COMENTARIO BÍBLICO
MUNDO HISPANO
TOMO 7
ESDRAS, NEHEMÍAS,
ESTER Y JOB
Editores Generales
Juan Carlos Cevallos Rubén O. Zorzoli
Editores Especiales
Ayudas Prácticas: James Giles Artículos Generales: Jorge E. Díaz
EDITORIAL MUNDO HISPANO
Apartado Postal 4256, El Paso, TX 79914 EE. UU. de A. www.editorialmh.org
Comentario Bíblico Mundo Hispano, tomo 7, Esdras, Nehemías, Ester y Job. © Copy-right 2005, Editorial Mundo Hispano, 7000 Alabama St., El Paso, Texas 79904. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción o transmisión total o parcial, por cualquier medio, sin el permiso escrito de los publicadores.
Las citas bíblicas han sido tomadas de la Santa Biblia: Versión Reina-Valera Actualiza-da, © copyright 1982, 1986, 1987, 1989, 1999, usada con permiso.
Editores: Juan Carlos Cevallos, María Luisa Cevallos,
Vilma Fajardo, Hermes Soto Primera edición: 2005
Clasificación Decimal Dewey: 220.7 Tema: 1. Biblia—Comentarios
ISBN: 0-311-03131-5 E.M.H. No. 03131
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PREFACIO GENERAL
Desde hace muchos años, la Editorial Mundo Hispano ha tenido el deseo de publi-car un comentario original en castellano sobre toda la Biblia. Varios intentos y planes se han hecho y, por fin, en la providencia divina, se ve ese deseo ahora hecho realidad.
El propósito del Comentario es guiar al lector en su estudio del texto bíblico de tal manera que pueda usarlo para el mejoramiento de su propia vida como también para el ministerio de proclamar y enseñar la palabra de Dios en el contexto de una congrega-ción cristiana local, y con miras a su aplicacongrega-ción práctica.
El Comentario Bíblico Mundo Hispano consta de veinticuatro tomos y abarca los se-senta y seis libros de la Santa Biblia.
Aproximadamente ciento cincuenta autores han participado en la redacción del co-mentario. Entre ellos se encuentran profesores, pastores y otros líderes y estudiosos de la Palabra, todos profundamente comprometidos con la Biblia misma y con la obra evangélica en el mundo hispano. Provienen de diversos países y agrupaciones evangéli-cas; y han sido seleccionados por su dedicación a la verdad bíblica y su voluntad de participar en un esfuerzo mancomunado para el bien de todo el pueblo de Dios. La ca-rátula de cada tomo lleva una lista de los editores, y la contratapa de cada volumen identifica a los autores de los materiales incluidos en ese tomo particular.
El trasfondo general del Comentario incluye toda la experiencia de nuestra editorial en la publicación de materiales para estudio bíblico desde el año 1890, año cuando se fundó la revista El Expositor Bíblico. Incluye también los intereses expresados en el se-no de la Junta Directiva, los anhelos del equipo editorial de la Editorial Mundo Hispase-no y las ideas recopiladas a través de un cuestionario con respuestas de unas doscientas personas de variados trasfondos y países latinoamericanos. Específicamente el proyecto nació de un Taller Consultivo convocado por Editorial Mundo Hispano en septiembre de 1986.
Proyectamos el Comentario Bíblico Mundo Hispano convencidos de la inspiración di-vina de la Biblia y de su autoridad normativa para todo asunto de fe y práctica. Reco-nocemos la necesidad de un comentario bíblico que surja del ambiente hispanoameri-cano y que hable al hombre de hoy.
El Comentario pretende ser: * crítico, exegético y claro;
* una herramienta sencilla para profundizar en el estudio de la Biblia; * apto para uso privado y en el ministerio público;
* una exposición del auténtico significado de la Biblia; * útil para aplicación en la iglesia;
* contextualizado al mundo hispanoamericano;
* [página 6] un instrumento que lleve a una nueva lectura del texto bíblico y a una más dinámica comprensión de ella;
* un comentario que glorifique a Dios y edifique a su pueblo; * un comentario práctico sobre toda la Biblia.
El Comentario Bíblico Mundo Hispano se dirige principalmente a personas que tienen la responsabilidad de ministrar la Palabra de Dios en una congregación cristiana local. Esto incluye a los pastores, predicadores y maestros de clases bíblicas.
Ciertas características del comentario y algunas explicaciones de su meto-dología son pertinentes en este punto.
El texto bíblico que se publica (con sus propias notas —señaladas en el texto con un asterisco, *,— y títulos de sección) es el de La Santa Biblia: Versión Reina-Valera Ac-tualizada. Las razones para esta selección son múltiples: Desde su publicación parcial (El Evangelio de Juan, 1982; el Nuevo Testamento, 1986), y luego la publicación comple-ta de la Biblia en 1989, ha ganado elogios críticos para estudios bíblicos serios. El Dr. Cecilio Arrastía la ha llamado “un buen instrumento de trabajo”. El Lic. Alberto F. Rol-dán la cataloga como “una valiosísima herramienta para la labor pastoral en el mundo de habla hispana”. Dice: “Conservando la belleza proverbial de la Reina-Valera clásica, esta nueva revisión actualiza magníficamente el texto, aclara —por medio de notas— los principales problemas de transmisión. . . Constituye una valiosísima herramienta para la labor pastoral en el mundo de habla hispana.” Aun algunos que han sido reti-centes para animar su uso en los cultos públicos (por no ser la traducción de uso más generalizado) han reconocido su gran valor como “una Biblia de estudio”. Su uso en el Comentario sirve como otro ángulo para arrojar nueva luz sobre el Texto Sagrado. Si usted ya posee y utiliza esta Biblia, su uso en el Comentario seguramente le complace-rá; será como encontrar un ya conocido amigo en la tarea hermenéutica. Y si usted hasta ahora la llega a conocer y usar, es su oportunidad de trabajar con un nuevo ami-go en la labor que nos une: comprender y comunicar las verdades divinas. En todo ca-so, creemos que esta característica del Comentario será una novedad que guste, ayude y abra nuevos caminos de entendimiento bíblico. La RVA aguanta el análisis como una fiel y honesta presentación de la Palabra de Dios. Recomendamos una nueva lectura de la Introducción a la Biblia RVA que es donde se aclaran su historia, su meta, su meto-dología y algunos de sus usos particulares (por ejemplo, el de letra cursiva para señalar citas directas tomadas de Escrituras más antiguas).
Los demás elementos del Comentario están organizados en un formato que creemos dinámico y moderno para atraer la lectura y facilitar la comprensión. En cada tomo hay un artículo general. Tiene cierta afinidad con el volumen en que aparece, sin dejar de tener un valor general para toda la obra. Una lista de ellos aparece luego de este Prefa-cio.
Para cada libro hay una introducción y un bosquejo, preparados por el redactor de la exposición, que sirven como puentes de primera referencia para llegar al texto bíblico mismo y a la exposición de él. La exposición y exégesis forma el elemento más extenso en cada tomo. Se desarrollan conforme al [página 7] bosquejo y fluyen de página a pá-gina, en relación con los trozos del texto bíblico que se van publicando fraccionadamen-te.
Las ayudas prácticas, que incluyen ilustraciones, anécdotas, semilleros homiléti-cos, verdades prácticas, versículos sobresalientes, fotos, mapas y materiales semejan-tes acompañan a la exposición pero siempre encerrados en recuadros que se han de leer como unidades.
Las abreviaturas son las que se encuentran y se usan en La Biblia Reina-Valera Ac-tualizada. Recomendamos que se consulte la página de Contenido y la Tabla de Abre-viaturas y Siglas que aparece en casi todas las Biblias RVA.
Por varias razones hemos optado por no usar letras griegas y hebreas en las pala-bras citadas de los idiomas originales (griego para el Nuevo Testamento, y hebreo y arameo para el Antiguo Testamento). El lector las encontrará “transliteradas,” es decir,
puestas en sus equivalencias aproximadas usando letras latinas. El resultado es algo que todos los lectores, hayan cursado estudios en los idiomas originales o no, pueden pronunciar “en castellano”. Las equivalencias usadas para las palabras griegas (Nuevo Testamento) siguen las establecidas por el doctor Jorge Parker, en su obra
Léxico-Concordancia del Nuevo Testamento en Griego y Español, publicado por Editorial Mundo Hispano. Las usadas para las palabras hebreas (Antiguo Testamento) siguen básica-mente las equivalencias de letras establecidas por el profesor Moisés Chávez en su obra Hebreo Bíblico, también publicada por Editorial Mundo Hispano. Al lado de cada pala-bra transliterada, el lector encontrará un número, a veces en tipo romano normal, a veces en tipo bastardilla (letra cursiva). Son números del sistema “Strong”, desarro-llado por el doctor James Strong (1822–94), erudito estadounidense que compiló una de las concordancias bíblicas más completas de su tiempo y considerada la obra defini-tiva sobre el tema. Los números en tipo romano normal señalan que son palabras del Antiguo Testamento. Generalmente uno puede usar el mismo número y encontrar la palabra (en su orden numérico) en el Diccionario de Hebreo Bíblico por Moisés Chávez, o en otras obras de consulta que usan este sistema numérico para identificar el vocabu-lario hebreo del Antiguo Testamento. Si el número está en bastardilla (letra cursiva), significa que pertenece al vocabulario griego del Nuevo Testamento. En estos casos uno puede encontrar más información acerca de la palabra en el referido
Léxico-Concordancia... del doctor Parker, como también en la Nueva Concordancia Greco-Española del Nuevo Testamento, compilada por Hugo M. Petter, el Nuevo Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento por McKibben, Stockwell y Rivas, u otras obras que usan este sistema numérico para identificar el vocabulario griego del Nuevo Testamento. Creemos sinceramente que el lector que se tome el tiempo para utilizar estos números enriquecerá su estudio de palabras bíblicas y quedará sorprendido de los resultados.
