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Portadilla Legales

Agradecimientos Prólogo

M i encuentro con la PNL

Introducción. ¿Quién dirige nuestro barco?? Primera parte. La cartografía de la PNL

Capítulo 1 ¿Qué es la PNL? Capítulo 2. Los orígenes de la PNL Capítulo 3. Recursos para el cambio

Capítulo 4. Estados perceptuales asociado y disociado Capítulo 5. Los estados internos en la PNL

Capítulo 6. Los objetivos Segunda parte. M apas para la mente

Capítulo 7. M odelos del mundo

Capítulo 8. Cómo construimos los modelos del mundo Capítulo 9. Cambios en el modelo del mundo

Capítulo 10. La intención positiva del síntoma Capítulo 11. El inconsciente y la PNL Capítulo 12. El conflicto interior Tercera parte. M apas para los vínculos

Capítulo 13. La trama que conecta: comunicación y PNL Capítulo 14. Los sistemas de representación

Capítulo 15. Pistas de acceso ocular Capítulo 16. El arte de entrar en contacto Capítulo 17. Sanar los vínculos

Cuarta parte. M apas para el cuerpo Capítulo 18. Cartografiar lo corporal Capítulo 19. El cuerpo que habla Capítulo 20. Reencuadre

Capítulo 21. Diálogos con el cuerpo Capítulo 22. Submodalidades Quinta parte. M apas para el espíritu

Capítulo 23. PNL y espiritualidad Capítulo 24. Los niveles de la experiencia Epílogo. El territorio más allá de los mapas Bibliografía

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Plachta, Gabriel

PNL mapas para el cambio. - 1a ed. - Buenos Aires : Alhue, 2013. - (Caminos de

transformación; 0)

E-Book.

ISBN 978-987-1260-29-4

1. Programación Neurolingüística. I. Título

CDD 158.1

© 2009, Gabriel Plachta

Los contenidos vertidos en este libro son de exclusiva responsabilidad del autor. Queda totalmente

excluida la responsabilidad de la editorial por daños físicos, materiales o patrimoniales. Alhué es una marca registrada de Editorial Albatros

PNL mapas para el cambio

Copyright © 2009 by EDITORIAL ALBATROS SACI J. Salguero 2745 5º - 51 (1425)

Buenos Aires - República Argentina

E-mail: [email protected] www.albatros.com.ar

Primera edición en formato digital: marzo 2013

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la

transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada

por las leyes 11.723 y 25.446.

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Gabriel Plachta

PNL

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A Angie y a Paloma,

sobre sus alas aprendí a volar

por encima de mis limitaciones.

Agradecimientos

Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a mis maestras en el arte y la ciencia de la PNL: Lidia Estrin y Lidia M uradep, ambas se

brindaron con una generosidad y una entrega iluminadoras.

Particularmente, a Lidia M uradep, por enseñarme a confiar en el gigantesco poder para cambiar y sanar que alberga el corazón de los seres

humanos.

A mis colegas durante los primeros años del Centro Terapéutico de la Escuela de PNL: Fabián Flaiszman, Graciela M oncarz, Adriana M oldován, M ónica Lewin, M iguel Vayo, y a la memoria de Guillermo Figueroa.

A mis maestros de la Asociación Gestáltica de Buenos Aires, del Grof Transpersonal Training, a mis compañeros de ruta, colegas, amigos, terapeutas: todos ellos me han abierto la cabeza y el corazón de mil maneras diferentes.

A todos los pacientes que a lo largo de veinte años se entregaron, confiaron y me honraron permitiéndome acompañarlos durante un tramo

de sus propios caminos.

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PRÓLOGO

Es un placer para mí escribir este prólogo ya que Gabriel Plachta, con su talento, ha realizado un excelente

trabajo presentando los principios fundamentales de la PNL y sus herramientas orientadas a la salud de un

modo sumamente accesible. Es también una gran satisfacción ver plasmada en este libro parte de la

extraordinaria experiencia que vivimos juntos.

El Lic. Plachta fue uno de los primeros terapeutas que formó parte del Centro de Excelencia Terapéutica de la Escuela. Hicimos un trabajo de investigación muy profundo sobre la aplicación concreta de la PNL en esa área. Trabajamos intensamente, investigando y descubriendo los mapas del mundo que tienen las personas y la manera de aplicarles este modelo terapéutico. Su aporte y su entrega fueron de gran estímulo para la labor

compartida.

La confianza y la apertura de creer que el cambio es posible en tiempos más breves, comprometiendo más al paciente en su propio proceso de transformación, le permitió iniciar el camino que hoy vemos desarrollado

en esta obra.

La historia del sabio capitán del barco que Gabriel nos ofrece al comienzo es una hermosa metáfora, un mapa claro y preciso para guiarnos hacia una vida llena de posibilidades, una clave mágica en la búsqueda de

recursos para mejorar nuestra calidad de vida.

Asimismo, considero de enorme valor la habilidad con que Gabriel nos muestra tan claramente la diferencia

entre “mapa” y “territorio” en todas las dimensiones de la vida del ser humano como “hacedor de modelos”, aporte fundamental de la PNL en la comprensión de la experiencia humana subjetiva.

Gabriel presenta aquí, por otra parte, herramientas específicas que pueden ser aplicadas efectivamente con uno mismo y en cualquier interacción humana, para organizar y reorganizar de manera eficaz nuestra propia

experiencia y la de los otros.

Deseo fervientemente que, así como él se sintió atraído hacia la PNL por el prólogo que Gregory Bateson escribió para La estructura de la magia I, de John Grinder y Richard Bandler, las palabras de Gabriel también puedan inspirar a sus lectores a poner en práctica estas enseñanzas consigo mismos y con otros, vivenciando

la magia de la PNL.

Lidia M uradep

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MI ENCUENTRO CON LA PNL…

Los últimos cincuenta años han visto un enorme aumento en el entendimiento que el hombre tiene de sí

mismo, sin embargo no hemos visto un cambio correspondiente en nuestra capacidad de disfrutar la vida, en el expandir y ensanchar nuestro sentido de vitalidad y crecimiento.

Mi credo es que el hombre puede vivir una vida más plena y más rica que la que la mayoría de

nosotros vivimos en la actualidad.

Fritz Perls

…pareció fortuito, pero como descubriría más tarde, no tuvo nada de azaroso. Una tenue línea iba hilvanando los sucesos de mi vida y —aunque yo no pudiera escucharla— la misma vocecita interior que me susurraba “por este camino sí, por ese no”, hizo que me detuviera en un anaquel particular de aquella librería y que tomase un extraño libro que llamó mi atención por dos motivos diferentes.

La estructura de la magia Volumen I - Lenguaje y terapia

Primero, algo del título me atrapó: la magia.

La magia siempre había despertado en mí evocaciones de lo misterioso, lo oculto, lo no revelado. Desde niño, había comprendido que, bajo la realidad aparente que el mago mostraba, se escondía un truco. Intuía

que la vida misma funcionaba de esa manera: mecanismos desconocidos operan bajo nuestras narices sin que los veamos produciendo efectos sorprendentes.

Descubrir los mecanismos ocultos se convirtió en uno de los motores de mi vida. Así como algunos amigos desarmaban relojes y máquinas tratando de entender su funcionamiento, y otros miraban por telescopios o microscopios animados por los enigmas del macro y el microcosmos, yo me incliné por los misterios del alma

y por el comportamiento humano.

Y el libro que sostenía en mis manos decía que la magia tenía una estructura. ¡Y el conocimiento de esa estructura parecía tener que ver con el lenguaje y la terapia!

Como psicólogo y terapeuta que estaba dando sus primeros pasos, escéptico frente a casi todo lo que había estudiado en la universidad, y sin más compromiso que el de seguir aprendiendo, me di cuenta al instante de que el libro que sostenía ofrecía, por lo menos, algo nuevo, diferente.

Luego, en letras grandes, seguía el nombre de los autores.

Richard Bandler y John Grinder

Ignotos para mí, no significaban nada. Pero a continuación, en letras pequeñas, decía:

Prólogo

Gregory Bateson

Y ese nombre fue el segundo motivo por el cual el libro llamó mi atención. Bateson era un gigante. En aquella época yo no había profundizado todavía demasiado en su obra, pero maestros y autores que

respetaba, se referían a él con profunda admiración. Pensador y científico lúcido, en su afanosa búsqueda por develar el funcionamiento de la comunicación, los patrones de interacción que sostienen a los sistemas vivos —descubrir, en fin, la “pauta que conecta” a todas las cosas—, había abarcado campos del conocimiento tan disímiles como la antropología, la biología, la psiquiatría y la etología. Yo me preguntaba si esa “pauta que conecta” tendría que ver con aquellos mecanismos desconocidos y ocultos que tanto me intrigaban.

