TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS PRÁCTICAS
I. La historia del regreso y la reconstrucción del templo Antes de la época y minis terio de Esdras, 1:1—6:
5. La reconstrucción del templo se reanuda, 5:1–
Este capítulo muestra un nuevo intento por reconstruir el templo, esta vez con la inspiración de los profetas de Dios. Pero también deja ver una posible situación en la que los dirigentes políticos del área, representantes del reino persa, querían intervenir apelando al rey Darío, pero sin lograr parar la obra.
Semillero homilético
¡Manos a la obra!
5:1–5
Introducción: Carlos Andrés Pérez sirvió como presi- dente de la República de Venezuela en dos ocasio- nes. Tenía la habilidad de inspirar a grandes multi- tudes en sus campañas electorales. Era famoso por su llamado a la acción. Mientras estaba hablándole a la multitud, de repente levantó los brazos y gritó: “¡Manos a la obra!”. En el reinado de Darío, Jehovah levantó a tres hombres para inspirar, animar y diri- gir a comenzar de nuevo la obra de edificar la casa de Dios. Este equipo de trabajo obedeció a Dios en alentar al pueblo a poner ¡Manos a la obra! El proce- so de la victoria en esta obra se ve en Esdras 5:1–5. Dios guía y apoya a su pueblo en su misión divina
(vv. 1, 2).
“Los profetas…profetizaron a los judíos” (v. 1). Profetizar implica proclamar en público el mensaje de Dios.
“El Dios de Israel estaba sobre ellos” (v. 1). “Pero el ojo de su Dios velaba sobre los ancianos
de los judíos” (v. 5).
Los líderes oyen y obedecen la voz de Dios (vv. 1, 2).
Los profetas Hageo y Zacarías (ministros llamados por Dios) le hicieron caso a Dios (vv. 1, 2).
El líder civil Zorobabel obedeció al Señor (v. 2). El líder espiritual Jesúa se levantó para hacer la
voluntad de Dios (v. 2).
. El pueblo pone las manos a la obra y comienza a reedificar la casa de Dios. Todos trabajan como un buen equipo de trabajo (vv. 2, 5).
. Dios protege a su pueblo para que pueda cumplir su voluntad (vv. 4, 5).
Conclusión: La obra de Dios no es fácil. El pueblo de Dios necesita conocer cuál es la voluntad de Dios, requiere de un liderazgo comprometido, necesita
obreros fieles, y necesita la valentía que sólo puede venir de la confianza en la protección de un Dios so- berano y todopoderoso, ¡Jehovah! Pero también ne- cesita llevar a cabo la obra de Dios como un buen equipo de trabajo. No es conveniente trabajar solos, sino juntos. Con confianza, valentía y espíritu de cooperación, el Señor añadirá las fuerzas necesarias para poner “¡manos a la obra!”.
(1) Hageo y Zacarías animan a la reconstrucción, 5:1. El ministerio de los profe-
tas Hageo y Zacarías es colocado en el período de la reconstrucción del templo. De acuerdo con la información proporcionada en los libros que llevan los nombres de estos grandes hombres de Dios, su obra profética en Jerusalén se llevó a cabo durante el se- gundo año de Darío (Hag. 1:1; Zac. 1:1).
Hageo parece haber sido ya anciano cuando Dios le encomendó la tarea de animar a la gente a continuar con la obra de reconstrucción del templo. Siendo que la Biblia no da ninguna información de su linaje, algunos comentaristas lo señalan como un predi- cador de los llamados “laicos”. Pero es probable que la gente lo reconociera como un profeta de Dios aun desde el cautiverio (Esd. 6:14; Hag. 1:1, 12; 2:1, 10). Ya que su nombre no aparece de manera específica entre la lista de los primeros que regresaron de Babilonia, es de suponer que vino más tarde con el solo propósito de alentar al pue- blo en la reconstrucción.
Zacarías, por su parte, es presentado como hijo de Iddo. El término “hijo” debe to- marse como “descendiente” ya que en Zacarías 1:1 se nos dice que era “hijo de Bere- quías”. Pero esto marca la pauta para considerar a Zacarías como descendiente de una familia sacerdotal, un siervo de Dios cuyas credenciales eran reconocidas y aceptadas entre su pueblo (ver 2 Cró. 13:22). Quizá haya sido bastante joven en relación con Hageo.