Estamos seguros que todos estos elementos y su feliz combinación en páginas hábilmente diseñadas con diferentes tipos de letra y también con ilustraciones, fotos y mapas harán que el Comentario Bíblico Mundo Hispano rápida y fácilmente llegue a ser una de sus herramientas predilectas para ayudarle a cumplir bien con la tarea de pre-dicar o enseñar la Palabra eterna de nuestro Dios vez tras vez.[página 8]
Este es el deseo y la oración de todos los que hemos tenido alguna parte en la elabo-ración y publicación del Comentario. Ha sido una labor de equipo, fruto de esfuerzos mancomunados, respuesta a sentidas necesidades de parte del pueblo de Dios en nuestro mundo hispano. Que sea un vehículo que el Señor en su infinita misericordia, sabiduría y gracia pueda bendecir en las manos y ante los ojos de usted, y muchos otros también.
Los Editores Editorial Mundo Hispano
Lista de Artículos Generales
Tomo 1: Principios de interpretación de la Biblia Tomo 2: Autoridad e inspiración de la Biblia Tomo 3: La ley (Torah)
Tomo 4: La arqueología y la Biblia Tomo 5: La geografía de la Biblia Tomo 6: El texto de la Biblia Tomo 7: Los idiomas de la Biblia
Tomo 9: Géneros literarios del Antiguo Testamento Tomo 10: Teología del Antiguo Testamento
Tomo 11: Instituciones del Antiguo Testamento Tomo 12: La historia general de Israel
Tomo 13: El mensaje del Antiguo Testamento para la iglesia de hoy Tomo 14: El período intertestamentario
Tomo 15: El mundo grecorromano del primer siglo Tomo 16: La vida y las enseñanzas de Jesús Tomo 17: Teología del Nuevo Testamento Tomo 18: La iglesia en el Nuevo Testamento Tomo 19: La vida y las enseñanzas de Pablo Tomo 20: El desarrollo de la ética en la Biblia Tomo 21: La literatura del Nuevo Testamento Tomo 22: El ministerio en el Nuevo Testamento
Tomo 23: El cumplimiento del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento Tomo 24: La literatura apocalíptica
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LOS IDIOMAS DE LA BIBLIA
NANCY ELIZABETH BEDFORD DE STUTZ
Las Sagradas Escrituras fueron escritas principalmente en dos idiomas: el hebreo en el Antiguo Testamento, y el griego en el Nuevo Testamento. Además, unos pocos pasa-jes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, fueron escritos en un tercer idioma: el arameo. Sin embargo, antes de indagar más profundamente acerca de estas lenguas fundamentales para la interpretación de la Biblia, es válido reflexionar en el fenómeno fonológico llamado asimilación (alteración o cambio de las condiciones del sonido de una lengua por influencia de otro sonido, o grupo de sonidos). Por lo general, todo pue-blo que desarrolla contactos comerciales y culturales con sus vecinos, también va in-corporando elementos de otros idiomas al suyo, ya sean palabras, conceptos nuevos o bien formas literarias. Por esta razón es que vale la pena preguntarse cómo eran los idiomas de los pueblos que tuvieron contacto con Israel, ya que indudablemente pue-den ser de ayuda para entender el contexto cultural y lingüístico de la Biblia. Muchos de los idiomas de los vecinos de Israel se fueron perdiendo, pero en siglos recientes se han redescubierto y descifrado algunos de ellos, con la ayuda de la arqueología; esto ha significado un gran avance y logro para el estudio de la Biblia.
Nos detendremos, en primer lugar, a investigar cuáles fueron los idiomas contribu-yentes a la Biblia, es decir aquellos que tuvieron una influencia indirecta sobre su for-mación o que proporcionan datos de fondo que son útiles para su interpretación. Tam-bién tomaremos en cuenta a los documentos clave que ha proporcionado la arqueolo-gía. Por último, nos dedicaremos a los tres idiomas participantes: hebreo, arameo y griego.
IDIOMAS CONTRIBUYENTES Y DOCUMENTOS CLAVE 1. Sumerio
El sumerio fue el idioma de Sumer, un reino que existió hace 3000 años a. de J.C.; comprendió la región al sur del actual Irak. A fines del siglo XIX y principios del XX se descubrieron en las excavaciones de Girsu-Lagash y Nipur, muchos textos en sumerio (hay unos 500.000 distribuidos en museos alrededor de todo el mundo); entre estos encontramos documentos administrativos legales y económicos, algunos textos científi-cos y materiales religiosos. Estaban escritos en tablas de arcilla con símbolos cunei-formes, es decir marcados en la arcilla mojada con un instrumento de metal. Se utili-zaban como unos 500 símbolos, los mismos que podían corresponder a una palabra entera, o a una sílaba, y también servían para indicar la pronunciación o de qué clase de palabra se trataba. Por ser este un sistema de escritura tan complejo, solamente un reducido número de escribas lograba aprenderlo.[página 10]
La lengua sumeria no es de origen indoeuropeo ni semítico, y parece no estar rela-cionada con ninguna otra lengua conocida. Se usó como por unos tres milenios, aun-que a partir del siglo XIX a. de J.C. se dejó de usar aaun-quella lengua; fue mantenida ex-clusivamente para el uso de los escribas, de modo similar a lo que ocurrió con el latín en épocas más modernas. La influencia de la cultura sumeria sobre Israel no ocurrió de una forma directa, sino indirecta; es decir, por medio de la influencia de otras culturas de lengua semita. Entre los materiales religiosos se encuentran: 1) el relato de cómo los dioses mandaron un diluvio para destruir al hombre, 2) algunos himnos a dioses y re-yes, 3) varios cantos de lamentación, y 4) algunas poesías y literatura sapiencial (inclu-yendo las historias de algunos estudiantes perezosos e indisciplinados que se encon-traban en peligro de no aprobar sus exámenes para poder convertirse en escribas).
2. Acadio
El acadio pertenece a la familia de las lenguas semitas; incluye el hebreo, el árabe, el arameo y el ugarítico. Las palabras en estos idiomas se componen generalmente de tres consonantes. El acadio es la lengua semítica más antigua que se haya descubierto; se habló en la antigua Mesopotamia desde principios del tercer milenio a. de J.C. hasta aproximadamente el 500 a. de J.C. El acadio se usó como lengua diplomática en el an-tiguo Medio Oriente, como lo testifican las famosas cartas de Amarna. Como lengua escrita sobrevivió hasta el primer siglo de nuestra era. Se escribía con letras cuneifor-mes, usándose unos 500 símbolos simples y compuestos. Tal como en el caso del su-merio, sólo un número reducido de escribas aprendía la complicada escritura, la mis-ma que se realizaba sobre tablas de arcilla, un mis-material muy difícil de destruir. Dada la cantidad de tablas que han sobrevivido, los expertos han podido reconstruir minucio-samente la cultura mesopotámica; han obtenido mucha más información que lo que han podido lograr con la cultura del antiguo Egipto o la de Palestina, donde los docu-mentos escritos son muy escasos.
Los dos dialectos más importantes del acadio son el asirio en el norte y el babilonio en el sur. Estos dialectos son importantes para el estudio del Antiguo Testamento, por el contacto que tuvo Israel con los ejércitos sirios y babilónicos, y con los emigrantes, mercaderes, diplomáticos y artistas mesopotámicos; pero también por el exilio, del cual muchos hebreos nunca volvieron.
Las leyendas y los mitos escritos en acadio son en muchos casos similares a los de la cultura sumeria:
(1) Poema épico de Atrakasis
El ruido que hacen los hombres en la tierra molesta al dios Enlil, quien no puede dormir. Éste responde con ira y manda epidemias, sequías y hambre, pero sus intentos de aniquilar a la humanidad fallan porque el dios Enki interviene a pedido de un rey humano llamado Atrakasis. Finalmente, Enlil decide mandar un diluvio. El dios Enki instruye a Atrakasis para que construya un barco; Atrak-asis sobrevive junto con toda su familia. Los dioses se arrepienten de lo acontecido porque los hombres ya no les traen comida. Por eso los atrae inmediatamente el aroma cuando, después del diluvio, Atrak-asis les ofrece sacrificios.[página 11]
(2) El Enuma Elish o relato de la creación
Con las palabras “Enuna Elish” comienza esta obra en babilonio, que relata la histo-ria de los dioses Apsu (masculino, mar de agua dulce) y Tiamat (femenina, mar de agua salada), de cuya unión surgen los dioses; éstos llegan a multiplicarse tanto, que Apsu y Tiamat no pueden dormir y deciden destruirlos. No lo logran, pues el dios Ea encierra a Apsu bajo la tierra. Finalmente, Marduc, hijo de Ea, logra matar a Tiamat, y con los pedazos del cuerpo muerto de Tiamat, Marduc crea el cielo, las estrellas, el sol, la luna, el viento, las nubes, la lluvia y la tierra, e incluso un santuario: Babilonia. Con la san-gre de unos de los dioses aliados de Tiamat, Marduc crea al hombre, para que le sirva a los dioses.
