Carlos Sabaf £rcasfy
PAMTH50S
O. M. 8CTTAMI • editor
M O N T E V I D E O
CARLOS SABAT ERCASTY
PANTHEOS
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O. M. BKKTANI, Kditok MONTEVIDEO 0 1 7Nota del Editor
Obligado por varias circunstancias abrir un paréntesis a mis ediciones, be buscado un broche que cerrara dignamente esta mi primera etapa editorial. — Lo be hallado.— PANTHEOS es una joya que uno de los máa jóvenes como valientes orfebre del verso acaba de cincelar. Me cabe el honor de haber alentado a su autor a darlo a lu%. Miles de tomos que contienen los me* jores versos y las mas exquisitas prosas de mis editados, espeian abrazos abiertos la llegada de este nuevo compañero que irá a compartir con ellos, en los polvorientos escaparates de las obras nacionales, la glo ria de no ser leído.
A la memoria de Diana de la Fuente, cuya presencia está en cada uno de mis versos, co mo el sol que cae sobre Un ár bol, está en cada una de las hojas.
LA ESFINGE.
I.
Tenias la actitud lánguida y vaga De un cisne sobre un lago que reposa. Y me extasió el oasis de tu frente Con el agua impregnada de azul entre sus órbitas.
Tras la túnica negra de tus párpados Contemplé las estrellas de tus ansias remotas,
Y como un lirio en sangre y en deseo Se rendían tus manos perfumando mis rosas. Y desde el beso místico del alma, que nos une. Llenabas de armonía mi vida, gota a gota, Y a la hora del beso carnal, que nos separa, Invadiste mi sangre de azul como una o la !
Hacia el Oriente de ocio y de molicie La caravana blanca ya no torna, Cruzando por la Arabia de tu ensueño En las noches quiméricas y absortas... Y desfallece la inefable y diáfana
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Ebriedad de mi frente melancólica. Como esas manos de marfil y fuego Que extenúan sus ansias aguardando en la alcoba...
Ya no alejas mi enorme desencanto Ni tus flores azules me coronan. Ya no brotas espigas para mis negros cisnes Que cruzan por el agua de tus lagos en sombra, Donde se aniquilaba tu orgullo entre mis éxtasis.
Donde.bebí la sangre doliente de mis odas, Pálidas de tu amor, como esas vírgenes En cuyas carnes tristes, gota a gota, Va la esponja insaciable del deseo Esprimiendo sus bálsamos siniestramente sola I
Tú tienes el desmayo y la tristeza De un cisne sobre un agua tempestuosa. Das un suplicio de agonía al verso Con tu mirada lánguida y exótica, Con sus filtros de muerte y de martirio Que ahogaron en narcótico^ mi devoción remota.
En sus luces enfermas la lujuria Encendió sus caricias tentadoras. Hostilmente reaviva su letargo Tu extenuado abandono y mi zozobra. Ellas emponzoñaron la amistad de mis cisnes
Con tu quimera blanca, entre las ondas, Y desoladamente en el misterio Amargaron las mieles de mis rosas, En el hondo y oculto sortilegio Que embrujaba de histeria mis pupilas absortas,
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Junto al agua impregnada de horror entre tus órbitas ! ¡Ah, pero como aguardo la mirra del ensueño Sobre la noche inmensa que en tus pupilas flota I
¡Cómo ansio el minuto inenarrable Que el letargo nocturno piadosamente evoca!
Yo sé la eternidad que ha de acogerme En tu mirada mística, maravillada, ignota !
Y hoy tienes la actitud lánguida y vaga De un cisne sobre un agua que reposa. Y la ebriedad inmóvil de tus ojos Atrae como una flor triste y narcótica, Que desmayara en su corola muerta La música fluida de su aroma.— Y entras a mi emoción toda de blanco Triunfando del silencio y de la sombra, Y mi alma va hacia el alma de tus éxtasis Donde vela la esfinge que siempre me interroga.
Las últimas lujurias del misterio Nos llevan más allá de toda forma. La noche se hace eterna.
Y en ella nuestras ansias nos ahondan, Y viven de su muerte y de sus ruinas Más allá de la música, del color, del aroma, Donde se abren tus atrios quiméricos y azules Al eterno Nirvana y a las fuerzas ignotas ! Diriase que vuelve la caravana blanca 1 Diríase que se ungen las frentes melancólicas !
Que en la túnica negra de tus párpados Reviven las estrellas de tus ansias remotas! Y que mi alma en el éxtasis de tus pupilas cruza
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Como un cisne en un agua que reposa. jAh, si en la noche mística y profunda Me eternizara en esa ruta hipnótica... Junto al mar impasible del enigma Que alumbra un azorado plenilunio Cuya mirada muerta nos corona !
II.
Mi mano, dolorosa, amargurada, Con tus manos de diáfana blancura, Reabre el terciopelo cordial de tus pupilas Bajo el letargo inmóvil que se alarga en mi angustia !
Y con tu inanidad... Y en tu abandono, Se duplica el arcano de mis urnas, Tras el espejo enfermo, profundo y desolado De tus pupilas ebrias de cansancio y de bruma.
Mis manos, dolorosas y macabras, En tus manos de mística blancura, Fluyen el privilegio del encanto Que reaviva en tus ojos sus mansedumbres únicas I Cuando ese terciopelo cordial de tus pupilas Maravillosamente sus oros acentúa.
Se duerme un fuego pálido en tus párpados Abiertos a mi trágica amargura ; Y las blancas Venecias del ensueño Detallan en la plata de la luna El sortilegio antiguo de sus aguas Y extasían mis vagas y mórbidas lujurias ! Una fatiga lánguida tu delgadez enerva
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Y en mi fiebre quimérica de enfermo se dibuja ... Todo en tal lascitud tiembla en tus ojos : El marfil indostánico de tus manos litúrgicas, La palidez aciaga de mis lirios de muerte,
La ojiva medioeval de la cartuja, EJ alma griega y dulce de la fuente Que al solitario su égloga preludia, La hiedra que ha arropado a las estatuas Cuyas órbitas frías no se azulan Bajo el amparo inmenso de la noche Que en tu astral cabellera se perfuma... Y la impalpable náyade que glisa Las aguas del estanque y eji su albura Plasma una frase larga y armoniosa Dando al color su suavidad de m úsica... Todo en tal lascitud tiembla en tus ojos Y en mi frente quimérica de enfermo se dibuja!
Mi mano, dolorosa, amargurada, Purifica los Idolos macabros de tu angustia...
Tu mirada penetra en mi silencio Y mi vida se embriaga de azul bajo sus cúpulas,
Y me interno en el mar de tus pupilas Sin la lepra doliente de mis llagas nocturnas I... Mientras tus dedos suaves y balsámicos Recogen ante el mármol azul de tas columnas-
Ese perfume de los hel ¡otropos Que duermen en la seda fluida de sus túnicas,
Yo viajo hacia tu esfinge
Sobre el hondo misterio que en tus ojos se incuba Y vago en el crepúsculo de tus miradas de ópalo
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!£n tanto que tus párpados violetas no clausuran Sobre el mar impasible del enigma, El azorado y vasto plenilunio Que en tu interior sonámbulo perdura !
III.
Me arrastra hacia tus ojos la eternidad de muerte Con que el silencio unánime te abandonó en mis
bosques, Y anido en las tinieblas de tus órbitas vagas
Ebrias de inmensidad como la noche. Me obsesiona el hastío de tu frente balsámica Donde duermen los astros sus miradas inmóviles. Tus pupilas nos ungen de piedras milagrosas Con la luz impalpable y enferma de sus orbes !
Y vivo del sopor de mi silencio Aguardando al amparo de las torres, Cuyo lenguaje místico y profundo Despierta y alucina a mi frialdad de bronce.
4 Ah, el naufragio en las aguas de tus órbitas grises Ebrias de inmensidad como la noche I Desfallece en mis labios un versículo de oro. Las túnicas desmayan sus vagos tornasoles. En el opio inefable del ensueño y del éxtasis Tus pálidas anémonas languidecen inmóviles.
