Ju an Soto Ramírez
E d i t o rM
C a s a a b ie rta al tie m p o
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA
UNIVERSIDAD A U TÓ N O M A METROPOLITANA J o s é L em a Labadie Rector General J a v i e r M e lg o z a Valdivia Secretario UNIDAD jZTAPALAPA Ó s ca r M o n r o y H erm osillo Rector R o b e r to E d u a r d o T o rres-O ro zc o B e r m e o Secretario P e d r o C. Solís Pérez
Director de fa División de Ciencias Sociales y Humanidades
G ustavo Leyva M a rtín e z
Coordinador General del Consejo Editorial ele la División de CSH
Laura Quintanilla Cedillo
Coordinadora Editorial
G u s ta v o Flores Rizo
J u a n Soto R a m í r e z
E d i t o r
Psicologías
inútiles
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA
Caso abierta al tiempo UMIDADIZTAPAIAPA División de Ciencias Sociales y Humanidades O / - » / r ~» jrürruct
Esta investigación, arbitrada por pares académicos, se privilegia con el aval de la institución coeditora.
Primera edición, octu b re del año 2 0 0 9 © 2 0 0 9
Un iversidad Autónoma Metropolitana
Unidad Iztapalapa
San Rafael Atlixco núm. 8 6 Col. V icentina, Iztapalapa, 0 9 3 4 0 México* D.F. te!: 5 8 0 4 ® 4 7 5 0 tel/fax 5 8 0 4 * 4 7 5 5 ISBN 9 7 8 -6 0 7 -4 7 7 -1 5 1 -0 © 2 00 9
Por c a ra cte rística s tip o g ráficas y d e d ise ñ o editorial Migu el Ángel Porrúa, lib rero -ed ito r
D erechos reservados conform e a la ley ISBN 9 7 8 -6 0 7 -4 0 1 -1 5 8 -6
Responsable d e la edición: M ario Zaragoza Ramírez
Queda prohibida la reproducción parcial o to tal, directa o indirecta del c o nten ido d e la p rese n te o bra, sin contar p rev iam ente con la au to riza c ió n ex p resa y por escrito d e los e d ito re s , en té rm in o s d e lo a s í p revisto p o r la Ley Fed eral del D erecho d e A utor y, en su caso, p o r los tratad os internacionales aplicables.
A m argura 4 , San Á ngel, A lvaro O b re g ó n , 0 1 0 0 0 M éx ico , D.F.
IMPRESO EN MÉXICO PRINTED IN MEXICO
Agradecimientos
Dar las gracias a nombre de todos quizá sea un atrevimiento,
pero serán lo suficientemente coherentes para no hacer enojar
a ninguno de los autores y cubrir ciertos protocolos de utilidad.
Primero, a esta casa de estudios por haber sido cómplice de
nuestra aventura y ejercicio intelectuales. Por último, a Ana
Roiz López quien, desinteresadamente, trabajó de m anera em
peñosa en este proyecto. Con sus conocimientos editoriales y
de psicología social fue un valiosísimo apoyo para que esta obra
saliera adelante. Sin más, e,s oportuno decir que esta página
ofrece suficiente espacio en blanco para que cada uno de los
colaboradores inscriba a los personajes que le plazca. Hay es
pacio de sobra para que escriban lo que les venga en gana y, la
ventaja de ello, es que no sólo estará libre de la dictaminación
sino que será bajo su propio riesgo.
José Morales González*
Prólogo (psicología mosca)
Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca.
La sigo teniendo. Au g u s t o Mo n t e r r o s o
c a z a r moscas. 1. fr. coloq. Ocuparse en cosas inútiles
o v a n a s DBAE
Nada se ha escrito en psicología sobre las moscas (aunque
sea una exageración, no deja de ser cierto], pero no es una
omisión de nuestra disciplina. Definitivamente éstas no son
su objeto de estudio. Las m oscas no tienen pensamiento, mu
cho menos neurosis, ¿autoestim a? sí, pero alta, ahí no hay
nada que hacer. Si el psicólogo experimental suprime de su
reporte científico la comezón que le producen las palomas o
las ganas irresistibles de m irarse en el espejo de la cámara de
Gesell, ¿por qué no suprimir a la mosca que lo acompañó sin
condiciones en el laboratorio? La podrá suprimir de su repor
te científico, pero no de su vida.
La presencia de las m oscas es total: "La mosca invade
todas las literaturas". Aquí no se defenderá este hecho, pues
“U niversidad de Puerco Rico
seguro estás asintiendo gravemente en estos momentos. Ade
más, la mosca no necesita defensores.
Ella es abrumadora.
Un insecto "muy común y molesto", la define el diccionario.
La academia siempre h a sido despreciativa.
Ahora bien, la psicología se ha propuesto estudiar la vida
cotidiana. ¡Qué absurdo!, ¡qué pretensión en todo caso! ¿Quién
necesita que le expliquen la vida cotidiana?, nadie. ¿Qué más
comprensión puede aportar?, ninguna. Y, sin embargo, y como
a todo, la psicología, la cosificó, quitándole la vida a la vida
cotidiana.
Mientras tanto y a pesar de esto, ahí está la mosca: inquie
ta, nerviosa, absoluta. Te observa y se frota los ojos, ¿por
qué?, no se sabe.
Pero la cuestión es ésta: cuando aparece la mosca, surge
la vida cotidiana. La mosca es la reina de la realidad suprema,
pues ella la muestra, la manifiesta, la pone enfrente, da cuen
ta de ella, la hace palpable, ella es la vida cotidiana.
Berger y Luckmann lo sabían.
La vida cotidiana, al igual que la mosca, "se impone sobre
ía conciencia de m anera masiva, urgente e intensa en el más
alto grado. Es imposible ignorar y aún más difícil atenuar su
presencia imperiosa. Consecuentemente m e veo obligado a
prestarle atención total". Cuando se presenta la mosca, la con
ciencia vuelve a la vida cotidiana, a la realidad suprema, como
si volviera de un paseo, y el vuelo que despliega la mosca, y
uno vigila, lo es todo.
La mosca no te atrae a la vida cotidiana, sino más bien te
arroja violentamente desde donde estés hasta esa realidad
mundana. Es igual cuando estás en una reunión importante,
si estás dictando una sentencia, si saludas ferviente a la ban
dera, diagnosticas un caso, anuncias, el futuro económico de
la nación o declaras tu amor. Ahí está la m osca para quitarte
todas esas pretensiones, para recordarte quién eres y en dón
de estás, para atarte a la condición humana e invitarte a pasar,
al fin, a la vida cotidiana.