(3) Literatura sapiencial e himnos
El poema didáctico Ludlul bel nemeqi (“Daré loor al señor de la sabiduría”) ha sido comparado al libro de Job, pues trata de un noble piadoso quien cae gravemente en-fermo y a quien después de mucho tiempo se le restaura la salud y el honor. Otro para-lelo con el libro de Job es la “Teodicea babilónica”, donde un hombre escéptico y uno piadoso dialogan acerca de su visión de la vida, en la cual los impíos parecen tener más éxito que los justos.
También han sido encontrados muchos himnos y oraciones que guardan un pareci-do a la estructura de los salmos del Antiguo Testamento.
(4) Textos jurídicos
Entre los textos legales más famosos escritos en acadio está el Códice de Hamurabi, escrito sobre un pilar de dos metros de altura, que tuvo influencia como modelo litera-rio en la antigüedad.
(5) Textos históricos
No son siempre muy fidedignos, pues se trata de anales y crónicas probablemente exageradas de los reyes asirios y babilonios, en los cuales se relatan las victorias y la gloria de aquellos soberanos. Sin embargo, es interesante comparar las menciones que se hacen de los reyes de Israel y Judá en estos anales con las que se hacen en los li-bros del Antiguo Testamento, las mismas que suelen ser más sobrias.
3. Ugarítico
La posición precisa del ugarítico dentro de la familia de lenguas semitas ha sido ma-teria de muchos debates, pero probablemente haya sido un dialecto cananita. Se escri-bía con un alfabeto de 30 signos, cuyas formas estaban inspiradas en los símbolos cu-neiformes usados en el acadio. La antigua ciudad de Ugarit (Ras Shamra) se encontra-ba en la actual costa siria, a unos 12 km al norte de la ciudad de Latakia, y fue habita-da desde el sexto milenio a. de J.C. hasta aproximahabita-damente el año 1200 a. de J.C., cuando fue finalmente destruida. Allí se han realizado excavaciones; se han encontrado templos consagrados a Baal y a Dagón, deidades mencionadas en el Antiguo Testamen-to, archivos oficiales y privados, tumbas, un palacio con una biblioteca y numerosas casas particulares. Para nuestros propósitos, lo más valioso que se ha descubierto en la antigua ciudad de Ugarit son miles de tablas de arcilla escritas en siete idiomas dis-tintos, incluyendo el sumerio, el acadio, el hitita y el ugarítico.[página 12]
Uno de los textos más interesantes es el Ciclo de Baal, también llamado el Mito de las estaciones. Probablemente data del tercer milenio a. de J.C. y relata las disputas entre Baal, dios de la fertilidad y la tormenta, contra sus dos principales adversarios: Yam, el dios del mar y Mot o muerte, el dios de la aridez y la esterilidad. Los triunfos y las derrotas de Baal se ven reflejadas en los cambios de estación, pues muere al co-mienzo del verano (época de sequía) y resucita al coco-mienzo del otoño (época lluviosa). Esta pieza literaria ilustra la religión de los baales, tantas veces condenada en el Anti-guo Testamento.
Los textos literarios ugaríticos muestran que la poesía hebrea del Antiguo Testamen-to tiene muchas similitudes con los poemas cananitas de la época, como por ejemplo se puede observar en el uso de construcciones paralelas (paralelismo) y en el uso de una estructura rítmica similar.
4. Egipcio
La antigua escritura egipcia combinaba el arte de la caligrafía con la pintura y la es-cultura. La palabra “jeroglífico”, con la que hoy designamos a estos símbolos, proviene del escritor cristiano Clemente de Alejandría y significa “inscripciones sagradas”, en griego. Los egipcios desarrollaron símbolos que representaban una, dos o tres conso-nantes (no letras), pero también ideogramas, pequeños dibujos estilizados que repre-sentaban una palabra o una idea entera. En general, no se escribían las vocales, por lo que ya no es posible hoy deducir exactamente cómo se pronunciaba el egipcio.
Los jeroglíficos se dibujaban de forma rigurosa, sin variantes, de manera que por miles de años la forma de los símbolos se mantuvo prácticamente igual. Reproducirlos era una proceso lento y trabajoso, que requería expertos con habilidades artísticas. Fue
por eso que con el tiempo se adoptaron sistemas de escritura con símbolos más sim-ples: primero la escritura hierática y luego, a partir del siglo VII a. de J.C., la demótica, aún más simple.
La influencia religiosa y cultural de Egipto sobre Israel fue mucho menor que la de los pueblos de la Mesopotamia, a pesar de que fue Egipto quien dominó la tierra de Ca-naán la mayor parte del segundo milenio a. de J.C. Sí se menciona a Israel por ejemplo en la inscripción de Mernepta (probablemente del año 1219 a. de J.C.), lo cual ayuda a los estudiosos del Antiguo Testamento cuando intentan establecer las fechas de algu-nos acontecimientos registrados en la Biblia, como el Éxodo. También existe un cierto parecido entre la literatura sapiencial de ambos pueblos. Algunos hermosos himnos a Amón-Ra, quien, para los egipcios, es el padre y creador del hombre, tienen paralelis-mos con los salparalelis-mos hebreos.
Ya en la era cristiana, el arte clásico de la escritura egipcia se perdió, y a partir del siglo III se empezó a escribir la lengua egipcia con caracteres griegos. La lengua oral tampoco se parecía mucho a la que se había escrito con caracteres demóticos; del ter-cer siglo en adelante la lengua egipcia se llamó por lo tanto cóptico. Este fue el idioma de la iglesia cristiana en Egipto. Pronto surgieron traducciones de la Biblia y literatura religiosa en cóptico, que hoy son de gran ayuda para el estudio de la Biblia y que pro-veen valiosa información [página 13] especialmente sobre el gnosticismo de los prime-ros siglos, rechazado por la tradición cristiana como herejía.
5. La piedra Roseta
La piedra Roseta es una piedra egipcia antigua tallada con inscripciones que, al descifrarse, permitieron la lectura de los jeroglíficos egipcios. Un soldado francés de las tropas de Napoleón, llamado Boussard (o Bouchard), la encontró en 1799 cerca de la ciudad de Rashid (Roseta), en el delta del Nilo. Las inscripciones están escritas en dos idiomas y tres sistemas de escritura: jeroglíficos, griego y demótico. Estas inscripciones celebran la ascensión de Ptolomeo V al trono egipcio (186 a. de J.C.).
Thomas Young y Jean François Champollion fueron los que descubrieron el signifi-cado de los misteriosos símbolos jeroglíficos. Young descubrió que los nombres de los monarcas, tales como Cleopatra y Ptolomeo, se escribían dentro de óvalos llamados “cartuchos”. Dedujo que el nombre de Cleopatra, por ser extranjero, seguramente se escribiría usando signos fonéticos. Así descubrió la pronunciación correcta de seis sím-bolos. Además, constató que los pájaros u otros animales dibujados en los jeroglíficos apuntaban hacia donde se debía leer. Champollion, quien completó la obra de Young entre los años 1821 y 1822, se dio cuenta de que algunos de los jeroglíficos representa-ban letras, otros sílabas y otros palabras enteras o ideas. Champollion publicó enton-ces las listas de los símbolos jeroglíficos, pero con su equivalente en griego; estable-ciendo de esta manera las bases de la ciencia de interpretación de jeroglíficos egipcios.
6. Behistum
Behistum o Bisitun es un pequeño pueblo que se encuentra en las montañas de Irán, por donde pasaba en la antigüedad el camino que conducía de Babilonia a Ecba-tana. El rey Darío I de Persia hizo grabar allí una gran inscripción en tres tipos de es-critura cuneiforme (persa, babilonio y suso), en la que relata cómo venció a su enemigo Gaumata y aplastó una rebelión. La inscripción es de difícil acceso, pues es preciso es-calar parte de la montaña para llegar a ella.
El arqueólogo Henry Rawlinson (1810–1895) fue quien, por el año de 1846, decidió tratar de descifrar la inscripción. Él ya había descifrado partes de algunas inscripcio-nes escritas en persa, cerca de Ecbatana, y esta experiencia lo ayudó en la tarea en
Behistum. Primero interpretó la escritura persa, y luego las otras dos; preparando de esta manera el terreno para el desarrollo moderno de la asiriología.
7. Cartas de Amarna
En el año de 1887 se encontraron en Egipto más de 200 cartas enviadas a la corte egipcia por los reyes vasallos residentes en la tierra de Canaán, en los primeros años del siglo XIV a. de J.C. Las cartas están escritas en babilonio, pero los escribas encar-gados de redactarlas no eran muy versados en este idioma. Por lo tanto, su estilo refleja fielmente bastante de la sintaxis de su propio idioma cananita; proporcionando de este modo información indirecta acerca [página 14] del mismo. Estos documentos, además de brindar datos culturales, comerciales y políticos, tienen un alto valor para el estudio de la lingüística.
