparición del Iluminado de Alcira».

Desde el principio, esta aparición fue mal recibida por los habitan­ tes de la zona, llegando incluso algunos propietarios de terrenos adya­ centes al lugar de la aparición a levantar una valla de alambrada espi­ nosa. «...N o nos hace gracia que nuestras parcelas sean utilizadas con fines mariológicos.» Pero una mujer de Sueca (Valencia), llegó con Ángel a un acuerdo, por el cual les p erm itía esfar en sus tierras a cambio de que se le respetase el derecho de ocupar siempre un lugar

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de privilegio, en los días de aparición. Muchos protestaron ante el Ayuntamiento y Guardia Civil, pero no hubo nada que hacer, aunque algunos agricultores llegaron incluso a denunciar que sus cosechas de naranjas mermaban notablemente desde que comenzaron los prodigios celestiales.

El punto donde tienen lugar las supuestas apariciones es el centro de una urbanización veraniega. En la cima de El Morrut (el Morrudo) se levanta un enorme pino, junto al que Angel Muñoz entraba en éxtasis unas horas antes del atardecer. El pino contaba con una muesca de un dedo de profundidad realizada por una sierra metálica que, según comentarios de los creyentes, «es un signo de la impotencia de los incrédulos que intentaron cortar el árbol para terminar con estas romerías, y la Virgen les estropeó la sierra17».

Antes comenté que el pino contaba con una muesca: porque el año 1991 el Ayuntamiento alcireño, cansado de las histerias de Ángel y de la presión social que mucha gente seguía ejerciendo sobre la corpora­ ción, decidió cortar el pino. A pesar de los lamentos, abucheos, cona­ tos de agresión y lágrimas encendidas, la orden se cumplió y el pino fue talado totalmente. Sin embargo, a continuación comenzó a produ­ cirse un extraño fenómeno: todos aquellos que, como recuerdo, se llevaron ramas del pino, coincidieron en afirmar que también veían en sus casas a la Virgen, dedicada, al parecer, a realizar múltiples peque­ ñas apariciones a domicilio. Muchas de aquellas personas, incluso, han llegado a levantar más o menos sencillos altares caseros, para entronizar a la Virgen y al pedazo de rama.

En su momento, la aparición del Iluminado Ángel tuvo un auge realmente importante, hasta el punto de que la prensa nacional llegó también a hacerse eco de la misma. Muchos enviados especiales fue­ ron acudiendo allí pero, quizá, donde mejor se reflejó la situación fue en la crónica que escribió María Coriseo para el diario ABC, publicada el 16 de septiembre de 1987.

...Al montículo, situado a seis kilómetros de Alcira, se accede por el empinado camino que es recorrido por los fieles de rodillas. Arriba tan sólo hay un pino, considerado

17 Información de la Agencia EFE.

EL ILUMINADO DE ALC1RA.

Si hay una historia digna de ser contada, ésa es, sin lugar a dudas, la del madrileño Ángel Muñoz, un vidente que en la actualidad tiene veintiocho años y que, desde octubre del año 85 hasta mediados de 1991, estuvo congregando los días 15 de cada mes, en el montículo de El Morrut, en la población levantina de Alcira, a más de cinco mil personas provinientes de todas partes de la geografía española, que acudían esperando contemplar los supuestos milagros de la Virgen del Remedio.

El 28 de octubre de 1985, la susodicha supuesta Virgen del Reme­ dio se apareció a Ángel Muñoz para decirle que, a partir del próximo mes y todos los días quince, se le aparecería en la copa de un pino que estaba situado en la localidad de Alcira.

Lo más pintoresco de este caso fue el hecho que nos comentaron algunas personas allegadas a Ángel: el primer mensaje lo recibió en el Monasterio del Escorial, donde acudía desde hacía algunos meses para asistir a las apariciones de Prado Nuevo.

Poco después de aquel 28 de octubre, Ángel Muñoz y dos mujeres se desplazaron a El Morrut para dar comienzo a lo que en su día la gente dio en llamar «la aparición del Iluminado de Alcira».

