TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS PRÁCTICAS
EL LIBRO DENTRO DEL CANON
III. PLAN PARA SALVAR AL PUEBLO JUDÍO, 5:1—8:
En el capítulo cinco vemos el comienzo de un plan astuto de parte de Ester para salvar a los judíos (vv. 1–8) y, a la vez, la intención de parte de Amán de acabar con Mardoqueo cuanto antes (vv. 9–14).
1. Banquete ofrecido por Ester, 5:1–8
Nuestra versión basada en el texto hebreo no describe las emociones de Ester al ini- ciar su peligrosa misión. Sin embargo, una descripción vívida de sus emociones y ves- tido se encuentra en la Septuaginta, donde se amplían sustancialmente los primeros dos versículos.
“Al tercer día” (v. 1) se cuenta desde el día del acuerdo entre Ester y Mardoqueo (4:14), es decir, después del tercer día de ayuno de parte de los judíos en Susa. Como hemos aclarado arriba, aunque no se menciona específicamente en el texto, segura- mente el ayuno incluía oración a Jehovah. La espera de tres días para [página 229] entrar a la presencia del rey indica la confianza que Ester tenía en el poder de Dios pa- ra acompañarle en su proposición. Es interesante y digno de atención que Ester usó su vestido real para este encuentro con el rey (v. 1), como alguien con derecho de estar allí. El autor describe con detalle el arreglo del palacio real y dónde Asuero recibía visi- tas, indicando probablemente que había estado allí en algún momento.
Los arqueólogos han descubierto en Persépolis una “sala real” de múltiples colum- nas, como la que se menciona aquí, donde el rey daba audiencia a los que venían a presentar sus pedidos o quejas (ver “Historia del Imperio persa” por Olmstead).
“Ella obtuvo gracia ante sus ojos” (v. 2, comp. 2:9) significa que el rey encontró la hermosura de Ester irresistible. La Septuaginta interpreta esta expresión como que fue Dios quien operó en la actitud del rey. Nuestra versión dice que “Ester se acercó y tocó la punta del cetro” pero la Vulgata dice que ella “la besó”. La reacción del rey de exten- derle su cetro no sólo significaba su agrado, sino la salvación de Ester, pues al no hacerlo ella hubiera sido matada (ver 4:11).
El rey entendió que la presencia de la Reina, sin previo aviso y sin haber sido llama- da, significaba que tenía un asunto urgente para comunicarle (v. 3). Él tomó la iniciati- va en el intercambio, antes que ella dijera una sola palabra. Los estudiosos señalan que la promesa de darle la mitad de su reino era una costumbre de la época indicando favor y liberalidad, pero no para tomarse literalmente. Ester entendió que no debía aceptar su ofrecimiento. Un comentarista opina que esta breve expresión significa: “si tu pedido se relaciona con aun hasta la mitad del reino, será concedido”. En esta ocasión, lo úni- co que ella pidió era que el rey y Amán vinieran a un banquete privado en ese mismo día que ella ya había preparado (v. 4). Llama la atención que Ester haya preparado un banquete antes de extender la invitación y antes de tener la seguridad de que el rey la aceptara. Es evidente que Ester estaba ya preparada para recibir una respuesta favo- rable por parte del rey.
Los banquetes persas 5:4
banquetes y estos significaban ocasiones suntuosas. Heródoto comenta que un típico banquete de cum- pleaños incluía un animal (buey, caballo, burro, avestruz o camello) que se cocinaba entero. También a los persas les gustaban los postres y no eran esca- sos en la provisión de vino. Pero, a diferencia de los banquetes grecorromanos en los que se destacaban la glotonería y las orgías, aparentemente los banque- tes persas eran decorosos y no alentaban estas acti- tudes.
[página 230] El rey no demora en mandar avisar a Amán de la invitación y que se
apurara para llegar a la fiesta ya preparada (v. 5). Esta prisa de parte del rey es otra indicación de su agrado en la reina y en su invitación. El rey estaba de buen humor con la anticipación del banquete. Se refiere a la reina sólo con el nombre “Ester”, sin el título empleado antes (ver v. 3).
“Hasta la mitad del reino te será dada” 5:5
Aparentemente, esta era una fórmula común en- tre los magistrados de aquella época. El ofrecer “has- ta la mitad del reino” ya se menciona en la literatura neo-asiria, en la que un rey asirio ofreció la mitad de su reino a quien pudiera curar la enfermedad de su hijo.
Heródoto cuenta de dos veces más en que Asuero hizo esta misma oferta, una de ellas con resultados desastrosos.
En el NT encontramos a Herodes haciendo el mismo ofrecimiento a la hija de Herodía, quien re- clamó la cabeza de Juan el Bautista (Mar. 6:23, 24).