IDIOMAS PARTICIPANTES 1. Hebreo
Este es el idioma en que se escribió todo el Antiguo Testamento, salvo Esdras 4:8 a 6:18 y 7:12–26; Daniel 2:4b a 7:28; Jeremías 10:11, y un nombre propio en Génesis 31:47, que están escritos en arameo. La designación del “hebreo” como la lengua de Israel no se encuentra registrada en el Antiguo Testamento, donde se la describe senci-llamente como “la lengua de Canaán” (ver Isa. 19:18) o “lengua de Judá” (ver Isa. 36:11; 2 Rey. 18:26; Neh. 13:24). En la literatura judía se la ha denominado con fre-cuencia “la lengua santa”, para distinguirla del arameo u otros idiomas “profanos”.
Ha sido motivo de debate si el pueblo de Israel trajo consigo el idioma hebreo o lo aprendió después de la conquista de Canaán. Algunos estudiosos piensan que el len-guaje usado en la época de los patriarcas fue el arameo, puesto que Abraham provenía de Harán, y que a Jacob se lo llama “arameo” (Deut. 26:5).
El hebreo de la Biblia se lo suele llamar como el hebreo clásico, para distinguirlo del ivrit que es el hebreo moderno que se habla hoy en Israel, y del hebreo rabínico que es usado en los comentarios rabínicos antiguos (p. ej., la Mishna). Un ejemplo de las va-riantes regionales de la pronunciación del hebreo que existían en épocas bíblicas se encuentra en Jueces 12:6. Aparentemente, el hebreo clásico fue el dialecto del sur, es decir, judaico.
Según la Biblia, Moisés y Josué sabían escribir, lo que indica que se incorporó el uso del alfabeto bastante temprano (ver Éxo. 17:14; 24:4; Núm. 5:23; Jos. 24:26). El alfabeto hebreo tiene 22 letras, cuyos prototipos se descubren en el ugarítico y en la escritura de los fenicios. Las letras representan solamente consonantes. Los puntos que sirven para indicar las vocales y las tildes, y que aparecen en las ediciones moder-nas del Antiguo Testamento, fueron agregados al texto en la segunda mitad del siglo II de nuestra era por los estudiosos judíos llamados masoretas. Estos habían ido desarro-llando por siglos este sistema llamado tibérico, pues veían que se iba perdiendo el uso del hebreo como el idioma común.
Se conocen dos formas de escritura: la hebrea antigua y la cuadrada, así llamada por la forma de sus letras. Un ejemplo de la escritura antigua se encuentra en los rollos del mar Muerto, donde se usa para escribir el nombre de Dios (YHWH) y en los escritos de los samaritanos. La escritura cuadrada se desarrolló después del exilio bajo la in-fluencia del arameo. Aunque probablemente se haya usado ya en el siglo II o III a. de J.C., como lo ilustran los materiales de Qumrán, las letras cuadradas recibieron su forma actual recién en el siglo IX de nuestra era.
En el hebreo escrito las oraciones tienden a ser cortas, unidas entre sí por la con-junción “y”, que puede tener diversos significados, según el contexto. Además, en el
hebreo escrito hay relativamente pocos adjetivos y adverbios, [página 15] mientras que los verbos, es decir las “acciones” predominan. El Antiguo Testamento es vívido y con-creto, y no se encuentran en él especulaciones filosóficas demasiado abstractas: el idioma mismo no lo permite, a diferencia de lo que ocurre con el griego. Los filósofos judíos de la Edad Media tuvieron que incorporar términos abstractos, adjetivos y ad-verbios para tratar de expresar su pensamiento especulativo.
2. Arameo
Quizás lo más interesante de este idioma, para un cristiano, es que fue una de las lenguas predominantes en Palestina “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gál. 4:4) y nació el Mesías. La lengua de Jesús fue el arameo, aunque posiblemente haya hablado también griego y hebreo (la palabra Corbán en Mar. 7:11, por ejemplo, es hebrea, y en la zona de Galilea y sus alrededores, donde Jesús se crió, se escuchaba a menudo el griego).
En los Evangelios se citan varias frases de Jesús directamente en arameo: talita cumi, luego de haber sanado a la hija de Jairo (Mar. 5:41); efata cuando sanó al sor-domudo en Decápolis (Mar. 7:34); raca, necio (Mat. 5:22) y Abba como nombre para Dios Padre (Mar. 14:36; también Pablo la usa en Rom. 8:15 y Gál. 4:6). Los títulos rab-boni y rabí, maestro (Mar. 10:51; Juan 20:16) y la palabra bar, hijo, (Mat. 16:17) tam-bién son de origen arameo. Las palabras de Jesús en la cruz: ¡Elí, Elí! ¿Lama sabacta-ni? (Mat. 27:46) reflejan el Salmo 22:1, pero de un modo “arameizado”.
Como mencionamos anteriormente, en el Antiguo Testamento hay también algunos pasajes escritos en arameo (Gén. 31:47; Jer. 10:11; Esd. 4:8–6:18; 7:12–26; Dan. 2:4 a 7:28). La mayoría de ellos (salvo Jer. 10:11 y Gén. 31:47) se escribieron en el período luego del exilio, es decir a partir del sexto siglo a. de J.C. Esto coincide con la creciente importancia histórica del arameo en el Medio Oriente a partir del período de domina-ción persa. La variante del arameo, que se usó en la diplomacia y en el comercio a par-tir del 700 a. de J.C., y que floreció especialmente en el período persa (segunda mitad del siglo V a. de J.C.), se denomina a veces “arameo oficial”. El lenguaje usado en los citados pasajes del Antiguo Testamento es muy parecido al que se usaba en los docu-mentos oficiales persas, pero también existieron muchas otras variantes y dialectos del arameo en el mundo antiguo.
Originalmente existió un sistema de letras cursivas para escribir el arameo, pero en las ediciones modernas de la Biblia se usan las mismas letras cuadradas para escribir el arameo que para el hebreo. En cuanto al vocabulario arameo en el Antiguo Testa-mento contiene muchas palabras de origen acadio, persa y también griego, como se puede ver en los nombres de tres de los instrumentos musicales mencionados en Da-niel 3, de etimología griega. A su vez, sin embargo, el arameo ha tenido muchísima in-fluencia en el griego del Nuevo Testamento, especialmente en el área de la sintaxis. El Nuevo Testamento está escrito en griego koiné, pero de un modo que a menudo refleja que la lengua principal de muchos de sus autores, por más que fueran políglotas, era el arameo.
[página 16] 3. Griego
Una pregunta que surge inmediatamente al saber que Jesús hablaba arameo y que el Antiguo Testamento se escribió en hebreo es ¿por qué entonces se escribieron los libros del Nuevo Testamento en griego? Acaso los romanos y sus aliados, que domina-ban la escena política de Palestina en épocas de Jesús ¿no habladomina-ban latín?
La presencia del idioma griego en Palestina y en Asia Menor tiene raíces históricas. Cuando Alejandro Magno —rey macedonio y no griego— conquistó el inmenso imperio persa en el siglo IV a. de J.C., llevó consigo el idioma griego y una cultura basada en
modelos griegos, que se llamó helenística. Muchos de sus soldados y oficiales hablaban un dialecto griego, ya sea el ático o el jónico, y la lengua oficial del imperio de Alejandro fue el griego. Luego de su muerte, el imperio alejandrino se dividió entre sus generales, pero ellos siguieron usando el idioma griego. También en Palestina, que pronto pasó a pertencer al reino egipcio de los ptolomeos (hasta 198 a. de J.C.), se siguió usando el griego como idioma oficial. Lo mismo ocurrió del 198 al 168 a. de J.C., cuando reinaron los seleucidas (de Siria). En la época de los macabeos se incorporó el hebreo como se-gundo idioma oficial, pero se siguió usando el griego. Cuando los romanos y sus aliados los herodianos llegaron al poder, empezó a usarse el latín, pero el griego siguió cum-pliendo una función oficial importante. Un ejemplo de esto es la inscripción que Poncio Pilato hizo poner en la cruz de Jesús: “... y el letrero estaba escrito en hebreo, en latín y en griego” (Juan 19:19, 20). El griego servía muchas veces como el idioma común entre judíos y no judíos, tanto en instancias personales (Mar. 7:26) como en públicas o jurí-dicas (Hech. 21:37–39).
El lenguaje de la política también llegó a ser el de la instrucción, en muchos casos. Muchos judíos, especialmente los de la diáspora, como por ejemplo los que vivían en Alejandría (Egipto), hablaban griego. Pronto surgieron traducciones del Antiguo Testa-mento al griego, como por ejemplo la Septuaginta, o versión “de los setenta”. Antes del nacimiento de Jesús circulaban escritos religiosos judíos en griego, como por ejemplo Judit, 1 Macabeos, los Testamentos de los Doce Patriarcas y el Testamento de Job. Al-gunos de estos libros se incluyen en la Biblia católica entre el Antiguo y el Nuevo Tes-tamento, bajo el nombre de “deuterocanónicos”, o como se los denomina en círculos evangélicos: “libros apócrifos”. También la biblioteca de Qumran contiene fragmentos de la Septuaginta, lo que nos indica que en toda clase de círculo o secta judía había personas que hablaban griego y no solamente aquellos nacidos afuera de Palestina.