Además, Gregory Bateson había inspirado el trabajo de Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson — miembros del famoso equipo de investigadores del Mental Research Institute de Palo Alto, California— que

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pocos años atrás habían revolucionado mi cabeza con su obra Teoría de la comunicación humana. Mis manos volaron hacia el prólogo del libro. Allí, Bateson decía (1):

Es un extraño placer escribir un prólogo en este libro, porque John Grinder y Richard Bandler han hecho algo como aquello que mis colegas y yo intentamos hacer hace quince años (…) La tarea era fácil de definir: crear los inicios de una base teórica adecuada para la descripción de la interacción humana (…) Grinder y Bandler se han enfrentado a los problemas que nosotros tuvimos, y esta serie de libros es el resultado. Ellos tienen herramientas que nosotros no tuvimos o que no sabíamos usar. Han logrado obtener de la lingüística una base teórica y simultáneamente una herramienta terapéutica (…) han logrado explicitar la sintaxis sobre cómo la gente evita el cambio, y por lo tanto, cómo ayudarlos a cambiar (…) Pero, indudablemente, lo que era muy difícil de decir en 1955, es sorprendentemente más fácil decirlo en 1975. ¡Ojalá que sea escuchado!

¡Por supuesto que iba a escucharlo!

Mi cabeza galopaba y un estremecimiento de regocijo recorrió mi cuerpo cuando salí de la librería. Promediaba el año 1988, pocos meses después comenzaba mis estudios de PNL en uno de los primeros grupos de formación que se abrieron en Buenos Aires conducidos por Lidia Muradep y Lidia Estrin.

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INTRODUCCIÓN

¿QUIÉN DIRIGE NUESTRO BARCO?

REFLEXIONES ACERCA DEL PODER PERSONAL

Algunas personas transitan por la vida como víctimas de sus circunstancias. Se ven a sí mismas como hojas

arrastradas por el viento, incapaces de decidir sobre su destino. Abrumadas por un mundo que las precede,

las condiciona y les pesa sobre los hombros, sólo pueden reaccionar a lo que la vida les presenta.

No eligen, no reconocen tener algún poder sobre sí mismas. Experimentan la existencia como resultado de las influencias externas: la suerte, el destino, la educación que han recibido, la familia, las instituciones, la

sociedad.

No son ellas mismas las que generan los resultados en sus vidas. Son sus jefes, sus familias, sus maridos o sus esposas los responsables de que sean felices o desdichadas. Es el gobierno, el mercado, la sociedad o el

ministro de economía quienes determinan su pasar económico. Son los genes, el clima, la suerte o la mala

suerte los que establecen su salud o su enfermedad.

Consideran a la vida, al mundo y a sí mismas como impredecibles e ingobernables. No es infrecuente que se sientan desesperadas, pequeñas, desprotegidas, impotentes frente a un mundo inmanejable y hostil.

Como barquitos de papel lanzados a un océano infinito, sólo les queda dejarse llevar, cerrar los ojos y apretar los puños rogando que la película termine pronto.

Por otro lado, hay personas que viven como si fueran los capitanes que dirigen su propio barco. Dueñas de

los resortes que dan forma a su destino, planifican, controlan y organizan su propia vida como si de ellas

dependiera que el sol salga cada mañana y se ponga al anochecer.

En la certeza de que “lo pueden todo”, consideran que nada está fuera de su alcance. Seguras, poderosas, invencibles, están convencidas de que los resultados que obtienen en la vida dependen exclusivamente de ellas

mismas. Estas personas consideran que tienen el poder para controlar su existencia: manejan su vida, su

cuerpo, su mente y sus vínculos según su propio antojo. Son ellas las que toman o dejan, las que eligen, las

que deciden.

No aceptan otro rol que el de protagonistas de la película de sus vidas. Y, como si eso no fuese suficiente, también se comportan como sus directores, sus productores y sus guionistas. Son los reyes del optimismo, del

pensamiento positivo y del control mental.

Si observamos a estos dos grupos de personas, vemos que las primeras renuncian al poder sobre sí mismas con idéntica intensidad con la que las segundas lo detentan. Así como unas creen no poder nada, las

otras creen poderlo todo.

Como polos opuestos, unas se achican demasiado frente a la existencia, y las otras se le agrandan. Ambos grupos tensan la cuerda hacia los extremos, exagerando o minimizando la capacidad de influir en los resultados que los seres humanos obtenemos en la vida.

A uno de estos polos lo llamamos omnipotencia; al otro, impotencia.

LA OMNIPOTENCIA Y LA IMPOTENCIA INTERIOR

Lo interesante es que ambas modalidades no se refieren solamente a dos tipos distintos de personas, sino que

también se corresponden con aspectos interiores de nosotros mismos: en mayor o en menor medida, todos

tenemos dentro de nosotros esos dos aspectos.

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podemos, que la vida es demasiado ingobernable, que la buena o mala fortuna depende de factores externos; mientras que el otro nos tienta con la creencia de que lo podemos todo.

No necesariamente uno de ellos nos domina por completo. Si nos observamos con atención, podremos descubrir en qué áreas de nuestra vida uno de ellos prevalece sobre el otro.

Por ejemplo, hay personas que se consideran capitanes de barco en el trabajo, mientras que con sus

vínculos y sus afectos se sienten como hojas llevadas por el viento. Otras confían en que lo controlan todo

dentro de su casa, pero se sienten inseguras y vulnerables cuando se trata de salir al mundo. Hay quienes creen que pueden dominar su mente, pero no pueden con su cuerpo. Y quienes controlan su cuerpo, pero se sienten impotentes frente al funcionamiento de su mente.

A esta incongruencia interior se debe el hecho de que, a veces, eludamos hacernos responsables por cosas

que están a nuestro alcance, mientras que otras veces nos frustramos y afligimos por situaciones que no podemos manejar aun cuando están por fuera de nuestras posibilidades.

Sin embargo, entre uno y otro extremo, en un espacio interior alejado tanto de la impotencia como de la

omnipotencia, puede surgir una conciencia de nuestra genuina potencialidad. Un conocimiento del auténtico

poder personal que todos los seres humanos disponemos para darle forma a nuestro vivir.

No estamos absolutamente condicionados, pero tampoco somos absolutamente libres. Entre ambos polos se abre un arco iris de elecciones, de aprendizajes, de desarrollo de capacidades y de transformaciones posibles.

Cuando trascendemos el falso estado de “no poder nada”, y renunciamos al ilusorio “poderlo todo”, desembarcamos en un territorio amplio y fértil, el de descubrir lo que realmente podemos. Conectarnos con el estado de auténtica potencia requiere de un trabajo interno tan delicado como fructífero.

Esta idea la expresa bellamente una plegaria que utilizan los grupos de Alcohólicos Anónimos y que dice: Señor, dame coraje para cambiar las cosas que puedo cambiar,

serenidad para aceptar las que no puedo cambiar, y sabiduría para distinguir la diferencia.

PODER PERSONAL

Un sabio capitán de barco —con la barba encrespada de sal y el rostro curtido de tormentas—, no se

comporta como si lo pudiese todo ni como si no pudiese nada. En primer lugar, conoce su buque: sabe de su

envergadura, la carga que puede llevar, la potencia de sus motores, la destreza de su tripulación. Dispone de instrumentos y cartas de navegación. Cuenta con su instinto y su experiencia. No controla las mareas y los vientos, pero sabe dejarse llevar por ellos. No tiene potestad sobre las tormentas, pero aprendió cómo conducir su nave a través de ellas. No tiene el poder para hacer desaparecer arrecifes ni bancos de arena, pero sí está a su alcance evitarlos y conducir su barco a buen puerto. Ese capitán se hace cargo de su

verdadero poder personal.

Sabe que no lo controla todo y también sabe que está muy lejos de no poder controlar nada. No lucha contra la corriente, pero tampoco se deja arrastrar por ella de cualquier modo. Aprendió el delicado equilibrio

entre fluir y controlar, dejarse llevar y dirigir.

Es tan absolutamente responsable por lo que está a su alcance como profundamente respetuoso y humilde

frente al misterio de lo ingobernable. Ha logrado trascender el conflicto entre la impotencia y la omnipotencia

para acceder a un estado interior de auténtica potencia.