Lo que hace iguales a estos dos hombres de Dios es que ambos profetizaron a los ju- díos que estaban en Judá y en Jerusalén. La madurez de uno por su edad y el dina- mismo del otro por su juventud, fueron canalizados para animar al pueblo en el nombre del Dios de Israel, que estaba sobre ellos. El v. 2 permite observar que [página 45] el trabajo profético de estos siervos de Dios se centró en hacer conciencia en el pueblo para que no postergaran más la reconstrucción del templo. Un detalle más completo de sus mensajes presentados en este sentido se encuentra en los libros que llevan sus nombres. La frase que estaba sobre ellos bien puede tener un doble sentido: Dios esta- ba sobre (con) los profetas, o Dios estaba sobre (con) el pueblo.
(2) Zorobabel reanuda la reconstrucción, 5:2. El trabajo profético de Hageo y Za-
carías rindió sus frutos muy pronto, relativamente. Los primeros que se levantaron, o que sintieron el impacto de la palabra profética y fueron impulsados a reanudar la obra de reconstrucción, fueron Zorobabel hijo de Salatiel, el líder civil, y Jesúa hijo de Josa- dac, el líder espiritual (vv. 3:2, 8, 9). Hasta este punto la reconstrucción del templo había estado parada unos 16 años (cf. 4:5 con 5:5).
Zorobabel y Jesúa comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén. Es de su- poner que el ejemplo de la decisión de estos dos hombres lograra que otros también sintieran el deseo de unirse a ellos para trabajar juntos en algo que tanto habían de- seado: reconstruir el templo (cf. 3:8, 9). El apoyo moral y espiritual necesarios fueron provistos por los profetas Hageo y Zacarías. Su ministerio alentador no fue sólo de pa- labra, su presencia entre los que se dedicaban a la obra de reconstrucción fue de pri-
mordial importancia. Tal pareciera que su presencia recordaba a la gente que Dios es- taba en medio de ellos, y con ellos.
(3) Nueva oposición de los vecinos, 5:3–6. La frase en aquel tiempo pareciera su-
gerir una visita de rutina por parte de quienes estaban al cuidado de los intereses per- sas en la zona judeo-palestina. Es probable que este tipo de visita se llevara a [página
46] cabo periódicamente con el propósito de colectar los impuestos, o vigilar las accio-
nes de los pueblos subyugados. Sin embargo, hay que guardar en mente que para el escritor bíblico todo esto era una elaborada campaña de los enemigos del pueblo judío quienes se oponían a la obra de reconstrucción en todo sentido (ver 4:4–6).
Tatnai era el representante persa en todo el territorio al oeste del río Éufrates. Su tí- tulo oficial era: gobernador de Más Allá del Río. Setarboznai pudo haber sido el escriba o secretario de Tatnai, encargado de informar al monarca persa de cualquier asunto relacionado con las tierras bajo su dominio. Sus compañeros serían los oficiales (v. 6) que los acompañaban. Las preguntas que se dirigen a los judíos están en orden, son rutinarias. La primera (v. 3) refleja la ignorancia que estas personas tenían de las órde- nes de Ciro (aunque ya había pasado un buen tiempo desde aquel entonces; ahora el rey persa era Darío), pero también deja entrever que la obra ya estaba bastante adelan- tada (ver v. 8). La segunda pregunta (v. 4) buscaba a los responsables, aquellos que es- taban detrás de la obra de reconstrucción ante los ojos de los oficiales persas parecía ser un conato de sublevación. Realmente no se sabe si los judíos delataron los nombres de sus líderes o si simplemente ignoraron la pregunta a fin de proteger la identidad de Zorobabel y Jesúa, u otros.
Contrario a lo que había sucedido anteriormente, esta vez los líderes judíos decidie- ron continuar con la obra hasta que les llegara una orden expresa del rey persa para dejar de reconstruir (v. 5). También, puede ser que los oficiales les hayan permitido se- guir adelante con el trabajo hasta recibir una orden real con la cual respaldar sus ac- ciones. El ojo de su Dios habla del cuidado y la protección del Señor sobre su pue- blo.Velaba sobre los ancianos indica que de manera especial los líderes judíos sentían esta protección de Dios. Por eso, aunque las preguntas de los oficiales persas sonaban amenazantes no les hicieron cesar. Su actitud fue de continuar hasta donde pudieran. El reporte tendría que llegar hasta Darío quien tendría la última palabra sobre el asun- to.