Desde el principio, esta aparición fue mal recibida por los habitan­ tes de la zona, llegando incluso algunos propietarios de terrenos adya­ centes al lugar de la aparición a levantar una valla de alambrada espi­ nosa. «...N o nos hace gracia que nuestras parcelas sean utilizadas con fines mariológicos.» Pero una mujer de Sueca (Valencia), llegó con Ángel a un acuerdo, por el cual les p erm itía esfar en sus tierras a cambio de que se le respetase el derecho de ocupar siempre un lugar

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de privilegio, en los días de aparición. Muchos protestaron ante el Ayuntamiento y Guardia Civil, pero no hubo nada que hacer, aunque algunos agricultores llegaron incluso a denunciar que sus cosechas de naranjas mermaban notablemente desde que comenzaron los prodigios celestiales.

El punto donde tienen lugar las supuestas apariciones es el centro de una urbanización veraniega. En la cima de El Morrut (el Morrudo) se levanta un enorme pino, junto al que Angel Muñoz entraba en éxtasis unas horas antes del atardecer. El pino contaba con una muesca de un dedo de profundidad realizada por una sierra metálica que, según comentarios de los creyentes, «es un signo de la impotencia de los incrédulos que intentaron cortar el árbol para terminar con estas romerías, y la Virgen les estropeó la sierra17».

Antes comenté que el pino contaba con una muesca: porque el año 1991 el Ayuntamiento alcireño, cansado de las histerias de Ángel y de la presión social que mucha gente seguía ejerciendo sobre la corpora­ ción, decidió cortar el pino. A pesar de los lamentos, abucheos, cona­ tos de agresión y lágrimas encendidas, la orden se cumplió y el pino fue talado totalmente. Sin embargo, a continuación comenzó a produ­ cirse un extraño fenómeno: todos aquellos que, como recuerdo, se llevaron ramas del pino, coincidieron en afirmar que también veían en sus casas a la Virgen, dedicada, al parecer, a realizar múltiples peque­ ñas apariciones a domicilio. Muchas de aquellas personas, incluso, han llegado a levantar más o menos sencillos altares caseros, para entronizar a la Virgen y al pedazo de rama.

En su momento, la aparición del Iluminado Ángel tuvo un auge realmente importante, hasta el punto de que la prensa nacional llegó también a hacerse eco de la misma. Muchos enviados especiales fue­ ron acudiendo allí pero, quizá, donde mejor se reflejó la situación fue en la crónica que escribió María Coriseo para el diario ABC, publicada el 16 de septiembre de 1987.

...Al montículo, situado a seis kilómetros de Alcira, se accede por el empinado camino que es recorrido por los fieles de rodillas. Arriba tan sólo hay un pino, considerado

17 Información de la Agencia EFE.

sagrado por los creyentes y que es el lugar donde, al parecer, la Virgen habla. Flores y reliquias rodean el árbol, sobre el que un crucifijo recibe a los presentes... Ayer (15.09.87), desde las diez de la mañana estaba en el lugar de las apari­ ciones un grupo de personas que acuden habitualmente a preparar el escenario: instalaron altavoces, pusieron más flores y colocaron vallas protectoras «para que la gente no se eche encima de Ángel». Entre estas personas se encontra­ ba Pepa La Torre, una mujer que asegura que «yo también vi a la Virgen. Fue en junio, la primera vez que vine. Yo miraba el sol, pero me cegaba, hasta que le dije a Nuestra Señora que si yo era tan indigna que no podía verla. Entonces miré al sol y ya no me molestó. A llí estaba ella, arrodillada pero sin reclinatorio; pude verla dos o tres minutos...»

Sobre las cuatro de la tarde, los alrededores del montículo se encontraban ya atestados de creyentes.

En las primeras filas estaban los enfermos. Paralíticos, sordomudos y tullidos rezaban fervorosamente, soñando con que la Madre de Dios les otorgara la gracia. Hacia las seis de la tarde, como viene siendo costumbre, llegó el vidente y se situó junto al pino, en una silla desde la que siempre habla a los fieles. Cuando la Virgen se le apareció, cayó de rodillas sin entablar un diálogo. «Aunque sea la voz de Ángel es la Virgen la que está hablando — explicaban los reunidos a los que iban por primera vez—. Lo que sucede es que Nuestra Señora utiliza para hablar sus cuerdas vocales, pero noso­ tros sabemos que es Ella.»

La fe absoluta era la nota predominante aquí. Mientras la Virgen hablaba por boca de Ángel, todos estaban plenamente convencidos de que, ciertamente, su mensaje era un mensaje divino. Todos soñaban con que esta vez pudieran ser ellos quienes la vieran,..

