EL MADRID ILUSTRADO
LA FUENTE DE APOLO o DE LAS ESTACIONES
Ubicada en el antiguo Salón del Prado, hoy Paseo del Prado, contemporánea de las muy famosas Fuentes de la Cibeles y de Neptuno, la Fuente de Apolo o de
las Estaciones, pues por ambas denominaciones es conocida, pasa prácticamente desapercibida tanto para el habitante como para el visitante a
pesar de constituir un acabado ejemplo del estilo Neoclásico hispano, tal vez debido a su ubicación dado que se alza en medio del bulevar central en lugar
de, como las citadas, presidir una céntrica plaza.
La Fuente de Apolo o de las Estaciones preside el bulevar central del actual Paseo del Prado.
La llegada al Trono de las Españas del ilustrado monarca Carlos III de Borbón iba a significar una “revolución” para la Villa de Madrid cuyo objetivo no era otro que transformarla en una urbe que pudiera competir con ciudades como París o San Petersburgo, o al menos que fuera semejante a su añorada
Nápoles, capital del reino de Nápoles y Sicilia, su residencia durante el cerca de un cuarto de siglo que rigió sus destinos como monarca de ambos.
Partida de Carlos de Borbón a España, vista desde la dársena.
Óleo sobre lienzo obra de Antonio Joli. / Museo Nacional del Prado.
Como parte de sus políticas tendentes a transformar la ciudad de Madrid en una urbe “ilustrada”, alejada de su trazado y costumbres medievales, suyos fueron los primeros bandos destinados a mejorar la salubridad de la capital en los que se instaba a los madrileños a abandonar la costumbre de arrojar por la ventana al famoso grito de “agua va” el contenido de orinales y bacines, al tiempo que daban inicio las obras de construcción de una moderna red de alcantarillado, o las referentes a su ornato y limpieza aprobando el 14 de mayo de 1761 d.C. las ordenanzas que debían regir el empedrado y la limpieza de las calles, se cuentan un conjunto de actuaciones urbanísticas como la construcción del actual edificio del Museo del Prado o del Hospital de san Carlos, hoy Museo Reina Sofía, que se complementaron con el inicio de la reforma integral del tramo central del antiguo Salón del Prado con la erección de fuentes monumentales entre las que se cuentan las de la Cibeles, Neptuno, de la Alcachofa y esta que nos ocupa.
La calle de Alcalá en su cruce con el Salón del Prado.
Óleo sobre lienzo obra de Antonio Joli. / Colección particular.
Su traza, al igual que el de las otras fuentes del Paseo, fue diseñada por el arquitecto Ventura Rodríguez, nombrado por el monarca Maestro Mayor de la Villa y de sus Fuentes y Viajes de Agua, y su ejecución sometida a concurso público del que resultó ganador en el año 1781 d.C. el escultor salmantino Manuel Francisco Álvarez de la Peña apodado por sus contemporáneos el Griego por, según reseña Juan Agustín Ceán Bermúdez, el empeño que tenía en imitar las formas, actitudes y corrección de los modelos clásicos cuanto por la prolijidad con que acababa sus obras.
Es interesante resaltar que este insigne escultor, prácticamente desconocido, que llegó a ser Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el año 1784 d.C. y fue nombrado por el monarca Carlos IV de Borbón en el año 1794 d.C., Escultor de Cámara, es autor de dos de las estatuas de la serie de monarcas hispanos que debía coronar la cornisa del Palacio Real de Madrid, las de los reyes godos Witerico y Walia, así como de multitud de obras sacras para Conventos, Iglesias y Monasterios tanto madrileños como de otros lugares.
Lamentablemente su prematura muerte en el año 1797 d.C. le impidió concluir la figura del dios Apolo que debería coronar la fuente.
La fuente consta de un cuerpo central dividido en tres niveles al que se accede mediante sendas escalinatas de cuatro peldaños situadas en la zona anterior y posterior, figurando en los laterales del cuerpo inferior dos mascarones con las imágenes de la gorgona Medusa y la diosa Circe cuyas bocas arrojan agua sobre tres conchas de dimensiones crecientes.
Sobre el anterior se alza un segundo cuerpo en cuyas esquinas se asientan las figuras alegóricas de las Cuatro Estaciones estando rematado el conjunto por la figura del dios Apolo que, apoyado en un tronco y portando un carcaj vacío a su espalda y sosteniendo la lira con su mano izquierda, tiene a la serpiente Pitón derrotada a sus pies.
La Fuente de Apolo vista en dirección hacia la calle de Alcalá.
A ambos lados del anterior y elevadas sobre un podio, dos grandes pilones circulares recogen tanto las aguas que manan de los caños del cuerpo central y desbordan las conchas como las aportadas por sendos surtidores verticales.
Es curioso que desde su inauguración se mantuvo en su emplazamiento original pues la estatua de la Cibeles, que en principio estaba destinada a los decorar los Jardines de La Granja de San Ildefonso en Segovia, fue colocada de inicio frente al Palacio de Buenavista, mirando hacia la fuente de Neptuno.
ARRIBA : Vista del cuerpo central de la Fuente de Apolo
con las imágenes alegóricas de las Estaciones y los mascarones que arrojan agua sobre las conchas de
tamaño creciente.