Juan Soto Ramírez*
Introducción
So b r e la im p o r t a n c ia d e p e n s a r yd is c u t ir l o inútil
Ciertamente, estar "papando moscas" no es lo más útil que
pueda hacerse en la vida. Reconocer lo evidente frente a los
ojos o la nariz, como bien lo recomendaban Brechty Hitchcock
(quienes nacieron, curiosamente, un año después del otro), es
lo que permite estar papando moscas. Papar, comer o tragar
moscas permite preguntarse sobre la inutilidad de lo útil, la
utilidad de lo inútil o sobre sus orígenes y, precisamente, pre
guntarse ¿qué es lo inútil?, es un buen comienzo para abrir un
conjunto de reflexiones en torno a la psicología social, enten
diendo con ello que el carácter que ha adquirido a lo largo de
su historia y desarrollo, ha sido eminentemente experimental
y cuantitativo. Conceptualmente, lo inútil es lo opuesto a lo
útil, palabra que viene del latín utilis que quiere decir que
produce provecho o beneficio, o sirve para algo. En la lengua
francesa, el vocablo outil (que se emplea en plural] significa
utensilio o herramienta. Esto querría decir en algún sentido
que, conceptualmente hablando, la discusión sobre lo inútil
resultaría ser inútil por sí misma. Para que lá discusión sobre
lo inútil cobre sentido, hay que desplazarla a un terreno que
no sea meramente conceptual y comenzar a interrogarse so
bre todas aquellas cosas, situaciones, procesos, etcétera, que,
de una u otra forma, se relacionan con el sentido de lo inútil.
Lo que en una sociedad se designa inútil, tiene que ver, en
términos muy generales, con criterios y elementos, espaciales
y temporales, por consiguiente, lo interesante no es determi
nar o conocer lo que las sociedades designan inútil, sino la
forma en cómo lo designan y construyen los significados de
lo inútil versus lo útil. Es decir, los procesos de significación
de lo inútil o los procesos que ayudan a erigir un límite entre
lo útil y lo inútil, son procesos sociales, políticos, económicos,
psicológicos, etcétera, que están más allá de lo que realmente
es considerado como una u otra cosa.
Lo que se considera útil en esta sociedad, puede no serlo
en otra y así sucesivamente, sin que esto lleve la discusión
sobre lo inútil a una suerte de relativismo epistemológico o a
una postura epistemológica indefinida sobre lo inútil. De he
cho este texto de apertura tratará de esclarecer la forma en
cómo concebimos lo inútil y su pertinencia en el campo de la
psicología social. Cada sociedad tiene sus propios universos
materiales y simbólicos de lo inútil, en cada sociedad hay un
espacio reservado para lo inútil en múltiples planos: el de la
vida cotidiana, el del conocimiento, el de la aplicabilidad de los
conocimientos, etcétera. Basta detenerse a pensar un poco
para comenzar a cuestionarse si un libro sobre lo inútil tiene
sentido en un momento como este.
Si en cada sociedad hay un espacio y un tiempo que pueda
darle cabida a lo inútil versus lo útil, esto nos lleva a pensar que
cada sociedad tendrá sus propios criterios para designar lo
que cabe en dicho espacio. Y eso es precisamente lo que hace
de la inutilidad, u n tópico interesante en la reflexión para la
psicología social. Lo interesante no es todo aquello que sea
designado como inútil por una u otra sociedad, sino los crite
rios, se dice enfáticamente, que utiliza cada una de las socie
dades para realizar dicha designación. La reflexión sobre la
forma en cómo se construyen dichos criterios es lo que permi
te una discusión inteligente sobre lo inútil y no, precisamente,
adoptar la postura de que lo inútil lo es simplemente y no tiene
sentido pensar en ello porque eso resultaría ser una tautología.
Dicho sea de paso, se piensa, no en esta obra sino en términos
generales, que una tautología es un pensamiento inútil.
Aunque a Howard Gardner se le ha criticado demasiado y
se ha llegado a decir que su Teoría de las inteligencias múltiples
es el consuelo de los estúpidos, él propuso, por ejemplo, que:
los actuales métodos para evaluar la inteligencia no se han afi
nado lo suficiente como para poder valorar los potenciales o los
logros de un individuo en la navegación por medio de las estre
llas, dominar un idioma extranjero o componer una computado
ra [que] el problema consiste no tanto en la tecnología de las
pruebas sino en la forma como acostumbramos pensar acerca
del intelecto y en nuestras ideas inculcadas sobre la inteligencia
[1983: 36], Quizá sin quererlo, la propuesta de Gardner nos
acercó a una discusión sobre la forma en que los criterios para
designar una habilidad, un comportamiento, un pensamiento,
un conocimiento, etcétera, como inteligente, dependían no de la
tecnología que se desarrollase para tratar de medirlos sino de
los criterios sociales que rondaban dichos sucesos. De alguna
manera, podemos decir que la utilidad de un conocimiento de
pende de la situación en la que se valora su pertinencia. Vaya
mos a un ejemplo más claro: un buen psicólogo social, para
muchos, es aquel que conoce bien a los clásicos de su discipli
na, que identifica las corrientes teóricas que le dieron cuerpo a
la misma, que no sólo sabe plantear problemas de investigación
sino que sabe resolverlos, que se actualiza y puede estar a la
vanguardia de las discusiones contemporáneas de la psicología
social, etcétera. Sin embargo, dichos conocimientos parecen no
ser muy útiles en el momento de estar en la fila para comprar
un boleto en un estadio de fútbol o hacer una reservación en
una aerolínea o en un hotel. La utilidad de un conocimiento, por
ejemplo, está determinada, e n buena medida, por la situación
social, por el tiempo y el espacio en donde se le utiliza. Hay
conocimientos que uno posee y, no obstante, son inútiles por
que la situación social no los exige. Lo que puede parecer inútil
en una situación puede no serlo del todo en otra. O, lo que pudo
ser útil en el pasado, no lo es más en el presente. Cada quien
puede construir y documentar sus propios ejemplos. Los crite
rios de utilidad-inutilidad están determinados por los elementos
espaciales y temporales propios de una sociedad y una cultura
determinadas. ¿Cuántos no eligen estudiar psicología social
pensando que jamás se volverán a encontrar con las matemáti
cas? y se llevan una bonita sorpresa cuando descubren que el
positivismo se coló hasta en la sopa.