A dicho estado interior, lo llamamos “poder personal”. Este “poder” no es un poder sobre otros, no pertenece a ninguna jerarquía de dominio ni se impone por la fuerza sometiendo a uno mismo ni a los demás.

Es un poder en el sentido de potencia: la capacidad de desplegar en el mundo las posibilidades de crecimiento

y de maduración que están latentes y pertenecen por derecho propio a cada ser humano.

Es la posibilidad de ser lo que auténticamente somos, y de hacer en la vida lo que nuestro ser necesite para expresarse en plenitud. Es el motor que nos impulsa a realizarnos, a responder al llamado de nuestra vocación,

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a plasmar una vida plena de sentido.

Es el poder de amar, gozar, construir, servir y trascender.

Este espacio de auténticas posibilidades es el que comenzó a explorar y cartografiar la PNL hace poco más de treinta años, y del cual nos ocuparemos en este libro.

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PRIMERA PARTE

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Hay un modo completamente distinto de enfocar el cambio que nosotros denominamos enfoque generativo o de enriquecimiento. En lugar de buscar qué anda mal y arreglarlo, es posible pensar sencillamente acerca del modo en que podría enriquecerse la vida.

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CAPÍTULO 1

¿QUÉ ES LA PNL?

UN MODELO PRAGMÁTICO

La PNL es un modelo pragmático que brinda herramientas experimentales y cognitivas que facilitan los procesos de comunicación y cambio personal.

Es utilizada ampliamente por terapeutas profesionales, coaches, asesores, mediadores, entrenadores, y por

otros profesionales que saben que la comunicación es su principal herramienta de trabajo: gerentes,

vendedores, abogados, periodistas, educadores.

Aunque muchas veces se la presente como un conjunto de técnicas poderosas sobre la comunicación, el

cambio y el crecimiento personal, la PNL en realidad es un rico modelo sobre la experiencia humana que va

más allá de sus técnicas.

Es un modelo en tanto representa de una manera clara y simple una realidad infinitamente compleja: la

subjetividad y el comportamiento de los seres humanos. Y decimos que es “pragmático” porque no pretende explicar lo que los seres humanos “realmente somos” en toda nuestra profundidad, sino que se propone

develar un conjunto de patrones que dan cuenta de la manera en que las personas funcionamos. A la PNL le

interesa que sus modelos acerca de la comunicación, el cambio y el crecimiento personal funcionen, no se ocupa de formular teorías ni explicaciones acerca de lo que las personas en realidad somos.

La PNL estudia la experiencia humana subjetiva. Esto significa que investiga la manera en que nos

representamos internamente la realidad y nos movemos en el mundo para lograr los resultados que deseamos. Richard Bandler y John Grinder, los creadores de la PNL, no se propusieron fundar una nueva escuela de psicoterapia. En principio, buscaron modelar comportamientos de excelencia, es decir, se propusieron

investigar cómo ciertas personas notables hacían lo que hacían para obtener resultados excelentes. Pensaban que cualquier comportamiento —por más misterioso, intuitivo, complejo o genial que parezca—, tiene una estructura, y si lograban descifrar esa estructura, podrían construir un modelo de ese comportamiento. Cuando contaran con un modelo de ese comportamiento, podrían no sólo aprenderlo, sino también transmitirlo para

que pudiese ser aprendido por otras personas. Y eso es lo que efectivamente hicieron.

La “construcción de modelos” es el campo de trabajo de la PNL. El método que desarrollaron se llama “modelar”.

Los primeros personajes notables con los que comenzaron sus investigaciones de modelado fueron tres

extraordinarios terapeutas que por aquellos años se destacaban en el campo de la práctica clínica en Estados

Unidos: Virginia Satir, Fritz Perls y Milton Erickson.

El conjunto de patrones y técnicas de comunicación y cambio personal obtenidos a partir del modelado de

esos tres terapeutas constituye la base y el origen de lo que luego se dio en llamar PNL.

En un principio, quienes se nutrieron con estos nuevos conocimientos fueron los terapeutas: la PNL les

brindaba un conjunto de herramientas muy poderosas con las que podían ayudar a sus pacientes. Luego, las técnicas de PNL se fueron difundiendo en los ámbitos más variados.

Cuando conocí a la PNL, transitaba los comienzos de mi camino como terapeuta. Realmente tenía muy poca idea acerca de qué hacer con un paciente cuando se sentaba frente a mí en el consultorio. Los años de universidad me habían llenado la cabeza con toneladas de información y teorías, pero mi caja de herramientas prácticas era bastante pobre. Los largos años de análisis personal como paciente, si bien me habían ayudado en muchos sentidos, tampoco me estimulaban demasiado a querer seguir el modelo terapéutico tradicional. Imaginaba que debía existir una forma de trabajar que resultara más eficaz, que permitiera obtener resultados en tiempos más breves, que promoviera una relación más informal e igualitaria entre terapeuta y paciente, que

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generara un vínculo de mayor independencia y que permitiese al paciente tomar un rol activo en su proceso. Imaginaba una terapia que no se centrara exclusivamente en el análisis y la comprensión racional de los problemas. A mí no me hacían ninguna gracia los chistes sobre psicólogos cuyos pacientes decían: “Gracias al análisis ahora entiendo todo lo que me pasa… ¡pero no puedo resolverlo!”. Me interesaba una terapia que ayudara a las personas a cambiar, no a entender.

Encontré esto y más en la PNL. Durante los primeros años apliqué este método como exclusivo método terapéutico, luego, enriquecieron mi trabajo la Gestalt, la Respiración Holotrópica y una mirada transpersonal-integral del ser humano. Como terapia, la PNL puede ser considerada como un método en sí mismo. Sin embargo, muchos

terapeutas provenientes de otras escuelas, encontraron en ella modelos y estrategias que les permitieron

acrecentar sus habilidades clínicas integrando elementos de la PNL a sus enfoques originales.

¿QUÉ QUIERE DECIR “PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA”?

Si me propusiera definir lo que es un caramelo de frutillas enunciando la fórmula química de sus componentes, obtendría una definición totalmente correcta y al mismo tiempo profundamente desabrida: no me daría ninguna información acerca de lo que el caramelo es en la experiencia sensorial de comerlo.

Algo parecido sucede con el nombre “PNL”. Es un tanto complejo, tan correcto como alejado de la experiencia de lo que es “hacer” PNL en la práctica, y además, se presta a algunas interpretaciones confusas que me gustaría despejar.

Me he encontrado con que la palabra “programación” despierta el rechazo de muchas personas que no se sienten cómodas con el hecho de pretender “programar” a los seres humanos. De hecho, yo mismo fui una de esas personas hasta que comprendí que no era ese el sentido que dicho concepto tiene en este modelo. En la PNL, se entiende la “programación” en un sentido estricto y técnico, como “el proceso de organizar los componentes de un sistema para conseguir resultados específicos”. Cuando Bandler y Grinder estudiaban un

comportamiento para modelar (por ejemplo, la manera en que Fritz Perls trabajaba con una persona

promoviendo un diálogo entre su paciente y un personaje imaginario ubicado en una silla vacía frente a él),

ellos consideraban al comportamiento del psiquiatra como un programa: una secuencia de pasos organizados

de una manera específica con el fin de obtener un resultado. Lo que ellos buscaban era comprender dicho programa —la manera en que Perls guiaba al paciente durante esa experiencia— a fin de construir un modelo

del mismo.

Por otro lado, la palabra compuesta “neurolingüística”, se puede confundir con el campo en el que neurólogos y psicólogos estudian y tratan ciertas patologías de la comunicación causadas por lesiones en el sistema nervioso. Tampoco es ese el sentido de dicho término para la PNL.

En nuestro contexto, “neuro” refiere al hecho de que todo comportamiento es el resultado de procesos neurológicos, y “lingüística” a que los procesos neurológicos se nos representan en nuestra experiencia subjetiva a través del lenguaje.

De esta manera, podríamos definir a la PNL como un modelo que da cuenta de:

• Cómo las personas organizamos nuestros procesos mentales con el objeto de obtener ciertos resultados específicos.

• Cómo esos procesos están basados en el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. • Cómo traducimos esos procesos construyendo modelos del mundo a partir del lenguaje.

• Cómo podemos cambiar modelos limitantes o patológicos por otros más posibilitadores o saludables. Y aún cuando hemos definido qué es la PNL, todavía no hemos probado su sabor.

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CAPÍTULO 2

LOS ORÍGENES DE LA PNL

MODELO REMEDIAL Y GENERATIVO EN PSICOTERAPIA

Desde sus orígenes, la psicoterapia se abocó a tratar con la psicopatología. Este enfoque, al que podemos llamar “remedial”, se centró en el estudio de la persona enferma, y su propósito consistió en buscar los métodos más apropiados para curarla. Muchas de las corrientes psicológicas más importantes que hoy

conocemos pueden ser incluidas en este modelo.