Pasaron los años 8 8 y 89 sin mayores incidentes pero, a partir de 1990, los mensajes de la Virgen y ^lgunas» actuaciones de Ángel Muñoz y sus seguidores, comenzaron a!poner en su contra a gran parte

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de la opinión pública. Como en otras manifestaciones marianas, tam­ bién en este caso los mensajes estaban impregnados de ese componen­ te ideológico tan común a todas ellas. «.. .La Corona de España lodaiá pronto por las calles de M adrid... se iniciara una nueva G uena Civil peor que la del 36... no quedará ni una sola Iglesia, ni un solo conven­ to en pie... La Iglesia no tiene salvación porque no cumple con la Ley de Dios. ¡Qué dolor tengo como la M adre... hay que transformar la Iglesia de Satanás!»

Y precisamente para transformar la Iglesia, Ángel Muñoz quiso montar la suya propia. Fundó la «Orden de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús». Pero lo que colmó la paciencia de los que asistían concienzudamente a sus manifestaciones, fue el hecho de que el vi­ dente quisiera levantar una iglesia en la vecina localidad de Benaguacil. El 11 de agosto de 1990, la Guardia Civil llegó a detener a más de 20 personas vinculadas con la secta de las «Esclavas», que habían permanecido encerradas en su iglesia para evitar la demolición. Mujeres y hombres vestidos de monjas y sacerdotes se empecinaron en tirar piedras y ladrillos desde las ventanas para tratar de evitar el terrible desastre; pero todo fue en vano y la iglesia se demolió.

Luis Benlloch, alcalde de la localidad en aquellos días, declaró «que no podía admitir que los encerrados no acataran la orden judicial y, por ello, previamente a la demolición, se había procedido al desalo­ jo». Este desalojo, como vemos, no fue precisamente fácil; el 13 de este mes de agosto, un joven vestido con sotana y denominado «her­ mano Francisco» amenazó con arrojarse desde el campanario, al que se había encaramado en un descuido de las fuerzas del orden. Aquel día los gritos se pudieron escuchar, seguramente, hasta en Valencia, y todos los que nos encontrábamos allí, (cuello en alto, como en las películas americanas donde siempre el policía salva al presunto suici­ da) temíamos que, de un momento a otro, el cuerpo del «hermano Francisco» fuera a volar por los aires y a estrellarse contra el suelo, cosa que, por fortuna, no llegó a suceder.

El fanatismo de los seguidores de Ángel Muñoz quedó claramente demostrado a lo largo de 1990, cuando todo el suceso culminó con el derribo del famoso pino. Agresiones verbales, físicas y espirituales, suelen ser una constante dentro de la histeria colectiva que se forma en

sagrado por los creyentes y que es el lugar donde, al parecer, la Virgen habla. Flores y reliquias rodean el árbol, sobre el que un crucifijo recibe a los presentes... Ayer (15.09.87), desde las diez de la mañana estaba en el lugar de las apari­ ciones un grupo de personas que acuden habitualmente a preparar el escenario: instalaron altavoces, pusieron más flores y colocaron vallas protectoras «para que la gente no se eche encima de Ángel». Entre estas personas se encontra­ ba Pepa La Torre, una mujer que asegura que «yo también vi a la Virgen. Fue en junio, la primera vez que vine. Yo miraba el sol, pero me cegaba, hasta que le dije a Nuestra Señora que si yo era tan indigna que no podía verla. Entonces miré al sol y ya no me molestó. A llí estaba ella, arrodillada pero sin reclinatorio; pude verla dos o tres minutos...»

Sobre las cuatro de la tarde, los alrededores del montículo se encontraban ya atestados de creyentes.

En las primeras filas estaban los enfermos. Paralíticos, sordomudos y tullidos rezaban fervorosamente, soñando con que la Madre de Dios les otorgara la gracia. Hacia las seis de la tarde, como viene siendo costumbre, llegó el vidente y se situó junto al pino, en una silla desde la que siempre habla a los fieles. Cuando la Virgen se le apareció, cayó de rodillas sin entablar un diálogo. «Aunque sea la voz de Ángel es la Virgen la que está hablando — explicaban los reunidos a los que iban por primera vez—. Lo que sucede es que Nuestra Señora utiliza para hablar sus cuerdas vocales, pero noso­ tros sabemos que es Ella.»

La fe absoluta era la nota predominante aquí. Mientras la Virgen hablaba por boca de Ángel, todos estaban plenamente convencidos de que, ciertamente, su mensaje era un mensaje divino. Todos soñaban con que esta vez pudieran ser ellos quienes la vieran,..