La mirra del letargo y del olvido Fascina a los sedosos horizontes ; La fuente duerme su égloga de plata Y a su agua bajan las constelaciones.
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Pero el misterio vela tu estupor impalpable, En los lirios azules de tus ojos insomnes !
Pero yo me amortajo de tinieblas, Y el hierático rito de tus dioses Oculta inmensamente su secreto Tras una yerta frialdad de bronce! Mi frente palidece en tu letargo Y la góndola suave y azul no nos acoge. El horror amortigua en tu delirio La sed impenetrable de mis vórtices! Su inmensidad reabre mi herida tenebrosa Y se interna en mis claustros con su paso uniforme. Y todo lo invisible de tu alma y de mi ensueño Clausura la armonía profunda de sus bosques.
Y el filtro emponzoñado del enigma Penetra en nuestra bruma glacial, como un estoque,
Y la angustia infinita de mi sangre Trasciende hacia los lirios de tus ojos insomnes! Tus miradas me abruman hasta doblar la frente Bajo el oro fluido de las constelaciones,
Reavivando en la sombra indescifrable La obsesión de mis dudas poliformes. Y en la hora astral, la música del alma Fragua un caos de muerte en sus acordes, Y languidece dolorosamente El éxtasis copioso de sus voces l ¡ Cómo se hiela en un minto efímero El lirio ilusionado de ser vida y ser joven, Que a la hora sombría de los grandes misterios Lo llevaban tus manos al secreto del cofre !
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Pero los negros cisnes Ebrios de obscuridad y de silencio
Hunden el cuello en la quietud enorme, E interpretan los símbolos arcanos Hasta doblar la frente de horror bajo la noche!
Y el lirio muere, misteriosamente, Con los pétalos rígidos, profanados, inmóviles!
Hay una sed inenarrable y mística En tus ojos nocturnos y obsesores. En ellos se insinúa como un sueño La armonía infinita del acorde Y yo me interno entre sus grandes selvas
Flotando en el enigma de los orbes. Nada desciende a mi tristeza ignota. De lejos la inviolada penumbra de los robles Se puebla en una música sonámbula, Y en mi frente se agitan las brumas de Beethoven,
Y el viento huracanado de la muerte Sobre mis vastas nebulosas corre!... Yo penetro en tu vida como en un gran silencio Donde un órgano místico profundiza sus voces. Yo voy a tus pupilas como un Dios solitario Que alucinara el íntimo perfume de tus flores. Y el letargo nocturno de tus órbitas grises Me embriaga en el narcótico de sus aguas inmóviles ! Me arrastra hacia tus ojos la eternidad de muerte Con que el silencio unánime te abandonó en mis torres Y anido en las tinieblas de sus órbitas vagas
Ebrias de inmensidad como la noche ! E interrogo a la esfinge de tu mirada de ópalo
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Y la esfinge clausura sus pupilas enormes, Como siempre que mi alma se ha alejado Con la sed del misterio y auscultando los orbes,
Sobre el mar impasible del enigma Que alumbra un azorado plenilunio Extasiando a los vastos horizontes 1
NIRVANA.
A lo lejos la tarde es un letargo Sobre rosas de seda, de ilusión y de ensueño !
Sombrea los caminos
El temblor de los álamos, cubiertos Por la inmóvil lujuria de la hiedra En un abrazo eterno !
La desnudez pagana de una estatua Sufre el musgo que brotan los inviernos, Y la caricia verde por las líneas de mármol Glisa los muslos, vibra en la pelvis, tiembla en el seno.
Bajo el beso fluido de la fuente, La estatua,
Arquea el impasible reposo de su cuerpo, Y la quietud sedante de la tarde Con sus alas quiméricas ampara su silencio!
Mis naves en un mar remoto y diáfano Flotan con el tesoro del ensueño I
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Los mástiles no aguardan al viento el retorno. Y las naves se pierden a lo lejos! Tal van los cisnes sobre el agua de oro. Góndolas blancas, lirios del lago, vasos herméticos,
Con el orgullo inmóvil de sus alas, Con el desdén olímpico del cuello... Y el temblor de los álamos sobrea La enferma lascitud de mis deseos! Y los ojos solemnes de la estatua Hermanan su misterio a mi silencio! Y la quietud sedante de la tarde Con sus alas quiméricas apacigua mis sueños ! .,.
(Ah, entonces el alma como un lirio se inclina. En su extraña fragancia mi dolor reconcentro. Y desciende un rocío que amortigua mi sangre. Y un profundo narcótico languidece mis nervios !
A lo lejos la tarde es una música Sobre rosas de opio, de molicie y de tedio! Mi languidez, mi lascitud, mi saciedad
Empozoñan las brumas de mi cuerpo. Y mi unción sobrehumana se agota en el hastío, Y en la inmensa agonía del azul desfallezco!
Y me inclino a mi sombra y le interrogo Y el fondo de mi sombra es un silencio.. A lo lejos la tarde se extenúa
Sobre la inanidad de los desiertos. Un ave engarza el ritmo de sus alas En el oro del cielo.
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Las sombras de los árboles En los lagos fluidos y quiméricos, Sumergen sus penachos y profanan El icposo inmutable de los claros espejos ! Y el sol sobre otras aguas, azules y fluviales, Palidece la púrpura ritual de sus trofeos !
Es entonces que mi ansia inenarrable Revive entre mis éxtasis supremos ! Y en el acre perfume de mi sangre me embriago. Y ebrio de mi demencia vidente me exaspero. Y una mirada enorme se pierde en el crepúsculo Y cruza los espacios y se ahonda en el tiempo ! ... La Esfinge...! La inmutable, pesa como una cumbre. La música del orbe concentra su secreto.
Y es su blanca armonía tan suave para el alma, Que su acorde traspasa mi silencio!
A lo lejos la tarde es un desmayo Sobre rosas de sangre, de lujuria y de fuego! Una molicie lánguida y enferma
Se hastia entre los árboles inciertos. En el alma sonámbula del lago Los cisnes exasperan mis deseos Con sus pupilas vastas e impasibles, Sobre el desdén olímpico del cuello. Y al glisar el reposo de las aguas Con el orgullo triste de sus cuerpos... Flotan entre la música del orbe Como en la mirra bíblica de un templo! De la seguridad de sus instintos
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Trasciende el ritmo de su ser perfecto, Y bajo la inocencia de sus alas Gozan la plenitud del universo Sin la interrogación de las pupilas Humanas, ni el deseo
De trasponer las cumbres de la vida Con la fatalidad del pensamiento. Y yo, como los cisnes en la eterna armonía, Naufrago en el misterio!
¿ Adonde van mis pasos
Sobre la enorme ruina de los tiempos, Entre las piedras sordas a mis himnos, Bajo las vastas sombras sin voz y sin deseo,
Solo, con mi embriaguez y mi fatiga, Con la carga que abruma a mis camellos, Ebrio de un ansia inenarrable y mística Como un gran río infatigable y ciego ? lAh, desmaya la frente sobre tus manos diáfanas ! Deja a tu ansia en el cofre cordial de los recuerdos 1 Deten la fiebre inmensa de tu asombro ! La llama, si te invade, no incendiará los velos,
Y el horror de la vida que se agota Responde con la Esfinge y el Silencio! Cierra los ojos visionariamente... Y en tus mares azules y quiméricos, Repta las proras de tus naves de oro Hacia el faro que aclara la quietud de tus puertos !