Cuando Bertrand Russell emprendió una crítica feroz ha
cia La concepción de la verdad de W. James en sus Ensayos Fi
losóficos, dejó muy claro que: la principal crítica que habría
que hacer al pragmatismo consistía en negar que la utilidad
sea un criterio útil, porque a menudo es más difícil determinar
si una creencia es útil que determinar si es verdadera [y que]
la argumentación de los pragmatistas estaba dirigida casi en
teramente a dem ostrar que la utilidad era un criterio [y que];
se suponía que se seguía de ello que la utilidad era el signifi
cado de la verdad (1940: 172-173], El punto m edular de la
crítica de Russell parece descansar en varios elementos: el
primero, está relacionado con la manera en cómo determinar
el género de bondad de una creencia; el segundo, está relacio
nado con la forma en cómo se establece una diferencia entre
criterio y significado y, el tercero, en que no se puede aceptar
la idea de que la utilidad justifique el significado de la verdad.
Russell ponía el siguiente y excelente ejemplo:
la creencia en dios es verdadera, es decir, útil, mientras que
lo que la religión desea es la conclusión que dios existe, con
clusión a la que el pragmatismo ni siquiera se aproxima
(ídem. 180],
Es decir, la creencia en dios es verdadera, eso nadie lo
puede negar, pero la creencia en dios no justifica la existencia
de dios. Y esto, de igual forma, nadie lo puede negar. No im
porta de qué dios se esté hablando. Las creencias por sí mis
mas no justifican la veracidad de su contenido: para que a uno
lo asusten los fantasmas es necesario, primero, creer en ellos.
En otras palabras, si yo creo que algo es útil o inútil, mi creen
cia no justifica la utilidad o inutilidad de aquello que creo que
es útil o inútil porque para "juzgar" tengo que establecer "cri
terios" que me ayuden a distinguir lo uno de lo otro. Y en el
momento en que declaramos que algo es útil o inútil, por lo
regular, no hacemos públicos los criterios que nos llevaron a
dicha declaración y sólo los asumimos, pero sin siquiera dar
nos cuenta de que ahí están. Utilizamos criterios de distinción
sin tener la oportunidad de saber lo que estamos haciendo. Lo
im portante no es que nos percatem os de que haya conoci
mientos útiles o inútiles, sino de la forma en cómo llegamos a
percatarnos de ellos y en tratar de entender las form as en
cómo se han fijado dichos criterios de "distinción". Lo esencial
no es si usted llega a la conclusión de que este es un libro útil
o inútil, sino la forma en que llegó a ello, por decirlo de algún
modo diferente y coloquial, las conclusiones no son tan impor
tantes como las maneras en que se llega a ellas. En términos
lógicos, el "resultado" es tan importante como la "regla" y el
"caso", pues el dilema central radica no en la grandeza o bri
llantez del "resultado" obtenido sino de la forma en cómo se
llega a la "regla" o al "caso" y las conclusiones deberían ser tan
im precisas como la incertidum bre que las originó, pero se
presentan de otro modo.
D esarrollar una psicología que gire en torno a lo inútil
tiene un tono crítico, pero n o es una forma cobarde de negar
la relevancia de la psicología aplicada ni de descalificarla. Sim
plemente implica destacar u n punto central en las discusiones
contemporáneas y que está relacionado con la forma de esta
blecer los criterios para diferenciar el carácter de utilidad o
inutilidad de unas y otras psicologías. Tal como lo dijo Michael
Billig: para que un trabajo e n psicología sea considerado,
cierno" y "científico", tiene que cumplir con algunas caracterís
ticas básicas. Una de ellas es que debe incluir bibliografía ac
tualizada: cada artículo debe hacer referencia a otro conjunto
de artículos publicados hace no más de cinco años y, prefe
rentemente, en un Journal (1987: 1). Esto, en un sentido am
plio, es una garantía de que el trabajo presentado pueda con
siderarse "moderno" y u n a garantía de que ofrezca una
perspectiva actualizada e innovadora de la temática que abor
de. Se busca que: nuestras teorías psicológicas sean construi
das con el m ayor núm ero de elementos modernos posible
(ídem. 1], De acuerdo con lo anterior, el acercamiento a las
lecturas, por llamarlas de algún modo, clásicas, perdería sen
tido y relevancia, ya que no formarían parte del mundo m o
derno de la psicología.
Veamos. Casi todos los psicólogos sociales parecen estar
de acuerdo en que al psicólogo alemán nacido en 1832, en
Neckarau (ahora parte de Mannheim), llamado Wilhelm Wundt,
se le atribuya la fundación del primer laboratorio de psicología
experimental en 1879 (cuando tenía 47 años, aproximada
mente]. La mayor parte de los libros de historia de la psicolo
gía, llegan a considerarlo "el" fundador de la psicología expe
rimental, aunque olvidan que Wundt no sólo se dedicaba a la
psicología experimental ya que sus publicaciones, por ejem
plo, llegan a más de 500. Cualquier psicólogo social lo sabe,
entre sus obras m ás destacadas encontramos Psicología de los
pueblos, la ctial se reunió en 10 volúm enes y le llevó cerca de
20 años escribir (1900-1920], lo cual quiere decir que no se
dedicaba exclusivamente a su laboratorio. Al igual que algunos
filósofos de la época, escribió tratados de filosofía: Lógica
(1880), Ética (1886) y Sistema de filosofía (1920). Los tres tra
tados de filosofía que Wundt escribió, estuvieron listos antes
que el Tractatus-logico-philosophicus (1921), de Ludwig Witt-
genstein. Pero a Wundt no se le reconoce como un filósofo
sino como "el fundador del prim er laboratorio de psicología
experimental", tal como aprendimos muchos en la universi
dad y, desgraciadamente, se sigue enseñando así. A muchos,
la mayoría de los psicólogos experimentales incluidos, se les
olvida que Wundt también hacía otro tipo de psicología: más
filosófica y menos o nada, experimental.