Pasaron los años 8 8 y 89 sin mayores incidentes pero, a partir de 1990, los mensajes de la Virgen y ^lgunas» actuaciones de Ángel Muñoz y sus seguidores, comenzaron a!poner en su contra a gran parte

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de la opinión pública. Como en otras manifestaciones marianas, tam­ bién en este caso los mensajes estaban impregnados de ese componen­ te ideológico tan común a todas ellas. «.. .La Corona de España lodaiá pronto por las calles de M adrid... se iniciara una nueva G uena Civil peor que la del 36... no quedará ni una sola Iglesia, ni un solo conven­ to en pie... La Iglesia no tiene salvación porque no cumple con la Ley de Dios. ¡Qué dolor tengo como la M adre... hay que transformar la Iglesia de Satanás!»

Y precisamente para transformar la Iglesia, Ángel Muñoz quiso montar la suya propia. Fundó la «Orden de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús». Pero lo que colmó la paciencia de los que asistían concienzudamente a sus manifestaciones, fue el hecho de que el vi­ dente quisiera levantar una iglesia en la vecina localidad de Benaguacil. El 11 de agosto de 1990, la Guardia Civil llegó a detener a más de 20 personas vinculadas con la secta de las «Esclavas», que habían permanecido encerradas en su iglesia para evitar la demolición. Mujeres y hombres vestidos de monjas y sacerdotes se empecinaron en tirar piedras y ladrillos desde las ventanas para tratar de evitar el terrible desastre; pero todo fue en vano y la iglesia se demolió.

Luis Benlloch, alcalde de la localidad en aquellos días, declaró «que no podía admitir que los encerrados no acataran la orden judicial y, por ello, previamente a la demolición, se había procedido al desalo­ jo». Este desalojo, como vemos, no fue precisamente fácil; el 13 de este mes de agosto, un joven vestido con sotana y denominado «her­ mano Francisco» amenazó con arrojarse desde el campanario, al que se había encaramado en un descuido de las fuerzas del orden. Aquel día los gritos se pudieron escuchar, seguramente, hasta en Valencia, y todos los que nos encontrábamos allí, (cuello en alto, como en las películas americanas donde siempre el policía salva al presunto suici­ da) temíamos que, de un momento a otro, el cuerpo del «hermano Francisco» fuera a volar por los aires y a estrellarse contra el suelo, cosa que, por fortuna, no llegó a suceder.

El fanatismo de los seguidores de Ángel Muñoz quedó claramente demostrado a lo largo de 1990, cuando todo el suceso culminó con el derribo del famoso pino. Agresiones verbales, físicas y espirituales, suelen ser una constante dentro de la histeria colectiva que se forma en

torno a las apariciones marianas, como si sólo el miedo fuese el arma para convencer, en el contexto de la Nueva Era, a los miles de segui­ dores de este fenómeno.

E Z Q U IO G A .

Una pequeña localidad llamada Ezquioga en la provincia de Guipúzcoa, cerca de lo localidad de Zumárraga, fue el escenario de una curiosa aparición de la Inmaculada Concepción ante numerosos testigos, el 2 2 de junio de 1931.

Sobre aquellos hechos el sacerdote Amado Burguera escribió un libro de cerca de setecientas páginas, que fue editado en Valladolid en el año 1934. Esta aparición fue divulgada en los años anteriores a la

guerra civil, tal vez intentando copiar el modelo de Fátima, o el de Medjugorje en la actualidad, ambas nacidas a su vez en regímenes

comunistas y que han sido, sin lugar a dudas, utilizadas como puntas de lanza.

FENOLLET.

Un pueblo de la provincia de Valencia vivió también, a mediados de los ochenta, una aparición protagonizada por cuatro niños que, junto a una higuera, dijeron ver una luz blanquecina que se agrandaba poi momentos, mostrando en su interior una imagen de rasgos huma­ nos. Los niños: Soraya y Emilio, de 9 años, Rosa Ma, de 8, y Marina, de 6, estuvieron manteniendo el fenómeno durante algún tiempo hasta que, en mayo de 1988, decayó. Sin embargo, en la actualidad todavía hay peí sonas que se acercan hasta aquel lugar, tratando de conseguir algún pequeño milagro casero.

Si hasta Fenollet hubieran llegado en aquellos días algunos de esos personajes tan interesados en sostener las apariciones, seguramente hoy contaría la región con un nuevo Garabandal.

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