A lo lejos la tarde balsámica zozobra
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La nada, y el hastio, y el letargo, y la angustia, Infiltran su narcótico sutil en mi deseo 1... Juego de imágenes, forma sin fondo, luz ilusoria,
Todo se desvanece en el misterio! La frente crea líneas invisibles Para internarse al fondo de los tiempos. El opio y la embriaguez hacen más diáfano El letargo profundo de los cielos, Y el alma sube como en humo de oro Sobre las blancas alas del ensueño I En la calma inefable del crepúsculo Se integra a la piedad del monasterio Y flota en el perfume desmayado Del órgano supremo,
Que se abre a la agonía de la tarde Y desfallece en la quietud del templo I El alma va a las torres del olvido Y descifra el enigma de los muertos I ... Y hay una calma dolorosa... Un incurable desconsuelo... Un frío secular... rosas marchitas Que fluyen su perfume narcótico en el viento... Páginas truncas en las crisálidas de esos poemas Que jamás han brotado del fondo del ensueño,
Y duermen en la inmóvil nebulosa, Bajo el reposo del amor y del deseo!... Y la inquietud del alma profanando la esfinge Penetra en el letargo remoto de los muertos; Aunque sabe la eterna vanidad de las alas Y la ilusión efímera que sostiene al esfuerzo.
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Ave insaciable, cráter de sombras ávidas y ébrias, Vive como en un éxtasis de hielo Todo el horror de la tragedia humana Que fluye de la angustia de los féretros ! Allí duermen las luchas milenarias En la calma copiosa de sus lechos! A veces, en el vértigo que exaspera sus odios, Cruzan macabramente los pálidos espectros,
Y en sus cráneos,
Las órbitas naufragan en la sangre que vieron, Y la embriaguez satánica del crimen Aparece a los ojos visionarios y austeros,
Con las líneas heroicas y soberbias Que mentían las máscaras sonrientes de sus muertos,
La hipocresía que a las tumbas lleva Sus disfraces grotescos ¡...
Y el alma, seducida por las ruinas, Fué a la paz milenaria de los castillos viejos; A la quietud de las ciudades mudas y frías, y olvidadas;
A los templos;
Á los pórticos graves y solemnes; A la sensual angustia de los huertos Donde los siglos pasan
Con sus sandalias de oro
Sin que el amor suscite sus fiebres y sus besos ! El alma, enferma del dolor humano, De la locura de los pueblos, Y de las horas extraviadas Que se acumulan en los nervios,
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Con el vértigo inmenso de la vida Cayó al hastío eterno,
Ahogada en el cansancio de los hombres, Bajo la gran fatiga del horror y del te d io ...!
El fastidio ha llegado al fondo de las horas. ¡Náda, en el infinito del amor y el deseo I Los orbes están mudos frente a nuestras pupilas... ¡Nada, el instante pasa y es efímero el vuelo! Las naves ya no aguardan al viento del retorno... ¡Nada, responde el alma perdida en el misterio! Las sombras se acumulan más allá de mis fuerzas, Y la frente se hiela como los astros m u erto s...! ¡Ah, embriagarme en el bálsamo sedante del Nirvana
Y del olvido eterno !
¡Ah, la quietud, la inanidad, la paz sin fin, En la embriaguez del corazón y del silencio... |
LA MONTAÑA.
Yo estaba solitario y mudo.
Una gran sombra trágica flagelaba mi frente. 1 Descendía mi vida de su grave montaña Y una lujuria enferma minaba mi alma inerte. Oh, pobre carne triste,
Con cuanta cobardía te dominaba el vientre, Y la sensualidad de los prostíbulos
Y el beso de vampiro que roe como un diente ! Yo estaba solitario y mudo
Bajo el desequilibrio de la locura y de la fiebre, Atado a los tentáculos monstruosos de la urbe Que en nuestra carne triste su gran dolor distiende. Sumergido en el caos de todas las neurosis Que invaden de los viejos países decadentes. Ya no eran las pampas de la joven América, Donde rugió mi instinto como un jguar y ardientes
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Como potros cruzaron mis deseos, La patria virgen de mi sangre fértil.
¿No te recuerdas de la hora inmensa Cuando caíste a la llanura como un árbol ? El agua de tu rio de agonía
Era como el veneno sutil del desengaño. Y cuando consumías tu carne taciturna Y en tu sangre un hastío desolado Circulaba al impulso letal de tus deseos Y un tejido de bruma era tu m anto.,. La duda se hizo en tí toda de hielo ! La ineficacia de tu frente y de tu mano Te cubrió de una gran melancolía. Y sin amor, sin luz, sin ese alto
Orgullo que concentra una inmortal confianza De sí, caíste en tu desierto como un árbol Cuyas hondas raíces se pudrieron Cuando el fruto no había madurado ! Caíste como el árbol al desierto
Y entre sus ramas truncas sólo se escucha el llanto Que anuncia en el crepúsculo de oro
La muerte de los pájaros de antaño !
Ojos de un esmeralda marino te obsedían Bajo el suplicio de tu lujuria lacerada. — Ojos que difundían la inocencia
De la aldea que sueña al pie de una montaña. — Oh, fauno de las ciudades decadentes
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Con el brillo glacial de las orgías, Entre los ritmos de las danzas, En esas noches inquietántes
Que te invaden del fondo sombrío de tus llagas. Ojos de un esmeralda marino te obsedían Con sus pupilas castas.
Con la serenidad de las aldeas, Con la azul inocencia y con la blanca ingenuidad, y con la eglógica frescura De sus pupilas diáfanas !
Y tú, sobre el diván de todos tus hastíos, Sorbías el nepente sutil que te embriagaba. Ante los pórticos de las enfermas decadencias Corrompías tu alma.
Y en tu sangre era más fuerte la ponzoña Y en tu frente la duda se acostaba. Tu pobre juventud languidecía, En la ciudad satánica. Y bajo la tortura pesimista De tus ciudades sabias,
La gracia libre y fresca de los campos Florecía en tu frente la nostalgia De otra inefable juventud, serena, Junto al buey, a la hormiga y a la cabra, Sobre el júbilo inquieto de los potros En la inmensa lejanía de las pampas, Viendo el sagrado ímpetu geórgico del toro Y la espera tranquila de la vaca. Oh, el clarín mañanero de los gallos
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Y la serenidad de los ancianos Ante los ojos de esmeralda !... Sobre el diván de todos los hastíos Las sutiles heridas de mi alma, Con la inocencia del deseo renaciente, Parecían cubrirse de una bondad balsámica, Como si ya viviera
E-n la llanura verde y en la casita blanca!
Uh, triste carne enferma
Que concentras el tedio de todas las estirpes I En ese inmenso río de secular impulso Cruzas eternamente delante de la Esfinge. En esa caravana de las razas caducas De cuyas vanidades inmortalmente ríes, Marchas con tu derrota
Sin que nunca el olvido tu angustia tranquilice ! j Oh, heredero maldito del sedimento amargo Que a través de las luchas milenarias persiste! Tú gozas el delirio sublime de los himnos!
Iluminas en ellos la eternidad del crimen Humano, la infinita, la obscura cobardía Que aniquila las almas en el tiempo sin límite I.. Pero pretendes elevarte sobre el odio
Que hace a tu raza miserable y triste ! ¡ Ah, si tus cantos, insondablemente, Te devolvieran la bondad sublime ! jOh, pobre carne enferma En la miseria de las urbes donde vives I En ti está concentrada la total decadencia !
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El odio te ha embriagado de venenos sutiles Que emponzoñan tus fibras.
Un horrible
Vacio te penetra del fondo de la noche, Y te ocultas, y clamas, sin que nadie te anime, Y asi te entregas al inmenso rio
Que circula delante de la Esfinge ! Tal vez tus cantos, insondablemente, Te restituyan la virtud sublime,
Y te alces, ante el orbe, luminoso,
Triunfador de la sombra y vencedor del crimen, Con la verdad de Dios entre los labios, Más fuerte que la Esfinge,
En la frente la diáfana inocencia de un mundo Nuevo, que de tus himnos se ilumine !
Goza las alegrías del verbo renaciente ! En las aguas fluviales de tu ensueño, Vibran los mismos astros, que en la noche Alucinan la diáfana serenidad del cielo, Y tu palabra tiene el ritmo de esos mundos Y la misma armonía y los mismos reflejos. Tu voz es la del hombre inmemorado, Que en amar a la tierra fué el primero ! Tu júbilo es igual al del ave prístina, Cuando entregó las alas a la embriaguez del vuelo. Eternamente joven
Para la vida es todo el universo ! Como esa juventud inalterable, Sea el río copioso de tu verbo I
PANTHEOS ;?o
T>esde el primer capullo que violó su envoltura La juventud persiste y surge en los renuevos. Desde que el pez surcó las aguas,
En la gran ancianidad de los océanos, Ella perdura y viaja entre esas formas Múltiples y confusas de los golfos inmensos ! Un inmortal deseo reproduce las vidas.