Un cambio de perspectiva interesante comenzó a desarrollarse hacia mediados del siglo XX con el surgimiento del Movimiento del Potencial Humano, que empezó a estudiar a la persona sana y se centró en buscar métodos que apuntaran al desarrollo de las capacidades y al despliegue de las potencialidades de crecimiento que todos los individuos tenemos. Dentro de este enfoque, al que denominamos “generativo”, el rol del psicoterapeuta ya no estaba restringido al de curar lo psicopatológico, sino que se ampliaba al de ser

un facilitador de los procesos de desarrollo de las personas.

Conceptos tales como “evolución”, “maduración”, “crecimiento personal”, “autorrealización”, comenzaron a ganar un espacio antes ocupado por palabras como neurosis, psicopatología y enfermedad.

En este escenario, con un pie en el modelo remedial y otro en el generativo, surgió la PNL a comienzos de

1970.

Si bien, como veremos más adelante, la PNL no reconoce fundamentos teóricos en ninguna escuela

psicológica, y se define más bien como un modelo pragmático que como una teoría; nace en un momento y en un lugar en que nuevas ideas y perspectivas bullían con efervescencia y generaban un terreno propicio que sin

duda influyeron sobre su desarrollo.

En el campo de la psicoterapia se estaban consolidando dos importantes movimientos: la llamada Tercera

Fuerza en Psicología o Movimiento del Potencial Humano por un lado —entre cuyos referentes incluimos a Abraham Maslow, Carl Rogers y Fritz Perls—, y cuyo centro se sitúa en el Instituto Esalen (Big Sur,

California), fundado en 1962 por Michael Murphy y Richard Price; y por otro, el de la Psicoterapia Sistémica, que giraba en torno al Mental Research Institute de Palo Alto (California), cuyos referentes más notorios

fueron Gregory Bateson, Don Jackson, Virginia Satir, Jay Haley, Paul Watzlawick e indirectamente Milton Erickson.

Aun con sus múltiples diferencias, estos movimientos buscaban desarrollarse por caminos distintos al de las dos escuelas psicoterapéuticas que habían dominado el campo de la psicología durante años: el psicoanálisis y

el conductismo.

Descreían tanto de las complejas teorías formuladas por Sigmund Freud como de la excesiva simplificación que proponían los psicólogos conductistas. No consideraban fructífero el camino de adentrarse en las

profundidades del inconsciente —y menos interpretándolo desde la sesgada visión de un autor particular—, como tampoco restringirse a la mecánica modificación de la conducta de un individuo aislado que apenas respondía a premios y castigos.

No compartían los métodos terapéuticos basados en el análisis de la transferencia y la interpretación del

inconsciente, como tampoco los del condicionamiento operante.

Estos nuevos enfoques diferían mucho entre sí en tanto se sustentaban en distintas teorías y filosofías — tales como la fenomenología, el existencialismo, la cibernética, la teoría de sistemas, las tradiciones de

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aun a riesgo de generalizar demasiado, podríamos decir que por otro lado también compartían ciertas visiones

comunes:

• un enfoque centrado en el presente;

• una orientación hacia la resolución de problemas;

• una visión evolutiva, teleológica, dirigida al crecimiento y al desarrollo personal; • una preferencia por métodos experienciales más que intelectuales;

• un enfoque que consideraba a la persona no como un sujeto aislado sino como parte de un sistema de

interacciones;

• una mirada holística, totalizadora, que pretendía integrar tanto la dimensión psicológica, como la corporal, la

social, y en algunos casos, la espiritual o trascendente.

Estas visiones comunes a los nuevos enfoques surgidos en la segunda mitad del siglo XX también son compartidas por la PNL. Conforman el escenario en el que nuestro modelo hace su aparición.

Como veremos más adelante, este escenario fue tan sólo un punto de partida, una plataforma de lanzamiento… la PNL va todavía más allá.

FRITZ PERLS

En 1973, la editorial Science and Behavior Books de Palo Alto, California, publicó un libro llamado El enfoque gestáltico y testimonios de terapia. En realidad son dos obras distintas publicadas en un mismo

volumen.

El enfoque gestáltico fue el último libro que escribió Fritz Perls poco antes de su muerte en 1970; en él desarrolló de manera clara y al mismo tiempo contundente, los fundamentos conceptuales y la particular forma de entender el proceso terapéutico, según el enfoque gestáltico qué él mismo había creado.

La segunda parte del libro, en cambio, no fue escrita directamente por Perls. Esta obra es fruto de

transcripciones de sesiones de grupos de terapia y de formación que Perls había dirigido y que habían sido filmadas en cinta cinematográfica.

Robert Spitzer, editor en jefe de la editorial, había encargado la tarea de revisar las películas y de seleccionar el material que serviría de base para la edición del libro, a quien por ese entonces era un joven estudiante que tomaba cursos de psicología en la Universidad de California. Este estudiante era Richard Bandler, el mismo que tiempo más tarde crearía junto a John Grinder la PNL.

Spitzer escribió en una nota introductoria a Testimonios de terapia (1): “(Fritz Perls) no consideraba que su trabajo fuera enigmático ni milagroso. Creía que una vez que se comprendiera realmente el proceso gestáltico, estos milagros aislados encontrarían su lugar. Tenía la esperanza de que estas películas y estos libros contribuirían a deshacer el mito del culto a Fritz Perls”.

Pocos años después, un concepto similar iba a ser expresado en el capítulo inicial del primer libro de PNL,

La estructura de la magia, escrito por Richard Bandler y John Grinder, y publicado en 1975 por la misma

editorial que dos años antes había publicado el libro de Perls. Allí, los creadores de la PNL afirman (2):

De las filas de la psicoterapia moderna han surgido una serie de superestrellas carismáticas. Estas personas, al parecer, realizan la tarea de la psicología clínica con la facilidad prodigiosa de un mago terapéutico....

Nuestro deseo al hacer este libro no es poner en tela de juicio la cualidad mágica de nuestra experiencia ante estos terapeutas, sino mostrar que la magia que ellos realizan (…) tiene una estructura, y por ende se puede aprender, siempre que se den los recursos apropiados.

En este último párrafo, Bandler y Grinder expresan su propósito y con esta idea dan el puntapié inicial a lo que tiempo después denominarían PNL. “La magia que ellos realizan tiene una estructura y por ende se puede aprender” es la idea clave que inspiró sus investigaciones.

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herramienta de la que dispusieron para realizar dicha tarea.

La “magia” que tanto había impresionado a Bandler era la forma en que Fritz Perls trabajaba con sus

pacientes. Quienes lo conocieron personalmente y tuvieron la oportunidad de observarlo dirigir un grupo de

terapia, coincidían en destacar su poderosa habilidad para hacer contacto con las personas y su genial intuición terapéutica.

Lo rodeaba un halo de autoridad y sabiduría, aun cuando él mismo se mostraba espontáneo e irreverente. Frecuentemente lo calificaban como un genio capaz de obrar maravillas terapéuticas.

Cuando algún paciente en un grupo se disponía a trabajar con él, como dice Sheldon Kopp en su libro Gurú (3): “Lo sentaba en la ‘silla caliente’ y luego hacía su magia. Si el individuo estaba dispuesto a trabajar, era como si le abriesen un cierre hermético a su caparazón y tirasen tan fuerte de él, que el alma torturada caía al suelo”.

El interés que despertó en Bandler la magia terapéutica de Perls lo llevó a proponerle a Grinder, que en ese momento era profesor de lingüística en la misma universidad, un experimento.

Bandler se reuniría con un grupo de personas —los martes a la noche a 5 dólares la sesión— a practicar el mismo tipo de cosas que había visto hacer a Perls. Grinder observaría desde fuera y, a partir de la gramática transformacional, realizaría una descripción sistemática de lo que allí sucedía con el objetivo de construir un

modelo que diera cuenta de las intervenciones que Bandler realizaba.

Luego de dos meses, John no sólo ya tenía un modelo explícito de lo que Richard hacía, sino que había aprendido a utilizarlo y realizaba con otro grupo —los días jueves, al que llamaron grupo de “repetición de milagros”— lo mismo que Richard hacía con el suyo.