DERECHA : Uno de los mascarones de la Fuente de
Apolo con la imagen de la diosa Circe.
Uno de los grandes pilones de la Fuente de Apolo.
Vista posterior de la Fuente de Apolo
Las alegorías de las Cuatro Estaciones, obra como ya se ha señalado de Manuel Francisco Álvarez de la Peña, ocupan cada una de las esquinas de la zona superior del cuerpo central, portando los símbolos basados en la tradición grecolatina que tradicionalmente se les asocia.
Así, la Primavera es representada como una joven vestida con una túnica cuya cabeza se decora con una corona de flores portando en sus manos una cesta cargada de flores y frutas.
Escultura de la Fuente de Apolo que representa la Primavera flanqueada por el Verano, a la izquierda, y el Invierno, a la derecha.
A partir de ella, si giramos en el sentido de las agujas del reloj, encontramos la representación del Verano, un joven con el torso parcialmente al
descubierto que porta en sus manos un haz de espigas, símbolo de la siega veraniega mientras el Otoño, un hombre maduro coronado de pámpanos, sostiene en ellas grandes racimos de uvas, es la época de la vendimia.
Las anteriores figuras contrastan con la imagen del Invierno, un anciano barbado con la cabeza cubierta que sostiene en sus manos un caldero o brasero, tal vez símbolo de los fríos invernales.
Escultura de la Fuente de Apolo que representa el Verano flanqueada por el Otoño, a la izquierda, y la Primavera, a la derecha.
Escultura de la Fuente de Apolo que representa el Otoño flanqueada por el Invierno, a la izquierda, y el
Verano, a la derecha.
Escultura de la Fuente de Apolo que representa el Invierno flanqueada por la Primavera, a la izquierda, y
el Verano, a la derecha.
En la parte frontal del cuerpo central encontramos una placa en la que figura la inscripción :
D O M S P O M CAROLO III
AVG P P D D MDCCLVII
El texto está tan abreviado que únicamente es identificable el nombre del promotor, Carlos III de Borbón, y la fecha 1777 que corresponde no a la de su conclusión, pues no fue inaugurada hasta el año 1802 d.C. con motivo del enlace del Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, con María Antonia de Nápoles, sino a la de la aprobación del proyecto por el monarca.
Sobre ella, y entre las figuras alegóricas de la Primavera y el Verano, campa el escudo de la Villa de Madrid, el tradicional “oso y madroño”, aun cuando bien es conocido que no se trata de un oso sino de una osa que representa la constelación de la Osa Mayor.
DERECHA : Placa en la que entre otros datos, se identifica al promotor de la
obra, el rey Carlos III, y la fecha de aprobación del
proyecto, el año 1777.
ABAJO : Escudo de la Villa de Madrid situado entre las alegorías de la Primavera y el
Verano.
El conjunto se remata con la imagen del dios Apolo concluida, tras la muerte de Manuel Francisco Álvarez de la Peña, por su sucesor como director de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el escultor murciano Alfonso Giraldo Bergaz.
El cuerpo central de la Fuente de Apolo.
El escultor utilizó una imagen de inspiración grecorromana para plasmar al dios como vencedor de la serpiente Pitón que aparece muerta a sus pies, portando un vacío carcaj a la espalda, no podemos olvidar que la misma “cayó muerta y destrozada bajo las flechas de Apolo, y por cuyas mil heridas salió la
venenosa sangre”, y con su instrumento musical, la lira, en la mano izquierda.
Existen diversas teorías sobre el significado de utilizar la imagen de Apolo, el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, entre otros muchos atributos, identificado con el sol y la luz de la verdad, siendo la más extendida aquella que apunta a que representa el
espíritu ilustrado del propio monarca como protector de las artes, suya fue la creación de la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro o la de Cristales de la Granja, y las ciencias, fundación del Jardín Botánico, del Gabinete de Ciencias Naturales o del Hospital de san Carlos.
Imagen del dios Apolo que corona la Fuente de las
Cuatro Estaciones.
Vista lateral del dios Apolo en la que se aprecia el cuerpo de
la serpiente Pitón.
La silueta del dios Apolo se recorta contra el cielo
madrileño.
Vista posterior de la Fuente de Apolo.
Un detalle a tener en cuenta es que nunca fue diseñada para abastecer de agua a los madrileños, función que si cumplió durante años la Fuente de la Cibeles, sino como ornato del que debía ser el eje cultural del Madrid Ilustrado, el Salón del Prado, objetivo que dos siglos más tarde se ha
convertido en el tan cacareado y nunca llevado a cabo proyecto del Paseo del Arte, que esperemos se convierta pronto en una realidad.
Y este es el resumen de una las fuentes monumentales que adornan calles y plaza de Madrid, poco conocida y menos visitada por lo que invitamos a habitantes y visitantes a detenerse un instante y contemplarla.
La Fuente de Apolo, al fondo la antigua sede del Banco de Crédito Local de España, de muy gratos recuerdos personales, a la derecha el edificio del Banco de España.
Ciudad de México, a 10 de marzo de 2015 – festividad de san Droctoveo, abad.
José María Duchel de Mumbert.