Hay una nueva forma en todo cuerpo. Aun los seres vencidos
Incoan su esperanza en el silencio! Si la virginidad es profanada, Si la mies se ha secado, si en el huerto Las rosas se marchitan,
Si en el solar los árboles están mudos y secos, Si las aves de antaño
De los feraces bosques solitarios huyeron... Espera ! Espera ! Espera !
Una voz sobrehumana te dirá que no has muerto ! — Somos eternamente vírgenes —
Y otra vez en la selva florecerá tu verbo ! Tú eres el hermano de la primer estrella Que dió la primer nota musical en el cielo! Es el mismo latido que eterniza a los astros, El que hará perdurable el fulgor de tu verbo, Y la potencia de la especie
En las llamas inmensas del deseo! Tu voz es la del hombre inmemorado, Que en amar a la tierra fué el primero ! Cuida su juventud ;
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Embriágala en los ritmos de la emoción más pura ; Dale toda inocencia y todo vuelo
Y tendrá la mejor sabiduría ;
Perdure en ella el canto insondable y sincero Que llega desde el grito inicial de la especie En la frente sin sombras y el corazón ingenuo ! Acoge en ella la primer ¡dea
Del hombre ante los orbes lejanos y serenos ! El primer llanto de pasión entre las selvas ! La carne y el espíritu que encendió el primer beso De Dios, en el eterno misterio del abrazo ! El instinto qué al fondo de los evos Incoaba el deseo de la inmortalidad, Así ,en la caudalosa efusión de los sexos,
Como alzando la llama de la oración más pura Cuando la tierra virgen era el único templo !
El agua humildemente feliz de la colina Abre un río de luz y amor en la llanura. Su corazón inmenso por los prados difunde
El latido fecundo de la tierra y exulta En un canto de gracias insondables c ingenuas, La vital armonía de los campos, la música Y el ritmo de las fuerzas omnímodas
Que en el agua, en el valle y en el bosque circula ! Como el río de luz, cuando era niño,
Mi alma cortó de amor la gran llanura ! Como en el río diáfano y sereno Se reflejó en mi ser la embriaguez única De las enormes pampas, de los celestes prados,
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De las vertiginosas y supremas alturas I Mi alma se derramaba por el rio, La movían los patos en las verdes lagunas, Se entibiaba en el nido de los pájaros,
Perfumaba en las tardes las soledades rústicas. La bebían las blancas majadas de corderos, Ardía en las pupilas insomnes y nocturnas De los buhos,
Maduraba la carne del higo y de la uva, Con el buey compartía el laborioso yugo Y n,o dejaba nunca
La mano labradora
Al fecundar la eterna bondad de la llanura ! Tu también, alma mía, eras un río ! Gozabas la embriaguez de la geórgica Serenidad de los ancianos!
Vivías en la calma solariega y recóndita, Asi, en la frescura de las mañanas blancas Como en las noches hondas !
Por las barbas de todos los abuelos Bajaban a tu oído las más ingenuas prosas, Y unías al caudal de tu torrente El agua de esas vidas armoniosas ! Y por la noche,
La esfinge de la sombra Abría sus pupilas a tus ansias
Con la emoción que tu recuerdo rememora... Que entonces toda virgen era tu alma, Y la verdad en ella pasó como una ola Fluyendo la blancura de su espuma
CA RLO S SA B A T ER C A ST Y :^3
En la dulce inocencia que hablaba por tu boca ! Todo ! Todo está muerto !
Tú subiste hasta Dios, y lo negaste ! Te parecieron bajas las montañas, Efímeros los mares !
Falso el azul del agua y de los cielos I Pequeñas e impotentes las ciencias y las artes ! Toda cosa, misterio!
Las glorias y las ansias, vanidades ! Y solo, en el imperio de tu hastío, El triunfo de tus vicios proclamaste I Y paseando tu gran melancolía Recorriste, sombrío, las ciudades,
Flagelando a los pueblos con tu aguda ironía Sin tenderle la mano a los humildes, ante La horrible y lacerada
Miseria de sus almas y sus carnes, Que pudiste talvez purificarlas
En el fuego mesiánico de tus viejos ideales ! La llanura, el torrente, la montaña, Ebrio de angustia los abandonaste, Cerrando tus pupilas a la vida, Orgulloso y vencido, poderoso y cobarde! Mas de nuevo has entrado por el río, Y llegarás a la montaña. Salve !
Y una vez en la cumbre, Debes de ser el arco luminoso, La flecha y el espacio que atraviese, Y¿la sagrada fuerza que la impulse.
P A N T I I E O S
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Y la carne sublime en que penetre ! Pero la savia de tu herida creadora Surgirá para todos I
Desde entonces,
Tú serás un gran río de alegría Que difunda en la sangre de tu pueblo La salud y el amor de tu montaña!
URANIA
En aquellos ciclos lejanos
Que reviven en la memoria de mi cuerp Dios,
Amasaba la carne sublime de los astros ! El deseo infinito
De ser materia y forma Ordenaba las fuerzas creadoras, Y el ígneo espíritu de Urania Maravillosamente,
Sobre todas las cosas
La música celeste de Dios, resplandecía ! Antes,
Estaba contenida la substancia En la fuerte quietud del pensamiento. La inteligencia pura reposaba En la concentración de las distancias. Del punto,
C A RLO S SA B A T ER C A ST Y 3 7
No había dimensiones, ni sendas estelares, Ni claridad, ni bruma.
Todo estaba disuelto en la calma de Dios Y en la frente divina se incubaba el destino I La llama no irrumpía sus selvas viajadoras, Y la luz no trazaba los caminos del cter. Inmanente en su esencia la potencia suprema No levantaba el himno de sus lenguas de fuego. Y estaban contenidos los espac;os
Ln la fuerte quietud del pensamiento. Más,
En el activo germen de la idea Latían en silencio las posibilidades. El deseo de ser despertó el sueño En el reposo sideral de la materia. Desatadas las fuerzas creadoras Al abrirse emanaron el espacio,
Iluminando las distancias Desde la hoguera primordial!
Del Fcposo surgía la llama constructora. Y Dios,
El sembrador de las totales energías, Irradió sus inmensos torbellinos Dispersando en la potencia de su seno Los números armónicos y las cifras astrales. Transcurrieron vastísimas edades De la sustancia,
Antes que el pensamiento divino fuese estrella I La materia infinita
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Era uniforme, indócil, Y fue preciso transformarla Y hacerla arder en las pasiones Sublimes de la llama,
Hasta infundir en su pesada inercia Toda la gracia y el amor de Dios.
Yo no recuerdo bien todos los ciclos Genésicos de entonces.
Pero,
Cuando mi pensamiento Y mi inquietud de espíritu
Circulan por las ágiles arterias con mi sangre ; Cuando aprisiono en las redes de mis ansias Esa idea esencial que da impulso a mi vida, Y me interno con ella
En las edades De todo el Universo ;
Cuando por mis pupilas absortas, totalmente Entra la vasta noche del espacio
Al espacio infinito de mi alma Y corren mis deseos armoniosos Por las lejanas zonas estelares ;
Cuando vibro con todas las ansias de la tierra Y las fiebres celestes incendian mis deseos.,. ¡ Ah, entonces sorprendo
En mis éxtasis cósmicos, Esos vagos recuerdos primordiales
Que me unen a los ciclos ardientes de los orbes 1 Su esencia está en mJ carne y en mis huesos
CARLOS SA BA T E R C A STY 3 9
Y percibo en la fuerza que agita mis arterias, En el calor que incendia mi corazón de vida, En las vastas radiaciones de mi frente Que a mi destino impulsan a las constelaciones, Sordas reminiscencias y caminos sutiles Y huellas imprecisas
Que persisten sobre todas las edades, Desde que mi materia abandonó el reposo Y ardió toda mi carne dispersa en los espacios, Hasta que el equilibrio total de la energía Armonizó las fuerzas de mis formas actuales!
