CENTENARIA Y BENEMÈRITA ESCUELA NORMAL DEL ESTADO DE QUERÉTARO “ANDRES BALVANERA”
UNIDAD JALPAN
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN PREESCOLAR
OCTAVO SEMESTRE
PROBLEMÁTICA QUE SE PRESENTA EN LA PRÁCTICA DOCENTE Y EN LA ELABORACIÓN DEL DOCUMENTO RECEPCIONAL EN SÉPTIMO Y OCTAVO SEMESTRES
ANDRADE TINAJERO JUSTINA
Marzo 2008
El plan de estudios de 1999 para la Licenciatura en Educación Preescolar establece, dentro de sus fundamentos, que durante la carrera docente, el alumno normalista cuente con elementos relacionados con la práctica que le permitan desarrollar características deseables de un profesor de Jardín de Niños.
Es por eso que en el transcurso de los cuatro años de carrera se llevan a cabo jornadas de observación y ayudantía, así como prácticas docentes en diferentes jardines de niños. Cada una de estas jornadas, con diferentes periodos de duración, le permite al alumno ir generando conciencia y observando la realidad que se vive diariamente en las instituciones educativas y de la importante función que desempeña el docente.
Las jornadas de prácticas que se realizan al principio de la carrera docente no se comparan con las que se llevan a cabo en los dos últimos semestres.
Porque al inicio, uno se dedica a observar lo que hace la profesora titular: la manera como dirige la clase, las actividades que pone y las actitudes que tienen los niños ante ellas, los materiales que utiliza, el tiempo que emplea para cada actividad y su funcionamiento, y la forma en que la educadora interviene si surge algún conflicto entre los alumnos cuando se realiza alguna actividad.
Después, conforme se avanza en la carrera, la duración de las jornadas aumenta, permitiendo al alumno normalista permanecer más tiempo observando las actividades y, algunas veces, apoyar al maestro titular de manera activa repartiendo material a los niños, explicándoles cuando algo no les quedó claro (sobre todo cuando trabajan en quipos) y llevando a cabo la aplicación de algunas pequeñas actividades. Todo esto lo va poniendo en
entusiasman porque la “nueva maestra” les va a poner actividades nuevas, con un estilo diferente a las del profesor titular, o simplemente porque les trae dulces o regalos.
En las jornadas de observación y práctica docente a partir del tercero y hasta el sexto semestre, la practicante tiene que acercarse a la maestra titular para, entre ambas, planear las actividades a realizar y conocer que temas favorecen el aprendizaje de los niños; todo esto a pesar que no conozca totalmente el programa de educación preescolar vigente. Busca también actividades, que a veces por falta de tiempo (sólo trabaja una o dos semanas con los niños) no alcanza a realizar, teniendo como referencia únicamente los pocos días que observa y los temas que la educadora titular le indica. Actividades que si se trabajan a conciencia, con el deseo de que los niños aprendan; si funcionan, pero, aunque es cierto que de momento si aprenden, también es verdad que las olvidan si no se les da un seguimiento; por eso se debe buscar la forma de reforzar lo aprendido y de esta manera cumplir con el propósito de favorecer la educación de los niños.
Estas jornadas de prácticas, de una o dos semanas, llevadas a cabo durante los seis primeros semestres de la licenciatura, son poco comparables con las que se llevan a cabo durante séptimo y octavo semestres, ya que durante éstos, el normalista se enfrenta al reto de conjugar la labor docente con el escolar. El año escolar lo iniciamos en el jardín de niños y desde el primer día es posible darse cuenta de la forma de organización que prevalece en la institución, de igual forma se puede percatar de las dificultades existentes en la integración de los niños al preescolar.
Las jornadas de observación y colaboración en este año son de cuatro semanas y durante éstas se puede dar uno cuenta, junto con la maestra titular (ya que el trabajo se realiza en conjunto y con la participación de ambas:
docente y practicante), de las actitudes, necesidades y habilidades que tiene cada uno de los niños del grupo. La comunicación entre practicante y tutora es de suma importancia para establecer las formas de trabajo adecuadas para los niños; sobre todo cuando corresponde a la alumna normalista la responsabilidad de estar frente al grupo y dirigir las actividades, ya que si éstas funcionan de manera correcta, la practicante se sentirá segura y con más libertad para desarrollar actividades siguientes. En mi caso, en las oportunidades que he tenido de conversar con la tutora, he sentido mucha apertura de su parte; me brinda confianza para externar mis dudas acerca de las actividades, de los materiales a utilizar, de las modalidades de intervención, etc. Esto ha dado pauta para que ella me haga observaciones en forma constante y luego busquemos y apliquemos soluciones con el objeto de mejorar el aprendizaje en los niños, así como la solución de algunos conflictos que pueden surgir; ya sea en forma grupal o individual.
El desarrollo de las actividades se realiza de acuerdo a lo que se vio durante las cuatro semanas de observación y colaboración en el grupo, a partir de eso se elabora una lista de competencias que se pretende que el alumno domine.
El hacerle ver a los alumnos cual es nuestra función, es un poco complicado, sobre todo cuando tenemos que ausentamos para asistir a la Normal. El contacto con los alumnos y la comunicación constante y de respeto con ellos es de vital importancia, pues permite darnos cuenta de los avances que experimentan día con día, así como de las situaciones que viven y que
comunicación constante con los padres de familia, no sólo para darles quejas acerca del comportamiento de sus hijos sino también para proporcionarles información de sus avances. Mantener una comunicación de respeto y cordialidad es, pues, sumamente importante para generar un clima agradable, para el niño sobretodo.
Del mismo modo, y conforme pasa el tiempo, el alumno normalista se puede dar cuenta de la importancia de las relaciones humanas; sobre todo las que son cordiales. Esto lo menciono porque en este centro educativo, entre el personal docente falta integración por causa de conflictos y diferencias entre ellos; sin embargo, estoy cierto que estos obstáculos se pueden superar con tolerancia y, sobre todo, tomando en cuenta que si la institución funciona correctamente hay mas probabilidad que los alumnos obtengan aprendizajes significativos, pues ellos resienten cuando algo anda mal entre el personal docente.
Con respecto al documento recepcional, conjugar la práctica docente con la elaboración de este documento; de tipo analítico, es complicado sobre todo cuando los tiempos, por parte del alumno normalista, no están bien organizados.
La elección del tema del documento es también un proceso complicado porque en el jardín de niños se observan diversos problemas y todos son de interés;
sin embargo, con el apoyo del asesor se pueden ir descartándolos y encontrar cuál de todos es el más viable para desarrollar.
El desarrollo del tema implica también grandes retos ya que es necesario vincular la teoría (que se ha revisado durante los seis semestres anteriores) con la práctica docente (que se vive día a día en el jardín de niños), así como observar constantemente a los alumnos de manera que se pueda obtener información útil para integrarlo al documento. Es posible que durante su desarrollo surja confusión acerca de saber si el tema y la manera en que se está estructurando cada uno de los capítulos son adecuados. Todas estas dudas se van disipando con la ayuda del asesor.
Sin duda, el séptimo y octavo semestres representan tiempos difíciles para las relaciones humanas y para el desarrollo de las habilidades intelectuales del alumno normalista, pues es el último paso para fincar las bases que le permitirán en el futuro realizar un trabajo docente de calidad; así como también el desarrollo paulatino de los rasgos deseables de un profesor de educación preescolar.