Verdades prácticas
Las actitudes necesarias para un equipo de traba- jo
La lealtad: Además de la lealtad a Dios, los traba- jadores (supervisores y obreros) deben confiar per- sonalmente el uno en el otro. La comunicación: Los supervisores y los obreros deben expresarse clara- mente y cuidar en lugar de defraudar la confianza del otro. El trabajo: La obra del Señor no es nada fácil. Todos los involucrados en la obra del Señor deben trabajar duramente.
Las características del líder en el equipo de traba- jo
Facilita la tarea en lugar de sólo dirigir. Impide que el grupo (equipo) “brinque demasiado rápido a soluciones”, pasando por alto opciones constructi- vas. Protege la opinión de la minoría, y se cuida de la
posibilidad de excluir o despreciar las opiniones opuestas. Produce: El enriquecimiento del compañe- rismo. Amistades profundas. Personas realmente comprometidas en los diferentes ministerios, de tal forma que todos los miembros del equipo de trabajo llegan a ser “dueños” del ministerio.
(4) Carta de los opositores a Darío, 5:7–17. Cumpliendo con su deber y deseando
saber qué hacer en esta situación, los oficiales persas escribieron una carta tipo infor- me al rey Darío (vv. 6, 7). La misma incluye una descripción de lo que estaba sucedien- do, cuál era el punto de vista de los líderes judíos y lo que los oficiales esperaban del rey persa.
Los vv. 8 al 10 describen la situación que los oficiales persas habían observado en la provincia de Judá. Esta última expresión permite observar que la zona Más Allá del Río, estaba dividida en provincias (pequeñas áreas) para fines de un mejor control. Estas pequeñas áreas eras supervisadas por oficiales nombrados por el gobierno persa. Los mismos pudieron haber sido de descendencia persa o bien de [página 47] alguna raza o pueblo circunvecino, pero con un sentido de más lealtad al monarca persa.
La casa del gran Dios (v. 8) es una frase que expresa el sentimiento devoto del escri- tor bíblico, más que una confesión por parte de los oficiales persas. Una fuente extrabí- blica (1 Esdras 6:9) usa el adjetivo “gran” para calificar al templo, y no a Dios. Y esto es aceptable por la descripción de lo que ya era visible en la reconstrucción de la casa de Dios.
Un punto de interés para subrayar es el espíritu con que los judíos estaban traba- jando, el texto bíblico dice: la obra se hace con diligencia. Una actitud encomiable y que habla elocuentemente del efecto del ministerio profético de Hageo y Zacarías, quienes alentaban al pueblo a mantenerse firmes en la obra (5:1, 2). De esta manera es que, según se veía, la obra prospera en sus manos.
El inquirimiento que habían hecho los oficiales persas ante los líderes judíos (vv. 9, 10) fue discutido anteriormente en relación con los vv. 3 y 4. Aquí se descubre que la intención inicial de conocer los nombres de los líderes judíos era para hacérselo saber al rey Darío. Una especie de acusación (v. 10b).
Los vv. 11 al 16 presentan un resumen de los eventos que habían llevado a los judí- os hasta este momento. En primer lugar se presentan como siervos del Dios de los cie- los y de la tierra (v. 11). Un testimonio a la grandeza y soberanía de Dios, así como al sometimiento a su voluntad por parte del pueblo. En segundo plano se explica el por- qué de la obra. Nótese el contraste entre reedificamos y construyen (v. 4) o edificada (v. 8). No era un edificio nuevo, sino la reparación de algo que otrora había sido grande y sobrepasara al presente edificio. Un gran rey de Israel hace referencia directa al rey Sa- lomón (2 Cró. 3:1; 6:2; 7:11).