Por las rutas de esos largos recuerdos, Viaja todo mi espíritu
Como por una música inefable !
Yo concentro en su esencia toda mi devoción, Toda mi fé
Y mi grave confianza.
Pasan sobre mi frente las aves inmortales En cuyo pico de oro la música no muere. En un vuelo quimérico sus grandes alas tiemblan Y son como las aves marinas cuyo viaje Circula eternamente sobre una sola isla. Así, sobre mi frente los recuerdos antiguos Van y vienen y nunca su inmenso vuelo aquietan ! Así es como yo puedo aprisionarlos
En las pequeñas dimensiones, Del verbo,
Como si un ave en la palabra hiciera el nido, Y en ella diera al aire matinal su canción !
40 P A N T IIE O S
Y cuando esos recuerdos reviven en mis átomos La historia de los mundos...
Con cuánta intensidad vibra mi cuerpo! Qué armonías se desprenden de mi sangre! Que nota más profunda
Tiembla
En la fuerte estructura de mis huesos, En la fluida savia terrestre de mis jugos, Y en las ansias astrales de mi carne !
¡Ah, esperar hasta que llegue El álgido minuto
En que yo me percibo como una llama diáfana Y de inmortal pureza
En la que se concentran las vastas radiaciones De mis hermanos cósmicos : ¡ los astros ! La llama es ancha y alta
Como la vela de un bergantín.
Y la mueve un gran viento sobre un mar intangible Y arrastra la aurea nave de mi ensueño
Cargada de perfumes de amor, que se desbordan Del hueco que esa misma llama maravillosa Labró al más viejo tronco de mis bosques tranquilo; Hasta ahondar esa nave de mi propia quimera !
La llama oscila ! La llama tiembla ! La llama canta! La llama alza su vuelo
Sujeta a misteriosas atracciones. Hacia las estrellas del gigante Orlón !. Luego agita mi fiebre
C A R L O S S A B A T ER C A STY 41
Por las constelaciones del Aguila y del Toro ! Después surca el espacio
Como una estrella errante
Hacia sus cuatro hermanas del crucero del Sur I Y atraviesa el urano silencioso
Hasta alcanzar el coro de las Pléyades I Y vagan sus efluvios por el Eridano Y sus esencias inexcrutables Dialogan con Canopus,
Con Aldebarán, con Sirio y con Antares ! La llama de nii vida
En todos esos mundos enlaza su deseo, Al de los cuerpos que arden
En el fuego primordial,
Dispersos en las anchas tempestades De la creación eterna,
Y que tal vez un día las potencias vitales De Dios,
Concretarán en formas armoniosas ...! Acaso,
Cuando los mundos habitados Que ahora cantan sus himnos En las celestes lejanías del espacio, Hayan perdido todas las gracias de la vida.
Sé que no estamos solos en la tierra y el cosmos ! Mi alma escucha en la noche
Voces desconocidas que atraviesan la sombra Y me dicen palabras de amor y de recuerdo! En los mundos persiste todavía
PAN T H E O S
4¿
La huella sideral de mi pasaje,
Cuando todas las vidas posibles circulaban En el deseo cósmico de Dios.
Aun no regía el número La cándida armonía de los astros. La alta luz de los orbes
No estaba separada por inmensas distancias. Y no se había desenvuelto
Las líneas musicales, Y el polvo de mis huesos
Ardía en los incendios cosmogónicos!
Los glóbulos vitales de mi sangre Sustentan Su deseo
Con el calor de todas las estrellas. En tanto que ellos cruzan por mi frente Sorprende mi intuición maravillada El hilo luminoso que los une a los astros. Sus fulgores transportan mis ansias y mis sueños A las constelaciones.
De cada estrella baja hasta mi carne Una nota infinita,
Clara, '
Que baña mis palabras en sus suaves esencias, Suscitando una música distante.
Yo siento que los astros Están entre mi sangre.
Me atraviesa feliz la impresión de sus llamas, Purifican la anchura saludable del pecho Y los impulsos de mi corazón.
C ARLOS SA BA T ER C A ST Y 4 3
Iluminan mis ideas y mis ansias. La armonía que fluye de sus órbitas Con su eter radiante moja todos mis himnos, Y marca el ritmo joven,
Libre, Agil,
En la expansión de mis fuertes movimientos. Yo se que las estrellas
Descienden a mi frente. De sus suaves efluvios
Embriagadas persisten mis pupilas.
Cuando toda la noche penetra al fondo de ellas Hasta llegar al término del alma,
Me alucina el deseo De confundir mi vida En sus selvas ardientes. Y entonces, como nunca,
Tengo la certidumbre de que un día lejano La sustancia de los mundos agotados Difundirá sus átomos
En las profundidades del espacio. Sólo ü fuego de Dios, aportará el incendio A las muertas partículas sin luz, del universo I Emanará del nuevo reposo el torbellino Creador,
Y nuestra carne actual
Viajará por los ríos ígneos y tempestuos De la energía eterna,
Gozando la embriaguez de las distancias I Ah !
4 4 WANTIIEUS
Sumergirnos en el caos y en el fuego ! Y despertarnos en las llamas de los mundos ! Y entregarnos a la hoguera primordial! Y luchar junto a Dios para que surja el orden Y la divina música celeste !
Y aniquilarse en los reposos absolutos ! Y renacer más tarde con las nuevas estrellas ! Y naufragar en los océanos ignotos
Que llenarán la vasta quietud de los espacios ! Y triunfar con los números sublimes Amaneciendo, jubilosamente, A las gracias supremas de la vida !
Sobre todos los tiempos
El deseo de ser desborda en la sustancia ! La vida es un retorno.
Dios crea en la materia incesante y supremo. Cuando consulto lo que saben
Mis carnes y mis huesos y mi sangre, Tengo la cert dumbre
De que, durante innumerables ciclos, Peregriné en las zonas remotas del espacio, Moviéndome en los mundos más diversos Que, aniquilados por el tiempo Para las gracias de la vida, Renacieron en puntos más lejanos, Con órbitas más puras y armoniosas Y organismos más bellos y perfectos ! Ah !
c A R I.O S SA B A T E R C A STY 4 5
De esos inismos recuerdos. Hay instantes más altos fin que desde otros mundos Reclaman la presencia de mi vida. Voces de inexcrutable profundidad, resuenan En la serena plenitud de mi organismo. Llegan hasta mi frente alucinada Ríos copiosos y calientes
Que han brotado de un corazón hermano, Y abren anchos caminos en el eter, Hasta volcar en mi todos los éxtasis De un gran amor distante I Yo sé que en esos astros
Revive ya la carne de mis hijos remotos Y de todos aquellos amigos de otros ciclos... Es de noche.
Quietud para los ojos.
Extasis y embriaguez en las pupil^g. Penetración más honda de toda cosa vista. Está la carne diáfana de soñar en los astros. El cuerpo es una llama que ilumina la sombra. Suena el coro infinito de las voces amigas. Tiemblan en el espacio los amores celestes. Todas las vidas inmortales se concentran En mi embriaguez, en mi emoción, en mi ansiedad ! ¡Ah, la música diáfana que atraviesa la noche Donde viajan las naves de las velas de fuego, En cuya audacia ardiente
Vienen todas las almas hermanas de mi alma Desde los mundos armoniosos y lejanos !
4 6 P A N T IIE O S
En todo tiempo, en toda edad, en todo ciclo Mi presencia surcaba la sustancia total ! Y la materia de los mundos
lista toda sembrada de esas reminiscencias. ¡Ah, por eso en la noche me alejo del sistema Solar,
Y paseo la llama de mi júbilo Por remotos espacios
Imposibles al afán del pensamiento ! Mis ojos contemplaron otros astros Y otros hombres y otras faunas y otras floras Y otras montañas y otras armonías, Y otros cielos y otros ríos y otros mares ! De esa verdad emana
El misterio de todos mis deseos Y hasta ese instinto cósmico Que me dá la noción de las distancias Y me embriaga en la belleza De los grandes espac os
Salvados por el ansia de mis goces uránicos !