VIRGINIA SATIR

De la misma forma trabajaron luego con Virginia Satir. Joseph O’Connor y John Seymour en su obra Introducción a la PNL, lo cuentan de la siguiente manera (4):

Richard se dedicó entonces a observar y a grabar en video un curso de un mes de duración a cargo de Virginia Satir en Canadá para terapeutas de familia (…) Durante el programa, Richard estaba aislado en su pequeña sala de grabación, unido solamente por los micrófonos que estaban en la sala de clase.

Tenía auriculares separados, mientras que por el de una oreja atendía los niveles de grabación, con el otro escuchaba música de Pink Floyd. En la última semana, Virginia propuso una situación y preguntó a los participantes cómo podían tratarla según el material que ella les había dado durante el curso. Los asistentes parecían atascados, Richard irrumpió en la clase y solucionó el problema con éxito. Virginia dijo: “Esto es, exactamente”.

Richard se encontró en la extraña situación de saber más sobre los modelos terapéuticos de Virginia que cualquier otra persona sin haber tratado concientemente de aprenderlos.

Este tipo de aprendizaje “no del todo conciente”, a diferencia del aprendizaje conciente y voluntario de tipo escolar, es propio del modelado. Si bien la educación formal no le asigna mucha importancia, la psicoterapia lo considera muy poderoso. De hecho, la mayor parte de las habilidades —y ciertas actitudes, creencias y valores— que los seres humanos desarrollamos en nuestra primera infancia las hemos aprendido de este

modo.

Al cabo de un tiempo, Bandler y Grinder lograron formular un modelo que explicitaba la forma de trabajar de Virginia Satir.

En cierta oportunidad ella se refirió a dicho modelo de la siguiente manera: “Yo hago algo, lo siento, lo veo, mis tripas, por así decir, responden a ello; esa es la experiencia subjetiva (…) Lo que han hecho Richard Bandler y John Grinder es observar el proceso de cambio por un período y destilar de él las configuraciones del proceso cómo”.

MILTON ERICKSON

Animados por Gregory Bateson modelaron posteriormente al hipnoterapeuta Milton Erickson, visitándolo y compartiendo un período con él en su casa de Phoenix, Arizona.

(19)

De ese trabajo surgió el libro The patterns of the hypnotic techniques of Milton Erickson. En el prefacio de dicha obra, Erickson escribió (5): “Aunque este libro de Richard Bandler y John Grinder, para el que estoy escribiendo este prefacio, está lejos de ser una descripción completa de mi metodología, como ellos mismos lo explicitan claramente, es una explicación mucho mejor de cómo trabajo que la que yo mismo puedo dar. Yo sé lo que hago, pero explicar cómo lo hago es muy difícil para mí”.

FRITZ, VIRGINIA Y MILTON

¿Por qué estos tres terapeutas? ¿Qué llevó a Bandler y a Grinder a elegirlos para modelarlos?

En principio, observamos que se trataba de tres terapeutas maduros y ampliamente reconocidos en su

medio, cada uno a su manera y según su propia trayectoria habían desarrollado escuela y fama de verdaderos “magos terapéuticos”.

Si reunimos el proyecto de modelar individuos con habilidades sobresalientes, con la fascinación que Perls había despertado en Bandler, es comprensible que se decidiesen por comenzar su trabajo modelando a Fritz.

Fue Gregory Bateson quien los estimuló para que trabajaran con Erickson. El psiquiatra de Phoenix se destacaba por su peculiar —algunos dirían muy extravagante— estilo terapéutico al utilizar la hipnoterapia.

No es pura coincidencia que el equipo del Mental Research Institute de Palo Alto —en particular,

Watzlawick y Haley, quienes escribieron importantes trabajos dando cuenta de los patrones que utilizaba

Milton—, también se interesara por él.

Los hilos invisibles que todo lo conectan dan cuenta de otras coincidencias significativas: Virginia Satir fue

la primera psicóloga que integró el equipo del MRI desde 1959, año de su fundación, y luego, años más tarde, fue la primera directora del Instituto Esalen, el mismo que albergó como profesores residentes a Bateson y a

Perls.

Estos tres grandes terapeutas tenían otra cosa en común: ninguno se destacó por ser un gran teórico; su interés principal siempre fue fundamentalmente práctico, clínico. Lo que hacían era poderoso, pero su propia forma de explicar cómo lo hacían no era tan clara. Los tres ponían el acento en buscar cambios en sus

pacientes, y los tres eran brillantes en eso.

Bandler y Grinder expresaron que esos tres terapeutas (6) “llegan hasta el sufrimiento, el dolor y la falta de vitalidad de los demás, transformando su desesperanza en alegría, vida y esperanzas recobradas. A pesar de que los diversos métodos que emplean son variados y tan diferentes como el día de la noche, todos parecen compartir una capacidad portentosa además de un poder único y peculiar”.

En la práctica, ¿en qué consistía ese poder y esa peculiaridad? ¿Cómo es que ellos hacían lo que hacían? Interesante desafío para comenzar a investigar.

1 Perls, F. El enfoque guestaltico y testimonios de terapia. Cuatro Vientos, 1976. Santiago de Chile.

2 Op. cit.

3 Kopp, S. Guru. Science and Behavior Books, 1971. California.

4 O‘Connor, J., y Seymour, J. Introducción a la Programación Neurolingüística. Urano,1992. Barcelona.

5 Bandler, R y Ginder, J. The patterns of the hypnotic techniques of Milton Erickson. M eta Publications, 1976. California.

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CAPÍTULO 3

RECURSOS PARA EL CAMBIO

EL PROPÓSITO DE LA PNL

El propósito de la PNL consiste en facilitar los procesos de cambio personal. Ya sea superar una fobia, aprender a comunicarnos más eficazmente, lograr una meta, mejorar una relación, concretar un negocio,

elaborar un proceso de duelo, elevar la autoestima, sanarnos de una dolencia; todos los objetivos que las personas nos proponemos implican un cambio.

El cambio se manifiesta de múltiples formas y podemos describirlo con distintas palabras: desarrollo, transformación, aprendizaje, sanación, adquisición de habilidades, maduración. Estas palabras expresan diferentes matices de significado y al mismo tiempo, suponen un proceso común: el de pasar de un estado

presente a otro estado deseado.

El estado presente consiste en la configuración actual de la experiencia, el punto de partida, la situación a

ser modificada por el proceso de cambio.

El estado deseado representa la meta, el objetivo, el punto de llegada, la configuración de la experiencia al

momento de concretar el cambio.

La PNL define al cambio con una sencilla fórmula:

estado presente + recursos = estado deseado

Los recursos son aquellos agregados que necesitamos para pasar de un estado al otro. Por ejemplo, si me

encuentro incómodo sentado en la silla y decido cambiar mis piernas de posición con el objetivo de sentirme más cómodo, necesitaré de mi voluntad y de una cantidad de energía física para realizar dicha acción. Aquí, la voluntad y la energía son los recursos necesarios para pasar del estado presente al estado deseado.

Los recursos son necesarios para poder lograr nuestros objetivos. Cuando nos hacemos la pregunta: ¿qué necesito para lograr mi objetivo?, la respuesta consistirá en uno o más recursos.

RECURSOS EXTERNOS E INTERNOS

Los recursos pueden ser externos o internos. Los primeros son bien conocidos por todos, en general

pensamos en ellos cuando nos preguntamos qué necesitamos para lograr algo. En esta categoría incluimos a los recursos materiales, los económicos, los técnicos, el tiempo, los conocimientos o las habilidades que

necesitemos adquirir, la ayuda de otras personas (empleados, amigos, servicios profesionales, socios, etc.). Los recursos internos, por otro lado, son todos los estados interiores a los que necesitamos acceder para

poder pasar del estado presente al deseado. Algunos de ellos son fáciles de descubrir, y a otros debemos considerarlos con mayor atención: no siempre somos conscientes de nuestros recursos internos.

En esta categoría incluimos a la confianza, la seguridad, el coraje, la tranquilidad, la inteligencia, la voluntad, la fe, la paciencia, la perseverancia, la alegría, el autoapoyo, las capacidades o las habilidades propias, y todas las experiencias de vida que nos hayan dejado algún tipo de aprendizaje.

Más allá de lo fácil o difícil que resulte obtener los recursos externos —y a veces, por supuesto, son muy difíciles de conseguir—, lo cierto es que por lo general no constituyen el verdadero obstáculo para el cambio.

Muchas veces lo que dificulta acceder a un recurso externo, es un problema con uno interno. Por ejemplo:

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• Creo que me falta tiempo (recurso externo), cuando en realidad necesito organizarme mejor (recurso

interno).

• Pienso que me falta dinero (recurso externo), cuando lo que me falta es confianza en mi capacidad

para conseguirlo (recurso interno).