El v. 12 es un testimonio o confesión de la causa que guió a la destrucción del pri- mer templo. La culpa es puesta sobre los antepasados judíos quienes desobedecieron a Dios violando todo tipo de pacto (Jer. 11:1–12). De esta manera Jehovah los entregó en mano de Nabucodonosor. La palabra “entregó” debe entenderse como que describe la acción de Dios de abandonarlos a su suerte, como quien dice. Por otro lado, muestra la soberanía del Señor de usar aun a gente que no creía en él para disciplinar a su pue- blo. La fecha de la destrucción del templo y el inicio del cautiverio babilónico se sitúan en el año 587–586 a. de J.C.
Cuando Ciro, el rey persa, conquistó a los babilonios y se constituyó en rey de Babi- lonia, promulgó el edicto que permitió a los judíos regresar a Jerusalén a reconstruir el
templo (vea la discusión presentada en relación con 1:1–4). El templo babilónico donde se pusieron los utensilios del templo sería el del dios Marduc. Pero todo esto fue de- vuelto y puesto en manos de Sesbasar. Si se acepta la idea de que Sesbasar y Zoroba- bel eran uno y el mismo [página 48] individuo, se puede ver que el uso del primer nombre aquí es para proteger la integridad de Zorobabel, o quizá simplemente era una manera de estar acorde con la narrativa histórica (cf. 1:8 y 2:2. Ver también el comen- tario correspondiente).
Junto con la devolución de las cosas de valor que Nabucodonosor había confiscado del templo, Ciro dio permiso para la reedificación en Jerusalén. Así fue como Sesbasar (¿Zorobabel?) regresó a Jerusalén e inició los trabajos de reparación del templo, los cuales aún se estaban llevando a cabo. La frase desde entonces hasta ahora no puede tomarse como descriptiva de continuidad, ya que anteriormente se hizo notar que por un tiempo (unos 16 años) la obra se había suspendido, hasta que los profetas Hageo y Zacarías habían intervenido para motivar al pueblo a un nuevo esfuerzo en esta gran obra.
De manera velada y con la sutil frase: si al rey le parece bien, los oficiales persas su- gieren al rey Darío buscar en los [página 49] archivos reales los documentos que pu- dieran comprobar (o negar) los reclamos legales que los líderes judíos habían presenta- do para la obra de reconstrucción en Jerusalén. En Babilonia sería el lugar más obvio para que los documentos de las órdenes de Ciro se hubiesen guardado. Por lo demás, los oficiales persas quedaban en espera de la decisión del rey. Aparentemente, ellos no intervendrían directamente hasta no tener una palabra oficial al respecto.
Semillero homilético
El testimonio de los enemigos
5:7–6:12
Introducción: A veces el mundo hostil rechaza el tes- timonio del pueblo de Dios. Entonces al Señor le pa- rece bien utilizar la proclamación de los enemigos de Dios para confirmar la verdad del testimonio del pueblo de Dios. En Esdras 5:5–6:12, se puede ver que la carta de los opositores del pueblo de Dios al rey persa les sirvió para enfatizar la verdad: que el pueblo de Dios había ganado el apoyo del rey por medio de la obediencia a su reinado. Los enemigos del pueblo de Dios persuadieron al rey de algo que ni los mismos israelitas pudieron hacer. Observe las cualidades del pueblo de Dios en la carta que los enemigos enviaron al rey.
El pueblo de Dios trabajaba “con diligencia” y la obra prosperaba “en sus manos”, v. 8.
El pueblo de Dios, similar a Juan el bautista, “confesó y no negó” (Juan 1:20) que:
Eran “siervos del Dios de los cielos y de la tierra” (v. 11).
Habían pecado contra su Dios (v. 12).
Dios había utilizado a Nabuconodosor como el instrumento de juicio en contra de los judíos (v. 12).
El rey Ciro les habían dado permiso para volver a Jerusalén y reedificar el templo (vv. 13–16).
. El pueblo aprovechó esta oportunidad para rogarle al rey que investigara los archivos en Babilo- nia para encontrar la evidencia del apoyo del rey Ci- ro (v. 17).
. El rey Darío encontró el decreto de Ciro, confirmó las órdenes viejas, y mandó que el pueblo de Dios cumpliera la obra de Dios, con la ayuda de los mis- mos enemigos (6:1–12).
Conclusión: Podemos confiar en la soberanía de Dios a lo largo de la vida. Él utilizó el testimonio de los enemigos del pueblo de Dios para llevar a cabo su voluntad en un mundo hostil.