Mi alma es un viajero Celeste !
Por la noche se aleja del planeta Y recorre
Con sus alas de fuego Las más profundas rutas.
Vive de la obsesión de las distancias. Suscita día a día
CA RLO S SA B A T E R C A STY 4 /
En los ríos ardientes de mi carne. En el polvo de mi cuerpo y de mis huesos Ha sido escrita toda la historia de los mundos. Eternamente
Atraviesan mis átomos
Las más suaves y dulces radiaciones de Dios. Mi sensibilidad se afina en cada instante, Y mi audacia conquista cada noche Un nuevo astro y un espacio nuevo !
Yo sé que estoy muy lejos, alma mía, muy lejos ! Yo sé que me aproximo sin descanso
A las maduras plenitudes
De la contemplación y la conciencia 1 Mis oídos escuchan en la celeste esfera La marcha
De toda posibilidad futura ! Mi presencia prosigue
Avanzando con Dios entre las cosas ! La flecha de mi audacia es un arma divina Y mis hermanos arden con el mismo deseo Que la despide el nervio de mi arco ! Hé concentrado mi atención en mi destino Y he puesto mis pupilas en el tiempo que nace. Dos alas avanzaban a los mundos lejanos Y en medio de ellas,
La audaz frente del hombre En el éter abría los caminos celestes! ¡Ya entramos en el ciclo de la nueva epopeya!
EL ARBOL
1.
Arbol !
Hijo de la armonía ! El deseo de agotarlo todo
Fatiga nii frente y quebranta ims piernas ! Arbol !
La misma sombra Que dabas a mis abuelos Vengo a buscar
Bajo la música de tus ramajes ! Arbol!
La fiebre
De mis limitaciones
Ansia escuchar tu voz y tu canto,
Porque yo sueño grandes cosas para mi espíritu Y la flecha de mi deseo se extravía, Y siento que mi júbilo desfallece por instantes,
5 0 PA N T H E O S
Y es asi que he venido
Hasta mojarme en la m I de tu sombra Para llevar la gracia de tu vida perfecta Y la flor de tu sabiduría !
Arbol !
Solo son las pequeñas heridas De la carne y del interés,
Las que no han llagado mi corazón ! Ninguna envidia mancha mi frente. No desasosiega mis sueños El lodo de las ambiciones enanas Ni las tinieblas que construyen La noche de los malvados ! Arbol!
Yo soy libre como las aves de tu fronda Y como en ellas,
Ha puesto la naturaleza en mi pecho El sortilegio del canto.
Sobre la montaña donde has nacido Yo también como tus pájaros Soy un hijo del viento, Y el aire embriagado de luz Me hiere con el ansia del mundo. Ah !
Entonces atraviesa mi corazón
La inmensa plegaria que sube de la tierra Por todo mi cuerpo,
E irradia la armonía de los campos Y moja el éter de los espacios Con el temblor de mi alma !
51
Arbol !
Hace ya muchos años
Que emprendí el camino de la montaña Y jamás detuve mis pasos.
Los muros
Que levanta la necesidad Caen ante el resplandor de mi frente ! Arbol!
Yo soy el hombre que marcha, El hijo perpétuo de la audacia. Jamás la muerte
Triunfó de mi deseo l El primer hombre que pensó Y abrigó un ansia inmortal Y bajo la fiebre de esa idea Inventaba los caminos del mundo Y abría las rutas del cielo, Ese hombre no ha muerto, Ese hombre soy yo mismo, Así como tú eres el mismo árbol Que repitió su sombra
Para aligerar el cansancio de mi marcha Desde el primer día del pensamiento ! Arbol!
Tú eres la música, La armonía, La conformidad, El equilibrio !
Vibras en la ebriedad de los mundos Como un término que no podrá ser superado.
52 1WN TU EK S
No tienes placer, Porque no tienes dolor. No sufres mi inquietud Porque ya eres perfecto.
No te invaden las fiebres y las desolaciones Porque todo lo has aprendido con tus raíces Que absorben la sabiduría de la tierra Y con tus hojas que beben en la luz La esencia de las verdades astrales ! Arbol!
Yo sé que te compadeces del hombre Y que tu piedad gotea
Música y miel en tu sombra Para curar sus heridas! Yo sé que tus pájaros Cantan para mí Y que para los hombres Florecen tus ramas. Yo sé que tu savia feliz Es hermana de mi sangre triste. Yo sé que tus frutos Son para alimentar mi carne Y que tu madera se endurece
Para que yo construya mi vivienda y mi nave. Yo sé que la naturaleza
Te ha hecho útil para mi provecho Y que eres indefenso y bueno
Porque es preciso que me entregues toda tu vid, Arbol!
CARI.OS SA BA T E RCA STY
Que el sacrificio de tu propio destino No te inquieta.
Y comprendes, Con tanta magestad. La armonía de tu deber, Que aún nos brindas tus sombras Llenas de músicas y mieles, Para embriagar las heridas Y apaciguar la fiebre Del hombre que marcha ! Arbol!
Tú eres una forma definitiva. Nada limita tu destino. Nada inquieta tu canto. Nada conturba las cifras de Dios En las líneas de tu gracia, En el aplomo de tu tronco, En la sed de tus raíces, En el fervor de tus ramajes, En la vitalidad de tus hojas.
Tu inmensa vida reina sobre la montaña. La soberanía de tu confianza Ofrece como una mano La bondad de tu sombra Y la sazón de tu fruto .
Fuerzas exactas circulan en tus nervios Y por tus fibras.
El aire que baña tus hojas Te llena de color y de música Y tú lo perfumas amorosamente
5 4 PAN T H E O S
Mientras él evapora tus jugos Para humedecerse de tus sagradas esencias ! Arbol!
Cuando me abrazo a tu tronco, Por las manos,
Por el pecho, Por el vientre, Por los muslos, Por los pies Y por el rostro,
Me penetra tu seguridad y tu confianza, Me invade tu plenitud y tu suficiencia. Es asi que me confundo
Con el río de tu vida. Es así que mi fiebre Huye entre tus ramajes. Es así como arrancas mi inquietud Para devolverla a los espacios. Ah!
Yo te oprimo entonces hasta confundirme Con tu madera
Y con tu fuerza sin esfuerzo. Tu savia moja toda mi carne Y mis huesos se embriagan En tu regocijo sin sobresaltos. Y siento que mis pies
Penetran en la tierra como tus raíces Y todo el planeta
CARLOS SA B A T ER C A STY
Y en sus amores astrales. Arbol!
Yo no soy de la tierra ni del cielo. Yo no soy del espíritu ni de la materia. Yo no soy del bien ni del mal. Yo no soy de la piedra ni del eter. Yo no soy de la inteligencia ni del instinto. Mis pies huyen de la tierra
Y la tierra los atrae y los domina,
Pero no puedo penetrar en sus limos fecundos Como tú con tus raíces,
Oh árbol armonioso I Todas mis ansias Van hacia el cielo, Pero no soy musical Como tu copa amplia y redonda Para igualarme a los astros ! Por la noche
El sueño mata mi canto Y durante algunas horas Se apaga mi conciencia Y no siento nada, No veo nada, No ansio nada, No pienso nada,.. No obstante,
Estoy vivo en la muerte
PAN TM EO S
5()
Enciende mi sangre la llama de todas las edades, Soy otra vez el hombre que marcha,
Retoñan los entusiasmos, t Embriago en el eter el vuelo de mi audacia, Disparo la flecha contra el misterio
Y deseo ultrapasar con ella todas mis limitaciones, Y así vengo,
Y asi vengo desde el fondo de los siglos, Repitiendo la misma enorme ruta, Y no sé si estoy más cerca Y no se si estoy más lejos! Arbol!