William James, el pragmatista más famoso (Collins, 199,4;
262,- Miller, 1989: xvn], también fundó un laboratorio de psico
logía experimental: [aunque] se da como fecha oficial del na
cimiento de la psicología científica el año de 1879, en que
Wundt estableció en la Universidad de Leipzig un laboratorio
psicológico [pero], tanto él como James tenían laboratorios de
demostración desde 1875 [Miller en James, 1989: xi), lo cual
indica que la psicología experimental tuvo un doble nacimien
to. A James, a diferencia de Wundt, lo reconocen por otras
cosas como por su célebre libro Principios de psicología [1890],
libro muy citado y poco leído. O también ío conocen por sus
contribuciones al pragmatismo: filosofía oriunda de Estados
Unidos que se arraigó en Europa [curiosamente fundada por
Ch. S. Peirce y no por el mismo James). Tanto James como
Wundt tuvieron un pasado en común, estudiaron medicina y
fisiología, impartieron clases de fisiología, pero son reconoci
dos como psicólogos. Sin embargo, muchas de sus obras no
son tomadas en cuenta por los psicólogos modernos. Salvo la
Psicología de los pueblos (que p or cierto se lee en pedazos y
también se cita demasiado), pareciera ser que las demás obras
de Wundt, en muchas partes del mundo, quedaron en el olvi
do, pasan inadvertidas o no son consideradas fundamentales
para la psicología social. ¿Qué nos lleva a pensar en esta si
tuación? Bueno, pues al hecho de que en las universidades,
tal como lo decía Ch. S. Peirce en sus Escritos fílosófícos: se
establece un nivel (standard) oficial de verdad, y mira con des
agrado a todo el que lo cuestiona (1931: 60).
Bajo el título El estudio de lo inútil, Peirce dedicó cinco apar
tados para destacar: uno, que contemporáneos de Kepler como
Descartes y Pascal, habían abandonado el estudio de la geome
tría porque decían que era totalmente inútil; dos, que lo que
distingue a la ciencia verdadera es el estudio de las cosas inúti
les, pues estas serían estudiadas sin la ayuda de científicos;
tres, que el propósito de las llamadas "universidades" no es la
solución de grandes problemas sino meramente la preparación
de una selección de jóvenes para ganar más dinero que sus
conciudadanos no tan favorecidos,- cuatro, que en las pequeñas
academias destacaba un tono general de respetabilidad a la
ciencia p u ra; y cinco, que podía dudarse de las aportaciones
mismas de las academias científicas al mundo de la ciencia.
Peirce afirmaba que: las universidades alemanas durante toda
una generación rechazaban sin consideración a cualquiera que
no ensalzara su rancio hegelianismo, hasta que llegó a producir
hedor en las narices de cualquier hombre de sentido común (y
que] después cambió la moda oficial y un hegeliano era tratado
en Alemania con la misma estupidez arrogante con la que antes
era tratado u n antihegeliano (ídem. 60).
Con el afán de dejar en claro hacia dónde apunta este con
junto de reflexiones sobre lo inútil, tomando como base la
propuesta de Peirce, digamos que en psicología social sucede
algo parecido. Primero, que hay un conjunto de temáticas que
en psicología social no se abordan porque simplemente se
consideran inútiles sin poner en claro los criterios que se em
plean para realizar dicha caracterización y, en consecuencia, la
psicología social cuenta con temáticas que se manosean una y
otra vez. Segundo, que la investigación, la reflexión y el estudio
de lo que desde la psicología social formal es considerado in
útil, verdaderamente podría permitir un distanciamiento sano
de la psicología tradicional y ofrecería no sólo nuevas dimen
siones interpretativas a la disciplina sino también diferentes
maneras de problématizar la realidad. Tercero, que las versio
nes oficiales de la psicología social no sólo se imponen autori
tariam ente y limitan el pensam iento de los estudiantes en
proceso de formación de la disciplina, sino que también desa
lientan la apuesta por la conformación de nuevas versiones de
la psicología social y producen su propio hedor, que no es
precisamente el hedor a viejo. Cuarto, que posicionarse en el
blindaje discursivo de la psicología científica no permite más
que reproducir tradiciones de pensam iento que en vez de
realizar aportaciones a la disciplina, sólo permiten ganar pres
tigio. Y quinto, que la utilidad de la psicología social parece
estar calibrada con los ingenuos instrumentos sociales, políti
cos, económicos y culturales de quienes siguen sosteniendo
aberrantemente que "psicología que no es aplicada, no sirve".
Hay otras form as de h acer psicología social. Hay otras
formas de pensar, problématizar, interpretar, reflexionar e in
cluso experimentar la realidad y no son precisam ente esas
que confunden los conceptos de rigidez con el de rigor en el
proceso de la investigación. Rigor metodológico y rigidez me
todológica, son dos cosas distintas. Hay otros m étodos y
técnicas de investigación que no son precisam ente los que
arrastran la herencia de la filosofía positivista. Creemos, fe
hacientemente, que hay otras formas de hacer psicología so
cial. Hay psicologías que irónicamente hemos llamado inútiles
por quedar al m argen del blindaje científico de esta época,
pero que cobran relevancia gracias a esas formas de hacer
psicología que no permiten m irar otras "realidades" ni m ucho
menos, mirar de otras maneras. Psicologías inútiles es u n a in
vitación a pensar en "objetos" que han sido desdeñados por la
psicología dominante y los guetos conservadores de psicólo
gos sociales que se oponen abiertamente a admitir que hay
otras formas de generar conocimiento que no sea siguiendo
más que los "mandamientos" del positivismo.
So b r e l o s p r o p ó s it o s in ú t il e s d e l libro
Este libro tiene dos propósitos centrales. El principal, es ofre
cer a los psicólogos sociales en particular y a los curiosos en
general, un conjunto de reflexiones que giran en torno a dife
rentes temáticas que se alejan de los intereses convencionales
de los investigadores que trabajan, como nosotros, en el mis
mo ámbito disciplinar. Los núm eros que contiene este libro,
como podrá darse cuenta, son: los que marcan el núm ero de
página donde se encuentra el lector, el año en que se publicó
algún libro, el consecutivo de un apartado, el núm ero de pági
na que se anotó para gúiar la cita o la referencia, el del respec
tivo
is b no algo por el estilo y esto, es un verdadero logro. Al
día de hoy, los "números", las "tablas" y los "gráficos", por
ejemplo, se han convertido en una parte "esencial" o en un
"requisito" para publicar o presen tar trabajos en algunos
eventos académicos. Este no es el caso. Es un verdadero logro
contar con una publicación como ésta en un m om ento en
donde la forma dominante de hacer psicología social se pare
ce más al análisis estadístico y la aplicación indiscriminada de
cuestionarios, que al estudio de la mente. Los psicólogos so
ciales contemporáneos, en su mayoría, parecen haber olvida
do el significado etimológico de psicología y parecen haberlo
confundido con el estudio de fórmulas matemáticas o el dise
ño de cuestionarios. Es un logro también hacer psicología sin
remitirse a la idea de que el pensamiento está en el cerebro o
dentro de la cabeza. Asumimos, de diferentes modos, una idea
central, que el pensamiento es eminentemente social y está
"entre" las personas y no precisamente "dentro" de nosotros.
