TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS PRÁCTICAS
II. LA HISTORIA Y OBRA DE ESDRAS, 7:1—10:
1. La historia de Esdras, 7:1–
En esta sección el escritor bíblico pone al lector en antecedentes del personaje cen- tral del libro: el escriba Esdras. Se nos dice quién era, cuáles eran sus credenciales, y la preparación que Dios lo guió a hacer antes de emprender su viaje hacia Jerusalén. Además, se relata la manera en que Artajerjes prestó su ayuda en todo esto.
(1) Genealogía de Esdras, 7:1–5. Pasadas estas cosas debe tomarse con ciertas re-
servas, especialmente conociendo el dilema cronológico-histórico de los eventos en el libro, el cual se subrayó con anterioridad. Quizá sea mejor considerar esta frase como una conexión en favor de la fluidez del relato.
Los años que mediaron entre los eventos de los primeros seis capítulos y esta se- gunda parte, parecen haber sido unos de alejamiento de Dios. El pueblo había perdido el entusiasmo y la devoción con que llegó del destierro a Jerusalén y reconstruyó el templo. El gozo de la experiencia se perdió en medio de las realidades de la vida y las enemistades de los vecinos. Es probable que la gente había entrado en un letargo espi- ritual, el que era alimentado por el [página 57] conformismo de estar en su tierra y te- ner un templo donde adorar a Dios. Esdras pudo haber escuchado de esta condición del pueblo mientras servía en la corte del rey, al igual que en el caso de Nehemías, y su reacción sería parecida (cf. Neh. 1:1–11).
La frase en el reinado de Artajerjes ayuda en parte a colocar el contexto histórico del ministerio de Esdras (cuyo nombre significa “la ayuda”). El único problema reside en la pregunta que muchos se han hecho y aún se hacen: ¿Cuál rey Artajerjes? Sin embargo, la veracidad histórica de los eventos queda bien establecida.
La genealogía de Esdras está resumida y hasta un tanto distorsionada (cf. 1 Crón. 6:8–12; 2 Rey. 25:18–21). La diferencia entre ésta y las genealogías presentadas en Crónicas y Reyes sugiere la preocupación del escritor bíblico por presentar una des- cendencia elocuente para Esdras. Su interés está centrado en demostrar el linaje sa- cerdotal de este hombre de Dios, darle un respaldo elocuente al colocarlo en línea dire- cta con el sumo sacerdote. El término hijo debe tomarse como descendiente, ya que la relación en muchos casos no es inmediata.
Incidentalmente, este pasaje nos muestra que la fe y la devoción de algunos fieles no había sucumbido ante los eventos del exilio. Aun cuando les costó aceptar la disciplina de Dios (según lo atestigua Ezequiel y otros profetas de la época), los judíos llegaron a darse cuenta de la necesidad de volverse a la Ley de Dios. El trasfondo familiar de Es- dras, con una ascendencia hasta Aarón y más en línea directa con el sumo sacerdote, facilita entender el amor y el espíritu celoso con que se dedicó a estudiar y enseñar los mandatos de Dios.
(2) La disposición de Esdras, su preparación y misión, 7:6–10. Estos vv. presen-
tan un resumen de los eventos a desglozarse en el resto del cap. 7.
La identificación del oficio de Esdras, quien era escriba, habla inicialmente de su rango o servicio que desempeñaba en la corte del rey persa como secretario o escriba- no. Pero su labor subsecuente permite observar que el título (como lo sugiere el escritor bíblico) está bien aplicado religiosamente ya que Esdras también era un hombre versa- do en la ley de Moisés. Esta aclaración hace suponer que el estudio y transmisión de las Escrituras no cesó con el cautiverio ni durante el mismo. Al contrario, debe haberse intensificado cuando los primeros judíos regresaron a Jerusalén, lo cual era una mues- tra más del cumplimiento de la Palabra de Dios.
La posición y relación de Esdras en la corte persa hace más posible concebir por qué el rey le concedió todo lo que pidió. El permiso para ir a Jerusalén y todo lo que ello im- plicaba tenía la aprobación del rey, pero también el sello divino, ya que la mano de Je- hovah su Dios estaba con él. Ambos aspectos abren la posibilidad de ver a Esdras des- arrollando un doble papel: como emisario del rey y como un instrumento en las manos de Dios.
La genealogía y el “oficio” de Esdras da espacio para entender por qué muchos de los que lo acompañaron eran sacerdotes, levitas, cantores, porteros y servidores del templo. Todo esto está a tono con el propósito puramente histórico-religioso del escritor bíbli- co.[página 58]
El viaje de Esdras se llevó a cabo en el séptimo año del rey Artajerjes. Aparentemen- te, esto daría la pauta para establecer el orden de acontecimientos en relación con el tiempo del ministerio de Esdras y Nehemías (cf. Neh. 2:1). Pero hay que recordar que una de las propuestas sugiere que “séptimo” (o siete) pudo haber sido originalmente “treinta y siete” (ver la introducción a este comentario). Sin embargo, es obvio que el escritor tenía clara la fecha ya que repite lo mismo en el v. 8, a menos que hubiera es- tado buscando ser consecuente con su relato.