Son los recursos internos los que nos posibilitan o dificultan acceder a los externos. O dicho de otro modo,

para obtener un recurso externo necesitamos la colaboración de nuestros recursos internos.

Aun en las situaciones más cotidianas, en las que resulta evidente que el recurso necesario es externo (por

ejemplo, necesito ir al supermercado a comprar leche con el objetivo de preparar una torta), es un recurso interno el que me permite o no me permite obtenerlo (puedo tener ganas o no de ir al supermercado, puedo

pasar a la acción ahora mismo o postergarla indefinidamente).

La leche y el supermercado son los recursos externos, pero lo que hace que me levante de la cama para bajar a hacer las compras es un recurso interno. Necesito de ambos para lograr mi objetivo, para cambiar de mi estado presente al estado deseado.

Un supuesto facilitador que propone la PNL consiste en considerar que todas las personas tenemos los recursos internos que necesitamos para cambiar.

Si hemos vivido, si hemos atravesado situaciones difíciles y sobrevivido a ellas, si hemos pasado por

situaciones felices y nos alegramos con ellas, si tuvimos experiencias y aprendimos algo a lo largo del camino, entonces tenemos los recursos.

Y si a veces creemos que no los tenemos —dados los límites de nuestras experiencias personales—, podemos acceder a ellos de distintas maneras. A continuación le presento un ejemplo:

Una vez, trabajando con una paciente sobre su autoconfianza, sucedió que se dio cuenta de que necesitaba conectarse con un recurso que no poseía, lo expresó con una imagen rotunda: un profundo abrazo de madre que le transmitiera confianza y amor incondicional. Se sentía desilusionada y perdida.

Por las diversas circunstancias de su vida, ella nunca había recibido un abrazo así. ¡Cómo iba a poder conectarse con un recurso interno que nunca había tenido!

Sin embargo, conocía personas que habían pasado por esa experiencia, había visto abrazos así en películas. Era una mujer creyente y podía conectarse con el amor incondicional en la figura de la Virgen María. Ella misma era mamá y había abrazado así a su hija en más de una oportunidad.

Poco a poco la fui guiando para que se conectase con todos esos personajes: • se puso en el lugar de su hija y recibió sus propios abrazos de madre;

• se vio en la película y se conectó con el personaje en el momento de recibir el abrazo;

• revivió una experiencia en una iglesia en la que, mientras oraba, sintió el amor incondicional de la Virgen María. Así pudo ir construyendo en su interior esa experiencia, la pudo vivenciar en su cuerpo y alcanzó a sentir en plenitud esa confianza y ese amor incondicional.

Ella no había recibido nunca un abrazo así en su propia vida, pero como miembro de la especie humana, descubrió que esa experiencia estaba siempre disponible.

La PNL sostiene que, en tanto seres humanos, nuestros sistemas nerviosos se parecen. Todos venimos dotados con un equipamiento similar. Por lo tanto, si una persona puede lograr algo, potencialmente, las

demás también tenemos los recursos para poder hacerlo.

Esto no quiere decir que voy a jugar al fútbol como Diego Maradona, ni a tocar el piano como W. A. Mozart, pero me conviene recordar que Maradona no tenía más que dos piernas y que Mozart tocaba el piano tan sólo con los diez dedos de sus manos.

Si Maradona hubiese logrado sus proezas con tres piernas, o Mozart con catorce dedos, sus experiencias

serían inaccesibles para el resto de los mortales, no podríamos aprender de ellas, no nos servirían como fuente de inspiración.

Los logros extraordinarios de personajes extraordinarios son sugerentes para nosotros porque en última

instancia, nosotros somos tan humanos como ellos.

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Satir y Erickson—, y también podemos aprender de nosotros mismos: convertirnos en nuestra propia fuente de inspiración.

¿Quién no ha tenido alguna vez un momento “brillante”? ¿Quién no ha experimentado en algún período de su vida un estado interno pleno de recursos, de confianza, de poder, de alegría, de fe, de lucidez, de “mira de lo que soy capaz”?

No importa qué tan grande o pequeña haya sido la experiencia. No importa si esos estados son habituales

o excepcionales. No importa si sucedieron hace poco o hace una eternidad. Lo cierto es que en nuestra caja

de herramientas atesoramos —a veces perdidos u olvidados por desuso—, estados internos plenos de recursos que bien podríamos tener a nuestra disposición para cuando los necesitemos.

CÓMO ACCEDER A LOS RECURSOS INTERNOS

Le propongo un experimento:

1. Piense en una situación presente para la cual necesite algún recurso interno. Haga una imagen de

dicha situación, véase a usted mismo allí, y pregúntese qué necesitaría.

2. Una vez identificado el recurso necesario, piense en alguna otra situación de su vida en que

experimentó ese recurso.

3. Reviva esa situación de recurso como si ahora mismo usted estuviese allí. Mire lo que mira como

protagonista de esa situación, escuche lo que escucha, piense lo que piensa y sienta lo que siente. Permita que esa sensación aflore en plenitud.

4. Conserve esa sensación en el cuerpo mientras deja la situación de recurso y vuelve a pensar en la

situación presente. Observe qué cambia en la imagen.

5. Traiga la imagen hacia usted, o imagine que se dirige hacia esa imagen llevando consigo el estado

interno de recurso. Ingrese a esa situación en el estado de recurso y observe qué cambia.

Le presento un ejemplo personal de este ejercicio para que usted comprenda la secuencia paso por paso.

1. Pienso en una clase que deberé dar mañana en la universidad. Me veo a mí mismo sentado en el escritorio frente a los alumnos. Los estudiantes conversan animadamente entre sí y parece que no me prestan atención. Me veo empequeñecido. No me animo a comenzar la clase.

Cuando le pregunto al Gabriel de la imagen qué necesitaría, me responde sin dudar: “confianza y seguridad en mí mismo”. 2. Recuerdo una experiencia maravillosa que tuve hace unos meses dando un taller de PNL en Ecuador.

3. Revivo un momento particular de ese taller en que me sentí muy seguro. Camino con soltura por la sala dando las consignas de trabajo y me siento confiado y en conexión con los participantes.

4. Internamente me despido del recuerdo de Ecuador y todavía con esa sensación de seguridad y confianza, pienso en la imagen de la clase de mañana en la universidad. De pronto veo que ya no estoy sentado en el escritorio: me imagino hablando y caminando frente a los alumnos.

5. En mi mente me voy acercando a la imagen hasta entrar en ella. Ahora estoy caminando en la clase. Siento la fuerza de mi cuerpo mientras me muevo y la intensidad de mis gestos cuando hablo. La mirada atenta de los estudiantes me estimula. Me siento seguro y confiado.

Siempre podemos recuperar un estado interno de recurso cuando lo necesitemos para afrontar una

situación.

En otro contexto, cuando necesitamos dinero en efectivo (recurso), vamos al cajero automático de un

banco y, con la clave correspondiente, podemos acceder a los fondos que tengamos depositados en nuestra

cuenta. De la misma manera podemos recurrir a nuestra experiencia de vida y “con la clave correspondiente”, acceder a un estado de recurso. Nuestra “cuenta” en la vida siempre tiene “fondos”, está plena de

(23)

La “clave correspondiente” quiere decir que no basta con pensar en la situación de recurso para que el

recurso se materialice. Una vez seleccionada la experiencia, hay que ingresar la clave, es decir, acceder a ella de una manera particular.

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CAPÍTULO 4

ESTADOS PERCEPTUALES ASOCIADO Y DISOCIADO

RECORDAR O REVIVIR

Cuando pensamos en una situación pasada, podemos hacerlo de dos maneras distintas: o bien la recordamos viendo una imagen desde afuera (como si estuviésemos observándonos en una foto o en una película), o bien la revivimos como si la estuviésemos experimentando en el presente (desde adentro, metidos en la piel del

protagonista).

El primer estado perceptual —al que coloquialmente denomino “recordar”— es disociado. El segundo — al que llamo “revivir”— es asociado.

Cuando estoy disociado me veo desde afuera. Cuando estoy asociado me experimento desde adentro.

Haga la prueba usted mismo: piense en alguna situación agradable que haya vivido durante la última

semana.

• Primero, recuérdela disociado: véase a usted mismo en esa situación. Obsérvese desde fuera, como si

mirara una foto.

• Después, revívala asociado: experimente como si ahora mismo usted estuviese dentro de esa situación.

• ¿Nota la diferencia?