Esto es un logro, sin lugar a dudas, pues vivimos en una épo
ca en la que se ha confundido el estudio de la mente con el del
cerebro. Y no son la misma cosa.
Sin embargo hacer esto es arriesgado pues de algún modo
es ir como a contracorriente. Tanto la forma deescritura como
las ideas aquí vertidas son u n tanto opuestas a las tendencias
generales y dominantes de la psicología social. Algunas ponen
en entredicho diferentes ideas de "sentido común" que se
tiene sobre el pensamiento, la mente, el lenguaje, las emocio
nes, la memoria, etcétera. Es pertinente prevenir al lector que
no se trata de un libro convencional que siga los criterios de
la American Psychological Association
(a p a ),aunque algunos
de los textos no pudieron prescindir de la inclusión de citas.
Esta introducción es un claro ejemplo. No, obstante, el lector
podrá encontrar ensayos que, a su vez, se alejan de los forma
lismos y tienen un carácter m ás literario, por llamarlo de al
gún modo. No hay temor alguno en utilizar la palabra "litera
rio" pues m ás que nunca, hoy, entre los autodenominados
"científicos" de la psicología social, se considera que si un
texto sólo tiene "letras", no es útil. Si tiene números, tablas y
gráficos, entonces debe ser u n "reporte de investigación", útil
y todo lo que ello implica. Una buena cantidad de psicólogos
sociales confunden teoría con literatura y, bien visto, eso no
está nada mal y hasta es una idea sugerente para otro libro.
Hoy en día, una "gran cantidad" de psicólogos sociales se re
fieren a las teorías de la psicología social como "la literatura"
de la disciplina. A otros tantos esta idea les incomoda, sobre
todo a los "puristas" de la psicología social. Pero lo cierto es
que en ambos casos hay una, digámoslo así, actitud de des
precio hacia la literatura. Y en ambos casos se hace hincapié
en distinguir "ciencia" de "literatura". Después de todo, a Bergv
son, un curioso filósofo francés que insistía empecinadamen
te en discutir con Einstein, y a Russell, uno de los filósofos
m ás brillantes y gran lógico británico, les dieron premios
Nobel de literatura. ¿Será que la literatura se confunde fácil
mente con la filosofía? o ¿será que, a fin de cuentas, la filosofía
es demasiado literaria y la literatura demasiado filosófica? No
lo sabemos, pero lo cierto es que si por literario se entiende
algo que tiene inclinaciones filosóficas, pues está muy bien. Le
tocará al lector juzgarlo por sí mismo.
El hecho de que algunos trabajos aquí presentados inclu
yan referencias no fue una situación intencional y deliberada
(no meramente incidental], pues la convocatoria a participar
en este libro así lo consideró desde el principio, El título del
libro estuvo listo antes que el libro mismo (no se le puso al
final como casi siempre ocurre). Esa especie de "coherencia
semiótica" entre el libro y su título se trató de cuidar desde el
principio pues la convocatoria para los invitados fue siempre
la de participar en u n libro de psicologías inútiles. Y no en
escribir algo para un libro que después veríamos cómo íba
mos a titular. Por ello, desencaja un tanto con los libros tradi
cionales de psicología social, sobre todo con los que tienen el
formato de "manuales de psicología social" o, con las tan de
moda, "cartografías".
Cabe señalar que el formato que han adoptado las formas
dominantes de hacer psicología social, de algún modo, limitan
el carácter expedito del pensamiento y, por tal motivo, este
libro trató de alejarse, hasta donde se pudo, de aquél, pero fue
imposible escapar del todo. Otras dos ideas centrales que
nutrieron la convocatoria para realizar esta obra, fueron las
de no recibir trabajos de reflexión que tuviesen utilidad (en un
sentido formal e irónico solamente), y que no fuesen reportes
de investigación. Situación que permitió ir de un tópico a otro,
a veces en el "alto contraste", como lo podrá notar en los tra
bajos ya que, como todo libro escrito por 24 manos, tiene va
riaciones en los alcances de cada texto; situación que es res
ponsabilidad exclusiva de los autores. Lo que debe tener en
claro el lector es que este libro es un ejemplo de cómo nos
fuimos aventurando en este terreno de la psicología social, de
forma colectiva y voluntaria (hubo algunos que no pudieron
llegar al final de este recorrido con nosotros), y de cómo fui
mos aspirando a construir un libro que si bien no se moviese
en un terreno fangoso, por lo menos se alejara de los "campos
fértiles" de la psicología convencional. Más allá de los blinda
jes epistemológicos de la psicología social dominante, hay
otras formas de hacer psicología social y éste, es sólo un pe
queño y modesto ejemplo.
El segundo propósito de este libro es quizá más irreveren
te, ya que quiere hacer de los tópicos de las psicologías inúti
les, ámbitos de reflexión y disertación, tomando en cuenta que
no son los únicos. No se pretende, tampoco, institucionalizar
la psicología inútil aunque exista, por ahí perdido, un
fíesto" de qué es lo que la caracteriza. El libro contiene 11
capítulos de lo que se nos ocurrió, podría tener cabida en el
proyecto, pero de ninguna m anera agota las temáticas de in
utilidad sobre las cuales se podría reflexionar, eso sí, lejos de
la psicología social dominante. Los textos que se incluyen en
el libro no agotan el amplio espectro de inutilidad de nuestro
tiempo y espacio sociales e n m ateria de psicología social.
Cada uno de los textos está escrito en estricto apego al "estilo"
del autor, por lo que no ofrecen la "homogeneidad" que algu
nos podrían esperar. Pero esto no significa que el libro sea una
tomadura de pelo o que carezca de profundidad en el análisis
de la realidad social. El nivel de profundidad en el análisis no
está asociado al núm ero de cuartillas que tiene cada ensayo
y varía en uno y otro caso. Uno de los principios básicos que
asumimos es que calidad y cantidad no son palabras sinóni
mas. Se puede decir mucho en poco espacio y poco en mu
cho espacio, pero ello depende también de cada uno de los
autores.