La frase algunos de los hijos de Israel, habla de la gente del pueblo, los llamados lai- cos, que acompañaron a Esdras en su viaje a Jerusalén, en contraste con los sacerdo- tes y otros servidores del templo quienes le asistirían en su reforma religiosa. El desa-
rrollo de los eventos permitirá observar que los sacerdotes en Jerusalén quizá habían perdido mucho de su interés por el servicio en el templo.
Los vv. 8 y 9 establecen la duración del viaje: cuatro meses. Salieron en los primeros días del mes primero y llegaron a Jerusalén el primer día del mes quinto. Sólo habría que tomar en cuenta (y quizá rectificar) la diferencia que se señala en la fecha de parti- da en 8:31. Es más probable que 7:9 señale el día cuando se iniciaron los preparativos para el viaje. Es obvio que la gente necesitaba de algunos días para arreglar sus cosas y prepararse para el regreso a Jerusalén. El pasaje de 8:15–31 corrobora esta necesidad.
Semillero homilético
La preparación del siervo de Dios
7:1–10
Introducción: Porque la obra de Dios es tan impor- tante hoy en día, los requisitos y la preparación del ministro, el siervo de Dios, también son importantes. El pueblo de Dios va buscando principios o directi- vas de la palabra de Dios en cuanto a la llamada de los ministros al ministerio en general, y en un cam- po pastoral específico. La preparación de Esdras nos da ayuda útil en este asunto. Él se había preparado bien por medio de lo siguiente:
Cumplir los requisitos bíblicos del sacerdocio (vv. 1–5).
Todos los sacerdotes tenían que “hallar sus docu- mentos genealógicos”. Si no los encontraban, “fueron excluidos del sacerdocio” (2:62).
La preocupación del escritor bíblico era la de presentar una ascendencia elocuente para Esdras. El trasfondo familiar de Esdras reflejaba una ascen- dencia hasta Aarón y más en línea directa con el sumo sacerdote.
Servir como “escriba versado en la ley de Moisés” (v. 6).
. Vivir una experiencia personal con Dios: “Pues, la mano de Jehovah su Dios estaba con él” (v. 6; ver también v. 10).
. Determinar un propósito específico (v. 10). “Había preparado su corazón para escudriñar la
ley de Jehovah y para cumplirla”.
Había preparado su corazón “a fin de enseñar a Israel los estatutos y los decretos”.
Conclusión: El pueblo de Dios no tiene que andar a ciegas buscando un modelo para el siervo de Dios como ministro. La vida y el ministerio de Esdras nos proveen de un importante y valioso modelo.
Se vislumbra desde ya el éxito del viaje y [página 59] de la labor de Esdras. Dos co- sas son esenciales: (1) El éxito del viaje sólo se puede concebir al aceptar que la bonda- dosa mano de Dios estaba con él. La declaración se entiende mejor al considerar los pe- ligros que pudieron haber encontrado en el camino y cómo ellos confiaron en la protec- ción divina y no en sus propias fuerzas. (2) El éxito de la obra de Esdras estuvo funda- mentado en la preparación de este hombre de Dios. En primer lugar, había preparado su corazón para escudriñar la ley de Jehovah. Su amor y dedicación al estudio de la Pa- labra de Dios son obvios. En segundo lugar, esta dedicación lo guió para cumplirla, es decir, ponerla en práctica. La historia de Daniel y otros siervos de Dios de ese entonces puede darnos una vaga idea de lo que esta decisión implicaba. Finalmente, su dedica- ción tenía el propósito de enseñar a Israel los estatutos y decretos de la Ley de Dios. Lo único que no se nos dice es si esta obra la llevó a cabo durante el cautiverio (aunque es probable), o sólo cuando llegó a Jerusalén.
(3) Respaldo real para la misión de Esdras, 7:11–26. El respaldo que Esdras con-
siguió del rey Artajerjes está bien detallado en el documento que se le extendió, no sólo para el permiso de ausentarse por un tiempo de sus obligaciones como servidor en el palacio sino también para las provisiones recibidas. Los vv. 12–26 contienen la copia del documento que el rey Artajerjes (a manera de carta personal) extendió a favor de Es- dras. Se debe hacer notar que el documento en los escritos originales está en arameo y no en hebreo como el resto del material en esta segunda parte del libro.
Artajerjes, como soberano del imperio persa, tenía el título de rey de reyes, y así se presentaba con autoridad. El reconocimiento que hace de Esdras como sacerdote y es- criba de la Ley de Dios habla de su aprecio por este hombre y del testimonio que los judíos habían dado acerca del único y verdadero Dios: Jehovah. El rey identifica a Je- hovah como el Dios de los cielos, un título que judíos mismos prepararon para distin- guir a Dios por encima de todos los ídolos que los babilonios y persas adoraban (cf. Dan. 2:28a). Lamentablemente, este mismo sincretismo no permite mucho optimismo para ver un sentido de conversión en la declaración. Quizá sólo era una manera de identificar al Dios de los hebreos, o probablemente hable de la influencia de los hebreos en la redacción del documento. Algunos sugieren que Esdras mismo pudo haber prepa- rado el documento, de ahí su lenguaje piadoso.