Tu vida sin error, Tu equilibrio sin sobresaltos, Tu seguridad sin vacilaciones, La ufanía de tu expansión, La música de tus ramajes, La utilidad perfecta
De tus frutos, de tu sombra, de tus fibras, Me dicen que tú eres
Una obra acabada y tranquila !
Los números que presiden tu crecimiento No pueden aumentar ni disminuir Sus series felices.
Tu eres el esfuezo sin error, El camino sin obstáculos, La morada de las aves Nacidas para cantar tu gracia
CARLOS SA B A T E R C A ST Y 5 7
Y el plan definitivo
Del crecimiento y la fecundación ! Arbol!
Para quién es mi trabajo y mi fiebre ? El hombre que marcha
Desde el fondo de los siglos Encontrará su ritmo esencial Y el número de su perfección ? Desatado de la tierra Y rechazado del espacio Su camino será un eterno círculo Sobre el mundo
O un día podrá viajar por las estrellas V Su fiebre de renovación y de conquista Nacida con su pensamiento,
Tendrá su finalidad en la danza sin término O mañana valdremos tanto como Dios? Los monstruos,
Hijos de nuestros hermanos, Y las fieras,
Hijas de nuestra sangre,
Se acrecenterán con nuestra bondad, ) un día seremos así, como la luz, Jomo el agua,
como tu sombra, oh árbol armonioso ? Arbol !
Vo soy el hombre que marcha Lsde el fondo de Ioísiglos.
5 8 P A N T H E Ü S
Y el que derrumba los muros De !a necesidad
Con el resplandor de su frente. Arbol!
Yo he visto crecer tus padres y tus abuelos Y guardo en mi espíritu y en mi carne Toda la historia de la tierra! Arbol!
Yo soy el gran conquistador,
El navegante de las aguas tempestuosas, El guerrero infatigable y ardiente, El brazo del alfange meteórico Que hiere los espacios
Para beber la sangre dorada de las estrellas Arbol!
Yo he arrancado el secreto de los astros, Reino sobre el caudal de los ríos, Pasan mis máquinas Bajo la mole de las montañas, Sobre la espalda de los mares, Y por el espíritu del aire. Mi pensamiento se imprime Sobre tus fibras transformadas Y corre como por mis nervios
En las fuerzas que sostienen los mundos. Mis manos han robado
La energía creadora de Dios Y con ella caliento mi vivienda
CARLOS SA B A T E R C A ST Y
Y alumbro la noche sin caminos. Arbol!
Hijo de la armonía ! Pero mi fiebre aumenta Centuria por centuria,
Y por la noche mis vastas inquietudes Levantan tempestades
Más gigantescas y más trágicas De minuto en minuto Y de siglo en siglo ! Me aproximo o me alejo ? Cuándo seré todo inteligencia pura Y tendrá mi existencia Un valor absoluto? Arbol! Arbol! Arbol! Yo tengo mucha sed ! Yo tengo mucha sed ! Yo tengo mucha sed ! El hombre que marcha
Tiembla sobrecojido de amor y de deseo Bajo tu frescura,
Y sus ojos
Están llenos de tinieblas y de horror. El hombre que marcha
Ya no sabe hacia donde Disparar la flecha de su arco Y la montaña lo cubre Con la confusión de su sombra !
0 0 P A N T H E O S
El hombre que marcha
No puede aceptar su valor incompleto Y desea alejarse de la tierra que lo rechaza Y no encuentra el camino de las estrellas Que lo reclaman con su armonía perfecta. El hombre que marcha
Ruge espantosamente, Golpea su cráneo contra tu tronco, Agita el incendio de su cabellera, Hunde las uñas
En su carne lacerada, Muerde sus labios
De los que no brota la verdad, Interroga con la herida de su corazón A todas las fuerzas de la naturaleza, Corre por la montaña
Hasta sangrar sus plantas Sobre los riesgos de la sendas,
Se hiere a sí mismo con el dardo de su arco, Ay,
Y el hombre que marcha
No llega jamás dentro de su destino A tu perfección absoluta,
Oh Arbol tranquilo, Hijo de las cifras de Diosr Rey de los campos,
•Que impones ante mi desolación La serenidad y la música de tu vida !
C ARLOS SA B A T E R C A STY 1)1
Arbol!
Yo he roto los muros de la vida interior Y mi bandera flamea en tu montaña Sobre la fortaleza de mi puño.
Yo he desgarrado con mi espada flamígera Los tentáculos
De la duda y del hastío
Y he sacudido la atonía de la indiferencia Y he aullado trágicamente
En las orejas de los cínicos
Para incendiar la iniquidad de sus días. Yo he desafiado
Todas las alturas Con las águilas de mi audacia Y siempre he vivido Más allá de la astucia, Más allá de la intriga, Más allá de las ambiciones enanas, Más allá de la ironía y de la burla, Más allá del interés y de la carne, Muy alto,
Siempre muy alto,
En la vecindad trágica de las estrellas, En el peligro de las enormes caídas, En el incendio de una fé
Que tal vez devore mi sangre y mis huesos, En las supremas,
PA N T H E O S
En las inefables, En las purísimas Cumbres del heroísmo! Arbol! Arbol! Arbol! Yo tengo mucha sed! Yo tengo mucha sed ! Yo tengo mucha sed!
I I .
Y el sol de la tarde
Alargaba las sombras de las cosas. Palidecían los colores del mundo. Y el árbol llenó su verde cúpula De música y de oro.
El aire temblaba entre los ramajes Y los pájaros del campo Se recogían en su morada viviente. Toda la tierra
Exhaló entonces el vaho de su oración.
Y yo lo veía ascender en la quietud de la tarde, Desde el perfume de la flor
A la rapsodia del molino, Desde el cántico del agua
PA N T H E O S
A la exudación de los bueyes, Desde la égloga de la gaita Al humo de la vivienda, Desde la fecundación de los surcos A la rueda musical de los niños, Desde la barba de los ancianos Al vientre de las mujeres preñadas. El aire reía
En la jovialidad de la tarde. Y resonaba la montaña Con la ufanía de los campos, Así como cuando levantó la freMte Sobre el haz de la tierra, Atraída por la mano de Dios! Ay!
Entonces se abrió una herida nueva En la carne de mi corazón, Y mis águilas no detuvieron El llanto de mis ojos. A y!
Entonces estallaron gritos profundos En el fondo de mi alma
Y en la esencia de las cosas Que penetraba mi deseo! Tu eres el hombre que marcha!... Así cantaban los pájaros En la cúpula del árbol. Tu eres el hombre que marcha!...
CA RLO S SA BA T ER C A ST Y 6 7
Asi cantaban lós ramajes De números felices.
Tu eres el hombre que marcha!... Así cantaban los caminos de la montaña, Así cantaban los brazos del molino, Así los niños y los viejos, Asi las piedras y las zarzas, Asi el agua de las corrientes Y el último vuelo de los gorriones, Así el trigo de los surcos
Y el vaho de los bueyes patriarcales, Así la arde,
Así la montaña, Así el aire,
Así mi alma, mi sed, mi sangre, Así mi soledad, mi silencio y mi esperanza! Tu eres el hombre que marcha!... Asi cantaban todas las cosas de la tierra! Y mis piernas ansiaban
Seguir el ritmo de ese canto. Y mi bandera se levantó Sobre la fortaleza de mi puño. Y disparé la flecha de mi arco, Y las águilas de mi audacia
Abrieron sus alas en el camino de la flecha! Y buscando mi número absoluto, La esencia de mi ritmo Y la línea de mi vuelo definitivo,
PA N TM EO S
08
Intentaba alejarme del árbol Que imponía ante mi desolación La serenidad y la música de su v id a! Esencias inescrutables
Se desprendían de mi virtud viajadora. Mi frente se iluminó bajo la fiebre De mis deseos inmortales. La perplejidad de mis pupilas Detuvo un instante » Las olas de mi voluntad Y el verbo,
Sacudido por las fuerzas de la tierra, Enmudeció en mis labios
Terriblemente pálidos. Arrojé mi arco y mis dardos Sobre el piso del mundo.