No todos los judíos que vivían en la Diáspora conservaban la habilidad de hablar hebreo o arameo, pues habían vivido ya por varias generaciones afuera de Palestina (ver Juan 12:20, Hech. 6:1). Filón de Alejandría (siglo I a. de J.C.), el gran filósofo hele-nístico judío, estudioso e intérprete del Antiguo Testamento, parece no haber podido leer la Biblia hebrea, pues en sus obras siempre cita la Septuaginta. No es sorprenden-te, por lo tanto, que epístolas como la de Santiago, dirigida a aquellos “en la dispersión” (Stg. 1:1), se hayan redactado en griego. Tampoco es extraño que Pablo haya escrito en griego a congregaciones [página 17] fuera de Palestina, como Roma, Éfeso o Tesalónica. Los Evangelios, documentos que testifican de la vida de Jesucristo, también se escri-bieron en el idioma más universal y conocido de su época, justamente porque los auto-res reconocieron que el mensaje del evangelio era para todo el mundo (Mat. 28:18), y no solamente para una minoría judía residente en Palestina.
El estilo del griego del Nuevo Testamento no se ajusta a los cánones estéticos rein-antes en la época en que fueron escritos sus libros. Salvo algunas excepciones (como pasajes en Lucas, Hebreos y Santiago) se trata de un griego muy semita, es decir car-gado de expresiones traducidas literalmente del hebreo o del arameo. Esto se debe en parte a la influencia de la Septuaginta, que traduce también muchos hebraismos lite-ralmente. Un fenómeno parecido se ha dado en los países latinoamericanos en épocas de gran inmigración extranjera: palabras, expresiones y hasta tonadas particulares a otros idiomas europeos se fueron incorporando al castellano popular. Un libro neotes-tamentario como por ejemplo el Evangelio de Marcos no es un ejemplo de griego elegan-te, pero la influencia de la mente semita, de pensamiento tan concreto, le da una fres-cura y un dinamismo especial. Sin largos discursos teóricos o abstractos acerca del origen, el pensamiento o la obra de Jesús, Marcos nos comunica de forma vívida y di-námica quién fue Jesucristo. Una de sus expresiones predilectas, un semitismo, es: “e inmediatamente”, lo que nos comunica la continua actividad de Jesús y la rápida
suce-sión de acontecimientos que llevaron a su muerte y resurrección, en un período de apenas tres años.
En el griego del Nuevo Testamento no se encuentra la tendencia especulativa y teó-rica excesiva que sí se halla en muchos de los escritos cristianos de los primeros siglos de nuestra era, y también en algunos de los escritos en griego. El griego neotestamen-tario, cargado de semitismos y de recuerdos de la historia de Dios con su pueblo, sirvió admirablemente para contarnos “cómo Dios le ungió [a Jesús de Nazaret] con el Espíri-tu Santo y con poder. Él anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él... A él le mataron colgándole en un madero, pero Dios le levantó al tercer día...” (Hech. 10:38–40).
[página 19]
ESDRAS
Exposición Edgar Morales Ayudas Prácticas Steve Lyon [página 20] [página 21]INTRODUCCIÓN
La restauración y el restablecimiento del pueblo judío en Palestina después del cau-tiverio babilónico están registrados en los libros de Esdras y Nehemías. La mayoría de los eruditos bíblicos concuerdan en apuntar que Esdras y Nehemías pudieron haber formado originalmente un sólo libro, guardando una relación muy estrecha con 1 y 2 Crónicas. En la Septuaginta, versión griega del Antiguo Testamento, conocida también como la versión de los LXX (cerca del siglo II a. de J.C.), Esdras y Nehemías aparecen como un solo libro bajo el nombre de 1 Esdras. Sin embargo, cuando se tradujo el An-tiguo Testamento al latín (en la versión conocida como Vulgata) a fines del siglo IV d. de J.C., Esdras y Nehemías fueron separados en dos volúmenes diferentes llamándoles “Esdras” a Esdras y “2 Esdras” a Nehemías. Las Biblias evangélicas también optaron por mantener separados ambos libros.
El enfoque histórico, el estilo literario y el pensamiento teológico de estos libros reve-lan cierta unidad. Junto con los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías presentan una sola historia del pueblo judío desde la monarquía hasta su restablecimiento en Palesti-na después del cautiverio babilónico. La fecha de aparición de estos libros (como uPalesti-na unidad) se estima entre 350–300 a. de J.C. Algunos proponen una fecha aún más tar-día (250 a. de J.C.), pero es más aceptable la primera.
El libro de Esdras, particularmente, nos coloca en posición para considerar el cuán-do y cómo se inició la restauración y el restablecimiento de los judíos tanto en lo políti-co políti-como en lo religioso, aunque esto último toma prioridad sobre lo primero. Es obvio que el autor (o autores) de los dos libros de Crónicas, Esdras y Nehemías tenía en men-te trazar una sola historia política-religiosa del desarrollo, caída y restauración del pueblo judío. Su tendencia a favorecer a la dinastía davídica como la legítima es paten-te; además de querer mostrar que el remanente de Israel era de los descendientes de las dos tribus que conformaron el reino del sur, inmediatamente después de que el pe-ríodo de la monarquía (o del reino unido) terminara con la muerte de Salomón.
La identidad del autor del libro de Esdras no está establecida. Algunos abogan por concederle a Esdras, el escriba, la autoría del libro, lo cual arrojaría una fecha de apa-rición en el año 400 a. de J.C. Otros se refieren al autor o compilador de este libro (así como a 1 y 2 Crónicas, juntamente con Nehemías) como el “cronista”, cuya identidad es desconocida. Pero se supone que haya sido un levita ya que su preocupación por la re-construcción del templo y la reforma religiosa después del cautiverio es bastante abru-madora. De aquí la fecha propuesta de 350–300 a. de J.C.
El orden cronológico de los eventos tal como se presentan en el libro de Esdras es bastante debatible. Varias alternativas se han ofrecido en vías de [página 22] reconci-liación con el libro de Nehemías y otros datos históricos que se conocen. Las siguientes son las principales propuestas:
(1) Para algunos estudiosos bíblicos no es problema aceptar el siguiente orden: Un primer retorno bajo el liderazgo de Sesbazar (o Zorobabel). Un primer intento de recons-truir el templo, un período de unos 16 años en los cuales cesó la obra de reconstruc-ción. La construcción se reanuda gracias al ministerio profético de Hageo y Zacarías lográndose terminar el templo. La venida y obra del escriba Esdras para mover al pue-blo a una reforma religiosa en Jerusalén. La venida y obra de Nehemías, quien apoya a Esdras en su esfuerzo de reforma logrando, además, que el pueblo reconstruya los mu-ros de la ciudad.
(2) Sin embargo, hay quienes proponen otro orden en el desarrollo de los eventos en el libro. Un primer retorno durante el reinado de Ciro bajo el liderazgo de Sesbazar, quien inicia la reconstrucción del templo pero la deja a medias por la oposición. Un se-gundo retorno durante el reinado de Darío I bajo el liderazgo de Zorobabel y Jesúa, quienes a pesar de la oposición, pero con la motivación de los profetas Hageo y Zacarí-as, logran terminar la reconstrucción del templo. Un tercer retorno durante Artajerjes I bajo el liderazgo de Nehemías para reconstruir las paredes de Jerusalén, lo cual se lo-gra a pesar de la oposición de los vecinos. Y, un cuarto retorno durante el reinado de Artajerjes II bajo el liderazgo de Esdras, quien trae la orden y misión de codificar la co-munidad judía con la Ley mosaica.
El argumento que más se esgrime en esta posición tiene que ver con quién era el sumo sacerdote en el tiempo de Esdras y Nehemías, respectivamente. En Nehemías 3:3 se menciona a Eliasib como el sumo sacerdote, en Esdras 10:6 Eliasib aparece como el abuelo de Johanán. Como conclusión lógica, se apunta que Nehemías llegó a Jerusalén primero, durante el tiempo de Eliasib, y Esdras más tarde, durante el tiempo de Joha-nán. Según datos copilados, Eliasib fue sumo sacerdote durante el reinado de Artajer-jes I (465–424 a. de J.C.) y Johanán lo fue durante el reinado de Darío II (423–404 a. de J.C.). Sin embargo, algunos descubrimientos más recientes han comprobado que tanto Eliasib como Johanán eran nombres comunes, y que otros sumos sacerdotes, anterio-res a los mencionados en Esdras y Nehemías, llevaron el mismo nombre.
(3) Otra variante coloca el regreso de Esdras durante el reinado de Artajerjes I, antes del retorno de Nehemías, pero con la siguiente explicación: Esdras llegó a Jerusalén para procurar enseñar o hacer que la Ley de Dios se cumpliera (Esd. 7:10, 25, 26), pero no aparece en la escena pública sino hasta unos trece años más tarde, después de que Nehemías llegara a la ciudad (Neh. 8:1–8). De esta manera, se podría decir que la re-forma que Esdras había iniciado en Jerusalén, tuvo que ser reiniciada por Nehemías.