La gran mayoría de las personas experimentamos sensaciones más intensas cuando estamos asociados. Cuando pensamos en una situación de manera disociada, accedemos con toda facilidad a la información sobre esa experiencia, pero las sensaciones surgen más atenuadas.

Ahora podemos comprender porqué la clave de acceso a nuestro estado de recurso pasa por revivir de manera asociada. Cuando así lo hacemos, estamos recreando en nuestra experiencia el estado interno de la manera más completa posible.

La fórmula que utilizamos para inducir estados asociados —“…mire lo que mira, escuche lo que escucha, piense lo que piensa, sienta lo que siente”…—, nos permite acceder a un estado interno de recursos a partir de reconstruir las percepciones, los pensamientos y la fisiología que lo generan.

Si pensáramos en una situación de recursos de manera disociada, no lograríamos el mismo resultado.

ESTADOS PERCEPTUALES Y CALIDAD DE VIDA

Por lo general, las personas tendemos a clasificar las experiencias en positivas o negativas, agradables o desagradables, placenteras o dolorosas. Cuando nos conectamos con experiencias agradables nos sentimos bien; cuando lo hacemos con experiencias desagradables, nos sentimos mal. Si a lo largo del tiempo nos conectamos principalmente con experiencias del primer tipo, percibimos en nuestro interior que nuestra calidad de vida es buena. Si lo hacemos con experiencias del segundo tipo, no.

Cuando evaluamos una experiencia como positiva o negativa, podemos hacerlo desde tres perspectivas distintas:

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• Perspectiva sensorial: emitimos juicios basados en la percepción de los aspectos sensoriales de la

experiencia. Decimos que una experiencia fue agradable, linda, aburrida, divertida, placentera, dolorosa, etc.

• Perspectiva existencial: emitimos juicios apoyados en el significado existencial que le otorgamos a la experiencia. Decimos que una experiencia nos sirvió para crecer, para madurar, que nos cambió, que

aprendimos de ella, que equivocamos el camino, etc.

• Perspectiva espiritual o trascendente: inscribe la experiencia en un contexto mayor cuyo sentido a veces

desconocemos. Desde esta perspectiva, nos sentimos inclinados a abstenernos de emitir juicios.

En esta sección, decimos que una experiencia es positiva o negativa según la perspectiva sensorial.

Positivas son las experiencias que al evocarlas nos generan sensaciones agradables, y negativas son aquellas que producen sensaciones desagradables.

En el modelo que presentaré a continuación, entrecruzamos estos dos tipos de experiencias —las positivas y las negativas desde la perspectiva sensorial— con los dos estados perceptuales —el asociado y el disociado —, y arribamos a una tipificación que tal vez lo sorprenda. Lo invito a que se descubra dentro de uno de los

cuatro grupos siguientes.

1. Los que viven asociados…

… tienden a acceder a sus recuerdos de manera asociada: reviven el pasado con gran intensidad. Esta

tendencia se correlaciona con la manera en que viven sus vidas: comprometidos emocionalmente, se implican tanto en las situaciones positivas como negativas, todo les llega y les toca personalmente: lo placentero y lo doloroso. Tienden a ser muy emocionales y expresivos, les cuesta ver las cosas en perspectiva y pensar desapasionadamente. Se toman muy a pecho tanto lo agradable como lo desagradable.

2. Los que viven disociados…

… tienden a acceder a sus recuerdos de forma disociada: recuerdan el pasado como si lo observaran sin que les impacte emocionalmente. También viven su vida de esa manera: son distantes con relación a las

experiencias positivas y a las negativas, no se implican con frecuencia, pueden mirar las cosas con perspectiva

y observarlas con desapego. Tienden a ser más racionales que emocionales y se distancian tanto de lo

placentero como de lo doloroso.

3. Los que se asocian a lo negativo y se disocian de lo positivo…

… tienden a revivir con intensidad las experiencias displacenteras y a recordar con distancia emocional las

placenteras. Sufren con fuerza y gozan de manera atenuada. Pueden conectarse con las experiencias negativas

y revivir los sentimientos dolorosos en toda su magnitud, y minimizan su conexión emocional con las

experiencias positivas.

4. Los que se asocian a lo positivo y se disocian de lo negativo…

… tienden a acceder vívidamente a las experiencias positivas y a recordar con distancia emocional las negativas. Vivencian con plenitud las experiencias agradables o placenteras y atenúan las displacenteras. Les resulta fácil conectarse y reexperimentar situaciones positivas, y pueden pensar con perspectiva sobre las

negativas.

Si bien los seres humanos, con toda nuestra maravillosa complejidad, nunca encajamos completamente en

un tipo “puro”, nos acercamos en nuestra forma de experimentar la vida a uno de estos cuatro grupos. ¿A cuál pertenece usted?

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desde esa perspectiva, no ha sido nada agradable.

Cada vez que pensaba en alguna situación difícil de mi pasado, me embargaban las sensaciones que venían pegadas a ese recuerdo. No podía pensar en dichas situaciones sin sentirme mal por ello.

Por otro lado, las experiencias positivas de mi vida surgían atenuadas y descoloridas: sí las recordaba, pero su carga emocional no se asemejaba en intensidad a la de mis recuerdos negativos.

Lo cierto es que no tenía ninguna forma de sostener que mis recuerdos displacenteros fueran más importantes que los otros como para tener que revivirlos de esa manera, sin embargo, al pensar en ellos, surgían con abrumadora intensidad.

Creo que las experiencias dolorosas del pasado han sido sin duda alguna importantes en mi vida: me han marcado. Me han dejado importantes enseñanzas, me han fortalecido y también sensibilizado. Me han ayudado a abrir mi corazón y me han hecho un poco más humilde. Me han enseñado que he cometido errores que no quiero volver a cometer. Me han mostrado peligros que hoy quiero evitar.

Las experiencias difíciles de mi pasado han sido eslabones en una cadena infinita de aprendizajes, pruebas que he tenido que superar para crecer.

Sin embargo, las experiencias dolorosas de mi historia personal han cumplido ya su función en mi vida y son definitivamente experiencias del pasado. Puedo quedarme con lo aprendido, pero ya he pagado el precio emocional por esos aprendizajes. ¿Cuál es el sentido de volver a sufrir cada día por aquello por lo que ya he sufrido en su momento?

Lo que necesito ahora es recordar mis experiencias. No necesito revivir el dolor cada vez que pienso en ellas.

LOS DOS COMPONENTES DEL RECUERDO

Nuestros recuerdos se componen de dos elementos: la información acerca de lo sucedido, y el estado

emocional que experimentamos a partir de lo sucedido.

Por ejemplo, si pienso en la primera vez que visité el consultorio del dentista puedo recordar varias cosas, entre ellas, cuantos años tenía yo en aquel momento, la decoración de la sala de espera, el rostro del

odontólogo, el motivo de dicha visita, e incluso puedo ver cómo estaba vestida mi mamá en esa ocasión. Todo lo anterior es información acerca de lo sucedido.

Accedo a dicha información cuando recuerdo de manera disociada, es decir, viéndome a mí mismo desde

fuera, como quien observa viejas fotos.

Pero también puedo acceder al miedo que sentí cuando entré y vi por primera vez todos esos extraños aparatos, y el dolor que experimenté cuando el odontólogo me inyectaba anestesia, y el enojo con mi mamá por haberme llevado allí. Estas son las emociones ligadas a dicho recuerdo.

Accedo a las emociones reviviendo de manera asociada, como si ahora mismo yo estuviese nuevamente en

aquél consultorio.

El episodio es el mismo: mi primera visita al dentista, sin embargo mi recuerdo puede surgir en dos modalidades distintas: asociada o disociada.

Si el recuerdo surge de manera disociada, puedo tener toda la información disponible frente a mis ojos y conservar una cierta distancia emocional. Pero si el recuerdo brota de manera asociada, volveré a asustarme y

a enojarme como aquella primera vez.

La mayor parte de las personas recordamos las experiencias sin pensar demasiado en la forma en la que lo

hacemos. Creemos que la acción de recordar es una función natural y espontánea de nuestra mente sobre la

cual no tenemos ninguna injerencia.

Pero esto no es así.

El patrón asociado-disociado es un hábito mental que funciona como un automatismo. Como cualquier hábito mental, con un poco de conciencia y otro poco de tecnología psicológica, puede ser transformado.

Lo cierto es que cuando pienso en mi primera visita al dentista, quisiera poder recordarla de manera disociada. No necesito acceder al miedo, al dolor y al enojo cada vez que pienso en ello.