La importancia del documento está en las disposiciones que el rey establece para la misión de Esdras: 1. Que cualquiera que quisiera acompañar a Esdras lo hiciera; ya fuera sacerdote o de los llamados laicos (v. 13). 2. Que Esdras iba como emisario del rey para inspeccionar Judá y Jerusalén (v. 14). Esto sugiere que uno de los propósitos con que el rey envió a Esdras era para organizar el gobierno local en Jerusalén, en base a la ley religiosa de los judíos, lo [página 60] cual favorecía al gobierno persa. 3. Que Esdras estaba autorizado para llevar ofrendas y otros utensilios para el templo en Je- rusalén (vv. 15, 16).
Verdades prácticas
La autoridad personal del ministerio
(Tomado de Wayne Oates, The Christian Pastor)
Cuatro aspectos indispensables de la autoridad del ministro: La experiencia personal con Cristo. El conocimiento profundo de la Palabra de Dios. El co-
nocimiento del ser humano. La experiencia personal con los altibajos de la vida.
Del v. 17 en adelante se detalla un poco más lo que Esdras debía llevar a cabo en representación del rey, especialmente en cuanto al dinero y a los utensilios que se le entregaban (vv. 17–20), la ayuda que recibiría de otros representantes del rey (vv. 21– 24), y el tipo de administración que debía establecer en Judá (vv. 25, 26).
Los bienes entregados a Esdras (dinero y tesoros) tenían que ser invertidos en aque- llo que serviría para el culto o la adoración que se ofrecía sobre el altar de la casa de vuestro Dios que está en Jerusalén. Esta orden de manera incidental manifiesta la acti- tud sincretista y política del rey, vuestro Dios. Su acción era más de condescendencia que otra cosa; como para ganarse el favor, respeto y lealtad del pueblo judío. El v. 18 establece que Esdras también tendría libertad para decidir qué hacer con lo que le so- brara de lo recibido.
Los utensilios entregados a Esdras (v. 19) eran parte del botín que Nabucodonosor había llevado a Babilonia cuando conquistó a Judá. La expresión los restituirás ante Dios en Jerusalén corroboran esta idea. La otra parte fue devuelta cuando Zorobabel (Sesbasar) regresó a Jerusalén con el primer grupo (Esd. 1:5–11).
Los vv. 20–22 son una cláusula, dentro del documento, que daba a Esdras la pre- rrogativa de solicitar más ayuda económica en caso de necesitarla. Para ello podía acu- dir a todos los tesoreros de la región de Judá; es decir, a quienes se encargaban de co- lectar los impuestos y administrar los bienes del rey en esa región. Por supuesto, algu- nos límites son establecidos. Lo único que se nota es que este tipo de ayuda extra era especialmente para asuntos del culto o adoración en el templo.
La razón por la cual el rey permitía todo esto y exigía que fuera hecho diligentemente no se sabe con certeza. Quizá era una manera de “ganarse” el favor de Dios, o una ex- presión de sus ideas místicas en cuanto a la acción de los dioses. En esta misma línea de pensamiento es que puede [página 61] entenderse el hecho de que todos los funcio- narios del templo fueran exentos de impuestos (v. 24).
El tipo de administración que Esdras habría de establecer en Jerusalén (vv. 25, 26) tendría como base la ley judía, los principios establecidos por Dios en sus mandatos a su pueblo escogido. Si algunos no conocían esos principios, Esdras los instruiría al respecto. La pena por desobedecer la Ley de Dios era la misma que por desobedecer al rey. Este monarca persa secundaba la validez de los mandatos y principios establecidos en la Ley de Dios para que su pueblo pudiera gobernarse y ser leal tanto a Dios, el Rey de reyes, como a su imperio.
(4) Alabanza de Esdras por la provisión divina, 7:27, 28. Esta parte del relato es-
tá en hebreo. Es una expresión de alabanza y gratitud hacia Jehovah Dios de nuestros padres. De alguna manera, Esdras podía ver que las promesas de Dios hechas a sus antepasados se cumplían en ese entonces. Era como comprobar lo que alguna vez es- cuchara o aprendiera en cuanto al carácter de Dios. Fue Dios quien facilitó las cosas, puso tal cosa en el corazón del rey, tanto para los preparativos del viaje como para las provisiones para el templo y la reforma religiosa que era necesaria en Jerusalén. Esdras recibía confirmación de que la mano de Jehovah estaba sobre él y sus planes. Con esta confianza y seguridad, y el respaldo real, podía prepararse para ir a Jerusalén y llevar a cabo lo que Dios había puesto en su corazón.