No es la pretensión, como la de otros libros y como lo
marca la tradición literaria, de escribir en la introducción la
descripción general (por lo regular mal hecha], de cada uno
de los capítulos que conforman el corpus de este libro. Seria
más interesante ir al texto de su preferencia, motivado y a sea
por el título del texto, por el nom bre del autor o porque sim
plemente ahí se abrió el libro entre sus manos. Lo que se
puede decir del libro es que consta de tres partes: apertura,
clímax y cierre. En la prim era se encontrará usted con un
ensayo que lo llevará a los cuestionamientos relativos sobre
la inutilidad de la psicología social. En la segunda, p od rá
encontrar los ensayos, propiam ente dichos, de psicologías
inútiles y los temas son diversos: el oxígeno y la sociedad,
los deseos, la música del arrabal, las banquetas, las paredes, los
barcos y la mentalidad, el fútbol y la lucha libre. Por último,
encontrará un par de trabajos que cierran esta obra, pero que
permiten abrir un conjunto de reflexiones sobre la necesidad
de una psicología más literaria y teórica. El orden de los tra
bajos de la segunda parte no debe ser entendido como el
producto de un ordenamiento secuencia! sino como u n con
junto de ensayos que corren de m anera paralela, pero en un
libro que exige que uno vaya primero y otro después es impo
sible hacerlo. No así en su imaginación. Los trabajos de la
segunda parte son, propiamente, ejemplos de psicologías in
útiles. Sin embargo, y como ya se mencionó, cada uno podría
construir su propio dominio de inutilidad para discutir sobre
diferentes tópicos de reflexión.
Una última cosa que vale la pena señalar es que en este
libro sólo participamos psicólogos sociales y que el centro de
nuestras motivaciones para materializar esta obra fue que to
dos teníamos al menos una idea o un texto guardado que ja
más íbamos a enviar a un congreso o a un coloquio por el
hecho de que, incluso, nosotros mismos, considerábamos in
útil. Sin embargo, en este ánim o de ir conversando en los
pasillos sobre qué podía aportar cada uno al proyecto, logra
mos este libro que caminó con la lentitud descrita por Kunde-
ra. Su cualidad es que puede leerse demasiado rápido. Cada
uno de nosotros sacó debajo del colchón, bien la idea o bien
las hojas llenas de polvo escritas años atrás, para darle forma
y contenido, vida y cuerpo a un libro. Piense que si usted lo
tiene entre sus manos, es porque seguramente pasó la dicta-
minación y, de algún modo, se ajustó a los criterios de utilidad
de esta época y de algunas instituciones. Después de todo, no
es un libro tan inútil como aparenta.
Apertura
Encuentre con
la
Capítulo I
La inutilidad de la psicología social
Adriana Gil y Joel Feliu*
Ad v e r t e n c ia
Pertenecemos a una especie en vías de extinción, comúnmente
conocidos como psicólogos sociales. Estamos asi porque poca
gente cree que nuestra tarea tenga alguna utilidad y porque
somos perfectamente conscientes de que ante la situación de
. escoger entre financiar la lucha contra el cáncer o la dinámica
de grupos, nadie en su sano juicio, ni siquiera nosotros mismos,
dudaría un solo segundo en elegir la primera opción. Ahora
bien, el hacernos acreedores de tanta inutilidad, nos pone en la
tesitura de pensar ¿cómo hemos podido llegar a este punto y
cuál debe ser nuestro camino? Ante nosotros se abre el doble
horizonte cuyos caminos son completamente opuestos: o deja
mos de ser inútiles o lo somos más. ¿Cómo elegir ante semejan
te disyuntiva? Nuestro diagnóstico comienza con la detección de
tres errores que desencadenan grandes consecuencias.
Nuestro primer y principal error como miembros de este
gremio, ha sido decir constantemente que nos dedicamos a tra
tar de comprender y explicar los fenómenos sociales. Pretensión
legítima e incluso importante, por la que más de uno estaría
dispuesto a dar algo de dinero, pero que pasa por tratar a los
fenómenos sociales como si fueran "simplemente fenómenos", es
decir, algo diferente al resto de la vida cotidiana y, peor aún, como
“U niversidad A utónom a de B arcelona.
si hubiese algo en esta vida que no fuera de carácter social. Esta
separación obliga a pensar que a los científicos sociales los rodea
el aura de todo iniciado especialista en cosas de mundos lejanos
y refuerza la creencia de los "científicos naturales" de que su
conocimiento no es social ni está contaminado por las impurezas
de la corrupción que toda sociedad trae consigo.
Nuestro segundo gran error fue pensar que lo que decía
mos era útil para la sociedad, es decir que gracias a las aporta
ciones de los psicólogos sociales éste mejoraría y podríamos
unir sin vergüenza nuestra disciplina a la lista de organizacio
nes no gubernamentales del momento, contribuyendo así al
círculo virtuoso de la caridad-solidaridad en que termina todo
intento de ayudar a los pobres, a los niños y a las mujeres,
entre los cuáles los más renombrados son los huérfanos y las
viudas a causa de la ausencia de la figura masculina que toda
ciencia proclama necesaria para el buen desarrollo de perso
nas, empresas y países.
Nuestro tercer error, el lector juzgará si es el definitivo, ha
sido escribir este texto y sobran los comentarios al menos
hasta la última página.
¿Cómo se puede atrever uno a cuestionar la utilidad de
una disciplina hecha por, para, desde y en la universidad?