(4) Otro punto de vista respecto al orden cronológico en el libro de Esdras es que Esdras y Nehemías fueron contemporáneos, pero se revierte el orden de su llegada a Jerusalén: primero Nehemías y después Esdras. Esto hace necesario un cambio en la fecha del arribo de Esdras a Jerusalén. Para ello se sugiere cambiar “el séptimo año” mencionado en Esdras 7:7 por “el año treinta y siete”. El argumento que se esgrime es que pudo haber habido un error con el texto [página 23] original en el deletreo de la palabra “séptimo” (siete) que es bastante similar a “treinta y siete” en el idioma hebreo.
Para guardar en perspectiva el dilema del desarrollo de los eventos, será bueno ob-servar el siguiente esquema histórico de la vida y reinado de los monarcas persas du-rante el período bajo estudio basado en el libro de John Bright A History of Israel (La historia de Israel) quien cuenta con mucha aceptación entre los eruditos bíblicos.
CUADRO MONARCAS PERSAS
Fecha a.
de J.C. Rey Evento
550–530 Ciro Conquistó Babilonia en 539
Permitió el retorno de los judíos en 538 530–522 Cambises
522–486 Darío I (Histaspes)
486–465 Jerjes I (Asuero)
465–424 Artajerjes I Misión de Esdras (458) ?
Misión de Nehemías (445) Misión de Esdras (428) ? 423 Jerjes II
423–404 Darío II
404–358 Artajerjes II Misión de Esdras (398) ?
(Mnemon) 358–338 Artajerjes III (Ochus) 338–336 Arses 336–331 Darío III (Codomannus)
[página 24] El anterior cuadro nos permite observar también el papel significativo
que jugó el Imperio persa en todo esto. Habiendo conquistado a Babilonia en el año 539 a. de J.C., una de las primeras acciones de Ciro en favor de los judíos fue la de darles la oportunidad de regresar a Palestina. Lo mismo hicieron sus sucesores, tal como lo prueban los varios grupos que regresaron en años subsiguientes. Para el escritor bíbli-co esto sólo era el cumplimiento de la Palabra de Dios. Por eso es que Darío, el monar-ca persa, es reconocido como Mesías (“ungido”) de Dios (Isa. 45:1).
El enfoque teológico que se percibe en el libro de Esdras es el de la soberanía de Dios. Para el escritor bíblico Jehovah está en control de todo y de todos. El Señor se vale hasta de los que no creen en él para llevar a cabo sus planes, disciplinar a sus es-cogidos y restaurarlos, y llevar a feliz término la historia. Por supuesto, hay otros enfo-ques teológicos que, aunque más sutilmente, se perciben igualmente: la gracia de Dios, culpa comunitaria, santidad, purificación, restauración, pacto con Dios, necesidad de apartarse de lo malo y escoger lo bueno, etc.
BOSQUEJO DE ESDRAS
I. LA HISTORIA DEL REGRESO Y RECONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO. ANTES DE LA ÉPOCA Y MINISTERIO DE ESDRAS, 1:1–6:22
1. En el ocaso del cautiverio babilónico, 1:1–11 (1) El Decreto de Ciro, 1:1–4
(2) Preparación para el retorno, 1:5–11 2. Los primeros en volver del cautiverio, 2:1–70
(1) Los Primeros en regresar a Jerusalén, 2:1–58 (2) Los excluidos por su dudosa genealogía, 2:59–63
(3) Total de lo que regresó a Jerusalén: personas y propiedades, 2:64–70 3. Restauración del altar, 3:1–13
(1) Preparación del altar y celebración de las fiestas sagradas, 3:1–7 (2) Inicio de la reconstrucción del templo (cimientos), 3:8–13
4. Oposición a la reconstrucción, 4:1–24
(1) Oposición de los vecinos (en el tiempo de Ciro), 4:1–6
(2) Oposición de los vecinos (en el tiempo de Artajerjes), 4:7–23 (3) La obra de reconstrucción del templo cesa, 4:24
5. La reconstrucción del templo se reanuda, 5:1–17 (1) Hageo y Zacarías animan a la reconstrucción, 5:1 (2) Zorobabel reanuda la reconstrucción, 5:2
(3) Nueva oposición de los vecinos, 5:3–6 (4) Carta de los opositores a Darío, 5:7–17 6. Intervención directa de Darío, 6:1–22
(1) Revisando los archivos reales (en busca de la orden de Ciro), 6:1–5
(2) [página 25] ¡La obra puede seguir adelante! (orden de Darío a los opositores), 6:6–12
(3) La orden de Darío se ejecuta, 6:13–15 (4) Dedicación de la casa de Dios, 6:16–18
(5) Celebración de la Pascua en el templo, 6:19–22 II. LA HISTORIA Y OBRA DE ESDRAS, 7:1–10:44
1. La historia de Esdras, 7:1–28 (1) Genealogía de Esdras, 7:1–5
(2) La disposición de Esdras, su preparación y misión, 7:6–10 (3) Respaldo real para la misión de Esdras, 7:11–26
(4) Alabanza de Esdras por la provisión divina, 7:27, 28 2. Los que regresaron del cautiverio con Esdras, 8:1–36
(1) Dirigentes que vinieron con Esdras, 8:1–14
a. En busca de levitas, 8:15–20
b. Esdras busca la ayuda de Dios, 8:21–23
c. Esdras responsabiliza a los sacerdotes para llevar y proteger el oro, la plata, los utensilios y las ofrendas para el templo, 8:24–30
d. El viaje de regreso a Jerusalén, un breve relato, 8:31, 32
e. El oro, la plata y otras ofrendas son entregados a los sacerdotes en Jerusa-lén, 8:33, 34
f. Alabanzas y sacrificios a Jehovah por parte de los recién llegados, 8:35 g. Entrega de documentos a las autoridades persas en Jerusalén, 8:36 3. El problema de los matrimonios mixtos, 9:1–15
(1) Esdras se entera del problema de los matrimonios mixtos, 9:1, 2 (2) Esdras lamenta (se duele) por el pecado del pueblo, 9:3, 4
(3) Esdras confiesa a Dios el pecado del pueblo, 9:5–15 4. Disolución de los matrimonios mixtos, 10:1–44
(1) El pueblo manifiesta su apoyo a Esdras, 10:1–4
(2) Esdras se prepara personal y espiritualmente para decidir qué hacer, 10:5, 6 (3) Se pregona una asamblea general del pueblo en Jerusalén, 10:7–9
(4) El juicio y su ejecución, 10:10–17
[página 26]
INTROAYUDAS SUPLEMENTARIAS
Cundall, A. E. “Esdras y Nehemías”. En Nuevo comentario bíblico. Ed. por D. Guthrie y otros. Edición en español dirigida por Tito Fafasuli y otros. El Paso: Casa Bautis-ta de Publicaciones, 1981, pp. 303–314.
Pagán, Samuel. Esdras, Nehemías y Ester. Comentario Bíblico Hispano-americano. Mia-mi: Editorial Caribe, 1992.
Rawlinson, Jorge. Esdras y Nehemías: Su vida y su tiempo. Trad. por Sara A. Hale. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1937.
Swindoll, Charles. Pásame otro ladrillo. Puerto Rico: Editorial Betania,1980.
Throntveit, Mark A. Ezra-Nehemiah. Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching. Louisville, Kentucky: John Knox Press, 1992.
Williamson, H. G. M. “Esdras y Nehemías”. En Nuevo Comentario Bíblico, Siglo Veintiu-no. Ed. por D. A. Carson, R. T. France, J. A. Motyer y G. J. Wenham. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1999, pp. 443–464.
Williamson, H. G. M. Ezra, Nehemiah. Word Biblical Commentary 16. Waco, Texas: Word Books, 1985.
[página 27]
ESDRAS
TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS PRÁCTICAS
I. La historia del regreso y la reconstrucción del templo. Antes de la época y minis-terio de Esdras, 1:1—6:22
Esta primera parte del libro de Esdras comprende el material de los primeros seis capítulos y cubre un período de sólo 22 años, desde el edicto de Ciro cuando proclamó su edicto a favor de los judíos (538 a. de J.C.) hasta la dedicación del templo recons-truido durante el reinado de Darío I (probablemente 516 a. de J.C.). Ya sea que el autor del libro haya sido Esdras mismo o el “cronista”, se ha de sobrentender que su relato en esta parte se basó en información de segunda mano, ya fuera de documentos anti-guos (como los edictos), la tradición oral de sus antepasados o una combinación de ambos.
Semillero homilético
Cuando Jehovah habla
1:1–4; Isa. 44:24–45:7
Introducción: A través de todos los tiempos ha habido hombres y mujeres que han creído y actuado como si ellos fueran dioses; han tenido una idea elevada de sí mismos, en cuanto a su estima propia. Ciro creía que él era el rey soberano, pero tuvo que aprender que Jehovah es el único Rey soberano. Cuando Jehovah habló por medio de Ciro se cumplió ¡la voluntad de Jehovah! Cuando Jehovah habla: El ser humano oye: Jehovah escogió a Ciro como
su servidor.
A los hombres del pasado les ha hablado muchas veces.
) “Para que se cumpliese la palabra de Jehovah…, Jehovah despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia” (v. 1).
) “Soy quien dice de Ciro: ‘Él es mi pastor’. Él cumplirá todo mi deseo al decir de Jerusalén: ‘Sea edificada’, y del templo: ‘Sean puestos tus cimientos’ ” (Isa. 44:28).