En el curso del banquete, estando presente Amán con el rey Asuero, éste ofrece otra vez a Ester “hasta la mitad del reino” (v. 6). Ella sorpresivamente demora en revelar su plan hasta otra ocasión, otro banquete el día siguiente, cuando presentaría su solicitud (vv. 7–8). “Mañana haré conforme a la palabra del rey” es una promesa de contestar al rey y revelar su petición. Los rabíes han tratado de encontrar la razón por esta demora, considerando que ella estaba jugando, no sólo con su propio destino, sino con el de mi- les de judíos. Otros sugieren que es una consideración literaria diseñada para aumen- tar el suspenso en el drama que se iba desarrollando. Podía ser que Ester tuviera el sentimiento íntimo de que aún no había llegado el momento correcto para revelar su petición. Realmente la demora ayudó en su favor.
2. Amán planea ejecutar a Mardoqueo, 5:9–14
Los vv. 9 a 14 nos muestran la clase de persona que es Amán. Él realmente tiene de todo: riquezas, posesiones, poder político, honores y muchos hijos; sin embargo, para él era más importante el que todos estuvieran impresionados por lo que él era. Por eso, el que existiera una persona como Mardoqueo, sin ningún poder político, social o econó- mico que, hasta donde Amán sabía, no le temería, era más de lo que Amán podía so- portar. Con el consejo de su esposa y sus amigos, Amán decide no esperar unos meses hasta la matanza de los judíos para deshacerse de Mardoqueo; construye una horca
tan alta que pudiera ser vista por todos. La ejecución de Mardoqueo serviría de adver- tencia a otros que tuvieran en mente negarle a Amán su debido respeto.
La base para la verdadera felicidad 5:9
La felicidad de Amán estaba basada en las cir- cunstancias. Su corazón estuvo “alegre y contento” porque el rey lo invitó a participar del banquete pre- parado por Ester. Pero este tipo de felicidad nunca es duradera. Tan pronto como Amán vio que Mardo- queo no le rendía honores, su felicidad desapareció y “se llenó de ira”.
El consejo de la esposa y sus amigos también apuntan al concepto que el mundo tiene de la felici- dad. Si Amán eliminaba a Mardoqueo temprano al día siguiente, entonces estaría feliz para disfrutar del banquete ese mismo día.
La felicidad que depende del honor y la gloria de este mundo no es duradera y muy pronto se evapo- ra.
[página 231] Probablemente Ester invitó a Amán al banquete para inflar su orgullo
y para que estuviera presente cuando ella haría la petición al rey y denunciaría los pla- nes de Amán de matar a los judíos. Amán salió del primer banquete “alegre y contento” (v. 9), no sólo por el honor de la invitación personal, sino por el abundante vino que habría tomado. Su alegría se tornó en una ira casi incontenible al contemplar la falta de respeto de parte de Mardoqueo. Éste ya se habría quitado la ropa de luto (4:2) y es- taba sentado en su lugar acostumbrado, “en la puerta real”.
Amán pudo contenerse en su ira y fue rápidamente a su casa para reunir a sus fa- miliares y amigos para compartir su disgusto y solicitar de ellos consejos en cuanto al procedimiento más apropiado a seguir (v. 10). En su orgullo, se jactaba de sus enormes riquezas, las cuales hicieron posible la muy generosa oferta que hizo al rey con el fin de lograr su aprobación por la matanza de ese “pueblo disperso y diseminado” (3:8–9). Si- guió jactándose, refiriéndose a la multitud de hijos varones que tenía y los honores que el rey le había concedido, por encima de todos los demás siervos (v. 11). El hecho de tener muchos hijos varones se consideraba como señal de gran virilidad varonil, pros- peridad y honor, no solamente entre los judíos sino también entre los persas. Keil y De- litzsch citan la práctica de reyes de enviar anualmente regalos a la familia que tenía más hijos varones. El honor más alto y más reciente que Amán menciona fue la invita- ción a dos banquetes privados sólo con el rey y la reina (v. 12). Nadie más en todo el reino había recibido tan alto honor y fue por la iniciativa de la misma reina. Algunos sugieren que el autor del libro introduce este cuadro de grandeza y riqueza de Amán para contrastar su humillación y muerte (comp. Luc. 14:11). Es evidente que, a esta altura, Amán ignoraba que Ester era judía. Era un secreto que ni el rey mismo sabía. Amán estaba saboreando ya la rica [página 232] comida, abundante vino e íntima rela- ción con el rey y la reina otra vez el día siguiente, sin sospechar las sorpresas y trage- dia que le esperaban.
Sin embargo, ni la exagerada riqueza, ni el puesto más elevado de honor en el reino, segundo sólo después del mismo rey, ni la íntima relación que gozaba con el rey y la reina, todos juntos no lograban satisfacer su orgullo y suavizar su amargura y su
honor ofendido por Mardoqueo (v. 13). Amán había pedido consejos a Zeres, su esposa, y a los amigos reunidos y ellos no tardaron en recomendar un plan (v. 14). Mardoqueo tendría que ser colgado en una horca de casi 25 metros de altura a fin de que se viera desde muy lejos y sirviera como un anticipo de la matanza de todo el pueblo judío de- ntro de once meses. El plan era de matarlo la mañana siguiente, antes del banquete en ese mismo día. Únicamente así, Amán podría ir al banquete aliviado y alegre. Amán se puso muy contento porque estaba seguro de que el rey, habiendo aprobado la masacre del pueblo, no tendría problema en aprobar la muerte de un solo judío.