Mis brazos se alzaron hacia el eter radiante. Y sentí estremecerse los espacios Y temblar los basaltos y los mármoles, Los cuarzos de luminosos choques, Las encinas que reinan en las llanuras Y los pinos que trepan por las montañas. La energía infinita de los orbes Circulaba en mis nervios
Y la música ordenadora de los átomos Embriagaba mi carne al contacto del aire. Como en una raíz inmensa
CARLOS SA B A T ER C A STY m
El sentido profundo De su canto y de su fuerza.
Ríos magnéticos unían mi espíritu a los astros. Corrientes inefables de amor,
Irradiaban de la montaña. La espalda remota de los mares Parecía levantarse de sus niveles eternos, Y su voz
Rodaba por las vastas contracciones De su esfuerzo,
Hasta agolpar sus himnos En torno a mis revelaciones. Vientos eléctricos secaban la saliva De mi lengua.
Mi carne Parecía disolverse
En las trepidaciones de mi deseo Y la tierra se hizo diáfana Bajo la tensión de mis nervios. Mi ansia penetró entonces En las olas inescrutables de la energía, Que enlaza los astros
Con, la música de sus amores cosmogónicos, Levanta el vientre de las mujeres, Y sacude las arterias del pensamiento, Que invade nuestros sentidos
Con la potencia ordenadora de sus cambios, Que espera en la inmanencia fértil de la semilla,
7 0 P A N T H E O S
Crece en los húmedos anhelos del embrión, Arroja la flecha candente del meteoro, Y con el regocijo de la lluvia Lava el aire del mundo, Devuelve el polvo a la tierra,
Y ensancha las barbas de los ríos ancianos ! Todo el espacio se reveló a mis ojos. Y en el tiempo sin limites,
Viajaron mis ansiedades para penetrar El sentido de la vida,
La fiebre que mueve mis pasos Desde el fondo de los milenarios Y el impulso esencial que estremece Mis tendones cuando arrojo La flecha de mi deseo Y abren sus alas gigantescas Las águilas de mi audacia. Tensiones nunca soñadas Vibraron en mis músculos.
Parecían diluirse los huesos de mi cráneo En inefables fosforecencias.
Por el éter de mis nervios circulaban Las fuerzas totales de la creación. Y las radiaciones de mi sangre Tocaban los astros del cielo.
Para mantener el equilibrio de mi vida Concurrían a su latido
CA RLO S SA B A T ER C A ST Y 71
Y en el aire que penetraba a mis pulmones Se entrecruzaban
Los ríos enérgicos del sol y de la tierra, Las emanaciones de Sirio De Antares y Aldebarán, La música,
La música celeste De las constelaciones, El amor,
El inmenso amor de Dios, El radiante amor de Dios, La inmanencia infinita de Dios, Los números,
Los números plenos,
Los números fecundos que germinan en su fuerza, Y que cantan
En la armonía de los espacios resplandecientes! Mi arco y mis flechas
Descansaban sobre el piso del mundo! Mis brazos se alzaban hacia el éter radiante! Mis pies parecían hundirse en la tierra Y desprender raíces sedientas Sobre todos los terrenos, Atravesar con sus hilos sutiles El reposo de las montañas, El brazo de las penínsulas Y el torso de los continentes. Mis prolongamientos ebrios de pasión
F A N T H E O S
Cruzaban la alegría de los ríos,
Y se cntretegían en las algas de los océanos. En la felpa de las gramíneas,
En las lanzas de los cañaverales Y en los cuchillos de las palmeras Renacían mis nervios
Alargados por mi emoción y mi deseo. Tierra!
Yo me sentía unido a tu esencia, Como cuando arrastrabas El destino de mi cuerpo En el incendio del caos
Y aun no era la música en los espacios. T ierra!
Inmensa T ierra! Madre fecunda! Seno de ubérrimas leches, De vinos ardientes Y de mieles sagradas! La música celeste de tu órbita Me penetró entonces desde tus rocas, Desde tus gases,
Desde tus aguas,
Y desde el esfuerzo creador de tu vida. Tu nota armónica
Me atravesó como el aliento de Dios Y encendiste mi alma
C A R LO S SABAT ER C A ST Y 73
Y de tu energía ! Tierra ! Madre radiante
Que atraviesas de arnor y de deseo Los espacios
Y fecundas tu vientre Con las flechas De todos los astros Y te embriagas-En la gran noche callada Con los licores uránicos del éter! T ierra!
Vendimiadora celeste! Uva de jugos ufanos!
Hija del fuego que llenó los espacios En los tiempos sin memoria, Cuando el hacha de Dios Ordenaba la música del caos! Tierra!
Madre salvaje!
Creadora de los toros y de las águilas!
Seno nutricio
De los instintos y de los impulsos Que aseguran la persistencia De las serpientes,
De los potros, Y de los cóndores,
7 4 P A N T H E O S
Tierra!
Leona de los hombres!
Leona de los hombres que los acaricias Con tus ásperas garras,
Los amamantas con tus mieles ardientes Y los lanzas a la lucha
Sobre las selvas de tu cuerpo! T ierra!
Generatriz de las viñas Y de los naranjos!
Perpetuadora de las frutas frescas y dulces Que se licúan amorosamente
Sobre la lengua de tus criaturas! T ierra!
T ierra!
Matrjz apiñada de hijos! Ubre de jugos salvajes! Vientre de Dios ¡ Semilla embriagadora de amor En la fiebre sensual de los astros! Tierra! Tierra ! Tierra ! Yo espero el canto de tu árbol. Yo ansio que por sus raices Circule tu armonía!
Yo aguardo la palabra de mi destino En la música de su copa amplia y redonda, Ahora que se desparrama
C A RLO S SA B A T EK CA STY 76»
Y en el lustre de sus hojas Se reflejan las estrellas del cielo Y parecen disolverse en la savia Para penetrar en tu seno tibio y fecunde, Oh Tierra,
Matriz apiñada de hijos, Ubre de jugos salvajes, Vientre de Dios,
Semilla embriagada de amor En la fiebre sensual de los astros! Y a mis ruegos,
Danzaron las estrellas en el espejo de las hojas, Porque de la montaña
Bajó el espíritu del viento, Y era que la Tierra Ansiaba satisfacer mis deseos Y suscitar la armonía de sus ramajes Donde temblaba toda la savia de su amor Y las flechas astrales
Concentraban las esencias uránicas! Y es asi cómo el árbol balanceaba su copa Musical y redonda,
Y su canto embriagó mis oídos, En tanto que todo mi cuerpo Se difundía por la tierra y por el cielo, Como cuando ardió mi destino En el incendio del caos,
I I I .
Y el canto del árbol llegó a mi corazón, Y el canto del árbol me dijo. Mi copa redonda,
Mi tronco recto, Y mis raíces dispersas, Concretan una idea de Dios.
La tierra habla por cada una de sus formas, Pero la palabra más clara
Está en la sencillez De sus esfuerzos definitivos.
La última esencia de las cosas es una cifra. Dios piensa con números
Y en la música de sus obras Llegarás a percibir un día lejano
8 ) PA N T H E O S
Los plenos valores de la perfección y de la belleza' Mi vida es una forma
Serena de la naturaleza,
Porque en mis contornos ha terminado El esfuerzo del más allá,
Y mi destino está escrito para siempre En la inmovilidad de mis líneas. Mis raíces son un acabamiento, Mi tronco vertical
Encierra la belleza suprema, Y la cúpula de mis ramajes Fluye una música tranquila. Yo tengo un alma inmensa y quieta. En la mañana, en la tarde y en la noche Estoy unido a Dios
Por el éxtasis y por la confianza de mi destino. La tierra canta su nota más honda En la savia que multiplica mis hojas Y endulza mis frutas.
Mi naturaleza paradisíaca ofrece su sombra A tu fiebre,
Porque eres a la vez Más grande y más triste que yo. No odies a la tierra que te ha creado. Desde sus días Ígneos y tempestuosos Trabajaba tu destino en su vientre. Ella te ha querido hacer tan puro Y tan próximo a Dios,