) “Así ha dicho Jehovah a su ungido, a Ciro” (Isa. 45:1).
El ser humano actúa: Ciro cumplió la voluntad de Jehovah.
Ciro “hizo pregonar por todo su reino, oralmente y por escrito”, un decreto garantizando la libertad de Israel de la esclavitud y su regreso a la tierra prome-tida, (vv. 1, 2).
Jehovah tomó a Ciro “por su mano derecha para sojuzgar a las naciones delante de él” (Isa. 45:1). Jehovah declaró a Ciro: “Yo te ciño, aunque tú no
me conoces” (Isa. 45:5).
. El pueblo de Jehovah es redimido.
El decreto de Ciro anunció el regreso de Israel a Jerusalén y la reconstrucción del templo, (vv. 2–4). Jehovah se identificó como el “Redentor” de Israel
(Isa. 44:24), y proclamó que era él quien “hace todas estas cosas” (Isa. 45:7).
Conclusión: Podemos confiar que el Señor va a hablar, y eso significa que nosotros debemos oírlo y obedecerlo.
[página 28]
1. En el ocaso del cautiverio babilónico, 1:1–11
El cuándo y cómo el pueblo hebreo vio un nuevo amanecer, en cuanto a su situa-ción sociopolítica en Babilonia, está relatado en este primer capítulo. El ocaso del cau-tiverio babilónico se vislumbra desde el momento en que Ciro favorece al pueblo judío con la proclama de que son libres para retornar a su tierra, si así lo desean.
(1) El decreto de Ciro, 1:1–4. Los primeros cuatro versículos del libro de Esdras
son una repetición de los últimos dos versículos de 2 Crónicas (2 Crón. 36:22, 23), lo cual parece ser el resultado del trabajo de algún editor. Pero lo más importante en esta sección es notar el interés del escritor bíblico por subrayar el hecho de que la Palabra de Dios se había cumplido a cabalidad, tal como el profeta Jeremías la expresara (Jer. 25:11, 12; 29:10).
Desde el año 605 a. de J.C., cuando Nabucodonosor sometió primero a Joacim y a Judá (el reino del sur) bajo el control babilónico, hasta alrededor de 538–536 a. de J.C. que fue el primer año de Ciro, rey de Persia (como soberano sobre Babilonia), parecía completar el tiempo estipulado por Dios para su castigo contra su pueblo; a menos que el número 70 sólo sea algo simbólico relacionado con la idea de un tiempo completo, y no necesariamente una computación de años (cf. Isa. 23:15–17 donde la misma sen-tencia y promesa se imparte a Tiro). Ahora, Dios mismo usaría los medios precisos para regresar a su gente a Jerusalén.
Lo primero que se señala es que Jehovah despertó el espíritu de Ciro. Una expresión que no sólo permite apreciar la soberanía de Dios sobre todo reino y dominio, sino que también señala el cumplimiento de su Palabra (Isa. 45:1–7). Fue el Señor quien motivó (inspiró) a Ciro para facilitar el regreso de los judíos a Jerusalén.
Los versículos 2–4 (cf. 6:3–5) bien pueden ser la expresión de un decreto más gene-ral de Ciro a favor de todas las razas o naciones que los babilonios tenían cautivos. Pe-ro el escritor bíblico lo apPe-ropia al pueblo judío de manera directa: que su Dios sea con él, y suba a Jerusalén, que está en Judá. Realmente, no se sabe si este fue el decreto original, si sólo se reproduce una parte del mismo, o si era una versión oral del decreto tal como se había conservado a través de los años. Se [página 29] pudiera pensar que este era un movimiento político del nuevo monarca para congraciarse con los judíos cautivos y asegurar su lealtad, aun cuando regresaran a su propia tierra. O quizá sea un fiel reflejo de la influencia religiosa que los judíos tuvieron, y que les dio la oportu-nidad de ocupar puestos de importancia en el gobierno de esos pueblos. Por otro lado,
bien se puede pensar que algunos de estos hombres fieles ayudaran en la redacción del documento. De ahí su tono y expresión piadosos.
Lo que sí es obvio es el propósito religioso del autor del libro de Esdras. El pueblo regresaría a Jerusalén con la misión específica de reconstruir el templo.
Verdades prácticas Jehovah es soberano (1:1, 2)
Jehovah actúa en la historia: “En el primer año de Ciro, rey de Persia”. Jehovah controla a los reyes: “Jehovah despertó el espíritu de Ciro”. Ver Prov. 21:1: “Como una corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Jehovah, quien lo conduce a todo lo que quiere”.
Jehovah demuestra su soberanía cumpliendo su palabra: “para que se cumpliese la palabra de Jeho-vah”. Jehovah habla a través de hombres piadosos: “por boca de Jeremías” (ver Jer. 25:12–14; 29:10). Jehovah habla y actúa por medio de los no creyentes (v. 2).
Dios es omnipotente
Él puede hacer todo lo que quiere. Salmo 33:9: “Porque él dijo, y fue hecho; el mandó, y existió”. Salmo 115:3: “¡Nuestro Dios está en los cielos! ¡Ha hecho todo lo que ha querido!”. Mateo 19:26: “Jesús los miró y les dijo: ‘Para los hombres esto es imposi-ble, pero para Dios todo es posible’ ”.
El poder de Dios se ve más en sus acciones que en un discurso de palabras. El poder de Dios siem-pre se manifiesta con un propósito específico, defini-do y según la voluntad de Dios. Siempre en la pala-bra de Dios hay un enlace entre el poder de Dios y su propósito de redención.
Dios: Luz en las tinieblas
En un país latinoamericano hubo una campaña evangelística en un vecindario donde se practicaba mucho la brujería. Algunos estudiantes del Semina-rio local colaboraron en un gran esfuerzo para ganar para el Señor a la gente de esa urbanización. Había una familia de brujos que era muy respetada por la gente en esa comunidad. El Señor utilizó a esos es-tudiantes para ganar a esta familia de brujos para su reino glorioso. Esta familia hizo un gran montón de todas las herramientas que usaban en la brujería, y las quemaron. Esta acción valiente y decidida cau-só asombro entre los vecinos de la comunidad. Pero no sólo hicieron eso, sino que los nuevos creyentes transformaron su antigua casa dedicada a la bruje-ría en un templo para adorar a Dios. Allí formaron una misión evangélica y comenzaron a testificar de
la soberanía de Dios. Se vio la verdad de Juan 1:5: “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron”.
(2) Preparación para el retorno, 1:5–11. Los primeros en responder a esta [página 30] oportunidad fueron los líderes, “los jefes de las casas paternas”. La idea que
trans-mite esta frase es la constitución de clanes, probablemente una alusión a la manera como estaban constituidos los judíos mientras permanecieron en el cautiverio en Babi-lonia. Judá y Benjamín fueron consideradas por los escritores bíblicos como las tribus que permanecieron fieles a la casa de David, y las cuales también habían constituido el reino del sur (Judá). De esta manera, sus descendientes fueron considerados como el remanente. “Los sacerdotes y los levitas” también respondieron. Con el desarrollo de los eventos posteriores ésta será una muestra de que el espíritu religioso del pueblo de Dios no había sido opacado con el cautiverio. Por el contrario, quizá había sido purifi-cado en algunos aspectos. A éstos el espíritu de Dios despertó, los impulsó para desear regresar a Jerusalén y reconstruir el templo del Señor.
Parece ser que una práctica muy común en los tiempos antiguos cuando se conquis-taba a una raza o nación era llevarse “cautivos” a los “dioses” o ídolos. De esa manera, la derrota era más rotunda. Pero la gente, hasta cierto punto, permanecía más confor-me en el lugar de su cautiverio. Siendo que los judíos no tenían una imagen de Jeho-vah, los babilonios se habían llevado todos los tesoros que encontraron en el templo (2 Cró. 36:18, 19). Ahora se les permite regresar a algunos de ellos; además se les dio la opción de conseguir “ofrendas voluntarias”, probablemente de los judíos que deseaban quedarse en Babilonia u otros simpatizantes deseosos de ayudar; o simplemente en respuesta al decreto del rey (v. 4).
Un recuento más preciso de lo que en principio fue devuelto a los judíos está expre-sado en los vv. 9–11 (cf. 7:19b). Todo esto fue puesto en las manos de Sesbasar,
[pági-na 31] dirigente de Judá, quien pudo haber sido el principal dirigente de los judíos
du-rante el cautiverio. Algunos comentaristas lo identifican con Senazar, uno de los hijos de Joaquím (Jeconías, 1 Cró. 3:18). De ser así, su título tenía connotaciones reales. Otros sugieren que Sesbasar probablemente sólo es otro nombre para Zorobabel (cf. 3:8; 5:2, 16). Hay que recordar que a muchos judíos se les cambió su nombre cuando arribaron a Babilonia, como en el caso de Daniel y sus amigos (Dan. 1:6, 7). La nota final en este párrafo introductorio es que Sesbasar llevó todo esto cuando los del cauti-verio regresaron de Babilonia a Jerusalén. Por supuesto, ésta ha de entenderse como una referencia al primer grupo que regresó a Jerusalén, como más adelante se puede observar. No todo el pueblo hebreo estuvo dispuesto a regresar a su patria desde el primer momento. Algunos quizá nunca regresaron.