EL MINUTO DIARIO QUE PUEDE AYUDAR A TRANSMUTAR SU VIDA

Como cualquier programa en funcionamiento, el patrón asociado-disociado corre en piloto automático. Lo más probables es que siga funcionando de esa forma hasta que no lo interrumpamos de manera consciente e

instalemos otro en su lugar. Lo cierto es que si queremos pensar de una manera distinta, tenemos que

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Este pequeño gran ejercicio puede ayudarlo a modificar la percepción subjetiva de sus experiencias de

manera tal que pueda conectarse intensamente con los aspectos positivos de aquellas, atenuando la vivencia de los negativos.

Se trata de una meditación de menos de un minuto que le sugiero que practique todas las noches en la cama antes de dormirse. Como el objetivo consiste en instalar un nuevo hábito de pensamiento, deberá

practicarlo con continuidad durante un tiempo prolongado para empezar a notar los resultados.

• Piense en una situación agradable y en otra desagradable que haya vivido ese día. Pueden ser situaciones pequeñas y cotidianas. • Primero recuerde de manera disociada la situación desagradable: haga una imagen de esa situación observándola desde fuera,

como si estuviera viendo una foto o una película.

• Luego, reviva de manera asociada la situación agradable: experimente como si ahora mismo usted estuviese allí mirando lo que

mira, escuchando lo que escucha, pensando lo que piensa y sintiendo lo que siente en ese momento.

Eso es todo. Sólo un minuto. Con el paso de los días su mente irá aprendiendo a asociarse a lo positivo y a

disociarse de lo negativo.

De más esta decir que dormirá mucho mejor si lo hace conectado con sensaciones agradables.

Si usted es de esas personas que tienen dificultades para conciliar el sueño porque no logran despegarse de los problemas y preocupaciones de la vida cotidiana, comprobará cómo esas dificultades desaparecen al practicar esta meditación.

Con el paso del tiempo, recogerá los frutos de la práctica.

Los recuerdos de su pasado continuarán allí. Las experiencias positivas y negativas de su vida seguirán ahí. Las situaciones favorables o limitadoras de su presente seguirán formando parte de su vivir.

Pero en tanto su mente se vaya habituando a asociarse a unas y a disociarse de las otras, la cualidad

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CAPÍTULO 5

LOS ESTADOS INTERNOS EN LA PNL

EL TRABAJO CON LOS ESTADOS INTERNOS

Cuando nos preguntamos qué metas queremos alcanzar en la vida, muchos de nosotros pensamos en cosas

externas: pareja, dinero, hijos, amigos, vivir en un lugar hermoso, logros profesionales. Sin embargo, cuando

exploramos nuestros deseos con mayor detenimiento, observamos que esos logros, más que un fin en sí

mismos, son medios que nos permiten llegar a ciertos estados internos, como pueden ser la felicidad, la paz

interior, el estado de plenitud, el sentimiento de realización personal.

De la misma manera, cuando nos preguntamos por el sufrimiento, solemos pensar en eventos del mundo

externo como la falta de dinero, de trabajo, la enfermedad, las pérdidas, las peleas, los accidentes, los desencuentros amorosos. Pero el sufrimiento en sí no sucede en el mundo externo sino en nuestro interior: la pena, el dolor, el sentimiento de abandono, la frustración, la angustia, la rabia, la infelicidad, son estados

internos.

La PNL trabaja fundamentalmente con los estados internos.

Un estado interno está configurado por la totalidad de la experiencia en un momento determinado. Es el resultado psicofísico de la particular manera en que nos representamos la realidad en nuestro interior.

Si pudiéramos obtener una especie de “radiografía” de nuestro ser en un momento específico, el estado interno resultaría de la particular forma en que se constelan en nuestra experiencia los procesos fisiológicos, los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones y demás percepciones.

La pregunta: “¿cómo estás?”, refiere a nuestro estado interno. Y los estados internos se ven afectados tanto por los pensamientos como por la fisiología.

LOS PENSAMIENTOS

En una primera aproximación, podemos llamar “pensamientos” a toda actividad mental de tipo cognitivo: la

forma que tenemos de interpretar la realidad, nuestras creencias y valores, es decir, todo lo que pensamos

acerca de las cosas. También a las imágenes mentales con las que nos representamos la realidad en nuestro

interior.

Por ejemplo, si un estudiante aprueba un examen con un siete, su estado interno será bien distinto:

si cree que es un estudiante mediocre y esa nota es la más alta que aspira a obtener;

• si piensa que es un estudiante excelente y considera que siete es la nota más baja que se puede

permitir.

Para el que piensa de una manera, siete es un triunfo; para el que piensa de la otra, siete puede ser un fracaso.

Los pensamientos optimistas generan un estado interno distinto a los pensamientos pesimistas.

Si pienso de mí mismo que soy un buen estudiante —y creo que me va a ir bien y me veo a mí mismo pasándolo con éxito—, mi estado interno a la hora de rendir el examen será bien diferente que si pienso que soy un mal estudiante —y me digo que soy poco capaz y creo que me va a ir mal y me imagino fracasando.

Mis pensamientos me predisponen de una manera tal que condicionan mi estado interno.

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limitantes. Los posibilitadores generan estados internos de confianza, seguridad, optimismo, alegría y logro. Los limitadores pueden generar inhibición, parálisis, temor, desconfianza e inseguridad.

Observemos por ahora que los pensamientos no están recluidos en nuestra mente como en un

compartimiento estanco, sino que influyen directamente en la manera en que experimentamos las cosas.

Afectan nuestros estados internos, y desde allí condicionan tanto nuestros sentimientos, como nuestras

percepciones y nuestras acciones.

LA FISIOLOGÍA

La PNL entiende por “fisiología” a todo lo que sucede en el cuerpo. La manera en que respiramos, nos

movemos, comemos o dormimos afecta directamente nuestros estados internos.

¿Cómo es nuestro estado interno luego de una comilona? ¿Cuál es el estado interno si estamos en cama con gripe? ¿Afectan dichos eventos del cuerpo a nuestros sentimientos y pensamientos? Por supuesto que sí: muchas veces después de una comilona mi estado interno es de fatiga, desgano o abatimiento; mientras que luego de comer en forma saludable, mi estado interno es de disponibilidad, energía y entusiasmo.

Cuando estoy en cama con gripe, me puedo sentir débil, frustrado y desanimado; y sentirme así condiciona mis pensamientos, que entonces pueden ser más sombríos y pesimistas que de costumbre.

Tampoco nuestro cuerpo es un compartimiento estanco sin vínculo con nuestros sentimientos y

pensamientos.

Le propongo este experimento:

Siéntese en un sillón o en una silla y adopte una postura encorvada, hunda los hombros, baje la

cabeza, entrecierre los ojos, afloje su mandíbula de manera que la boca se abra. Ablande la lengua, permítale flotar en la boca; luego, afloje los músculos del estómago, saque la panza. Tómese un tiempo para registrar cómo se siente. Observe qué pensamientos rondan por su cabeza.

Ahora párese, enderece su columna y levante la cabeza, lleve su mirada hacia arriba. Respire profundamente.

• Registre qué siente y observe sus pensamientos. ¿Nota la diferencia? ¿Observa cómo una postura

corporal facilita ciertas sensaciones, sentimientos y pensamientos, mientras que la otra genera otros bien distintos?

En mi experiencia, en el primer caso noto cómo se incrementan mis sensaciones corporales, me siento

pesado, laxo, aparece un atisbo de tristeza, de desgano, mis pensamientos parecen perder lucidez.

Cuando cambio la postura en el segundo momento, cambian mis sensaciones, me siento con más energía, más vital, la tristeza y el desgano desaparecen. Mis pensamientos se activan, parecen más claros.

Por supuesto que su experiencia puede ser distinta a la mía, pero me interesa que note los cambios que registra en sí mismo.

Imagine que estas posturas, en lugar de practicarlas por unos segundos, se extendieran en el tiempo.

¿Cómo experimentaría usted su vida si permaneciera en la primera postura durante días, semanas, años? ¿Cómo la experimentaría en el segundo caso?

El sentido común y la psicología tradicional siempre creyeron que primero venía el estado interno y, como consecuencia, la postura corporal que lo acompañaba. Que uno era la causa del otro. Primero, la depresión, luego la postura encorvada. Primero la alegría, luego la postura correspondiente.

Pero… ¿no acabamos de experimentar algo distinto? ¿No fue su postura corporal la que influyó sobre su

estado interno?

Lo cierto es que las posturas corporales influyen sobre el estado interno tanto como el estado interno influye sobre las posturas corporales. Es un camino de ida y vuelta.

Referencias

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