Después de algo así y sumando al raro supuesto de que al
guien influyente leyera este texto, el aún .más raro supuesto
de que lo convenciera, desaparecería definitivamente la ya
precaria financiación que obtienen los proyectos de investiga
ción psicosocial. Y aquellos psicólogos sociales que pudieran
estar de acuerdo con algunos de nuestros presupuestos sobre
la inutilidad, dejarían de ser financiables, que es lo que más
tiempo nos ocupa últimamente como universitarios en gene
ral y como psicólogos sociales en particular. Muchos psicólo
gos sociales buscan ser útiles y eficientes para ser merecedo
res del prem io, del reconocim iento y del financiam iento
público y privado. Estas son algunas vías que nos permiten
seguir vivos como disciplina útil dentro de las ciencias renta
bles. Por ello, convencemos y nos convencemos de la necesi
dad de la psicología social, nos persuadimos y persuadimos
de la importancia de los estudios sobre las problemáticas so
ciales o de la rentabilidad del conocimiento social. El dicho
popular "más vale prevenir que lamentar" es el imaginario en
el que apoyamos nuestro desesperado intento de ser útiles
p ara una sociedad que se quiere a sí misma consumible y
productiva, en consonancia con los deseos empresariales más
íntimos y arraigados. Muchos correm os con gusto a poner
nuestro prestigio al servicio de otros, si estos a cambio nos
pagan, ya que así se valida nuestra disciplina y nuestro papel
en ella. El pago, para colmo, no es para nosotros, ni siquiera
sirve para alimentar a nuestros hambrientos hijos, sino sola
mente para mejorar (mejor silla, mejor cubículo, mejor compu
tadora, mejor impresora, mejor papel, mejor software), la apa
riencia de nuestras investigaciones, haciéndolas ciertamente
no más útiles sino más legítimas, m ás grandes, más verdade
ras porque están dentro del circuito de los grupos de investi
gación y de los círculos de calidad universitaria.
Así, muchas veces y casi sin damos cuenta, dejamos la do
cencia por la gestión, pero ni siquiera por la gestión docente, sino
por la de nuestro currículum, por la gestión de nuestra imagen y
nuestra influencia personal, institucional o disciplinar, el hecho es
que estamos en vías de cambiar de profesión. Pero, si no somos
gestores, ni hombres de negocios, ni administradores ¿para qué
queremos esos recursos? Para enseñar e investigar decimos,
¿pero para qué? ¿Que la universidad hoy en día es también una
empresa útil generadora de recursos, servicios y explotadora de
conocimientos con franquicias y patentes, llena de personal pre
cario? o ¿que somos ese inútil sitio donde se piensa, se compren
de, se reflexiona y se critica sin más? He ahí la cuestión.
Pa r a a c l a r a r el a g u a
Dicho lo anterior, haremos un par de aclaraciones que debemos
a los lectores respecto a nuestra reivindicación y en beneficio de
nuestra argumentación. En primer lugar, debemos recordar que
los académicos también tenemos una vida cotidiana y también,
por cierto, un gran empeño en negarla. Ésta tiñe todas nuestras
actividades hasta lo más íntimo del tejido de saberes que se
crean con ella. Innegablemente la academia es el espacio por
excelencia de los saberes legitimados, cuya condición está dada
por el inmenso trabajo de borrado de los rastros de vida cotidia
na, del barro de las amistades, de las preferencias políticas, de
las manías personales o de los trozos del periódico del desayu
no. Este borrado no hace saberes más puros ni más objetivos,
ni mejores que los que se producen en otras partes, única y
exclusivamente los hace más legítimos, más verdaderos para
aquellos que aceptan el juego de poderes del conocimiento cien
tífico, es decir para la mayoría de nosotros.
Como consecuencia de esta primera aclaración, viene la
segunda, que no hay otra realidad por encima de la que no
sotros podam os conocer. Esto no es una trivialidad. Este
"nosotros", al igual que cualquier "yo", no es un conjunto de
simples receptores de estím ulos ni procesadores de datos
"externos" sino que se trata de sujetos complejos, formados
mediante un proceso histórico, gente mezclada de mezcla de
gente, seres colectivos que comparten espacios en razona
mientos y sentires comunes. Y la realidad, la que va desde las
piedras hasta las depresiones, es contingente a todo ello.
Mientras esta gente es de carácter híbrido, nosotros no
podemos producir otra cosa más que espejos que la reflejan y
la traicionan. El conocimiento que producimos está plagado
por apariciones fantasmagóricas, tanto más espectrales cuanto
más adherido a la retórica científica positivista se halle nuestro
trabajo. Pero como saben muy bien los habitantes más primi
tivos de nuestro mundo, lo espectral no elimina lo real, ni lo
científico elimina lo retórico. Aunque nos cueste más trabajo
identificar las metáforas originales debajo de tanta voluntad de
neutralidad, las imágenes están ahí, al acecho, esperando al
voluntarioso deshacedor de entuertos que las desenrede de
entre tanto nudo bien trabado que supone cada nuevo experi
mento, cada nueva encuesta, cada nueva observación, cada
nueva interpretación, cada nueva afirmación de que lo que se
sabe "es" y que lo que es, se llegará a "saber". No se trata de
promover el desvelamiento de verdades ocultas sino más bien
de evitar el ocultamiento de aquellas partes de la creación que
no son convenientes al conocimiento porque podrían volver
lo no más frágil, pero sím enos duro. No más fragmentado, pero
sí menos compacto. No más dudoso sino más accesible. Como
cuando nos damos cuenta de que la carta oculta se hallaba fren
te a nuestra nariz y que no la veíamos porque a lo oculto se le
presupone algo de oscuridad y misterio.
Lo cierto es que al conocimiento que no se le ven las en
trañas, del que no se puede descifrar cómo se ha construido
porque se nos ocultan los datos esenciales del proceso - a ve
ces con la apariencia de formulaciones técnicas y la apelación
de que solamente los iniciados pueden comprenderlo- vale la
pena sospechar. Debe sospecharse porque quienes han des
cubierto la verdad no saben cómo cambiará el mundo con su
nueva propuesta ni se dignan a explicamos todas las condi
ciones de producción de dicha verdad. Es bien sabido que el
infierno está lleno de buenas intenciones y eso sí es algo que
la psicología social corroboró con certeza mientras se dedica
ba alegremente a la electrocución simulada de aprendices o al
encarcelamiento de estudiantes para jugar a "policías y ladro
nes", por ejemplo.
El
d o l o r d e l a d isc ipl in a"Por sus actos los conoceréis", dijo alguien y por los descubri
mientos que construimos los universitarios, también nos co
nocerán y nos sufrirán. Empecemos con una pregunta y una
respuesta: ¿cómo puede u n a disciplina destinada a aliviar el
sufrimiento del mundo, contribuir a crear más? Negando a la
gente la posibilidad de hablar fuera del juego científico, ale
gando que la verdad y el conocimiento, sólo tienen una vía de
llegada y un andén para apearse. La retórica de la verdad sir
ve para discriminar otras posibles verdades, para esconder el
mundo de los taxistas, de los ciegos, de las amas de casa con
siete hijos, de los ejecutivos estresados, de cualquier otra rea
lidad. Este es el sufrimiento que crea la psicología social, el de
la anormalidad, el del miedo al conflicto, el de dar derecho a
unos a sacar a otros de la vida oficial, el de naturalizar el he
cho de que a alguien no lo van a escuchar nunca, el de ser
vestido con categorías que a uno le quedan tres tallas más
grande como la raza, el género, la etnia o hasta la lengua, es
decir el lenguaje, pero convertido en un pasaporte exclusivo
de una cultura.