Semillero homilético
El liderazgo: La base del poder de Dios
1:5–8
Introducción: Lo esencial en el movimiento de Dios entre su pueblo es un grupo de líderes obedientes. Cuando la gente ve la fidelidad y la obediencia de sus líderes, la gente sigue. Esto se puede observar en el impacto que los líderes tuvieron en el regreso de los israelitas a Jerusalén.
Los líderes obedecieron al Señor cuando él los “despertó para subir a edificar la casa de Jehovah
que está en Jerusalén”, v. 5.
Después de la acción de obediencia de los líderes, “Todos los que estaban en los alrededores les ayuda-ron…”, v. 6.
. Finalmente, el rey Ciro los ayudó devolviéndoles los utensilios que eran de la casa de Jehovah y que “Nabucodonosor había sacado de Jerusalén”, vv. 7, 8.
Conclusión: Los líderes escogidos y equipados espiri-tualmente por Dios deben también oír y obedecer la voz de Dios con la confianza de que la gente los se-guirá.
2. Los primeros en volver del cautiverio, 2:1–70
Sin considerar la identificación que se haga de Sesbasar, ya sea como un personaje de descendencia real u otro nombre para Zorobabel, la lista que se presenta en estos versículos se refiere a los primeros hombres de la provincia que regresaron de la cautivi-dad. La lista proporcionada menciona a diferentes grupos: líderes políticos, laicos, ofi-ciales del templo, individuos con genealogía dudosa, sirvientes y animales.
(1) Los primeros en regresar a Jerusalén, 2:1–58. El término provincia debe
en-tenderse en relación con Judá como una zona bajo el dominio persa, después de la caí-da de Babilonia. El pensamiento que transmite el v. 1 es que algunos de estos persona-jes habían sufrido la experiencia del exilio. Es decir, habían sido llevados cautivos a Babilonia, pero ahora volvían a “Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad”. Esta últi-ma expresión debe toúlti-marse con cierta reserva ya que algunos versículos posteriores sugieren la idea de que la zona de Judea estaba ocupada por otros grupos o razas, los cuales se mostraron antagónicos para con los que volvían del exilio. En otras palabras, es posible que los judíos, después del cautiverio babilónico, no hayan ocupado toda la tierra que ocuparan antes del cautiverio.
El v. 2 contiene una lista de personajes que aparentemente se destacaron como líde-res en este período de retorno y líde-restauración. Puede ser que hayan reglíde-resado en con-junto bajo el liderazgo de Zorobabel o que individualmente hayan guiado distintos gru-pos en su regreso a Jerusalén (el [página 32] libro apócrifo de 1 Esdras los reconoce como “líderes”, 1 Esdras 5:8).
Una lista de los hombres del pueblo de Israel es dada en los versículos 2b–35. Nótese que en los versículos 22–28 la agrupación es geográfica, en vez de familiar. En ambos casos la referencia es a los grupos, familias o descendientes de gente del pueblo en con-traste con los grupos, familias o descendientes de los oficiales del templo; llámense sa-cerdotes (vv. 36–39), levitas (v. 40), cantores (v. 41), porteros [página 33] (v. 42) o ser-vidores del templo (v. 43). A estos se suman los hijos de los siervos de Salomón (vv. 55– 58).
[página 34] Verdades prácticas Del púlpito al autobús
Cuando el doctor Carlos Clark llegó a Venezuela como misionero en la década de los 50, él comenzó su obra en la ciudad de Maracaibo. Trabajó como testigo del Señor y predicador de su palabra, po-niéndose al lado del pueblo en las actividades de la
vida diaria. En una ocasión, un miembro de la igle-sia, en la cual él servía, se enfermó tanto que estuvo a punto de perder su trabajo como conductor de un autobús. Sin pensarlo dos veces, el hermano Clark dejó su trabajo formal del ministerio y sustituyó al hermano enfermo como conductor del autobús. Su ejemplo de servidor humilde del Señor le sirvió mu-cho en la obra misionera, y luego cuando llegó a ser Rector del Seminario. Él proveyó a los creyentes de Maracaibo y a los alumnos del seminario un modelo del liderazgo por medio del servicio.
Cada persona del pueblo de Dios es importante
La lista de los israelitas que regresaron a Jerusa-lén incluye tanto a los líderes (1:5–11; 2:36–58) co-mo a los laicos, la “lista de los hombres del pueblo de Israel” (2:2; 2:3–35). La lista de las familias o des-cendientes de los oficiales del templo menciona a todos como “servidores del templo” (2:58). Cada ser-vidor del templo cumplía su propia función: (1) Los sacerdotes (2:36–39), (2) los levitas (2:40), (3) los cantores (2:41), (4) los porteros (2:42). El pueblo de Dios en la actualidad también incluye a todos los creyentes como parte del cuerpo de Cristo con sus propias funciones y con sus propios dones espiritua-les (1 Cor. 12–14; Rom. 14; Ef. 4:11, 12).
(2) Los excluidos por su dudosa genealogía, 2:59–63. La última parte de esta
sec-ción (vv. 59–63) alude a dos grupos que fueron excluidos porque no pudieron demostrar su casa paterna ni su linaje. El primer grupo no pudo probar su descendencia legítima, si eran de Israel. Quizá eran prosélitos del judaísmo o simplemente no pudieron pre-sentar las credenciales (registros) necesarios para certificar su derecho de ser contados como parte del pueblo israelita. El otro grupo era de sacerdotes que de igual manera, “fueron excluidos del sacerdocio” porque sus nombres (o descendencia familiar) no fue-ron hallados en los registros propios de los sacerdotes (cf. Neh. 12:23, 24). La restric-ción principal para este segundo grupo fue que no participaran de las cosas sagradas. La orden no comiesen encierra más que el simple acto de comer. Sólo los sacerdotes aprobados podían tomar de lo que se ofrecía en el altar (Lev. 24:5–9). Por lo mismo, si ellos no podían participar del culto ofrecido a Dios tampoco podían tomar de las cosas ofrecidas a Dios. Aparentemente, esta restricción sería temporal, hasta que hubiese sa-cerdote para usar el Urim y Tumim (cf. Núm. 27:21). La idea es esperar una sanción di-vinamente concebida; hasta que Dios les revelara qué hacer con este grupo de sacerdo-tes.
(3) Total de lo que regresó a Jerusalén: personas y propiedades, 2:64–70. El
to-tal de los primeros que regresaron a Jerusalén, juntamente con sus sirvientes y anima-les, es dado en los versículos 64–67. Aunque el total no refleja una suma exacta de los números dados en la lista, muestra una buena cantidad de personas (líderes políticos, sacerdotes y pueblo en general) que estuvieron dispuestos a aceptar en primera instan-cia la oportunidad que se les brindó de regresar a su tierra con el decreto de Ciro, rey de Persia. Nótese que los versículos 43–57 no dan números para los grupos menciona-dos. Quizá esta sea la razón por la que el total del versículo 64 no refleja la suma de los versículos 2 al 42.
Lo más importante es hacer notar que algunos de los jefes de las casas paternas es-tuvieron dispuestos a ofrendar para que la casa de Dios fuera reconstruida en su mis-mo sitio. Otro hecho importante es que la gente nuevamente se asentaba en el lugar de su procedencia. El exilio ahora parecía ser cosa del pasado. Quedaría como parte de la historia judía. Una nueva etapa se iniciaba: la restauración.
Semillero homilético
El gozo de regresar a casa
2:64–69
Introducción: El Señor llamó a una pareja indígena de la zona amazónica al ministerio del evangelio. Los dos dejaron a sus familiares, vecinos, hermanos en Cristo, para inscribirse en el seminario y prepararse para ministrar la palabra de Dios. Después de cua-tro años de estudios arduos y pruebas difíciles, que incluyó la muerte de un hijo, se graduaron y regre-saron a casa. Regreregre-saron en el nombre del Señor como siervos de Dios listos para edificar al pueblo amazónico y construir la casa de Dios. Podemos ver el mismo significado espiritual en el regreso de Israel a Jerusalén para reconstruir el templo de Jehovah. Los que salieron de Babilonia estaban dispuestos a
aceptar la oportunidad brindada por Ciro (vv. 64– 67).
Algunos de los Israelitas se quedaron en Babilo-nia.
Los que salieron llevaron todo lo que poseían (vv. 65, 67).
Cuando llegaron, hicieron hincapié en lo espiri-tual: “Algunos de los jefes de las casas
pater-nas…hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Dios” (v. 68).
. Por fin, el pueblo de Dios nuevamente se asenta-ba en el lugar de su procedencia (v. 68).
Levantaron la casa de Dios “en su mismo sitio” (v. 68).
El exilio era cosa del pasado, y una nueva etapa (la restauración) había comenzado.
Conclusión: Cuando el pueblo de Dios regresa a ca-sa, debería dar gracias a Dios por su providencia y presencia a través del pasado. De esta manera, pue-de empezar el futuro con gozo, adorando y alabando al Señor de la historia.
3. Restauración del altar, 3:1–13
El capítulo 3 narra los primeros intentos de restauración de la adoración a Jehovah y la reconstrucción del templo. Es obvio [página 35] que entre los capítulos 2 y 3 ha pasado un buen tiempo. Los hijos de Israel ya estaban en las ciudades. Otras versiones