Aquí el autor del libro ha creado, o Dios ha diseñado, una situación de alto drama y suspenso. Amán tiene la confianza del rey y el rey no está enterado de la relación entre Mardoqueo y la reina. Ester ha postergado presentar su pedido al rey hasta la raya misma de la hora fatal para Mardoqueo, con el resultado de que la suerte de él y de los demás judíos está en suspenso. Todas las circunstancias apuntan al hecho de que ya no hay esperanza para la vida de Mardoqueo.
3. El rey recompensa a Mardoqueo, 6:1–14
En el capítulo seis vemos como, en una forma completamente inesperada y casi in- creíble, Dios interviene para frustrar e invertir los mejores planes humanos. El que pa- recía estar destinado a una muerte inminente sale ileso y es honrado; el que parecía estar en una posición de absoluto dominio sufre el destino que había [página 233] pro- yectado para su “enemigo”.
La importancia de mantener registros escritos 6:1
¿Qué hacemos cuando queremos recordar algo importante? (¿una dirección?, ¿un número de teléfo- no?, ¿la lista de cosas que necesitamos del merca- do?). ¡Lo anotamos!
La Biblia enfatiza fuertemente la importancia de mantener registros escritos: (1) Hay dos libros com- pletos dedicados a esto. (2) En la historia de Ester, el “punto de cambio” fue la lectura de un registro. (3) Varias veces en la Biblia Dios ordena que se escriba algún mensaje importante. (4) Toda la Biblia es el registro escrito del trato de Dios con la humanidad.
Por esto, no debemos ver los informes, las actas, los archivos u otros registros escritos como una car- ga, o como algo que no es muy espiritual. Recorde- mos la importancia que Dios da a los registros escri- tos.
Aquella misma noche el rey sufre de un insomnio divinamente ordenado, y pide que le sean leídas las crónicas (vv. 1–3). Por medio de ellas recuerda que el estar con vida se lo debe a Mardoqueo (ver 2:21–23). La historia nos cuenta que Asuero murió años más tarde a mano de sus propios servidores.
Historiadores del tiempo de Asuero indican que era importante para el rey que hechos de valor en su favor fueran recompensados. Se nos dice también que durante las batallas se tomaba nota de aquellas proezas memorables realizadas, para que pu- dieran ser recompensadas más tarde. Por la lectura de estas crónicas se entera que nada había sido hecho en favor de Mardoqueo.
Obviamente, Amán había arribado en la mañana temprano para pedir permiso al rey para ejecutar a Mardoqueo (vv. 4, 5). [página 234] Probablemente, esperaba terminar con esto antes del banquete con el rey y la reina, horas más tarde. El rey piensa que es un golpe de suerte encontrar a Amán allí en el preciso momento que el rey desea pedir su consejo.
Semillero homilético
Anatomía de una caída
6:6–12
Introducción: Hace poco leí la experiencia de un cris- tiano que tuvo una caída semejante a la de Amán, y todavía está pagando las consecuencias. Amán era una persona con éxito: era el segundo en el reino (3:1), pertenecía al círculo íntimo de los allegados al rey, poseía riquezas (3:9), los habitantes de Persia se arrodillaban ante él y le rendían homenaje (3:2).
El hombre del cual leí era brillante por su inteli- gencia. Como deportista se destacó jugando al fútbol en su universidad. Era muy apreciado por sus ami- gos y tenía éxito en su trabajo.
Pero estos dos personajes cayeron. Veamos cómo fue este proceso.
La caída comienza en la mente y el corazón (v. 6). Este versículo dice que Amán “pensó (mente) en su
corazón”. La mayoría de las caídas en pecado tienen su origen en la mente y el corazón.
El hombre de nuestra historia pasaba mucho tiempo en Internet; y cierta vez, accidentalmente, entró en un sitio pornográfico. Se quedó boquiabier- to por las imágenes que se presentaban en su panta- lla. Enseguida apagó la computadora, pero no pudo olvidar lo que vio. Días más tarde, buscó intencio- nalmente ese sitio. Una conexión lo llevó a otro sitio, y a otro, y a otro. Era fácil.
Y su mente empezó a pedir más.
El Señor Jesús dijo: “Lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre
Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, los falsos testimonios y las blas- femias” (Mat. 15:18, 19).
Luego vienen los hechos (vv. 7–9).
Luego de “pensar en su corazón” Amán habló. Expresó con palabras lo que ya había pensado pri- meramente en su mente. Y fue muy abundante en sus descripciones; no escaseó en detalles ni en ex- presar claramente ante el rey lo que él quería que se