Pero no es la única forma que tiene de hacer sufrir, hay
algunas más retorcidas, por ejemplo, ofrecer explicaciones
causales a las personas sobre el porqué de sus conductas,
opiniones y sentim ientos sin siquiera preguntar a los impli
cados. O afirmar que las personas son controladas por pro
cesos que están m ás allá de su voluntad y que poco puede
hacer la persona para librarse de alguna de las determinacio
nes que le acechan a cada paso que da. Sus ideas y sus ac
ciones serán producto de su género, de su cultura y algunos
radicales afirman incluso que de su clase social, de sus ge
nes o de su procesador cognitivo de datos, también conocido
como mente.
Lo retorcido proviene del hecho de que para emprender
la tarea de forma científica, primero se debe clasificar a al
guien mediante categorías, para tal fin se le puede preguntar
al sujeto por su pertenencia o bien el propio investigador pue
de clasificar a los sujetos basado en sus juicios (por ejemplo,
asumiendo que basta con una mirada de reojo para clasificar
a un hombre y a una m ujer en categorías distintas, una mira
da fugaz para distinguir a blancos de negros y una mirada li
geramente más atenta para separar a coreanos de chinos y
japoneses, o a catalanes de españoles y franceses]. Una vez
terminada la labor del prejuicio, sea éste del sujeto, de su en
torno o del investigador, el sujeto es llevado a actuar ante al
gún estímulo concreto. Finalmente y, feliz de comprobar que
hay diferencias estadísticamente significativas entre sus gru
pos, el investigador, usualmente doctor en psicología social,
concluye que ello se debe a las diferencias culturales, de gé
nero o de clase de sus sujetos. De esta manera un prejuicio
se convierte en una realidad. Y aquellos que estábamos destL
nados a terminar con un mundo lleno de prejuicios, estereo
tipos y discriminaciones, nos vem os forzados a reconocer que
tras ellos se esconde la verdad de las diferencias humanas y
la verdad de la diversidad. Lo bonito del método científico es
justamente esto, primero inventa la realidad y luego la com
prueba, una vez demostrada es irrefutable porque si alguien
quiere ofrecer alguna explicación alternativa, jamás podrá
hacerlo desde el interior de ese marco teórico y si se sale de
él jamás podrá ofrecer ninguna explicación que se considere
científica, legítima y verdadera, entre otras muchas razones
porque no podrá publicarla.
Esta extraña fijación de la psicología social, la de certificar
el origen de cualquier curso de acción, es extraña porque de
ser cierto, visualizar el futuro sería cosa de niños, al menos
de niños instruidos en su arte, incluso porque tal capacidad de
adivinación podría ser algo con cierta utilidad. Sea como sea,
por muchas hipótesis planteadas y teorías comprobadas des
pués de múltiples experimentos tan fiables como poco repli
cados, aún no sabemos qué ocurrirá mañana. Y lo triste es
que la psicología social prosigue su singladura, porque parece
ser que más vale u na mala explicación (incompleta, incorrecta
o falsa), antes que ningún tipo de explicación.
La fascinación por la explicación tiene que ver con el deseo
desmesurado por la predicción y ésta se relaciona directamen
te con la voluntad de control. De todas formas, no estamos
diciendo que la preocupación de unas cuantas generaciones
de psicólogos sociales sea deshonesta. Pero, como se sabe, el
fin no justifica los medios. Lamentablemente el objetivo loa
ble, necesario y hasta evidente, que muchos buenos psicólo
gos sociales tuvieron, como acabar con el fascismo, no se
consiguen diciéndole al enemigo que está equivocado, que
tiene personalidad autoritaria, que es estereotipo sesgado o
que su actitud es negativa o su discurso es intolerante. El
fascismo no se rem edia con la educación porque no es u n
error. No es una desviación, no es un aparte en el camino de
la verdad hacia el progreso. El fascismo es vivir en un mundo
homogéneo, ver la realidad de forma totalizadora, creer en la
validez de un solo discurso. Y una realidad hegemónica no se
suprime con otra igual, sino todo lo contrario. La psicología
social ha seguido el camino del totalitarismo cuando ha que
rido ofrecer el remedio a cualquier mal social por el que haya
estado de moda preocuparse en algún momento del siglo xx,
sin darse cuenta claro, por ser ante todo una empresa propia
de gente con m uy buena voluntad.
Es preciso señalar, por si alguien ha tenido la tentación de
recurrir a ello, que el conocimiento social no se salva con el
culto a la utilidad. No se trata de ver qué es lo que mejor sir
ve para tal o cual fin. El medio lleva el fin incrustado, no lo
sirve sino que es su realización. El experimento no sirve para
conocer sino para crear sujetos experimentales, la encuesta
no permite saber qué opina la gente, sino qué estipula lo que
la gente debe opinar. La entrevista no descubre el sentido
oculto de las palabras del entrevistado sino el sentido oculto
de las palabras del entrevistador. Gracias a la preocupación
por lo útil, la psicología social ha caído en lo rentable. La bús
queda de la aplicación de la psicología social ha sido útil en la
conformación y conformidad de grupos de trabajo; la selec
ción de personal; las campañas publicitarias,- la investigación
de mercado; el control de la agresividad, etcétera. Todos ellos,
campos en los cuales se trata de ejercer algún tipo de domina
ción, de acallar las voces discrepantes o de mantener el orden
establecido. Y Codo ello, precisam os, no gracias al descubri
miento de cómo actúa no se sabe qué factor, sino a la propia
normalización de subjetividades que genera este tipo de proce
sos una vez que los psicólogos sociales los difunden e implan
tan. De modo que se trata m ás bien de profecías que lucharon
activamente por su propio cumplimiento, reproduciendo es
quemas que ya funcionaban y generando nuevos que funcio
naron porque así se quería ver, porque así eran útiles.
El h a c e r in ú t il